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reseñas y críticas Como una historia de terror
Como una historia de terror, de Jon Bilbao

«Está acabando de leer la última narración y una sonrisa se perfila en su rostro. Es una mueca de satisfacción, la mejor señal de que todas aquellas líneas escritas en el papel, acaban de rozarle el alma. Cierra el libro y mira la portada. No ve a esa mujer dormida con antifaz y marcas intrigantes en la cara. Ve imágenes, multitud de imágenes, desfilando en su mente. Un carrusel de imágenes que no logra parar.
»Sujeta el libro, con su mano izquierda, mientras posa el pulgar derecho sobre el filo de hojas y las hace aletear abriéndolo de nuevo muy lentamente. No busca nada especial, un párrafo concreto, el comienzo o final de alguna de las narraciones. Ese acto de dejar pasar las hojas, con sosiego, de derecha a izquierda, le está ayudando a pensar. ¿Qué tienen esas narraciones que le han dejado perplejo? Lo primero, lo que queda patente desde el primer renglón, es el gusto exquisito del autor, Jon Bilbao, por el trabajo bien hecho. Cada palabra está tallada en el texto, cada frase medida en la narración, cada párrafo trabajado hasta dar con el resultado apetecido: suspense y tensión que atrapan al lector. Entonces recuerda las palabras de Luis Landero y su metodología de escritura. Algo así, se dice. Labor paciente de artesano.
»Esa lentitud que se desprende por el gusto al trabajo bien hecho, esa prosa cuidada con mimo de escritor dedicado, marca un ritmo lento, sensible, atmosférico. Y esa prosa es la necesaria para ahondar en las descripciones, para hacer ver el lector, sin dejarle un resquicio a su imaginación, que el ambiente que describe casi de modo cinematográfico, el espacio que rodea a los personajes, es otro personaje en las narraciones. En algunas de ellas, el personaje principal.
»Vuelca un poco más de licor de café en el vaso, antes de dejar seguir divagar a sus pensamientos. Las descripciones de algunos de los paisajes, en efecto, quedan marcadas en su mente de lector habituado a la complicidad. Paisajes idílicos, maravillosos, pero que nos ofrecen la otra cara, una cara hostil, antipática, inquietante.
»Se pregunta el porqué. Jon Bilbao elige sitios encantadores y los transforma en nubes amenazantes que ahogan a los personajes de las narraciones. Se desprende en ellos desde melancolía a terror. ¿Por qué?
»Bebe un sorbo helado de licor y vuelve a dejar aletear las hojas de papel como mirando un zoótropo. Las escucha mecerse, crujir, acostarse unas sobre otras.
»Es el ambiente perfecto, piensa, para personajes desamparados, almas perdidas, que quieren dar un giro a sus vidas. Entonces recuerda –imágenes, más imágenes– las parejas de la mayoría de las narraciones, comenzando un camino iniciático a la búsqueda de ellas mismas.
»Vuelve a sonreír. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de una lectura, es cierto. El Objeto, el yate, la rata, el cuidador de palomas, los tangas, el Señor del Bosque. Imágenes, más imágenes giran y giran en su cabeza. El hombre de bigote rubio, el jefe que pretende ser encantador, las dos vertientes del hambre, la confusión en los equívocos y el valor de las apariencias, la fluctuación personal en el límite de lo tolerable, la lluvia de Londres. Imágenes, más imágenes.
»Cierra el libro al fin y se levanta del sillón que le ha cobijado toda aquella tarde gozosa. Al hacerlo, deja que su vista se pasee por el alféizar de la chimenea. Aquel enanito del bosque con el macetero portavelas nunca le ha gustado, la verdad. Lo coge y se queda observando la deformidad de su rostro hecho para estar distante. El tacto áspero de la arcilla y el polvo acumulado sobre su gorro rojo de enano, le causan una impresión desagradable.
»Se dirige a la cocina pensando cómo calificar esas narraciones. Pero lo cierto, lo que realmente va pensando, es que le importa muy poco calificarlas, porque precisamente él, siempre ha huido de etiquetas y encajonamientos; porque precisamente él, es un magma alquitranado que rebosa todos los recipientes en los que han intentado cobijarlo. Y, justo en el momento que pisa el pedal del cubo de la basura y deja caer el enano del bosque que hace años habita sobre la repisa de la chimenea sin saber a cuento de qué, recuerda las palabras del Maestro, y se dice, como para cerrar el asunto a la vez que el enano ha desaparecido de su vista, que aquello no es más que Literatura. Exquisita Literatura.»

Esteban Gutiérrez Gómez, El laberinto de Noé, 1 de diciembre de 2008
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El abismo que llevamos dentro

«Descubrir a Jon Bilbao ha sido todo un hito y un acontecimiento para mi mente. Un seísmo para mis neuronas.

»Deudor del estilo tradicional norteamericano (Carver, Cheever) centrado en acometer relatos truncados con alta carga sicológica y con protagonistas extraños de los que nos es presentado un fragmento de su vida, un limitado y acotado tiempo de existencia que ni empieza, ni acaba, tan sólo transcurre, como ocurre con nuestro día a día, como ya hiciese en su momento "Arthur Machen" en su fantasmagórico "Un fragmento de vida".

»Los personajes que habitan en la cabeza de Bilbao, en este libro de nombre Como una historia de terror, o en Bajo el influjo del cometa (uno de los diez mejores del pasado año), editados por Salto de Página, son seres que en lugar de sombra, poseen caos, ya que éste se desencadena a su paso, arruinando, en mayor o menor medida, la vida de las personas que van encontrando a su paso. Son seres quue tienen miedo (el terror al que alude el título del libro) a la vida en pareja (y en soledad), repletos de secretos, de obsesiones enfermizas (pero creíbles y cercanas) que no saben bien qué es lo que quieren en realidad o qué esperan de la vida. Se mueven y viven por impulsos, dejándose llevar por la marea de la cotidianidad, que en manos de Bilbao alcanza cotas de ensoñación mágica, grandiosa, de inquietud malsana de la que parecen querer escapar, cuando en realidad, lo que intentan, sin saberlo, es huír de ellos mismos y de sus miedos.

»Los siete relatos, los siete cuentos (adoro este género narrativo), que componen este libro (Premio Ojo Crítico de Narrativa 2008), escritos con una sobriedad deslumbrante, con pulso firme y con una voz propia de calidad sorprendente (con ese juego que da un narrador omnipresente pero que, como nosotros, como un espectador distante, no participa de lo contado), comienzan con "Prolegómenos", que nos presenta la curiosa relación de una pareja en un Londres cosmopolitaque adquiere un misterioso juguete sexual, y que nos convierte en involuntarios, pero encantados, vouyeurs, como sucede también con "El ladrón de lencería", tal vez el único que desentona del resto, no por calidad, sino por lo humorístico del mismo.

»Tanto en "Después de nosotros el diluvio" como en "Rata", se plasma la violencia palpitante, latente, que habita en el lado oscuro que todos llevamos dentro y que nos jactamos de no poseer. Relatos, estos, repletos de personas resentidas con los que les rodean y con el mundo en el que viven.

»"El hambre en los alrededores del lago" es un ejemplo más de lo preciso que es Bilbao a la hora de adentrarse en la mente de sus personajes, trayéndonos, en este caso, las vivencias de un escritor bloqueado que decide ayunar para purificar su mente, y cómo un joven torturado que cuida palomas irrumpe en su voluntario retiro. En este cuento, como en "La fortaleza", los protagonistas ven cómo la realidad se transforma ante sus ojos en un lugar más peligroso de lo que imaginaban que fuese y que no dudarán en acometer en voluntario descenso a los infiernos del alma, para renacer de sus cenizas.

»A modo de conclusión, nos encontramos con el relato que da título al libro, "Como una historia de terror", cuento en el que una pareja que decide abandonar la ciudad para pasar a vivir en la casa de un solitario bosque, ve cómo ella comienza a padecer recurrentes pesadillas en las que ardillas devoran a su marido. Miedos y ensoñaciones tétricas que parecen empezar a convertirse en realidad...

»La fuerza con que Bilbao describe a sus personajes, el modo en el que nos presenta sus emociones y sus personalidades, su vida al borde del abismo afectivo, es tan asombroso, que ya sólo por eso este libro merecería ser leído por todo el mundo.

»Y eso, sin tener en cuenta que es una lectura exquisita que deseas que no se acabe nunca. No digo más.»

Tengo boca y no puedo gritar, 24 de enero de 2011
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Pero qué gustos más raros tienen los reyes magos

«(...) A Melchor, que trae el oro, le regalaría Como una historia de terror (Editorial Salto de Página, 2008) de Jon Bilbao. Esta obra hace honor a su título: se trata de un conjunto de relatos realmente desazonante, que hurga en las heridas más profundas y escondidas del alma, en todo aquello que nos asusta de los demás y, sobre todo, de nosotros mismos. Los personajes de Jon Bilbao están llenos de secretos, son obsesivos, ponen todo su empeño en resignarse a su vida infeliz hasta que llega un momento en el que pierden el control y todo se desquicia y se acaban los fingimientos. No se puede escribir mejor que Jon Bilbao, con mayor justeza, con un estilo a la vez sobrio y expresivo. Estos cuentos ganaron el Premio Ojo Crítico y ningún lector interesado en la última literatura española debería perdérselos.»

√ďscar Esquivias, Diario de Burgos, 10 de enero de 2010
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El don de la imprevisibilidad

«Sabemos que una película distará de ser memorable cuando, a la primera de cambio, prevemos los derroteros que tomará el argumento, e incluso somos capaces de anticipar qué personajes serán los primeros en morir (normalmente el amigo gracioso del protagonista).
»Nadie podrá acusar al asturiano Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) de caer en lo previsible. Los relatos que componen Como una historia de terror son fuente permanente de sorpresa: sus derivaciones nos cogen una y otra vez desprevenidos, proporcionándonos ese goce que a menudo perseguimos —vanamente— en la lectura.
»Lo dijo Cunqueiro: "El alma humana necesita siempre una dosis de azar". Bilbao no se comporta como un diosecillo que guiase a sus personajes hacia un destino prefijado por él; por el contrario, parece que las cosas ocurren y que se limita a transcribirlas. impregna sus historias de una tensión casi física, que nos impele a seguir leyéndolas hasta el final, y cuyo origen es alguna amenaza soterrada que se cierne sobre los protagonistas. el lector de libros de consumo masivo podría verse algo desorientado (erróneamente) frente a estas historias que no obedecen a esquemas preconcebidos.
»Quizá el mejor relato para iniciar la lectura, por ajustarse al clásico final cerrado, sea "El ladrón de lencería", pero el buen pulso narrativo de Bilbao, quien ha sabido digerir sabiamente la influencia norteamericana, permite que el nivel del libro no decaiga en ningún momento.
»Son de destacar historias tan extrañas y atrayentes como "La fortaleza", la que da título al volumen, o "El hambre en los alrededores del lago", cuyo punto de partida es un hombre que se aísla en un lugar remoto con el propósito de adelgazar mediante el ayuno: la historia a empezado a rodar, pero no tenemos la menor idea de adónde irá a parar.»

Manuel Moyano, La Verdad de Murcia, 28 de noviembre de 2009
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El terror inerte y el terror animado

«Sobre Jon Bilbao ya escribió Álex García Ingrisano aquí una extensa y elogiosa crítica acerca de su novela El hermano de las moscas, de manera que este segundo libro, "Como una historia de terror, publicado poco después del primero bajo el mismo sello editorial, necesitará poca referencia a la indiscutible genialidad el autor asturiano para contagiar al lector de una inquietud creciente y desoladora.
»Lo que me anima a dar pábulo a su libro de relatos es que en esta ocasión, Jon Bilbao se ha concentrado, más si cabe que en su novela, en utilizar la narración como arma psicológica. En estos momentos, la literatura española tiene abierta todavía la brecha entre los narradores descendientes del rancio realismo de mitad del siglo XX, heredado a su vez de los avergonzados maestros del XIX, y los que tras los pasos de Javier Marías o los de Vila-Matas se lanzaron a la nueva novela de ideas, donde el narrador es una voz pensante desinteresada en gran medida de la anécdota o el detalle. Tras Vila-Matas la literatura llamada posmoderna ha revitalizado el panorama, con autores como Alberto Olmos a la cabeza de la renovación.
»Pero ha habido que esperar a Jon Bilbao para que la narrativa pura tuviera verdadero lustre, a no ser que algún rapaz se me haya escapado por completo todo este tiempo.
»La narrativa de Bilbao es meticulosa, fría, casi cinematográfica. El estilo es tentador y ha llevado a multitud de autores anteriores a la mediocridad de historias con cierta gracia que llegan al lector encerradas en voces salidas de la factoría Carver. Una larga lista de aspirantes a los que en opinión de este crítico ha arrebatado el puesto el autor en que nos centramos hoy.
»La colección está compuesta por ocho relatos de los que sólo extirparía quirúrgicamente el primero: Prolegómenos. Jon Bilbao es tan violento a la hora de introducir de un jeringuillazo el terror psicológico que conduce al centro oscuro de sus narraciones, que la mera presencia de un prolegómeno resulta inoportuna. Sin embargo, el primer relato, más alejado de la literatura que los siguientes, no es malo. Contiene suficiente materia invisible como para seguir leyendo. Dos ciegos homosexuales, las muñecas de uno adornadas con el sarcoma de Kaposi, cenan en el mismo restaurante que una pareja que viene de adquirir un juguete sexual tan misterioso como un antiguo mecanismo de tortura. Así es la literatura de Jon Bilbao.
»Podría ponerme referencial y traer al estrado a David Lynch, con cuya cinematografía seguramente resulte exagerado comparar al autor, pero que explota exactamente la misma inquietud inerte en que Bilbao ha encontrado su rasgo diferencial. En el capítulo primero de Twin Peaks, cuando el agente visita la comisaría del pueblo, una cabeza de ciervo disecado está, por alguna razón patética, puesta encima de la mesa de interrogatorios.
»Las apariciones animales en los relatos herméticos de Como una historia de terror son constantes. Un coche abandonado en medio del desierto, un turista que se acerca y un mexicano que le advierte de que el vehículo está lleno de tarántulas. Jon Bilbao emplea sin piedad la amenaza de criaturas cuya voluntad es permanentemente ajena al personaje. Arañas, ardillas u hombres, presencias que hacen totalmente imposible el curso normal de los acontecimientos.
»El suspense de sus narraciones me inhibe por completo de comentar cualquiera de los relatos. Basta estudiar su influjo, Bilbao no es un escritor de estrategias sino de armas, nada que ver, por ejemplo, con la amenaza del "Nadie se va a reír" de Kundera, donde los actos crean el cerco. En estos relatos el cerco se genera siempre desde dentro. Los recursos narrativos de estructura al estilo de las novelas de detectives son aquí la herramienta para concluir historias, mientras la sensación desoladora sigue creciendo encripatada en los detalles.
»El segundo libro de este autor confirma la opinión de que también para la narración pura hay nuevas voces. La originalidad vistosa y las conclusiones elaboradas del otro lado del ring pueden descansar los puños: Jon Bilbao nos da una buena razón para pasar una tarde entera encerrados en su prisión psicológica de alta seguridad.»

Juan Soto Ivars, El crítico, 28 de marzo de 2009
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Como una historia de terror de Jon Bilbao

«Muy atractivo, ágil e inquietante libro de relatos de terror privado, es decir, sin vampiros ni niñas mirando la televisión encendida. El terror de lo cotidiano, de lo propio se puede apoderar de los lectores.»

Pincha en este enlace para escuchar el programa completo en SER Navarra.

Javier Morote, SER Navarra, 1 de abril de 2009
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De sogas, p√°jaros y ardillas

—¿Pero qué es lo que te da miedo?

—Tengo miedo de que el edificio se venga abajo.

JOHN CHEEVER, «El ángel del puente»

«El que nos ocupa es uno de los mejores libros de relatos que he leído en 2008, y lo digo sin rodeos y desde el comienzo para que nadie se confunda. Así, me parece más que justa la excelente recepción que Como una historia de terror ha tenido entre la crítica alternativa que ya conforman —es una realidad incuestionable— varias de las mejores bitácoras literarias de la red y, sobre todo, la visibilidad que se ha ganado en los medios habituales, llegando incluso a posicionar el cuento en algunos suplementos y revistas[1] que todavía no lo abordan lo suficiente. En esto último habrá tenido algo que ver el premio recibido por el libro, pero como viene siendo tónica habitual por mi parte en esta serie de notas de lectura, ese es un aspecto en el que no repararé, porque la calidad literaria viene de serie y ha de destacarse con independencia de su reconocimiento en cualquier galardón[2], o de lo contrario estaríamos bailándole el agua al Mercado y su modus operandi. La valoración positiva de este libro ha sido prácticamente unánime, como digo, salvo, quizá, en algunos detalles de la reseña que apareció en la página colectiva Masacre en los jardines, elogiosa en todo caso. Y es que, insisto —atiendan, por favor, que luego no venga nadie a pedir cuentas—, el de Jon Bilbao me parece no sólo uno de los mejores libros de relatos del año pasado, sino la confirmación —Salto de Página publicó también su novela El hermano de las moscas— de un escritor honesto y capaz.
»Sin embargo, considero que en un espacio como esta bitácora, que no es la de un crítico, sino la de un escritor en perpetua búsqueda con sus propios textos y la de un editor en contacto permanente con los de otros, pero sobre todo la de un febril lector de cuentos, también el rigor y la honestidad han de ser valores inaplazables. Demasiadas veces he cuestionado, en privado y en público, el trabajo de otros que sí se consideran a sí mismos como críticos, por lo que he de atenerme a lo que considero fundamental a la hora de valorar el trabajo de un escritor —es lo menos que se merece—. Es frecuente que algunos críticos se queden con una de las varias posibles lecturas que ofrece un texto —todo texto que sostenga un discurso con una mínima dimensión literaria soporta al menos tres lecturas—, o peor aún, que en su reseña le escatimen al lector aquello que como preceptores o jueces, y no siempre por la calidad del artista, sino por sus prejuicios, buscan en un libro resueltamente y a priori[3], como cuando, por ejemplo, la concepción estética y hasta política que el crítico tiene de lo literario condiciona toda posible interpretación. Ese tipo de reseñas son en realidad opiniones o exhibiciones del gusto —buen o mal gusto— de quien las firma, pero no críticas ni estudios serios, aunque se den el barniz de dictámenes papales. El diálogo entre el texto, el crítico y el lector debiera ser siempre más limpio, sincero y expuesto, del mismo modo que el escritor se la juega haciendo público su trabajo. Por lo tanto, y para que se tenga en cuenta desde este instante, dejo claro que mi idea y mi percepción del cuento contemporáneo condiciona de antemano cualquier lectura, y esto también matiza mi percepción de Como una historia de terror. Es desde ese territorio maleable y subjetivo, sin desligarme de lo que me construye como lector —lo contrario sería impostado—, desde donde comparto mis impresiones, valoraciones y alguna que otra objeción al libro.
»Como prueba de la capacidad de trabajo del autor y atendiendo al rigor de la concepción formal de sus cuentos, Como una historia de terror me parece de los pocos libros recientes que resisten la comparación con otro de los hallazgos del año 2008 en este sentido estructural: Sicilia, invierno, de Ignacio Ferrando. Ambos autores —asturianos de nacimiento, por cierto, aunque lo del madrileño Ferrando fue casi por accidente—, comparten el mismo gusto por el trabajo de relojero, por el texto artesano y la demora del tempo narrativo, aunque es en la apuesta estética y en la elección de los temas donde los dos libros se bifurcan.
»Los cuentos de Como una historia de terror no son los primeros que puedo leer de Jon Bilbao. El autor participó con otros tres, «Amenaza exterior», «Desechable» y «Sospechas fundadas», en Ficciones, una antología que compartió en 2005 con otros cuatro autores, publicada por EDAF para la Asociación Colegial de Escritores[4]. En ellos, Bilbao ya avanzaba en parte los temas, los motivos y los enfoques que vendrían a repetirse en el libro de Salto de Página. De hecho, una de las impresiones más sutiles que me ha provocado la lectura de Como una historia de terror es la de una compilación de cuentos de distintas épocas. En cualquier caso, son siete cuentos en los que se nota una clara progresión respecto a los primerizos[5] y muy pocas diferencias de criterio y resolución entre ellos, dándole solidez al volumen. Me parece un conjunto bien cohesionado, insisto, con un hilo distintivo y una ordenación bastante acertada de los textos. Hay una suerte de densificación de la neblina en el ambiente de los cuentos de Jon Bilbao, que evoluciona desde «Prolegómenos» hasta el cuento que cierra y da título al libro, y que ayuda a que el lector avance por esas historias como por un sendero del que más valdría no alejarse, como en aquellos cuentos de miedo que nos contaban de pequeños, cuando la angustia iba de la mano de la excitación.
»Esa presencia de lo vital como semilla de la angustia, ese tema fundamental en la obra de Jon Bilbao, tiene más que ver con la amenaza implícita que la naturaleza humana cierne sobre sí, que con el entorno o los acontecimientos. Tal vez por eso la coherencia que se respira en este libro liga también lo conceptual y lo formal, y creo que estos cuentos no resistirían una lectura seria si no se hubieran desarrollado con esa escritura espartana, lacerante y exacta con la que Jon Bilbao —anoten este como uno de los mayores méritos del libro— no busca gustarse a sí mismo ni darse la razón, sino con la que trabaja a favor de sus historias. Hay ahí una asimilación afortunada de las lecturas de cuentistas como Carver, Shepard o Cheever, y no otra burda imitación, lo que también es de agradecer. Aunque es verdad que, en ocasiones, el autor de Como una historia de terror parece tener miedo a que su edificio narrativo se venga abajo —no se permite apenas derivas ni deja costuras a medio coser, como sí nos sucede en la vida—, y esa especie de refuerzo constante de la historia, ese inventario minucioso, puede llegar a sobrecargar los pilares de su escritura e impedir que respire, además de coherencia, otras posibilidades, que tome aire a partir de ese cuestionamiento de la lógica y del sentido que también conforma nuestra contemporaneidad.
»Jon Bilbao digiere y se salta algunas de las reglas del cuento clásico, y eso es bueno, en principio, porque no lo hace a las bravas, sino consciente. Los decálogos de Quiroga, las ideas de Piglia, los parámetros de Chéjov o las poéticas cuentísticas de Carver o Cortázar no han sido corsés sino, quiero pensar, trampolines para un autor que se permite esa orfandad, un autor más realista que fantástico, más exhaustivo que intensivo, pero que ata los cabos más fantásticos de lo real y consigue no distraer la atención del lector mientras dura el pacto narrativo. Y ello a pesar de la extensión de algunos de sus relatos. No existe una medida para el cuento, su lenguaje artístico y su capacidad para el sabotaje de nuestras certezas tiene cabida en textos de una página o de sesenta. Sin embargo, creo que en algunos momentos, aun con el buen trabajo de hilandera que Bilbao se ha tomado para no dejar costuras ni flecos sin zurcir en sus relatos, le vendrían bien ciertas elisiones, algún que otro detalle mínimo pero poliédrico, desde lo inconsciente, ese puñetazo en el estómago capaz de atraer sobre sí al lector y arrojar, a modo de prisma, una luz distinta sobre los cuentos. Los de Como una historia de terror ganan por técnica y juego de piernas, por resistencia, pero no por K.O., y eso no es demérito ni virtud, creo, sino otra manera de plantear el trabajo del escritor. No estoy hablando de trucos ni recetas, sino de ópticas y perspectivas. De todos modos, pienso en relatos como «Enemigos», de Chéjov, «Visor», de Carver, «Casa tomada», de Cortázar o «La cura», de Cheever —con merodeador y crisis de pareja en el lote, como en «El hambre en los alrededores del lago» de Bilbao, pero en doce páginas—, y sigo creyendo que uno de los méritos del cuento debiera ser siempre la capacidad de mostrar en pocas páginas lo que otros relatos o las novelas dicen en demasiadas. Y lo dice un autor proclive al exceso y lector satisfecho, no sólo de aquellos otros cuentos de aliento medio que también cultivaron los mejores autores del género, sino también de novelas.
»Me ha resultado muy grata la capacidad de Jon Bilbao para tomar motivos de la cotidianidad, para fijarse en lo que nos rodea y colocarlo de forma que sus historias nos conduzcan al ánimo al que nos parece inducir cada cuento. Los temas de fondo en el libro son en sí mismos nuestro pan de cada día. Bilbao es otro autor que aborda con buen tino temas ignorados por la narrativa reciente, como las relaciones laborales —sin el cedazo político de Belén Gopegui— o el paradigma social del ahora, tan a punto de desmontar su coartada a cada instante, en relatos como «Rata» o «Después de nosotros, el diluvio», donde hay cierta similitud simbólica con «El ladrón de lencería», con un culpable que evade la responsabilidad lanzando un señuelo, los prejuicios, la violencia aletargada en las relaciones humanas, la plebe que quisiera linchar al monstruo, al marcado —esto es, al diferente, a la criatura en la encrucijada, en vez de al Dr. Frankenstein—, apartando el espejo de sí misma, apartándolo de nosotros como esa posibilidad de turba encendida que siempre somos, llegado el momento. La pareja es también un tema recurrente en este libro, pues no en vano la confrontación de nuestros deseos con los del otro es la semilla de nuestros peores miedos. Aparte, el tratamiento del sexo me parece mucho más interesante en «La fortaleza» que en «Prolegómenos», donde el final se deshincha un poco, lejos de sugerir, o en el mismo «El hambre en los alrededores del lago», donde a veces roza el efectismo fácil, pero en el que sin embargo el autor fulmina el lugar común —y se le agradece, una vez más—, y un cuento, por cierto, en el que me interesa mucho más el personaje del chico de las palomas que el supuesto protagonista.
»En resumen, Bilbao no se pierde por las ramas de la falsa intelectualidad, sino que se adentra en nuestro bosque común y arranca y huele la raíz de las cosas que de veras nos tocan. Cada uno de nosotros teme perder lo que ha construido con los años, con las renuncias, con los afectos, con las cicatrices y los recuerdos. Tenemos miedo a que la vida que hemos cimentado con todo ese material sensible, derrubio sobre derrubio, pierda las costuras y se venga abajo, y que tras el colapso de ese edificio, como una suerte de 11-S privado, todo lo que creemos ser se desmorone. Queremos seguridad, pero eso no nos salvará del terror. Terror al miedo, terror a que sobre los cascotes de nuestra derrota se instale para siempre el miedo. "Cuando la autodestrucción entra en el corazón, al principio parece un grano de arena", anotaba John Cheever en sus Diarios. Los personajes de Como una historia de terror albergan la misma amenaza que, seamos o no conscientes de ello, crece desde lo más pequeño y gravita sobre nuestras cabezas a diario, pero estos personajes en eterno tránsito, en fuga de sí mismos, tienen además noticia, atisban ese peligro, lo anuncian. Si hay terror en estos cuentos no tiene nada que ver con el susto funcional o el gore efectista, sino más bien con aquella amenaza del derrumbe como una forma de desamparo.
»Lo quiera o no, lo asuma o prefiera separarse de ello, Bilbao es deudor del cine y del guión televisivo, y eso creo que aporta a sus cuentos mucho más de lo que puede lastrarlos en algún momento. El estilo tan visual de su narrativa, la estructura clara y definida, le hacen pensar a uno que a ratos está revisando el story board de una película, y así, a pesar de la extensión de muchos de sus cuentos, el autor consigue que asistamos a la proyección de Como una historia de terror interesados por su desarrollo y atrapados por su agilidad. De todos modos, como en las mejores películas de terror, se corre a veces el peligro de que el espectador se quede con una imagen concreta, impactante —¿cuándo sale el bicho?, pregunta el niño—, como es posible que pase con este libro, del que el lector recordará —es más que probable, en realidad— la resbaladiza pero audaz escena de sexo en «El hambre en los alrededores del lago» o las ardillas que bullen desde lo atávico en «Como una historia de terror». También puede que el lector fije en su imaginario un ambiente, como el recurrente motivo del bosque como amenaza cerval en estos cuentos, aunque de una manera mucho más eficaz —a lo John Boorman—, y menos tramposa que la de prestidigitadores como Michael Night Shyalaman, ya que hablamos de cine y de El bosque. El único truco al que se le ven los hilos en los cuentos de Bilbao podría ser el del perro extraviado y luego pródigo del último relato —que tiene jorobado y todo—, pero como lector le agradezco que en sus cuentos el feroz sea el hombre, el amenazado el lobo y Caperucita lleve lencería deportiva.
»Pero ya que estamos con el cine, y ya que este libro tiene ecos felices nada menos que de Alfred Hitchcock, me gustaría convocar a los lectores a que hicieran una lectura menos superficial de Como una historia de terror, a que no se quedaran sólo con esas ardillas, con esa progenie macabra y onírica de Banner y Flappy —van a buscar, personas maduras, para matar, canta el muñeco sin cabeza—, que tan bien maneja Jon Bilbao en su relato más trabajado —la inclusión de los sueños suele ser desafortunada en la narrativa española reciente, pero Bilbao pasa con nota el examen, porque los trae a cuento y cumplen su papel—. Si le preguntáramos a un espectador común, ¿qué película creen que recordaría del mencionado director inglés? Tal vez Los pájaros, así, de manera casi inmediata, justo antes de hacer memoria poco a poco con las demás. No, no permitan que lo efectista les deslumbre. Piensen mejor en La soga (1948), en su ambición conceptual, en los temas que tocaba de soslayo —la conciencia de una supuesta superioridad intelectual como germen del fascismo, el crimen, la angustia, la homosexualidad soterrada, etcétera—, en la sobriedad narrativa, en esos planos larguísimos, casi ligados uno sobre el otro, en las elipsis magistrales casi sin espacio para la exhibición, en el portentoso trabajo de cámara, en el manejo de información para punzar la emoción en el momento justo, en esos diálogos afinadísimos —Bilbao los maneja también con mucha solvencia—, en ese final abierto que por fin rompe el encierro y respira —la dosis justa de aire fresco, el reto de Jon Bilbao para sus finales—, en esos personajes tan bien trabajados —lo mismo en el libro—, ese magisterio del suspense en permanente reto consigo mismo, independientemente del resultado[6], y tendrán una excelente vara para medir los muchos aciertos y logros, y los pocos excesos y defectos de este estupendo libro de cuentos: Como una historia de terror.

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Sobre la edición:
Se observa un diseño reconocible para la colección, actual, siendo cuestionable todo el espacio devorado por el color y los motivos que la editorial ha elegido como sello de marca. Se adivina a la segunda mirada una letra ese en la cubierta, intencionada o no, pero que provoca que la ilustración quede algo encajonada.
En las tripas, hay una cantidad generosa de texto en la caja: 35 líneas y un cuerpo modesto, cuando con una maquetación más generosa —en lo productivo— el libro podría haberse disparado fácilmente hasta las trescientas páginas, lo que da idea de la dimensión —cuantitativa— de algunos cuentos de Jon Bilbao —el último podría ser una novela breve de ciento veinte páginas sin problema—. La inclusión de páginas impresas en negro, como la portadilla o los créditos y notas legales al final, parece un buen truco para darle presencia de falsas guardas, como hacen Candaya o Traspiés, pero en Salto de Página saben además dotarlas de contenido. La ausencia de guiones largos en los diálogos del texto crea a veces cierta confusión, y no sé si es elección del autor o forma parte del libro de estilo de Salto de Página, porque es el primer título que leo de su catálogo. En todo caso no me parece afortunada. Por otro lado, en el texto aparecen demasiados laísmos sin corregir.
Los recursos tipográficos de toda la colección son como muy de programa de procesador de textos, pero van en sintonía con la idea de la editorial. Se nota que en Salto de Página han reflexionado sobre ella, que han planeado bien su línea, y se agradece, sobre todo, que se hayan sumado a esas otras editoriales que están apostando de veras por el cuento, y que lo estén haciendo además con criterio, con un buen trabajo y preocupándose de la distribución. Los que defendemos el cuento estamos de enhorabuena con Salto de Página.

Sergi Bellver, Bit√°cora de Sergi Bellver, 18 de febrero de 2009
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Como una historia de terror, de Jon Bilbao

«¿Qué busca el lector hoy en día? ¿Busca, tal vez, el mero entretenimiento? Una historia bien contada, sin fallas ni aristas. ¿O, más bien, busca incertidumbre, dudas: algo que, en definitiva, le haga pensar? Una historia bien contada, con fallas y aristas. Me temo que esta pregunta no sabré responderla, pues no conozco en absoluto al lector actual. No obstante, creo que a todo el mundo le seduce la idea de un entretenimiento que le haga pensar.
»Esto es lo que encontramos en Como una historia de terror, de Jon Bilbao. Un libro que es un teatro. Porque, entre sus páginas, el lector es siempre consciente del decorado, pero, como en la magia del teatro, los elementos de la historia crecen y se levantan a pesar de todo: el embrujo está servido. Como uno de los personajes de Después de nosotros, el diluvio, que en mitad del bosque siente que todo es un escenario –como si se supiese personaje de una historia–, intensamente irreal pero que, no obstante, continúa corriendo, apartando ramas en mitad de la noche. Bien, el libro se disfruta porque el lector es ese hombre sudoroso a través de las páginas.
»En un teatro nada pasa de verdad, los muertos no mueren, las palizas no duelen, el hambre no hostiga el estómago. Uno puede levantarse e irse a otro lado, olvidar los problemas, dejar que el mundo continúe girando sin importar qué sucede en ese maldito mundo. Pero Jon Bilbao va trazando una tela de araña a partir de sutileza, precisión y paciencia. Todo en Como una historia de terror parece frágil, en el aire o a punto de romperse. Todo parece estar en transición: no hay nada que esté en el lugar al que pertenece, el mundo es desordenado y el teatro del libro no tiene salida. Huid, porque de todas formas la inquietud irá con vosotros.
»Este punto es el más interesante del libro: en este juego no hay escapatoria. Las cosas pesan, las armas hieren, el hambre devora. Y la telaraña no es solo para los personajes. No es sorprendente que, cuando un lector despreocupado deje el libro sobre su mesilla de noche, se encuentre las manos pegajosas, con hilos entre los dedos de una araña invisible (una araña, por supuesto, de biblioteca: por qué no reivindicar desde estas líneas la figura de la araña de biblioteca, frente a la tan denostada del ratón), y se pregunte, por fin, si huir es o ha sido una posibilidad viable. ¿Puedo esconderme de mis entrañas? ¿Dónde reside esa inquietud tan contemporánea –tan posmoderna, si se quiere– de no saber adónde ir, qué hacer o, ni tan siquiera, qué temer? Este libro aprieta la existencia. En él reside lo que somos, lo que queremos ser y lo que, a la postre, seremos. O, como mínimo, una estimación valiente.
»Aquí hablamos, por supuesto, de literatura y de escritura, pero también de vida. De qué hacer con las nuestras. Cómo manejarlas y modificarlas: de si querríamos robar lencería a nuestras vecinas o ir a trabajar a Londres; de si una casa en el bosque nos satisfaría o no. El teatro está ahí: hay que interpretar, tal vez el maquillaje se corra con el calor, el sudor, las lágrimas. Pero, ¿qué esperábamos, si no?»

Cable Hogue, Los ritos de paso, 6 de febrero de 2009
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Como una historia de terror

«Justo cuando estoy decidiendo, delante de mi estantería, qué libro empezar, mirando de reojo la mesa donde se apilan los cinco que tengo empezados y que no consiguen engancharme, me llega un correo donde me cuentan que esta obra ha ganado el Premio Ojo Crítico (el prestigioso premio, dicen) de Narrativa 2008. Tal vez eso es lo que me decide a sacarlo de su sitio y empezarlo. Dicho y hecho. Dos horas y media después me lo he terminado, y me lo he pasado muy bien.
»El jurado del premio destaca que “en estos relatos se refleja la extrañeza de vivir”, y es verdad que estos siete relatos tienen en común, sobre todo, un estilo muy cuidado, un escritura precisa, y un final abrupto, que deja las historias pendientes, en alto, como si dependiera del lector el ejercicio final que los complete, no tanto por la ruptura o una sorpresa final, sino porque demuestra, efectivamente, lo extraña que puede ser la existencia, la cantidad de matices y de giros que hay en personajes, a veces anodinos, pero siempre reconocibles. Los personajes de estos relatos nos hablan siempre de quienes somos en realidad, de lo que hay oculto en nosotros, hasta para nosotros mismos, y de cómo nos movemos y cómo sale el verdadero yo en momentos de crisis.  
»“Prolegómenos” nos plantea una historia de alto voltaje sexual, en el que una pareja ha adquirido un juguete erótico extraordinario (que nunca conoceremos). ¿Qué ocurre antes del juego, antes del acto? ¿Qué ocurrirá después? ¿Cómo puede cambiarnos el sexo?
»“La Fortaleza” es inquietante. Plantea un juego de doble personalidad, o no, y tan solo nos cuenta una coincidencia. También muy explícito sexualmente.
»“Después de nosotros, el diluvio” es mi favorito: tres parejas emprenden un viaje y una de las parejas empieza a resultar molesta: ella demasiado juerguista, él, pesado y sabelotodo. ¿Quién no ha pasado por eso, por la incomodidad de aguantar a alguien a quien no soporta? ¿Cómo reaccionar? De repente el grupo se convierte en una defensa moral frente a la violencia. Es un cuento durísimo en el que se toman decisiones insospechadas.
»“El ladrón de lencería” vuelve por el mismo camino, con un vecino normal que un día decide cumplir uno de sus sueños eróticos. Se descubre y se descarga. La culpa, el riesgo, la sociedad representada en una comunidad de vecinos.
»“El hambre en los alrededores del lago” es un relato extraño en el que un hombre se aísla del mundo, en busca de paz o intentando limpiarse y poder volver a empezar, y así, a la soledad le suma un ayuno. En ese territorio, medio de ensoñación provocada por el hambre, a medio camino entre la locura, se mueve este relato en el que el punto de vista define una realidad siempre cambiante. Hay una escena de sexo brutal y un personaje terrorífico.
»En “Rata” es la vida en la oficina y la sociedad que se refleja allí, con el pelota, el trepa, el jefe, el directivo, el trabajador, la secretaria, lo que nos traslada este relato. Todos son extraños porque todo son papeles aprendidos que saltan por los aires de repente.
»Y por último, el que da título al volumen, “Como una historia de terror”, inquietante, con sueños que persiguen a los personajes que parecen hacerse realidad, con sueños que son deseos, con frustraciones ocultas, vidas que no quieren vivirse. Es un relato muy cuidado, lleno de dobleces y de verdades.
»Ha sido gratificante, divertido, interesante, leer estos relatos. Invitan a pensar en la sociedad que hemos construido, en nosotros mismos, en quienes somos en realidad, en nuestros deseos y nuestros fracasos, nuestras capitulaciones y nuestros errores. Atreveos. »

Antonio Martínez Asensio, Tiempo de silencio, 18 de noviembre de 2008
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Como una historia de terror

Aunque se llame Jon Bilbao, es asturiano, aunque vive, ahora, en Bilbao, se dedica a la literatura, pese a ser ingeniero de minas (minas = Asturias) y haber trabajado en una central nuclear y en una refinería de petróleo; oficios, estos últimos, que acaso propenden a la melancolía y, por rendición, a la narrativa. En esta pequeña e interesante editorial madrileña sacó en 2008, en una tacada —un verano por medio—, dos libros, una primera novela, El hermano de las moscas, y una primera colección de relatos, éstos, por los que consiguió, en noviembre, el Premio Ojo Crítico, prestigioso donde los haya entre los que empiezan. Hasta aquí, su ficha policial, el resto es su mérito: siete relatos de cierta extensión, donde se cuela, en la realidad de todos los días, lo sorprendente, lo inquietante. No, no llega al terror —a pesar del título del último de los relatos—, hay en todos ellos —me gustan todos, o casi, acaso los que más: el del viaje de varias parejas por territorio californiano, resulta desaconsejable, el viaje colectivo, digo; o el de la pareja atrapada en una isla y, anclado, el yate de un mafioso ruso; y hay otros que también, pero se alarga el inciso— algo inquietante, hay humor, una cierta mirada cargada de intención que desasosiega, hay una marcada intención en demorarse en la descripción erótica —en plan mirón, básicamente—. Son, las más, historias hechas a fuego lento, sin prisas, con cuidado. Son historias para un primer libro —o segundo, si se tiene en cuenta la novela de tan sólo hace unos meses; creo que los relatos son anteriores: se le ve cómodo en el género, como si obligase haber ganado el Ignacio Aldecoa de Cuentos. Habrá que leer más cosas de Jon Bilbao, asturiano, por seguirle el rastro.

Javier Go√Īi, Babelia, 7 de febrero de 2009
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Como una historia de terror

«No es habitual que en un mismo año se den cita los dos primeros títulos de un escritor sin apenas significación en nuestro mercado editorial; en este caso se debe al reconocimiento otorgado al primer libro, lo que abrió hueco al segundo, Premio Ojo Crítico de Narrativa 2008. uno y otro son resultado de repetidos empeños por escribir acogiéndose a los parámetros de una tradición literaria que contempla por igual la forma, la construcción y la resolución de una historia. Jon Bilbao es, pues, ante todo, el escritor al que no hay que aureolar por su condición de revelación novel sino por la aportación de una novela —El hermano de las moscas— ante la que es imposible permanecer indiferente, y un conjunto de relatos que, bajo el título Como una historia de terror, acoge siete escritos fascinantes, de diferente factura y extensión (el que da título al volumen es casi una nouvelle). Uno y otro reconciliarán a cualquier lector exigente con la literatura.
»Una de las sorpresas que depara este volumen es la inclusión de motivos que, en cada relato, sirven a una original construcción y otorgan unidad al conjunto. La presencia de una pareja en el centro de cada trama es uno de ellos. Otro son inquietantes presencias secundarias que maneja con verdadero efectismo dramático en diferentes relatos (“El hambre en los alrededores del lago”) así como la dosis justa de humor conviviendo con lo patético (“El ladrón de lencería”) y la aparente ausencia de artificio para lograr suspense e intriga, y para minimizar los efectos de lo fantástico sobre la realidad. Todos estos recursos se reúnen en la historia de terror que cierra el volumen: dos jóvenes se lanzan al reto de habitar una casa alejada de todo, pero las pesadillas asedian por los frentes más débiles de la relación. Fascina el enigmático discurrir de la acción, la deriva moral de sus vidas sin dirección, la sobriedad con que minimiza las desdichas.»

Pilar Castro, El Cultural, 30 de enero de 2009
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Como una historia de terror

«Aunque el título del libro es sólo el de uno de los siete relatos, es el que acoge con su magnetismo a los otros seis, algunos incluso comparables en extensión y agudeza narrativa. El autor, premiado y reconocido cuentista, hace alarde de su habilidad y prodigiosa imaginación, con un buen dominio del lenguaje y astucia para la resolución argumental. Son estos unos cuentos duros, sin concesiones a la ñoñería; igual expone el paroxismo sexual de una pareja de españoles fetichistas inmersos en la cultura de la city londinense, que la deriva racista y clasista de tres parejas en el Parque Nacional de Yosemite, en California. En ambos casos son gente culta y preparada, pero que reaccionan ante las circunstancias con impulsos primarios y una crueldad o fiereza inusitadas. El cuento que presta su título al libro destaca como relato de fantasía y mitología rural, en contraste con las ensoñaciones de los habitantes de las ciudades, que deciden huir a la vida primitiva sin entenderla. También es la historia de una pareja que espera reconstruir una existencia que los imperativos de una nueva forma de vida llevan al límite de lo soportable.»

Revista Leer, Febrero de 2009
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Como una historia de terror

«Tras su primera novela El hermano de las moscas, que tan buenas críticas le deparó, Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) vuelve a publicar en la editorial Salto de Página un libro de relatos esta vez, Como una historia de terror, siete historias que vienen a confirmar la acertada apuesta y solidez de esta nueva voz.
»Uno de los rasgos principales —y sin duda, su mayor acierto— que unifica estos relatos recae en la sorprendente capacidad de Jon Bilbao para convertir situaciones de la vida cotidiana (con preferencia por las relaciones de pareja) en un verdadero thriller, sin pistolas ni asesinatos, pero que no por ello desmerece de lo mejor del género, haciendo en muchas ocasiones del amor “una historia de terror”, como reza el título del último de los relatos. Jon Bilbao rinde así homenaje a la literatura de terror más clásica, sin sangre ni estridencias, y recrea unos ambientes de suspense y amenaza en las situaciones más banales, sosteniendo una tensión narrativa, inquietante y a veces angustiosa, que sin duda constituye lo mejor de este libro.
»La amenaza suele provenir en estas historias de elementos exteriores en principio anodinos: pequeños animales (una rata, unas ardillas), objetos de deseo (un juguete sexual que se mantiene en la incógnita, la ropa interior de una vecina) o visitas que irrumpen de fuera y pronto se convierten para los protagonistas en algo perturbador: una pareja que insiste en penetrar en una casa de veraneo convencidos de que es la suya, un vecino que llama reiteradamente a la puerta solicitando trabajo, unos ocasionales compañeros de viaje, otro vecino que cría cerdos y se empeña en regalar a los nuevos habitantes de la casa grotescas figuritas talladas por él mismo… El paisaje también juega un papel destacado como un protagonista más —casi siempre, acechante— de muchos de estos relatos: varios bosques, un lago, una casa de paredes de cristal, expuesta al exterior… Pero detrás de esos elementos perturbadores late tal vez lo más inquietante, la asfixia y las sombras de la intimidad de la pareja, los monstruos que muchas veces llevamos dentro y a los que cualquier anécdota nos puede obligar a enfrentarnos, con lo que Jon Bilbao lleva sus historias, muchas veces anecdóticas, al terreno de una reflexión más profunda.
»El primero de los relatos lleva por acertado título "Prolegómenos", y constituye en efecto una inmejorable introducción, una invitación a la complicidad, a seguir leyendo y descubrir el misterio. Desde mi caprichoso punto de vista "Prolegómenos" es tal vez el relato más logrado y cerrado de todo el libro: en un tiempo especialmente breve, acompañamos a una pareja en un taxi londinense a recoger un artículo encargado en un sex-shop y, emocionados e impacientes por estrenarlo, acuden antes a cenar a un pequeño restaurante italiano. Y aunque la acción principal es sin duda la que acontecerá tras la cena, ésta nos es arrebatada; es el argumento y la elipsis de todo el relato: “Sin hacer caso a quienes nos rodean nos recostamos en nuestras sillas, excitados y esperanzados, porque éstos no son más que los prolegómenos”, concluye así el relato. Pese al frío y la inclemente lluvia de la noche londinense que los envuelve, y cierta siniestra premonición acerca del juego sexual que les espera, el ambiente de esta historia resulta especialmente acogedor, algo que no se volverá a repetir en este libro. Jon Bilbao sabe hacernos mantener la expectativa, y quizá sea éste precisamente uno de los pequeños problemas que presentan otros relatos, lo que contrasta este primer cuento, "Prolegómenos", con el que da título al libro, "Como una historia de terror".
»Frente a la pasión encendida de los primeros, el último relato, mucho más extenso, nos presenta a una pareja en descomposición que, como tantas, opta por la huída y el exilio rural con la esperanza de borrar su vida anterior y empezar de cero; un punto de partida que, ya desde el principio, sabemos equivocado, pero que se intensifica ante los problemas prácticos y amenazas invisibles que la nueva casa, en pleno bosque y “en medio de la nada”, comienza a presentar. Sueños recurrentes y terroríficos, la desaparición del perro, del anterior propietario de la casa, un vecino jorobado y siniestro y el progresivo distanciamiento de la pareja, que calla por no reconocer su error, parecen venir a vaticinar lo peor, en un suspense que se intensifica a cada página. Pero como en otros tantos relatos, ese intenso suspense que fuerza los límites de lo razonable alcanza el clímax unas cuantas páginas antes de su desenlace (mención aparte merece también el interesantísimo y opresivo relato "El hambre en los alrededores del lago", las inesperadas consecuencias de una dieta que da miedo), para disolverse después en una un tanto deshilvanada vuelta a la rutina y la trama de la sensatez, que parece venir a darnos, en las últimas líneas de cada relato, unas palmaditas en la espalda como queriendo decir “no era para tanto”, y que no corresponden y tal vez deslucen las altas expectativas creadas —aunque ayude, eso sí, a conciliar el sueño después.
»Más allá de la concurrida Oxford Street o el Parque Nacional de Yosemite, no se nos indica en la mayoría de los relatos la ubicación de los mismos y ni tan siquiera el nombre de sus protagonistas, con lo que se pretende una “universalidad” que sin embargo no escapa en la mayoría de los casos al paisaje de la narrativa norteamericana. La sobriedad de su estilo, sin una palabra de más, ayuda a esta impresión general, en la que sobresale el uso tan preciso de un vocabulario a veces sorprendente que no tiene reparos en codearse con las expresiones coloquiales. Y aunque conviven un par de relatos menores y como de transición (El ladrón de lencería, Rata, que no por ello dejan de ser interesantes), Como una historia de terror incluye al menos cuatro cuentos dignos de todos los elogios, y la mejor muestra del pulso narrativo y la capacidad de crear suspense de este autor. Ya sabéis: si queréis pasar miedo…»

Nere Basabe, La tormenta en un vaso, 3 de diciembre de 2008
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Como una historia de terror

«Ya en El hermano de las moscas Jon Bilbao había dado muestras de dos de las características principales de su prosa: el buen pulso narrativo y la vocación por la extrañeza desatada por, digamos, elementos invasores, irrupciones que propician un tono entre fantástico y existencial. Su nueva entrega, una serie de relatos largos reunidos en Como una historia de terror, propone de manera más explícita un juego en el que el lector es llevado a territorios que son igual de sombríos o agrestes que los paisajes interiores de sus protagonistas. La inquietud y la angustia pues, son desatadas por este juego de espejos en los que son las víctimas las que parecen proyectar un aire sereno pero inquietante sobre su propio entorno.»

M. G. R., Revista Quimera, Diciembre de 2008
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Sexo, mentiras y relatos cortos

«Vivimos en una época en la que los engranajes narrativos son una parte exigible e indisociable de nuestra forma de consumir ciertas formas de cultura. En el caso del cuento, casi siempre aluden a una corriente de espíritu artesanal. Lo primero que nos apetece sentenciar es que aunque, como a cualquiera, nos gusta y nos seduce, para nosotros el relato de construcción modélica está sobrevalorado. Muchos de los que lo defienden a punta de lanza, maldiciendo sobre todo el espectro de procedimientos narrativos posibles, son un auténtico coñazo como escritores y no digamos como personas. ¡Laceración testicular para ellos! Contados cuentistas españoles se permiten el lujo de dejarse ir. Porque derivar, sucumbir a la imprevisibilidad de la escritura, a ese “no sé muy bien qué quiero decir”, es una forma de abordaje del cuento que se estigmatiza con gratuita facilidad. El cuentista clásico, como el fan salvajemente fiel que no acepta travesuras en su obra –o género- de referencia, reclama un sentido, un saber valorizado, y pilla una rabieta en cuanto te descuidas. Pero una cosa es cierta: si algo tiene de triste la artesanía es que muchas veces propicia resultados tan solo correctos, allí donde el sentido corresponde a una certeza categórica. No hay desfallecimientos. Nuestro material es, digámoslo así, consciente. Priman los principios básicos de orden: un indicio va antes de otro, hay clímax, vueltas de tuerca, informantes y esas cosas de los tiempos en los que Sócrates daba conferencias sobre la droga por los poblados chabolistas helénicos. Captarán la ironía del asunto.
»La primera característica notable de Como una historia de terror, del asturiano Jon Bilbao, es que hay un equilibrio muy elegante entre género, construcción dramática y disolución del sentido, el lugar donde el cuento no puede explicarse pero atrae oscuramente toda mirada. Hay que hacer una lectura muy particular de esta colección. Es aconsejable que obvien por un momento esos preceptos tan meapilas del canon acerca de la economía narrativa y acepten aquí otro tipo de seducción, que usa procedimientos cercanos a la nouvelle y las empresas de largo aliento, esto es: gusto por la descripción de ambientes (en ocasiones cercana a un manierismo excesivo, en la línea de Michael Chabon en Jóvenes hombres lobo. Se nota que estos dos tipos han leído muchas revistas de Casa y jardín); tramas paralelas, simultáneos puntos de vista, prolegómenos temporales y distractores, entre otros. El autor posee un estilo descarnadamente preciso, propio de los narradores cámara, y que sin embargo no obvia la riqueza del lenguaje. Eso es muy de agradecer, aunque el resultado suele variar entre lo excelente y cierta artificiosidad forense, sobre todo en la voz de los relatos en primera persona. Como en "Prolegómenos", historia de una pareja emocionalmente estéril que quiere llevar sus fantasías a un nivel distinto.  Su protagonista a veces se merecería un buen puñetazo en la boca. Debemos ser solidarios ante todo, porque "Prolegómenos" es un cuento que tiene ciertas imágenes potentísimas y un gozoso uso del cliffthanger para su resolución, o hablando en cristiano, to be continued.
»Lo importante es que estamos ante unos cuentos escritos con gusto exquisito. Y Bilbao se toma un tiempo que es precioso para poner en pie sus historias, con rigor y gusto por la melodía estructural. Las piezas de un reloj que va a su hora y tañen su emoción en el segundo preciso. Pongan atención, por ejemplo, en "Rata", un cuento brillante en el que un ejecutivo celebra una fiesta para que sus empleados le tomen en cuenta y, sorpresivamente, alguien introduce uno de esos encantadores animales con un lazo en mitad del cocktail. Si se imaginan la estampa no llegarán ni a la mitad de las cosas que el cuento da.
»Hay en otros relatos querencia por una oscura pulsión sexual, como en "Hambre en los alrededores del lago", historia de un ayuno voluntario en mitad de ninguna parte. Es uno de los cuentos que menos nos ha seducido. Aunque de nuevo está muy bien escrito y Bilbao juega muy hábilmente —en su línea perturbadora— con los puntos de vista de los dos personajes principales, a medida que se avanza en la lectura el estilo se vuelve tan taxativo, tan puramente telegráfico, que parece que estemos ante el cambio a tiempo pasado de un guión de cine. La historia, sin embargo, merece la pena degustarse con tal de asistir al mejor polvo sucio que hemos tenido el gusto de leer hasta la fecha. Y eso es de mucho, muchísimo valor, si tenemos en cuenta que en las novelas de ahora es fácil deducir que el autor folla poco (sexo lírico, cursi y con retraso mental) o está mintiendo (epígonos de Bukowski).
»En la línea voyeurista, que no podía faltar, menos explícito es "El ladrón de lencería", la historia de un hombre con la cara marcada que se configura como sujeto y ejecuta un plan maestro robando la lencería de sus vecinos. Un muy buen cuento que, a pesar de todo, peca esta vez de un excesivo peso estructural. Todo está tan bien atado y de una manera tan visible que, paradójicamente, uno se queda con un extraño bouquet al final. Eso sí, funciona como un tiro.
»El paisaje es otro elemento que actúa de motor emocional. Bilbao es un narrador opuesto a los paisajes funcionales. Los convierte así en territorios psíquicos, proyecciones milimétricas de una aridez emocional, de un oscuro secreto. Pensamos muchas veces al leer el cuento que da título al volumen en Picnic en Hanging rock, la estupenda y añeja cinta de Peter Weir. Esto es algo que le proporciona al libro una textura fascinante: arquitecturas polvorientas, lejanías a las que no se llega, casas transparentes dejadas de la mano de Dios, bosques tenebrosos. Lugares en los que no importa tanto ver como sí internarse en sus huecos.
»Al igual que Charles Burns en Agujero negro (magnífica historieta sobre el desarraigo teen en clave mutante), o Ballard en Crash, Jon Bilbao trufa sus narraciones de la potencia visual y sensorial de la repulsión: personajes que son a través de sus taras, de sus deseos sucios, de su esterilidad emocional. Gente, en fin, a la que no queremos mirar. Entendemos también que una de las influencias más evidentes proviene del cine (el autor insiste en que no, pero bueno, los chiquillos también suelen decirle a su madre que no han robado chocolate). Particularmente, de los mismos materiales que usaba Hitchcock para ejecutar la representación del suspense. Por más que los relatos estén bien horneados, la costura del clasicismo (vuelta de tuerca, pistas falsas, suspense) a menudo nos parece menos interesante (que no válida, atentos) que la propia penetración en el inconsciente que hace el autor, una de sus características más interesantes. Es permanente y seductora. En este libro casi todo tiene sabor de símbolo. Cada imagen, como en las películas del gordito, es una operación metafórica que no evita los aspectos más descarnados e inquietantes del comportamiento humano. Hay muchas y muy buenas imágenes en un principio rechazables que se hacen pis en la verosimilitud (como le gustaba a don Alfred) y que, insertadas en la lógica precisión y orden que les da el asturiano, funcionan para llevar al relato al terreno de lo sensorial, del desorden mental, de la inquietud a fuego lentísimo.
»Si inicia la lectura de este estimable libro, lector, va usted a pisar un terreno sin luz. Las ramas han comenzado a crujir bajo sus pies y al fondo, en una casa abandonada y llena de malas hierbas, se puede ver a un hombre deformado haciendo el amor con una mujer, dentro de una chimenea. Se arañan. Parecen felices.
»¿Verdad que ponemos unos ejemplos cojonudos?  
»¿Les parecen pocos argumentos para comprarlo?»

Masacre en los jardines, 27 de noviembre de 2008
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Como una historia de terror, de Jon Bilbao

«Jon Bilbao (Asturias, 1972) nos presenta esta recopilación de siete relatos que retratan las peculiares situaciones en las que se ven envueltos una serie de personajes en su intento por dar un nuevo rumbo a sus vidas. Historias narradas con un estilo firme y conciso que no se preocupa de embellecer su lenguaje, sino de dotar al texto de un ritmo incesante que desemboca en una lectura fluida e interesante.
»Es difícil establecer pautas generales que sean comunes a estos relatos ya que todos tratan temáticas distintas, aunque eso sí, con un tono generalmente distante y objetivo. También suele estar presente entre sus líneas un sentido del humor que a veces roza la negrura y suaviza la crudeza de ciertas escenas.
»El libro se abre con ‘Prolegómenos’, un relato que, como su propio nombre indica, nos deja con la miel en los labios y apenas nos lega unas cuantas pinceladas de una pareja y su relación en Londres, sin detenerse en ciertas lagunas que el lector deberá rellenar con sus propias experiencias. Un texto que nos convierte en voyeurs de lo ajeno, como el protagonista de ‘El ladrón de lencería’, el relato más marcadamente humorístico de los siete, que retrata con mucho acierto la particular psicología de este personaje.
»Quizá el mayor mérito de Bilbao sea precisamente ese, la capacidad de retratar la personalidad y los estados anímicos de sus criaturas. Tomemos, por ejemplo, al escritor que opta por el aislamiento y el ayuno como fuente de inspiración en ‘El hambre en los alrededores del lago’. Un personaje que, sin embargo, pierde protagonismo tras la entrada en escena del joven de las palomas, otra alma solitaria y torturada que llama la atención del lector por su extravagante modo de vida e incluso logra despertar su ternura.
»De entre todos ellos, sin embargo, destaco principalmente el relato que da título a este libro. ‘Como una historia de terror’ nos presenta a un joven matrimonio que decide abandonar la ciudad para vivir en una solitaria casa próxima a un bosque. Allí, la mujer empezará a tener extrañas pesadillas protagonizadas por ardillas, malos sueños que parecen cobrar un papel premonitorio tras la desaparición de Bambú, el perro de la pareja.
»Es un relato atractivo e intrigante que, a pesar de su argumento, nunca abandona del todo los páramos de la realidad para llegar al terreno del género fantástico. Una historia que habla de soledad, de miedos y de los roces del día a día de la vida en pareja, con más mimo en la descripción que otros relatos y un final que, esta vez sí, cierra por completo el texto, aunque dé pie a posteriores reflexiones.
»Con esta recopilación, Jon Bilbao ha recibido recientemente el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2008. Este mismo año, también publicó su primera novela, titulada El hermano de las moscas

Jaime Valero, Papel en blanco, 18 de noviembre de 2008
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Como una historia de terror

«Estos relatos de Jon Bilbao son herederos de una tradición norteamericana de historias truncadas, personajes enigmáticos y tramas psicológicas. Una lectura superficial puede remitirnos al sempiterno Carver, o a Richard Ford, y al más-que-agotado realismo sucio, aunque nos quedaríamos, como digo, en lo superficial. Bilbao tiene claros ascendientes en esos nombres, y en algunos más, pero ha sabido aprovechar ese bagaje como mero recuerdo para los relatos que componen Como una historia de terror.
»En estos cuentos los protagonistas siempre parecen huir de algo: escapan de una ciudad, de una relación o de un amigo indeseado (e indeseable); y, aunque suena obvio, lo que sucede es que no hacen sino escapar de sí mismos, puesto que lo que proyectan al exterior son sus miedos, sus deseos o sus frustraciones. Quizá sea ejemplar el relato que da título al volumen para ilustrar este aspecto de la narrativa del escritor: un hombre y una mujer adquieren una vivienda en mitad de un bosque, lejos de todo; la mujer comienza a tener pesadillas recurrentes en las que aparecen ardillas que “toman” la casa y devoran al marido. Como una historia de terror. Pero al final del relato uno asiste perplejo al exorcismo de los demonios mediante la celebración de una fiesta a la que asisten amigos de la pareja, y durante la cual se descubre algún que otro secreto. No revelaré el final, por supuesto, pero es notable la capacidad magistral de Jon Bilbao para sugerir todo un abanico de posibilidades (aunque cada cual, como es lógico, sólo se atenga a una) respecto a la verdadera historia de terror que ha estado teniendo lugar entre esas dos personas.
»Creo que es esta faceta concreta, la habilidad para insinuar abismos íntimos, lo que hace de estos relatos un conjunto excepcional. El autor maneja el ritmo de las historias con una maña insólita, haciendo de cada palabra, de cada gesto y de cada acción un elemento importante, que siempre aporta algo al conjunto narrativo. Nada sobra en estos cuentos, nada está de más, porque Bilbao es sobrio en su manera de narrar (de ahí la herencia que comentaba más arriba), pero elige con sabiduría los datos que se van desgranando a lo largo de las páginas. Y, lo que es aún más importante, escoge con una precisión genial lo que no nos cuenta.
»Quizá por eso el título del libro es más que adecuado para dotar de entidad a las siete piezas que lo componen. El terror al que se hace referencia no está fuera, acechando entre los árboles de un bosque o encarnado en algún despiadado millonario ruso; se encuentra dentro de los personajes, dirigiendo sus pasos hacia las revelaciones que les enfrentan con sus facetas ocultas, con ese lado oscuro del que nadie quiere saber nunca. Algo que se plasma de forma violenta en ‘Después de nosotros, el diluvio’ o en ‘Rata’, dos historias que dibujan perfiles de protagonistas resentidos y hastiados de una realidad que les constriñe. Más terroríficos aún son otros protagonistas, que ven como la realidad toma cuerpo frente a ellos para mostrarles aspectos —de sí mismos o del mundo circundante— ignorados y peligrosos: buen ejemplo de ello son ‘La Fortaleza’ y ‘El hambre en los alrededores del lago’.
»En general, todos los relatos de Como una historia de terror son magistrales en su construcción, en su forma y en su resolución. Jon Bilbao demuestra ser un escritor concienzudo y experto, capaz de crear personajes no sólo verosímiles, sino realmente humanos, y tejer historias que, pese a su aparente esquematismo (llámenlo sobriedad, si prefieren), funcionan como un reloj y logran transmitir emociones al lector. Y es difícil alcanzar esa comunión literaria con los escasos medios que este tipo de relatos utilizan, apostando como lo hacen por la economía narrativa, las elipsis y las insinuaciones. Sin embargo, el autor introduce de manera imperceptible una humanidad inmensa en todas las piezas: oscura, sí, portadora de lo peor de nosotros mismos, pero no por ello menos real. Algo que apenas se percibe mientras se lee, pero que está ahí, presente en cada página, y que hace de este volumen un auténtico placer para el lector.
»De hecho, mientras termino estas líneas me entero de que acaban de concederle el premio Ojo Crítico de Narrativa 2008 al libro, un premio con cierto prestigio que suele recaer en autores con propuestas interesantes. Creánme si les digo que Como una historia de terror merece ese premio… y algunos más.»

Emiliano Molina, Solodelibros, 17 de noviembre de 2008
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Como una historia de terror, de Jon Bilbao

«Escuché el nombre de Jon Bilbao después de que hubiera ganado el Asturias Joven de Narrativa en 2005. Su novela El hermano de las moscas me pareció realmente interesante y este libro de relatos, Como una historia de terror, me ha sorprendido mucho. No voy a negar que cuando comencé a leerlo y asistí a las largas y detalladísimas descripciones, pensé en más de una ocasión que tales descripciones no eran necesarias para la trama, que tal vez eran exageradas, pero si dejamos de lado los corsés canónicos del relato, nos damos cuenta de que lo que hace el autor es crear una atmósfera casi cinematográfica. Digo cinematográfica porque pinta para el lector, a la manera de los guiones, los espacios en los que van a discurrir las historias. Recuerdo la calle nocturna, helada y llena de coches del primero de los relatos, "Prolegómenos", o el hotel cuyas camas tenían colchas hechas de retales, del relato "Después de nosotros, el diluvio". Me dio por pensar, entonces, que la atmósfera es otro personaje más dentro de los relatos de este libro, y un personaje que condiciona, que cambia, que ahoga a quienes habitan allí.
»Tiene Jon Bilbao otra cosa que me encanta en un cuentista y es la capacidad de hacernos asistir al extrañamiento con el talante del que se cree lo que lee; puede ser o no posible lo que cuenta, pero es creíble, verosímil. Me refiero sobre todo a dos relatos: "Rata" y "La fortaleza". En ambos se produce una confusión: creen que el personaje es quien no es de verdad (culpable de algo que no ha hecho) y paga las consecuencias que, en todo caso, tendría que sufrir el verdadero culpable. En este libro es frecuente ese tema: el que es confundido con otro o el que se hace pasar por otro (el personaje del jefe, en "Rata", por ejemplo).
»Las relaciones de pareja también están presentes y se muestran vacías, o llenas de secretos, o cargadas de miedos y dudas. La pareja de "Prolegómenos", la del relato que da título al libro, la de "La fortaleza". Todas ellas huyen de algo, quieren olvidar algo, obviarlo, pero es difícil huir de aquello que nos acompaña porque está dentro de nosotros y alimenta nuestra inseguridad.
»Quizás mi relato favorito del libro es el último, el que da título a esta colección: "Como una historia de terror". Me recuerda en cierto sentido a la novela del autor, El hermano de las moscas, porque en ambos casos un grupo de animales “aparece” en escena como metáfora de algo que les ocurre a los personajes, un pavor oculto, ese noséqué del que huyen y que les persigue en forma de pesadillas o apariciones inexplicables. "Como una historia de terror" es precisamente eso, una historia de terror donde lo que asusta es aquello que deseamos y que tememos hacer, la tentación. Está escrita a la manera clásica de las novelas de terror, pero también muy influenciada por las películas del género, con boques, sombras en las paredes, truenos, casas solitarias…
»Me parece, en definitiva, un libro de relatos más que recomendable.»

Marta María López, El desván de los libros, 1 de noviembre de 2008
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Terror del bueno

«Jon Bilbao, además de ser dueño de un primer apellido excelso, es un narrador con muchísimo oficio, lo cual adquiere visos de exclusiva en una actualidad literaria en la que, más que escribir, está de moda ser escritor y gritarle al oído a los contemporáneos qué y cómo deben escribir.
»Como una historia de terror es un libro clásico, en el sentido más digno y valioso de la palabra, siete historias que consiguen atrapar al lector en sus ficciones mediante una prosa inafectada y pulcra al servicio de la tensión narrativa y de la intriga, de las cuales el escritor asturiano demuestra ser un hábil estratega pues maneja con pericia ritmo, clímax, indicios y señuelos.
»A la hora de juzgar un libro, con independencia del género al que se adscriba, acostumbro a fijarme sobremanera en cómo se desarrollan y resuelven las escenas de sexo y de violencia, ya sean verbales o físicas, pues es en éstas donde con mayor facilidad suele quedar a la intemperie el trasero de los escritores, de manera que no pocas veces lo que pretendía ser objeto de subyugación, sacudida, escándalo o excitación acaba resultando inane o, pero aún, risible. Pues bien, Jon Bilbao no sólo sale airoso de tales trances sino que se permite la licencia de narrar uno de los polvos más singulares ("El hambre en los alrededores del lago") que quien esto escribe ha leído.
»Otra característica que me ha llamado la atención de los relatos es la condición protagonista del entorno y de los animales, que son tratados con el mismo mimo, o a veces incluso superior, que los personajes de carne y hueso. Por las páginas del libro desfilan fortalezas, yates de lujo, bosques amenazadores, cabañas, casas transparentes, apartamentos con vistas al muelle, etcétera, metáforas de situación perfectamente armonizadas en la “arquitectura” y el misterio particulares de cada texto. Con los animales ocurre otro tanto de lo mismo. Los hay de naturaleza noble: perros y palomas mensajeras; pero también acechantes e invasores: una rata (protagonista absoluta del para mi gusto mejor relato de la colección, Rata, un texto que bien pudiera convertirse en una leyenda urbana), y un sinfín de ardillas (más ratas, en este caso trepadoras).
»Y, hablando de ardillas, para terminar, les recomiendo vivamente el relato que cierra la colección y le da título, "Como una historia de terror". Lo hago no sólo como paradigma de tensión y conflicto, sino también como manual práctico para tejer y destejer tramas de misterio y de terror, en esta ocasión por boca de un personaje pedante y verborreico, a quien si me hacen caso y leen este libro pronto tendrán el placer de despreciar.
»AVISOS PARA NAVEGANTES:
»1. Algunas historias del autor asturiano no son fácilmente amoldables dentro de los cánones recalcitrantes del cuento, así que recomiendo a los puristas que se dejen en el armario, bien surtido de alcanfor, el traje de los prejuicios antes de leer el libro. La mayoría de los relatos superan la treintena de páginas, y alguno, como el que presta su título a la colección, están más cerca de la nouvelle que del cuento y en ocasiones se sustentan sobre andamiajes de largo aliento y acogen periodos descriptivos de mayor longitud con la finalidad, supongo, de crear atmósferas intrigantes y turbias y de allanar, encauzar, aventurar o difuminar los próximos movimientos de los personajes.
»2. Con total seguridad Jon Bilbao ha recibido muchas influencias (de la literatura, del cine, de la televisión y del cómic, principalmente), pero no hay otra forma de hacerse y de ser escritor y, si la hay, seguro que es una chufa. En cualquier caso, yo me he limitado a escribir sobre el libro, nada más, sin meterme en consideraciones que corresponden al autor.»

Juan Carlos M√°rquez, Relataduras, 30 de octubre de 2008
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Como una historia de terror, de Jon Bilbao

«Una pareja abandona la ciudad para rehacer su vida en una casa construida a espaldas de un viejo bosque. Apenas instalados en ella, la mujer es asaltada en un sueño por la imagen de una invasión de ardillas. Intentan tomar la casa. En el sueño, Bambú, el perro de la pareja, las enfrenta y se pierde tras ellas en la espesura. Al día siguiente Bambú ha desaparecido. Desde ese momento, en las pesadillas de la mujer los roedores seguirán acechando la casa con creciente violencia en cada ocasión, como una horda de inquietantes emisarios del bosque.
»El párrafo que antecede viene incluido en la contraportada de Como una historia de terror —cuyo autor, Jon Bilbao (Ribadesella, 1972), ya publicó a principios de este mismo año y en la misma editorial, Salto de página, la novela El hermano de las moscas—; viene incluido seguramente con la intención de sintetizar el argumento del libro pero no es más que un esbozo de la primera parte del relato que cede el título al volumen. En la segunda parte de esta historia el lector averigua las razones por las que la pareja ha decidido trasladarse a esa casa solitaria. La mujer se consideraba incapaz de resistir a la tentación de ser infiel y estaba convencida de que alejarse de la ciudad le impediría sucumbir y contribuiría a restablecer su normalidad sentimental. Amenazados por esas pesadillas los protagonistas deciden practicar una especie de conjuro en forma de fiesta, e invitan a todas sus amistades un fin de semana en el que proyectan hacer frente a los símbolos que pueblan los sueños de la mujer. Sin embargo a la reunión asiste el amigo que es la causa de la amenaza inicial, lo que provocará un trasvase de sentimientos, y al cabo será el protagonista —hombre impertérrito y escéptico respecto al significado de los sueños— quien absorba los miedos de su mujer liberándola de la atracción que siente por aquel. En este sentido y yendo más allá de la historia de terror que Jon Bilbao nos presenta a simple vista, los sueños podrían alimentarse del miedo a ceder ante el impulso de engañar a la persona que se ama, en el caso de ella, y sucesivamente por el miedo a ser engañado, en el caso de él.
«Las imágenes, la evolución de la historia, el decorado de las escenas que el autor ha elegido presentarnos podrían resultar tópicas en principio —el bosque amenazador, la desaparición de un perro, el vecino jorobado, la soledad, el enigma de los sueños… En cuanto entró, un trueno acompañó la puerta al cerrarse, y el rayo, simultáneo, iluminó la hilera de animales de madera sobre la chimenea: ¿Cuántas veces nos hemos estremecido ante una pantalla con una escena como la que el autor describe?—, sin embargo Jon Bilbao utiliza esos ingredientes de manera ingeniosa para conseguir un lustre de novedad y contagiar el clima de tensión que pretendía. En cada una de las siete narraciones que componen Como una historia de terror se han incorporado elementos inquietantes que provocan la desazón de los personajes al tiempo que la desazón en el lector, como también ocurre en “La fortaleza”, historia en la que se nos narra la alarma causada por los encuentros casuales que sufren sus protagonistas con dos desconocidos, sembrando la sospecha de que les están persiguiendo.
»El peligro que se respira en la lectura de estos cuentos no procede del exterior. La amenaza no se encuentra en las afueras de los personajes sino en las inseguridades propias de cada uno de ellos, esos temores íntimos que se guardan en secreto porque poseen los mecanismos necesarios para convertirlos en personas totalmente distintas a las que venían siendo. Esa es una de las preocupaciones que se advierte en los héroes de Jon Bilbao: prefieren controlar sus emociones, ser como ellos deciden ser, antes que ser como son vistos por los demás. El comportamiento que los personajes manifiestan no acaba de obedecer a la respuesta que cabría frente a estímulos peligrosos, creo más acertado buscar su naturaleza en esa inquietud innata que despierta en ellos la irrupción de un elemento nuevo, un sentimiento no desconocido pero sí reservado —fogosidad en el relato “Prolegómenos”, resentimiento en “El ladrón de lencería”, inseguridad en “Rata”, ansiedad en “El hambre en los alrededores del lago”—, de ahí que el terror del que se nos habla en esta colección de cuentos resida en la intimidad de los protagonistas y obedezca más a estímulos procedentes de su propio carácter que del mundo que los rodea.
»El otro relato que prefiero es “Rata”, la historia de un jefe de departamento que organiza una fiesta de navidad para estrechar lazos entre empleados e impresionarlos. Alguien suelta una rata en la fiesta y a partir de ese momento la tensión crece. El jefe ve cómo se intensifica la inquina hacia quien considera sospechoso, un trabajador modélico que no ha tenido nada que ver en el asunto y que es apaleado por el verdadero responsable. El jefe lo encuentra casi inconsciente y sangrando en el suelo del garaje del edificio y cuando intenta ayudarlo aparecen tres altos cargos de la compañía. Todo ha de llevarles a pensar que el autor de la paliza es el jefe y éste, en lugar de exculparse, opta por librar toda la ira acumulada y amenazarlos, haciendo alarde de una bravuconería que viene a señalar la coexistencia de temperamentos opuestos en una misma persona. De nuevo encontramos la colisión entre el ser y el parecer.
»Opino que estos dos son los relatos más acertados: “Rata” y “Como una historia de terror” —el más breve y el más extenso de la colección—, y opino que no le resultaría difícil al autor alcanzar cotas narrativas más altas si decidiera eliminar la contención con que resuelve sus historias. Es demasiado torrencial su prosa y notable la tensión que consigue transmitir, para luego apurar la frenada hasta el punto de que en lugar de sugerir con un final abierto lo que consigue es provocar un ligero desencanto, sin que por ello se empobrezcan las virtudes evidentes en el libro, ya que Jon Bilbao demuestra ser un escritor riguroso en sus planteamientos, capaz de armonizar el raudal de pinceladas descriptivas que suministra, y obtener en definitiva, como ha hecho, un libro de aconsejable lectura.»

Pepe Cervera, El tacto de un billete falso, 24 de octubre de 2008
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Como una historia de terror, de Jon Bilbao

«En los siete relatos de este libro, el narrador asturiano Jon Bilbao introduce un clima malsano, como si las catástrofes y las pesadillas estuviesen a punto de arramblar con todo. Es una sensación de angustia latente, y, en efecto, como cuando uno está viendo una peli de miedo y la música y los silencios van subrayando la sensación de amenaza que luego se produce. Pero aquí son las palabras las que se encargan de conducirnos por ese camino, y el autor domina la prosa con mucha eficacia. En mi favorito, El hambre en los alrededores del lago, un escritor decide limpiarse y recuperar la forma aislándose en una cabaña en el campo mientras somete su cuerpo al ayuno total. En seguida empieza a ver y oír cosas extrañas: un coche con los cristales tintados, un misterioso tipo empeñado en que le dé trabajo, habladurías en la tienda a la que va de vez en cuando... A medida que las amenazas se sienten en el aire, él va perdiendo fuerzas por el ayuno.»

Jos√© √Āngel Barrueco, Escrito en el viento, 22 de octubre de 2008
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El terror

«Aunque tenga que pasar por la toma de muchas y pequeñas decisiones, como volar un hospital lleno de enfermos, que dos transbordadores confluyan en el mismo punto o, puestos a imaginar, echar abajo el Empire State, el Joker reconoce en El caballero oscuro que su ventaja es no tener ningún plan. En realidad, su figura -el terror- parece un calco de Bin Laden: construir un mundo donde la destrucción y la anarquía sean sus únicos fines. Y cuando en Las invasiones Bárbaras el recepcionista del hospital atiende por televisión a la destrucción de las Torres Gemelas se está haciendo una analogía con el cáncer que acabará con la vida de Rémy, su protagonista: aquí el declive del imperio americano es un trasunto del declive de nuestro propio cuerpo; el cáncer carece de plan: su único fin es la anarquía y la destrucción, sea como sea; pero, aunque carezca de plan, sí tiene propósitos.
»En días posteriores al 11M el terror estaba al doblar una esquina, en el interior de los vagones y autobuses, debajo de las alcantarillas. Se había instalado en nuestras vidas para vivir con nosotros; y ya no se ha ido. Se trata de un terror que proviene de circunstancias externas (hay quien señala el capitalismo y la Guerra de Irak como culpable(s)), pero también parece estar oculto en los sótanos de nuestras conciencias, de nuestras ciudades, reencarnado en figuras como el Monstruo de Amsteten o el violador de Canarias, todos ellos ciudadanos ejemplares, por supuesto. No sé qué pensar, la vida ya es muy difícil digerirla como para tener que pensar en dirigirla. Horkheimer decía que «el terror que presta su ayuda a la razón es a la vez el último medio para detenerla: a tal punto se ha aproximado la verdad». También Wartofsky hablaba del terror hacia lo desconocido: «la reacción bruta es el miedo, sin razón e instintivo, que empuja a huir o que produce un terror tal que sólo conduce a la parálisis o a la histeria». Cuando algo nos supera, o salimos adelante de forma creativa o nos paralizamos en la certeza de no saber qué sucede con nosotros mismos; pero es comprensible, pues el terror es un motor fabuloso que, al carecer de plan, no puede ser combatido si no es mediante la toma de muchas y pequeñas decisiones, adaptándonos a su forma de trabajo, a sus maneras.
»Pensaréis que estoy de broma; para qué tanta cita y tanta filosofía si de lo que quiero hablaros hoy aquí es del nuevo libro de Jon Bilbao: Como una historia de terror (Salto de Página, 2008). Sin ser una novela de tesis, puesto que se trata de un libro de cuentos, podría sintetizarse en la idea de que el terror carece de plan; se limita a destruir poco a poco la tranquila normalidad en que pretenden vivir dos de sus personajes, después de comprar una vivienda de lujo en un entorno incomparable. A mí, escribir un post sobre el terror me parece imposible, pero más difícil aún me parece hacer literatura con ello. ¿Qué ha hecho Jon Bilbao? Pasarse las manos abiertas por los ojos y mirar lo que nos rodea, ver el fondo de las cosas y mostrarnos que el terror vive en nuestros deseos, sueños e inquietudes, pero no como hacía Freud, de forma médica, sino construyendo un relato: ese movimiento transparente y misterioso de la escritura.»

Mateo de Paz, Blog de Mateo de Paz, 20 de octubre de 2008
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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