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reseñas y críticas Candentes cenizas
Erwin Schrödinger, poeta

«He asistido recientemente a la presentación de Candentes cenizas, una traducción de los poemas escritos por el físico Erwin Schrödinger (1887-1961, premio Nobel en 1933) realizada por Felix Schmelzer y Clara Janés (Madrid, Salto de Página, 2015). Se recopilan aquí tanto poemas escritos en alemán como en inglés, se incluyen fotografías de Adriana Veyrat que ilustran textos breves del científico y se añade un "Fragmento inédito de un diálogo con Galileo". Schrödinger no sólo desarrolló la fórmula de la "función de onda", hito de la Mecánica Cuántica, sino que tuvo vocación poética desde su juventud. En 1944 escribió también una famosa obra menor, titulada What is life?, que fue importante no tanto por sus aportaciones como por su efecto llamada, en parte responsable del benéfico desembarco de los físicos en lo que luego se llamaría Biología Molecular.

»A menudo oí a mi padre hablar de Schrödinger, con quien coincidió en el período berlinés del científico (1927-1933). Hace tiempo que leí su biografía (Walter Moore, A Life of Erwin Shrödinger, Cambridge, Cambridge University Press, 1994) e incluso escribí algo sobre él: "Al parecer no admitía colaboradores, y a sus alumnos les hacía estudiar más matemáticas de las que podían asimilar, pero le adoraban. Representaba una corriente de brisa fresca en aquel anquilosado ambiente de rígidas fronteras entre estamentos, en el que los solemnes profesores de cuello almidonado y corbata oscura ocupaban la cúspide. Su palabra de oro y su ciencia hicieron olvidar sus maneras informales –sus jerséis de lana y sus camisas de manga corta– y le abrieron todas las puertas, incluidas las de la Academia Prusiana de Ciencias, donde pronto se convirtió en el miembro más joven entre los consagrados ya célebres, como Einstein, Nernst o Warburg".

»Mi padre asistió puntualmente a los famosos Haber Colloquia, que se celebraban cada dos miércoles en Dahlen, "lo que le hizo ser testigo directo de cómo brotaron muchos de los nuevos arroyos que acabarían siendo ríos caudalosos de la ciencia en la segunda mitad del siglo. Lo más interesante de esas sesiones eran los largos coloquios que seguían a la presentación inicial: Albert Einstein, preguntador meticuloso hasta el fondo de los asuntos; Fritz Haber, jocoso e inquieto, sin dejar de consumir pastillas para curar su hipocondría mientras hacía sus comentarios; Schrödinger, indiferente en apariencia, y los jóvenes más atrevidos haciendo preguntas muy pensadas. Haber no sólo había sido el iniciador de estos coloquios que no respetaban las estrechas fronteras entre las disciplinas científicas, sino que su desinhibido modo de opinar y expresarse, tanto sobre lo que conocía bien como sobre lo que ignoraba, sin vanidad o prejuicio alguno, marcaba el estilo de los prolongados debates, que a menudo terminaban en dura confrontación."

»"El matrimonio Schrödinger –Anny y Erwin– mostraba su lado alegre en las famosas Wiener Würstelabende (noches vienesas con salchichas) que celebraban periódicamente en su hermosa casa de la Cunostrasse, refulgente en la noche, con las luces encendidas hasta en la última buhardilla […] la vida cotidiana del matrimonio distaba mucho de ser alegre debido a los múltiples y simultáneos devaneos de Erwin. Éste era un entusiasta del teatro y conocía a gentes de ese ambiente […] A estas Würstelabende asistían desde los ancianos Planck y los elegantes Von Laue hasta jóvenes investigadores de ambos sexos, desde encastillados burgueses a la variada y bohemia troupe”. Schrödinger era un conquistador insaciable y en Irlanda, país del que llegó a adquirir la nacionalidad, convivió en la misma casa con su mujer y su amante. En Berlín sucedió a Max Planck en la cátedra que eventualmente abandonaría en 1933 por rechazo del nazismo. Cuando los nazis llegaron a Austria, huyó de nuevo, pero se arrepintió, escribió una carta abyecta y volvió, siendo finalmente expulsado debido a sus antecedentes berlineses.

»Clara Janés cierra el libro con un epílogo en el que trata la física como poesía y la poesía como física, resaltando los intereses de Schrödinger más allá de los límites de la ciencia. Lector intenso del Vedanta, la mente de Schrödinger se mueve de la física cuántica a la filosofía hindú como si se tratara de un solo ámbito. Los poemas, como señala Janés, van del amor como desvelamiento, la célula viva y la incertidumbre del conocimiento a la interferencia entre el observador y el objeto y la sombra como réplica del hombre: un libro de especial interés para físicos y poetas.»

Francisco García Olmedo, Revista de Libros, mayo de 2015
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«Quien formuló la ecuación de onda que resume el movimiento del universo y recibió el premio Nobel de física en 1933 por su estudio de los átomos, quiso en principio ser poeta, vocación a la que no renunciaría por más que consagrara su vida a la física cuántica.

»Su sensibilidad le permitió a Erwin Schrödinger ejercer sus facetas científica y poética como verdades de su ser que se complementaron con belleza a lo largo de su vida. Candentes cenizas recoge los poemas de Schrödinger en los que se trasvasa sin estorbo la hondura de su pensamiento científico, probablemente porque su raíz es la misma: el encuentro con preguntas, sentimientos, ideas profundas que hallaron respuesta en él a través de la investigación apasionada en la materia y la palabra. La inquietud básica que lo guió en su quehacer intelectual fue, si se quiere, filosófica, pues lo movía, ante todo, la vida, y consideraba la respuesta a la pregunta ¿qué somos? la principal tarea humana por hacer.

»Schrödinger (vienés de nacimiento:1887-1961), fue un poeta de la sensualidad y el erotismo que afirmó: “Todas las grandes cosas del mundo se llevan a cabo debido al amor”. Su humanismo lo mostró abierto a diferentes áreas de conocimiento, o de experiencia personal, como él las llamaba: la biología, la literatura, la cosmología y la filosofía fueron algunas, y de sus indagaciones alrededor de estas surgieron los ensayos Mente y materia, Mi concepción del mundo, ¿Qué es la vida?, Ciencia y humanismo, la nueva mecánica ondulatoria, El espíritu de la ciencia y  La naturaleza de los griegos.

»A Schrödinger, quien consideraba que la primera función de la ciencia es dar placer y la ponía al lado del deporte y el arte como formas de juego, con seguridad le habría gustado ver sus poemas tan armónicamente ligados a su pensamiento científico, tal como aparecen presentados en su primera traducción al español en Candentes cenizas, en compañía de las evocativas fotografías de Adriana Veyrat.»

Araceli Mancilla, Llanuras, 21 de marzo de 2015
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«De todos es conocido que Leonardo Da Vinci, además de un célebre pintor fue un gran ingeniero civil del Renacimiento. De espíritu curioso, simultaneaba el uso de pinceles con el esbozo de inventos mecánicos. Ya en época barroca, Galileo Galilei, hijo de un conocido compositor florentino, tocaba el laúd. Quizás como para el famoso detective novelesco Sherlock Holmes, la música fuese un complemento a su vocación científica, un destensador de estrés, un afinador de la sensibilidad, un catalizador de sus emociones. Por lo visto, además de un buen intérprete de instrumentos de cuerda, el padre de la física moderna también coqueteó con el género lírico; suya es una sátira contra los bajos salarios con que la universidad de Pisa remuneraba su actividad docente. En resumen, los grandes científicos áureos -de formación humanista- incorporaron a sus conocimientos astrónomos, físicos y matemáticos unas aptitudes innatas para la creación artística, ya fuese pintora, literaria o musical. Ciencia y Arte era indisolubles, necesarias, como el esqueleto y la musculatura. Pues bien, el físico austriaco Erwin Schrödinger (1887-1961) también compaginó sus estudios cuánticos (que le valieron el Nobel en 1933) con su querencia por la composición artística, y en concreto, por la poesía de cuño lírico, que hoy recoge en un bello volumen la editorial madrileña Salto de Página.

»Schrödinger publicó sus Gedichte (Poesías) en 1949. Él mismo cuenta que le hubiese gustado dedicarse a la literatura. En un poema, incluso, confiesa la poca simpatía que su entorno sintió por sus escritos; es más, el texto descubre la incomprensión de su círculo más cercano hacia su hedonismo, ya se manifestase en poemas eróticos o de abandono al goce despreocupado de una tarde de sol (precioso texto, titulado “Zurich”).

»Candentes cenizas clasifica los poemas en tres bloques, según la lengua en que fueron escritos (alemán e inglés –Schrödinger se exilió de Graz en 1938 y se instaló en Irlanda hasta 1956–) y un tercer apartado que sus preparadores no acaban de justificar (“Otros poemas”). Los textos escritos en su lengua materna son los más representados en el volumen. En ellos reconocemos una huella romántica que afecta tanto al imaginario (neblinas, lunas, sombras, crespúsculos y penumbras) como a la filosofía amorosa: el poeta busca en la amada la plenitud existencial, encarnada en el sexo (así lo expresa Hölderlin en su Hiperión). La mujer representa un anhelo de totalidad que el conocimiento no permite. Ella, en sí, es el Todo: “Gracias a ti el mundo entero es bello”, “a través de ti respiro/ el aliento del mundo”. De modo que la amada justifica la existencia del sujeto que enuncia (“Si no existieras tú, quién querría afrontar/ la necia luz del día”).

»Sobresale en esta colección un bellísimo poema de traducción excelente: “Octubre en Merano”; el texto es una invitación a la sensualidad antes de la llegada del fin, una suerte de carpe diem originalísimo, cifrado en una racimo de uvas. La sensibilidad de Schrödinger para describirnos la escena campestre y apercibirnos, con ella, del tempus fugit tentándonos con la última cosecha del año, es portentosa. Texto barroco, lleno de contrastes y violentos hipérbatos, por él solo merece la pena la edición del libro.

»Si el es sexo es contrapunto de la muerte, el científico austriaco se debate entre ambos polos a lo largo del libro. Destaca, con respecto al primer asunto, un poema de su etapa en Irlanda: “Oración”, cuyo cierre se incardina en la filosofía hindú: “Mas si esto no puede darse en una corta vida/ sea en la próxima, o sea en la siguiente, pero en una una./ Renazca yo ciervo, y tú su amada cierva,/ sea yo águila y tú su hembra querida,/ o cualquier cosa que complazca al desconocido”. Con respecto al segundo de los temas, me quedo con uno que habla del deterioro y el desgaste del cuerpo: “No sé” (“No sé si echarás de menos/ la opresora fuerza de mi amor,/ que ya no sentirás/ cuando esté marchita”).

»Es de aplaudir que Salto de Página haya publicado Candentes cenizas un año antes de la entrada en vigor de la LOMCE, reivindicando con ello la formación multidisciplinar de los seres humanos. Schrödinger concilia en su persona dos mundos complementarios: la razón y la sensibilidad, la ciencia y el arte, los átomos y las metáforas. Es de esta forma como ha avanzado el conocimiento: sumando perspectivas y pasiones. Parece mentira que quinientos años después del Renacimiento, tengamos un ministro de Educación que no se haya enterado de nada. En su afán por destruir el sistema educativo público ha suprimido los Bachilleratos de Música, Danza y Artes escénicas, y ha recortado horas a las asignaturas de Plástica y Tecnología, despreciando la educación integral de nuestros estudiantes. Como si Leonardo Da Vinci no hubiese sido, además de ingeniero, un grandísimo pintor; o como si Albert Einstein, además del científico más importante del siglo pasado, no se hubiese erigido como el virtuoso violinista que fue.

»La inclusión en Candentes cenizas de un fragmento de un texto de Galileo, de fotografías de Adriana Veyrat, de un prólogo literario a cargo de Félix Schmelzer, de un epílogo científico de Clara Janés y de una cronología de la vida del autor, sirven muy bien para contextualizar la obra de Erwin Schrödinger. Ya saben que las ediciones de Salto de Página son un lujo para quienes aman no ya sólo la poesía, sino la vida, en general.»

Ariadna García, El rompehielos, 25 de enero de 2015
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El gris candente de las débiles cenizas

«Clara Janés consiguió el último premio de poesía Universidad de León con el libro Epsilon o el jardín de las delicias, ya reseñado en estas páginas de «Filandón»; en él mostraba su interés por la física cuántica, abogando por la aproximación de ciencia y poesía. No es extraño, por ello, que se interesara por la breve obra poética del físico y premio nobel austriaco Erwin Schrödinger, y que la tradujera por vez primera al español con la colaboración de Félix Schmelzer. El nobel lo recibió Schrödinger por su aportación a la teoría atómica; anteriormente había formulado ya la teoría que lleva su nombre, la cual sintetiza las ondas de la materia. Pero fue un físico que unió los intereses intelectuales y humanistas, como delatan sus libros Ciencia y humanismo y ¿Qué es la vida?, pues entendió que la contestación a tal interrogación era el problema vivo de la ciencia. En la poesía española actual hay una corriente que entiende que ciencia y poesía no se oponen y que aboga porque la poesía incorpore a sus sistema metafórico los avances de la ciencia. Se le ha llamado «postpoesía». Pues bien, ya en Schrödinger, que vivió entre 1887 y 1961, juzgaba que la ciencia es inseparable de la poesía, pues una y otra, complementándose, buscaban una respuesta a la cuestión de qué es la vida o qué es el ser humano.

»En el conjunto de poemas que forman Candentes cenizas predomina el anhelo vital resumido en el amor, en la mujer, cuya belleza hace el mundo más hermoso. La vida misma sólo cobra sentido en el amor, de modo que se respira una entrega total al mismo: a través de la mujer amada, dice el físico y poeta, «respiro el aliento del mundo»; y en otros poemas: «En tus labios hallé la oración de la mañana»; «Todo resultaba pobre / frente al beso de la boca amada». Sólo la sombra amenaza el amor y la vida. La sombra es símbolo de la muerte, de la noche última que dispersa todo lo que uno ha querido, como la mujer o los amigos. El que un científico como Schrödinger, de cuya ecuación de ondas dijo Einstein que era obra de un genio, se dedicara a expresar los sentimientos poéticos suscitaba alguna desaprobación, según refiere en un poema: «Con frecuencia me reprochan / pasar la vida en un sueño, preferir la vida al cálculo». Conocimiento y gozo, van, sin embargo, unidas en su obra, según explica Clara Janés en el epílogo a Candentes cenizas

José Enrique Martínez, Diario de León, 18 de enero de 2015
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«Parece una paradoja digna del gran Chesterton hablar, en la misma frase, del físico Erwin Schrödinger y de poesía o inspiración artística; sin embargo, en el prólogo de Felix Schmelzer a Candentes cenizas, el sorprendente libro que acaba de sacar Salto de página con textos del físico, confirmamos rápidamente que no existe tal contradicción: “De hecho, mi deseo de joven fue ser poeta, pero me di cuenta rápidamente de que la poesía no era un negocio pagado. La ciencia, por otro lado, me ofreció una carrera.” Eso decía Erwin Schrödinger en una entrevista, en 1931. Sabemos que dicha elección le otorgó  cierto éxito, nada menos que el Premio Nobel de Física, dos años más tarde en 1933. No obstante, es evidente que Erwin Schrödinger no podía o no quiso renunciar a su lado poético durante su vida, como demuestra el volumen presente, que reúne su poesía, por primera vez traducida a la lengua española. A veces, la lucha aparente entre la poesía y la ciencia, con una preferencia secreta por la primera, toma cuerpo en los mismos poemas: “Con frecuencia me reprochan /pasar la vida en el sueño, /preferir la rima al cálculo.”

»El premio Nobel de Física era una persona marcada por dos mundos; mundos que consideraba totalmente complementarios y necesarios para su vida: “La relación entre la poesía y la ciencia es, en última instancia la relación entre los sentidos y la razón, el sentir y el pensar, y el entrelazamiento indisoluble de ambos es algo que, evidentemente, fascinó a Erwin Schrödinger a lo largo de su vida. Como revela su obra ensayística, el físico poeta austríaco no se cansa de recordarnos el hecho de que la razón obtiene su contenido de los sentidos, y por eso de ninguna manera juega un papel superior a ellos.” No puedo estar más de acuerdo con que “la razón obtiene su contenido de los sentidos” y “de ninguna manera juega un papel superior a ellos.” Lo que cuenta Schmelzer en este prólogo quedó perfectamente reflejado en la poesía de Schrödinger donde muestra un anhelo, quizás contraproducente por su condición de científico, por esa necesidad de algo que está por encima, en su caso Dios, es inevitable que la primera estrofa no nos recuerde a la escena del Nuevo Testamento y a la Magdalena en particular:
 

ANHELO
Tus Pies que yo lavé y besé
y sequé -y soñé día tras día…
por qué, de pronto, tendría que sentir tanto miedo
si  una noche no supiera de ti…
[…]
si no existieras tú, tú diosa, reina.
Si no existieras tú, quién querría afrontar la necia luz del día y un pasivo seguir.
Uno siente la vida meramente volátil
y acepta de buen grado presto desvanecerse
para perderse luego en tus honduras.

»A pesar de su confianza en la ciencia, esta no era incondicional; muy al contrario, se encargó de desmitificarla, de librarla de su condición divina; en este poema habla precisamente de la falibilidad del empirismo como fuente para dar sentido a nuestra vida:

PARÁBOLA
[…] La confusa vibración de las manchas luminosas
no te hace captar las leyes.
Tus júbilos y temblores
no conforman el sentido de esta vida.
Tan sólo el alma del mundo, si se lanza,
apuntará el resultado
de miles de experimentos.
¿Acaso esto nos atañe todavía?

»El poema homónimo es una total personificación del alma de Schrödinger, el alma de un poeta; las cenizas son en realidad ascuas de su genio poético:

CANDENTES CENIZAS
Irradian por el rescoldo los carbones candentes
y despiertan lo que sólo a medias conocemos
y convocan lo que es nuestro sólo a medias
y, por estar lejos, es casi molesto.
Deja que esta noche silente sea la última.
No tendría importancia. No sería asombroso.
Pues cuando el orbe del mundo habita,
como mucho, con rauda muerte recibe recompensa.
Creas en los dioses, o creas en Dios:
invócalos, invócalo, o se convierten en burla
Yo creo en las cenizas vivas en las ascuas,
a nadie envidio, por más que sea su condición alta.

»En este orden de cosas, para el poeta-físico, la mayor satisfacción, la gran recompensa, está en el amor, paradigma de la lírica; la última estrofa cierra el círculo, son las que refería Schmelzer en su prólogo y que suponen la encarnación de la personalidad del germánico.

RECOMPENSA
Por qué todavía hoy una hermosa mujer
joven cual rocío matutino
me brinda sus cálidos labios
con precisión te comunico:
porque para mí nunca hubo
joya alguna terrenal,
ni gloria alguna de valor más alto
que el amor de las mujeres.
Todo resultaba pobre
frente al beso de la boca amada.
Con frecuencia me reprochan
pasar la vida en un sueño,
preferir la rima al cálculo.
Ahora -yo me desquito.

»Después del Fragmento inédito de un diálogo de Galileo que añade una nota científica curiosa aunque anecdótica, tenemos el artículo de Clara Janés llamado Los límites del mar. Erwin Schrödinger: conocimiento y gozo. Este artículo recoge textos de entrevistas al autor alemán bastante esclarecedores de lo que resulta su personalidad y que ya habían quedado adelantados anteriormente en su obra poética, me quedó con su reflexión sobre el papel de esa dicotomía ciencia-arte:

-Al darme cuenta de que deportes, arte y ciencia son meramente salidas para la energía superflua. Observamos que, cuando un animal se libera en cierto modo de la lucha por la existencia, empieza a jugar. Así los animales domésticos que dependen de nosotros para su comida, usan su energía superflua en el juego. El hombre, cuando hubo conquistado su entorno, de modo que toda su vida no era ya una lucha por la existencia, empezó a jugar. inventó deportes, inventó las artes y la ciencia. Todas esas cosas son formas de juego. Existen para darnos placer.

»En efecto, ni más ni menos que están ambas para darnos placer; exquisita y sorprendente la propuesta de Salto de Página que, además, adereza el texto con fotografías de Adriana Veyrat que complementan otros textos de Schrödinger; una obra pequeña que se convierte en algo muy grande. Que no os eché para atrás su reducido continente.»

Mariano Hortal, Lectura y locura, 28 de octubre de 2014
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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