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De mecánica y alquimia
«La escritura existe porque para completar cualquier visión de la realidad hay que utilizar la imaginación, y el riesgo del subgénero crítico es que hablando del mundo literario ajeno se cuele el nuestro como una visita inesperada que no encuentra acomodo en un salón al que no ha sido invitada. Escribir bien resulta a veces un peso, cuando entre el preciosismo y los abalorios se pierden los hallazgos, las historias, las estructuras enterradas por aluviones de arena. Muñoz Rengel roza esos peligros pero consigue salir indemne, creando una guía de viajes de la imaginación en la que él se explica, y de paso nos cuenta a nosotros, una serie de historias transversales que van desde los orígenes de la ciencia en Al-Andalus a los relojes astrológicos como el de Praga; el mito del Golem cabalístico o el salto al futuro de nuestro planeta entre despojos y basura, donde una humanidad indefensa sobrevive esperando el gobierno de las máquinas. Al final, el autor consigue que todo ello se funda en un sueño, desleyéndose perfiles y metáforas que vuelven a mezclarse en ese desierto fértil de encuentros inesperados que es la imaginación. Quién pudiera, en definitiva, asistir a los talleres de escritura creativa que imparte Muñoz Rengel, un privilegio como siempre lo es ser admitido en la cocina de la creación guiados por un auténtico buscador, pues la escritura no es más que una exploración, documentada con mayor o menor brío, con el equipamiento del estilo o a pulmón libre, que nos hace descubrir mundos nuevos bajo el rellano de la escalera, o fragmentos de paraíso tras las últimas hebras del sueño que nos encontramos nuestra almohada cada mañana y que sacudimos sin piedad como excrecencias sin valor, a pesar de que nos recuerdan que nunca fuimos tan felices como hoy.» |
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Rubén Figaredo,
Revista Ábaco,
Mayo de 2010
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De mecánica y alquimia, de Juan Jacinto Muñoz Rengel
»Se podría escribir una tesis doctoral sobre el libro de J. J. Muñoz Rengel. Yo sólo escribiré un artículo.
»Lo primero que haré notar es la naturaleza ambigua del libro, que nada con astucia entre las aguas —aunque emparentadas, tan distintas— de la fantasía y de la ciencia ficción. El problema de género en este caso no es baladí, pues el mismo autor nos deja clara esta escisión a partir del título, De mecánica y alquimia, en el que ya existe una división esencial entre la mecánica, que alude a las leyes físicas y científicas de lo posible o lo probable o lo imaginable a partir de lo real; y la alquimia, que es considerada como más cercana a la magia, a los misterios de la cábala o a procedimientos milagrosos que a la ciencia misma.
»Así, cuentos como “El libro de los instrumentos incendiarios” o “El relojero de Praga” son mecánicos, mientras que otros como “Lapis Philosophorum” o “La maldición de los Zweiss” son alquímicos. Sin embargo, el lector avisado comprenderá enseguida, en cuanto se interne en este libro profundo y embriagador como una sima, que los límites entre esos dos mundos van a ir derritiéndose, y que lo que hoy es sueño, pesadilla, ilusión o herejía, mañana se transformará en realidad, y que no sólo lo posible o lo probable se materializará, sino que lo imposible y lo improbable también tendrán su espacio propio. Por si fuera poco, ambas caras se mezclarán con una armonía casi aberrante, dando lugar a un panorama que, sin duda, sobrepasará cualquier expectativa.
»Y es que Muñoz Rengel sufre esa misma fascinación por el trampantojo, por los juegos de prismas y perspectivas que caracterizaba a nuestros más ilustres artistas del siglo de Oro. Sus personajes parecen extraídos de un transparente similar al de la catedral de Toledo, sólo que en lugar de ángeles y apóstoles son seres venidos de otra dimensión, hombres convertidos en esponjas gigantes, golems animados por el arte de la cábala, autómatas dorados que viajan en un tren solitario en una era postapocalíptica.
»La voluntad del autor por unir cada uno de los cuentos en un todo orgánico da lugar a un Frankenstein literario. A pesar de que cada uno de estos cuentos puede funcionar –y funciona- por sí mismo, en el momento en que son ensamblados adquieren una identidad distinta, piezas de un robot Transformer que de pronto alzara su rostro entre la chatarra de un vehículo corriente. Entonces nos damos cuenta de hasta qué punto ha sido ambicioso el autor, sentimos que los límites de las obras se desdibujan, meras escamas de un pez prodigioso del que sólo alcanzamos a ver una pequeña parte hasta el final mismo.
»Por otro lado, la variedad de tonos es pasmosa. Desde “El libro de los instrumentos incendiarios”, que incurre en el género policial hasta “Pasajero 1/1″, de tintes apocalípticos teñidos de una mística cercana a la poesía, se pasa por lo fantástico macabro de “La maldición de los Zweiss”, el género de fantasmas en “El faro de Os Baixos”, la invención filosófica de “Res cogitans” o el futurismo lírico de “Brigada Diógenes”. Vamos avanzando en el tiempo como si viajásemos en una enloquecida máquina de Wells, desde la Edad Media hasta un futuro imaginado a partir de lo que va sucediendo en cada uno de los cuentos anteriores. Pero también recorremos países diferentes. La corte árabe de Toledo, la Praga prerrenacentista, la Provenza francesa, los valles tenebrosos de Baviera, las costas cristalinas del sur de Grecia y por fin, la Inglaterra victoriana.
»Porque uno de los gérmenes que contaminan las páginas de este libro proviene de los autores victorianos. Nombrados o sugeridos por el propio protagonista en “El sueño del monstruo”, surgen ante nuestros ojos el Frankenstein de Mary Shelley y las invenciones imposibles de H.G. Wells. Pero también están Poe, y Julio Verne, y puede que incluso Hoffman o Lovecraft. Sin embargo, me gustaría aludir a dos influencias –no sé si conscientes o no– que quizás no salten tanto a la vista. Se trata del modernismo hispanoamericano y de la ciencia ficción estadounidense, en concreto Ray Bradbury e Isaac Asimov.
»El lector advertirá rápidamente que el estilo de J. J. Muñoz Rengel en este libro va evolucionando desde un lenguaje rico en ornamentos, que se deleita —sin perder fuerza narrativa— en la sonoridad de los nombres extranjeros, en el exotismo de los paisajes, culturas e invenciones descritas, hacia otro estilo más sucinto, alejado de las referencias culturales o históricas, que corre como un volcán hacia el centro mismo de la Tierra. Y es en este primer estilo donde encuentro —donde puedo oler— la estela de autores como el Lugones de Las fuerzas extrañas, el Borges de El Aleph e incluso el Rubén Darío de los Cuentos fantásticos. Son éstas manifestaciones más o menos tardías del modernismo literario, proclive al lenguaje alambicado y los escenarios exóticos, con ese gusto irrepetible hacia la sabiduría y la sensualidad orientales. Y aunque sólo el primero de los cuentos cuadre en este ámbito, hay algo de ello, mezclado con esa tiniebla victoriana y con cierto racionalismo, en muchos de los cuentos restantes.
»En cuanto a Bradbury, las últimas piezas —en especial “Brigada Diógenes” y “Pasajero 1/1″— podrían incardinarse en esa narración futurista, más poética que científica, de las Crónicas marcianas, ciertos cuentos de Las doradas manzanas del sol o Farenheit 451. Las elucubraciones filosóficas de Asimov aparecerían en “Res cogitans” únicamente, aunque existe profundidad de pensamiento en toda la obra de Muñoz Rengel. Por mencionar un solo ejemplo, ese chispazo de taxidermia emocional de “Te inventé y me mataste”, en el que se ahonda en las contradicciones de todos los que aman apasionadamente, que en muchas ocasiones terminan por odiar con la misma intensidad a quien antes habían adorado.
»Me gustaría incidir en la sobrenatural capacidad de este autor para dar vida a personajes literarios. Lo hace desde múltiples puntos de vista, tratándolos ora con ternura, ora con una inusitada crueldad, pero siempre desde un respeto que los anima, forjando seres de carne y hueso que llegan a emocionarnos con su forma de sentir o pensar o simplemente vivir. El gordo y perspicaz Al-Mustansir, el relojero Hans de Ruze y su patoso neófito, el simple Jean Sansnom y el fraile alquimista Alexandre de Arnim, los terribles y trágicos Zweiss, el farero Lourenzo Mariño o el capitán de la brigada de basureros Diógenes son caracteres únicos, alejados de cualquier patrón preestablecido y por ello seres entrañables, admirables, dignos de lástima o perdón, pero siempre tan humanos como cualquiera de nosotros.
»Si el que lee estas líneas está familiarizado con las obras alquímicas, sabrá que son libros repetitivos y oscuros, en los cuales el iniciado se sumerge sin saber bien qué va a encontrar. Conforme avanza en su lectura, en muchas ocasiones tiene la sensación de no estar entendiendo nada, y es común —según dicen— que se tenga que reiterar la lectura una y otra vez, sin descanso, realizando los experimentos exigidos, hasta que se comprende el sentido. Es un camino desde la oscuridad hacia a la luz en el que, paradójicamente, el texto va desde lo comprensible a lo aparentemente absurdo. Lo mismo sucede, salvando las distancias, con De mecánica y alquimia. Los cuentos, que van desde el clasicismo más tradicional a una modernidad que roza lo vanguardista, emprenden un camino de no retorno en el que nos embarcamos al leerlo. Quien se adentre en ellos irá caminando de la mano de la mente ideadora de Muñoz Rengel, desde una perplejidad atónita, hacia una luz final, que no deberá buscar entre sus páginas sino en su propio interior. Porque es éste un libro que merece —y creo que exige— no una lectura, sino varias, para llegar a comprenderlo por completo, para llegar a entender que la verdadera alquimia es la de la imaginación y que toda imaginación es, en sí misma, una partícula de realidad.» |
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Miguel Ángel Mala,
Culturamas,
25 de mayo de 2010
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De mecánica y alquimia, Juan Jacinto Muñoz Rengel
»Juan Jacinto Muñoz Rengel me lo ha puesto muy difícil al escribir la antología De mecánica y alquimia. Ya que no sé cómo hacer justicia a esta obra con esta reseña. Podría abordarla desde el punto de vista del uso de las herramientas del género. Pero ¿qué género? En sus cuentos se funden el fantástico, la ciencia ficción clásica, el terror, la literatura prospectiva, el realismo sucio, la novela histórica e, incluso, juega con la metaliteratura. Se podría decir que traspasa los géneros. No los mezcla sino que los moldea y los usa a su antojo. Se mueve más allá de corsés, está fuera de ellos y en todos ellos a la vez. Los trasciende.
»Ya que no puedo analizar la obra por temática de género, vamos a tirar de influencias literarias. Pero cuando uno empieza a escarbar en los cuentos de Rengel se encuentra con la ruptura de la realidad y el uso de la tensión entre lo irreal y lo real al más puro estilo de Borges; el gusto por el control del tempo narrativo y el uso del preciosismo fantástico de Cortazar; la versatilidad y estilismo de José María Merino; el juego metaliterario con el lector de Vila-Matas; la capacidad transmitir el asombro por lo maravilloso de Verne… Habría que sumar a la lista otros autores de la talla de Umberto Eco, Zoran Zivkovic, Cristina Fernández Cubas, Fredric Brown, Lovecraft, Mary Shelley, Oscar Wilde,… La lista sería interminable. En el fondo su fuente e influencia es la literatura con mayúsculas.
»Busquemos otra opción, hablemos del marco histórico… Tampoco sirve porque con sus relatos viajaremos desde el Toledo musulmán del siglo XI a la ciudad de Praga del siglo XV, pasando por el Londres victoriano hasta llegar a un futuro no muy lejano. En todos estos escenarios Rengel consigue, con unas breves pinceladas, un retrato milimétrico de la ambientación histórica y geográfica, ofreciendo una lección de síntesis. Cómo el mismo estilo narrativo trasmite el sabor de cada época.
»Vale, pues vayamos a lo fácil, vamos cuento por cuento y hagamos un pequeño resumen de qué va cada uno. Lo aderezamos con unos pequeños apuntes biográficos y ya está hecha la reseña. Pero carece de sentido y flaco favor haría al futuro lector. Esta antología, si bien pueden leerse sus cuentos de manera azarosa y apreciar cada uno como elemento aislado, cobra una mayor dimensión si los leemos en orden. Además de mantener un orden cronológico (lo cual es casi lo de menos), cada cuento —tanto su trama, la relación de sus personajes, el estilo…— te van preparando para el siguiente, como un trasunto de Las mil y una noches cuyo disfrute va in crescendo en un suerte de ficción acumulativa que nos sumerge en la trama real de la antología, en el hilo conductor de toda la obra: la dialéctica entre la mecánica y la alquimia dentro del ser humano. Es decir, los límites de la razón y la fe, la humanidad de las máquinas y la irracionalidad programada de los seres humanos. En definitiva, de lo fantástico y de lo real que hay en cada vivencia y en cada ser.
»Así que llegados a este punto arrojo la toalla, me rindo y abandono. Me niego a escribir una reseña de esta obra. Sólo haré una recomendación: olviden todo lo que he dicho, cojan De mecánica y alquimia y disfruten de su lectura. Sin prisa, saboreando cada relato, permitiendo que el autor juegue con vosotros, dejándose arrastrar por su fluidez narrativa. Degusten la cuidada prosa de Juan Jacinto Muñoz Rengel. No se arrepentirán.» |
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J. Fidel Insúa,
Literatura Prospectiva,
25 de mayo de 2010
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El aleph
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«Esa tarde me había subido en un barco Esa tarde me había subido en un barco para navegar hasta Cádiz, y tal vez por la visión de lo que me pareció una ciudad oriental, cubierta de cúpulas redondas y brillantes, pensé en otro libro que mezcla el tiempo y la magia: De mecánica y alquimia (Salto de página, 2009), que más que reunir encaja con la maquinaria de un reloj once magníficos relatos de Juan Jacinto Muñoz Rengel. Con él, el lector viajará, ayudado de clepsidras y pájaros mecánicos, de golems y autómatas, desde el Toledo musulmán a la Praga mágica y al Londres victoriano, o a la confortable habitación del monasterio donde yo pasaba sus páginas. Y así, tumbado en la cama, vi o imaginé a una monja Capuchina abriendo la puerta de mi habitación y deslizándose silenciosamente hasta mí. Creo que por cierto sentimiento de culpa. Pues después de los golems había vuelto al viaje de Sterne, y con él pensaba en ese momento que el verdadero daño está en nuestra mentalidad, y que en una época flaca de ideas como la nuestra era algo lógico que convirtiésemos los refugios de la espiritualidad en hoteles y las tragedias colectivas en novelas de aventuras. Así que el Golem se había fundido con la reconstrucción de Alemania y había salido una monja, dicho sea con todos mis respetos. “¿Pues no habían abandonado ustedes el edificio a finales del siglo XX?”, estuve a punto de preguntarle. Pero no me dio tiempo. Con su dedo amenazador apuntaba ya a mi conciencia, concretamente a las ostras que había cenado en El Puerto, magnífica taberna.
»Pero entonces ocurrió lo inesperado. Recordé nítidamente una frase olvidada en mi infancia, lo que a propósito de los viajes me dijo mi abuelo una vez: “La vida es un libro del que, quien no ha visto más que su patria, no la leído más que una página”. Para eso hicieron falta mezclar varios libros con unas ostras y cientos de kilómetros hasta el Puerto de Santa María y el Monasterio de San Miguel. Y habrá quien diga que la literatura no es un viaje. Viajes del pasado, del presente y del futuro encontrarán en esta columna. Y a los viajeros que nos acompañan, aunque nosotros no siempre lo sepamos.» |
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José María Pérez Zúñiga,
El Caminante (El Mundo de Andalucía),
7 de mayo de 2010
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Literatura y Golem
«Si hacemos caso omiso de lo que sugiere Juan Jacinto Muñoz Rengel en el Proemio de su nuevo libro de relatos De mecánica y alquimia (Salto de Página, 2009), advertimos que, si nos adentramos en su geografía de forma desordenada, la primera impresión que recibimos es que las historias que lo componen son completamente autónomas, sin conexión alguna. Sin embargo, su estilo limpio, acompasado, cuidado hasta la saciedad, y asequible en gran medida para lectores no habituales a este tipo de género, dota a cada uno de los relatos contados en él de una secreta conexión que va más allá de la ordenación cronológica anunciada por el autor. Resulta obvio que cada uno de los cuentos que componen el libro posee vida propia, alimentada por el ritmo secreto de un corazón plural que nos lleva desde el celebrado Toledo medieval, culto y misterioso, hasta un oscuro suburbio londinense con olor y sonido de imprentas, iluminado por las visiones futuras de su protagonista; pasando por los sótanos de una sinagoga, por una isla espectral, o por el interior del complejísimo reloj de la torre del Ayuntamiento de Praga.
»La mecánica que debe subyacer en todo buen cuento se ha puesto, en este libro, al servicio de una alquimia poderosa, que solo puede manejar un oficiante experimentado como es Juan Jacinto Muñoz Rengel. Autor malagueño, residente en Madrid, es director del espacio de RNE 5 Literatura en Breve, y de la sección especializada en este género literario de El Ojo Crítico de RNE 1. Anteriormente, ha publicado un libro de cuentos, 88 mill lane (Alhulia 2006), ha coordinado las antologías Ficción sur (Traspiés, 2008) y Perturbaciones (Salto de Página, 2009) y ha recolectado a lo largo de su carrera un buen número de premios literarios entre los que destaca el Fernando Quiñones, el Julio Cortázar de Cuba, o el premio internacional de relatos cortos de La Felguera.
»El Golem, la piedra filosofal, la magia negra, Nostradamaus, el mito de Frankenstein... Temas recurrentes todos ellos que a lo largo de la historia del género de ficción reclaman, a la vista de este intenso y personalísimo trabajo, la adopción de una nueva marca de origen que podríamos conocer como cuentos de autor, emulando, de alguna manera, a ese arte hermano de la literatura que es el cine y que tan buenos maridajes nos ha regalado.
»Relatos únicos, conectados o no, de los que, en todo caso, no nos vamos a permitir desentrañar sus delicados argumentos, ni exponer a la luz directa la sutil metaliteratura que subyace bajo ellos, sino recomendar encarecidamente su lectura.» |
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Alfonso Cost,
Cuadernos del Sur (Diario de Córdoba),
20 de marzo de 2010
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Juan Jacinto Muñoz Rengel: De mecánica y alquimia (Salto de Página, 2009)
«Los futuristas de Marinetti, aquellos que al grito de “Vengan los incendiarios con sus dedos de petróleo” clamaban que había que quemar las bibliotecas, no habrían tenido nada que hacer como bomberos de Fahrenheit 451 en mi barrio. Porque en el barrio ultraperiférico donde pasé mi infancia y mi juventud no había biblioteca. Y en el colegio del barrio ultraperiférico donde acudía, solo contábamos con una biblioteca que ocupaba un desvencijado armario de unas proporciones menores que las de un portero de discoteca, y que siempre permaneció cerrado, como el cerebro de alguno de estos. Por más que gritáramos “¡Ábrete sésamo!”, de sus estanterías jamás se descolocó ningún volumen. De modo que nunca pude experimentar la orgásmica sensación que a, poco que le pregunten, cualquier escritor/a siempre declara haber sentido en su infancia leyendo tal o cual clásico. Es así que Kafka me metamorfoseó siendo ya un adolescente maduro, a Joseph Conrad me lo metí entre pecho y espalda a raíz de una operación que sufrí en mi edad adulta, y Tolstoi me deslumbró hace apenas unos meses.
»Quiero decir que a mí esto de la lectura me pilló demasiado mayor, con la imaginación caducada, con la paciencia arrugada como una pasa, con la capacidad de asombro abotargada.
»Volviendo a lo de antes, lo que ya no sé es si los futuristas querían pulirse todos los libros, o si elaboraron un particular index librorum prohibitum. En ese caso deberían haber registrado este De mecánica y alquimia de Juan Jacinto Muñoz Rengel, que contiene dentro de sí suficiente material inflamable. Baste citar como ejemplo un relato que recibe el nombre de “El libro de los instrumentos incendiarios”. Creo que leyendo esta obra me han quemado las llamas neolíticas, me ha llegado ese placer primigenio que se origina en la noche de los tiempos de la primera lectura infantil/juvenil (la que nunca tuve). Creo además que esta colección de relatos De mecánica y alquimia maniobra sabiamente sobre los resortes del mecanismo del relato atemporal con unas dosis de inventiva en las tramas impensable hasta ahora (o al menos hasta donde yo he leído). Eso no admite más explicación, tendrán que leer el libro. Pero lo que sí sé decir es que agarra unos temas archisabidos y manidos hasta el hartazgo (el tiempo, su imposible dominio, el afán humano por gobernar al semejante y a la naturaleza, el tiempo futurible...), les arma un esqueleto clásico en la forma, y saca un producto totalmente distinto a partir de un soplo de aire sin viciar, de una descarada modernidad, y de una fresca humanización de los personajes.
»En el relato ya citado, en el Toledo medieval de “El libro de los instrumentos incendiarios”, Alí al Mustansir es “jefe de policía”, no su homónimo de aquel tiempo, término que el autor seguro podría haber encontrado y usado sin dificultad a poco que investigara la etimología de la palabra. Si la ambientación del relato es tan completa y cuidada a qué viene un guiño como ese. Pues no se adivina, pero le da un toque pinchoso, provocador, ligero, al relato. Y luego además esa especie de sargento Colombo se pone bien cachondo mirando a Raqiyya, extrañamente moderna para aquel tiempo, liberada hija del desaparecido escriba del rey que además le va a acompañar en su investigación del misterioso suceso. Y en un momento dado parece que estamos viendo en acción a Julia Roberts y Nick Nolte en Me gustan los líos. Pero a uno tanto se le da lo que parezca. Se encuentra a gusto metido en ese torbellino queriendo que por nada del mundo le interrumpan la lectura con el “papá quiero cenar” o que el teléfono suene con un comercial de telefonía del otro lado; está en ascuas.
»En mi cortedad analítica, diré que me parece a mí que Muñoz Rengel le ha echado al asunto una cara dura necesaria, y se ha cargado a base de muchos teclazos de ordenador, uno, el tocomocho que nos quieren endilgar como relato moderno modernísimo: atmósfera gaseosa hasta la asfixia, temática etérea-inasible-irreconocible, quincallería de palabras bien colocadas, y un globo que se deshincha. Ni siquiera el más “brumoso” de todos (“El faro de las islas de Os Baixos”) adolece de esos defectos, sino que más bien es un relato donde se produce un “cortocircuito cuántico”.
»Eso lo primero, porque sus textos desde luego tienen los pies en el suelo, son historias nutricias, que colman las esperanzas que el lector deposita en ellas. Un principio, una expectativa que se abre, un desenlace y un final. Punto. “El relojero de Praga”, sin ir más lejos.
»Dos, se cepilla algunos pilares maestros del corpus teórico que siempre se ponen en la cocina del narrador breve: pecado abrir temas colaterales, pecado mortal amalgamar en el relato sustancias narrativas diferentes. Y va él y nos sumerge en un relato (que si fuera un software sería un programa ejecutando indefinidamente una subrutina), en el que se mezclan Frankestein con los Gólems, metaliteratura con cómplice desesperanza de escritor, una narración con un coeficiente de escorrentía difícil de determinar; el lector no sabe si debe seguir pensando en lo que acaba de leer o si empezar a reflexionar sobre lo que está leyendo, pero eso sí, en ningún momento se siente perdido, simplemente se deja arrastrar por la corriente, por qué estoy leyendo otra vez lo del bacalao con patatas… “El sueño del monstruo”.
»Dos bis, regla que dice “Todo debe quedar claro desde el principio”. “Te inventé y me mataste” manda esa convención a tomar por saco. Para mi gusto el mejor de los once. Una fantasía descabellada (aunque eso no es decir nada, porque toda fantasía lo es), un relato río con unos toques de cordura que lo hacen tan verosímil como el golpe que Alí al-Mustansir y Raquiyya reciben en la cabeza, porque otro de los juegos de este libro es la relación existente entre las diversas piezas que aconsejan una lectura lineal (esto no es ninguna revelación, ya lo dice el propio autor en el proemio al lector).
»Aunque “Lapis Philosophorum” tampoco tiene nada que envidiarle al anterior, bocatto di cardinale (o “tetas de monja”, que diría un amigo de mi barrio, aquel donde no teníamos biblioteca ni nunca tropezamos con un latinajo).
»El escolio final es otro de los juegos “malvados” de este libro. ¿Qué seria la literatura sin diversión? No intente leerlo así, a pelo, o este escolio le producirá escoliosis por aquello de buscar posturas de faquir para poder decodificarlo. Solo hay dos sitios posibles donde el texto cobra todo su sentido: en Corporación Dermoestética, o en su propia casa, porque necesitará un espejo.
»El tal escolio debería referir alguna advertencia sobre cómo aplacar la envidia. El balance se inclina tanto del lado de los relatos imprescindibles (solo “Res cogitans”, “Brigada Diógenes”, y “Pasajero 1/1” me han dejado un poco más indiferente por cuanto no sé ver en ellos más que una función de soporte estructural) que eso es lo que le queda al lector al final de la lectura: la envidia insana. La que provoca gente con una imaginación como la que el autor tiene a bien lucir. ¡Vengan los incendiarios con sus dedos de petróleo!» |
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José Cruz Cabrerizo,
ojosdepapel.com,
1 de marzo de 2010
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Fantasías trenzadas a través del tiempo
«Las once historias que dan forma a este volumen siguen un orden cronológico, aunque entre ellas distan amplios lapsos de tiempo.También las separan kilómetros de espacio: cada uno de ellas transcurre en una distinta ciudad europea.Y sin embargo,desde el esplendor de Al-Andalus en el siglo XI hasta hoy, existen en todo momento mecanismos internos de conexión.
»Los relatos abarcan temas muy diversos. Un enigma policiaco en torno a un libro de física geométrica en la taifa de Toledo. La leyenda de la construcción del reloj astronómico de Praga. La ambición por la piedra filosofal, y las visiones apocalípticas del hijo ilegítimo de Nostradamus.Los orígenes de la ciencia-ficción. Los autómatas en la historia.El mito del gólem. Pero bajo los cuentos de De mecánica y alquimia hay siempre vínculos metaliterarios que laten cada vez con más fuerza, tramando nuevos relatos no escritos, y proponiendo otras lecturas.
»Juan Jacinto Muñoz Rengel, maestro del relato fantástico, juega con la imaginación y la inteligencia en este libro para regalar al lector momentos inolvidables. Construye historias que se trenzarán a través del tiempo en inesperadas relaciones hasta desvelarnos su misterio. En este volumen esgrime las razones que han hecho de él uno de los autores españoles de cuento más galardonados.» |
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T. G.,
El Faro de Vigo,
27 de febrero de 2010
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De mecánica y alquimia
«Una araña portadora del mal, seres metálicos, un monje visionario, gólems que toman vida y un largo etcétera de situaciones de fantasía desbordante, dan vida a esta obra donde la magia de la palabra y un buen número de máquinas representan una hábil metáfora de la historia del hombre.
»Desde la taifa de Toledo hasta un futuro difícil de determinar, disfrutamos de libros protegidos, de espacios monásticos que recuerdan a Eco y de ambientes borgianos donde resuenan ecos de la ciencia ficción más clásica. Y es que los once relatos están plagados de situaciones sobrecogedoras que asedian a unos personajes bien definidos. Sus reacciones y sus palabras nos pueden servir en muchos casos de modelo para la reflexión sobre nuestro tiempo y el futuro de la humanidad, a pesar de que los acontecimientos se sitúen en tiempos remotos nunca definidos, lo que genera un ambiente más inquietante si cabe.
»Por otro lado, uno de los grandes aciertos de la obra es que los relatos están hábilmente engarzados, elementos a priori insignificantes, poco a poco, van a adquirir significado, lo que fortalece notablemente la obra en su conjunto y genera una enorme sensación de verosimilitud. Al final del penúltimo relato vemos un nuevo plano de lectura, debemos entrar en el juego y hacer frente a la cuestión que el autor nos lanza: ¿Hasta qué punto dependemos de los objetos y de las máquinas? La respuesta parece obvia, tenemos en la mano el objeto-libro, pero si queremos acabar la lectura, este objeto nos llevará a otro, el juego permanece vivo hasta el último punto y final.» |
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Pablo Lorente Muñoz,
Heraldo de Aragón,
25 de febrero de 2010
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De mecánica y alquimia
«La colección púrpura de Salto de Página, especializada en novelas y colecciones de relatos, es uno de esos grandes tesoros del mundo editorial español. Sus publicaciones siempre terminan en esa lista de imprescindibles, y con el último de sus libros pasa exactamente lo mismo. Muñoz Rengel, uno de los más reconocidos especialistas de España en el relato de ficción y el cuento, se estrena en la colección construyendo un imaginario tan atemporal que independientemente de la época en la que sucedan los relatos —y el viaje que nos propone el autor nos lleva desde la Edad Media al futurismo extremo en tan sólo once textos— su propuesta encandila de igual manera al lector. Su delicado uso del lenguaje en todas sus vertientes consigue llevarnos por donde Muñoz Rengel desea e introducirnos en un estado de expectación que puede llegar a resultar hasta violento por cualquiera de los sucesos que pueblan en los relatos, y eso ya saben que es algo muy complicado de conseguir.» |
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Roi Canda,
Ilike magazine,
Febrero de 2010
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De mecánica y alquimia
«Once relatos complejos y dispares componen De mecánica y alquimia de Juan Jacinto Muñoz Rengel editado por la Editorial Salto de Página. Un autor que ya sorprendió con 88 Mill Lane, y que en este libro vuelve a lograr esa simbiosis entre fondo y forma gracias a una prosa precisa y cuidada. Los relatos se presentan en orden cronológico partiendo de la época medieval con una investigación de un enigma en el Toledo musulmán y la leyenda de la construcción del reloj de Praga, y siguen viajando en el tiempo y en la historia en relatos como el de las visiones apocalípticas de un ayudante de alquimista epiléptico o las ficciones mentales de un aspirante a escritor fracasado en el Londres victoriano. El autor compone los relatos a base de ficción e historia y con cierta dosis de misterio y suspense. Y para ello se vale de elementos alegóricos conocidos por los lectores como la mecánica de los autómatas y pájaros mecánicos, el barro de los golems del futuro o la química del poder infinito del azufre. Increíble por su originalidad el relato "Lapis philosophorum" que nos muestra la terrible historia de un desconocido descendiente de Nostradamus, que desde su simple y tranquila vida de ayudante del alquimista Alexandre de Arnim en la Provenza monacal del siglo XVI, se revela finalmente como un visionario de lo que nos depara el futuro: la Segunda Guerra Mundial y del fin del mundo. Juan Jacinto Muñoz Rengel se confirma de nuevo como uno de los mejores creadores de relato en España, y demuestra en su habilidad de relojero que la historia se puede mezclar de manera alquímica con la ciencia ficción creando reacciones inesperadas.» |
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Carmen Fernández,
Literaturas.com,
1 de marzo de 2010
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Doctor Rengelstein
«En El sueño del monstruo Muñoz Rengel sitúa como protagonista en el Londres victoriano a un escritor fracasado cuyos relatos fantásticos no encuentran sitio en el mercado. Ese escritor podría ser el autor encubierto de buena parte de los relatos que se recogen De mecánica y alquimia y cuyo lenguaje y estilo se modifican gradualmente como si aquel barajara nuevas fórmulas para lograr el éxito. La alusión a la química no es arbitraria, ya que, como reza el título, en el libro juegan un papel fundamental la física y la magia, la ciencia y el ilusionismo, la mecánica y la alquimia, la certeza y lo inasible. Cual inventor metódico y persistente, Muñoz Rengel ha creado una pócima en la que todos los componentes están cuidadosamente combinados para lograr un equilibrio en el paladar del lector-conejillo de indias: ya se trate del viejo reloj de Praga, del Toledo medieval —¿un homenaje a Muñecos infernales de Browning?—, de boticarios misteriosos —magnífico “La maldición de los Zweiss”, quizá el mejor del volumen—, de gólems, autómatas o de brigadas para eliminar la basura de las viviendas.
»En una entrevista reciente el autor confesaba que su obra “no sólo es un artefacto, sino que también es un pequeño monstruo de Frankenstein, una suma de partes que no son igual al todo”. Leyendo De mecánica y alquimia tenemos la fascinante impresión de transitar por mundos insólitos cuyas costuras y remiendos parecen obra de un científico loco empeñado en subvertir los cauces naturales del cuento. Y se agradece.» |
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Juan Carlos Palma,
Mercurio,
Febrero de 2010
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El chamán
«Armar un artefacto de precisión no es nada sencillo, hay que tener una paciencia infinita y unos dedos expertísimos y hábiles para que la maquinaria encaje y no se descuajaringue al primer embate. Juan Jacinto Muñoz Rengel puede presumir de tener unas manos sabias para la orfebrería del cuento, y no sólo por los premios que eso le ha acarreado, sino por la calidad que muestra en cada una de las once miniaturas que presenta en este volumen. En ellas hay mecánica, por supuesto, la que sólo proporciona la buena técnica, pero también hay kilos y kilos de alquimia, la magia siempre necesaria para convertir en oro lo que en otras manos habría sido sólo un pedrusco argumental.
»El Toledo musulmán con un investigador muy particular, la creación del reloj de Praga, la herencia maldita de Nostradamus, un par de historias teñidas del misterio gallego de las meigas, una brigada de Diógenes en la que está muy presente el Bradbury de los bomberos quemadores de libros. Estos son algunos de los argumentos que un lector atento puede paladear en este libro, pequeños homenajes a otras literaturas, tamizados por la voluntad del autor, quien llega a fabricar un ambiente a veces gótico, aunque salpicado con un peculiar sentido del humor, negro casi siempre, y un hálito enigmático necesario para la tensión literaria.
»Todo ello sin olvidar los gólems y los misterios de la creación, así como otro tema vital en una narrativa que bien podría asemejarse a la de Borges o Cortázar,: el doble. Juan Jacinto Muñoz Rengel lleva dentro las claves de la transmutación literaria, y eso le convierte en un chamán del relato, sólo así puede explicarse el último texto del libro y la suavidad con la que se entremezclan en sus páginas la ciencia y la escritura, los dos alientos que desde siempre han dado vida al ser humano.» |
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Antonio Parra Sanz,
gomesycompañía,
1 de febrero de 2010
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De mecánica y alquimia
«La modalidad del género fantástico que han practicado grandes autores como Borges, Cortázar o Bioy Casares consiste en introducir un elemento extraordinario o inverosímil en entornos completamente realistas. A esta fecunda escuela se inscribe con todo su atalaje Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974), adalid de lo fantástico en nuestro país, como ya demostró con su primera colección de relatos, 88 Mill Lane. Ahora vuelve a la carga con este segundo libro, en cuyas elegantes, evocadoras e inquietantes páginas habitan geómetras, relojeros y alquimistas.» |
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Manuel Moyano,
La Verdad de Murcia,
30 de enero de 2010
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El cuento, a la conquista del gran público
«La literatura popular y de masas la inventaron los franceses, la refinaron los ingleses y la hizo pasar por culta un italiano, viejo profesor de semiología, de nombre Umberto Eco. Todas las editoriales europeas deberían tener en sus sedes un busto del autor de El nombre de la rosa, pues se inventó el best seller moderno del viejo continente, cambiando sutilmente el modelo de negocio librero: la inmediatez y la seducción de la intriga más al uso y convencional recubierta por un esmalte cultista que provoca en el lector la ilusión de estar iniciándose en los arcanos de la antiquísima y profunda cultura europea. En realidad, Eco le copió la idea a García Márquez, solo que lo hizo con más eficacia y sin tantos remilgamientos, con la mirada puesta en el kiosco y no en la librería o en el Premio Nobel. En otras palabras: Umberto Eco cogió los tópicos de un género popular y los vendió como si fueran Borges, haciendo pasar por sofisticación literaria lo que no era más que un divertido -y muy bien pensado- crucigrama de domingo. De hecho, el propio Borges aparece caricaturizado en el libro, para que no haya dudas de las fuentes de las que se bebe.
»No me entiendan mal: no censuro estos best seller desde la pedantería ni desde un moralismo que mea fuera de tiesto. Me parecen geniales y precisos artefactos libreros que saben llegar muy bien donde quieren llegar —otra cosa es que no todos los lectores se sientan dispuestos a dejarse penetrar por ellos—. Para los comerciantes del sector, una bomba que se vende sola y que suele encontrar padrinos en el cine con relativa rapidez, y para los lectores de todo tipo y condición, una lectura grata y blanca que no ofende ni insulta la inteligencia de nadie y que, a ratos, oxigena y revitaliza la mirada. Lo único que apunto es que, hablando en términos literarios, son productos hasta cierto punto engañosos, pues no son lo que dicen ser: buscan una digestión fácil, todo lo contrario de los modelos que reclaman para sí. Son la versión realista y Reader’s Digest de Borges y de Kafka, para que nos entendamos. En España, este tipo de literatura ha tenido muy buenos y rentables cultivadores, con resultados y estilos bastante dispares. Como grandes nombres se me ocurren Manuel Vázquez Montalbán, Arturo Pérez-Reverte y, más tirando a la actualidad, Carlos Ruiz Zafón.
»Yo creía que este modelo de literatura para el gran público estaba necesariamente constreñido al género de la novela. Pero el malagueño Juan Jacinto Muñoz Rengel me ha enseñado que este canon se puede trasladar magistralmente al cuento o relato breve, que por el momento es un género exquisito y de minorías en la literatura española, aunque iniciativas como el libro —de borgiano título— De mecánica y alquimia (publicado en Salto de Página) pueden sacar del rincón de los pedantes y de los esnobs y llevarlo a la arena de la gran plaza, para que reciba los aplausos del público. A ver si con ejemplos como el de Muñoz Rengel los editores patrios empiezan a mirar el género chico con otros ojos y no lo arrumban a colecciones segundonas que dan prestigio pero no alimentan (muchas grandes editoriales españolas anuncian expresamente en sus reclamos que no aceptan originales de libros de cuentos, que solo quieren novelas).
»De mecánica y alquimia es una colección de relatos bien trabada y muy compacta y coherente, con enlaces y pasadizos que van de unos textos a otros y generan distintos niveles de lectura. Las historias van avanzando cronológicamente —es decir, que las primeras están ambientadas en tiempos más antiguos que las últimas— y juegan y guiñan al lector que se quiere dejar guiñar y jugar, sin descuidar a ese otro lector que no quiere entrar en complicidades y que solo busca saber “qué pasa”. Hay aromas borgianos, en el sentido de que Muñoz Rengel coquetea con las mismas obsesiones que tenía Borges (el gusto por las historias antiguas, la reinvención de personajes históricos…), hasta el punto de que recuerda terriblemente a ratos La historia universal de la infamia, pero despojada de la pretensión de erudito gamberro del cuentista bonaerense (otras no, otras huele a Ray Bradbury y hasta al Isaac Asimov de Estoy en Puertomarte sin Hilda). Eso es lo que diferencia a Borges de Eco y hasta de Pérez-Reverte (y, obviamente, de Muñoz Rengel): mientras que para el argentino el juego era un fin en sí mismo, para ellos es solo una herramienta para narrar con más eficacia. Para Borges era un divertimento de salón, un pasatiempo de biblioteca para reirse con los filósofos muertos. Para ellos es un mecanismo (nada alquímico) para construir historias sugerentes y evocadoras que seduzcan al lector medio. Borges era un monje que escribía —como bien le retrató Umberto Eco—. Ellos son escritores profesionales a la conquista profesional y metódica del lector.
»Muñoz Rengel consigue trasladar al relato breve las estrategias del llamado best seller culto. No sé si conseguirá cuajar ese modelo, pero creo que hay una pretensión entre los cuentistas jóvenes españoles de abandonar el cubículo de marfil heredado de nuestros mayores y sacar las historias a pasear ante otros públicos. Yo me incluyo parcialmente en esa movida, por eso me he sentido tan cómodo en las páginas de De mecánica y alquimia. Hay que airear las letras y dejar de sacarnos pelusas del ombligo.
»Me gusta especialmente un relato futurista sobre golems en un Londres aparentemente victoriano (muy Tim Burton, si me lo permiten) titulado El sueño del monstruo, y me sonó entrañablemente sugestivo El relojero de Praga, una historia iniciática en varios sentidos. Pero en general los textos aguantan muy bien, hay pocos altibajos en el libro y todos los cuentos mantienen una unidad de tono y altura.
»Si les gustan las novelas de Eco, los crímenes sofistas de Camilleri y algunas pelis de Tim Burton, prueben con este libro y descubrirán que el relato breve no es tan malo ni tan pedante como se lo han pintado.» |
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Sergio del Molino,
De reojo,
22 de enero de 2010
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De mecánica y alquimia, de Muñoz Rengel
«De entre mis manos no se escapa.
»Ha sido la primera frase que he escrito cuando por fin, ahora, tarde, casi con sueño en estos dedos que asían, he rescatado de entre la pila de libros que hay encima del escáner, el último de Muñoz Rengel: De mecánica y alquimia (Salto de página, 2009). No lo he escaneado, me lo he leído. No lo he comprado, me lo han regalado.
»El libro de Rengel consta de 11 cuentos y un escolio final que no se puede leer si no colocas las páginas al trasluz. En mi caso, he usado un flexo amarillo para descubrir el secreto del escolio que acaba con una frase en séver: "Oñeus se ,otser el". Y has de oñear mucho para descubrir su significado. Y sueñas con la expresión y piensas durante unos segundos si el mar que baña Málaga tiene algo que ver en ella. El resto es sueño, la verdad. No te impliques más ni te canses de significarlo.
»No había leído nada de Rengel hasta que me llegó GRATIS (ya lo he dicho, me han regalado el libro) este ejemplar de De mecánica y alquimia. El título parecía una asignatura de 3º de Químicas. Como no había leído nada de él, no podía compararlo con nada de lo que había escrito antes. Sí tenía la referencia de Rengel por RNE puesto que tiene o tenía un programa de literatura en esa emisora. No sigo el programa a pesar de ser un podscatstero excelente. (Por cierto, necesito otra iPod puesto que la que me regalaron hace 5 años ha reventado). Ya está. Bueno, y Rengel es de Málaga y es tres años más joven que yo y le gusta la filosofía y la filosofía elevada al cubo como a un tonto un lápiz y que esto, ahora que lo pienso, se muestra en su obra. Por ahí -no digo dónde que me pegan- han comparado esta obra con el quehacer de Borges. La comparación, desde mi punto de vista, es una pasada de frenada pero ¡coño!, en su derecho están de frenar tarde, ¿verdad? El verbo admirar no es sinónimo de adular, por ahora. Borges fabricaba una literatura excéntrica y Rengel descriptiva, detallista, vocabulariada, intelectual, utópica y fuera del alcance del pueblo llano. Ahí lo llevas. Por esta razón, si perteneces al populacho que sólo sabe leer mierda, no leas De mecánica y alquimia porque no tendrás capacidad para saborearla, porque además, no te vas a enterar de nada, pollo. En Desóxido avisamos, para que no nos tachen de traidores hijos de puta
(somos tres).
»Rengel me ha llevado a anotar para próximas relecturas algún título de Cunqueiro. No sé el porqué me ha recordado a él. Como no lo sé, no lo explico. No quiero mentir a nadie. Cunqueiro es gallego y el gallego, se nos dice de pequeños y nos lo hacen escribir doscientas veces en papel cuadriculado, es oscuro. Los cuentos de Rengel no son oscuros pero sí vericuetados, a veces semejantes a breñas y, o portas machete o...
»Los cuentos de JJ Muñoz Rengel no pasarán de moda porque fueron vacunados contra la erosión que el tiempo literario provoca. Son cuentos esculpidos en la más sólida piedra literaria. Resultan compactos, densos, íntegros.
»De mecánica y alquimia es una obra muy distinta a las que solemos leer (solemos, digo...). Me imaginaba a Rengel como un autor de cuentos de otro tipo al que aquí, en esta obra, se nos muestra. No es un Aldecoa moderno, no, no van por ahí los tiros. Rengel es muy distinto y me he propuesto por ello buscar una segunda referencia para asentarlo en mi memoria lectora. ¿Cuál me recomiendas, Juan Jacinto (Muñoz Rengel)?
»Sin más y esperando su respuesta, reciba un cordial saludo.» |
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Desóxido,
19 de enero de 2010
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Esa cosa extraña, un libro de cuentos
«Un arraigado malentendido, especialmente común en nuestros días, confunde el relato con la anécdota: impulsados por el ejemplo de cierto ruso y de ciertos norteamericanos, manadas de autores que se definen a sí mismos como cuentistas colman estanterías de libros y revistas con conversaciones de bar, reproches sentimentales, conflictos en el matrimonio y autoayuda. Afortunadamente de cuando en cuando, como volcanes submarinos, suben a la superficie antologías de cuentos de verdad: es decir, de historias, de personajes, de cuidados mecanismos de relojería (el tópico es antiguo, pero servicial) donde ninguna pieza ha sido colocada al buen tuntún. La recopilación de Juan Jacinto Muñoz Rengel se titula De mecánica y alquimia, y tampoco ese encabezamiento ha sido confiado al azar. Al mencionar la venerable ciencia de la mecánica está aludiendo, directa o indirectamente, a esas virtudes del ingeniero y el artesano que son precisas para enroscar tornillos, fijar duelas y apretar los remaches, partes integrantes de todo reloj, autómata o relato bien construido; la no menos secular disciplina de la alquimia nos retrotrae a pucheros, brujas y ancianos con gorros en forma de cono sobre las blancas melenas: un aviso de que lo que vamos a encontrar tras la primera página tiene menos que ver con al realidad que con sus bordes más oscuros, ambiguos, literarios, fantásticos.
»Muñoz Rengel rescata en su obra el sabor de los antiguos libros de cuentos: de los que se dicen junto a la hoguera, de los que pueblan las bibliotecas que huelen a bosque. En primer lugar, y de modo aparente, se trata de una selección de once narraciones con los denominadores comunes de la imaginación libresca (abundan las referencias a títulos existentes o no, como el impagable Kitab al-Harraqat o Libro de los instrumentos incendiarios), de la imaginería gótica (demonios y maldiciones en ciudades centroeuropeas), del enigma que un detective ha de ayudar a solventar (viva dicho detective en el Toledo del siglo X o el Londres del XIX), de la perplejidad metafísica. Todos esos rasgos, a los que habría que añadir la presencia agradable y continua de autómatas, bibliotecas, alienígenas, gólems, magos y filósofos, apuntan ya en la dirección de cierta tradición en la que Muñoz Rengel se integra entre los meritorios primeros puestos: la de Lovecraft, la de Borges, la de Perucho y Olgoso, la que hace de la literatura un juego arcano cuyas reglas maestras invitan a la inquietud y la aventura y a una violación continua de las fronteras de nuestro modo de pensar el mundo, así como de la tradición (literaria, filosófica, cultural) que nos ha hecho comprenderlo como tal.
»Pero aparte de florilegio de narraciones, la mecánica y la alquimia de Rengel ofrecen un producto de otro orden. Sin abundar en un detalle de arquitectura (o de mecánica, valga el pleonasmo) cuya explicación el propio autor reserva para las páginas finales, digamos que el orden o la disposición interna de cada relato, que pueden leerse aislados y de por sí, no es aleatoria. Así, el escritor malagueño no se ha contentado con redactar cuentos, lo cual está al alcance de cualquier alumno de taller, sino algo mucho más exigente y extraño, un libro de cuentos: un todo orgánico, recorrido por una intención común, que marca una dirección y un camino. Qué camino es ese ha de descubrirlo el lector en cuanto se interne en la obra: un paseo por un museo de maravillas, atrocidades y atisbos que sólo puede despertar su gratitud.» |
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Luis Manuel Ruiz,
Estado crítico,
18 de enero de 2010
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De mecánica y alquimia
«Síntesis
»Construir un universo personal en el que puedan verse reflejadas las más importantes tradiciones del relato fantástico, sin que a estas alturas suene a pastiche o a broma inane, es toda una declaración de intenciones. este libro, a través de una decena larga de relatos, no sólo lo propone sino que lo logra.
»El autor
»Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974), que lleva años al frente de programas literarios en RNE, no es un autor novel ni el el género cuento ni en el género fantástico. Ha ganado numerosos premios y ha preparado antologías de relatos como Ficción sur (2008) o Perturbaciones (2009).
»Comentario
»Muñoz Rengel no juega en el libro sólo con las diferentes formas que tienen la ciencia y lo desconocido de mezclarse entre sí ¿qué parece la ciencia sino magia cuando es llevada a extremos? o aparecer a lo largo del tiempo, sino que convierte este texto en un escaparate poliédrico de géneros, estructuras y retos.» |
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Paul Viejo,
Público,
16 de enero de 2010
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De mecánica y alquimia
«Desde que cayó en mis manos me sentí cómodo entre su encuadernación, su formato y su portada. Y cual no fue mi sorpresa cuando al ir a la contraportada para indagar al respecto, resultó que la imagen que adorna la portada es de una fotografía tomada por el propio autor. Se trata de un detalle del famoso reloj de Praga que, a la postre, sirve como tema central para uno de los relatos que adornan este libro.
»Y es que De Mecánica y Alquimia es un libro de relatos. De once para ser exactos. Y si hablamos de relatos, especialmente en lengua castellana, este autor malagueño aparecerá por arte de magia en la conversación. Se trata de un gran especialista en este tema, que ha sido ampliamente galardonado y que, salvo paso en falso, es una apuesta segura.
»Dicho esto y para aquellos no habituados a este tipo de lecturas, daré un aviso a navegantes. Cada capítulo te puede transportar en el tiempo, otras veces en el espacio, y las más de las veces, ambas cosas al mismo tiempo. Y este libro no es una excepción. Aunque tiene cierta peculiaridad que lo distingue de otros libros de relatos: existe un puente entre las historias; una pieza de puzzle que quitas de aquí y encaja perfectamente un poco más allá para conformar un conjunto sólido.
»Pero vayamos al contenido. De Mecánica y Alquimia recorre leyendas e historias más o menos conocidas, infundiéndoles nueva vida. Es el caso de El Libro de los Instrumentos Incendiarios, donde el autor nos lleva al Toledo musulmán para investigar unas misteriosas desapariciones. O la leyenda del maestro Hanus de Raze, que nos transporta a la concepción y construcción del magnífico reloj de Praga.
»De ahí en adelante, las historias se van salpicado de elementos oníricos, que dan al escritor la flexibilidad para construir inquietantes historias como la de la Maldición de los Zweiss, y que a la vez van dotando al libro de un tinte más sombrío.
»Me ha gustado como está escrito, y creo que lo recomendaría, pero no a todo el mundo. Y es así porque al igual que los relatos se suceden y evolucionan en fondo y forma, el lector debe hacer lo mismo. Y eso no es fácil. El lector pasará de un tono simpático a uno inquietante; de relatos históricos y legendarios a otros con tonos surrealistas e incluso futuristas; en otros casos, disfrutará con sus tintes hilarantes. Es el precio a pagar por leer un libro así, donde nunca sabes dónde te transportará el siguiente capítulo. En cualquier caso, un bajo precio cuando se trata de un buen libro.
»Por cierto, me ha encantado el proemio al lector... [...] Haremos como si esta nota nunca hubiese sido escrita ni leída [...]» |
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Francisco Sánchez Cid,
librosyliteratura.es,
16 de diciembre de 2009
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«Los cuentos son para valientes»
«"Esta mañana he estado en las librerías de Paternoster Row. Es apabullante la cantidad de libros que se publican estos días. Cuando uno entra en los pequeños establecimientos de compra y venta de libros, y ve tantos nuevos títulos en los estantes, a la vez que puede oír los talleres de los impresores sin dejar de funcionar en los locales traseros de toda la calle, se pregunta si tiene algún sentido publicar algo más. Añadir otra obra superflua a la ya vastísima suma de las obras publicadas".
»Así comienza "El sueño del monstruo", uno de los once relatos que componen el último libro de Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974). El protagonista del cuento, un escritor frustrado -o adelantado a su época, según el cristal con que se mire-, se hace la misma pregunta que, muy probablemente, ha angustiado cientos de veces a Muñoz Rengel. ¿Merece la pena luchar contra molinos, seguir intentándolo?
»La respuesta se encuentra en De mecánica y alquimia (Salto de Página, 2009), un delicioso libro de relatos fantásticos donde nada es lo que parece. La obra no aspira a competir con los voluminosos "bestsellers" que llenan las librerías de cualquier centro comercial. Pretende, eso sí, agradar a los lectores más intrépidos con la fuerza genuina de sus historias, una sucesión de acontecimientos inquietantes y la brillantez de su prosa.
»Muñoz Rengel, uno de los mayores especialistas e impulsores del relato en España, reúne en esta inteligente obra algunas de sus mejores piezas, unas inéditas y otras reconocidas con los más importantes premios del género breve en nuestra lengua.
»Son historias independientes, pero siguen un orden cronológico y comparten unos elementos comunes, como el mundo mecánico de los artilugios, la delgada línea que separa la vida de la muerte, y la complejidad del ser humano. Todas producen una grata sensación de escalofrío y están sembradas de suspense. El enigma, fiel a la tradición del género fantástico, se desvela en la última línea. O puede que no.
»El mundo inmaterial de los fantasmas está representado con "El faro de las islas de Os Baixos", en el que cuatro intrigantes personajes rompen la monotonía de un solitario farero que sólo existe en las leyendas populares o quizá en la imaginación de uno de los protagonistas. El lector dudará hasta el final de quiénes son realmente los vivos y quiénes los muertos. El relato esconde, además, una sorpresa de contenido sexual que sólo unos pocos lograrán adivinar entre las rocas.
»Otras historias transitan por la crueldad y el sadismo. Como "La maldición de los Zweiss", que narra las atrocidades de unos hermanos condenados por su propio destino que se ensañan con sus parientes y seres queridos. Cuando por fin el bien parece triunfar sobre el mal, el escritor da un giro inesperado al relato que nos sumerge de nuevo en el espanto. "La maldición de los Zweiss" es, según el propio escritor, "el relato más gótico y uno de los que más gustan a quienes han leído el libro". Aunque el favorito del autor es "El sueño del monstruo" por varias razones. Además de contener algunos elementos autobiográficos más o menos evidentes, le sirvió para ganar, por segunda vez en seis años, el prestigioso Concurso Literario La Felguera, dotado con 8.000 euros y que antes sólo un autor había ganado en dos ocasiones desde 1950. Muñoz Rengel confiesa que tardó dos semanas en pergeñar y escribir el relato.
»"El sueño del monstruo" representa el ecuador del libro, que pasa de ambientaciones históricas como el Toledo musulmán o la Bohemia del siglo XV, y de un lenguaje más culto y relevante, a otros relatos futuristas como "Brigada Diógenes" y "Pasajero 1/1" en los que "el lenguaje pesa muy poco y casi no se ve".
»"He estado pensando sobre mis primeras inquietudes literarias, cuando todavía era un adolescente arrebatado, y sobre las últimas. Yo sólo quería escribir algo que tuviera el poder de inflamar a los demás, que pudiera encender el alma de los lectores, escribir un libro que estuviera plagado de instrumentos incendiarios." Así termina "El sueño del monstruo", toda una declaración de intenciones de Muñoz Rengel.
»"El cuento es inhóspito, sólo para lectores valientes, porque requiere mayor concentración que una novela", afirma este admirador de Borges, Kafka y Cortázar, que reclama para el relato "un espacio y un trato de la crítica semejantes, al menos, al de la poesía".» |
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Daniel G. Lifona,
elmundo.es,
16 de noviembre de 2009
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Mundos próximos y distantes
«Conseguir un libro de relatos cohesionado y unitario, pero no reiterativo, una obra fluida que posea, además, unas dimensiones adecuadas tanto en su totalidad como en cada una de sus piezas no resulta nada fácil. Muñoz Rengel, además, posee una mirada y una escritura absolutamente propias, alejadas de los cánones actuales, tan próximos, demasiado próximos, a la recreación de clichés estadounidenses. Muñoz Rengel mira hacia atrás sin olvidar nunca que escribe en 2008, combinando referentes actuales con el más vibrante romanticismo. Nos encontramos, por lo tanto, frente a un libro cuidado, coherente y original y, también frente a un autor valiente, capaz de enfrentarse a la omnipresencia de las derivaciones del realismo sucio, que con su apuesta se está asegurando la permanencia: será leído con igual deleite dentro de veinte o de cien años.
»Posee una enorme capacidad para sorprender, para trasladar al lector hasta mundos radicalmente distintos del suyo que, sin embargo, el lector sigue reconociendo como propios. Introduce anacronismos pero lo hace con tanta sutileza y convicción que no chirrían. Se percibe, por ejemplo, en la utilización de géneros modernos, como el policiaco que abre el libro.
»Su escritura es de gran calidad, independientemente de la mirada y del género que adopta. El estilo y el lenguaje conjugan perfectamente con los espacios elegidos, suntuosos y añejos. Describe con la habilidad, la precisión y la profundidad psicológica de un pintor flamenco: “El cabello le nacía en ángulo pronunciado cerca del entrecejo, permitiendo una frente de apenas un par de arrugas sobre unas abundantes cejas despeinadas. “ No son todo, ni mucho menos, alardes formales, también aparece la denuncia de vicios humanos que, estando presentes siglos atrás, aún permanecen, como el oscurantismo, la tendencia de los poderes fácticos a desvirtuar o esconder los avances más importantes del ser humano.
»Si hubiera que destacar una característica diferenciadora, sería sin duda una imaginación desbordante, que no obstaculiza la verosimilitud. Una imaginación sumamente precisa en sus fabulaciones, capaz de describir mundos muy distintos, desde la Toledo medieval al siglo XIX o entornos apocalípticos, situados en un futuro indeterminado. Para cada uno escoge el registro más adecuado y la distancia, también, más correcta. Tal vez la causa del éxito estribe en la perenne universalidad de los sentimientos más básicos, aquellos que pueden aplicarse a un habitante del Toledo morisco, a un romántico alemán o a un farero gallego. Incluso recrea y homenajea a mitos clásicos, como el golem, emplazándolo en un escenario futurista que no desentona con su desarrollo, y a escritores emblema de la metaliteratura, como Italo Calvino, mediante un relato que podría haber firmado sin desdoro el autor de El Barón Rampante. Algunos cuentos casi perfectos, como “El relojero de Praga”, muestra además de que el título no es arbitrario: hay engendros mecánicos –incluso dibujados- y pruebas alquímicas a lo largo de todo el libro.
»De mecánica y alquimia inquieta por su desasosegante mezcla de elementos antiguos y contemporáneos y por su acercamiento continuo a lo inexplorado, a aquello que existe en nuestro margen desde que el hombre es hombre, aquello a lo que pocas veces y poco autores se atreven a mirar.» |
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Recaredo Veredas,
OtroLunes,
Enero de 2010
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De mecánica y alquimia
«En la nueva generación de cuentistas españoles actuales (la más brillante y saludable de los últimos 25 años), el malagueño Juan Jacinto Muñoz Rengel ocupa un lugar destacado, no sólo como autor, sino también como antólogo (aún disponible en librerías el volumen Perturbaciones, una de las mejores muestras del cuento fantástico español de nuestros días), o como divulgador de obras ajenas a través de su programa literario en RNE. Rengel se fogueó desde muy joven en las trincheras de los certámenes de relato, habitual escuela de muchos cuentistas, y desde su primer libro recopilatorio 88 Mill Lane, mostró con orgullo sus influencias y sus notables credenciales para la ficción de tono fantástico, engrosando la nómina de autores actuales que han roto con el sacrosanto cuento realista español (desde los 50 coleando aún en sus estructuras argumentales, como si el postrero Aldecoa no hubiera vislumbrado ya en “Los pájaros de Baden-Baden” su agotamiento).
»En España no sólo se ha menospreciado durante décadas el género breve, también fue poco prolífico el cuento fantástico (en todas sus vertientes, desde el terror a la ciencia ficción) hasta bien entrados los 80, cuando algunos de los pioneros (Padrós de Palacios, Víctor Mora) y otros ya aceptados hoy como maestros (Pilar Pedraza, Elia Barceló, Merino, el primer Martínez de Pisón) empezaron a ser tomados en serio y a ser leídos por jóvenes escritores. Rengel, sin duda, fue uno de ellos.
»El autor presenta ahora su segundo libro, De mecánica y alquimia, defendiendo de nuevo los ingredientes del cuento clásico. Todo en la cuentística de Rengel rezuma el aire de aquellos relatos con los que la mayoría empezamos a leer y a imaginar mundos fantásticos, misteriosos y sorprendentes (al cabo, los universos de ficción que nos han acabado acompañando para siempre). No encontrará aquí el lector historias urbanas con prosa de motorista gangoso ni una nueva entrega de esos soporíferos relatos de denuncia que parecen urdidos por integrantes de alguna sospechosa ONG. En De mecánica y alquimia el lector se dará de bruces con el cuento puro, con sus posibles puertas por abrir, con sus finales muchas veces sorpresivos, con los más frecuentados (y sin embargo más queridos) elementos de la ficción: monstruos, autómatas, visionarios apocalípticos, inventos maravillosos, libros secretos, la búsqueda de la piedra filosofal, etc. Todo ello narrado con una prosa generosa, llena de inventiva, rica en matices, capaz de enhebrar atmósferas envolventes e inolvidables. Con una cronología ascendente, que va de la Edad Media a nuestros días, y siempre con esa dualidad tan stevensoniana del bien y el mal pivotando sobre los protagonistas, Rengel nos ofrece un trepidante viaje en el tiempo a través de las historias de engendros mecánicos varios y de prácticas alquímicas con las que desde antaño el ser humano quiso retar los límites de la lógica y desafiar sus propios miedos. Poe, Maupassant, Quiroga, Lovecraft, Borges y muchos otros están presentes en este libro, como no podría ser de otro modo. Hay relatos sobresalientes, como “Lapis philosophorum” donde aparece el hijo bastardo de Nostradamus, o “La maldición de los Zweiss”, de resonancias macabras, aparte de otros cuentos notables. En suma, Rengel consigue el difícil reto de revalidar el logro de sus maestros, y, como ellos hicieran antaño, nos devuelve a aquella isla lejana de la imaginación donde pasamos tantas horas felices.» |
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Diego Prado,
Agitadoras,
Enero de 2010
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De mecánica y alquimia
«La secular marginación del género fantástico en las letras españolas se ha venido operando en el mercado editorial a pesar del empuje y la calidad de autores incontestables como José María Merino, Cristina Fernández Cubas o el primer Juan José Millás, que han centrado buena parte de su obra en dotar a las constantes del género de un perfil autóctono y singular en obras de gran altura creativa. Pero es quizá la aproximación personal que vienen haciendo las últimas generaciones de narradores la que ha revitalizado el cuento fantástico y le ha aportado una modernización conceptual muy saludable. En esta nueva camada de autores cabe incluir a Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974), uno de los mejores especialistas en cuento fantástico escrito en castellano de la actualidad, que acaba de presentar De mecánica y alquimia, su segunda colección de narraciones breves.
»Un primer análisis de los modos creativos de Rengel nos hace entroncar su prosa en esa feliz tradición de escritores hispanoamericanos que concebían la Literatura como una conjunción exquisita de fondo y forma, cuidando los aspectos estilísticos mediante una escritura precisa y bella, esa línea que parte de Macedonio Fernández, encuentra continuidad en Felisberto Hernández, Arreola, Borges o Cortázar y nutre hoy a algunos de los nuevos creadores de la perturbación fantástica. Los cuentos de Juan Jacinto están construidos, además, con un estilo orgánico, meticuloso y rico en matices idiomáticos infrecuente, por desgracia, en gran parte de las creaciones literarias españolas de hoy, más preocupadas en el alcance masivo de las obras que por el enriquecimiento de la lengua. Estamos, pues, ante un delicado tejedor de palabras que evita la pirotecnia vana para adecuar el virtuosismo a las historias que cuenta.
»Si su primera obra, 88 Mill Lane, asumía de manera consciente el acervo borgiano (tratamiento de las especulaciones espacio-temporales, la identidad, los mundos que se autocontienen…), en De mecánica y alquimia el abanico de temáticas y enfoques se multiplica para mostrar una panorámica amplia (del género negro al cuento de terror, de la literatura especulativa al fantástico clásico, de la protoficción al posibilismo futurista) que renueva géneros y subgéneros al hibridarlos en una concepción fractal que aporta a su obra una naturaleza mutante donde cada parte modifica el conjunto a través de una sutilísima red de interconexiones temáticas e intelectuales.
»En este sentido, la arquitectura de la obra remite, conscientemente, a un orden cronológico que otorgue unidad a sus intenciones narrativas y un alcance conceptual que no es otra cosa que una reinterpretación de la Historia desde el punto de vista de la tradición filosófica y el desarrollo del conocimiento. Así, la alquimia, como protociencia medieval que aúna la química, la mecánica, la brujería o el mito, es aquí el vehículo que permite hilar cada cuento con el resto para conformar un corpus teórico sin salir de los límites fabuladores del género fantástico: la evolución dialéctica de la civilización desde la imagen mitológica o supersticiosa del mundo hasta la progresiva sustitución que en ésta se opera a través de la mecánica y las utopías que procura la ciencia.
»El cuento que abre el volumen, "El libro de los instrumentos incendiarios", ambientado en la taifa del Toledo musulmán del siglo XI ilustra esta concepción evolutiva. En una trama policíaca que lleva al jefe de policía de Toledo a investigar la desaparición del escriba del rey y los misteriosos incendios que asolan esporádicamente la ciudad para desentrañar toda una trama conspirativa alrededor de un libro avanzado para su época que permite la destrucción a través del poder lumínico de las lentes, Muñoz Rengel traza con mano maestra y en un admirable crescendo de tensión esa lucha entre el logos y la creencia supersticiosa, entre lo sobrenatural y la metodología empírica que alumbra los procesos de cambio histórico. Esta misma concepción que pretende desarticular el mito y las tradiciones populares en pos de la verdad de la lógica se hace también palpable en la deliciosa fábula medieval de "El relojero de Praga", donde la construcción del reloj astronómico y la naturaleza misteriosa de su creador son refutadas por el azar de una revelación inopinada y sorprendente.
»Lo hermético y lo misterioso (lo alquímico, en definitiva) sirven al autor como vertebraciones de un mundo de secretos que laten bajo la superficie regular de la verdad aceptada. Es aquí donde Muñoz Rengel se muestra un como un sensacional tahúr: en una mano porta la realidad demostrable (empírica) y en otra corrientes subterráneas que no podemos ver pero sí intuir; en un rápido movimiento son ambas intercambiadas y queda trastocado el orden que creíamos establecido: sustituye la realidad palpable por la verdad soñada o fabulada, buscando las fronteras de confusión entre Historia y mitología, como en una pintura de Escher, donde desconocemos si es lo pintado o el observador el que recrea lo imposible. "Lapis philosophorum" es ejemplar al respecto, al mostrarnos a ese inédito descendiente de Nostradamus, que en su simplicidad de ayudante del alquimista Alexandre de Arnim en la Provenza monacal del siglo XVI se revela finalmente como un anticipador involuntario de aterradoras visiones de la Segunda Guerra Mundial y del fin de los días, atestiguando así la tesis de que la búsqueda de claves explicativas del mundo puede llegar a desmontar la concepción de progreso que cada época construye alrededor de su limitadísimo entramado de ideas y técnica. Aquí, la hipótesis de Rengel alcanza valores de desaliento: todo lo que hoy es progreso, mañana será ceniza arcaizante. Los cuentos se disponen, entonces, al igual que la ciencia y el pensamiento, como capas sucesivas y remanentes de una certeza que no será nunca desvelada del todo: el concepto de verdad es un artificio y un proceso que requiere devastaciones de lo existente para volver a levantar sobre la nada nuevos edificios intelectuales que serán más tarde cascotes efímeros.
»La precisa fusión de la fabulación pura y la especulación filosófica o metafísica dota a De mecánica y alquimia de una singular naturaleza moralista (que no moralizante) cercana a las compilaciones medievales (pienso en las narraciones de Bocaccio, en el infierno de Dante o las fábulas alquímicas de Nicolás Flamel, George Ripley o el teólogo Johann Valentin Andrae). Su inteligente construcción permite integrar en armonía lo narrado y lo expositivo. Por ello, no chirría en estos cuentos la inclusión de motivos alegóricos de la cultura europea entre lo espiritual (la piedra filosofal, el gólem, el libro como objeto revelador) y el progreso cimentado en el abandono de lo etéreo por el sustituto mecánico (la clepsidra, el reloj astronómico, el autómata), dando a la obra un tono multiforme resuelto con magistral control de los recursos intelectuales, expresivos y temáticos. En este sentido, resulta paradigmática una narración como "La maldición de los Zweiss", cuya alegoría de los principios gestores del mal (entre el innatismo y la influencia morbosa de los agentes externos, sobrenaturales o no) remite a obras como La mandrágora, de Hans Heinz Ewers, o más recientemente Tres bosquejos del mal, de Jorge Volpi, rayando en un sadismo de enorme fuerza expresiva, al modo de un cuadro de El Bosco o Brueghel o una gárgola gótica alzada y expectante. También el bellísimo "El faro de las islas de Os baixos", donde lo espectral y lo real se funden en la figura de ese farero solitario y sus visitantes intempestivos que remiten a las obras de Algernon Blackwood o los cuentos victorianos de fantasmas, ambigüedad estupendamente resuelta mediante la sutileza matizada del tono y los espacios mudos que trazan las elipsis narrativas.
»Pero en este crescendo histórico y narrativo son dos los relatos capitales que sirven a modo de bisagra en la obra: "El sueño del monstruo" y "Res cogitans". El primero recurre a la figura romántica del escritor victoriano casi ágrafo, de raíz bartlebyana que, sin embargo, intuye y anticipa como suyas obras de autores venideros (Verne, Wells, Borges) pero no consigue materializar en su propia escritura, aludiendo al carácter inconsciente del artista como crisol de ideas del pasado y anticipador de lo venidero, remitiendo también a esa concepción de la Historia que Rengel traza como un fractal donde el eterno retorno se cumple tanto en lo pretérito como en aquellas realidades que pertenecen a un futuro aún no perfilado. "Res cogitans", por su parte, es todo un tratado o compendio de la dialéctica filosófica que entablan las principales corrientes del pensamiento occidental (el racionalismo cartesiano, el panteísmo de Spinoza o el idealismo de Hegel y Kant) representadas por la caja negra que simboliza el pensamiento puro, el gólem y el autómata. Este proceso donde el logos y lo ancestral entran en colisión nos llevará finalmente a los cuentos que cierran el libro ("Brigada Diógenes" y "Pasajero1/1") que prefiguran anticipaciones de mundos futuros (la asepsia definitiva de los basureros de un planeta donde no cabe la decadencia ni los vestigios de un pasado en ruinas que nadie quiere mantener vivo, o la posibilidad final de la reconstrucción de un mundo devastado que deberá realizarse a través de la inteligencia artificial que sólo el aliento humano creador puede despertar), dentro no ya de refutaciones de lo histórico sino de un posibilismo distópico.
»Los personajes de los once cuentos incluidos en De mecánica y alquimia parecen buscar verdades de carácter universal (Dios, la piedra filosofal, la resolución de un misterio especulativo o de las posibilidades de un porvenir que se anticipa incierto…) que justifiquen su vida y aplaquen sus dudas y temores, luchando así lógica y creencia, materia e idea, hombre y máquina… En esta tensión dialéctica que deberá resolverse en la mente y el discernimiento del lector, Muñoz Rengel nos muestra una obra rotunda, que crece a cada lectura gracias a la belleza incontestable de unas historias desbordantes de imaginación y de hondura intelectual. De mecánica y alquimia es, en definitiva, una joya literaria que pretende por igual mover nuestra materia pensante tanto como los músculos de nuestra cara en una sonrisa de satisfacción por los fabulosos momentos lectores que nos regalará (ayer, hoy, mañana) esta obra imprescindible.» |
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Miguel Ángel Zapata,
comentariosdelibros.com,
Noviembre de 2009
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De mecánica y alquimia (Juan Jacinto Muñoz Rengel)
«Imaginad que os encanta el salmón, que es una de esas cosas que nunca os cansáis de comer, y que un día entráis en un restaurante y os ponen delante varios platos para que degustéis el salmón preparado de varias formas diferentes, desde aquella receta antigua de hace varios siglos hasta las más modernas de la nouvelle cuisine. Bueno, pues eso es exactamente lo que me ha ocurrido a mí con este libro. Me gusta leer relatos, eso no es una novedad. Me gusta, además, muy especialmente, el relato fantástico y Muñoz Rengel hace en este libro un repaso por el género fantástico y también la ciencia-ficción, nos lleva desde la Edad Media hasta un futuro extremadamente tecnológico, desde la alquimia a la mecánica, desde el gólem hasta el autómata a través de un hilo conductor común, que es el hombre como modificador del entorno.
»Ya desde el principio se nos recomienda que leamos los relatos en el orden en el que están en el libro y creo que es la mejor opción. Los cuatro primeros ("El libro de los instrumentos incendiarios", "El relojero de Praga", "Lapis philosophorum" y "La maldición de los Zweiss") se desarrollan en el medievo y, como el propio autor reconoce en la entrevista que le ha hecho Miguel Ángel Muñoz, no sólo la historia transcurre en esa época sino que el propio lenguaje crea la ilusión de antigüedad, sin ser exactamente castellano medieval. Son relatos oscuros, laberínticos, donde los personajes se enfrentan al temor a lo desconocido y al asombro ante determinado tipo de descubrimientos. El hombre, como manipulador de todo lo que le rodea, es al mismo tiempo un sujeto asombrado ante tales descubrimientos y temeroso de ellos. Este primer grupo de relatos es mi favorito del libro, muy especialmente esa joya titulada "Lapis philosophorum" y sus pasajes alquímicos y visionarios en un monasterio medieval.
»Los siguientes relatos ("El pescador de esponjas", "El faro de las islas de Os Baixos", "El sueño del monstruo" y "Res cogitans") son más cercanos en el tiempo. Se nota que el lenguaje se va descargando de toda la densidad medieval de los primeros relatos del libro. Quizás el que menos me guste, el que menos haya logrado introducirme dentro de la ficción, sea "El faro de las islas de Baixos", cuya historia no llegó a despertarme el interés por saber qué iba a ocurrir con la protagonista femenina, no así con el farero, un personaje logrado y muy interesante. La maravilla de este grupo es, en mi opinión, "El sueño del monstruo". Leyendo este relato me pasaron cientos de imágenes por la cabeza, desde Sebastien y sus amigos-muñecos (Blade Runner) hasta Poe o Lovecraft, pues eran estas las caras que tenía por momentos ese escritor incomprendido y adelantado a su tiempo que protagoniza esta historia.
»El último grupo de relatos ("Te inventé y me mataste", "Brigada Diógenes" y "Pasajero 1/1") son futuristas en su mayoría y tratan el tema del hombre como creador de un ser semejante a él y también del hombre como un ser destinado a desaparecer. Historias de gólems y autómatas. Creaciones perfectas o imperfectas, imitaciones de sus creadores que sirven para paliar la soledad de los humanos, para descargar sus frustraciones o para hacerles la vida más fácil. Si en Frankenstein de Mary Shelley no dejaba de preguntarme sobre la responsabilidad del creador y la dimensión de lo creado, aquí me ocurre exactamente lo mismo, no en vano son historias de nuevos Prometeos. Da igual si nos vamos al pasado y hablamos de seres creados a partir del barro por procedimientos mágicos o si vamos al futuro y encontramos mecanismos complejos con forma humanoide, el hombre nunca deja de soñar con la creación de un ser hecho a su imagen y semejanza, mejor en muchos aspectos y con grandes carencias en otros. Y pienso entonces, al leer estos relatos, en ese otro libro de relatos que es La Biblia, en el Antiguo Testamento, en el Génesis, en el Paraíso, en Dios castigando a Adán y Eva por comer del árbol de la ciencia, y me pregunto si no será este el antecedente más remoto (al menos el antecedente escrito más remoto) de los relatos que nos ocupan, si no serán aquellos judíos de milenios atrás quienes hayan inventando la literatura fantástica.
»Para terminar, diré que como creo que hay pocas cosas nuevas bajo el sol, no seré yo quien achaque como algo negativo el hecho de que estos relatos beban de fuentes y temáticas de sobra conocidas. Me gusta el homenaje manifiesto que hay a determinadas corrientes del género, a autores y a obras. La mayoría de estos relatos me embelesaron desde la primera palabra y es que el autor sabe construir un relato de esqueleto sólido y logra utilizar un lenguaje preciosista y una gran abundancia de datos históricos o técnicos sin hacer que resulte cargado o excesivo. Sabe hacer, en definitiva, que sus historias nos mantengan sin pestañear.» |
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Marta María López,
El desván de los libros,
15 de noviembre de 2009
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De mecánica y alquimia, de Juan Jacinto Muñoz Rengel
«Intro.
»Decir que Juan Jacinto Muñoz Rengel es un especialista en el cuento sería obvio para muchos de los seguidores de RdL, pues conocerán de sobra su trabajo. Decir, además, que domina las técnicas clásicas y que aplica la teoría con rigor científico para lograr su propósito (el propósito de cualquier cuentista: sorprender al lector, conmocionarlo, crearle una realidad paralela de la que le sea difícil salir, alterar su normalidad, cambiar su mundo de tal manera que éste no sea el mismo después de haber leído el cuento), es también una obviedad; añadir, además, que es heredero (Borges, Bioy Casares) y trasmisor (algunos de sus alumnos del taller Fuentetaja y muchos de sus admiradores en todo el mundo) de lo mejor que en cuento fantástico podemos llevarnos a los ojos es asumir una verdad.
»Tras este reconocimiento a una sapiencia, comenzaré la reseña de este libro por el final: deben leerlo, es imprescindible tanto si les apasiona el cuento fantástico como si se apegan a la realidad, deben leerlo si les gusta sumergirse en atmósferas inquietantes, si buscan el simple entretenimiento, la evasión de lo cotidiano, si encuentran placer en los juegos narrativos que dan qué pensar. En cualquier caso, deben leerlo, porque les aseguro que este volumen de cuentos no les defraudará.
I.
»El proyecto literario que nos ofrece Juan Jacinto Muñoz Rengel no tiene equivalencia entre lo publicado en los últimos veinticinco años. No encontraran una propuesta tan armada de artificios y juegos, tan profunda, tan ambiciosa, tan inmortal.
»Los cuentos fantásticos que conforman De mecánica y alquimia trasportarán al lector a mundos lejanos o inexistentes y les provocarán paradojas que se le van formulando en su mente según avanza la lectura. Y cada una de ellas en su momento. Qué gran conquista ésta, que independientemente del bagaje cultural del lector o de su práctica literaria, cada uno verá formulada su paradoja en el momento preciso. Porque ese es uno de los secretos que esconde este volumen de cuentos: han sido elaborados con infinidad de formulas para lograr llegar a todos.
»El dominio de la maquinaria en su construcción, el tono narrativo empleado, los giros en las tramas y lo oculto (pero revelado); los principios y finales óptimos, que tensionan la atención del lector, hacen que el interés prenda en él como un fuego ambicioso que no parará hasta arrasar su mente. No en vano, muchos de estos cuentos han obtenido premios literarios de relevancia.
»La atmosfera especial que emana de cada uno de los cuentos de este volumen (la típica atmósfera de cuento), la propuesta de innumerables mecanismos lúdicos al lector, la densidad que desprenden cada uno de ellos ( acumulativa, cuanto a cuento, como después explicaré), su contenido abismal en cuanto a pretensión literaria, y, atención, la vinculación de unos con otros de tal forma que la lectura lineal de los cuentos es casi obligatoria, hacen que la propuesta de Juan Jacinto Muñoz Rengel sea meritoria sólo por ello, por la causa, aunque no hubiese logrado el efecto deseado en el lector (que es muy poco probable).
»Este libro se ha fraguado durante años, la vinculación de un relato con el siguiente (existe una ordenación temporal de los mismos) en forma de trama añadida, la utilización de instrumentos de decantación de humores, habrá obligado una y otra vez a Juan Jacinto Muñoz Rengel a la reescritura de los cuentos sin hacerles perder “naturalidad”.
»Ese es el secreto de su alquimia: el lector disfrutará de la lectura y se preguntará cómo es posible. El lector admirará a Juan Jacinto Muñoz Rengel por su genialidad, por su chispa creativa. Sin embargo no sabe que para conseguir sorprenderle, cautivarlo, el autor estuvo tres años buscando el párrafo clave de la historia o aquella palabra demoledora que causó su nocaut.
II.
»De mecánica y alquimia pretende mostrar la trasformación del mundo a través de los elementos mecánicos y químicos. La materia y la psique, cuerpo y alma, involucrados en el proyecto de la evolución. Desde el Toledo musulmán hasta nuestros días la ambición del hombre siempre ha sido la misma: obtener aquello que desea y no pagar un alto precio por ello. En diversas etapas en ese recorrido histórico se detiene Juan Jacinto Muñoz Rengel, mostrando las trasformaciones de ese mundo en cada época. Pero esas trasformaciones son una metáfora porque en realidad siempre ocurren. Ocurren con la muerte (se pasa del estado “vivo” al estado “muerto”), y ocurren cuando un personaje humano se trasforma en un pez o se humaniza un robot o cobra vida un pedazo de barro. Y estos son ejemplos de los personajes que pueblan estos cuentos: robots, golems, fantasmas, objetos inanimados que comienzan a hablar.
»El libro conforma un puzzle en todos los sentidos (fondo y forma) y cada relato se acumula en el siguiente, hilvanándose, añadiendo valor al conjunto. Lo repito, ya sé, pero es que es muy importante para entender el alcance de este proyecto narrativo.
»El primero de los cuentos "El libro de los instrumentos incendiarios" obligó al camarero que me servía el desayuno a calentarme dos veces el café porque me sumergía tanto en el ambiente de cuento, en ese Toledo musulmán de sabios astrónomos y de constructores de máquinas del futuro, que lograba abstraerme de la realidad. En el cuento ya se utilizan casi todas las armas narrativas de Juan Jacinto Muñoz Rengel, logrando la atmósfera ideal y proponiéndonos infinidad de juegos y lecturas.
»El siguiente cuento, "El relojero de Praga", muestra al menos dos (quizá en ulteriores lecturas descubra alguno más, porque les aseguro que este volumen de cuentos esconde muchísimos secretos), al menos, decía, dos hilos de seda casi imperceptibles que lo unen al primero, siendo consecutivo en el tiempo (ya dije que los cuentos están ordenados cronológicamente) volviendo a crear atmósfera de cuento legendario, clásico, inmortal. La historia no tiene desperdicio y todos aquellos que hayan visitado Praga y hayan estado frente a las esferas doradas del reloj, sentirán un estremecimiento helador.
»Lo mismo ocurre con el siguiente cuento, con "Lapis philosophorum". Juan Jacinto Muñoz Rengel nos introduce en una abadía medieval en la Provenza y nos presenta al hijo de Nostradamus. Hijo que hereda los poderes proféticos de su padre a pesar de sus impedimentos y que luchará contra su maestro, un monje que busca la Piedra Filosofal y que será consumido por su ambición.
»Y así cuento tras cuento, situando la acción en algún lugar de Europa y en momentos consecutivos de la Historia. Sagas malditas, juegos de muerte, historias cada vez más fantásticas. La evolución por la trasformación del mundo, el cambio a través de elementos mecánicos y químicos.
Epílogo.
»Hay un cuento clave en este volumen. Se trata de "El sueño del monstruo". La historia es clásica, sobre todo para muchos de nosotros, los cuentistas que no publicamos porque parece ser que a nadie le importa lo más mínimo lo que tenemos que decir. El personaje principal es un escritor y la acción se sitúa en Londres mediado el siglo XIX. Nuestro escritor no logra publicar, pero su mente no deja de trasladarle historias que escribir. Son historias descabelladas, con personajes imposibles. Se nos presentan intercaladas entre frazadas de la realidad cotidiana y aburrida de ese personaje escritor. Quién sabe si no es este escritor “fracasado”, que acaba tragado por el mundo de la ficción, el personaje que, a modo de delegación cervantina en Cidi Hamete Benengeli, ha escrito los cuentos que conforman este volumen.
»Vale.» |
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Esteban Gutiérrez Gómez,
Revista de Letras,
7 de noviembre de 2009
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Relatos: Un placer adulto
«Para muchos, el cuento aún equivale a ese gesto que precede, en las buenas noches infantiles, al beso de la madre. Aunque nada más lejos, regodeémonos al confundir historias, noche y calor; permanezcamos en el placer adulto de la manta y la ficción mezclada con el sueño. En esa vigilia se desenvuelven los relatos de Juan Jacinto Muñoz Rengel. El lector señala con el dedo: más allá de la alquimia y el tiempo, Borges. La erudición y las fechas y los apellidos impronunciables, y la prosa que avanza firme y majestuosa, demorada en los hallazgos. El lector señala Borges, entonces, pero el lector pronunciará también Muñoz Rengel. Con el mimbre argentino, el autor —cuentista premiadísimo, crítico y antólogo, todavía reciente Perturbaciones, su muestra de narrativa fantástica española— entreteje once relatos fantásticos en ambas acepciones: tirando del hilo de la edad, desde el Toledo del siglo IX hasta nuestro futuro, nos transporta a Praga, Provenza, Baviera, Grecia, Londres, "el vagón de un ferrocarril transeuropeo", Nueva York o Venecia, e incluso reviste las islas Cíes de misterio y exotismo. "Entre los relatos se levantan unos puentes de conexión que, de alguna forma, contribuyen a una lenta acumulación de significado. (…) Los consejos y advertencias, en la mayoría de los casos, provocan en sus destinatarios el efecto contrario al deseado. Así pues, me abstendré aquí de aconsejar o advertir nada en absoluto. Y haremos como si esta nota nunca hubiera sido escrita ni leída", se avisa en el proemio. Lo mejor: narre lo que narre, Muñoz Rengel atrapa, nos señala con el dedo.» |
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Elena Medel,
Calle 20,
Noviembre de 2009
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De mecánica y alquimia
«Es imposible leer De mecánica y alquimia sin que algunos nombres se vengan a la mente: Borges, principalmente, pero también algunos escritores más actuales como Ángel Olgoso o Miguel Ángel Zapata. Nombres que tienen en común con Juan Jacinto Muñoz Rengel la imaginación desbordante, la fantasía entreverada con la historia y el gusto por la prosa refinada y exquisita.
»No sería justo ocultar el hecho de que algunos relatos de este libro pueden provocar reminiscencias en nuestra memoria literaria; esto no constituye un demérito en sí mismo, claro está, pero sí condiciona la forma de leer unos textos que utilizan recursos (estilísticos y temáticos) ya explotados con anterioridad por muchísimos autores: figuras como la del Golem, leyendas sobre fantasmas o tramas ambientadas en otros tiempos —bien sea en futuros apocalípticos, bien en la Toledo dominada por los árabes allá por el siglo XI— son elementos recurrentes en los cuentos que conforman De mecánica y alquimia. Con todo, Muñoz Rengel tiene ese genio de los grandes autores que le hace diferente, especial: aunque las historias nos resulten conocidas, aunque los ambientes nos parezcan familiares, los textos se engarzan con una gracia única, una suerte de chispa literaria que hace de cada pieza una majestuosa muestra de talento, imaginación y sabiduría.
»Ya el título del volumen nos indica la relación que se establece entre los relatos y el hilo conductor que los atravesará: un hilo sutil que aúna la repetición de temas con la aparición recurrente de motivos concretos, dando así forma a un libro de relatos con una unidad mucho más sólida de lo que cabría esperar (ya que incluso la progresión temporal de las piezas a lo largo de la obra sigue un esquema lineal, comenzando en el siglo XI con “El libro de los instrumentos incendiarios” para concluir, con el relato “Pasajero 1/1”, en un hipotético futuro en el que la raza humana se ve abocada a su desaparición). Un hecho que hace de esta lectura una aventura en sí misma, una inmersión refrescante en el fantástico universo de Muñoz Rengel.
»Este mundo narrativo es, además, una creación impecable. El estilo del autor es preciosista, aunque sin abrumar, elegante y puntilloso; en cada relato se pueden rastrear pistas, homenajes y sugerencias que crean una obra cuyos entresijos son tan deliciosos como la superficie literal que ofrece. Cuentos como “Res cogitans”, con una irónica visión de diferentes posturas filosóficas (mediante un retrato divertido y hermoso de sus respectivos valedores), o “Brigada Diógenes”, que ofrece un retrato de nuestra despiadada sociedad moderna (y que a uno le recordó —tal vez de forma peregrina— a Fahrenheit 451), son textos con lecturas que ahondan en los temas que proponen y que no se quedan en la mera superficie fantástica o especulativa. El punto fuerte de De mecánica y alquimia es que, más allá de tratar temas fabulosos o quiméricos, presenta unas narraciones inteligentes que espolean al lector y le hacen trabajar, pensar, recordar; la lectura se convierte en un recorrido en el que el escritor nos demanda no sólo complicidad (qué menos), sino responsabilidad: hay que intentar saber de quién habla el autor, a quién cita, qué muestra o a qué alude para que cada relato pueda darnos todo lo que contiene. Podría relacionarse con la erudición que Borges volcaba en sus cuentos, pero lo que Muñoz Rengel hace es menos pedante y más jugoso.
»De mecánica y alquimia es un libro maravilloso, que juega tanto con la imaginación como con la inteligencia del lector, algo bastante insólito en la narrativa breve de los últimos años. El único punto flaco que podríamos achacarle sería el de anclarse en unos esquemas fantásticos que han sido más que explotados, aunque está claro que ése es el terreno en el que su autor se mueve como pez en el agua. No obstante, relatos como “Lapis philosophorum”, “El faro de las islas de Os Baixos” o “El sueño del monstruo” (impresionante ejercicio literario; merece la pena leer el libro sólo por paladear este texto) dan buena cuenta del talento de Muñoz Rengel como escritor y cuentista en particular. Si no lo han leído, ya están perdiendo el tiempo.» |
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Emiliano Molina,
Solodelibros,
21 de octubre de 2009
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