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reseñas y críticas Bajo el influjo del cometa
El ADN del cuento realista

«El cuento realista carece de una tradición plenamente consolidada en nuestro país. En los años anteriores a la Transición Ignacio Aldecoa se erige como islote en un océano novelístico que fluctúa entre lo costumbrista y lo social. Y después hay una disgregación, una estampida de propuestas entre las que sobresale, por su exotismo y su polémica, la que abanderan autores como Gonzalo Calcedo o Cristina Cerrada, y cuya poética se basa no en transplantar el modelo estadounidense del género a nuestro contexto geográfico sino en mimetizarlo.

»Bajo el influjo del cometa, de Jon Bilbao (Asturias, 1972), se inscribe en esta línea. Toma de los autores americanos —Carver pero, sobre todo, Cheever— su textura lingüística, su progresión dramática, su preferencia por las urbanizaciones del extrarradio y la idiosincrasia de sus personajes. Son, por decirlo así, “cuentos estadounidenses”, por lo que su encaje en esa tradición parece evidente. Ahora bien, si algo empieza a quedar claro desde los años ochenta del pasado siglo hasta la actualidad, es que la globalización —o lo que sea— está eliminando las diferencias entre nuestro paisaje urbano ibérico y el de los suburbios estadounidenses, entre nuestros hábitos sociales y el de ellos. En España los jóvenes aún viajan en grupos a Ámsterdam, y nuestras familias siguen llevándose a la abuela a Benidorm en agosto, pero ya nos cuesta menos identificarnos con padres viudos a los que hijos largamente emancipados asesoran en sus nuevos noviazgos —ver el cuento “Un padre, un hijo”—, o con parejas de clase media que anestesian el aburrimiento y la falta de horizontes vitales espiando a sus vecinos por la ventana del adosado —ver “Los espías”—. Esta circunstancia provoca que literaturas como la de este libro (que siempre se desentendieron de investigar nuevos formatos) se hayan convertido, más por dejación que por capacidad de anticipación, en una suerte de visionarias. Parece que el mensaje primordial de “Bajo el influjo del cometa” consiste en avisar, desde una perspectiva política neutra (si es que eso es posible) y a través del homenaje literario, que las ciudades del mundo occidental van eliminado paulatinamente sus rasgos históricos y su singularidad para mimetizarse en lo esencial -su dimensión económica- con las pautas dictadas por las clases medias de aquel país. Quizás por eso ya no nos causa tanta extrañeza los oficios de los personajes, ni buscamos reconocer ciudades concretas, aceras o pueblos (todo nombre geográfico se ha eliminado deliberadamente). Tampoco nos sentimos violentados por un lenguaje escueto, neutro, carente de toda flexión, que parece justificar un narrador equisciente que no toma partido, sino que narra según una dinámica mecanicista, casi fenomenológica. La clave, más allá de cánones, pasa por cuestionar si este libro desarrolla conflictos esenciales de nuestro momento. Si consigue representar heridas abiertas que, más allá de su presencia inequívoca en la obra de Cheever y cía, se encuentran latentes hoy día en nuestro presente. Pues bien, temas como la desintegración familiar, el desamparo en el marco del tardocapitalismo, el egoísmo de una sociedad atomizada y la ausencia casi total de discusión política se encuentran bien representados aquí (lo que, la verdad sea dicha, no nos cuesta demasiado esfuerzo reconocerlos como estigmas propios).

»Por supuesto, estas consideraciones sobre el ADN del libro no resultan un impedimento para calificar Bajo el influjo del cometa como un libro excelente. Con su escritura Jon Bilbao ha dado un paso adelante. Exhibe su capacidad para detectar los resortes subconscientes del comportamiento humano. En vez de confiar en que la libre expresión del lenguaje acertará a revelar ritmos importantes del sentimiento, ha preferido atar en corto cualquier despliegue de estilo porque tiene claro qué imágenes, qué acontecimientos, qué actos de sus personajes le permiten radiografiarlos en su particular egoísmo, vulnerabilidad y pesadumbre. Con ello logra unos cuentos emotivos y paradójicos. Mientras los vamos digiriendo, la definitiva transformación de nuestro paisaje posibilita su encaje en una nueva tradición de nuestras letras.»

Roberto Valencia, Quimera, diciembre de 2010
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«La última obra del asturiano Jon Bilbao se compone de una serie de relatos que pese a tener una trama y un desenlace singular, parten en su mayoría de los oscuros anhelos y las más bajas pasiones que tan hipócritamente rechaza la sociedad y que paradójicamente tan presentes están en la misma.

»Vivir de una manera satisfactoria choca frontalmente en la mayoría de las ocasiones con las obligaciones y las responsabilidades que la mal llamada madurez nos va imponiendo a lo largo de nuestra vida. Así, podemos encontrarnos con personas rutinarias y aburridas que ante la oscuridad de su existencia tengan que buscar algo de luz interesándose por las vidas ajenas (Los espías), o que la nostalgia de tiempos pasados, como decía el poeta, pese sobre sus hombros como una losa, haciéndoles muy difícil disfrutar de sus momentos presentes e incapacitándoles para encauzar apropiadamente los futuros (Una victoria parcial; Un padre,un hijo).

»También se nos plantea hasta qué punto la moral y los principios éticos pesarían sobre nuestras conciencias si supiéramos que gozamos de total impunidad (Bajo el influjo del cometa) o cuánto de sinceridad o de parafernalia existe en nuestro sentimiento ante el dolor ajeno (Ha desaparecido un niño). O hasta dónde puede llegar el ser humano actual a servirse de sus semejantes en beneficio propio (El mejor regalo posible).

»Sin duda, todas estas cuestiones nos desvelan un panorama desalentador provocado en grandísima medida por los valores que rigen nuestra convivencia, no siendo de extrañar que tarde o temprano nos tengamos que encontrar de frente con nuestros propios demonios (Soy dueño de ese perro).»

ilike magazine, septiembre de 2010
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El suspense de lo cotidiano

«En varias ocasiones hemos comentado la buena salud del cuento en España, un género revitalizado por jóvenes autores y pequeñas y novedosas editoriales sin complejos que en los últimos años están realizando un notable trabajo. En esta línea se circunscribe Bajo el influjo del cometa, una colección de ocho relatos publicada por Salto de Página, con la pulcritud a la que nos tiene acostumbrados. Su autor es Jon Bilbao, un escritor asturiano de breve (apenas cinco años) e interesante carrera literaria centrada en el relato corto, la fantasía y el suspense.
La nota común de estas historias sería la inclusión de lo inquietante en la cotidianeidad de lo narrado; así en situaciones comunes, a partir de momentos ordinarios, los protagonistas se ven envueltos o se enredan ellos mismos en tramas que les arrastran hacia comportamientos maniacos y pensamientos obsesivos. Abundan los animales (un enigmático zorro, un perro vengativo, una ballena varada en una playa…), símbolos ignotos frente a los que se sitúan los y las protagonistas y que ejercen sobre ellos un magnetismo febril. También hay sitio para matrimonios que comparten obsesiones, relaciones paterno–filiales y amantes pasionales, todos ellos marionetas manejadas por circunstancias externas, fuera de lo común, que culminan en el cuento que da título al libro, en el que el paso de un cometa provoca el aislamiento y la oscuridad absoluta en amplias áreas del mundo.

»Con un estilo algo aséptico, certero y desnudo, Jon Bilbao enfoca las tramas usando con frecuencia ágiles diálogos que impulsan el argumento y un narrador en tercera persona bastante distante. Además conecta cada relato con el inmediatamente anterior con alguna sutil referencia a la historia que acabamos de leer. Con todo, el principal valor que pone sobre la mesa el autor es su capacidad para crear ambientes de intriga y suspense a partir de situaciones insólitas que poco a poco van ganando en misterio, impulsando el interés y creando desasosiego e inquietud, una suerte de miedo subterráneo.

»Especialmente destacado resulta el relato titulado “Los espías” en el que la relación entre vigilantes y vigilados va mutando en obsesión y persecución. También descollan “Soy dueño de este perro”, que sigue los pasos de Bruto, un can aparentemente pacífico que entra en la vida de un matrimonio, “Un padre, un hijo” que narra el reencuentro y viaje de ambos para visitar la tumba de la esposa y madre fallecida o “Ha desaparecido un niño”, protagonizado por la joven maestra de un pueblo, testigo del luctuoso suceso y enredada en una tórrida relación. En definitiva, un gran libro de relatos en el que el suspense de lo cotidiano se presenta de forma afilada y sutil filtrándose en las vidas de sus desconcertados personajes.»

La Opini├│n de Coru├▒a, septiembre de 2010
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Bajo el influjo del cometa, de Jon Bilbao

«Hay algo realmente curioso en la forma de escribir de Jon Bilbao. Ha desarrollado un estilo que planta una gruesa capa de distanciamiento entre el lector y lo que está contando. Pero curiosamente lo hace para implicarte emocionalmente más en las historias. Porque el efecto final de ese distanciamiento es dejarte una sensación de algo inevitable, de una sucesión de acontecimientos que derivan inexorablemente hacia una conclusión que no se puede modificar de ninguna forma. Es un distanciamiento que te implica todavía más como lector pero a la vez te provoca el desasosiego de saber que estás leyendo algo que ya está definido, que los personajes no podrán hacer nada por alterar el resultado final (aunque tú no sabes cuál es). Evidentemente, pasa así con toda literatura, pero lo habitual es que el autor te intente provocar la sensación de que estás presenciando algo que está sucediendo “ahora”.

»No es así con Jon Bilbao, quien en ocasiones no vacila en saltar en el tiempo y contarte el futuro de los personajes, lo que les sucederá muchos después de que la historia termine. También se aprovecha de un estilo de escritura casi clínico, que finge contar con objetividad lo que fuera que sucedió —incluso cuando, rara vez, se narra en primera persona— pero que no renuncia a explosiones de color cuando las considera preciso. Y tampoco hay diálogos. O mejor dicho, sí los hay, porque se nos dice lo que los personajes dijeron y en el orden en el que lo dijeron, pero no hay la pretensión de mostrar las conversaciones como si estuviesen sucediendo en realidad, frente a nosotros. Es un elemento más, una capa más de distancia que te aleja del relato… y que luego te devuelve a él. Es uno de los muchos placeres que se derivan de leer su obra.

»Mezclando esos elementos y algunos más, Jon Bilbao provoca esa sensación absoluta de desasosiego, de inquietud. En sus relatos, el mundo es siempre mayor de lo que se está contando, siempre queda más espacio por explorar. Lo que sucede no es sino una pequeña fracción de todo sobre lo que se podría escribir. En ocasiones, hay elementos fantásticos –”Bajo el influjo del cometa”, con sus grandes zonas apagadas-, en otras, lo fantástico se da a entender sin hacerse nunca explícito –”Soy dueño de este perro”. Pero en la mayoría de los casos, las situaciones son raras y fuera de lo común, pero no sobrenaturales. Poco importa su preciso carácter. Estos relatos plantean una visión diferente, otra forma de mirar el mundo.

»Bajo el influjo del cometa (Editorial Salto de Páginas. ISBN: 978-84-937181-5-2. 256 pp. 19,50 €) está compuesto por ocho cuentos de los más variados. Las situaciones son muy diferentes y están epletos de fascinantes detalles sobre los personajes. Es más, los personajes son perfectamente normales. Si hay alguna anormalidad, surge precisamente de esa normalidad fundamental. Reaccionan de forma humana, no como cabría esperar de personajes literarios; reaccionan con lo que interpretamos como cierta arbitrariedad, pero también guiándose por sus convicciones más profundas. De hecho, las tramas del libro surgen precisamente de las respuestas que personas normales dan a problemas que quizá no lo sean del todo.

»Un buen ejemplo es “Un padre, un hijo”, la historia de dos hombres marcados por el recuerdo de una madre, que se embarcan en una especie de viaje espiritual –que no lo es- y que acaban revelándonos detalles de sus personalidades. La conclusión final deviene puramente de lo que ellos hacen y sienten, pero también en cierta forma quedó fijada muy en el pasado. Algo parecido sucede en “Bajo el influjo del cometa”, donde una zona sumida en una noche perpetua es el lugar ideal para que lo cotidiano dé paso a una forma curiosa de justicia, o quizá a una rotura menor del orden social. O incluso “Una victoria parcial”, donde la aparición de una ballena varada es la excusa para una forma llamativa de terapia familiar.

»O si no, mi preferido de toda la colección: “Los espías”. Como casi todos los cuentos de esta recopilación, empieza de una forma y termina de otra. De hecho, es tan potente el tirón del lugar común, que no te esperas el cambio. Se inicia con una familia que llega a un pueblo y de una pareja que los espía desde la casa de enfrente. La relación “espía-espiado” va mutando lentamente hasta lograr todo un comentario sobre nuestras necesidades sociales.

»En cierta forma, ése es el secreto de Jon Bilbao, lo que hacía funcionar El hermano de las moscas. No se trata de un hecho más o menos fantástico, eso no importa demasiado y apenas merece explicación. La utilidad de la situación anómala es precisamente obligar a los personajes a confesarse, a contarnos sus pequeñas miserias. Miserias que finalmente se revelan como perfectamente triviales, porque son las de todos nosotros. Lograr hacerlo como lo hace Jon Bilbao es todo un triunfo.»

Pedro Jorge Romero, pjorge.com, 1 de septiembre de 2010
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Bajo el influjo del cometa

«“Hasta dios está loco y la virgen tira piedras”, reza el dicho popular con que uno se refiere a ciertas perturbaciones o mismamente aberraciones conductuales colectivas que no sabe explicar. A menudo bajo el supuesto estrato de normalidad subyace la fangosa naturaleza del monstruo (en condiciones de temperatura y presión ambiente, no hace falta que el personal esté  “Bajo el influjo del cometa”). Bien, pues ese podría ser uno de los vectores de esta colección de cuentos que me ha deslumbrado como la cola del Hale-Bop, el cometa que da origen al relato que da título al libro.

»Se me olvidaba decir que es que en mí también habita el monstruo. Él pensaba que Jon Bilbao era de ese tipo de escritor novísimo que había tenido la suerte de dar con un filón de frikis deseosos de ser los primeros en haber descubierto un becerro de oro.  Pero mi experiencia me viene demostrando que los de la editorial Salto de Página no yerran el tiro. Y como equivocarse es de tontos, pues ahí estaba yo, ciego en el país de los tuertos, teniendo que rectificar mi nulo punto de vista al atisbar una escritura contundente, cuyo paso siguiente consiste en afianzar el anterior, un discurso narrativo al servicio, nada más y nada menos, que de un contador de historias. Al final, ocho relatos casi a escala 1:1. Y eso porque los relatos se van desplegando con una lentitud geológica y necesaria; con una extensión que no invita a ninguna relectura, pero suficiente; palpables y reales como ese vecino que saca la basura a deshoras.

»Creo que era Ángel Zapata citando a alguien, quien decía que en los relatos de ahora no se come. Que en la literatura del XIX se comía, y había placer en ello. En el libro de Bilbao se come, sobre todo mucho cordero, y tiene algo de narrador clásico, nada de cocina experimental con platos desecados a base de nitrógeno líquido del tipo  “fulanito/a, arquitecto/a de éxito estaba en una encrucijada de su vida en la que si podía ser que sí, iba a ser que sí, y si podía ser que no, iba a ser que no y por eso puso agua de por medio iniciando una nueva vida en el minimalista apartamento neoyorkino del  edificio Dakota…”  Nada de esa nata montada que con la facilidad que procura la ósmosis inversa se disuelve en las papilas gustativas sin dejar rastro. “Y qué le voy a hacer, si me gusta el buen comer…” cantaban los payasos de la tele seguido del “poromponpon, Manuela, poromponpon, Manuelaaaaaa”. Pues eso.

»Bueno, me he equivocado. “Belígero”, si es de ese tipo, pero solo en cuanto a la protagonista: chica de la tele que debe andar bastante hastiada del éxito busca rincón apartado donde encontrar su camino de iniciación como yogui. Y también de paso quiere entrar en comunión con la naturaleza a través de un zorro que la desquicia, dando la razón al acervo popular japonés que trata al zorro como un animal maléfico que vuelve locas a las personas. Pero hace demasiado frío, y estos labriegos son todos unos gárrulos que quieren matar a mi zorrito, el mío, porque ha hociconeado en el corral de una abuela sorda. Yo, que ahora soy una ecologista furibunda con delirios de conexión cósmica lo voy a salvar. No me estoy mofando del relato. Es así de poliédrico: uno lo puede contar de esa guisa, a costa de la pija, sombra del urbanita cargado de soplapolleces que cuando llega al campo quiere poner a comer latas de conserva a quien siempre se ha tenido que ganar el sustento. Lo otro, la atmósfera, las pequeñas señales equívocas o ruido de fondo, brindan una lectura inquietante, el lector muy pronto empieza a querer atar la gavilla de sus barruntos y termina equivocándose de cabo a rabo, y termina con el rabo entre las piernas humillado por ese “savoir faire” y reconociendo las facultades de trilero con clase que luce el escritor, capaz de tensionar nuestros nervios, y eso sin ser un relato de suspense ni de misterio. Un combinado cuyo final da para pensar un rato: ¿somos así, y con este tipo de gente, cuya cordura pende de un hilo tenemos que convivir? Es extraño que no pasen más cosas. Hasta dios está loco y la virgen tira piedras.

»“Los espías” es anterior, el que abre el libro, y el primero de esta serie de tres en que la normalidad de los personajes “normales” es una falacia. Pero aquí el juego es todavía más sutil. Es casi al final cuando nos vemos obligados a recomponer la pose, rápidamente tenemos que hacer permutaciones binarias. ¿Cuál es la combinación ganadora? Espiador-espiado, espiado-espiador, espiador-espiador… Porque claro, ya el lector había juzgado, tenía repartidos los papeles entre los buenos y los malos y de pronto su verdad era un castillo de naipes donde habitan un par de neuróticos. Jon Bilbao sabe lo que interesa: queremos personajes cercanos a nuestra cotidianeidad, con una sencillez vecinal, y sobre todo y por encima de todo, saber tanto tantísimo de ellos que quepamos en ellos para vestirnos su traje.

»Incluso en los entornos más raros (“Una victoria parcial”, tercero de la cuerda que citaba), la angustia existencial, la consciencia de una vida cuyo valor es el del conjunto vacío, la deformidad maniática (¿por qué necesitan disponer de la playa en exclusiva absoluta, como si estuvieran en la escena final de “El planeta de los simios”?) se expresa a un nivel entendible, con una plasticidad supina sin ese lenguaje cabalístico que luego da tanto juego a los escritores en las entrevistas, como a los políticos en las grandes cumbres internacionales donde se dice mucho y no se ataja problema alguno.

»Y si antes he citado una película, creo que los cineastas lo tienen difícil con los relatos de Bilbao. Porque son tan visuales como algunos de sus elementos: el agua marrón del barreño sobre la que flota una capa de grasa, o esa voz como un estropajo viejo, o página 74: “… de su gran boca manaba una nube de vapor de agua que, con el frío de la mañana presentaba una apariencia consistente y bulbosa, como un colosal cerebro albino”). Un director, un guionista, no podría más que trasladar plano a plano, secuencia a secuencia, lo dicho en cada narración, adiós a su impronta personal, en estos metrajes largos que se desvían en ramificaciones necesarias hasta generar la copa esférica y perfecta de un árbol cuyas ramas se comunicaran en forma de redes neuronales, no hay ninguna calle cortada y el inciso que ahora se produce conecta perfectamente con lo anterior y lo que viene después.

»Quizá el único ejemplo en que esa “visión cinematográfica” hace resentirse a la narración es la parte de “Soy el dueño de ese perro”, en que dos personajes conversan en un despacho y el diálogo desprende cierto tufillo a gato-ratón, entre lo que podría extrapolarse al esquema de un detective duro y un interrogado al que se acorrala (aunque aquí los papeles virarán en un momento determinado). Por lo demás esta  historia trasmite esa sensación de totalidad, otra vez repito lo de esférica porque no hay fisuras, el lector tiene la sensación de haber leído una novela condensada. Y además se adereza con componentes del cuento antropológico de toda la vida ya que consigue espolear la racionalidad del lector retrotrayéndolo a sus miedos de niño.

»La foto fija, ese fósforo que se quema a sí mismo también encuentra su rincón. “El mejor regalo posible” es el relato inesperado y bisagra que remansa el ánimo del lector, que viene de unas lecturas que le producen una inquietud de baja intensidad pero de frecuencia constante. Pero esa placidez solo se consigue cuando el relato termina. No porque sea aburrido o malo, sino porque no sabiendo cual es su extensión uno se prepara  para un relato de fondo, atento a las múltiples expectativas que se podrían ir abriendo, dispuesto a que el detonante, le estalle de un momento a otro. Y no hay detonante, sino un giro inesperado en forma de reacción intermedia (ni huída ni lucha) de uno de los contendientes que se baten literalmente en el relato. El final nos conduce a un fundido en negro por un camino aterciopelado con un pasamanos hecho de filamentos de erotismo. Contrariamente a lo que cabría pensar, desemboca en un dulce adormecimiento poético.

 »El anterior es el mejor entremés posible antes de atacar este plato consistente titulado “Un padre, un hijo”. Ya digo, que menos el anterior, cada uno de los siete relatos proporcionan por sí mismos la  sensación de haber leído mucho. Y no por cansancio en la extensión de las historias. Hay libros que pese a gustar uno agradece cuando terminan, pero este, aún con sus 249 páginas se cierra sin sentir alivio. En ese orden de cosas uno hubiera aguantado Jon Bilbao para rato. 

»Bueno, volviendo al relato, el caso es que creo que antes hablé demasiado rápido de “novela condensada”, porque esta narración, esta auténtica road movie, sí que lo es.

»Si el fin de un relato es contar una historia, me parece que una prueba de su rendimiento (energía invertida vs. trabajo conseguido) es el hecho de que pueda ser resumido en pocas palabras. Pues bien, los relatos de este libro admitirían perfectamente una indización mediante unos cuantos descriptores, y un abstract. Los descriptores de “Un padre, un hijo”: dios, todo lo demás. Abstract: un hombre físicamente fuerte, iracundo, con una buena cuenta corriente, cree que puede, que es su deber organizarle la vida a todo el mundo. Incluido el amor.

»Para resumir el acierto de Bilbao a la hora de dibujar sus personajes solo se me ocurre compararlo con algo que hacen los biólogos: la PCR o reacción en cadena de la polimerasa. Por lo que sé se trata de multiplicar ADN. Si los personajes tuvieran eso, ADN, los de Jon Bilbao serían genéticamente puros, sin máculas. ¿Cómo consigue replicar estos segmentos completos de biografía? Si yo lo supiera no estaría escribiendo esta reseña, sino un relato.

»“Ha desaparecido un niño” como el anterior, es otro “espejo social”. En el anterior, un padre-dios  debería dar un hijo-dios, y no alguien a quien un palmetazo de su padre en las espaldas casi le disloque un hueso. Una mujer, según cualquier manual de antropología, como fruto de la educación recibida debería ser la antítesis de la protagonista de este relato, máxime si su madre es una señora madre de las de toda la vida.

»O los mecanismos de respuesta vecinal que se desatan en este relato son producto del fariseísmo social y la protagonista es la única capaz de reconocérselo a sí misma, o es que en el fondo nos puede la parte animal, y para nuestros adentros pensamos lo de “si cae alguien, que seas tú”. Para recomendar este relato solo podría volver a enarbolar mis ya cansinos argumentos anteriores, pero no podía dejar de citarlo al menos.

»Y en “Bajo el influjo del cometa”, como en todos los anteriores el lector sigue pisando sobre losetas sueltas que resuenan a cada paso. Solo cuando hemos pisado, oímos el ruido y ya no hay forma de evitarlo; solo cuando el escritor muestra una nueva evidencia, el lector comprende que sus elucubraciones anteriores no tienen sentido, y que efectivamente estos vecinos tan normales (los protagonistas) también están más para allá que para acá, a tenor de su afán por perpetrar un robo con el único afán de deshacerse del botín.

»Pero tampoco el argumento es convencional. Desastres naturales o nucleares: abarca a todo el planeta, todo el mundo está jodido,  y cada cual salva su culo. En este relato, contrariamente a lo habitual, la cosa sucede  en el punto medio: solo algunas partes de los países se ven afectados por un fenómeno natural, esto es, el paso del cometa Hale-Bop, que desde hace semanas inutiliza las redes eléctricas y a partir de ahí todo lo demás. Otras partes a pocas horas en coche, siguen con su rutina habitual, pero en cualquier caso la vida discurre por unos cauces no tan terroríficos como siempre imaginamos.

»Parece mentira que la luz de muchas de las estrellas que vemos haya viajado durante millones de años a la máxima velocidad, la de la luz, y que esos mismos cuerpos celestes se hayan extinguido en tanto que su producto energético sigue viajando. Es algo parecido a la literatura, autores muertos cuyas obras se siguen leyendo.  Jon Bilbao es lo más parecido un clásico, y esto casi no pega con lo anterior, pero bueno. De modo que aunque usted sea una de esas personas que solo leen un libro en el puñado de años que tarda un cometa en pasar dos veces por el cielo, este bien podría ser el suyo. »

jos├ę Cruz Cabrerizo, La biblioteca imaginaria, julio de 2010
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Bajo el influjo del cometa

«Los ocho relatos que ha reunido Jon Bilbao en este volumen comparten una esencia inquietante, pero antes de hablar de ella conviene señalar que no se trata de cuentos al uso: en primer lugar, por su extensión, que se halla a mitad de camino entre la del cuento y la novella, y en segundo, porque carecen de una revelación en forma de moraleja, o al menos de moraleja en el sentido tradicional del término. Dicho esto, nadie se extrañará de que en estas historias pesen más la construcción y el desarrollo de una intriga, así como la creación de ambientes y personajes, que las resoluciones. En todo lo primero, Bilbao confirma una maestría fuera de lo común, que me atrevo a comparar con la de Cristina Fernández Cubas. Las resoluciones, por su parte, resultan casi siempre inciertas y sugeridas, y a veces hasta bruscas.

»Valga como ejemplo de todo esto el relato que da título a la colección, "Bajo el influjo del cometa", en donde unos personajes que parecen irreprochables se aprovechan de unas circunstancias excepcionales para cometer un robo y justificarlo con un cliché que delata su vileza: “El arte debe estar en manos de quien sabe apreciarlo”. Así, permitiendo que los deseos contenidos, las frustraciones, los miedos y los odios de los personajes afloren tras una engañosa apariencia de civilización, es como surge la esencia inquietante de estos relatos. Digno de mención es el empleo de una naturaleza incómoda y bestial (las tormentas, los rayos, los animales desbocados o malignos) para simbolizar esa cara del hombre que siempre se las ingenia, no importa el lugar o el tiempo, para hacer su aparición estelar. Aquí sólo es buena literatura, que ya es mucho.»

Fernando Castanedo, Babelia, 31 de julio de 2010
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Bajo el influjo del cometa

«Tenemos nuevo libro de relatos de Jon Bilbao. El género está de enhorabuena. Aunque digan lo contrario, en este país cada vez se está publicando más relato y tengo que decir que este libro de Bilbao es de lo mejorcito que se ha publicado en bastante tiempo. El evocador título (Bajo el influjo del cometa) y la hermosa portada son la antesala de ocho relatos muy jugosos. El autor sigue moviéndose en las dimensiones del relato extenso, demorado, de descripciones precisas y detallistas. En este sentido, el libro es una continuación de Como una historia de terror.

»Uno de los aciertos de Bilbao ha sido colocar al inicio, en el medio y en el final del libro los tres relatos de más envergadura (sin menosprecio de los restantes): "Los espías", "Soy dueño de este perro" y "Bajo el influjo del cometa", relato que da título al libro. La sensación al leer el libro (la buena sensación, se entiende) va en aumento y termina en un punto álgido con la lectura de ese último relato.

»"Los espías" me recuerda a un relato de Carver ("Vecinos") y a otro de Cheever ("El ladrón de Shady Hill"). Una pareja comienza a espiar a sus vecinos y a calzarse literalmente en sus zapatos. Este relato tiene ese toque de intriga a la manera de las novelas negras. Recuerdo ahora unas palabras de Bolaño en una entrevista concedida hace años. Decía algo así como que toda buena obra narrativa tiene algo de novela negra, hay un misterio que deseamos desvelar, pero lo interesante es que el autor no llegue nunca a desvelarlo del todo, que no sea evidente, que deje al lector con la interrogación flotando sobre la cabeza. Algo parecido podría decirse de los relatos de este libro.

»"Bajo el influjo del cometa" es un relato fantástico, probablemente el que más me gusta de todo el libro. Lo leí en clase a alumnos de dieciséis años y quedaron literalmente extasiados. Con la llegada del cometa en 1997 una extensa zona de varios cientos de kilómetros cuadrados se queda sin electricidad y los vecinos se ven obligados a hacer viajes largos a la zona iluminada para abastecerse y a defender sus casas como quien defiende un fuerte.

»En "Belígero" se da una interesante comunión entre una mujer que huye y se esconde en una casa perdida en un pueblo, en medio de la nieve, y un zorro que un día se presenta ante su puerta y que más tarde comienza a matar las gallinas de una vecina. La soledad, la sensación de persecución y la rabia van transformando a la protagonista, un poco a remolque de las acciones del propio zorro.

»Ocho estupendos relatos que merecen el tiempo de ir a la librería, comprar el libro y leerlo.»

Marta Mar├şa L├│pez, El desv├ín de los libros, Junio de 2010
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Bajo el influjo del cometa

«"En aquellas circunstancias era fácil dejarse llevar y fantasear con su influjo ominoso". Pasa el cometa en el último relato, ocurre algo más en esas historias que abandonan poco a poco la normalidad, su luz deslumbra todo el libro: Bilbao mantiene un nivel excepcional, sin altibajos, que incluye dos relatos brillantes ("Soy dueño de este perro" y "Ha desaparecido un niño") y ahonda en sus filiaciones conocidas. Carver, Cheever, cada vez más Bilbao.»

Elena Medel, Calle 20, Julio / agosto de 2010
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Bajo el influjo del cometa

«Hasta ahora, Jon Bilbao —Ribadesella (Asturias), 1972— ha dejado patente en varios volúmenes su capacidad para componer cuentos y relatos breves exquisitamente construidos, en los que, como sucede en muchos textos de Carver o de John Cheever —nombres que acaso planean sobre estas páginas—, los sucesos más triviales de la vida cotidiana se ven alterados con frecuencia por algún extraño incidente, casi nunca explicado, que afecta a las conductas y la vida futura de los personajes. En Bajo el influjo del cometa se reúnen ocho relatos de desigual fortuna, en todos los cuales, sin embargo, brilla la probada habilidad del autor, su medida dosificación de los pequeños detalles sin relieve que se acumulan uno tras otro hasta lograr, en los mejores casos, una atmósfera inquietante que enturbia las diáfanas acciones que componen la historia narrada.

»Tal vez el relato más perfecto de esta recopilación sea “Soy dueño de este perro”, por su construcción milimétrica y por la precisión con que van sembrándose, desde perspectivas cuidadosamente diferenciadas, dudas e inquietudes que, con buen criterio, no acabarán por resolverse del todo, pero que convierten la figura de un animal doméstico en la posible representación arquetípica de una fuerza demoníaca y vengadora. A veces, el sentido de las acciones asoma tan sólo en las últimas líneas del relato, como sucede en “Un padre, un hijo” donde el penoso viaje,  repleto de dificultades, para visitar la tumba de la esposa muerta desemboca en una frase final que es un resumen de una complejísima red de sentimientos celosamente conservados por encima de cualquier contingencia. En “Ha desaparecido un niño” es destacable cómo la elección de un motivo temático explotado hasta la saciedad por el cine y la literatura —y por la crónica periodística de sucesos—, se desarrolla eludiendo los modelos previsibles y ofreciendo nuevos ángulos de visión. Estamos ante un conjunto notable de relatos, bien organizados y escritos, aunque haya que reprochar al autor ciertos usos idiomáticos rechazables, algunos derivados de la moda anglómana ("en diez minutos" por "dentro de diez minutos", p. 36; "evidencias" por "pruebas", p. 118) y otros simples deslices de concordancia ("ni el veterinario ni ninguno de los expertos [...] pudo determinar", p. 81; "este agua", p.226) o despistes: una ballena se arrastra por la orilla “dejando un profundo surco tras de sí” y pocas líneas después desaparece “sin dejar rastro” (pp. 70-71). Quandoque bonus dormitat Homerus. A pesar de ello, Jon Bilbao continúa ganándose un merecido crédito.»

Ricardo Senabre, El Cultural, Junio de 2010
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Bajo el influjo del cometa

»El relato breve sigue siendo el gran desconocido, por no decir menospreciado, para muchos lectores. Este género también denominado cuento, y no porque sea para niños, o fantástico, esconde verdaderas joyas para la lectura y para reflexionar. Historias que en apariencia son simples y cotidianas pero que tienen un trasfondo que remueve o conmueve. Esto es lo que ocurre cuando lees los relatos que el escritor asturiano Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) nos presenta en su último libro Bajo el influjo del cometa (Salto de Página).

»El libro lo componen ocho historias de diferente temática pero con denominadores comunes. Los protagonistas de estas historias son normales, en el amplio sentido de la palabra, pero a cada uno de ellos se le plantea una circunstancia, o un suceso, a veces inquietante, otras sorprendente pero siempre determinante que les lleva a plantearse sus propias vidas,  y, en algún caso, la huída hasta de ellos mismos. La lectura avanza, tiene ritmo narrativo, a medida que lees quieres saber más. Jon Bilbao consigue con las palabras escenarios impactantes y  personajes bien dibujados. En este libro te encuentras con parejas, padres e hijos, chicas solitarias, amantes, todos ellos en busca de su verdad. El amor, el miedo, las ganas de cambio y los sentimientos encontrados son la base de estás historias en las que acabas involucrándote. De un modo u otro, te sientes identificado con su búsqueda, con su deseo. Por eso cuando llegas al final de cada relato, sientes que has perdido algo, el vacío te atrapa y estás deseando empezar el siguiente para llenarlo. El verdadero problema es cuando acabas de leer la última historia y quieres más, ante esto, lo único que te queda es volver a leerlas porque seguro que hay algo en ellas, que creías insignificante, que se te ha escapado.»

NEO2, junio de 2010
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El temor a nosotros mismos

«El anterior libro de relatos de Jon Bilbao, Como una historia de terror, publicado por Salto de Página a finales de 2008 supuso un seísmo en el panorama narrativo español en lo que a literatura breve se refiere. Una nueva voz narrativa aparecía, perfectamente diferenciada del resto de voces en el cuento. Una voz heredera de la mejor tradición norteamericana. Influencias de Cheveer, de Maxwell, de Melville; historias atemporales, universales, que podrían ocurrir en cualquier lugar del denominado primer mundo; artesanía de la palabra, ahondamiento en la psique de los personajes y, como resultado final, una tremenda conmoción en la mente del lector que descubre el lado oscuro de su persona. Un libro, en resumen, imprescindible.  Con ese antecedente, esperábamos ávidos de lectura su siguiente propuesta narrativa.

»Bajo el influjo del cometa es uno de esos libros tan largamente deseados que cuando llegan a las manos del lector expectante, suelen defraudar. Pero este no ha sido el caso.

»Mantiene Jon Bilbao el gusto por el trabajo bien hecho, ahonda en la psicología de sus personajes mostrándonos los resortes invisibles que nos mueven y que intentamos ocultar, vuelve a sembrar la incertidumbre en nuestras mentes, el terror ocasionado por pequeños cambios que alteran nuestra normalidad.

»Estos ocho relatos no son una continuación de aquellos relatos de Como una historia de terror, sino que son parte de ellos, porque podían haber sido incluidos sin ningún tipo de dudas en aquel primer libro.

»Dice Jon Bilbao que le preocupa poco que haya o no haya una unidad temática en sus propuestas breves, que no busca esa unidad. Sin embargo, su voz narrativa y la pulsión interna que consigue en sus lectores por la atmósfera de sus relatos o por la inquietud sembrada, son argumentos más que suficientes para unirlos. Al igual que en el anterior libro de cuentos, las descripciones y los paisajes “universales” tienen también un peso específico.

»En Bajo el influjo del cometa avanza el autor en la experimentación de su escritura. Me llaman la atención los quiebros finales en algunos de sus relatos. En la primera narración del libro, "Los espías", propone un final nada acorde con el tono narrativo del resto de la narración, lo que en principio me sorprende. Eso mismo ocurre con "Ha desaparecido un niño", en el que me llega a desconcertar un final disparado al futuro en todas direcciones tras un relato sereno y pausado. Para un autor que ha logrado que ni su voz ni la del narrador aparezca en sus relatos, el giro final propuesto supone que ambos se asomen al lector.

»No quiero en esta reseña destripar ninguno de los cuentos, me limitaré  a señalar aspectos de los mismos que destacan. Uno de ellos, quizás el principal, es la utilización de metáforas. Aparecen continuamente, como elementos de una simbología en general referida a “el cambio”, por lo que alcanzo a pensar que tras la lectura lineal de las historias se esconden muchas lecturas secretas, abisales. A menudo esas metáforas van unidas a animales. Este tomo narrativo no es un animalario al uso, pero podría serlo, porque en todos los relatos pululan un sin fin de ellos (ballenas, zorros, perros, gallinas…).

»Sigue Jon Bilbao pendiente de la psicología del ser humano, de ese lado oscuro, apenas alimentado que guardamos los humanos y que nos suele ser mostrado en estados de excitación como el de un posible cambio en nuestra cotidianidad.

»Sigue también sembrado entonces la inquietud, porque ese lado oscuro que nos muestra pertenece a todos los lectores, y lo sabemos, pero quisiéramos no saberlo. Seremos entonces, quizá, más animales que los animales. El querer saber más allá de la intimidad (cotillear, en castellano), el probar fortuna lejos de la ciudad en la que se ha producido la herida aún sabiendo que la herida viaja con nosotros y allí también sangrará, el querer volver allí donde se ha sido feliz aún sabiendo que eso jamás se debe hacer porque la desilusión está asegurada, lo que se esconde tras una sonrisa amable o tras una actitud sumisa, lo que somos capaces de hacer en situaciones límite o, simplemente, escondidos de los ojos de los demás.

»Sigue Jon Bilbao buscando la palabra precisa que evite la descripción superflua, sigue limando el lenguaje en busca de la perfección. Por eso me han llamado la atención algunas construcciones extrañas, en todo caso, opciones elegidas por el autor en su progreso de escritura.

»Uno de los relatos del libro, "Soy dueño de este perro", tiene para mí la máxima categoría que puede alcanzar un cuento. Es, en una palabra, soberbio. Y lo es por muchas razones: por su trama, que atrapa al lector desde el inicio; por su intemporalidad y su ubicación en cualquier lugar del mundo occidental; por el acojonamiento que siembra en el lector; por el final, el magnífico final; por la técnica cinematográfica que sabe desarrollar a la perfección el autor en la creación del texto; por el sabor de boca a herrumbre que deja aún sin lograr ver ni una gota de sangre. Es un cuento magistral, como pocos, que por sí sólo coloca a Jon Bilbao en la cabeza de los cuentistas españoles.

»Ahora sólo queda esperar un tiempo, volver a desear, y conformarse en las horas vacías de buena literatura con releer cualquiera de sus dos libros de relatos.»

Esteban Guti├ęrrez G├│mez, Revista de Letras, 14 de junio de 2010
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Bajo el influjo del cometa

«Este libro de relatos de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) lo confirma como uno de los nuevos baluartes del género en nuestra lengua. Nadie ha sabido mejor que él crear un estilo propio a partir de sus lecturas norteamericanas. A menudo hace crecer la historia desde anécdotas mínimas, y consigue sumirnos rápidamente en esa suspension of disbelief de que hablan los anglosajones. La tensión se palpa en todos sus relatos, en especial en los diálogos, de los que es un verdadero virtuoso, como por ejemplo en la conversación central de la pieza "Soy dueño de este perro".»

Manuel Moyano, La Verdad de Murcia, 12 de junio de 2010
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Bajo el influjo del cometa, por Jon Bilbao

«De Jon Bilbao leí en 2009 su anterior libro de cuentos, Como una historia de terror. En mi búsqueda de nuevas editoriales, me había fijado en las cuidadas ediciones de Salto de Página, y tras leer las buenas críticas que había recibido este libro, avalado además por el premio Ojo Crítico de 2008, lo compré con altas expectativas. Estas no se vieron defraudadas, incluso me llamó la atención que un libro que me pareció de una calidad tan alta no estuviese editado por Anagrama o Tusquets; lo que acabó por abrirme a nuevos horizontes: existe vida más allá de Anagrama y Tusquets; editoriales pequeñas, aguerridas y con ánimo de permanencia en el difícil mercado editorial (esperemos que la crisis no se las lleve por delante, ya he visto que Salto de Página ha disminuido los títulos que saca por mes).

»Como ya he contado aquí, el día del libro (23 de abril) estuve en el centro asturiano de Madrid, y pude comprar este nuevo libro de cuentos de Jon Bilbao e intercambiar dos frases con el autor mientras me lo dedicaba.

»Aunque el listón era alto, Bajo el influjo del cometa no me ha defraudado. Los cuentos siguen siendo muy buenos y las técnicas narrativas empleadas son acordes al anterior libro, sin mostrar una clara evolución (no necesaria, por otra parte); o quizás, pensándolo otra vez, sí represente el último cuento un posible nuevo camino.

»Bajo el influjo del cometa está formado por 8 cuentos, de los que uno (como ocurría en Como una historia de terror) podría ser casi una novela corta con sus 50 páginas, el titulado "Soy dueño de este perro".

»Bilbao es un gran escritor español de cuentos norteamericanos. El territorio de su escritura (ciudades con playa del norte, islas… que uno puede identificar como españolas, aunque no se diga ningún nombre) nos remite a las páginas de Raymond Carver, John Cheever, Alice Munro, Tobias Wolff, James Salter…

»Considero que el recurso técnico clave en estos cuentos es el de la connotación, de objetos o la mayoría de las veces de animales. Podríamos hacer un recorrido por los cuentos buscando la figura connotada: una biblia, un zorro, una ballena, un perro, una polilla, de nuevo un perro, un niño desaparecido y una obra artística… de ellos el lector debe deducir un mensaje oculto, ominoso… que va recubriendo el relato con distintas capas de intensidad y significados. En la página 55, Bilbao le hace afirmar a un personaje: “Soy una persona que concede importancia a las señales”.

»También se hace patente el gran trabajo del autor con los detalles que dan vitalidad y credibilidad a lo narrado; así como su estudio de vocabulario técnico vinculado a determinadas profesiones o regiones cercanas a los personajes (el lector se encontrará con expresiones y palabras como “masilla epoxídica”, “tolva”, “rorcual”…).

»La mayoría de los cuentos son de corte realista, y si, en la entrada en la que yo hablaba de James Salter, afirmé que los narradores norteamericanos no necesitaban valerse de grandes temas biempensantes para dar hondura a sus personajes, con Bilbao parece ocurrir lo mismo, y así, por ejemplo, titula un cuento de este despojado modo: Un padre, un hijo; quizás el más destacado del conjunto desde mi punto de vista, un cuento digno de cualquier antología de relato español, hispanoamericano (o norteamericano, lo que pretende ser un elogio).

»Pero también a Bilbao le gusta coquetear con el género de terror o fantástico, e, igual que hacía en Como una historia de terror, las explicaciones de las narraciones se pueden deber a alteraciones psíquicas de los personajes —y ser entonces los cuentos enteramente realistas—, o la irrupción de lo fantástico en la narración. Estoy pensando en el titulado "Soy el dueño de este perro", que tiene reminiscencias góticas, incluso.

»En el último —otro de los que más destacados—, el que da título al conjunto, Bilbao opta directamente por lo neofantástico y nos habla de un suceso acaecido en un ficticio 1997, cuando amplias zonas del planeta se quedaron sin corriente eléctrica o agua al paso del cometa Hale-Bop, franjas nocturnas de oscuridad que parecían trazadas con una regla. Este cuento nos hablará de los comportamientos alterados de los personajes ante estas condiciones en una narración que me ha recordado, aunque con menor intensidad dramática, a la planteada por Comac McCarthy en La carretra (y estoy hablando de oídas y voy a usar una frase rara en mí: sólo vi la película y aún no he leído el libro).

»Bajo el influjo del cometa es un gran libro. Es una pena que, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, aquí el género del relato breve no sea lo suficientemente apreciado y los lectores potenciales que podría tener esta obra se queden detenidos bajo el influjo de la novela.»

David P├ęrez Vega, Desde la ciudad sin cines, 10 de junio de 2010
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Bajo el influjo del cometa

«Mirar con lucidez hacia la cotidianeidad, describir sentimientos que todos compartimos de una forma original y profunda son propósitos compartidos por casi cualquier cuentista posterior a Chéjov. Sin embargo la mayoría naufragan al apoyarse en lugares comunes, en perspectivas trilladas y retrilladas por la narrativa estadounidense.

»La mirada de Jon Bilbao no es única pero sí convincente: posee un punto de vista sutil y lúcido sobre gestos y señales que nos asaltan a diario, cuya importancia —y ocasional negrura— nos pasa con demasiada frecuencia desapercibida. Su perspectiva no es ni nihilista ni ingenua: parece reconocer a lo siniestro como un componente más de la vida, de la cotidianeidad, que debemos asumir y afrontar.

»Son los suyos personajes que habitan en el límite, en una frontera cómoda, en la que pueden pasar décadas, a veces sin siquiera saberlo, hasta que un pequeño empujón les sitúa al otro lado. Esa convivencia con el abismo, a veces incómoda pero siempre inevitable, es el mayor vínculo de unión de un libro de relatos sumamente variado, que oscila entre los alrededores del realismo sucio y la ciencia ficción.

»Resalta también la compañía permanente de la naturaleza, de animales que continúan sus vidas con total indiferencia, movidos únicamente por la supervivencia, cuyas apariciones ridiculizan o, mejor dicho, sitúan en su lugar a las penurias y esperanzas de los protagonistas.

»Los logros de fondo de Jon Bilbao no resaltarían de igual forma si no contaran con el apoyo de una prosa depurada, aunque no por ello fría, que contiene aciertos poéticos y certeras descripciones, siempre supeditadas al buen fin de la narración. Esa perfección formal no solo atañe al lenguaje, también a la facilidad con que vincula diversos hilos de trama, sin caer en ningún momento en la confusión.

»Declaración de intencionesEl inicio de «Un padre, un hijo» podría definirse como una declaración de intenciones: «Éste fue el comienzo, podría escoger otro para lo que voy a contar pero elijo éste. El sencillo». Sin embargo, como hemos visto, lo sencillo no debe confundirse con lo fácil, ni, por supuesto, con lo trivial. Lo sencillo enlaza, en todo caso, con la síntesis, con lo que se consigue tras un largo proceso de depuración. Se aprecia con claridad, por ejemplo, en relatos tan complejos como «Ha desaparecido un niño».

»Además consigue que, aun utilizando registros muy similares, la lectura no resulte monótona, ya que es consciente de la necesidad de alternancia y escoge narradores muy distintos, que viajan desde la quirúrgica tercera persona de «Los espías» al registro periodístico del inicio de Bajo el influjo del cometa. Además Bilbao es un magnífico dialoguista, disciplina difícil como pocas que denota su consumado oficio. Poseer oficio no debería considerarse bajo ningún concepto un demérito. Más bien lo contrario.

»La aparición de Bajo el influjo del cometa es una excelente noticia. Bilbao confirma, tras el merecido éxito de Como una historia de terror, su intención de convertirse en uno de nuestros mejores escritores. Las causas son claras: lo que cuenta, cómo lo cuenta y desde dónde mira, desde un lugar compasivo y lúcido, alejado al mismo tiempo de los paños calientes y de la crueldad, muy poco frecuentado por nuestras letras.»

Recaredo Veredas, ABC.es, 26 de mayo de 2010
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Bajo el influjo del cometa

«En este libro, lo inquietante surge de lo cotidiano. Así, una ballena varada en la playa puede estropear el tranquilo día del que pensaba disfrutar una familia. Curiosear a esos vecinos que leen la Biblia puede alterar la paz de una pareja de agnósticos. El paso de un cometa sacude la existencia de los habitantes de un pueblo costero. Incluso retirarse unos días a la montañapuedecomplicarse por culpa de un zorro...»

La gaceta universitaria, 23 de mayo de 2010
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La cotidianeidad amenazadora de Jon Bilbao

Pincha en este enlace para escuchar el programa.

pompas de papel, 24 de mayo
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Un padre, un hijo

«Algunos de mis cuentos favoritos transcurren en hoteles, durante un viaje, y tienen a un padre y un hijo como pareja protagonista. Uno de ellos es "Últimos atardeceres en la tierra", de Roberto Bolaño. Otro, "Un padre, un hijo", de Jon Bilbao, que figura en su último libro Bajo el influjo del cometa (Salto de Página, 2010). Las relaciones paternofiliales siempre han sido un asunto medular de la creación literaria, desde la Biblia a las tragedias de Shakespeare. En el espacio reducido de un cuento, Bolaño y Bilbao han mirado a sus personajes con microscopio, los han desnudado, nos han revelado su alma y sus sentimientos con una hondura que pocos escritores han sabido alcanzar. Escribo estas líneas después de haber leído la última página de Bajo el influjo del cometa. Estoy muy emocionado. Tengo la convicción de que si alguien no conoce los libros de Jon Bilbao se está perdiendo la mejor literatura que se escribe en España. Los ocho cuentos de este libro son ocho obras maestras. Y, entre ellos, siento debilidad por el citado "Un padre, un hijo", que me ha hecho recordar estos viajes y estas estancias en hoteles.

»Ahora, por favor, cierre el periódico y vaya a leer a Jon Bilbao. Me lo agradecerá.»

Óscar Esquivias, Diario de Burgos, 16 de mayo de 2010
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Bajo el influjo del cometa, de Jon Bilbao

«Ya os hablé de Jon Bilbao cuando publicó Como una historia de terror, que ganó el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2008  y os contaba que me lo había pasado muy bien leyendo esos relatos llenos de matices que hablaban de la extrañeza de la realidad más cercana. Los relatos que nos ofrece ahora, en cambio, son diferentes, aunque mantienen esa extrañeza de la vida.

»Me lo he pasado igual de bien pero todas estas historias tienen ambición de novela: si un relato es algo que ocurre en un momento, como si cortáramos la línea temporal, y no sabemos lo que pasó antes ni lo que pasará después, en estos relatos queremos saber más porque nos propone historias que vienen de lejos, que están llenas de futuro, que proponen cosas que debemos terminar nosotros, los lectores: y eso está bien.

»“Los espías” propone una historia en la que es muy fácil sentirse representado: los protagonistas sienten una irresistible curiosidad por unos nuevos vecinos que tienen un hábito extraño. A quién no le ha pasado eso. Quién no se ha preguntado qué estarán haciendo los vecinos ante determinados ruidos o comportamientos (no creo ser el único que cree que los suyos son como marcianos). Pero en este relato la curiosidad por una sistemática lectura de la Biblia cada tarde les lleva a acercarse cada vez más y a modificar sus hábitos de pareja, hasta  que terminan encontrándose y reconociéndose en placeres y actitudes hasta entonces desconocidas.

»“Belígero” es una historia sobre la soledad y la huida, sobre la aceptación de quienes somos, con un zorro como elemento dinamizador. Una bella historia que nos hace preguntarnos, como en el caso anterior, qué pasó después.

»“Una victoria parcial” cuenta la historia de una pareja que llega a la que fue la playa de sus sueños, donde vieron el mejor día de sus vidas (en busca de un recuerdo y seguramente de un estado que se ha perdido) acompañados esta vez de su hijo. Allí se encuentran, varada y muerta, una enorme ballena. La muerte, el olor, la incomodidad lo llena todo.

»“Soy el dueño de este perro” es el relato más inquietante de todos. Una pareja aficionada a la pesca rescata a un perro de un lago, a punto de ser sacrificado y lo adoptan. A partir de ahí las dudas y la investigación de un hecho terrible que ocurre en su ciudad no les deja vivir hasta que toman la decisión que les cambiará la vida: un relato sobre la confianza, sobre la autenticidad, sobre la amistad y sobre las cosas que nos cambian la vida para siempre. Un magnífico relato.

»Pero para relato inquietante y con un final sorprendente “Un padre, un hijo”, en el que asistimos al viaje hacia el norte para visitar la tumba de la madre muerta. Un viaje lleno de extrañezas, de conversaciones profundas y sin embargo austeras, que termina, antes, en una posada en la que padre e hijo se encuentran con una realidad a veces inaceptable. “El mejor relato posible”, “Ha desaparecido un niño”, y “Bajo el influjo del cometa” completan este volumen de relatos que no hay que perderse. Propone historias muy sólidas, con mucho recorrido, están escritos con tensión, se leen muy bien, dejan un buen sabor de boca y algunas preguntas que contestar.

»Vuelvo a recomendaros a Jon Bilbao.»

Antonio Mart├şnez Asensio, Tiempo de silencio, 19 de mayo de 2010
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Bajo el influjo del cometa de Jon Bilbao

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Juan Jacinto Mu├▒oz Rengel, RNE, 2 de mayo de 2010
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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