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reseñas y críticas Diástole

«Todos tenemos autores salvavidas. Explicaré este novedoso concepto, nos encontramos ante un escritor que consigue que recuperes las ganas de leer; normalmente después de un libro especialmente difícil, una mala experiencia o ese periodo que tenemos de vez en cuando en el cual no nos apetece leer. Mi autor fetiche para estos casos ha sido Tolkien desde siempre, tener un autor salvavidas te permite leer un montón de veces ciertas joyas y además salvarte de caer en la apatía y dejar de leer. Estas Navidades, agobiada por el ritmo de las fiestas, dejé de leer y ya estaba a punto de coger por enésima vez Cuentos Perdidos cuando me descubrí mirando Diástole de reojo y poco después estaba sumergida en la lectura.
Me apasionó la premisa con la que empieza Diástole. En una pequeña ciudad de Francia, un extraño personaje contrata a un pintor yonki para que éste retrate a su jefe. Solo podrá pintar de noche. Solo serán cuatro noches para pintar. Cada noche en un lugar diferente de una casa de aspecto lúgubre a las afueras de la ciudad. Cuatro noches para captar el espíritu de Iván, el contratista. Cuatro noches para descubrirse como un gran pintor, lo que era antes de ser lo que es.

»Diástole es una novela de vampiros – algo que queda claro con esa portada tan explícita – pero que no tiene que ver con nada de lo que hayas leído sobre un género agotado por millones de libros de Anne Rice y adolescentes enamorados. No todo está escrito en el género y aún se puede ser original. Ahí está Sueño del Fevre, de Martin, solo que en este caso Bueso hace aquello a lo que nos tiene acostumbrados y mezcla personajes terrenales con historias fantásticas, misterio, literatura realista en un mundo fantástico e incluso irreal.

»En este caso Jérôme – Pintor. De los caóticos. De los buenos. De los yonkis. – es el protagonista que se asoma al universo de Iván y al que el autor usa de catalizador para conectar con el lector y nosotros vamos conociendo la historia de Iván al mismo tiempo que este pintor neoimpresionista que parece protagonizar la novela. Iván es ese ser fantástico, misterioso y maldito que consigue enganchar a Jérôme y al resto de oyentes que nos asomamos a su narración.

»Esta historia dentro de otra historia es otro de los recursos del autor que suele presentar a los sujetos que forman parte del libro de esta manera, hablándonos de la vida de sus personajes para así darlos a conocer. Solo que en Diástole, todo esto no deja de ser un bis a bis entre Iván y Jérôme y pronto solo importa lo que saben, lo que ocultan, lo que creen o lo que no creen el uno del otro y sobre ellos mismos. Al ruso misterioso solo podemos conocerlo por lo que nos cuenta, pero el escritor nos muestra al artista maldito con una voz propia que se entrelaza con la del narrador de manera magistral. A veces cuesta diferenciar ambas voces, pero eso no molesta, ni nos hace perder el hilo, es la forma que tiene Bueso de contarnos la historia del francés y diferenciar esa forma de narrar de la del misterioso extranjero.

»Es por ese curioso don que tiene Emilio Bueso, escribe bonito y leer un libro suyo es como pararte a degustar un plato especialmente bueno. Quizá pueda parecer una explicación muy prosaica para hablar de un libro y más de un libro de este tipo – y por tipo me refiero al autor – pero puede que coincidáis conmigo en que los que leemos nos encontramos a veces con la siguiente situación. Lees un libro y te encanta y lo devoras con gusto, justo como cualquier cualquier plato que comemos a la hora de la comida o de la cena. Está rico y lo disfrutas, y tienes que comer; luego hay otros libros que son diferentes, como ir a un restaurante o tomar un plato especial, exótico… Que no sea el típico. Ni siquiera tiene que ser tu plato preferido pero sabes que tienes que pararte a disfrutar. Y eso haces con Bueso. Te paras, lees, disfrutas y cuando terminas, te alegras de que siga habiendo estas novelas diferentes e inesperadas.
Cuando terminé Diástole me ocurrió como con el resto de novelas del autor al intentar catalogarlas. ¿Es terror? ¿Fantasía? ¿No tiene acaso más realismo que muchas de las novelas de ficción actual? Así que decidí no catalogarla, y eso tenéis, una novela sin catalogar que estáis tardando en leer. Si estáis cansados de vampiros, leedla; si no lo estáis, leedla también, y si es un tema que ni os va ni os viene… mejor acercarse a él con un buen libro como este en el que lo que importa no es el final —que no decepciona— sino el contenido.»

Fandomteca, febrero de 2015
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Fantífica

«Reconozco que soy más de terror que de ciencia ficción o de fantasía, y seguramente ese es uno de los motivos que me llevaron a leer Diástole en cuanto salió. Pero, al mismo tiempo, justo eso me lo hizo coger con pinzas. Al fin y al cabo, es una novela de vampiros, como deja muy claro la portada. ¿Qué se puede hacer de nuevo con vampiros, a estas alturas? ¿Qué hay que no hayamos leído ya cien veces?

«Pues el caso es que sí, que Bueso hace algo que yo no había visto nunca. Nos cuenta la historia de dos personajes vampirizados por el arte, por la pintura en este caso. Jerôme lo ha sido de una manera metafórica: por el arte ha terminado convertido en un yonqui que malvive, incapaz ya de pintar como una vez lo hizo. Porque Jerôme era muy bueno, pero su necesidad de pintar pudo con él. Y ahora tiene un trabajo de mierda que le deja aún peor de lo que ya está, y se gasta sus cuatro duros en malos picos, sin darse cuenta de que no es a la droga a lo que de verdad está enganchado, y que nunca superará ese mono que tiene si no consigue volver a pintar.

»Iván también fue pintor, pero ahora no puede pintar. El arte le ha chupado la creatividad. Nos narra su larga vida y nos damos cuenta de que, cuando se convirtió en lo que es, superó ese mono de creatividad que Jerôme siente sin saberlo, pero a costa de perder la capacidad de crear.

»No voy a contar más de la historia (entre la sinopsis y el pedazo de spoiler de la portada no creo que le haya chafado a nadie nada), pero sí voy a dar algunas de las razones por las que me parece uno de los mejores libros españoles de lo que va de milenio.

»Lo primero y más importante: la prosa. Diástole es un increíble ejercicio de estilo digno del mismísimo Quenau. Si ya habéis leído algo de Bueso, aún lo notaréis más.
Al hablar el otro día de Cenital dije que usaba tres voces narrativas diferentes, y aquí tenemos una sola voz, pero el flujo de conciencia la convierte en toda una polifonía. En ocasiones es un narrador tradicional en tercera persona, más o menos imparcial. Pero cuando la narración se acerca a Jerôme, hay una identificación entre el narrador y el personaje (que siguen siendo diferentes: eso es el flujo de conciencia) que nos permite ver el mundo como lo ve el pintor, entender qué siente, qué piensa. Así conocemos su pasado sin que realmente se nos narre en un aparte.

»En cambio, la vida de Iván sí la conocemos narrada directamente. No es un flujo de conciencia lo que Bueso usa, sino que nos lo cuenta la voz del personaje. Mientras Jerôme va pintando, Iván le va explicando sus aventuras y desventuras, más de lo segundo que de lo primero, en un diálogo que es casi un monólogo. Tanto, que el lector olvida que el capítulo que está leyendo es la narración que Iván le está haciendo a Jerôme. Pero si se hace el ejercicio de comparar el estilo de esos capítulos con el del resto de la novela se verá que la voz es totalmente distinta. Las partes de Jerôme tienen esa prosa dura que caracteriza a Bueso: al fin y al cabo, es un yonki, no un aristócrata. Las partes de Iván, por contra, son suaves y delicadas a la vez que destilan mal rollo. Como una noche blanca de San Petersburgo, bella y poética, pero que sabemos que puede ser mortal.

»Pero quizás el principal punto fuerte de esta novela esté en sus dos personajes protagonistas. Está creados con mucho cuidado, casi con mimo, dándoles un pasado que sabemos mucho más extenso y complejo de lo que nos muestran; y una amplitud de emociones, así como una gran capacidad para reflejarlas en la prosa, que por momentos dejan boquiabierto. Y claro, los diálogos. Porque Bueso no se limita a decirnos cómo son esos personajes, sino que les hace hablar (y mucho), y vemos en lo que dicen y en cómo lo dicen esas personalidades.

»Por más que lo diga, si no leéis Diástole es improbable que os hagáis una idea de lo espectacular que es su lectura. No perdáis más el tiempo leyéndome: id a buscarlo corriendo. Ya me daréis las gracias.»

Sergi Viciana, Fantífica, 6 de septiembre de 2013
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Diástole

«La trayectoria literaria de Emilio Bueso se ha caracterizado hasta la fecha por su íntima relación con la narrativa de terror. Del realismo sucio de sus inicios pasó pronto al terror realista de su primera novela, Noche cerrada (Verbigracia, 2007) y a escribir cuentos y novelas fantásticas que han incursionado siempre en el lado oscuro del alma humana. Así, este activo miembro de la asociación de escritores de terror NOCTE, que dice sentirse influido por autores como Palahniuk, Lovecraft, Ajvide Lindquist y Clive Barrer, ha publicado relatos en antologías temáticas como Taberna Espectral (23 Escalones, 2010) y Antología Z. Volumen 2 (Dolmen, 2010), y ganado premios como el Domingo Santos de 2010 por el cuento “El hombre revenido”. Tiene escrita, además, una estimable novela juvenil oscura: Sewer, anunciada para publicación por Equipo Sirius desde hace más de un año, y una distopía titulada Cenital, que será probable novedad del año próximo.

»Diástole es, posiblemente, su mejor obra publicada hasta el momento. En ella, un pintor caído en desgracia llamado Jérôme Fournier recibe el encargo de retratar a un misterioso personaje, un extranjero extravagante y rico que atiende al nombre de Iván y a quien persiguen agentes del servicio secreto ruso. Jérôme fue en otro tiempo un pintor prometedor asentado en la vanguardia del nuevo expresionismo, antes de que la inspiración le abandonara, un amor equivocado le rompiera el corazón y las malas influencias le empujaran al infierno de la heroína. Sin dinero ni esperanzas, se ve abocado a aceptar la proposición y durante cuatro únicas noches, siempre en una estancia diferente de una decrépita mansión a las afueras de una pequeña ciudad de los Pirineos franceses, retratará al óleo a su singular mecenas. En cada nueva sesión de posado, Iván abrirá un poco más su crudo corazón a Jérôme para que éste pueda plasmar en tela su auténtico yo; comienza así el relato de un hombre acosado durante décadas, perseguido por un crimen pasional que cometió en su juventud y que le llevó a sortear guerras y diferentes regímenes políticos a lo largo de toda Europa para encontrar refugio en los paisajes desolados y radioactivos de la central nuclear de Chernobyl. Una persona atormentada sobre la que recae una antigua y espantosa maldición.

»Diástole es una historia narrada en un preludio y cuatro noches (más un amanecer). Una novela negra de perdedores y sentimientos a flor de piel, de empatía por unos personajes condenados a una existencia desesperada. Es también una trágica historia de amor (y odio terrible), y un relato de redención personal por parte de dos personas muy diferentes que lo han perdido todo y que no temen por tanto a la muerte, a la que desean en cierta manera como expiación de la monstruosidad en que han convertido sus vidas. Desde un punto de vista temático, es una mezcla de varios géneros -thriller sobrenatural, novela negra, de terror, realista- que resiste a una clasificación más precisa.

»La narración posee un ritmo calmo y un marcado tono poético de naturaleza fatalista. Recrea además una atmósfera ominosa que paulatinamente se adueña de las páginas del libro para conducirlo a un desenlace no por más intuido menos inevitable y catártico. En la trama se entremezclan una muy verosímil historia de yonkis con las vivencias de un superviviente del asedio nazi a la ciudad de Leningrado, de la persecución estalinista y de la contaminación por el tristemente famoso accidente nuclear de Ucrania. El relato se enriquece con hilos que tratan sobre el malditismo en el mundo del arte, sobre el amor transmutado en odio, sobre el destino cierto de la muerte.

»Ambos personajes se muestran dispuestos a emprender una huida hacia ninguna parte, a apostar una última baza contra el destino aunque se saben volteados por la fuerza irresistible de los acontecimientos. Jérôme, que no es más que un vulgar drogadicto en sus momentos finales, alguien a quien nadie echaría de menos si un día desapareciera de escena, acepta el encargo de retratar al ruso como probable último trabajo de su vida; y, sin embargo, volver a pintar le devuelve la dignidad y el orgullo de ser persona. Adquiere consciencia de estar pintando su obra cumbre y, con ello, recupera la fuerza de voluntad necesaria para encauzar el rumbo de los postreros instantes de su vida. Por su parte, Iván se revela como una persona a la que la Revolución Socialista privó de un legado que por derecho le pertenecía, logró sobrevivir como proxeneta en San Petersburgo y se enamoró de una muchacha a la que pretendía un jerifalte del partido. Ahora planea desquitarse de todos y de todo perpetrando un último y fatal acto de venganza.

»La trama coquetea constantemente con la figura del vampiro (de hecho, el libro comienza con una especie de transposición moderna del Drácula de Bram Stoker, jardinero rumano y antigua mansión de aspecto abandonado incluidos), sin decantarse claramente hasta el final; tal vez porque, en realidad, su clarificación sea lo menos importante. Emplea con eficacia recursos como el suspense y los elementos del paisaje para reforzar su ambientación oscura (la tormenta de nieve, la mansión aislada y en ruinas, la cueva cava donde se retrata Iván…) y hace uso de un vocabulario afilado y preciso, repleto de improperios que definen a la perfección a los personajes en diálogos y momentos de introspección. Sorprenden, igualmente, detalles como el esmero con el que el autor describe los pormenores que ha solventar un Jérôme afectado por el síndrome de abstinencia en su intento por acudir despejado y puntual a su lejana cita, conduciendo un destartalado vehículo que se ha convertido en metáfora de sí mismo, pero no dedica ni una sola frase a relatar su regreso a casa, el particular descenso a la cotidianeidad. O el tiempo narrativo: un aparente presente de indicativo por parte de un narrador omnisciente, que no es otro que el protagonista que nos habla desde el futuro porque obviamente conoce su propio pasado y narra la acción en retrospectiva.

»Diástole es un título que evoca al corazón y el palpitar de la sangre, una obra madura y mucho más profunda de lo que puede parecer en una lectura superficial, y que en su extenso final da rienda suelta a toda la contención habida hasta el momento. Un texto que renueva mitos clásicos manteniendo su fidelidad al canon, a los arquetipos universales y el respeto a los maestros. Sin llegar al extremo del esteta, Emilio Bueso nos ha dejado su impronta de notable narrador, de creador de historias intensas capaces de transmitir con personalidad propia sentimientos y emociones. Habrá que estar muy atento a su próxima novela.»

Mariano Villarreal, Literatura fantástica, 24 de octubre de 2011
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Diástole, de Emilio Bueso

»La Editorial Salto de Página nos trae la última novela de Emilio Bueso, Diástole.

»En un primer momento, antes de leer el libro, leí eso de “... un nuevo registro en la actual narrativa de terror española...” y me temí lo peor. No es extraño leer este tipo de comentarios sobre novelas de terror y que, una vez lees el libro, te sientes engañado.

»Una vez leído Diástole no acabo de entender eso de “...un nuevo registro...”, pero lo que si puedo decir es que hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una novela.

»Con Diástole no solamente nos encontramos con una muy buena historia, si no que Emilio Bueso tiene una clase especial escribiendo, pero sin intentar que el invento suene a clasicón (ni mucho menos).

»La historia avanza con paso firme en todo momento, y cuando intuyes que está llegando el final... a mi me dio pena, y pienso informarme sobre Emilio Bueso, porque es uno de los buenos.

»Muy destacable el diseño de la edición.

»Novela muy actual para gente que realmente disfrute leyendo un SEÑOR LIBRO.

»Jérôme es un pintor yonqui que está en las últimas dentro de su profesión. Un día un extraño personaje se pone en contacto con el para contratarle para pintar a su “jefe”.

»El pintor yonqui tiene que ir con su coche destartalado al palacete que tiene Ivan, un ruso adinerado con una historia muy interesante que contar. Durante las cuatro sesiones, Ivan irá desgranando su historia, comenzando cuando en la Unión Soviética se enamoró de una prostituta a la que acompañaba en plan proxeneta y después de un percance con un cliente, tuvieron que huir a la peor zona de una devastada Chernóbil.

»Y ese es solo el principio...»

Joan G., Libros Terror, 22 de julio de 2011
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Diástole

»No sé si acierto: clasifico esta novela como gótica porque me de la gana, igual que clasifico al autor como renacentista, por mucho que intente esconderse en un género y aspecto estético más proclive al peludismo iletrado.

»Porque todo encaja. Todo encaja en esta obra sobrada de pennsamiento para lo que a veces exigen los lectores. Encaja su estética, la idea que sostiene, y el discurso de un autor que, ya digo, no consigue ocultar que saber de lo que habla y ha reflexionado sobre los temas que aborda.

»Como bien dijo Cristina Macía en la presentación de la novela, esta tarde en la Semana Negra de Gijón, Diástole es una novela de vampiros para cuando las fans de Crepúsculo se han hecho mayores.

»Emilio Bueso, que intentó en todo momento escapar de las etiquetas de género, no quiso reconocer que se trata de una novela de vampiros y la clasificó, a regañadientes, como un Thriller sobrenatural.

»A mí, sin embargo, oyéndolos hablar, me dio la impresión de que se trataba de una novela psicológica, casi costumbrista, en la que la presencia de los vampiros y lo sobrenatural eran simples alegopróas para expresar  lo desmedido dentro de nuestras reacciones o nuestra vida diaria.

»Porque Diástole es una novela sobre lo desmedido. Sobre dos hombres que lo han ido perdiendo todo hasta encontrarse, que han ido dejando pedazos de conciencia y existencia y se buscan, quizás para completarse, o para consumar sus destinos. Un poco como el dragón busca al caballero, y viceversa, digo yo, pero con otra estética más cercana a lo infernal que a lo épico.

»No entraré en detalles. No entraré en escenarios, aunque hay mucho de sugerente en su paso por los montes, las mansiones y hasta las centrales nucleares.  Lsa trama es tensa y bien envuelta. Baste con eso.

»Por lo demás, el autor nos promete que gran parte del ambiente y del efecto se basan en la precisión que ha buscado en el lenguaje. Tiendo a creerle. Siempre creo al ingeniero que promete poesía.

»Y casi nunca me han defraudado.»

Javier Pérez, El librepensador, 24 de julio de 2011
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Diástole, de Emilio Bueso

«Diástole es el nombre del último libro publicado por el escritor de terror Emilio Bueso, una demostración del buen momento que vive el género en España, en cuanto a la calidad, aunque cueste encontrar estos libros en el batiburrillo de títulos clónicos que llenan las estanterías de las librerías y las preferencias de las editoriales, en el siempre limitado mercado del terror.

»En Diástole, Bueso nos lleva a los Pirineos franceses, donde vive Jérôme, un pintor fracasado convertido en un politoxicómano que arrastra su vida y sus pinceles hacia un nuevo nivel de podredumbre a cada paso que da. Pero Jérôme tiene, o eso parece, una última oportunidad de volver a pintar, de hacer un paréntesis en su decadencia, gracias a un encargo fuera de lo corriente: hacer un retrato durante cuatro noches seguidas de Ivan, un hombre retirado en una mansión escondida en la montaña con la única compañía, o eso parece, de un criado rumano y de dos perros de extraño comportamiento.

»¿Mansión escondida? ¿criado rumano? sí, parece que eso nos suena. Pero Bueso no permite que esto nos haga perder el interés por la historia, al contrario, juega muy bien sus cartas, nos arrastra a la historia de Ivan, quien, a lo largo de esas cuatro noches, se la va contando a Jérôme para que éste sea capaz de realizar el retrato. Jérôme, por su parte, nos cuenta retazos de su propia vida, de su decadencia sin esplendor. Es en esta mezcla, de historia fantástica y de realidad sucia, o de sucia casi realidad, que después de todo la historia nos la cuenta un toxicómano, como la novela consigue un gran ritmo y donde la irrupción de la intriga de espías consigue llevarnos en volandas a un final magníficamente narrado, sin duda lo mejor de la novela, sin querer desmerecer al resto de la historia.

»En poco más de 230 páginas visitamos el Leningrado soviético y el asediado por los nazis, conocemos el infierno en la tierra en que se ha convertido Chernobil, mientras el mono de Jérôme reclama su chute y el retrato de Ivan va tomando forma a lo largo de los 24 capítulos. Una novela muy recomendable de uno de los autores más personales de esta nueva hornada de escritores de terror patrios.»

Raquel Vallés, Lecturalia, 22 de julio de 2011
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Diástole, de Emilio Bueso

«El terror es un género muy delicado. Si no eres capaz de poner nervioso al lector, deberías dejar de escribir sobre la parte oscura del alma humana y dedicarte a otras cosas. No lo comento por nada en especial, es solo porque estos días he leído Diástole, de Emilio Bueso, y ahí encontré buena literatura de terror.

»No, no me encontré con monstruos milenarios sedientos de sangre y haciendo masacres por las calles de la ciudad, ni grandes hordas de muertos vivientes que buscan alimento en las carnes de los incautos que no escapan de los agónicos sonidos que llegan de sus gargantas muertas.

»No, en Diástole el terror es más oscuro, más íntimo, como suele ocurrir con las obras de Emilio.

»No es un terror de escenas macabras, sino un desasosiego que crece poco a poco, a medida que pasas las páginas y te enfrentas al descenso, escalón tras escalón, a lo más profundo del alma humana, donde no llega la luz del sol, ni el hálito de la esperanza.

»En Diástole, precisamente se habla de eso. Del dejarse llevar, del descenso al sótano más mugriento y terrible que pueda habitar una persona, y la engañosa luz de una vela que te lleva por el camino de vuelta, para que al final te des cuenta de que era un espejismo, y lo que ha ocurrido es que te sumerges más en la oscuridad.

»Me leí el libro en unas pocas horas, porque me era imposible dejarlo.

»Todo transcurre en tres noches, en las que dos personas se abren el alma una a la otra. Una, por medio de la narración de su propia historia, la otra, porque desde el sótano de la desesperanza, comienza a ver una leve luz que le puede sacar de allí.

»Ambos terminan de una manera que no esperaban. O quizás sí.

»El transcurrir de la historia (y la ilustración de la portada, dicho sea de paso) te va dando las claves de lo que sucede realmente, pero en mi caso, decidí no hacer caso a esas pistas y dejar que fuera la historia la que me golpease directamente cuando fuera el momento.

»Una lectura más que recomendable para una tarde tonta de verano, de esas en las que vas a hacer la siesta, y cae en tus manos algo que no te deja dormir. Esta novela, por ejemplo.»

Víctor Alós, Las crónicas de Sepelaci, Julio de 2011
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Diástole

SÍSTOLE:

«Abro la novela de Emilio Bueso y me lanzo de lleno a la marea de su curtida prosa. El viaje no va a ser sencillo, eso se intuye desde las primeras páginas, así que me preparo para subir al asiento del copiloto de un Talbot Horizon que resiste un maltrato por parte de su propietario solo equiparable al que se infringe a sí mismo.

»Me siento un politoxicómano bajo el efecto de las palabras que Bueso maneja con concisión, desde el prisma de uno de los mejores protagonistas, Jérôme, que he tenido el placer de conocer en la literatura de género fantástico de nuestro país. Los demás personajes son proyectados a través de su mirada, con todo lo que ello conlleva, según esté sometido por la necesidad de su adicción o bajo los efectos de las sustanciás que su cuerpo le reclama.

»Pero Jérôme no es solamente un yonqui común, aunque sea el más común de los yonquis,porque también es un pintor de extraordinario talento. Cuando un misterioso personaje, Iván, le requiere para hacerle un retrato, Jérôme se verá arrastrado por la personalidad enigmática y poderosa de su anfitrión y todo lo que le rodea. Durante las cuatro sesiones de pintura en que deberá insuflar vida al cuadro, conocerá una historia de amor que empieza en la Rusia de los años 80, que se envenena en Chenóbil, da un salto atrás hasta la segunda guerra mundial y regresa a nuestros días para ponerle el punto y aparte.

»Es en esa historia donde uno puede llegar a perder un poco el hilo de los acontecimientos, puesto que solo sabemos lo que Jérôme percibe, y no siempre nos traslada la información con la claridad necesaria. Nos toca como lectores colocar adecuadamente las piezas desordenadas de su cerebro en desahucio, esperando a que aguante tanto como su coche, y que al menos nos deje en el destino antes de bombear por última vez.

DIÁSTOLE:

»Cierro el libro. Paladeo el sabor metálico que me ha quedado en la boca tras leer la última página. No me siento confuso, pero sí que soy consciente de que durante los siguientes días tendré mucho que digerir, como solo sucede cuando acabas de leer una gran obra, de esas que se agarran por dentro y se resisten a abandonarte.

»Emilio Bueso consigue en este libro demostrar de nuevo que el estilo y la variedad de recursos no implican necesariamente tener que ser alambicado hasta el extremo de obligar al lector a detenerse para hacer búsquedas en el diccionario.

»Diástole es una mezcla maravillosa de terror y thriller, si es que es necesario ponerle alguna etiqueta, narrada de manera reposada y a la vez histérica. Es un choque frontal, un viaje alucinado en el que sufres tanto como disfrutas. Terror moderno, dicen algunos, y no seré yo el que les contradiga, porque si esta es la clase de libros con los que nuestros creadores nos van a agasajar, podemos empezar a celebrar que en nuestro país hay talento más que suficiente para establecer esas señas de identidad propia que desde H-Horror reivindicamos desde el inicio de nuestra andadura.

»Y que siga latiendo por mucho tiempo.»

Darío Vilas, www.h-horror.com, 30 de mayo de 2011
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«Después de años sin lanzar una nueva criatura al mercado, Bueso nos ha sorprendido con una deslumbrante y hábil revisión del mito del vampiro. Tanto que me lo he tenido que pensar dos veces antes de utilizar la palabra vampiro. La historia empieza como una gota negra que cae. Luego se expande dentro de quien la lee despacio, como una mancha de petróleo primero, como una marea después. Es un relato minimalista, con gran economía narrativa, de personajes y elementos de suspense, pero esa contención amplifica el efecto dramático y terrorífico. El goteo de información y los giros están tan sabiamente dosificados que la tensión crece imparable noche a noche en las cuatro madrugadas que encierran la historia.

»Emilio Bueso es un genuino escritor del miedo. No se explica de otro modo la manera tan auténtica y efectiva en que ha tomado los elementos más infalibles de la literatura vampírica (la mezcla de bestialidad y humanidad, la morada-cubil, el sirviente, el amor inmortal) para destilar un cóctel propio en el que Chernobyl, los servicios secretos rusos, el arte posmoderno y la heroína casan perfectamente con una maldición milenaria.

»No desvelo más aquí. Pues Diástole es como esos escritorios renacentistas cuyos compartimentos secretos se nos van desvelando giro a giro, al ritmo de toda una serie de mecanismos ocultos. Anímense a disfrutar de esta lectura sorprendente. Estoy convencido de que va a dar mucho que hablar. Si existe una tradición de literatura vampírica española, Diástole supone su furiosa renovación. Una puesta a punto del género para el lector del siglo XXI.»

José Miguel Vilar-Bou, El diablo me dijo, 23 de mayo de 2011
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Diástole

 

«No había oído hablar de Diástole antes de que Cristina [Monteoliva] me propusiese su lectura. Tampoco había escuchado hablar de Emilio Bueso y tampoco sabía que era de mi misma provincia.

»El descubrir Diástole creo que ha sido muy instructivo para mí. Pues además de haber sido una lectura muy interesante he descubierto que siempre se puede aprender de un libro que tenemos entre las manos.

»Emilio Bueso, con esta novela, nos ha inmerso en la historia de Jerome, un pintor que ha tocado fondo y que ahora no tiene mayor pasión que un chute de heroína. El principio me ha costado un poco de leer, por esto mismo, tanto pesimismo, tan funesto... pero que después lo convierte en un relato que te atrae como un imán y que necesitas seguir leyendo para ver como termina. Tiene una relación con su coche que podría definirse como "ni contigo, ni sin tí".

»Un día recibe el encargo de pintar a Iván, un ser un poco escéntrico. Quiere que le pinten de noche, desde ocaso al alba. Vive en un caserón casi en ruinas, con un jardín muy deteriorado. El edificio huele a herrumbre...

»Mientras posa, Iván le va contando a Jerome una historia sobre él mismo. Una historia que atrae a Jerome como un imán pese a las cosas tan increíbles que le cuenta. Por eso, en vez de dejar de pintar, y largarse de allí, regresa cada noche para seguir escuchando el relato de Iván. Un hombre que le cuenta cómo escapó de la madre Rusia, que estuvo en Prípiat, cerca de la nuclear de Chernobil, de que sobrevivió al sitio de Leningrado... pero... ¡Un momento! Si hubiese estado en Leningrado debería ser más mayor, no podría aparentar tener unos cuarenta. ¿O si? En su relato deja muchas cosas en el aire, habla de forma muy enigmática y quizá es eso lo que empuja a Jerome querer saber más de Iván. El retrato le está quedando fantástico y se siente cada vez más vivo y con ganas de cambiar. Y cambiará, aunque no de la forma que espera.

»En el transcurso de la historia, me dio la sensación de que iba a terminar la cosa como "La llave del mal" o una especie de "Retrato de Dorian Gray", pero para mi sorpresa no ha sido así y el final es... ¡toda una sorpresa!

»He disfrutado muchísimo con esta novela, voy a seguir a Emilio Bueso muy de cerca porque tiene una forma de describir y relatar que me ha encantado.»

Aída Albiar, La biblioteca imaginaria, Mayo de 2011
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Diástole

«Hace un par de años, gracias a un comentario de un amigo, y sabiendo como sabía mi gusto por leer y encontrar nuevos retos dentro del mundo del terror, llegué a comprar un ejemplar de Noche cerrada, la anterior novela de Emilio Bueso. Hubo que rebuscar en varias librerías online, pero mereció la pena. Unas semanas más tarde, y dentro de la Hispacon que se celebró en Huesca, asistí a la charla que el autor dio sobre novedades dentro de este género y viendo que coincidíamos en muchos puntos, supe que tenía que leer todo lo que Emilio escribiese. Por diversos motivos, desde esa fecha hasta la publicación de Diástole, solo hemos podido disfrutar de las lecturas de diferentes relatos que se han ido publicando en antologías (Aquelarre, Taberna Espectral, Antología Z) y por supuesto su relato "El hombre revenido" con el que ganó el premio Domingo Santos del 2009. Pero la llegada de esta publicación hace que la situación se recomponga y que la apuesta de la editorial por las historias de Emilio a buen seguro nos deparará gratas sorpresas.

»Con Diástole nos encontramos ante una historia de atmósfera oscura, tanto por el período del día donde se desarrolla la gran parte de la trama, la noche, como por los diferentes personajes, todos con un pasado bastante turbio y con un presente nada halagüeño que los hace coincidir y con su prosa, el autor nos mete de lleno en sus vidas. La relación entre estos personajes, sobre todo la de Jêrome e Iván, que le cuenta cuál ha sido el discurrir de sus años pretéritos mientras posa para un retrato, es la que arma la historia y sobre la cual se van construyendo las vigas que la sostienen. Con su buen hacer consigue crearnos incertidumbre sobre cómo terminará todo, inquietud, desasosiego. El terror que desgrana Emilio no se basa en dar sustos y que soltemos un gritito de pánico, no. Su terror se esconde en lo más profundo del lector, en sus tripas, en sus entrañas, allí donde reside nuestra alma. Y como buen conocedor de este género terrorífico, allí es donde ataca sin piedad.

»Jêrome Fournier, un perdedor, un pintor con futuro brillante pero que decae en su éxito y que se hunde en el pozo de las drogas tiene alguno de los momentos más brillantes de la novela, pero no por su visita a la casa de Iván, sino por los momentos en los que montado en su coche, acude a hacer su trabajo. Tal como si estuviera dando golpes al estómago, así se nos presenta la relación entre el pintor y su vehículo, y es en esos pasajes cuando sale a relucir el estilo propio de Emilio, o al menos, donde se ve con más claridad. Ya que no es alguien que esconda las formas y es directo en sus frases.

»Tendremos también ocasión de conocer algo más de la vida diaria de Jêrome y de cómo vive en ese mundo de drogadicción, cómo ha llegado a él, su convivencia con un amigo, etc. Un dibujo realista de este personaje.

»Por su parte, Iván, alguien que huye de su pasado y que soporta en sus espaldas un antiguo mal, es la parte contraria a Jêrome y quien se pondrá del otro lado del lienzo para ir contando a la par su pasado e irnos desvelando sus secretos. Acompañado de su jardinero, Dumitru, vive en una casona, y es allí donde durante cuatro noches debe acudir el pintor para hacerle ese retrato que necesita.

»Incluso se nota mucho trabajo en momentos de la historia en el que Iván se encuentra cerca de Chernobyl, o cuando hacia el final se hace una teoría relativa a varios retratos de pintores famosos. Datos verosímiles y reales que argamasan todo el conjunto.

»Diástole es un continuo chute de adrenalina, como podremos ir leyendo en sus líneas, como el movimiento acompasado de nuestro corazón, y por supuesto tendrá su movimiento contrario, su Sístole, porque en todo momento veremos el ritmo de bombeo de la historia, el ritmo marcado por los sucesos. Y sin lugar a dudas, la novela es merecedora de ser leída, para de este modo intentar desterrar los típicos tópicos del terror que muchas veces alejan a posibles lectores, y darle una nueva dimensión. Por supuesto, no me lo perderé.»

Fernando Martínez Gimeno, Anika entre libros, Mayo de 2011
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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