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reseñas y críticas Deudas vencidas
Deudas vencidos

«Recaredo Veredas (Madrid, 1970) ha publicado con anterioridad dos libros de relatos (Pendiente y Actos imperdonables) y un poemario (Nadar en agua helada) antes de dar a conocer su primera novela. Es un habitual del reseñismo literario, tanto en medios de tradición como en la red, donde ha fundado y dirigido diversas publicaciones culturales. Es, además, licenciado en Derecho, como Osmundo, el protagonista de esta historia, con quien ignoro si comparte algún otro rasgo de personalidad, aunque entiendo que ambos deben de tener en común preocupaciones y desengaños.

»Recaredo Veredas ha puesto un espejo ante la sociedad actual y ha escrito una novela para mostrar los resultados. Claro está que los espejos no devuelven a todos la misma imagen: todo depende del ángulo, del punto de vista, de las particularidades de la visión del observador. La mirada de Veredas recae aquí sobre aquella parte de la sociedad que más le concierne. Por aquí pasean, y nunca salen indemnes, las izquierdas más supuestamente puristas, los que deben lidiar a diario con la legalidad o los nacidos en los setenta, una generación que tal vez logró ponerse a salvo en el último minuto, pero no salir ilesa de los efectos de crisis.

»Porque Deudas vencidas es, claro está, otra novela acerca de la crisis y sus consecuencias, un eje temático que está llenando las librerías del mismo modo que llena nuestras vidas. El protagonista es un cobrador de morosos hipocondríaco al que la hecatombe financiera ha puesto entre la espada y la pared. Por eso decide contratar a un matón ruso para que persiga a sus clientes más difíciles. No está bien, pero siempre encuentra un modo de justificarlo. Sobre todo, cuando comienzan a cuadrar sus cuentas. Entonces puede dedicar energías a sus otras dos preocupaciones: su carrera literaria y las infidelidades de su mujer. Todo sin dejar de autoconvencerse de que él es un mirlo blanco en una sociedad donde todo rezuma corrupción y podredumbre.

»Se agradece mucho que Recaredo Veredas haya ido un poco más allá. No le interesan sólo las consecuencias de la crisis económica y financiera, sino las de la crisis moral que estamos padeciendo. Su mirada es cínica, en ocasiones sórdida, profundamente pesimista, desengañada. Todos nos sentimos un poco Osmundo, al leerle. Todos sabemos que el mundo está repleto de gente como él. Y que tal vez somos uno más.»

Care Santos, El Cultural, septiembre de 2014
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«Se hacen muchas novelas sobre la crisis, de la crisis y contra la crisis, pero apenas una que otra supera su propio estado crítico, una bancarrota narrativa, unas intenciones a la baja y como de saldo de comercio chino al por mayor. Una gran mierda, las novelas sobre la crisis, caballos ganadores de carreras que no se dan, confundidoras, como llevamos años diciendo, de las buenas intenciones de la literatura con la literatura de calidad.

»Todos estamos hasta los cojones de los bancos y de los políticos y de la pobreza del hombre medio, pero ese hartazgo no se repara hartándose también de la literatura, vuelta cendal de oportunismos y velo del no tengo nada que decir.

»Pues va Recaredo Veredas, uno que pasaba, uno que despacha e incoa, y hace la novela buena sobre la crisis, sobre el día de hoy de las transacciones de la humillación. Deudas vencidas es apenas una voz y la trama nos da lo mismo desde el minuto uno, cuando se pita el comienzo del partido de partirse las piernas, partisanos. El prota de esto es abogado o cobrador de morosos, si es que hay alguna diferencia entre la abogacía y la exacción, y odia, por este orden, el mundo, a su mujer, a sus amigos progres, a sí mismo y los billetes de 500 euros, objeto principal de su caza diaria.

»Su sueño, explicitado, es que el mundo entero sea destruido, ya por el mismísimo apocalipsis, ya por la explosión del sol. Y piensa mucho en la muerte, en tener 40 los tacos, en morirse de cáncer o de infarto, en las putas y en la infidelidad, en tener hijos o qué. Todo pensado, además, a tumba abierta, desconsoladamente, sin remisión ni control remoto moral.

»A su manera —es decir: sin más—, Deudas vencidas es La flaqueza del bolchevique de nuestra década, esto es, la novela del que sabe de altas finanzas y de bajas pasiones crematísticas, pues ha cargado durante años el pesado fardo de una nómina luminosa y también el de la ambición hiriente de todo el que le rodea. Simplemente, en Deudas vencidas hay verdad y testimonio, y no casuísticas inmateriales y pueriles; panfleto no.

»Los pasajes dedicados a esos supuestos izquierdistas millonarios e hipócritas, ay, qué gusto me dieron, qué.»

Alberto Olmos, Lector malherido, abril de 2014
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Descenso al infierno

«Autor de los libros de relatos Pendiente y Actos imperdonables y del poemario Nadar en agua helada, del ensayo Cómo escribir un relato y publicarlo, y colaborador de varios medios, Recaredo Veredas (Madrid, 1970) da el salto a la novela con Deudas vencidas, y lo hace con buen pie en una narración que se ambienta en el no precisamente feliz momento que atraviesa nuestro país, con una crisis no sólo material sino también de valores.

»Escrita a modo de diario la voz narradora es la de un recobrador de morosos con veleidades literarias y perteneciente a un grupo de intelectuales que se da cuenta de que el líder del grupo y su mujer le están engañando. Al recobrador le resulta cada vez más complicado llevar a cabo su trabajo. De ahí que se le ocurra la desgraciada idea de contratar los servicios de un matón ruso para que le ayude. Esta decisión y las circunstancias que van rodeando su vida le harán descender a los infiernos y a una absoluta soledad. Recaredo Veredas nos propone una exploración en los turbios y complejos territorios de la culpa, la ira y la autodestrucción, no exenta de un descarnado humor.»

Carmen R. Santos, ABC Cultural, enero de 2014
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Deudas vencidas, diario de un recobrador de morosos

»Mafia rusa, capitalismo salvaje, frustraciones y relaciones caducas confluyen en la primera novela de Recaredo Veredas, directa a la yugular.

»Recaredo Veredas (Madrid, 1970) tras publicar un ensayo (Cómo escribir un relato y publicarlo, por la editorial Dilema), dos libros de relatos (Pendiente, por la editorial Dilema y Actos imperdonables, por Bartleby Editores) y un poemario (Nadar en agua helada, por Bartleby), se atreve en ésta, su primera novela, a tambalear sin ningún tipo de miramiento la moralidad y los principios de la persona que se aventure a recorrer las páginas de Deudas vencidas (Salto de Página).

»Para ello, y en formato diario, recurre al personaje principal de su obra: un abogado que ve en el cobro a morosos la oportunidad de recuperar su estatus de intelectual de izquierdas comprometido y futuro escritor, torturado por la fina línea que separa los límites de la legalidad de sus actos y obligado equilibrista en una relación que lleva años rota, mantenida únicamente por la dependencia que da el dinero y la colectividad.

»Si me permiten, reconoceré que no se trata de una lectura fácil, más bien comporta serios riesgos e interrogantes morales: la destreza de Veredas en esta novela consigue que el lector asuma las complicidades, los miedos y los fracasos de un protagonista que en cualquier otro espacio diario, no nos transmitiría simpatía alguna. Ello implica una voluntariedad como lector para hacer un ejercicio en el que se ponen a pie de cañón ciertos privilegios de clase y roles de poder, así como la sinergia del capitalismo y los triángulos amorosos.

»A pesar de que el autor tropiece con algún tópico a lo largo del libro, nos encontramos un protagonista que afirma contundentemente: “Creo que todos, sin excepción, tenemos derecho a disfrutar de nuestro dolor, incluso a reivindicarlo.” Para añadir más adelante: “No soy un diletante sino un libertario responsable. Creo ciegamente en el ser humano, anhelo el bien de la humanidad y por eso ejecuto una acción política. Pero mi carne es débil y no puedo evitar aprovecharme de las circunstancias.”

»Pero, ¿qué sucede cuando quién lo reivindica es un burgués que alardea de su “postureo” revolucionario? ¿Y si es la marioneta de un supuesto colectivo de izquierdas? ¿Qué ocurre si tiene que codearse con la mafia rusa para salvar su matrimonio, su reputación y su orgullo? ¿Y si deja que se le vaya de las manos? Deudas Vencidas invita a descubrirlo sin escrúpulos. Salto de Página, con la publicación de esta obra, hace una clara apuesta por la contemporaneidad, desde un enfoque crítico, sin obviar en ningún momento el cuidado por y para la buena escritura.»

Neus Llop RodrĂ­guez, La Huella Digital, 22 de septiembre de 2014
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El charco

«Confieso que con su primera novela, Recaredo Veredas me ha sorprendido. Porque, aunque la contraportada resultaba bastante incitadora, no lo era tanto el contexto de su publicación. Señalada como “otra novela de la crisis”, temía toparme entre sus páginas con algo demasiado solemne y denso, con un ejercicio de conciencia tortuoso con aroma de sermón. A las veinte páginas empecé a suspirar con alivio, aunque esa sensación duró poco: enseguida empecé a pasarlo verdaderamente bien, sonriendo como hacía tiempo que no lo hacía con un libro, y dejándome llevar por la prosa verborréica, excesiva y muchas veces brillante de Recaredo.

»El planteamiento de partida resulta muy divertido: un recobrador de morosos decide contratar a un matón ruso para culminar los procesos de recobro más delicados y enquistados. Este personaje, que escribe el libro en forma de diario en primera persona, lleva una especie de doble vida, ya que si bien su actividad profesional está consagrada a servir al capital, en su vida más personal y doméstica practica la militancia más izquierdista, contribuyendo incluso con su propio sueldo al sostenimiento del Colectivo, un grupo que encabeza la élite intelectual de la joven izquierda española, donde destaca, por encima del resto, un tal Borja, pijo de extracción aristócrata que es hijo del propietario de uno de los mayores grupos editoriales de nuestro país. Para más martirio, además, Osmundo, que así se llama el personaje, tiene aspiraciones literarias, de manera que sueña con publicar una Gran Obra capaz de contener el “Zeitgeist” de su tiempo. Y además de todo eso, tiene serias sospechas de que su novia se siente atraída e incluso se la pega con el líder pijo del Colectivo.

»A lo largo de sus crepitantes páginas, Recaredo acaba forjando a un personaje de fuerte cinismo, que particularmente me ha recordado al protagonista de La historia de mi mujer de Milán Füst, aquel célebre y desquiciado cornudo que en lugar de contar parecía desangrarse a borbotones a través de las palabras. Comparte con Füst el cinismo de la mirada, la mala leche, y también la tendencia al exceso, al chascarrillo, a la digresión. Lo que me lleva a apuntar el que considero, a la vez, el mayor acierto y el mayor peligro de esta novela: Osmundo es un personaje excesivo, con un punto desquiciante, y esa condición adquiere la forma literaria de la incontinencia. Si tenemos en cuenta este aspecto de partida todo lo que venga resultará no sólo disculpable, sino también agradecido: uno se ríe mucho con las “idas de olla” de Veredas, con las digresiones que a veces chapotean en el esperpento, con muchos de sus razonamientos hilarantes. Si no se transige desde el principio con este supuesto, el resultado del lector será distinto: le reprochará a Recaredo su falta de contención, la gratuidad de muchos pasajes y la impertinencia y el posible tono cargante de algunas de sus confidencias. Si me preguntan a mí, pertenezco al primer grupo de lectores. Frente a los amantes del bisturí, cada vez soy más defensor de la celulitis, porque en la literatura el ornamento importa y la línea recta no es siempre el mejor camino para llegar a la casa de las buenas lecturas, que son las que al final se recuerdan.

»Deudas vencidas es una obra muy terapéutica. Pertenece a la tradición de Füst, que es también la tradición de Céline, o de Quevedo si nos ponemos estupendos: la de las novelas malvadas, esas novelas gamberras, brillantes y dotadas de ingenio que convierten la lectura en un chapoteo de cochino sobre un cenagal, donde el barro hediondo acaba repercutiendo sobre la tersura del cutis, léase conciencia. Se pasa muy buen rato en ese charco, y cuando toca salirse uno tiene la sensación de que hubiera estado allí muchas más horas, porque es un charco cojonudo. No estamos ante una novela de la crisis, sino ante un tratado bastante divertido —o desolador, según se mire— sobre la condición humana.»

Daniel Ruiz GarcĂ­a, Estado CrĂ­tico, 11 de abril de 2014
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Deudas vencidas, de Recaredo Veredas

«Novelas de la crisis sí, novelas de la crisis no.

»Pero, si tienen que venir, que vengan con la forma de Deudas vencidas, novela publicada por Salto de Página que a su vez finge la forma de un diario (afortunado recurso narrativo para dar rienda suelta a contradicciones en primera persona que permitan a su narrador evitar juicios simplistas y rotundos) cuya primera entrada arranca con una frase —«Contratar a un matón no es fácil para nadie»— que ya engloba la irónica y divertidísima crítica social que va a actuar de bajo continuo a lo largo de toda la novela. El encargado de rellenar las páginas que leemos será el grandísimo personaje y peor persona Osmundo, un recobrador de morosos que, pobrecito, se ha visto obligado a echar mano de asalariada violencia del este con el fin de mantener el alto nivel de vida al que estaba acostumbrado antes de que la crisis convirtiera a muchos españoles en pobretones necesitados de un buen escarmiento que les haga recordar el lugar del escondite casero donde guardan esos billetes de colores fosforitos. Este Osmundo, del mismo palo que el Joan-Marc protagonista de la última novela de Gonzalo Torné, es sin duda el mayor atractivo de la novela, aunque más que como personaje como hilarante narrador que se dedicará a repartir toda la leña con la que Veredas ha cargado su espalda, que es tanta que hay para todo Dios: para los mandamases causantes de la crisis («el asesinato es la continuación por otros medios de la política»), para la divina intelectualidad de izquierda (esos «pijos diletantes que encima quieren tener buena conciencia»), para los integrantes del mundillo literario (se me olvidaba: Osmundo es también escritorzuelo de tercera división, tan arribista que sería capaz, según sus propias palabras, de abrazar al asesino de sus padres o hijos con tal de publicar su última obra en una editorial de prestigio), y en fin, para el larguísimo etcétera que encarna el simpático cabronazo de Osmundo (qué bien suena —en la ficción— la denuncia política en boca de un opresor y qué de baratillo y panfletaria en boca de un oprimido):

»«Mis páramos son los de millones de españoles, de generaciones enteras acunadas hasta la vejez, que se perderán por los desagües del amor. Una generación que creyó que el mundo sería siempre azul celeste y que en España habría lugar para cientos de miles de abogados, ingenieros forestales, biólogos, periodistas y filólogos. Millones de puestos de trabajo que correspondieran con su formación germánica, licenciados suficientes para llenar las necesidades de Japón o California. Ingenuos que creyeron en la bondad universal y en que, entre los rastrojos, aún manchados por jeringuillas, del sur de las ciudades, bajo las sombras de las cementeras, en tierras donde nunca ha crecido ni el más humilde de los cereales, habría promociones de lujo asiático, que sus hijos crecerían y jugarían en jardines de verde esmeralda y ellos podrían pasar las tardes jugando al pádel y contemplando un horizonte eternamente feliz. Pero no había sitio para todos. Y de esa carencia vivo yo. El ejecutor».

»Hace más o menos un mes fui a la presentación de este libro en la librería Pequod en Barcelona, y el tipo de arriba de estas líneas me pareció muy buena gente y algo así como un hombre divertido (por ocurrente) y muy, muy ilusionado con la publicación de su novela. Sin embargo, desde que me he terminado Deudas vencidas no paro de darle vueltas a un asunto: ¿puede una —sea lo que sea esto— buena persona escribir una novela con tan mala leche? No lo sé, no lo sé: se me hace muy complicado que, sin un punto importante de maldad dentro del cuerpo, uno pueda escribir una sátira tan mordaz como esta, de narrador tan políticamente incorrecto, de lucidez tan feroz, de humor tan berlanguiano, de final tan… tan realista y espléndido y cabrón.

»Novelas de la crisis sí, novelas de la crisis no.

»Novelas buenas sí, novelas malas no. »

Miguel AlcĂĄzar, Mike & Libros, 27 de marzo de 2014
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Deudas vencidas

«Hace unos días Patricio Pron publicaba un artículo llamado Novelas de la crisis (de la novela). En él reflexionaba sobre la proliferación de las “novelas sobre la crisis” y lo relacionaba con la llamada “crisis de la novela”. No sé si con este libro Veredas tenía la intención de escribir una novela de la crisis (quizá le pase como a Isaac Rosa, que se resiste a que incluyan La habitación oscura dentro de esta categoría), lo que está claro es que, como dice Pron, no hay libro que no dé cuenta de la época en que fue escrito. En ese sentido, Deudas vencidas (Salto de Página, 2014) no es una excepción:

»“Una generación que creyó que el mundo sería siempre azul celeste y que en España habría lugar para cientos de miles de abogados, ingenieros de caminos, ingenieros forestales, biólogos, periodistas y filólogos. Millones de puestos de trabajo que correspondieran con su formación germánica, licenciados suficientes para llenar las necesidades de Japón o California. Ingenuos que creyeron en la bondad universal y en que, entre los rastrojos, aún manchados por jeringuillas, del sur de las ciudades, bajo las sombras de las cementeras, en tierra donde nunca ha crecido ni el más humilde de los cereales, habría promociones de lujo asiático, que sus hijos crecerían y jugarían en jardines de verde esmeralda y ellos podrían pasar las tardes jugando al pádel y contemplando un horizonte eternamente feliz. Pero no había sitio para todos. Y de esa carencia vivo yo” (p. 160).

»El protagonista de esta novela, escrita a modo de diario, es Osmundo, “un recobrador de morosos con veleidades literarias”. Al contrario de lo que se nos dice en el libro, este personaje mediocre, que nunca “había destacado en nada” y que no había sobresalido en lo literario “por la ausencia  de una conexión total con el Zeitgeist”, está en perfecta sintonía con el espíritu de nuestro tiempo. Por desgracia, España es el paraíso de los mediocres (no hace falta más que ver ese documental travestido de película que es Torrente para darse cuenta).

»En cierto modo, esta primera novela de Veredas es una continuación de su anterior libro de relatos, Actos imperdonables (Bartleby, 2013). Algunos temas, como la enfermedad –especialmente, el cáncer-, las catástrofes –en especial, Chernóbil, que es mencionado de forma recurrente en el diario-, o los actos mezquinos que todos los seres humanos somos capaces de cometer a poco que podemos, ocupan un lugar muy importante en el imaginario de Veredas. También el humor más bien tirando a negro, del que ya hizo gala en su libro de relatos, es una seña de identidad de su literatura.

»Quizá la mayor debilidad de Deudas vencidas sea la presentación, un tanto caricaturesca, de algunos personajes: Miriam, la esposa de izquierdas que no da un respiro a la tarjeta de crédito; Borja Ortiz de Echagüe, el aristócrata que lidera un grupo de intelectuales de izquierdas; Iván, el matón ruso… Todos ellos son mostrados a través de la mirada, y los prejuicios, de Osmundo, personaje más rico en matices y mejor perfilado que el resto. Osmundo recuerda un poco a Joan Marc, el protagonista de Divorcio en el aire, la última novela de Gonzalo Torné. Ambos individuos, de clase media-alta, son bastante odiosos, para qué nos vamos a engañar, sin embargo, están retratados de manera que el lector pueda empatizar con ellos. Así, en Deudas vencidas, las referencias a la relación que Osmundo tiene con su padre (“él me zurró con un cinturón de cuero, y me llamó vago, inútil y tonto, como si fuera un mantra, durante años y años, casi décadas”), le convierten en un ser humano a ojos del lector.

»Por otra parte, nuestro protagonista es plenamente consciente de su mediocridad: “Querido diario: Me alarma que estos papeles lleguen algún día al poder de alguien aunque, a buen seguro, a nadie causarán más que carcajadas o, lo que es peor, aburrimiento y una considerable desidia”. Osmundo parece ser un trasunto paródico del propio Veredas, también abogado de profesión. Esta capacidad de reírse de uno mismo, de presentarse de forma ridícula, sin mayores pretensiones, me parece una apuesta interesante y valiente.»

Rebeca GarcĂ­a Nieto, micro-revista, 5 de marzo de 2013
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«El linaje de cronistas de la crisis que va de Chirbes a Rosa tienen en Veredas su pariente más cáustico. en forma de dietario irónico su novela sugiere que nuestra ignorancia y pasividad nos pueden hacer casi tan culpables como la codicia de los corruptos.»

Sergi Bellver, BCNMes, marzo de 2014
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Deudas vencidas

«La ironía, pero también una actitud realista y comprometida ante la quiebra moral de este país en el que vivimos, presiden el desembarco en la novela de Recaredo Veredas, tras los relatos de Pendiente y Actos imperdonables, y el poemario Nadar en agua helada. El escritor madrileño, también colaborador de Qué Leer, nos cuenta en las páginas de Deudas vencidas, a través del diario que redacta su protagonista, la peripecia de un recobrador de morosos que ve cómo su vida mejora drásticamente cuando subcontrata a un matón ruso (o, como el lo llama, "un asesor no solicitado que soluciona problemas de liquidez") para que lleve a cabo su trabajo, lo que le ofrecerá tiempo libre para medrar en sociedad.»

Jordi Martínez, Qué Leer, marzo de 2014
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«La primera novela de este autor refleja con acierto la realidad española. Una sátira sobre la hipocresía con la que muchas personas se comportan en estos tiempos de crisis moral y económica que nos azotan.»

Álvaro Colomer, Yo Dona, marzo de 2014
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Deudas vencidas

«Deudas vencidas (Salto de Página, 2014), la primera novela de Recaredo Veredas (Madrid, 1970), nos habla del Desastre, pero no de un desastre localizado y pasajero, sino del Desastre con mayúsculas, para el que no hay remedio; el Desastre que desencadena el “todo vale” en el campo de la batalla perdida. Al lector que se atreva a adentrarse en esta historia más que recomendable, el diario de un recobrador de morosos, aspirante a escritor, que en medio de la que está cayendo contrata a un matón ruso que acelere el pago de las deudas pendientes, hay que advertirle de un peligro que es, sin duda, lo mejor de la propuesta de Veredas: la voz del protagonista, a través de la que habremos de conocer cada detalle de su asfixiante, urbanita y cínica existencia (la mujer a la que ama, el círculo de amigos en el que se desenvuelve, las transgresiones y los miedos con los que una y otra vez tropieza...).

»El riesgo estriba en que no hacen falta demasiadas páginas para darnos cuenta de que a esa voz desahuciada le falta muy poco para ser la nuestra, porque es mínima la distancia que nos separa del abismo. Entre la tierra firme y el vacío sólo hay un paso de diferencia, el que se da con las primeras palabras de Deudas vencidas: “Querido diario: contratar a un matón no es fácil para nadie”. De eso es de lo que va esta novela, de lo que nos arriesgamos a ver si decidimos introducir un elemento extraordinario en nuestras rutinas cotidianas y mirarnos a nosotros mismos con los ojos de los mediadores internacionales que se pasean entre los cuerpos mutilados de la matanza de un poblado tercermundista.

»Recaredo Veredas, cuyos títulos más recientes, el poemario Nadar en agua helada y el libro de relatos Actos imperdonables, le han ido preparando el camino para el salto definitivo a la narrativa de larga distancia, consigue en este último trabajo cristalizar dos de las virtudes que justifican las ganas de volverlo a leer: una mirada poética cargada de escepticismo y una precisión de cirujano a la hora de detectar las llagas abiertas en lo aparentemente normal e insignificante; armas muy útiles para quien ha decidido no ser complaciente en la construcción de un mundo literario propio, en el que, por fortuna, no tiene cabida lo políticamente correcto.»

Marina SanmartĂ­n, Trabalibros, 4 de marzo de 2014
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España y el becerro de ladrillo

»Las primeras novelas pueden ser varias cosas: una decepción, un estreno promisorio, o una confirmación. En el caso de Recaredo Veredas (Madrid, 1970) se da la tercera circunstancia, con un primer texto de largo recorrido en un autor que ya contaba con obra publicada (poemas y relatos) y experiencia como docente en la Escuela de Letras de Madrid. Breves pinceladas argumentales: Osmundo es un abogado acostumbrado a la buena vida pero que ve cómo la crisis empieza a menguar sus pingües ingresos y los acreedores se multiplican. Si quiere mantener su tren de vida y satisfacer los caprichos de sumujer, tendrá dos opciones: o poner la otramejilla o contratar a un matón. Optará por la segunda opción, entrando de ese modo en una espiral de culpabilidad, descensos al rutilante infierno de los lupanares de lujo y coca, sin renunciar por ello a un compromiso con las causas de izquierda que es todo un homenaje al cinismo.

»Varios elementos se alíana favor de este libro: la experiencia personal del autor en el mundo de la abogacía, con sus artes no siempre ejemplares, que aporta un halo de verosimilitud a los hechos narrados, por desopilantes que sean; la puesta en escena de un protagonista que suena a una versión patética y completamente autoparódica del propio autor, así como el retrato acerado pero no por ello menos lúcido de la España que creyó en el becerro de ladrillo. Un cóctel de aciertos que alegra el a veces demasiado grave panorama de las letras hispanas.»

Eduardo Laporte, Territorios, 1 de marzo de 2014
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Deudas vendidas: decadencia social y moral

»Escri­to­res como Domé­nico Chiappe (Tiempo de Encie­rro) o Cris­tina Falla­rás (A la puta calle) se han eri­gido en por­ta­vo­ces de la som­bría socie­dad del desahu­cio, la corrup­ción eco­nó­mica, el pelo­tazo urba­nís­tico, la denun­cia de favo­res y prebendas.

»A estas voces que pien­san en voz alta sobre la cri­sis y sus fan­tas­mas, se une ahora Reca­redo Vere­das con su pri­mera novela, Deu­das Ven­ci­das. En ella nos cuenta la his­to­ria de un reco­bra­dor de moro­sos que a su vez intenta triun­far en el mundo lite­ra­rio. En un círculo vicioso en el que nadie paga lo que debe, decide con­tra­tar a un mafioso ruso que ha tra­ba­jado con un amigo suyo para que ame­nace a los moro­sos y el cobro le per­mita seguir ade­lante con su nego­cio. A los remor­di­mien­tos por haber recu­rrido a la vio­len­cia para con­se­guir sus obje­ti­vos, se unen otro tipo de remor­di­mien­tos en el plano ideal y social. Su mujer y él for­man parte del Colec­tivo, un grupo de inte­lec­tua­les de izquier­das que le repu­dia­rían si supie­ran no sólo lo que ha hecho, sino tam­bién cómo se gana la vida. Mien­tras tanto, el pro­ta­go­nista intenta salir ade­lante en un mundo cada vez más com­pli­cado mien­tras comienza a sos­pe­char que su mujer le es infiel con el líder del Colec­tivo, un joven here­dero aris­tó­crata con ínfu­las comunistas.

»Escrita con un estilo rabioso y can­dente, la novela rezuma un humor negro del que no se libra nin­guno de los esta­men­tos que apa­re­cen en la novela. Ni la socie­dad del bie­nes­tar pre cri­sis, en la que los ilu­mi­na­dos de la eco­no­mía acon­se­ja­ban inver­tir en ladri­llo por­que era eterno, ni la pre­ten­dida acción liber­ta­ria des­vin­cu­lada de la socie­dad a la que pre­tende defen­der, ni siquiera la ins­ti­tu­ción del matri­mo­nio, de la fami­lia ni la pro­pia lite­ra­tura. Reca­redo Vere­das no deja pie con bola en medio de una novela increí­ble­mente diver­tida y cínica al mismo tiempo. A pesar de la deca­den­cia que envuelve poco a poco a todos los per­so­na­jes, el libro no resulta exce­si­va­mente amargo e incluso a veces logra arran­car­nos una son­risa amarga. Las cui­tas de su pro­ta­go­nista, en las que en cierto modo se verán refle­ja­das muchas per­so­nas, con­si­guen hacer­nos refle­xio­nar sin que per­da­mos el sen­tido del humor, aun­que este sea negro.

»Reca­redo no es nuevo en el pano­rama lite­ra­rio. Ya había publi­cado poe­sía, rela­tos y crí­tica lite­ra­ria. Sin embargo, su debut como nove­lista no podía ser más acer­tado. El tema de Deu­das Ven­ci­das está de actua­li­dad. De dolo­rosa actualidad.»

RocĂ­o TizĂłn, Koult, 25 de febrero de 2014
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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