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reseñas y críticas Aliento a muerte
Aliento a muerte

«El libro que esta semana nos traemos entre manos es ALIENTO A MUERTE del escritor F.G. HAGHENBECK y que publica en nuestro país Salto de Página. Como curiosidad para todos aquellos de vosotros que no lo sepáis, deciros que a pesar de lo poco hispano del apellido, Haghenbeck es un reconocido escritor y guionista de cómics mexicano.

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»ALIENTO A MUERTE es un clásico relato de venganza ambientado en el convulso México de 1868. El emperador Maximiliano acaba de ser fusilado y las tropas Republicanas del presidente Juárez, acaban con los restos del antaño orgulloso ejército imperial.

»En este escenario, un solitario jinete montado en un caballo negro, Adrián Blanquet, antiguo oficial del ejército de Maximiliano regresa al valle de Tehuacán después de pasar una temporada en la cárcel.

»Todas las propiedades de su familia han sido subastadas por el gobierno, su padre se suicidó en la cárcel tras ser traicionado y su joven esposa Victoria ha desaparecido. A lo largo de su sangriento camino de venganza, Blanquet se reencontrará con viejos conocidos como Goliat, un enano homosexual, cocinero de origen francés y que trabajó como atracción en el famoso circo de rarezas de Barnum o un par de prostitutas siamesas.

»Paralelamente a la historia principal se van sucediendo los flash-backs que nos permitirán ir conociendo detalles de la vida pasada de nuestro protagonista, donde seremos testigos de la extrema crudeza de la guerra que enfrentó a todo un país.

»Además, un punto muy original de la novela es que cada capítulo va precedido de un texto donde se describe alguna obra pictórica, fotografía, utensilio o prenda de la época casi como si paralelamente, estuviésemos asistiendo en directo a una exposición dedicada al periodo histórico en el que se encuadra la narración. Así mismo, también se añaden algunos apuntes biográficos de personajes históricos de la época que participan en los acontecimientos de la narración.

»Este ALIENTO A MUERTE es un relato seco, duro, sucio, visceral y sangriento. Si me apuráis incluso podemos decir que en algunos momentos hasta gore (el interrogatorio al cura y el destino de Hilario son los dos primeros que me vienen a la cabeza). Un asfixiante ejercicio literario sobre la fatalidad y la venganza llevada hasta sus últimas y trágicas consecuencias.
Si tuviésemos que buscar un símil cinematográfico podemos decir sin miedo a equivocarnos que estaríamos ante un Western-Noir, inspirado en El Conde de Montecristo escrito y dirigido por Quentin Tarantino. Un libro no apto para sensibleros.»

Carmen Moreno, Letratlantica, 24 de noviembre de 2010
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MĂ©xico huele a muerte

«Liebe ist wie der krieg, einfach anzufangen aber stark zu beenden. Creo que nada describe mejor al México retratado por Aliento a muerte que esta frase del coronel austriaco Carl Khevenhuller. Y sin embargo, la corrupción, desilusión, ofensas y demás vicisitudes propias de la guerra o el amor que tan vívida y vehementemente plasma la pluma de F.G. Haghenbeck, parten de un arte ignorado por las versiones oficiales de la época, un arte que no por ignorado resulta menos importante.

»Esta novela histórica imprescindible para todo aquel que busque empaparse de detalles sociológicos y antropológicos sobre el México imperial de la segunda mitad del siglo XIX, me remite a una frase de Gaston Bachelard: “Para durar, es necesario confiarse a los ritmos, es decir, a sistemas de instantes”. ¿Habría mejor definición del arte de la escritura y el arte de la pintura que ésta: un sistema de instantes? Cuando Carlos Fuentes se inspiró en la obra de Álvarez Bravo para su descripción de México hecha a base de instantes, resultó ser una de las mejores que jamás se hayan realizado sobre el país: “México es una sola, larga herida, un muro tatuado de metralla, un nopal cortado a navajazos, un altar de lágrimas doradas”.

»Para bien de la literatura mexicana y años después de que Fuentes se inspirara en la obra de Álvarez Bravo, aparece F.G. Haghenbeck con nuevos bríos, iluminando una época de México que sólo se podía retratar a través de la pintura, para regalarnos a detalle y sin compromisos históricos, un retrato hablado del Imperio de Maximiliano. El sofisticado diálogo entre la pintura y la novela de Aliento a muerte convierten a esta obra en una expresión artística que lo es por meritos propios, pues toda obra de arte es un asunto humano y sin embargo, ningún arte termina por ser lo suficientemente humano.

»Pocas veces me he topado con libros tan honestamente escritos desde la imaginación de un hombre que parece estar en paz con la historia; una historia que no pretende explicar nuestro pasado pero tampoco justificar nuestro presente. Una historia no oficial que precisamente por no serlo, resulta más precisa. El autor de Aliento a muerte se revela como el pintor de textos que se postra frente al enano de Clement o al burdel de Sheetheon para completar sus obras, para culminarlas y para ponerlas en contexto. Este texto extraordinario nos recuerda que, sin contexto, toda obra de arte no sólo se pierde en el anonimato sino que por más que se promueva o difunda, la obra resulta estéril, a un tiempo hueca y cobarde, sin que jamás alcance a trascender.

»La grandeza de esta obra se encuentra fundada sobre la creatividad de un escritor que es capaz de editar la historia tejiendo aventuras verosímiles desde el anonimato de aquellos personajes que protagonizan las pinturas que lo inspiran. Aliento a muerte es además, por decreto de su autor, un libro agradecido con su origen mexicano, honrando sin recelo –fiel y cabalmente– a las obras que lo inspiran.

»Los esfuerzos realizados por la fundación García-Roth y la Scott Cherries Arts Foundation al constituir la museografía del catalogo que fue objeto de esta obra, tienen en Aliento a muerte, estoy seguro, una de sus más devotas y bellas recompensas. Aliento a muerte es a un tiempo amor y guerra. Luz y sombra de una tarde en México, de un limosnero en Polanco. Epilogo y prefacio de una puesta de sol que se enfrasca hacia el horizonte en una lucha cíclica y titánica, ofreciéndonos a la distancia unos rayos fugitivos que se niegan a morir, pero que por más que se aferran jamás logran eludir lo inevitable.»

Rogelio García-Contreras, Literal´s Book Reviews, 28 de mayo de 2011
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Aliento a muerte

«De qué va. Un hombre al que todos creen muerto llega a un pueblo que también parece muerto. Viene de perder una guerra en el México del siglo XIX y se encuentra que han matado a su padre y a su mujer. A partir de ese momento, inicia su venganza y el lector se sumerge en una historia llena de giros inesperados y en la que nada es lo que parece.

»Qué nos gustó. Una novela histórica con espíritu de cómic. O si prefieres, una novela histórica traviesa y pasada de rosca, que explica muy bien ese momento de la vida de México, pero que también puede lerrse como un western o un thriller ultraviolento. Añádele un cocinero enano, unas prostitutas siamesas, cierta ironía y quizá entiendas por qué nos gusta tanto.»

Juan Vilá, OnMadrid, agosto de 2010
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Aliento a muerte, de F.G. Haghenbeck

«La narrativa mejicana vive un buen momento. Afortunadamente algunas editoriales españolas, sobre todo independientes, se hacen eco de un resurgir que, sin duda, vigoriza el tibio panorama de nuestras  letras. En la joven narrativa azteca coexisten autores muy distintos, tanto como el enigmático Yuri Herrera de Señales que precederán al fin del mundo y el explosivo Haghenbeck de este Aliento a muerte.

»Nuestro autor sabe que una novela debe comenzar en la primera línea, no después. Que no es necesario esperar al segundo capítulo para enganchar al lector y no soltarlo hasta la última página. Porque lo más destacable de Haghenbeck es su ritmo. Un ritmo duro, que sabe descender para mantenerse, pero nunca decae. Posee el vigor de los mejores cómics, su violencia, no en vano el autor fue guionista de DC. Recuerda al cómic más épico, aquel que muestra a personajes derrotados de antemano, aunque de dignidad aristocrática, movidos por pulsiones épicas que solo se desvanecen con la muerte. Haghenbeck, como no podría ser de otra forma, es un autor valiente, que no aparta la mirada. Lo demuestra, por ejemplo, en la escena de sexo que mantiene el protagonista con unas siamesas. Su coraje también se extiende al ámbito político, donde demuestra su osadía con una mirada crítica, casi despiadada.  Utiliza con soltura recursos muy distintos, que oscilan desde la primacía del narrador  a la omnipresencia del diálogo. Sin embargo consigue que la obra resulte clara y coherente.

»Aliento a muerte cuenta con una estructura sumamente original, ya que al principio de cada capítulo aparece  la descripción de una obra artística. Es de destacar su insólita variedad, que oscila desde frescos de grandes dimensiones a simples tarjetas de visita o uno de los primeros revólveres de colt. Tan sorprendente apuesta sirve de perfecto correlato la acción. La descripción, e incluso la biografía de los autores, puede equipararse con Borges o con el Bolaño de la literatura nazi. Aliento a muerte, concluyendo, es todo un ejemplo de fuerza narrativa.»

Recaredo Veredas, Culturamas, 29 de junio de 2010
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Aliento a muerte

«Originalidad. Si hay una palabra que se puede aplicar a las novelas de F.G. Haghenbeck es precisamente ésa: originalidad. Sé que estas entradas literarias son, la mayor parte de las veces, las que menos tirón tienen. Leer es un acto profundamente individual y, excepción hecha de fenómenos como la trilogía Millenium, en la que decenas de miles de lectores coincidíamos en devorar los libros de Larsson a la vez, es difícil compartir lecturas con mucha gente al mismo tiempo.

»Hace unos meses glosábamos las bondades de Trago amargo (Roca editorial), una de las novelas estrella de la pasada Semana Negra, cada uno de cuyos capítulos arrancaba con la receta de un cocktail y una somera explicación de su origen, lo que servía para contextualizar la acción que estaba por llegar, siempre teñida de alcohol, elemento característico de la filmación de una película tan especial como “La noche de la Iguana”. La recomendábamos vivamente y, la verdad, no sé si alguno de vosotros la ha leído.

»Vuelvo a recomendar, otra vez, una novela del mismo autor, esta vez publicado por la editorial Salto de Página, siempre atenta a las voces más originales de la narrativa escrita en castellano. Aliento a muerte transcurre en el México de 1868, una vez terminada la guerra civil entre las gentes de Benito Juárez y el Emperador Maximiliano. Y la originalidad formal que caracteriza al último Haghenbeck viene dada porque, en este caso, cada capítulo viene precedido por la descripción de una pieza de arte, un cuadro, un objeto, un manuscrito, relacionados con la época de la que hablamos y que, por supuesto, sirve para contextualizar la acción de dicho capítulo.

»Me encanta esta forma de novelar, cuyo maestro es Raúl Argemí: pequeños capítulos que, como fogonazos, se convierten en las piezas de un puzzle (teselas de un mosaico, creo que escribí otra vez) que terminan por presentar al lector un fresco repleto de vida, intensidad y pasión.

»Sabéis que adoro México. Es un país del que me gusta (casi) todo. Y, desde luego, su fastuosa y rica historia hace posibles narraciones tan ricas como Aliento a muerte, cuya densa atmósfera se respira en cada página. El calor, el viento, el polvo y la mugre ensucian las manos del lector, de lo bien reflejados que están. Una de esas novelas físicas, que no se leen: se viven. Y con un puñado de personajes que, con Adrián Blanquet a la cabeza, nunca se olvidan. Como sus dos amantes. O una. Depende.

»Una historia de venganzas en las que un tipo, proteico y homérico a la vez, parece volver de la tumba para ajustar las cuentas con un puñado de gente que, al calor de la guerra y la ¿revolución? aprovechó para enriquecerse y lucrarse de forma injustificada. Y es que, sea en el México de 1868 o en el mundo globalizado del siglo XXI, las miserias humanas son siempre muy parecidas.

»Lo importante, que haya buenos cronistas, excelentes escritores, para contarlo. Y, desde luego, Haghenbeck lo es. Uno de los mejores.»

JesĂşs Lens, Pateando el mundo, 27 de abril de 2010
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Un jinete misterioso busca venganza... (Sobre Aliento a muerte de F. G. Haghenbeck)

«Leo Aliento a muerte, de F. G. Haghenbeck y editado por Salto de Página.

»Aliento a muerte es la historia de una venganza: la de Adrián Blanquet, que tras perder una guerra, vuelve a casa y se encuentra que han matado a su padre y a su mujer.

»La guerra que ha perdido es la que enfrentó a los partidarios del emperador Maximiliano I con las tropas republicanas en el Méjico de mediados del siglo XIX.

»Aliento a muerte tiene algo, o mucho, de western crepuscular: un jinete al que todos creen muerto llega a un pueblo, que también parece muerto, sobre su caballo negro y famélico, etc.

»Aliento a muerte a ratos se convierte en un thriller ultraviolento, quizá porque lo primero que hace ese mismo jinete es cortarle los huevos a uno y metérselos en la boca.

»Y también Aliento a muerte recuerda a una novela histórica. Novela histórica, eso sí, con espíritu de cómic. O si prefieres, novela histórica traviesa, porque explica muy bien ese momento de la vida de Méjico, aunque lo hace inventándose una exposición de cuadros que no existen pintados por autores que tampoco existen.

»Pero sobre todo, Aliento a muerte está lleno de sorpresas, de caprichos y de cierta ironía, de giros inesperados de la historia, de momentos en los que te das cuenta de que nada es lo que parece o lo que tú esperabas, de cocineros enanos y aficionados a los jovencitos que en su día trabajaron para P. T. Barnum, y hasta de prostitutas adolescentes, perversas y además, siamesas.

»O sea, muy curioso, muy divertido, pelín retorcido (sólo, pelín) y con momentos estupendos.

»¿Y no se le va la mano al autor?

»Sí, claro, de tanto dar vueltas y más vueltas, el final se le acaba yendo y le queda un poco pasado de rosca.

»Pero da igual, no molesta demasiado.

»Y mejor asumir riesgos que contar siempre la misma historia.»

Juan Vilá, Algo de libros, 18 de abril de 2010
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Aliento a muerte de F.G. Haghenbeck

«Sabía que Brasil había sido un imperio. Pero hasta leer este libro —Aliento a muerte (Salto de Página. ISBN: 978-84-937181-3-8. 220 pp. 18 €)—, no sabía que México también había sido un imperio, y dos veces además. Por suerte, vivimos en la era de la Wikipedia y podemos encontrar los datos rápidamente. El primer emperador fue Agustín de Iturbide en 1822. Y el segundo imperio fue en 1863 con Maximiliano de Habsburgo, después de que los franceses invadiesen el país cuando México suspendió el pago de la deuda externa.

»Por supuesto, el gobierno republicano no se tomó bien ni la invasión, ni al emperador. Y así fue como empezó la guerra. Al emperador lo acabaron fusilando en 1867 y Juárez se quedó definitivamente como presidente de la república.

»Poco después de ese momento arranca la novela que usa de un curioso dispositivo narrativo. Cada capítulo está encabezado por la descripción de una pieza perteneciente a una exposición. Exposición que recrea el momento de transición del imperio a la república, centrándose en aquellos detalles que entraron en la alta sociedad mexicana con la llegada de la corte europea y que no desaparecieron con la república.

»La historia no podía ser más arquetípica. Blanquet, oficial del derrotado ejército imperial, al que todos creen fusilado, regresa a su pueblo en busca de venganza. Su padre, un rico hacendado, murió en la cárcel en misteriosas circunstancias, su mujer desapareció, y la hacienda que le pertenecía es ahora propiedad de otro. Como fantasma de una película de Clint Eastwood, llega al pueblo cargado de oro y dispuesto a dar a todos lo que se merecen.

»La narración es segura, brutal y muy entretenida. Viene acompañada de una serie de personajes muy bien dibujados, que añaden mucho color a la historia. Goliat el cocinero enano de origen francés. Catarina, la madama, con su dos hijas, gemelas siamesas y prostitutas. Díaz Cevallos, el inmenso enemigo. Y varios más. La gracia del asunto es que todos esos personajes tiene algo de burlescos pero son simultáneamente serios, y se vuelven cada vez más oscuros a medida que la novela se acerca a su resolución final.

»Me gusta mucho como está contada ese periodo de la historia de México a partir de lo que va pasando en la novela. Los personajes tienen un pasado muy entrelazado con los años recientes y resolver qué sucedió realmente en el pueblo ofrece múltiples oportunidades para comparar el ayer con el presente. Toda la parte que transcurre en el pueblo ofrece así una aire de inexorabilidad, una sensación de que todo sucede exactamente como debe suceder porque las semillas de la situación actual se plantaron varios años antes. Lo brutal y lo macabro se mezclan con lo festivo y lo costumbrista para crear una deliciosa atmósfera agobiante.

»Se resiente un poco la novela hacia el final, cuando la acción se traslada brevemente a la capital. Comprendo que era preciso mostrar la naturaleza real del gobierno republicano y que eso sólo se podía hacer yendo al centro del mismo, pero en cierta forma se rompe la muy buena unidad de lugar que la novela mantenía hasta ese punto. La acción en México capital tiene su propósito, efectivamente, pero sí que choca un poco con el resto.

»Aliento a muerte es una novela ágil, contada con un estilo directo que deja respirar a los personajes e invita a pasar las páginas con rapidez. Incluso si en algún momento hay partes que parecen innecesarias, al final todas las piezas encajan bastante bien y el disfrute está garantizado. Pero lo mejor de todo es que ofrece una fascinante visión de un momento muy curioso de la historia de ese país.»

Pedro Jorge Romero, pjorge.com, 14 de abril de 2010
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Aliento a muerte de F.G. Haghenbeck

Pincha en este enlace para escuchar el programa completo.

Juan Jacinto Muñoz Rengel, RNE, 11 de abril de 2010
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Aliento a muerte de F.G. Haghenbeck: MĂ©xico alborotado

«El autor cuenta una terrible venganza de una manera muy original, a base de una imaginaría exposición de objetos que narran los hechos de la trama histórica que nos presenta a continuación.

»México, 1868. El emperador Maximiliano ha sido fusilado, ha caído el ejército imperialista francés a las órdenes del Presidente republicano Juárez, gracias a la presión del pueblo puesto en armas para erradicar la represión exterior.

»Adrián Blanquet, hijo de un famoso hacendado e imperialista derrotado, inicia la búsqueda de los verdugos que asesinaron a su familia, tras permanecer encerrado en prisión durante un año. Sin remordimientos recorre el camino de vuelta a casa para castigar a los que traicionaron su vida anterior. Eso si encontrándose de vez en cuando con sorpresas nada agradables: pueblos dominados por enemigos, la pérdida de su hacienda, riqueza y nombre.

»En sus entrañas aparecerán sentimientos sedientos de sangre para tomar decisiones derivadas de la crueldad y la violencia del momento. Vagando por los caminos como un fantasma, con paso certero hasta su final, tan sólo acompañado por abstractos compañeros de viaje: un cocinero enano, unas siamesas prostitutas y “el aliento a muerto“, en su empeño.

»Lectura rápida, de narrativa ágil y final álgido emotivamente. Una inversión arriesgada pero segura. Salto de Página no defrauda y sigue sus principios. Aliento a muerte siente el sello editorial.

»Nunca te acostarás sin saber algo nuevo...

»“En varias tumbas había flores secas de cempasúchil y botellas de licor sucias. Rastros de las ofrendas que habían dejado familiares a lo que ya descansaban el sueño eterno. Había pasado un año desde el Día de Muertos; los muertos se quedaban igual, como ofrendas que ya habían pasado a formar parte de ese mundo de muerte.”»

José Andrés Espelt, Cruce de cables, 9 de abril de 2010
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Dos novelas mexicanas

«Primero fue Trago amargo, novela que le valió el Premio Nacional “Una vuelta de tuerca” y que el autor aprovechó para introducir a su detective, Sunny Pascal —demasiado parecido al señor Marlowe para mi gusto, pero es lo que tiene rendir un homenaje, que a veces es difícil distinguirlo de la simple copia—, en el complicado rodaje de La noche de la iguana. Todo ello en capítulos regados con suculentos cócteles de los que el autor, F. G. Haghenbeck, parece saber bastante, que dan forma a una trepidante novela que hará las delicias de los cinéfilos irredentos.

»Haghenbeck vuelve al ataque un año después con otra novela en la que repite esquema —cada capítulo se inicia con la exhaustiva descripción de una obra de arte que tiene que ver con lo que leeremos a continuación— pero no personaje ni época histórica ni siquiera estilo. Y liberado de la “obligación” de homenajear a nadie, nos permite leer una novela mucho más original, ilustrativa de una época y circunstancias históricas, con la guerra entre los imperialistas de Maximiliano y los republicanos de Benito Juárez y Porfirio Díaz como telón de fondo de una historia de venganza con un sorprendente final.

»Se trata de Aliento a muerte, publicada en España por una editorial que siempre ha demostrado tener un gusto exquisito: Salto de Página.

»Estupendas ambas. Radicalmente diferentes las dos.»

Ricardo Bosque, La balacera, 6 de abril de 2010
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Aliento a muerte

«Salto de página va camino de convertirse, con paso seguro y firme, en la editorial indie por excelencia de nuestro panorama literario. Poseedora ya en sus pocos años de existencia de un catálogo de referencia para cualquier amante de los libros (entre sus páginas se encuentran joyas de Jon Bilbao, Alejandro Hernández o Carlos Salem, entre otros), ahora llega esta Aliento a muerte. Una novela que narra la historia de una venganza: la de Adrián Blanquet, un hombre que escapa de la muerte para castigar a todos aquellos que traicionaron el mundo que él conocía, y que está desapareciendo. A través del recorrido por una imaginaria exposición de pinturas y piezas históricas, Haghenbeck recrea el cambio del México imperial al republicano, y atrapa con la fuerza de una prosa eléctrica y unos diálogos endiablados y poderosos en una lectura sin respiro hasta la última línea. De esos libros que devoras de un tirón entre espasmos de placer, frutos secos, chocolate y ataques de ansiedad. No contestarás ni a las insistentes llamadas de tu madre.»

Javier Giner, FUXYZ, Marzo de 2010
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La matanza de los chivos

«Maximiliano afrontó la muerte con dignidad. En Querétaro sonaron los disparos en el pelotón, secos, música de máquina. Las balas se hundieron en el colchón de la carne y Manet interpretó la escena. Gris del suelo y del muro; detrás, el campo, el verde de la vida y la malsana curiosidad de los espectadores que se agrupan para ver como la nube de pólvora sale de los fusiles y acompaña al proyectil, mensajero de la muerte de las tres figuras desvalidas que miran con perplejidad. Goya al fondo y la mancha de los soldados, uno se aparta para cargar el arma; observe el lector que sus zapatos no llevan polainas, esas manchas blancas que hacen juego con los correajes.

»Con el estruendo de los disparos acabó un sueño absurdo del que España, por una vez y gracias a la visión del general Prim, salió por piernas. La escena es el trágico final de un imperio de cuarta – última clase en la clasificación de las prostitutas que impuso Maximiliano-, el segundo imperio mexicano; el primero también acabó con Agustín I frente al muro donde quedaron algunas balas de la descarga fusilera. México nació entre sangre, sufrimiento y mutilación de su territorio, esto a manos del vecino del norte.

»Esta novela tiene, como mínimo, dos niveles de lectura porque el autor, que trabajó en museos, este dato es relevante, así lo ha querido. Estos niveles aparecen claramente diferenciados en la disposición del texto en la página; ambos se muestran opuestos en una lectura superficial pero, no se engañe el lector, son uno en el significado global. Estamos en Tehuacan, corre el año de 1868, el mismo en el que la cachonda Isabel II será destronada. Adríán Blanquet, oficial del ejército imperial que, derrotado, que vuelve a su hacienda, la que le corresponde por herencia de su padre, un terrateniente, un trueno de hombre.

»La violencia es la clave de la narración. Adrián, al que todos creen muerto, llega a su hacienda en el momento en el que el sol se hunde entre las montañas. El paisaje que lo recibe es desolador: “Lo último que había imaginado era que la hacienda El Huizache se pusiera en su contra”. La finca fue el territorio de la felicidad para el protagonista y ahora se encuentra con el nuevo dueño, con Ramiro, en un duelo muy cinematográfico en el que las pistolas dialogan. Ramiro cae herido y Adrián lenta, muy lentamente, se aproxima y con un cuchillo “grande como una cuchilla de guillotina” lo capa y le introduce los testículos en la boca “para hacerlo callar”.

 »Los dos niveles a los que me refiero son la historia narrada y las fichas de una exposición. La novela es, en este plano, el catálogo sin imágenes de una muestra de arte en el México del periodo imperial. Cuadros, objetos suntuarios, un universo autóctono que, de pronto, se vio invadido por los gustos europeos, que prevalecieron después de la guerra. Las fichas describen admirablemente los objetos y también nos informan sobre los artistas, algunos, víctimas por haber colaborado con los extranjeros. Se trata de un discurso culto, de crítico, de comentarista pero es un discurso perverso. La belleza del canon oculta la belleza del horro y de la violencia que se puede representar en casi todas las escenas del otro nivel como cuando Adrián le rompe los dientes al cura con la culata de la pistola para conseguir información sobre el suicidio de su padre.

»Repite crueldad

»No puede faltar el ambiente de prostíbulo donde el vengador, le conviene perfectamente el término, también se reencuentra con la madame, antigua amante de su progenitor, y con sus dos jóvenes hijas, siamesas, que ya ejercitan el arte de Venus y con las que disfrutará los breves momentos de relajo que se permite, siempre con la mente puesta en su esposa, Victoria, por la que siente veneración. Lo que exige un mayor grado de atención es darse cuenta de que la figura del padre lo ocupa todo y de que el protagonista calca su comportamiento. El final de la historia es lo que se conoce técnicamente como anagnórisis, reconocimiento inesperado y trágico. No lo voy a desvelar pero la tragedia alcanza su cumbre.

»La escena que me parece que resume mejor el texto es la Matanza de chivos en la hacienda grande, mezcla de cristianismo y rituales paganos, verdadero sacrificio de cientos de reses, orgía de los sentidos. Allí, en ese ambiente de muerte, entre la sangre y las borracheras es donde se entiende mejor esta historia escrita con un ingenio poco usual.»

Antonio Garrido, Sur, 25 de marzo de 2010
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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