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reseñas y críticas El cielo de Lima
El cielo de Lima, Juan Gómez Bárcena (Salto de Página). El libro de la broma cruel

«Leímos Los que duermen, el primer libro de relatos de Juan Gómez Bárcena el año pasado y resultó un fenomenal descubrimiento para mí. Por lo tanto cogí entre mis manos este libro con muchas expectativas. La temática es completamente diferente a mi anterior lectura pero el estilo, el buen ritmo y la prosa bien escrita es común entre ambas.

»El cielo de Lima nos cuenta una anécdota para los anales de la historia de la literatura española sucedida en 1904, cuando dos jóvenes peruanos escribieron a Juan Ramón Jiménez con el fin de conseguir un ejemplar autografiado de alguno de sus libros haciéndose pasar por una mujer llamada Georgina Hübner. Con ello iniciaron una correspondencia alargada en el tiempo que finalizó con el enamoramiento por parte del famoso poeta.

»En 1904 dos jóvenes peruanos que trataban de conseguir ejemplares‚ÄĮ firmados por su idolatrado Juan Ramón Jiménez decidieron escribir al poeta fingiendo ser una muchacha llamada Georgina Hübner. El resultado de esta bien documentada broma literaria fue una larga correspondencia que culminaría con el enamoramiento de Juan Ramón por el fantasma limeño, pasión cuyo trágico final el propio autor recogería en su libro Laberinto.

»Basándose en esta anécdota, Juan Gómez Bárcena propone una imaginativa recreación del episodio y un fascinante relato histórico. A lo largo de sus páginas asistimos al inocente empeño de los aprendices de poeta José Gálvez y Carlos Rodríguez que, conscientes de la mediocridad de sus pinitos literarios, se proponen crear para Juan Ramón la musa perfecta, la que habrá de inspirar sus mejores poemas. El lector recorrerá con ellos el Perú finisecular, desde las buhardillas de la falsa bohemia aristocrática hasta los prostíbulos del lumpen o el pavimento sobre el que caen los primeros mártires obreros. Y poco a poco asistiremos también al nacimiento de la propia musa Georgina, que despertará pasiones a ambos lados del Atlántico hasta acabar convirtiéndose en la auténtica protagonista ausente de la novela.

»En principio lo he leído sin conocer más de la historia real ya que no quería que me influyese, ni conocer el final. La intriga me ha mantenido en vilo a lo largo de la novela. Hablo de intriga pero no porque sea una novela con un misterio o con suspense. Pero sí que ha conseguido captar mi atención y la necesidad de seguir leyendo para conocer el desenlace de Georgina, de Juan Ramón y sobre todo de Carlos. 

»Porque a mi entender el aprendiz de poeta Carlos Rodríguez y el contexto histórico de Lima son los verdaderos protagonistas de la historia. La historia epistolar es el McGuffin de la novela. Sin desmerecerla, porque resulta muy interesante, y como he dicho muy intrigante. Pero el desarrollo del personaje de Carlos es fundamental.

»Carlos y José Galvez son dos ricos jugando a ser unos pobres poetas, leyendo y escribiendo en una buhardilla, anhelando los nuevos libros de Juan Ramón Jiménez no editados en Perú. Y a partir de aquí empieza la correspondencia con él pero a la vez vamos conociendo la infancia de Carlos, el yugo familiar, los desencuentros con las mujeres. También nos muestra los desequilibrios sociales, con una huelga que paraliza el correo, con las citas con señoritas casaderas en pos de alcanzar un peldaño social más…

»El autor posee dotes para la narrativa seria pero también para darle un toque humorístico. Ciertos pasajes irónicos: “Llegará el día en que con treinta no tengan ni mujer, ni hijos, ni trabajo, ni casa, ni ganas de tener ninguna de las cuatro cosas.”, nos guían en este juego de niños poetas.  No voy a contar nada más porque no quiero perderme en el desenlace de la historia de Carlos que sucede en paralelo al de la correspondencia con Juan Ramón Jiménez.

»Posteriormente he leído sobre los hechos reales y parece que están perfectamente documentados, incluidas entrevistas con los protagonistas. Pero aconsejo leer este estupendo libro sin conocer nada, y disfrutar finalmente de la maravillosa elegía de Jiménez Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima. Sólo con ese final de novela merece la pena leerla. No os la perdáis, ni perdáis de vista a Juan Gómez Bárcena. Creo que nos seguirá dando muchas alegrías.»

Ni un día sin libro, 7 de marzo
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«Lima, 1904. Carlos y José son dos jóvenes burgueses, aprendices de poeta y admiradores de Juan Ramón Jiménez. Tanta es su querencia por el Maestro que deciden escribirle una carta para conseguir autógrafos y las publicaciones que aún no han cruzado el Atlántico. Pero, para resultar más atractivos a sus ojos, solapan su identidad y crean la de una quebradiza muchacha (flores lánguidas, suspiros a la hora del crepúsculo) que parece nacida de la estética modernista.

»Sobre esas líneas maestras (que parten de una anécdota real), Juan Gómez Bárcena establece una urdimbre de referencias que dejan patente que la literatura es la madre de todas las cosas, no sólo de nuestra visión del mundo y nuestra identidad, sino también de nuestro sagrado amor, dado que el lenguaje es previo a cualquier sentimiento. Todo ello en un contexto de lucha de clases en el que la misma literatura es al mismo tiempo principio activo de la revolución (¿qué son, sino esmerados ejercicios literarios, las obras de Marx, Kropotkin y Bakunin?) y un poderoso narcótico para los prejuiciosos burgueses.

»Con el brillante desarrollo de estos presupuestos, donde Gómez Bárcena esquiva tanto lo banal como lo pedante, queda constituido un esmerado ejemplo de arquitectura (más de 300 páginas) y orfebrería (gusto por el detalle) muy sorprendente en un autor que apenas si roza la treintena. Cabe esperar, por tanto, lo máximo de él y, mientras tanto, no dejar de perderse en este transparente laberinto.»

David Leo, LeCool, octubre de 2015
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La broma finita

«"Al principio es sólo una carta ensayada muchas veces, queridísimo amigo," una necesidad de contarle algo, una recomendación, una utopía: que lea usted algo que merezca la pena, que dé sentido a su vida. Bueno, a su vida tal vez no, pero porque una novela, un libro, no puede conseguir eso. Y si pretende usted que esta novela se lo arregle va listo. Porque lo único que debe hacer es leerla para darse cuenta de que es más perfecta que usted y que yo y eso, lastimero amigo, lo va a frustrar sin quererlo.

»Igual que yo lo hago con usted, un amigo, fiable, delicioso, gran lector, me recomendó El cielo de Lima, novela sin pretensiones, de portada humilde y editada por Salto de Página, editorial de talentosa cantera incuestionable. Lo busco, lo leo, intrigado porque mi amigo sólo me recomienda verdaderos clásicos de la literatura americana con la maestría de un agente literario y el título pertenece a la más actual literatura española, española, española…

»Un eco que siempre restalla entre las imágenes del escepticismo y de cuya marca debemos deshacernos. No le contaré qué hay en esta novela, amigo mío, seguro que ya ha escuchado hablar de ella como la galardonada con el premio El Ojo Crítico de Narrativa de RNE. Puede acudir a las palabras del jurado: «reconstruye una época y un escenario con vigor y verosimilitud, a través de una trama en la que juegan personajes convincentes con una atmósfera para la que el uso del lenguaje resulta muy apropiado.» Resulta muy apropiado, dicen, y se quedan tan tranquilos, como si no fuera una fórmula que podría funcionar igual para esta novela como para cualquiera de Salinger.

»No busque referencias ni críticas académicas; no le dirán nada. Todos alaban la obra, que en realidad es lo mismo que hago yo, pero con una sarta de obviedades que no quiere usted escuchar porque es aburrido y académico. Quiere una buena crítica. No la hay. A veces creemos que el autor nos puede convencer de que su obra hay que leerla. Juan Gómez Bárcena, astuto, habla poco, pero suele leer un fragmento de la novela, breve como su formación como cuentista le dicta, sobresaliente porque te deja con la miel en los labios, como cuando mi nieto me mira embobado esperando más anécdotas que ya no sé inventar. Y esa es la mejor propaganda, la única, las páginas del libro.

»Y es que una cosa está clara, Juan no ha escrito El cielo de Lima, lo han narrado sus personajes, equiparables únicamente a otros dos que usted y yo ya conocemos. Casi podrá ver cómo José Gálvez y Carlos Rodríguez pueden encontrarse con Ulises Lima y Arturo Belano en algún ático de poemas infames y vasos de pisco rodando por el suelo para conversar sobre su pobre poesía y la genialidad del coqueteo de Georgina Hubner con Juan Ramón Jiménez. Huidores, los cuatro, de alguna inconfesable pasión por la literatura. Como si dos universos se aproximasen en la geografía ficticia y real para recordarnos que formamos parte de ambas.

»En los últimos años no había leído nada que desatara tanta pasión por el mundo literario como Firmin o la novela de Bolaño. Esta obra llegó justo cuando menos lo esperábamos y lo ha hecho para que yo mismo afirme, amigo, sin temor a equivocarme, que es la mejor novela del pasado año 2014. Y que no hay crítica o reseña que pueda estar a la altura.

»Humildemente, no dude en hacer caso al boca a oído de su entorno. Apueste por El cielo de Lima. Quedará de piedra al descubrir, con ferocidad alegría, que es un libro que va dedicado precisamente a usted, que me lee, que me aguanta y que pierde el tiempo con esta pequeña chanza que le hago mientras podría estar leyendo la mayor broma de la historia de la literatura universal: la de enamorar a un poeta.»

Juan Francisco Gordo López, Pictograma, 11 de mayo de 2015
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«En la segunda obra publicada de Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984), el lector encuentra la historia de dos jóvenes peruanos, ricos y letraheridos, que en los albores del siglo XX se divierten gracias a Georgina, una criatura salida de sus fértiles mentes con la que tratarán de seducir a su venerado Juan Ramón Jiménez. Un hecho que Gómez Bárcena no ha sacado de su no me4nos fértil imaginación, sino de las hemerotecas. Esa novia fantasma existió, como personaje, y Juan Ramón cayó en la trampa urdida para obtener los libros del poeta, que entonces no llegaban hasta el remoto Perú. Se generó así una correspondencia intensa entre ese par de cándidos impostores y el consagrado escritor, que recibía cada carta de Georgina Hübner como un soplo al corazón, ignorante de que estaba siendo víctima de un fake en toda regla. Nunca se llegó a saber si el futuro premio Nobel conoció la literaria broma, que a buen seguro le habría sentado peor que una coz de su Platero en el pecho.

»Sale airoso Gómez Bárcena del reto de convertir ese singular hecho en ficción, porque el lector curioso se sentirá atraído por ese universo tan remoto, en tiempo y distancia, como es la Lima de 1905, por disuasorio que pueda parecer a priori. También porque la narración fluye y se avanza en esa historia mínima como quien da un paseo en bici. Virtud que conlleva un riesgo, porque tanta suavidad puede convertir la lectura en una experiencia similar a la ingesta de un té con pastas danesas. Hay un deje de literatura juvenil, una falta de mordiente en pos de una corrección literaria que habrá quien juzgue en exceso prudente, pero que se compensa con capítulos de alto voltaje literario e inusual delicadeza, como el encuentro entre el púber Carlos y su meretriz desvirgadora.

»Una novela amable, balsámica incluso, que insinúa entretanto las tensiones sociales de principios de siglo XX y que deja en el lector un buen sabor de boca.»

Eduardo Laporte, Buensalvaje, enero-febrero de 2015
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La musa perfecta

«Si el amor se creyó sentimiento y los amantes no son sino enfermos de ficción en un entresijo epistolar, para los neuróticos de la palabra una novela puede ser la realidad, y la historia, imaginación sobrevenida. Si lo escribes, y el lector lo cree, existe pues. Todo ello, con Juan Ramón Jiménez como "víctima poética", bajo El cielo de Lima, la novela de Juan G. Bárcena.

«"El amor es un discurso, amigo mío, es un folletín, una novela, y si no se escribe con la cabeza, o en el papel, o donde sea, no existe, se queda a medias; no pasa de ser una sensación, que se creyó sentimiento…"; así es como concibe esta historia Cristóbal,el escribidor de cartas de la plaza de santo domingo de Lima. Hay amantes que adoran las elipsis, otros arrojados a la omnisciencia y al dominio absoluto de la historia, pero los de esta novela, estos dos niños ricos, mediocres poetas que quisieran serJuan Ramón, no son amantes sino enfermos de la ficción. esta neurosis de la palabra los lleva a escribir al ya célebre Juan Ramón Jiménez en nombre de una enfermiza muchacha inexistente, georgina Hübner, con el objetivo de conseguir un ejemplar firmado de una de sus obras; y el resultado de esta broma literaria es una larga correspondencia entre el poeta de Moguer y esa mujer fantasma, la musa perfecta para Juan Ramón.

»Esta aventura metaficcional que propone Juan Gómez Bárcena basándose en la historia real que culminaría Juan Ramón con un poema de su libro Laberintono es sino la historia de la construcción de una novela, un folletín en el que la jovencita lánguida, ávida lectora de poesía modernista, enamora al mítico poeta de Almas de violeta; son las vicisitudes de José gálvez Barrenechea y Carlos Rodríguez Hübner, aprendices de bohemios, hijos de importantes familias limeñas, que reparten sus horas de ocio entre las buhardillas, los prostíbulos y las incipientes revoluciones obreras soñando convertir lima en París. esta construcción de la musa perfecta los llevará a establecer contacto con todo tipo de jóvenes que irán enriqueciendo el personaje de georgina: la muchacha vírgen de la europa del este forzada a la prostitución, la inteligente y caritativa elizabeth almada, una ninfa en un grabado de Gustave Dorépero también floristas, criadas y paseantes que dotan de tonos, matices y rasgos físicos a la galatea limeña. todas ellas van conformando una georgina que va cambiando precipitadamente hasta el momento en el que Juan Ramón muestra signos de enamoramiento — «pienso que paseo contigo »— y es entonces cuando es preciso terminar la función, introducir un giro inesperado en la acción, como en las malas novelas. Gómez Bárcena domina los recursos metaficcionales como un narrador avezado; en esta novela, sabe enfrentarse al taller del escritor-fingidor y adentrarse en los torpes mecanismos de estos dos hijos de papá para embaucar al poeta a través de la musa o incluso para adivinar, con la lectura de sus cartas, cuál es su grado de interés y entrega. de ahí que sea necesaria la intervención del escribidor de cartas, el licenciado Cristóbal porque, si aquí la ficción es la realidad, la lectura es también una forma de escritura y el licenciado es el único capaz de averiguar si, entre los entresijos de la escritura epistolar, es posible concebir el amor: "desengáñese, amigo mío: el amor, tal y como usted lo entiende, lo ha inventado la literatura, lo mismo que Goethe le regaló el suicidio a los alemanes".

»La morosidad en esta narración es tan necesaria como titubeantes son los pasos de los escritores protagonistas; la novela, en el fondo, no es tanto el relato de una broma literaria, sino la historia del proceso de la escritura, de las imaginaciones sobrevenidas y de los conflictos que surgen en la creación y en el choque entre fantasía y realidad, entre mundo fictivo y verosimilitud. Y es que todo rezuma literatura desde los sanatorios para tuberculosos hasta los ecos reivindicativos de los estibadores del puerto, quizás personajes desterrados de una novela de Zola o de un folletín de Sue. Sólo un poeta como Juan Ramón podía requerir una mirada tan puramente literaria.»

Eva Soler, Posdata, noviembre de 2014
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Cartas marcadas

«Juan Ramón Jiménez no cesa de estar de actualidad, ya sea por su propia obra, tan inabarcable y que siempre muta transformándose en libros nuevos o por la afloración de inéditos, ya por, actualmente, dos historias sentimentales coprotagonizadas, junto a él, por muchachas enamoradizas y obsesivas. La más reciente fue Marga, la atribulada admiradora suicida cuya lastimosa historia sale ahora de la imprenta en un volumen publicado por la Fundación José Manuel Lara. La más antigua, tres décadas antes, fue una espuria señorita limeña que estableció con él una correspondencia transoceánica; como Marga, murió la pobre, pero falsamente (¡albricias!) porque sus creadores decidieron que ya le había llegado la hora, cansados con el tedio de los señoritos que se aburren de no hacer nada.

»A partir de ese suceso documentado, por ejemplo en el poema del futuro Nobel que da título a la novela, “Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima”, el joven escritor Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) monta un relato sólido y maravillosamente escrito que recuerda a obras como Soldados de Salamina de Javier Cercas, aunque dejándose llevar más por la inventiva y la abierta ficción. El cuidadísimo lenguaje, la capacidad de atinar en los perfiles psicológicos, el fino retratismo con que se dibuja a los personajes y el no menos capaz paisajismo con que se pinta un Perú de principios de siglo XX con conflictos sociales, huelgas, lupanares, la industria del caucho (en alguna página el lector recordará El sueño del celta de Mario Vargas Llosa), más los enredos de la literatura, todo ello sabiamente administrado, hacen que El cielo de Lima sea una novela que se lee con sumo gusto y hasta se devora (quizá, y por ponerle una ligera objeción, se hace notar demasiado el conocimiento que el autor tiene de los talleres literarios y la narratología).

»Hay grandes secundarios, como ese licenciado, escribiente de cartas de amor, que dice algo que es aplicable a esta trama en la que un ser de la imaginación encandila a otros de carne y hueso (no solo a JRJ, sino también, de otro modo,  a los que la han hecho nacer para luego quitarle la vida): “Desengáñese, amigo mío: el amor, tal y como usted lo entiende, lo ha inventado la literatura, lo mismo que Goethe le regaló el suicidio a los alemanes. No somos nosotros los que escribimos novelas, sino las novelas las que nos escriben a nosotros…”.

»El cielo de Lima ha obtenido, muy merecidamente, el Premio Ojo Crítico de RNE. En la decisión de premiar a Gómez Bárcena habrá pesado sin duda su deslumbrante maquinaria de relojería (ese retomar personajes y sucesos ya presentados con anterioridad), su estupendo uso del tiempo presente –ya sabiamente empleado en su libro de relatos Los que duermen (2012)– que proporciona inmediatez y frescura, y el haber optado a las claras por la narración (muy bien los diálogos), sin atender al canto de sirenas que hubiera sido el uso, hasta el abuso, del género epistolar.»

Antonio Rivero Taravillo, Estado Crítico, enero de 2015
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«De todos es conocida la historia de Georgina Hübner, la andina que escribía cartas a Juan Ramón Jiménez declarando su admiración poética, primero, y su enamoramiento, después. El poeta, rendido ante sus encantos, se enamora perdidamente. Tanto, que decide ir a visitarla al otro lado del charco. Justo cuando se dispone a embarcar recibe un telegrama del embajador peruano: Georgina ha muerto. No menos conocido es que la tal Georgina Hübner nunca existió, sino que fue una invención de dos aspirantes a escritores, dos señoritos ricos que querían libros firmados del nobel español, difíciles de conseguir en el continente americano. A raíz de esta anécdota, el joven escritor Juan Gómez Bárcena construye la vida de estos dos limeños y de la correspondencia cruzada entre el personaje creado por ellos y el poeta español.

»José Gálvez (de buena familia desde la cuna) y Carlos Rodríguez (nuevo rico gracias al negocio familiar del caucho) son los artífices de la broma. En vista de que ellos no se van a convertir nunca en poetas (saben que son malos escritores, saben que no tienen oficio, solo les gusta imaginarse siendo unos bohemios), al menos que una creación suya (Georgina Hübner) sea la musa para la construcción de una gran obra escrita por, nada más y nada menos, JRJ. Así, lo que empieza siendo un pequeño juego para conseguir algunos libros, va degenerando en la construcción de un personaje cada vez más sensual. Cada vez más sexual. Se produce un juego de espejos donde los protagonistas van creando a un personaje para hacerlo más real, mientras que el propio Gómez Bárcena va ficcionalizando a unos personajes que fueron reales. No en vano, una de las virtudes de esta narración es el juego que plantea el escritor santanderino entre ficción y realidad. Los protagonistas avistan desde su buhardilla a los habitantes limeños y los clasifican entre protagonistas y secundarios y a qué escritor pertenecen: a Galdós; a Zola; a Dickens. El propio Carlos se "enamora" de Georgina, porque es el ideal de mujer que anhela.

»Tampoco es casual la elección del narrador. En tercera persona omnisciente, focalizando en todos los personajes, aunque sobre todo en Carlos. Es un narrador decimonónico, el que todo lo sabe, el que interrumpe la narración para dirigirse directamente al lector. Gómez Bárcena continúa con su juego, con esta novela que habla, sobre todo, de literatura, de su construcción.

»A la vez que la pareja va modelando a Georgina, se nos describe la Lima de 1904, sus revueltas sociales, su lucha de clases. Sin caer en un exceso de datos, si que podemos entrever cómo era la capital peruana a principios del siglo pasado.

»Pero el aspecto más destacado es, sin duda, la capacidad narrativa de Gómez Bárcena, el sentido del ritmo que le impregna a cada una de sus páginas, dominando la narración desde un primer momento; algo casi insultante en una primera novela. Espero hacerme pronto con el libro de cuentos Los que duermen, publicado también por Salto de página.»

Carlos F. Romero, Con L may√ļscula, 29 de febrero de 2015
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«El cielo de Lima, obra que acaba de recibir el prestigioso Premio Ojo Crítico de Narrativa, es la primera novela de Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984), un autor que, a pesar de su juventud, ha conseguido hacerse de un lugar destacado en la literatura española gracias a la buena acogida de su libro de relatos Los que duermen (2012) y a su participación en la antología Bajo treinta (2013), que hizo visible a toda una generación de jóvenes narradores españoles, nacidos a partir de mediados de los años ochenta. En esta novela, Gómez Bárcena se aleja de la contemporaneidad radical —una constante temática en la generación a la que pertenece— para sumergirnos en la Lima de principios del siglo XX a través un conocido episodio del anecdotario literario: la creación por parte de dos jóvenes poetas de un personaje ficticio, Georgina Hübner, con la intención de conquistar la atención de Juan Ramón Jiménez y que este le enviase ejemplares dedicados de sus libros. Carta tras carta, la broma se les fue yendo de las manos y Juan Ramón Jiménez acabó perdidamente enamorado de Georgina.

»Escribir del pasado no es forzosamente alejarse del presente. Más bien lo contrario: es abrirlo, conectar tiempos, convertir el anacronismo en una forma de trabajo fructífera para la literatura. En este caso, a pesar de dar cuenta de un momento temporal situado en el pasado, el modo de composición y la forma narrativa de la novela no pueden ser más contemporáneos. A través de un estilo elegante y cuidado, Gómez Bárcena intenta presentar una especie de making-of de la creación de este personaje, explorando las peripecias vitales de Carlos Rodríguez y José Gálvez, el ambiente literario y social de la Lima del momento y el proceso de construcción de Georgina Hübner. Todos los personajes que transitan por la novela se encuentran abducidos por la ficción; en cierto modo, están enfermos de literatura. Su vida real se construye a través de estereotipos. Y en un sentido semejante opera la impostura, que aparece como uno de los tropos del libro. Todos los personajes fingen ser otros. Construyen un relato para dar sentido al mundo que habitan. Todos son impostores.

Uno de los aspectos que más llaman la atención de esta novela es el uso del lenguaje. Gómez Bárcena ha optado por escribirla en un castellano extraño que suena a pasado pero que no pretende ser el castellano del Perú de principios del siglo XX. Es más bien una especie de lenguaje de entretiempos que tiene algo de las formas pasadas pero que se encuentra con un narrador del presente, que es en última instancia quien construye el relato. Hacer eso sin que la escritura chirríe en ningún momento es quizá uno de los mayores aciertos del libro.

»Más allá de la historia de amor del joven Carlos, de las cuestiones de clase que atraviesan la novela, de la relación de amistad entre los poetas, más allá incluso de la correspondencia entre Juan Ramón Jiménez y Georgina, se podría decir que El cielo de Lima es una novela acerca de cómo funcionan los mecanismos de la ficción. El libro es consciente de ser un artificio y en ningún momento deja de referirse a sí mismo, a su proceso de construcción; los personajes se saben personajes y la novela se sabe novela, lo que da como resultado una escritura autorreferencial que recuerda las estrategias posmodernas del Italo Calvino de Si una noche de invierno un viajero. Un modo de construcción que se convierte en un artilugio perfecto en el que todas las piezas encajan. Un dispositivo que, a pesar de partir de un elemento de realidad, muestra cómo esta toma forma en el texto, dejando a la luz las estrategias narrativas, informando al lector en todo momento de las decisiones que el escritor toma, haciéndolo partícipe del funcionamiento del relato, desmontando la idea de la novela como artilugio mágico que sólo el escritor sabe hacer funcionar.»

Miguel √Āngel Hern√°ndez, Revista Otra parte, enero de 2015
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«Georgina Hübner está hecha sólo de palabras. Palabras que escriben dos jóvenes poetas y que dan forma a una muchacha romántica e ingenua. Palabras que viajarán en barco y embaucarán a Juan Ramón Jiménez. Crear identidades falsas para conocer, enamorar o engañar a alguien en la distancia es hoy un hecho cotidiano que abunda en las redes sociales, pero, probablemente, ha existido siempre desde que hay comunicación escrita entre lugares alejados. En El cielo de Lima Juan Gómez Bárcena nos traslada a principios del siglo XX y extiende un puente epistolar entre Perú y España. Carlos Rodríguez y José Gálvez viven en Lima y hasta allí, difícilmente llegan las obras de su admirado Juan Ramón Jiménez. Para conseguir un ejemplar del libro Arias Tristes deciden escribir al poeta, pero saben que sólo si adornan la realidad tendrán una respuesta. Entonces inventan a Georgina, una admiradora que suspira por los versos del poeta de Moguer, con quien iniciará un idilio que irá creciendo con cada carta recibida. Con retazos inspirados en obras de Zola, de Baudelaire, de Rilke o de Rimbaud imaginan la biografía de Georgina. A pesar de ser dos señoritos ricos sueñan con ser poetas arruinados parisinos y contemplan la miseria de su ciudad desde las alturas. A ambos amigos les faltan vivencias, por eso necesitan de la ficción. La literatura forma parte de su vida; presienten lo que consideran la muerte de la lírica e intuyen la necesidad de la novela para narrar los hechos que afectan a un mundo que empieza a transformarse rápidamente. Así comienzan a crear el relato del juego que han inventado siguiendo los consejos de un manual que acabarán quemando. Carlos, con su caligrafía femenina, es el alma de Georgina, sin embargo, para que en su personaje siga creciendo el amor, pide consejo a un escritor de cartas que le hace una revelación: «uno sólo puede escribir sobre sí mismo, incluso cuando cree escribir en nombre de otros». A partir de ese momento Carlos otorga más vida a Georgina, logra que se insinúe, que atraiga, que participe de su ciudad y hasta llega a ser herida en una de las revueltas por la represión policial. A lo largo de varios años de correspondencia, y a pesar de su verdadero creador, los amigos de tertulia incorporan nuevas ideas que van transformando a su personaje. Todo se complica cuando Juan Ramón Jiménez decide ir a visitarla.

»Pero dentro de este argumento hay otras historias. Como en la novela tradicional, aquí se describe la realidad social de un lugar y una época. Hay huelgas y disturbios en Lima que afectan incluso a la llegada de sus esperadas cartas. Se narra también la historia del fracaso de un poeta que ha querido vivir otra vida; a través de la ficción lleva una existencia paralela que hace fracasar la que realmente vive.

»Como en sus cuentos, Gómez Bárcena juega con la parte de la realidad que creemos conocer a través de la historia y la transforma en ficción dejando incluso espacio para lo fantástico. Recrea ambientes y escenarios limeños de hace un siglo, las desigualdades sociales, el surgimiento de nuevos ricos. Sus personajes evolucionan, se transforman y, poco a poco, se va haciendo patente todo aquello que separa a los dos amigos, su educación y su manera de entender el mundo. Hay juegos metaliterarios al desvelar el proceso de elaboración, las dudas y la composición de la propia escritura, y, a través de las cartas, emula incluso el estilo de Juan Ramón Jiménez. Una novela recomendable, sólidamente construida, bien documentada, que mantiene el tono sugestivo  a lo largo de sus páginas y que demuestra el amor del autor por la literatura.»

Ricardo Reques, Otro Lunes, enero de 2015
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«Lima. Perú. 1904. Dos jóvenes señoritos que juegan a ser poetas pobres, Carlos Rodríguez y José Gálvez, deciden hacerse pasar por una mujer para escribirle al poeta español Juan Ramón Jiménez a fin de obtener algunos de sus libros de poesía, difíciles de encontrar en el país andino en esa época. Así nace Georgina Hübner, una tímida mujer limeña que durante años intercambiará correspondencia con el vate de Moguer sin que este sospeche que detrás se esconden dos juerguistas enfermos de literatura. Cuando la relación epistolar se les vaya de las manos y Jiménez muestre su disposición a tomar un barco para ir a conocerla, los jóvenes cortarán la relación en seco informando al escritor a través de un  telegrama que Georgina Hübner ha  muerto. El resultado más visible de esta farsa será el poema ‘Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima’, que el autor de ‘Platero y yo’ incluye en su libro de 1913 ‘Laberinto’.

»Si ‘El cielo de Lima’ de Juan Gómez Bárcena simplemente se dedicara a recrear este curioso episodio de la historia de la literatura muy posiblemente la novela no hubiera tenido la repercusión que ha tenido ni estaría escribiendo esta reseña. La misma historia ya ha sido contado otras veces en forma de artículo, entre ellos brillantemente el del escritor Alonso Cueto para la ‘Revista de la Universidad de México’[1] donde el lector puede encontrar más y mejores datos sobre la invención de Georgina Hübner y sus consecuencias. Si ‘El cielo de Lima’ destaca por algo no es en la recreación minuciosa de esta relación sino en el análisis consciente de qué es una novela y cómo se construye, del peso que la imaginación tiene sobre las personas.

»José Gálvez y Carlos Rodríguez, dos tipos diametralmente distintos, un don Quijote y Sancho de las buhardillas y los bares para ricos, conciben a esta mujer sin rostro como un medio de conseguir algo, de llamar la atención, pero también de iniciar una carrera literaria y provocar en el afamado escritor una respuesta de tipo artístico. ¿Qué mayor triunfo –piensan- que convertirse en musas de un maestro? Su idea original, una pura comedia, es asimilable a cualquier idea primigenia que alumbra muchas obras de creación: una anécdota, una pregunta, un interés por contar o alumbrar un punto oscuro de la historia. Pronto sin embargo se topan con las limitaciones de toda idea epifánica: ¿cómo se desarrolla?, ¿qué pasado tienen sus principales personajes?, ¿por dónde se mueven?, ¿qué hacen cada día? y, sobre todo, ¿qué sienten?, ¿cómo son verdaderamente?, ¿los conocen o los conocen mejor sus lectores?

»Ahí Gómez Bárcena se muestra pletórico y aprovecha las idas y venidas de las cartas para hilar un discurso sobre la novela aprovechando el feliz hallazgo del licenciado Cristóbal, un experto escribidor de cartas de amor con el que los protagonistas empiezan a compartir consejos sobre el arte de narrar para atrapar mejor la atención del destinatario. ¿Qué diferencia hay en el fondo entre un ávido lector de cartas y de novelas?

»Misiva a misiva la correspondencia cruzada entre el Atlántico se enfrenta a los mismos desafíos que cualquier obra narrativa: el carácter y definición de los personajes, su hábitat y la complejidad de sus sentimientos; la coherencia interna del texto, los momentos de tensión dramática, el nudo narrativo que hay que desenredar y finalmente una conclusión que esté a la altura, que satisfaga tanto al lector como a quien se ha convertido en el alter ego de esas sombras, puras apariencias de verdad, a las que se ha dado vida con una plumilla y unas resmas de papel.

»Aquellos que tengan claro que la realidad y la ficción viven en mundos aparte y que no se mezclan deberían leer El cielo de Lima, un libro que demuestra cómo la imaginación puede alterar la realidad y cómo un personaje inventado, esta Georgina Hübner que solo existió en cartas y en un poema, pisar con más fuerza y realidad que aquello que existe.

»Anotar únicamente en la columna del debe que pese a que los protagonistas son peruanos y dialogan habitualmente entre ellos y con personas de clase social más baja en ningún momento usan la rica jerga y giros limeños, más allá de unos cuantos ‘solecitos’ y un par de ‘diositos’. Sus personajes hablan todo el tiempo como puros chapetones de Santander. Como su autor, vamos.»

Iván Alonso Pérez, Literaturas.com, diciembre de 2014
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El cielo de Lima

»En su primer libro de cuentos, Los que duermen (Salto de Página, 2012) ya dejó demostrado Juan Gómez Bárcena (Santander, 1985) que está enfermo de literatura. Y si allí las referencias y los referentes literarios eran constantes, ahora el autor ha elegido un asunto también literario, además de real, para construir con él su primera y estupenda primera novela.

»La trama parte de una anécdota tan real como novelesca. Dos jóvenes peruanos de clase acomodada y aficionados a la poesía deciden escribir a su admirado Juan Ramón Jiménez y solicitarle uno de sus libros. Para asegurarse del éxito de su empresa se hacen pasar por una mujer, Georgina Hübner, tal vez la más célebre de las musas irreales de la literatura contemporánea. Corren los primeros años del siglo XX y Lima se agita bajo las revueltas anarquistas. El poeta responde y se inicia una correspondencia que sólo terminará cuando Juan Ramón esté enamorado y los dos jóvenes, temerosos de ser descubiertos, “maten” a la joven ficticia en un telegrama. Juan Ramón escribió el poema “Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima”.

»La novela es fiel a los hechos, recrea con detalle los pormenores de la historia y su época, pero las trasciende. No importa que Georgina Hübner fuera o no prima de uno de los dos amigos, tampoco que uno de ellos llegara a ser presidente del Perú. En realidad, la novela lanza otras preguntas: desde la finalidad de la literatura hasta la naturaleza creadora del amor; desde el poder de la ficción para soportar la realidad hasta la importancia de los ideales en la vida. Gómez Bárcena aborda asuntos muy serios mientras da una lección de cómo se cuenta una historia que algo tiene de comedia, de tragedia y de relato de costumbres. El estilo es magnífico, el narrador sabe contarnos las cosas con originalidad, pulso, ritmo. Poco hay que añadir: lean a Gómez Bárcena.»

Care Santos, El Cultural, diciembre de 2014
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«La nueva novela del joven escritor santanderino Juan Gómez Bárcena, editada por Salto de Página, es una de esas que dejan huella, tanto por lo bien escrita que está como por el original asunto del que trata: dos aprendices de poeta entablan desde Perú una relación epistolar con Juan Ramón Jiménez, a quien le hacen creer que trata con una joven amante de sus versos; el insigne rapsoda pica el anzuelo y cae rendido ante los encantos de su falsa admiradora, sumergiéndose en una atribulada aventura en la que nada es real hasta que el deseo decide lo contrario. Una novela apasionante, cómica a ratos, intrigante y muy original que descubre a un escritor enorme.»

Antonio Ubero, La Opinión de Murcia, 20 de diciembre de 2014
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Panor√°mica de narrativa espa√Īola 2014

«(...) Otro nombre de la generación de los ochenta a considerar durante 2014 es el de Juan Gómez Bárcena. Su El cielo de Lima me sorprendió por rigor, seriedad, capacidad de alargar un hilo escueto y el modo de narrarlo, imposible sin una documentación que en otro autor hubiera entorpecido la prosa que cuenta esa efeméride de dos jóvenes peruanos de buena familia que engañan al mismísimo Juan Ramón Jiménez en una historia con muchas capas que van desplegándose a medida que avanza el relato. (...)»

Jordi Corominas, numerocero, 9 de diciembre de 2014
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El cielo de Lima y el rese√Īador perplejo

«Se ha hablado mucho de El cielo de Lima desde que se publicó (Salto de Página, 2014). Tanto, que pensaba que no merecería la pena escribir otra reseña ensalzando las virtudes de una de las novelas españolas que más he disfrutado del siglo XXI. Recuperar el borrador, con las pocas líneas que escribí al leerla, no se debe a que el libro haya ganado El Ojo Crítico 2014 (aunque mal no ha venido). La verdadera razón se encuentra en una noche regada de cerveza, durante la cual le confesé al autor, Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984), que estaba intentando redactar una crítica de su última obra, pero que me salía demasiado laudatoria y no acababa de convencerme tanto peloteo. Un peloteo que no era capaz de justificar desde mis humildes conocimientos («Tiene algo especial», le dije, «pero no puedo explicar el qué, me tiene desconcertado»). Él, más listo que yo, aprovechó mi embriaguez para sacarme el compromiso de repensarla, terminarla y publicarla. Así que aquí va, sin cortarme un pelo en la adulación, vaya el aviso por delante.

»En algunas ocasiones tiendo a simplificar para no volverme loco. Es en esos instantes cuando renuncio a pensar en una gran obra literaria como un sistema de virtudes entrelazadas, casi imposible de esclarecer. No, en esos instantes de feliz displicencia, identifico la valía de una obra literaria con su capacidad de generar sorpresa. Sorpresa, entendida como un atributo que podríamos sintetizar en la siguiente fórmula reactiva: «Coño, yo no sabía que esto se pudiera hacer así».

»Lo que verdaderamente me ha sobrecogido de esta novela se resume en una emboscada: aquella en la que han caído fulminadas mis ideas acerca de lo que puede ser actual, lo que puede ser fresco, lo que puede ser nuevo. El cielo de Lima, en mi caso personal, ha constituido un hallazgo de aquellos que te discuten, no sólo lo que piensas de la literatura, sino también lo que piensas de ti mismo.

»Me explico: en principio, estoy convencido de que el espíritu de mi generación se retrata con vitriolo. Los productos culturales que han influido en los creadores jóvenes que trabajan a mi alrededor parten de ahí: reflejar o ridiculizar lo que odiamos para que así emerja sutilmente lo que amamos, sin necesidad de mentarlo directamente. Desde Monty Python a Michel Houellebeq, pasando por Family Guy o David Foster Wallace, el sarcasmo, la hipérbole, el esperpento, se han convertido en herramientas imprescindibles para ahorrarnos tener que desvelar explícitamente el contenido de nuestros corazones. Hasta el punto de que uno (yo) llega a tildar una obra de moderna cuando se encuentra cargada de humor negro y mala hostia. En este mundo confuso, es más fácil que todos estemos más de acuerdo en lo que detestamos que en lo que amamos.

»Que no se interprete esto como una crítica contra una forma de expresar de la que me siento parte. Pongamos como ejemplo otra grandísima novela de 2014, Deudas Vencidas, de Recaredo Veredas (también Salto de Página), un texto delicioso, con el que disfruté de la primera a la última página; una obra tremendamente actual, escrita por un autor a quien puedo imaginar sometido a las mismas influencias que yo. Me hubiera encantado escribir la maravillosa Deudas Vencidas. Pero no me sorprende su existencia, y eso es lo que la diferencia de El cielo de Lima. La primera perfecciona y pule un camino por el que a muchos nos gusta transitar. La segunda inaugura un sendero que yo, al menos, desconocía.

»El cielo de Lima (si me permiten esta mierda de frase) El cielo de Lima es amor.

»Es cierto que no le falta salero, incluso acidez (sobre todo en la desmitificación de la figura de Juan Ramón Jiménez). Sin embargo, creo que la construcción de El cielo de Lima nace de un amor insoslayable por la creación literaria (demostrado en su faceta metaliteraria), amor por la amistad, amor por la pureza de la verdad, y amor, finalmente, por el amor.

»No es que esto no haya ocurrido previamente en la historia de la literatura. Lo inusual reside en que el autor logra que suene radicalmente nuevo; lo suficiente como para que un miembro de la generación perdida, como yo (esa generación del baby boom, posteriormente conocida como generación del ocio, que luego ha sido la generación de la crisis, y después no sé cuántas generaciones con nombre despectivo más) no eche de menos su media pinta de sulfúrico.

»Me preguntarán ustedes por qué, pero responder a esa pregunta supera mis habilidades como lector. Sospecho que tiene algo que ver con escribir con decisión. Una decisión conmovedora, que ha conseguido que Gómez Bárcena le dé la espalda al cinismo imperante, y reflote valores que creíamos pasados de moda, pero que necesitamos más que nunca.
Sin embargo, no lo puedo asegurar, no lo sé, estoy demasiado perplejo.»

Paco Bescós, Suburbano, 30 de noviembre de 2014
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Cartas perfumadas

«En 1904, dos jóvenes poetas limeños remitieron a Juan Ramón Jiménez la carta de una fantasmagórica admiradora llamada Georgina Hübner. La tal Georgina nunca existió, la crearon los dos muchachos en una buhardilla, en "un parto lleno de palabras y de risas" (p. 34), con el propósito de conseguir ejemplares autografiados del entonces joven autor de Arias tristes . Esta broma es el pretexto de El cielo de Lima , primera novela del cántabro Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984), que ya había mostrado sus armas en el volumen de relatos Los que duermen (Salto de Página, 2012), y que ahora nos regala esta bella recreación, sostenida sobre un firme andamiaje de recursos y una deliciosa ironía. Gómez Bárcena se recrea en el periplo de esa primera carta hasta llegar a manos del poeta de Moguer, y en las chanzas que por cuenta del futuro premio Nobel se harán los constructores de la musa apócrifa, una mujer cuya vida "está hecha a partir de la única sustancia de las palabras" (p. 182). Por un tiempo, los jóvenes poetas tratarán de extender la broma a otras celebridades literarias, pero ni Galdós, ni Rubén Darío, ni Emilia Pardo Bazán, ni Echegaray ni Yeats se revelan tan corteses como Juan Ramón, con quien establecerán una relación epistolar en un ir y venir de cartas perfumadas que, de una a otra orilla del Atlántico, serán roídas por los ratas.

»Muy pronto la gamberrada deviene proyecto literario, e incluso un programa de aprendizaje sobre el significado del amor como quimera y sobre la propia voluntad de escribir, cuyo objetivo será la creación de una musa, que el poeta pique el anzuelo y se enamore de una mujer a la que jamás ha visto, es decir, de un ideal. Lo más irónico es que esta temblorosa proyección oscila a su vez bajo la distinta de sus dos creadores, esos dos jóvenes limeños, que quieren convertirse en poetas, y que sospechan que no podrán escribir versos memorables si no padecen experiencias auténticas como las vividas por Juan Ramón, con sus ingresos en sanatorios mentales y sus tormentosos líos de faldas. En tanto que herederos de familias adineradas —uno de vieja alcurnia y el otro de dinero joven—, están convencidos de que cuanto les falta para ser grandes poetas es viajar a Europa y amar y ser allí profundamente desdichados. En esto se subraya también la ingenuidad de Carlos y José —poetas inéditos, desde luego—, que asumen prejuiciosamente ese sustrato romántico que el ideario modernista cobijó y prolongó varias décadas más allá del programa del romanticismo: el presupuesto de que es el sentimiento el combustible de la palabra, cuando, como les muestra el licenciado don Cristóbal, escribidor de cartas, es la palabra la que genera el sentimiento, la que construye el objeto del amor y, con él, el objeto de la desgracia amorosa. Recordemos que, como aseguraba Barthes, el amor es un discurso, "y si no se escribe en la cabeza, o en el papel, o donde sea, no existe" (p. 141), como nos confirma don Cristóbal.

»A varias alturas de la narración, el lector podría sentir que la anécdota se estira en exceso (300 pp.). Pero cada vez que crea reconocer señales de ese agotamiento, el novelista, siguiendo los consejos del apócrifo manual para escribir una novela de Johanes Schneider, introducirá un punto de giro que proyectará la narración hacia otro territorio. Así sucede con el estallido de la huelga obrera (pp. 123 y ss.), y con otras vueltas de tuerca que no sería cortés revelar aquí, de tal modo que el juego metaliterario nos permitirá asistir al nacimiento de una novela dentro de la novela, en estricta observancia de las reglas canónicas del apócrifo Schneider, además de al nacimiento de una elegía, titulada justamente El cielo de Lima , la que Juan Ramón dedicó a la joven Georgina en su poemario de 1913 Laberinto y que rubricará la definitiva victoria de Carlos y José. Amable y lúcida, trufada de momentos de conmovedor lirismo, como esa dura secuencia de la iniciación sexual de Carlos con una prostituta de trece años, El cielo de Lima destila un profundo amor por la literatura, que, como todo amor profundo, ni es ciego ni está exento de crítica, de ironía y de ternura hacia los jóvenes poetas y aún hacia el desdichado Juan Ramón, eterno ausente y presente en esta bella fábula.»

Mario Cuenca Sandoval, Córdoba, 15 de noviembre de 2014
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El cielo de Lima, de Juan Gómez Bárcena

«Sucede en más ocasiones de las que debiera, esa cosa extraña que es enamorarse de aquello que no existe. Cosa extraña, digo, porque ese amor que se crea de la nada, viene a convertirse, de un momento a otro, en un todo irremediable e imparable.

»Creo que no somos ni uno ni dos los que hemos inventado un amor —cualquier amor—, de un gesto, —cualquier gesto—. Nos enamoramos de una mano, una sonrisa. De una manera de andar, de una manera de mirar. Pero también caemos en las redes de lo no tangible, de aquello que no vemos, de aquello que ni siquiera podemos tocar. Puede pasarnos, de hecho, que nos enamoremos de las palabras de alguien, de las que dice o de las que escribe en las entradas de su blog, en sus estados de Facebook, en sus cartas, en sus libros. En fin, puede que el amor, ese inasible amor, nazca de las letras juntas y maniatadas en cualquier lugar.

»Y es que la culpa, por mucho que no queramos verlo a veces, la tiene siempre la literatura. El amor es, en realidad, un invento, una creación de la ficción que a estas alturas ha hecho ya un daño irreparable.

»“Desengáñese, amigo mío: el amor, tal y como usted lo entiende, lo ha inventado la literatura, lo mismo que Goethe le regaló el suicidio a los alemanes. No somos nosotros los que escribimos las novelas, sino las novelas las que nos escriben a nosotros” leo en El cielo de Lima (Salto de Página, 2014) y me siento un poco menos sola sabiendo que no soy la única que piensa que somos más de inventarnos el amor que de enamorarnos.

»Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) es el autor de la cita que ahora yo hago mía y el de muchas otras más que han quedado subrayadas en mi ejemplar de El cielo de Lima, una novela en la que se rescata una anécdota preciosísima (y real) que pone de manifiesto que hasta Juan Ramón Jiménez se enamoró de alguien que no existía en el mundo real pero sí en el de la ficción, que es, perdonad, el mundo que de verdad importa.

»Allá por el año 1904, el poeta Juan Ramón Jiménez recibió una carta firmada por una jovencita limeña que se hacía llamar Georgina. Empezaron ambos a intercambiar una bellísima correspondencia cuyo tono, cada vez más íntimo, dio paso a lo inevitable. El amor ¿o era la literatura? Lo siento, ya no sé distinguirlos. Lo curioso de la historia es que Georgina era sólo una invención. Dos jóvenes que se creen poetas, quieren conseguir que Juan Ramón Jiménez, su admirado poeta, les envíe uno de sus poemarios, tan difíciles de conseguir en Lima. Sin embargo, antes de pedírselo directamente, pues piensan que tienen pocas probabilidades de éxito, deciden hacerse pasar por una señorita de irresistibles encantos a la que Juan Ramón Jiménez no podrá olvidar.

»Así es como ambos se enrolan en la construcción de un personaje que les hace rozar el cielo de la poesía con las manos.

»Así es como Juan Gómez Bárcena se enrola en la construcción de una novela que le hace no sólo rozar el cielo de la literatura, sino agarrarlo con sus manos para no soltarlo. El mérito no viene únicamente por haber escogido una anécdota tan sugerente, sino por elaborarla de manera tal que la hace grande, enorme, y fascinante. Gómez Bárcena teje la novela con una maestría y un dominio idiomáticos que lo colocan en primera línea de juego dejando claro que está aquí  para quedarse.

»Literatura por los cuatro costados ¿O era amor? Definitivamente no los distingo. Aunque, ¿quién sabe? Quizá sean lo mismo.»

Araceli Mu√Īoz Garc√≠a, C¬īMon! Murcia, 6 de noviembre de 2014
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El cielo de Lima, de Juan Gómez Bárcena: Una comedia. Una historia de amor. Una tragedia. Un

«Cuando uno, que es el equivalente literario a las vociferantes fans de Justin Bieber (o Abraham Mateo, nuestra imitación patria con aroma a ajo) para Juan Ramón Jiménez, emprende la lectura de una obra en la que se aborda la relación epistolar, y posterior enamoramiento, entre una mujer ficticia y el poeta de Moguer lo hace motivado, casi en exclusiva, por esa inconfesable admiración, de hecho ya reconocida. No interesan los elementos que a cualquier otra novela añadirían interés, como la sal y la pimienta, de “mujer ficticia” o “relación epistolar”. Sin embargo, a las pocas páginas de comenzar El cielo de Lima (Salto de Página, 2014, disponible en FantasyTienda) fue mi interés por leer sobre Juan Ramón Jiménez lo que quedó enterrado y olvidado. Haciendo un uso inteligente de una prosa fluida, Juan Gómez Bárcena atrapa al lector en esta historia que debe al saber hacer y a las horas de trabajo con pico y pala (porque no vayamos a pensar que se logra una obra tan pulida como un diamante haciendo uso de pluma y teclado) todos los elogios que en esta reseña le puedan caer.

»José y Carlos son dos jóvenes burgueses peruanos de comienzos del siglo XX. El primero debe su posición social al expolio del continente americano por parte de los españoles en siglos anteriores y al posterior posicionamiento de su familia en pro de la independencia del Perú. Carlos, más callado, inseguro, como cercano a la clase social que su familia acaba de dejar atrás para ascender, debe la fortuna familiar a la habilidad de su padre para explotar indios en la rentable extracción de caucho. Juntos deciden hacerse pasar por una joven señorita miraflorina, Georgina Hübner, para obtener del mismo Juan Ramón su último libro, Arias Tristes. Sin embargo, lo que comienza como un medio para obtener un libro difícil de encontrar prosigue como una broma de la que se sirven para ganar popularidad y la atención que sus poemas no les proporcionan, porque sí, son poetas, o eso se dicen.

»La broma deviene en un intento por escribir, con la ayuda involuntaria del poeta español, esa novela que nunca podrían obtener solos. De ahí degenera en una obra partida, pues José, más interesado en ser el centro de atención y divertirse, ve mayor provecho en compartir el desarrollo de esa relación por carta con otros poetas burgueses; mientras Carlos, al igual que Juan Ramón, no podrá evitar enamorarse en cierto sentido de la creación que poco a poco irá superando los límites de la ficción. Y, claro, esto no podría terminar de otra manera que en una tragedia: una muerte y la ruptura de una relación. Y, para culminar, nos encontramos con el poema, el auténtico, que el nobel de literatura español compuso a la Georgina Hübner que los verdaderos José y Carlos crearon años atrás.

»Los escasos motivos por los que El cielo de Lima desmerecería ocupar una posición de honor en mi estantería —no hay novelas perfectas— se extinguen ante la arrolladora facilidad narrativa de Gómez Bárcena y su más que claro conocimiento de lo publicado en un libro, gaceta o servilleta en los últimos siglos. Tanto es así que uno puede encontrarse pasando página tras página sin consultar el reloj y haber devorado una cantidad impresionante del libro antes de levantar la mirada. Entonces llega el momento en que te dices: “Joder, soy más rápido que Speedy González después de tomarse una poción mágica de esas que beben Astérix y Obélix”. Pero no, nos confundamos, que no hemos pasado a convertirnos en tíos más listos desde la anterior novela, que leímos al ritmo de un abuelete subiendo escaleras, a esta. Todo se lo debemos a las horas que este señor dedicó para brindarnos un libro A-CO-JO-NAN-TE.

»Acompañando a Carlos y José en cada oración, he tenido que corregir mi pensamiento y empezar a creer que existen en este país autores alejados de los best-seller producidos en cadena y los apócrifos libritos de excesivas pretensiones intelectuales.

»En resumen, si no sabes qué leer porque careces de tiempo, este es tu libro. Si has perdido la fe en encontrar autores al nivel de nuestros (y de otros) ilustres escritores pretéritos, apresúrate a encontrarla en las páginas de El cielo de Lima. Y si no sabes leer y estás escuchando esto de boca de otro, yo apostaría a que en las páginas de este libro publicado por Salto de Página está tu bálsamo de Fierabrás; o quizá no, en cuyo caso podrás hacerle a un conocido un regalo muy deseable.»

E. J. Loba, Fantasymundo, 4 de noviembre de 2014
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Juan Gómez Bárcena: nada es lo que parece

«El cielo de Lima (Salto de Página, 2014) ha logrado lo que la mayoría de las novelas no consiguen: cambiar mi forma de escribir. También hacerme sentir pequeño e ignorante, como escritor, pero grande como lector. Me ha gritado al oído que no vale cualquier historia para ser escrita y que, cuando una idea es buena, no puede ser escrita de cualquier forma, en servilletas o pausas para el desayuno, con prisas por la noche o sueño por la mañana. Ahí también, pero no sólo ni mayormente.

»Los escritores medianos —y no me refiero a los hobbits— solo podemos tener la mente puesta en una cosa: o intentamos escribir bien, o emocionar, o contar una bella historia. No dudo que el trabajo duro y constante nos permita, algún día, poner la mano en lo primero, el corazón en lo segundo y la mente en lo tercero, como no dudo de que fue precisamente el trabajo de pico y pala, de albañil —unido al de arquitecto—, el que le permitió a Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) escribir esta novela.

»Cuando el autor empezó a mover la obra en círculos editoriales tenía muy claro que, si alguien quería publicarle, tendría que empezar, necesariamente, por Los que duermen (2012), su primer libro de relatos. La editorial Salto de Página cogió el guante de la misma manera que Juan lRamón Jiménez, protagonista elidido de El cielo de Lima (¿acaso no son sus actos los que hacen avanzar la trama?), hubiese querido recoger el pañuelo caído de una Georgina Hübner con la que se cruzara en El Retiro. ¡Qué maravilla! Si tienen ocasión, léanlos también ustedes en ese orden. En Los que duermen conocemos la obsesión de Juan Gómez Bárcena por la inversión como concepto abstracto y total: invierte el curso del tiempo, las personalidades: la puta deviene en diosa, el héroe en miserable mercader, la lejanía se convierte en pasado, y todo ante los ojos de un lector atónito que siente cómo el papel que sujeta entre las manos se le escurre como arena de playa, como jirones de nube, como agua que corre. Uno siente todo eso y cuando termina de leerse el libro le da la vuelta y espera encontrar otro distinto porque la magia de sus palabras ha trascendido la mera condición física del soporte. Uno, sencillamente, se la lleva puesta.

»El cielo de Lima es uno de esos relatos llevado a novela. Es una novela en toda regla, nada de un relato inflado. Es, además, un segundo borrador de otra novela ambientada en la actualidad: una metáfora sobre la incomunicación en un mundo hiperconectado, sobre la impersonalidad de las comunicaciones en un mundo virtual.

»La anécdota que articula una de las tramas (la correspondencia que dos señoritos limeños, aprendices de poetas, mantienen con Juan Ramón Jiménez, haciéndose pasar por una chica para obtener de él sus libros y, quién sabe, si algún poema dedicado), y que desarrolla el conflicto externo, podría haberse contado en un relato y, de hecho, está contenida en un par de páginas de algún libro de ensayos: meros datos.

»La manera en que Juan Gómez Bárcena la convierte en una novela figurará algún día en los manuales de narrativa. Decía Juan Bosch, grandísimo escritor Dominicano, y que llegó a ser presidente de la República (como uno de los protagonistas de El cielo de Lima llegó a ser presidente del Perú), que la diferencia entre un relato y una novela es que el primero trata de un crimen, y la segunda del criminal. De la misma manera, la novela de Juan no trata sobre la correspondencia, sino sobre los correspondientes, y el conflicto interno que se desata en el corazón de los protagonistas pasa rápidamente a un primer plano. Un mundo de brutalidad, aspiraciones truncadas, opresión: un mundo invertido en el que el rico quiere ser pobre; el bruto, poeta; la prostituta, princesa; y un cauchero sin cuna, noble. Un mundo Juan Gómez Bárcena donde la realidad y la ficción son la misma cosa. ¿No era ese el sentido de la literatura?
Dijo Jim Thompson que hay 32 maneras de contar una historia, pero solo una trama: nada es lo que parece. Me imagino a Juan Gómez Bárcena tomándose un café delante de él en ese momento, asintiendo con la cabeza y tomando nota en uno de sus cuadernos. Es, a mi juicio, una de las frases que mejor pueden ayudar a comprender su manera de escribir. La otra, algo que Ovejero dijo de William Burroughs: su mérito no está en lo que ve, sino en lo que selecciona.»

Miguel √Āngel Carmona del Barco, CELARD blog, octubre de 2014
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Enlace de audio

Manuel Sollo, Biblioteca P√ļblica, 3 de noviembre de 2014
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Un capricho literario

«Al comienzo de la obra de Juan Ramón Jiménez, allá por el año 1902, las influencias de Becquer y el modernismo incipiente de Rubén Darío, explican la importancia que estos dos maestros ejercieron en su trayectoria literaria. Cuando Rubén Darío, que sabía ver las cosas y las gentes con gran ojo crítico, le dijo al joven poeta de Moguer: “usted va por dentro”, a los pocos días de conocerlo, estaba ya deslindando el terreno e insinuando el camino de su exitosa carrera literaria: “Usted irá por dentro, porque ese es su destino”. Ir por dentro significa, en la poesía universal, ser fiel a uno mismo y tener el buen sentido para escribir de todo lo que pasa a nuestro lado. Cuando sabes escribir todo eso, el hombre ya es más que hombre sin dejar de serlo: es el poeta, el intérprete verbal del universo.

»En 1904, el joven poeta andaluz recibió una carta de Perú en la que la señorita Georgina Hübner le declaraba su admiración y le solicitaba algunos de sus libros, imposibles de conseguir en Lima, su lugar natal y de residencia.

»A partir de esta anécdota real ocurrida a nuestro extraordinario intérprete de la poesía universal, el joven escritor cántabro Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) monta un artefacto divertido para relatarnos la broma literaria llevada a cabo por dos jóvenes letraheridos, con ínfulas poéticas, y empleados de oficina. Uno de ellos, José Gálvez Barrenechea, ejercía ciertamente de poeta, el otro, cómplice del engaño, Carlos Rodríguez Hübner, impulsor de la inexistente Georgina Hübner, jugaba un papel de instigador de la travesura, con el fin de conseguir los libros del bardo español autografiados. En la novela, este personaje está construido desde la inventiva del autor y es, quizá, el que más trasciende a los ojos del lector.

»La novela El cielo de Lima (Salto de Página, 2014) transita por estos entresijos de la correspondencia entre la joven Giorgina y Juan Ramón Jiménez que derivará en un romance trasatlántico cada vez más íntimo. El poeta andaluz se enamora y al final dedica una de sus memorables elegías bajo el título: Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima, una musa inventada y urdida por dos admiradores peruanos que buscaban mantener una relación epistolar con el Nobel.

»Juan Gómez Bárcena, un autor henchido de lozanía, se vale de esta historia para construir su obra con la maestría de escritor curtido en lecturas y con la astucia pícara de trasladar a sus dos impostores protagonistas el ardid de escribir una novela. Con este propósito, Gómez Bárcena proyecta una novela sobre los cimientos de la creación de otra que derivará en un juego ameno y metaliterario, donde los personajes se convierten a su vez en artífices del invento. Un reto que, a mi juicio, solventa con autoridad y habilidad narrativa el escritor santanderino.
Gómez Bárcena ha escrito una novela tragicómica, entre la realidad y la ficción, que lleva en volandas al lector por los linderos literarios del juego de la imaginación, gracias al tono evocador y emotivo que la trama narrativa surge desde la propia literatura, hasta el capítulo final, colofón de un poema.

»El cielo de Lima es el resultado de una novela moderna, estructurada en capítulos cortos, con mucho diálogo interconectado con la voz del narrador y desde la óptica clásica de unos personajes que tratan de recrear en su esencia una musa inspiradora. Sin embargo, todo se reconduce desde el discurso y la interpretación que su creador atorga al doble juego de la ficción: la verdad de la mentira.

»En definitiva, Gómez Bárcena sorprende con una novela entretenida y literariamente ambiciosa, escrita con desenfado y frescura: un capricho literario, orquestado entre la ficción y la realidad, para revivir una invención poética de principios del siglo XX.»

Jimy Ruiz Vega, El fescambre, 14 de octubre de 2014
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El cielo de Lima, de Juan Gómez Bárcena

«Es una noche sin luna, corre el año 1904; apenas son unos niños de veinte años , con la juventud suficiente  para sobrevivir a dos guerras mundiales y celebrar el trofeo de Perú en la Copa de América, casi treinta y cinco años más tarde.

»Primero , las dotes naturales: ingenio y fluidez.

»Vaya, pues va a ser que sí ; Juan Gómez Bárcena ha leído más novelas que un fotocopista ruso. La hostia. Todo el boom latinoamericano , Vargas Llosa, García Márquez, en consecuencia Flaubert, y como rigurosa coordenada Stendhal y Balzac. Y detrás de ese rostro de cantante indie enfermizo bebiendo té de cardamomo hay literatura delic.

»Quicir (modo Bosé) : Salto de Página tiene un valor literario. El niño tiene seguridad, no se pone nervioso y tiene un guante en la mano derecha. Es la extensión de Koke (actual Atleti). Seguramente cuando haga una cagada de novela lo fichara el Madrid (Planeta). Por eso fútbol y literatura son tan antagónicos. Te has ganado a pulso el seudónimo de qué hijo de puta, en cuanto a persona de notables cualidades en cualquiera de las artes y oficios.

»Son ricos
Creen ser poetas
Quieren ser Juan Ramón Jiménez
Es, en suma, el lugar soñado para unos jóvenes aburridos de las camas con dosel y de amonestar a las criadas por no limpiar las vinajeras de plata. La sensación de pobreza les excita , y merodean entre los sacos de arpillera y los trastos cubiertos de polvo como felices supervivientes de un naufragio.
Fue allí donde nació Georgina. Un parto lleno de palabras y risas, vagamente iluminado por las botellas que servían de improvisados candeleros.

»Es verdad que El Cielo de Lima se inicia con una temática trasnochada , dos niñatos burgueses que aman la literatura y quieren ser poetas, pero tanto o más evidente resulta que no está tratado el asunto de manera liviana y la novela encierra más causas que la broma de Georgina y las pasiones líricas de estos chavales que a veces se desvirgan con prostitutas jóvenes por encargo paterno y a veces caen heridos en las manifestaciones obreras de principios de siglo. Tiempos de huelgas y frágiles y precoces putitas y un buen puñado de razones socio-económicas y culturales a contemplar en el libro de Juan.

»Esto está muy bien, Juan.  No sabe si el amor se parece a eso. Si está matando a la niña que grita, que se sacude débilmente bajo su cuerpo. Está, quizás, matándola, pero no importa. Su padre ha pagado cuatrocientos dólares para que no importe.
Esos encuentros clandestinos no dejan ninguna huella en su vida, pero sí en la de Georgina. José se divierte incorporando a sus cartas los atributos de Elizabeth: su cháchara insustancial, su coquetería ingenua , su credulidad casi enternecedora, su preocupación por los desfavorecidos. Incluso un ligero toque de su inclinación natural a la tragedia.

Criadas, prostitutas, cantantes de cabaré, floristas: todas ponen su grano de arena, es decir, su modesta ración de palabras. Una Georgina que cada vez recuerda menos a la inocencia de la prostituta polaca y un poco más a las prisas con que la criadita de los Gálvez hurgaba en la entrepierna del señorito.

»José Gálvez y Carlos Rodríguez Hübner.

»Es la historia de dos adolescentes inapetentes a la fertilidad de la pompa burguesa , dos tipos que juegan a ser pobres y poetas (al igual que ahora en dos mil coyunturas) como primera secuela y consecuencia de una realidad en la que son niñatos y ricos , y que distraen su vida jugando a ser una bella dama rubia de terciopelo y nácar (e.d. pibón de principios de siglo). Nace, tal como nos enamoramos de una idea , de toda la metafísica de las palabras y la tinta, recorriendo mares y buques llenos de ratas, Georgina Hübner. Entre medias, Lima, jornales de mierda, manifestaciones, hipocresía burguesa y putas.

»Claro , y Juan Ramón se va poniendo cachondo.

»Yo quisiera llegar hasta U., hasta el Perú, que también existe pero podría no existir; o mejor, que fuera U, quien caminara de mi brazo por las avenidas de sosiego y crepúsculo de Madrid. Le gustaría tal vez a U. pasear conmigo; y acaso le gustaría también que nos detuviéramos a pastelear unos cuantos barquillos. Porque yo le regalaría uno, Georgina, le regalaría cien; algo me dice que la suerte nos sonreiría durante una, diez, cincuenta tiradas.

»Al hilo de esta novela llamada a la permanencia , articulaba yo en otro medio, años atrás y en correlación a nuestro tiempo moderno la capacidad de dilatación de la mentira, sobre todo cuando se consigue que el affair vitual huela a cappuccino , sales de baño y eau de Cartier, y logramos el sueño de un ideal humano en mitad de un ballet de Anna Pàvlova ; en equidistancia la posibilidad de que las revelaciones de la vida real sean el ali-oli bailando en la boca, los tics del ojo derecho y la halitosis. Vale, la mentira tiene las patas muy cortas , pero una buena cooperación puede salvar su destino. El desengaño camina sonriendo detrás del entusiasmo, dicen los gabachos. Y hay un tipo pidiendo la cuenta en la taberna; todo ha salido fatal.

»Entusiasmo es El Cielo de Lima. Todo ha sido palabra a palabra; ocurre cuando un libro mola y al final resulta que te has leído 317 páginas y te vas a la cama sin clichés ni tonterías. Es una novela precipitada para el lector que ha debido costar un huevo y medio , muchas horas sin chinobirra y terraza y alguna nena mosqueada. Pero vaya parto. Qué hijo de puta.»

Javier Divisa, Tar√°ntula Revista cultural, 13 de octubre
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Los límites de la ficción en El cielo de Lima

«Hoy quiero recomendar un libro: El cielo de Lima de Juan Gómez Bárcena (sin “s” final). Se trata de una novela dentro de una novela o incluso mejor, de un juego de espejos literarios donde se entremezclan ficción y realidad, donde las palabras cobran vida y se hacen historia y un buen ejemplo, muy recomendable, de libro-paradoja que plantea los límites de la literatura y su influencia en las vidas de personas reales e inventadas y en sus relaciones (disculpen la complejidad, pero la novela lo merece).

»La trama se sitúa en Lima, a inicios del siglo XX y el primer afectado, en los límites de la realidad, es Juan Ramón Jiménez quien en 1913 escribió un poema a una misteriosa limeña, Georgina Hübner, de la que nada se sabe… Partiendo de esta historia (real o inventada, aunque el poema existe), Juan Gómez Bárcena (autor de carne y hueso, aunque convencido de que la literatura tiene, en ocasiones, más peso e importancia que la realidad) se dispone a imaginar quién fue, realmente, Georgina y la convierte en la creación de dos jóvenes peruanos, aspirantes a poetas: Carlos Rodríguez y Jose Gálvez, quienes deciden escribir una carta a Juan Ramón para pedirle una copia de su nuevo libro, simulando ser esta mujer, al considerar que el poeta de Moguer será más receptivo a los encantos de una tímida y bella limeña que a los de dos jóvenes varones sin más armas que sus propias palabras. El poeta responde a la misiva, dando vida a Georgina y se inicia así una larga y melancólica correspondencia entre la mujer inventada y el poeta, ficcionalizado por Juan Gómez Bárcena. Esta impostura o historia hecha de palabras y deseos acaba afectando a los poetas protagonistas, como si Georgina fuera más real que sus propias vidas; luego afecta a Juan Ramón (al imaginado y al histórico), como si Georgina fuera más real que las personas que le rodean y por último, puede llegar a afectar al lector, quien (o al menos en mi caso) desearía que Georgina hubiera existido de verdad (quién sabe…) y si no, que la trama se hubiera extendido más para poder seguir disfrutando de esta gran (breve) novela, en contraste con la cual, la vida es aburrida y anodina.

»El final es precipitado, algo esperable, rápido e inevitable, quizás como la vida. Si hubiera sido una ficción “habitual” (entiéndase, novelón al peso, del estilo de los dramas históricos ficcionalizados con conspiraciones mundiales que tanto abundan hoy en día en las librerías y tan malos son para las espaldas de los que solemos cargar con muchos libros) esta novela habría tenido muchas más páginas, muchos más conflictos y muchos más personajes y líos entre ellos. Pero, en este caso (y quizás sabiamente) el autor ha elegido brevedad, sencillez, concisión y un golpe maestro, final e inclemente, del que no voy a decir nada más.

»Quisiera destacar la atmósfera de la novela, su verosimilitud y su ritmo, Juan Gómez Bárcena describe Lima y sus alrededores con atención minuciosa y detallista, imita el lenguaje y las expresiones peruanas, describe costumbres y tradiciones y conoce el origen y el carácter de los protagonistas, como si en vez de haber nacido en Santander a finales del siglo XX, hubiera vivido en la Lima de inicios del mismo y tomara pisco todas las noches en compañía de los protagonistas. También es digna de mención la maestría literaria del autor y su facilitad con el lenguaje y los juegos de ficción, como en los numerosos casos donde lo sucedido en la novela se entrelaza, ya no sólo con las tramas de otras novelas y con episodios históricos conocidos por todos y que llegan hasta el presente, sino con la realidad misma de la novela, como “objeto libro”, con páginas y capítulos. Por ejemplo: hay referencias internas, en conversaciones entre personajes sobre la distribución de los capítulos; en ocasiones, la paginación de la novela se corresponde con el número de cartas enviadas entre el poeta y Georgina y los protagonistas, Carlos y José, creyendo escribir una novela (que es la que lee el lector) son los que distinguen entre personajes protagonistas y secundarios. De entre los secundarios, no quiero dejar de mencionar al licenciado Cristóbal que aconseja a los jóvenes poetas con la redacción de lascartas y tiene unas interesantes (y a su modo, posmodernas) teorías, sobre la influencia de las palabras para la creación de la vida y del amor.

»Para acabar, la paradoja, siguiendo las ideas del licenciado: tras leer “El cielo de Lima”, me he llegado a plantear que no somos nosotros los que escribimos cartas o novelas, sino que éstas (y por extensión contemporánea: los correos electrónicos, las publicaciones en las redes sociales o las entradas de un blog) son las que nos escriben a nosotros, conforman nuestra forma de ser (o de parecer) ante los demás, nuestras relaciones y pueden modificar nuestras circunstancias. Un ejemplo clásico: una carta de amor que cautive al receptor; ahora bien, el receptor ¿es completamente real e invariante o su ser también depende de lo que lea en la carta y de lo que haya proyectado el que escribe?. Otro ejemplo, más contemporáneo y pragmático: una carta de presentación para un trabajo que, según cómo sea escrita, será más o menos exitosa y podrá llegar a cambiar la vida del solicitante de empleo.

»En conclusión, aunque no cuestiono la existencia física, corporal, de nadie, sí que considero que lo que somos, como personas, no depende sólo de esa corporalidad, sino también (y de modo muy relevante) de lo que hayamos leído y escrito a lo largo de nuestras vidas. Juan Gómez Bárcena lleva, hasta sus extremos y con maestría, esa confluencia entre literatura y realidad.»

Isabel Gamero, 7 de octubre de 2014
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«De entre las mujeres soñadas por personajes de una obra literaria, además de a Dulcinea o la Paulina de un cuento de Bioy Casares, habrá que rescatar para el imaginario colectivo de la posteridad la silueta enigmática e incierta de Georgina Hübner. La historia real de esta musa es ya conocida por todos. Dos peruanos, admiradores del poeta español Juan Ramón Jiménez, urdieron un plan epistolar: simular ser una joven llamada Georgina para recibir la atención de su querido maestro. Y la trampa, al parecer, funcionó. El resultado, además de una correspondencia (de la que se conservan al menos cinco cartas), es un poema, dedicado a la improbable musa limeña, e incluido en el libro Laberinto de J. R. Jiménez. Un poema que da título a esta novela.

»A partir de este hecho verídico Gómez Bárcena (Santander, 1984) nos regala en su primera novela una historia intensa, que oscila entre la recreación histórica y la fantasía literaria. De hecho, la virtud del autor para dotar de vida a los personajes y para colorear la estampa de la Lima de comienzos de siglo es inmejorable. Digna de un pintor impresionista.

»En la novela José y Carlos, los jóvenes acomodados que juegan a ser poetas y que contemplan el mundo en clave literaria, deciden enviar una carta a Juan Ramón Jiménez. A partir de entonces, la urdimbre postal se irá fraguando, configurando sus propias vidas, su día a día, y apoderándose de sus destinos. Hay, de hecho, un momento en el que uno de los personajes dice: «No somos nosotros los que escribimos las novelas, sino las novelas las que nos escriben a nosotros…»

»Y ciertamente, la fantasía y la pasión irán revistiendo a la irreal Georgina de matices y profundidad hasta transformarla en un ser de carne y hueso. Hasta tal punto que incluso Carlos, el más sensible de los dos jóvenes impostores, se sentirá identificado con ella. Alrededor de este hilo conductor –el carteo establecido entre Georgina y el autor de Platero y yo- también se irán desmenuzando las vidas de los autores de la falacia. Quieren ser poetas pero su mediocridad es manifiesta. Quieren ser pobres y bohemios pero descienden de familias adineradas y su futuro está ya hipotecado y comprometido con sus industrias y un modelo de vida burguesa. Su alma pequeña podría aspirar a una revolución pero sus corsés sociales les impiden respirar el viento que traen los profetas del comunismo o el anarquismo. En definitiva, en sus ajustados modelos de vida solo les cabe un soplo de fantasía a través de ese personaje bello, frágil e irreal que es Georgina.

»Pero, la novela que están escribiendo José y Carlos avanza y cobra vida; es una novela de amor y profundo anhelo, pero cuando comienza a llegar a su inevitable desenlace, las cosas no parecen conducir al final esperado. Porque el cada vez más enamorado célebre poeta ha decidido y anuncia que viajará hasta Lima con la intención de conocer a su querida amiga Georgina. Así que ¿cuál puede ser la solución para salir airosos de este melodrama por entregas? ¿Y evitar así que Juan Ramón Jiménez viaje a Perú y conozca la verdad, o sea, la onerosa mentira? O lo que es peor: que se desvele el sueño de amor e irrealidad que los dos jóvenes han construido para él y para sí mismos.

»Gómez Bárcena con un pulso firme ha elaborado una novela perfecta, sin altibajos ni giros chirriantes, pausada y melancólica, que es capaz de transportar al lector desde el principio hasta el final sin que el interés decaiga en ningún momento. Pero además de confeccionar una narración compacta ha sabido valerse de un lenguaje rico y acorde a la historia que parece aspirar a la poesía pero sin abandonar en ningún momento el suelo narrativo sobre el que se asienta. Se respira en todo el libro un tono evocador, nostálgico y emotivo.

»No podrá el lector dejar de emparentar El cielo de Lima con Juegos de la edad tardía de Landero, aquella novela, también escrita de un modo magistral, en la que la fantasía y la mentira acaban por apoderarse de la realidad de sus personajes hasta transformarlos en víctimas de sus propias falacias.

»Otra virtud la hallamos, como ya dijimos al comienzo, en la construcción de los personajes, ambiente y época. Cada detalle ha sido cuidado y el lector sentirá por momentos que pasea por las avenidas de la vieja Lima, escucha la música y los murmullos de sus burdeles o el gentío en las tabernas en las que las barras de amigos beben pisco, juegan al billar y ensayan malos versos. Uno de los descubrimientos de esta temporada. Muy recomendable.»

Pedro Pujante, La tormenta en un vaso, 3 de octubre de 2014
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«Juan Gómez Bárcena es un autor que, a pesar de su risueña y casi insultante juventud, posee una maestría en las formas y un conocimiento de las letras que, en buena justicia, deberían haber sido adquiridos a lo largo de una prolongada vida de estudio y lecturas. La creación y el talento, ya lo ven, son caprichosos y no entienden de tiempos, formalidades o cánones.
Tras unos relatos entre la crónica y la distopía, Los que duermen, que ya apuntaban el estilo y los contenidos que estaban por venir, el joven escritor cántabro vuelve a aparecer en Salto de Página con El cielo de Lima. En ella, dos aspirantes a poetas de primeros del siglo XX en un Perú fascinante por decadente y agitado, se hacen pasar por una damisela (vía misiva) para camelarse al gran Juan Ramón Jiménez y, de paso, conseguir las nuevas publicaciones del autor, que al otro lado del charco escaseaban.

»Resulta muy interesante como esta historia sencilla, ocurrida realmente, se torna en la ficción en un intenso juego de apariencias, donde la realidad narrativa de una relación epistolar prolongada cobra la profundidad literaria de las más humanas inquietudes. Carlos y José, José y Carlos, son dos amigos que paren en su imaginación a Georgina Hübner, protagonista irreal de la novela. Así, cuando el poeta español muerde el anzuelo, se inicia un viaje extraordinario, pues lo que los dos jóvenes peruanos harán es proponerse escribir una novela, dar luz a sus personajes y construir todo un relato a través de sus cartas. Estamos, pues, ante una novela sobre la creación de otra novela.

»Los juegos, miedos y desvaríos de la creación, sincera e impostada, se conjugan sabiamente en las páginas de la obra con la evolución de una amistad. Asistimos, por tanto, al despertar de los individualismos y al surgimiento de una madurez doliente, que aleja a los protagonistas entre sí y los convierte en lo que finalmente son.

»Hay rasgos históricos bien trenzados, deseos de promoción social que se sienten necesarios, “escribidores” profesionales y hasta una rata roedora de textos que viaja en el transatlántico de turno, pero sobre todo, lo que hay en la novela es amor por la literatura. Un juego meta literario tiene lugar mientras se piensa y se construye una novela. Los personajes, al igual que la obra, crecen, sufren y evolucionan, dejando atrás las ilusiones de una adolescencia tardía. Todo un reto difícil de obviar para los amantes de las buenas letras.»

Juan Laborda Barceló, La tormenta en un vaso, 3 de octubre de 2014
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«Conocido por el libro de relatos Los que duermen, merecedor de importantes elogios de los críticos más avisados, el joven Gómez Bárcena (1984) nos da aquí una espléndida novela, muy por encima de la media de lo que se viene publicando. Los muchos aciertos del autor empiezan por haber partido de una atractiva anécdota de la historia de la literatura: el fantasmal amor de un joven Juan Ramón Jiménez por una muchacha peruana probablemente inventada por dos jóvenes acomodados y bohemios. Y el gran mérito es haber levantado una excelente trama sobre ese potente punto de partida, rellenando con inteligencia las numerosas lagunas de lo conocido y desbordando el nudo del intercambio epistolar entre el poeta y la joven desconocida, para reconstruir con insólita brillantez la Lima de principios del siglo XX; con su agitación política y cultural. Reflexión sobre el amor y la literatura, impecable de lenguaje y estructura, tan sólida como bien documentada, El cielo de Lima es uno de los grandes títulos del año.»

Leer, julio de 2014
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El cielo de Lima

«Quienes disfrutamos con la lectura de Los que duermen (Salto de Página, 2012) sabíamos que no nos iba a defraudar el estilo literario del siguiente libro que escribiera Juan Gómez Bárcena, que nos sumergiríamos en esas nuevas páginas con la confianza de nadar en aguas cristalinas y esplendorosas. El cielo de Lima (Salto de Página, 2014), debut novelístico del autor, satisface las expectativas estéticas de esos lectores que buscan, más allá de leer una buena historia, regodearse en las palabras que la visten.

»La novela se basa en una anécdota real: la invención por parte de dos señoritos limeños –Carlos Rodríguez y José Gálvez– de un personaje de ficción –Georgina Hübber– para mantener una correspondencia con Juan Ramón Jiménez que les permitiera atesorar fetiches de su ídolo (libros de poemas, postales, fotografías y cartas). A partir de esta broma, Gómez Bárcena se inventa la historia de ambos jóvenes, y reconstruye –aunque por encima– las tensiones políticas y sociales del Perú de 1904.

»A las virtudes estéticas sumamos, pues, las imaginativas del autor.

»El narrador omnisciente autorial del libro es un acierto. Recordemos que esta modalización narrativa es la que impera en la novela realista y naturalista de finales del siglo XIX y principios del XX; el tipo de novelas que los dos señoritos limeños leen, y que sirven de modelo a su propia creación literaria; porque ellos también están creando una novela: la obra de Georgina y Juan Ramón.

»Dicho narrador interpela de continuo a los lectores e introduce una ironía que ameniza las páginas del libro. Ahora bien, peca de interpolar –en exceso– comentarios meta-literarios. Ya Galdós en El amigo manso (1882) introducía una voz narradora consciente del carácter ontológico de los personajes y que reflexionaba sobre el propio proceso creativo, pero con discreción, al principio y al final de la obra. No convertía la dispositio en el eje argumental de su novela. Gómez Bárcena, en cambio, sí lo hace. Estas numerosísimas digresiones restan protagonismo a la construcción de los personajes y de su contexto histórico, evitan el desarrollo de conflictos. Y eso que la trama los ponía en bandeja, sobre todo en el caso de Carlos. Éste pertenece a una familia adinerada, pero carente de un pasado ilustre, es más, de origen indiano. Una lástima que el autor desaprovechase el insulto que le dedica el señorito José (“ya te salió el indio. Mucho tardaba, con esa sangre tan distinguida que tienes”, pág. 228) para ahondar en ese motivo, para mostrarnos a un personaje atormentado por el sentimiento de culpa y por su inferioridad, para retratar los defectos de la una sociedad racista. Una pena que el autor haya evitado ilustrar el conflicto entre operarios y patronos (como el padre de Carlos, sin ir más lejos: hombre déspota y dueño de una rica plantación en la que no ocurre nada) en plena revolución obrera; tan sólo hay una escena de salón donde la criada de la casa se dirige a Carlos para asegurarle que se conforma con la vida que tiene. Y una oportunidad perdida la que deja pasar el autor a propósito de la sexualidad del personaje, que duda en algún momento de sus inclinaciones heterosexuales, que admira incluso a un líder sindical, pero que no experimenta –salvo en teoría– esas tribulaciones eróticas. Es decir, los dramas sociales, obreros y sexuales se enuncian pero no se nos describen, salvo de pasada. La obra se concentra, prácticamente, en un espacio simbólico: el prostíbulo. En él se produce la evolución de Carlos, de la inseguridad a la violencia. Sin embargo, ese cambio se podía haber efectuado –quizás– en otros parajes, para mayor entretenimiento y diversidad de la obra.

»Con todo, El cielo de Lima es una novela de amena lectura, que realiza un encomiable ejercicio de reconstrucción de época (ropajes, tradiciones, hablas, localizaciones), y que incluye agudas reflexiones sobre el poder que tienen las palabras para construir nuestra sensibilidad y nuestra percepción del mundo (opiniones que vierte el licenciado; ya en un fantástico relato de Los que duermen, “Cuaderno de bitácora”, Gómez Bárcena abordaba este asunto).

»En resumen: debut interesante del autor, de quien ya esperamos su siguiente novela.»

Ariadna García, micro-revista, 23 de julio de 2014
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El cielo de Lima

«Juan Gómez Bárcena es un escritor joven y sorprendente. Juan Ramón Jiménez (J.R.J. para los amigos) también lo es. Puntualizo: J.R.J. es mucho más joven que J.G.B. a la altura de 1904, que es cuando sucede todo en “El cielo de Lima”, la novela que da cuenta de los amores epistolares del poeta modernista que un día sería poeta puro e incluso Nobel. Todo comienza al otro lado del charco y, más o menos, de la siguiente manera:

»José Gálvez y Carlos Rodríguez son personajes reales y, sin saberlo, están a punto de servir en bandeja la materia narrativa que, en 2014, Juan Gómez Bárcena convertirá en novela. Pero antes pongamos en antecedentes. Como individuos de clase buena que son, José y Carlos tienen tiempo de sobra en la vida y lo administran a su antojo. Si quieren ir a clases en la universidad, bien, pero si no lo hacen, todo se les perdona. Aman la poesía, son bohemios porque la edad lo quiso así, pueden cultivar ensueños y adoran al poeta modernista Juan Ramón Jiménez. Para entrar en contacto con él (hasta eso les lleva su impulso mitómano) y alcanzar notoriedad deciden sublimarse en dama limeña, como una tapada de la época, y, bajo el pseudónimo de Georgina Hübner, le envían al poeta una serie de cartas en las que le manifiestan su devoción. La historia posterior se complicará inesperadamente con la respuesta de J.R.J., becqueriano, inexperto, incapaz de poner cordura frente a cada nueva carta, y acaba con el amor desbocado del poeta por la falsa mujer urdida a golpe de misiva.

»La historia supuso un mal trago para el poeta y, a lo que se ve, apenas puede pasar de mera anécdota. El empeño de Juan Gómez Bárcena, entonces, puede ser considerado como audaz cuando se constata que de ese núcleo se propone desenredar toda una novela nada menos que de trescientas páginas. ¿Cómo? Estirando las posibilidades de los dos personajes con los que nace la broma y añadiendo algunos otros, entre los que no es menos importante la propia ciudad de Lima, una Lima seductora, pasional y europea. Se pueden encontrar en ese planteamiento pruebas suficientes de la inteligencia narrativa del autor, y aún es preciso reconocerle más: la creación de personajes coherentes con el microclima de la Lima novecentista (el escribano de la plaza, Cristóbal; el burgués revolucionario, Sandoval; los bohemios, hijos de la Lima despreocupada); la incardinación de las opiniones de unos y otros entre los referentes de la época (Freud, Nietzsche, Tolstói, etc.); el despliegue de la trama a partir de referencias metaliterarias (son omnipresentes los consejos del ficticio Johannes Schneider, casi siempre por repudio, aunque los protagonistas acaban por echarlos de menos después de haber mandado a la pira su opus magnum). Todos estos ingredientes son los que conforman el material desplegado por Juan Gómez Bárcena, suficiente para llevar a buen término la novela y convertirla en un panorama de época, con todos los atractivos que ese hecho atesora.

»La voz narrativa se contamina del ambiente de época que retrata, y es otro de los puntos destacables de la obra. No menos lo son: la inserción del diálogo en dosis bien medidas, el recurso constante a las imágenes y, en general, una tendencia marcada a recuperar la narración clásica, con su respeto por el lenguaje y una fábula diseñada a conciencia. Insisto en el diseño de la fábula, porque denota en el autor un dominio de la arquitectura narrativa. Ya hemos visto que el punto de partida resulta escaso y, de hecho, mientras se lee parece que la historia nunca va a avanzar, pero siempre acaba avanzando. Así van apareciendo aspectos nuevos del viaje de las cartas, o de la ciudad, o de la literatura (brillante esa referencia a los métodos mnemotécnicos de Alexandre Dumas, con sus figuritas colocadas en una estantería sobre la que la limpiadora tiene tanto que decir). Y, cuando todo parece que puede acabar muriendo, justo en el ecuador de la novela, Bárcena introduce el consejo de manual para justificar que los hechos en Lima, efectivamente, dan un giro de 180 grados a la historia: “De pronto, la novela se detiene (…) en las páginas centrales de la novela debe ocurrir algo extraordinario”. Siguiendo lo previsto en el manual Schneider (sobre lo ficcional), la historia de Lima experimenta un giro con la irrupción del movimiento proletario (lo real) en un quiebro narrativo lleno de ironía y muy inteligente. Con la huelga del puerto se va a ralentizar el cruce de cartas entre la falsa Georgina Hübner y el cierto, pero siempre lejano, J.R.J.

«Es así como una novela hecha con los materiales de siempre resulta original y refrescante en 2014, bien que parte de una anécdota vivida por un poeta romanticón y enamoriscado todavía en fase formativa. Se le podría exigir a la novela que en momentos puntuales se mojara más, que hiciera mayor hincapié en los aspectos escabrosos que sugiere, pero no es así como lo entiende Bárcena, y hay que respetarlo. Tiene la obra, a ratos, mucho de novela de formación, porque protagonistas, poetas famosos y fantasma femenino comparten una edad en la que aún está todo por corromper. Esa es la foto que refleja “El cielo de Lima”, ese instante de la inocencia de un mundo que va a entrar con todas las consecuencias en el s. XX y acabará sacrificando cualquier forma de romanticismo.

«El desenlace tiene forma de poema, pero llega a este libro desde fuera: el auténtico J.R.J. escribió en carne viva el disgusto que le supuso conocer la muerte de Georgina Hübner y a ella le dedicó una composición de despedida. Pocas veces ha habido más ironía en los versos de J.R.J. que en esos que dedicó a la traidora peruana. Su título es “Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima”, ¡cómo no! Y lo tienen aquí. Nada mejor que una borrachera y cuatro groserías para superar un amor contrariado, parece el consejo de J.R.J. “Y un poco de humor”, parece apostillar J.G.B.»

Santiago García Tirado, Blisstopic, 7 de julio de 2014
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El cielo de Lima de Juan Gómez Bárcena

«Dos jóvenes peruanos que idolatran a Juan Ramón Jiménez le escriben fingiendo ser una joven limeña con el fin de conseguir un libro suyo. La broma se les va de las manos y se convierte en algo más que una mera anécdota.

«Una novela sorprendente cuya historia se va transformando discretamente como si fuera el círculo cromático. Un narrador cómplice entre el lector y los personajes que nos hace sonreír; narrador íntimo que le confía al lector secretos de sus personajes, con ironía pero con respeto; omnitemporal, que nos cuenta hechos actuales desde una narración del 1904.

«El autor posee la capacidad de fijarse en detalles mínimos con los que consigue una verosimilitud asombrosa. Se añade una prosa depurada y exquisita sin pretensiones. Un autor culto que nos recordará a Luis Landero. Nos narra con tanta maestría que no necesitamos apenas descripciones físicas para que visualicemos las escenas, ocasionalmente unas pinceladas de rasgos para centrarse en gestos, diálogos y analogías originales. Dan ganas de que no se acabe la obra.

»Una novela perfecta para amantes de la lectura, de la Historia de la Literatura o de la escritura (con originales guiños metaliterarios y con relaciones y ocurrencias que os sorprenderán.»

Jes√ļs Castro, La √©tica de Po, 1 de julio de 2014
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El cielo de Lima

«Muchos han acusado a Juan Gómez Bárcena de transformar a su antojo la broma literaria que sufrió Juan Ramón Jiménez por parte de dos jóvenes acaudalados que jugaban a ser miserables poetas en una buhardilla limeña. Desde cuándo es más importante ser fiel a los hechos que reivindicar qué es literatura. Empezar una lectura sincera, con la novela en sí y con uno mismo, implica sumergirse en una historia con el candor de un niño. Fuera prejuicios, fuera reglas. Hay que desempolvar la capacidad de sentir sorpresa.

»Gómez Bárcena toma una casi desconocida anécdota de la vida de Juan Ramón Jiménez para ilustrar una magnífica ópera prima. Carlos y José, aprendices de poetas, inventan una virginal admiradora para conseguir un poema dedicado por parte de su idolatrado Juan Ramón. A medida que uno se adentra en la buhardilla limeña, en las partidas de billar entre vividores disfrazados de intelectuales o pasea en busca de escribientes por los soportales, la llegada de una carta que contenga los ansiados versos pasa a ocupar un segundo lugar.

»La evolución de Carlos, verdadero artífice del personaje de Georgina, es una preciosa historia de amor. Carlos, enamorado de su propia musa pero sobre todo de una vocación, sabe de lo escaso de su talento. Aun así respeta más que muchos literatos reconocidos lo que es la creación. Lejos de ser un capricho infantil, con la llegada de Georgina Carlos se gradúa como artista; de los que pierden el apetito, padecen insomnio y prefieren sufrir en la realidad que en su particular ficción. Ya no es momento de jugar a elegir protagonistas o secundarios entre los transeúntes desde la ventana de su refugio. Carlos crece a medida que languidece Georgina, entiende el sufrimiento de Juan Ramón y sabe que para encarar su futuro, determinado desde la cuna, también él ha de despedirse de la falsa prima.

»Gómez Bárcena sorprende con una prosa reposada y bien construida, perfectamente adecuada al país, a la época y a la historia que narra. Una trama deliciosamente construida que nos retrotrae a tiempos en los que lo que se jugaba a vida o muerte era la literatura. Juan Ramón Jiménez siempre tuvo una deuda con Carlos Rodríguez. Ese falso amor le hizo sentirse dolorosamente vivo y gracias a él pudo escribir "Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima".»

Sofía Castellanos, A Cubierta Libros, 2 de julio de 2014
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El cielo de Lima, Juan Gómez Bárcena

»Ocasionalmente, caen en nuestras manos novelas de autores poco conocidos que sorprenden por su calidad literaria, su mensaje o por la originalidad en su forma de escribir. Este es el caso de El cielo de Lima, de Gómez Bárcena, y lo es por los tres motivos.

»La novela es una recreación, más o menos libre, de una anécdota real que tuvo por protagonistas a dos aprendices de poetas peruanos y al gran Juan Ramón Jiménez, a principios del siglo XX. Aquéllos, impresionados por la entonces incipiente pero ya importante obra del futuro Nóbel español, y angustiados por la dificultad de encontrar sus obras en Lima, intentaron conseguir ejemplares de los libros o poemas sueltos del genio fingiendo ser una culta y delicada muchacha de la clase alta limeña llamada Georgina Hübner.

»El relato nos ofrece, con agilidad y desenfado, la descripción del empeño de los dos poetas en ciernes para crear un personaje que sea capaz de engatusar a Juan Ramón Jiménez para mantener una relación epistolar, que acabará con el enamoramiento del denominado “genio de las letras españolas”, famoso también por ser un contumaz seductor de mujeres de cualquier rango, clase y condición, que motivaría su famoso poema “Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima”.

»No obstante, el autor no se conforma con esta interesante narración sino que, en la tercera parte de la novela, nos describe con precisión y de forma amena,  los movimientos obreros en el Perú de la época, la decadencia de las clases otrora pudientes, el arribismo de los nuevos empresarios del caucho, las relaciones sociales entre todos ellos y la actitud del poder político gobernante.

»La obra, por su temática, tono juvenil, jovialidad y por el juego que propone con los límites de la ficción cuando se crea un relato sobre una base histórica, nos recuerda inevitablemente la magistral obra de Antonio Orejudo Fabulosas narraciones por historias, en la que un grupo de vástagos de familias pudientes de ideas más o menos liberales, estudian, o aparentan hacerlo, en la Institución Libre de Enseñanza de la Residencia de Estudiantes, de la que el mismo Juan Ramón Jiménez fue director de sus “Ediciones”. También en ese caso, el insigne poeta es objeto de una o varias bromas, siempre inteligentes y brillantes, sin perder el respeto por el personaje.

»Otra cuestión que merece un comentario específico es el del estilo literario del autor, de una calidad muy difícil de encontrar hoy en día, que le permite escribir un relato divertido, culto, lírico, ágil y que invita a leerlo de un tirón.

»En definitiva, una lectura muy recomendable. No se pierdan esta novela.»

Emilio Gonz√°lez Bou, Propera parada: cultura, 1 de julio de 2014
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De lo que empezó por enamorar y hoy no es más que ceniza en la garganta

«Hay varios cami­nos a seguir para escri­bir una novela, nume­ro­sos temas sobre los que tra­tar y diver­sas for­mas de abar­car­los. Juan Gómez Bár­cena ha parido una novela, ali­men­tada de medios e incom­ple­tos folle­ti­nes que en super­fi­cie con­for­man la curiosa his­to­ria entre un escri­tor espa­ñol de 1904 y una don­ce­lla –aun­que algo tapada– limeña que res­ponde a las siglas G.H. Entre tanto, el autor da pie a la crea­ti­vi­dad del lec­tor bajo El cielo de Lima. Encon­tra­mos, tam­bién, herra­mien­tas pro­pias de cual­quier curso avan­zado de narra­tiva, novela como cajón de sas­tre, como guía lite­ra­ria para entes que no saben por donde empe­zar a leer clá­si­cos, Bau­de­laire, Rim­baud, Mallarmé, o aque­llos rusos que estu­vie­ron tan de moda. Libro este de Bár­cena car­gado de inqui­li­nos mere­ce­do­res de hiper­víncu­los tex­tua­les a sus obras capi­ta­les. Atis­bos meta­li­te­ra­rios dis­pues­tos en los pri­me­ros minu­tos de lec­tura que fra­gua­rán con el paso de las hojas.

»Nov… románt… his­tór…, poes… románt…, pros…; diga­mos que si nos pone­mos a ana­li­zar con la pre­ci­sión de un sumi­ller los por­me­no­res de estilo, de fondo y forma  del cielo en que Bár­cena se cobija, pode­mos decir que cum­ple con todos los cáno­nes de la novela tra­gi­có­mica de cual­quier lucha de cla­ses, en eso esta­mos todos de acuerdo. Pero os invito a ir más allá, a pin­zar y alzar cada género que encon­tréis a lo largo del libro, como si os hubie­sen enco­men­dado la tarea de des­liar el canasto de los 1904 ban­de­ri­nes del pró­ximo tono. Una vez hecho esto obser­va­réis tres canas­tos a los que devol­ver los mis­mos, esta vez, bien dis­pues­tos. Esto mismo es lo que apre­cia­mos en El cielo de Lima, canas­tos en los que se lee: Novela. Poe­sía. Tea­tro. Pode­mos decir que la novela de Bár­cena per­te­nece al género  Nopo­téico:

                                                                             Nopo­te­sía: Dícese del género lite­ra­rio que aúna novela, poe­sía y tea­tro a par­tes igua­les, siendo preponderante

                                                                              el pri­mer género; los géne­ros res­tan­tes lo serán siem­pre en fondo pero no en forma, no habrá atisbo métrico ni

                                                                              dra­má­tico de los aquí sugeridos.

»Que la nopo­te­sía no existe es una gran ver­dad, pero todo es creer en ella, miren a Román o a Geor­gina, o la sim­ple vida de alguien que juega a SER — puede que por obligación-. Todos fue­ron crea­dos a base de fe y enco­men­da­cio­nes, ¿por qué no pro­bar?, al fin y al cabo es así como se cons­truye lo que no existe, a base de creer en ello. Novela; en fondo y forma, poe­sía; en esen­cia, tea­tro; en pro­yecto. No es prosa poé­tica lo que escribe, pero la esen­cia de la misma lucha por salir a flote, por cru­zar el entra­mado de made­ras que for­man el grueso de su libro. Bár­cena es un nove­lista con alma de poeta y no por lo pro­saico del texto, si no por el fino y deli­cado tra­ta­miento de sus pala­bras que atem­pe­ran al lector.

»Tra­mas y expre­sio­nes que con­cep­túan  y hacen tan­gi­ble ideas en apa­rien­cia abs­trac­tas, pági­nas pla­ga­das de ries­gos “segu­ros”, car­tas que exci­tan cuerpo y mente. Novela ágil esta de Bár­cena  que a veces huele a polvo y naf­ta­lina, a cla­sis­mos y  pobres a ras de suelo adver­ti­dos desde la dis­tan­cia pru­den­cial que nos vuelve indo­len­tes. Mise­rias que sal­pi­can pero nunca man­chan reali­da­des com­pra­das,  todo es posi­ble cuando resi­des en lo alto de la pirá­mide social. Capí­tu­los pres­cin­di­bles. Urbanismos,dudas en cuer­pos y bocas, almas , edu­ca­ción rec­ti­lí­nea, con­for­mis­mos, miedo social, matri­mo­nio, com­ple­jos epo­ca­les y no tanto, dinero, putas,¿amistad?, estos son algu­nos de los temas que se desa­rro­llan bajo El Cielo de Lima a un tempo de 3x4.

»Capi­tal –que no humana– de rique­zas  apa­ren­tes abo­ca­das a ser ver­gon­zo­sas pobre­zas apre­su­ra­das. En 1904 la dig­ni­dad  coti­zaba a la baja, a la alta encon­trá­ba­mos el cora­zón de un  poeta. Juan Ramón Jimé­nez, Juan Gómez Bár­cena, Geor­gina o cómo idear una novela en cua­tro capítulos.El volu­men (publi­cado por Salto de Página), es idó­neo para for­mar entre­te­niendo, para pasear junto al autor bajo  ese cielo color cau­cho e his­to­ria, para dejarse via­jar de España a Lima en la bodega de un viejo y roído tras­atlán­tico o para dejarse pul­sar a tra­vés de corrien­tes tele­grá­fi­cas. Mares de tinta, pluma con ham­bre, sexos sin meta. 1904 queda lejos.»

Ruby Fern√°ndez, Koult, 23 de junio de 2014
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«Leí alguna reseña del primer libro de relatos de Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984), Los que duermen (Salto de página, 2012); y, por tanto, ya conocía el nombre y el incipiente prestigio de este autor cuando Pablo Mazo, el editor de Salto de Página, me ofreció el envío de esta novela, convencido de que me iba a gustar.

»La novela El cielo de Lima está basada en la siguiente anécdota real: estamos en 1904 y, en la ciudad de Lima, dos jovencitos burgueses, José Gálvez y Carlos Rodríguez, juegan a ser poetas bohemios. Admiran mucho a Juan Ramón Jiménez, y deciden escribirle una carta para pedirle su último libro autografiado. Piensan que tendrán más éxito en su empeño si fingen ser una jovencita melancólica en vez de ellos mismos. Así crean a Georgina Hübner, personaje que irá intercambiando con Juan Ramón una correspondencia cada vez más íntima. El final de este “romance” hizo a Juan Ramón Jiménez escribir el largo poema Georgina Hübner, en el cielo de Lima. Si alguien tiene curiosidad por el poema lo colgué hace unas semanas aquí (se encuentra pinchando la etiqueta del blog correspondiente a Juan Ramón Jiménez; como dicen en los blog de cines: “cuidado, tiene spoilers”).

»Conocía esta anécdota porque en diciembre de 2011 leí el libro de cuentos Ensimismada correspondencia de Pablo Gutiérrez. Uno de los relatos de este libro se titulaba precisamente Georgina Hübner, en el cielo de Lima; y recreaba la misma anécdota que utiliza Gómez Bárcena para su novela, pero en 32 páginas en vez de en 317. Lógicamente la intención de los autores al recrear este episodio de la vida de Juan Ramón Jiménez era diferente y el resultado no se puede medir ni por el número de página ni por la capacidad de condensación.
Desconozco hasta que punto existen documentos sobre este episodio, pero ahora que estoy con la novela de Gómez Bárcena fresca en la memoria he hojeado el cuento de Gutiérrez y encuentro algunas diferencias: Según Gutiérrez, el nombre completo de Carlos Rodríguez es Carlos Rodríguez Hübner; y Georgina es una prima suya a la que él recrea de forma idealizada en las cartas que le dirige a Juan Ramón. En la novela de Gómez Bárcena, Georgina Hübner es una mera creación intelectual, y la prima de Gutiérrez no existe.

»Lógicamente, partiendo de la pequeña anécdota señalada un escritor no tiene ninguna obligación de intentar recrear el acontecimiento real. La anécdota sirve en cualquier caso como punto de partida para levantar ante el lector un mundo ficcional. Pero en cierto modo, la lectura previa del cuento de Gutiérrez ha condicionado parte de mi lectura de la novela de Gómez Bárcena, y además esto ha ocurrido, de forma inverosímil, gracias a un recuerdo falso: yo pensaba haber leído en el cuento de Gutiérrez que Juan Ramón viajó a Lima y los dos aprendices de poetas bohemios le engañaron al presentarle a la prima como a la verdadera Georgina que escribía las cartas que el poeta había leído. Esto no está en el cuento de Gutiérrez, esto estaba en mi cabeza. Y yo, alentado por este recuerdo falso, esperaba al leer la novela de Gómez Bárcena la llegada de Juan Ramón a Lima y me extrañaba que ese encuentro (yo esperaba aquí una novela de enredo) demoraba en producirse. No sé si estoy revelando demasiado de la trama, pero, en cualquier caso, si alguien lee el poema señalado de Juan Ramón ya deducirá que el poeta no llegó a conocer a ninguna Georgina de carne y hueso.

»Creo que me estoy desviando del comentario real de la novela, de lo que sí está en las páginas de El cielo de Lima. Esta novela, escrita con un humorismo tierno, me ha recordado bastante en el tono compositivo a Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo. En ambos libros –Fabulosas narraciones por historias y El cielo de Lima- aparece Juan Ramón Jiménez y se recrea una época desde la mirada desprejuiciada del presente. El tono burlesco e irónico hacia los aprendices de poetas y escritores es común a ambas. El lenguaje con el que se expresan los personajes, igual que en la novela de Orejudo podía ser el de los jóvenes madrileños de los años 80 del siglo XX, el de los protagonistas de El cielo de Lima no juega a recrear el posible lenguaje de unos peruanos de principios del siglo XX, sino que José y Carlos se expresan prácticamente como jóvenes del siglo XXI, y no necesariamente con modismos peruanos. “A mí no me la da…”, dice, por ejemplo, uno de estos jóvenes en la página 287. En la página 76 el narrador omnisciente habla de “una mañana de novillos”; expresión puramente española y actual. De hecho, aunque se nota que Gómez Bárcena se ha documentado para escribir esta novela (salarios de la época, huelgas de trabajadores, estudio de algunos usos y costumbres…) también plantea un juego con sus lectores del siglo XXI: hay bromas en el texto que directamente apelan al presente: “Ya no quedan hombres como los de antes, dice don Augusto con frecuencia, los de hoy son de otra pasta, con veinte todavía parecen niños que quieren seguir jugando. Llegará el día en que con treinta no tengan ni mujer, ni hijos, ni trabajo, ni casa, ni ganas de tener ninguna de las cuatro cosas.” (pág. 145). Estaba pensando (y haciendo anotaciones que lo probasen) que para escribir El cielo de Lima, Gómez Bárcena había estudiado los juegos literarios que despliega Antonio Orejudo en Fabulosas narraciones por historias y el propio autor deja una clara pista en su texto que actúa como un nuevo guiño de complicidad con el lector y como un homenaje a su maestro: “Tomando chocolate caliente y bizcochuelos, haciendo reverencias y escuchando recitales de piano, hablando del tiempo o de las ventajas de viajar en tren con damitas remilgadas que algún día podrían ser sus esposas.” (pág. 77). Las negritas son mías, y con ellas señalo que obviamente no es una casualidad que cinco palabras de una frase del libro de Gómez Bárcena se unan para ser el título de un libro de Antonio Orejudo.

»Ya he comentado que el acercamiento inicial del narrador a los protagonistas de la novela, José Gálvez y Carlos Rodríguez, es bastante burlesco; y esto es así desde la segunda página de la novela: “Son sólo dos señoritos jugando a ser pobres en una buhardilla de Lima.” Pero según avanzan las páginas del libro, el narrador se muestra más compasivo con ellos, sobre todo con Carlos, hijo de un nuevo rico déspota y cargado de completos; entre ellos, el de ser de origen indio frente a personas como el amigo de su hijo, José, un rico en decadencia, que es descendiente de próceres peruanos. Para Carlos, cuya caligrafía femenina hace que las cartas de Georgina sean creíbles, el personaje creado, Georgina Hübner, cada vez es más real, funcionando para él como un ideal inalcanzable; y este juego del libro me ha parecido inteligente: Georgina no es tan sólo una musa inalcanzable para el poeta Juan Ramón Jiménez, quien recibe sus cartas pero nunca una foto, sino que empieza a ser también una musa inalcanzable para su creador, Carlos Rodríguez.

»El cielo de Lima está escrito en capítulos cortos que se leen con mucha rapidez; su sentido del ritmo es muy alto. La novela mantiene siempre un tono simpático, muy juguetón, y, después del retrato burlesco y algo sangrante de los personajes, gana en emoción al centrase en un cada vez más humanizado y trágico Carlos Rodríguez.

»Juan Gómez Bárcena ha publicado esta primera novela, repleta de encanto, en el año que cumple los treinta; un escritor joven del que podemos esperar mucho.»
 

David Pérez Vega, Desde la ciudad sin cines, 23 de junio de 2014
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El fantasma de Georgina H√ľbner

«O de cómo dos aspirantes a escritores intentaron crear la musa perfecta para Juan Ramón Jiménez. El libro incluye jóvenes aristócratas que juegan a ser bohemios, "escribidores" de cartas de amor y el asesinato premeditado de una fantasmagórica joven llamada Georgina.

»En el Lima de principios del siglo XX dos jóvenes describen en una vieja buhardilla del centro de la ciudad cómo debía ser la mujer capaz de enamorar a uno de los más incipientes poetas del momento. Ellos, estudiantes de Derecho e hijos de dos de las familias más ricas de Perú, juegan así a escribir su propia novela, inventando a capítulos que son cartas a una mujer enamoradiza y llena de virtudes. La mujer imaginaria se llamará Georgina y tendrá como apellido "Hübner", igual que uno de los dos aspirantes a escritores. A la joven Georgina se le concederán, además de un apellido, unas características físicas, unas tragedias familiares, unas aspiraciones, unas dudas y todos los dones y sentimientos que una dama de alta alcurnia debiera albergar. En definitiva: a Georgina se le dará una historia.

»Mientras tanto, a este lado del Atlántico, en un pequeño pueblo onubense, un jovencísimo poeta llamado Juan Ramón Jiménez espera impaciente unas cartas que llegan de ultramar. La remitente de las misivas es una joven que parece haber caído rendida ante los encantos del escritor, del que admira sobre todo sus versos. Para Juan Ramón, inexperto en las artes amatorias y con la salud algo taimada, la existencia de aquella joven que le solicita sus poemarios firmados y dedicados es todo un revulsivo. El intercambio de cartas comienza a ser cada vez más habitual y el contenido de las mismas más íntimo y privado. La relación epistolar se prolongará durante unos meses, hasta que un telegrama llegado desde el lejano Perú informe a Juan Ramón de la muerte de su querida Georgina Hübner. El poeta, conmocionado, le dedicará un poema, "Bajo el Cielo de Lima", que convertirá a Georgina en personaje inmortal.

»La historia de la correspondencia entre Juan Ramón Jiménez y Georgina Hübner es una anécdota real ampliamente documentada en la historia de la literatura y magistralmente novelada en el libro El cielo de Lima, de Juan Gómez Bárcena (2014). El viaje propuesto por Bárcena es de lo más interesante. El contexto es una ciudad (Lima) que vive entre el olor a naftalina de las clases más adineradas y señoriales y las desigualdades sociales y que comienza a respirar los aires de una nueva época marcada por la revolución social. Y en medio de esta maraña de cambios surgen dos jóvenes que parecen vivir en dos mundos radicalmente opuestos: el de las familias adineradas en cuyo seno han nacido y a las cuáles deben "pleitesía" y el de los bajos fondos, mucho más atractivo, en los que habitan jóvenes anarquistas, escritores y damas de cama baja y donde el intelecto vale más que cualquier fortuna terrenal.

»Una brillante novela que nos da una idea de cómo era Juan Ramón Jiménez antes de conocer a Zenobia Camprubí, la que sería el gran amor de su vida.»

Elena Miguel, Yamelose!, junio de 2014
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El cielo de Lima

«Hubo un tiempo en el que me dediqué, con más empeño que aciertos, a estudiar narratología. Llegué a tener un cierto conocimiento del terreno y a manejar con soltura los veinte o treinta nombres principales del núcleo duro de la disciplina, ese que, a diferencia de los autores de la «teoría», que se pueden intercambiar entre infinitas disciplinas con tanta velocidad que las propias disciplinas llegan a disolverse en ellos (no estoy seguro de que sea algo tan malo como suena), pertenece exclusivamente al ámbito de los estudios literarios y, más concretamente, al terreno de esta narratología que, por entonces, y supongo que más ahora, ya tenía los bordes de un color ocre añejo que la hacían particularmente impracticable, bastante inservible y, por tanto, extraordinariamente atractiva.

»Engendré por entonces un par de artilugios teóricos que, en su momento, me parecían tremendamente originales y que luego quedaron en aparatos más bien estrafalarios, sencillos y muy frágiles, como aquellos aviones pioneros de las películas mudas que se desbaratan contra el suelo, tan cómicos, tan tenues y tan conmovedores ellos. Uno de esos artificios teóricos recibió el nombre de «atomismo constructivo» y consistía en la originalísima apreciación de que, en el fondo, la disputa entre ficción y realidad quedaba resuelta en cuanto se descendía lo suficiente en la construcción de cualquier elemento imaginario como para comprobar que este estaba compuesto por partículas de realidad, es decir, que hasta el monstruo más extravagante de la más ensortijada narración oriental podía descomponerse en elementos reconocibles del mundo. Una bestia de mil ojos no es más que mil ojos con cuerpo de engendro, un animal con una boca de noche y mil dientes de mar no deja de ser la noche y una boca y, si se añade la metáfora a la ecuación, quizás el hambre, las olas y el tiempo.
La herramienta, al final, no daba mucho más de sí (la narratología, en general, es así, tiene arranques más o menos espectaculares, pero se agota pronto), aunque creo que todavía sirve para recordar que el famoso cartel de «basado en hechos reales» no es más que una cuestión de temperatura.

»El cielo de Lima, la última novela de Juan Gómez Bárcena ya ha sido demasiado fustigada —sin mala intención, presumiblemente— por el famoso sonsonete de la realidad que la respalda. Si recorremos sin demasiada exhaustividad el catálogo de reseñas que ha cosechado el libro concluiremos que el pecado de partir de una anécdota curiosa y protagonizada por un escritor reconocido ha sido pagado abundantemente, habida cuenta de que la anécdota de partida es sólo eso, un punto a partir del cual empezar a desarrollar la trama.

»El libro, digámoslo ya, cuenta la historia del amor imposible entre Juan Ramón Jiménez y Georgina Hübner, una muchacha limeña, a principios del S XX. Juan Ramón Jiménez es de sobra conocido: uno de los poetas más prestigiosos de la literatura española, renovador indiscutible de la poesía, influencia formidable (aunque no siempre plácida) para la generación del 27 y una de las fuentes principales de toda la poesía invisible española que vino después  de él. Georgina Hübner es menos conocida: limeña, rica, enfermiza y un producto de ficción. Georgina Hübner nunca existió. Fue la excusa de dos poetas peruanos, José Galvez y Carlos Rodríguez para dirigirse al poeta Juan Ramón Jiménez y pedirle algunos de sus libros, que por entonces eran imposibles de encontrar en tierras americanas.

El cielo de Lima. Sobre la literatura

»La historia sucede en 1904. Juan Ramón era, por entonces, un joven poeta de veinticinco años que escribía una poesía sentimental, sensorial, muy adornada de modernismos y de corrientes francesas. Es un Juan Ramón al que le falta todavía descubrir la poesía inglesa, a Tagore y a Zenobia Camprubrí. Pero Juan Ramón es apenas un personaje secundario en esta historia. Gómez Bárcena ha puesto mucho empeño en evitar que la novela quedase reducida a la anécdota y en esquivar la parte folclórica del asunto. La novela es otra. La novela no es tampoco Georgina —aunque en parte Georgina es toda la novela— y ni siquiera los poetas limeños que la inventaron para seducir al poeta español y conseguir versos y recuerdos suyos. La novela trata, sobre todo, de la literatura.

»Porque la literatura es fundamentalmente dos cosas: por una parte, la literatura es el arte que consiste en el uso estéticamente óptimo de la palabra. Aquí la clave de la cuestión son las palabras «estéticamente óptimo» que son las que difuminan los bordes y las que la convierten en una cosa resbaladiza. Esta es la gran literatura que, a la vez, es una cosa muy pequeña, difícil de manejar, perfecta en su género, como el odrakek kafkiano.

»Luego está la pequeña literatura, que lo es todo, que lo abarca todo. En cierto sentido estamos hechos de literatura, porque somos un poco nuestros cuerpos, nuestras esperas y nuestros silencios y un mucho las historias que nos contamos, la forma que tenemos de hablar, aunque sea para nosotros mismos, de esos cuerpos, de esas esperas y eso silencios, la forma de decidir y de dar nombre a la decisión de lo que somos, de querer ser lo que no somos todavía, la forma de quejarnos de nuestros políticos y de cuánto tarda hoy en transporte público, la forma que tenemos de presentarnos a los desconocidos, la forma en la que intentamos explicar qué razones nos mueven a actuar de una u otra manera y la forma que tenemos de renunciar a esas explicaciones. Somos lo que contamos a los otros y lo que nos contamos a nosotros mismos de nuestra vida, de las vidas de los otros, de todo lo que sucede y todo eso también es literatura. La otra literatura. Una literatura menor e inmensa que late y laterá siempre en el centro del planeta de los seres humanos.

»Decía Averroes que existe una verdad en la filosofía y una verdad en la religión. La verdad de la filosofía es para los filósofos y la de la religión es para todos. Lo mismo sucede con la literatura. Hay una literatura que es para los poetas, los escritores, los diletantes y los amantes de esa república de las letras y una literatura que es para todos; una literatura a la que no podemos escapar. Una literatura que tiene mucho que ver con el tiempo porque, al final, esta literatura consiste en colocar las palabras, los deseos, las acciones, etc en el plano del tiempo, con la esperanza de que, al colocarlas, se amolden a una causalidad, quizás imprevista. Lo que se coloca antes precede y procura lo que viene después, lo que llega al final es consecuencia de lo anterior. No hay más historia.

El cielo de Lima. Sobre el tiempo

»Es llamativa la cantidad de capítulos de El cielo de Lima que aluden directamente a una posición en el tiempo. Algunos ejemplos tomados sin querer ser exhaustivos: «Al principio…» (Cap 1), «Cada vez que…» «Antes de ser poeta…», «A veces…», «Pero llega el momento en que…», «Si la idea tiene un único origen, éste es su origen», «Su novela aún no tiene título», «Al principio no ven nada extraordinario», «Tarda casi una hora en leer todas las cartas», etc, etc.

»No creo que sea casual que estas marcas temporales escaseen más justo al principio y al final del libro y que sean constantes en los capítulos centrales. Pero dudar que sean casuales no implica suponer que sean premeditadas. También podría ser por la propia inercia de la historia, que sigue sus leyes. Esta es una novela en la que no pesan tanto los personajes o la trama como la observación de esa forma de la literatura que se encarna en un texto. Por cuestiones operativas al principio de la novela es necesario prestar una atención especial a los personajes que aparecen en ella, definir sus contornos y los de la historia. Dotarlos, en definitiva, de unas extremidades con las que puedan desenvolverse en ese mundo que será el suyo durante algunas páginas. Cuando se llega al final, es necesario retomar de nuevo la historia, darle los instrumentos, a ella y a los personajes, para que pueda construirse una madriguera en la que esconderse y simular el final. El centro de la novela, sin embargo, se siente libre para desplegarse tal y como es y para revelar el verdadero interés y el verdadero protagonista de la novela.

»Se sentirán decepcionados quienes se acerquen a El cielo de Lima buscando una novela sobre JRJ. El poeta aparece poco y, cuando aparece, es una figura un tanto extraña. Cuesta mucho imaginarlo como un joven poeta enamorado, y más bien parece un académico, un tanto rijoso, husmeando en la correspondencia el rastro de un apetito carnal.

»Tampoco los dos personajes principales son lo más importante de la novela. Uno de ellos, José, —que en la vida real llegaría a ser un poeta notable—, es en la novela un snob pedante y frívolo. José nos sorprende poco a lo largo de la historia. Una vez que queda claro su lugar en la novela José cumplirá su papel con una disciplina admirable. El otro personaje principal, Carlos, es el gran protagonista de la novela, al menos si tenemos en cuenta la extensión de sus apariciones. Carlos es algo más rico en matices, aunque es probable que esto se deba, sobre todo a que pasa más tiempo en el escenario y podemos suponer que José o algún otro personaje que aparece a lo largo de la trama, no lo serían menos si se le hubiese dado la misma oportunidad.

»Poco a poco va quedando claro que el verdadero protagonista de la novela es, en realidad, el narrador, o, más bien, la narración en la que se encarna.

»No tenemos aquí un narrador que relata, sino una voz que reconstruye. No hay una figura que se descubra y que justifique su existencia vinculándose a la obra como en tantas novelas realistas (un testigo, un arrepentido, un traidor…);  el narrador es la voz que va enunciando el relato, engendrándolo mientras lo se alimenta de él. Como en la novela realista, nuestro narrador aquí lo sabe todo. A diferencia de la novela realista, nuestro narrador aquí sabe tanto que sabe incluso que se encuentra dentro de una historia y con esa idea juega constantemente. De nuevo el autor evita la parte estridente, en este caso del postmodernismo, así que el narrador no se dirigirá a nosotros, ni se divertirá despedazando la historia en planos temporales. Amablemente nos invita a salir de ella, nos acompaña hasta los márgenes del libro y nos muestra el artificio. Parece decir —pero no lo dice—: "Mira aquí, unas vidas de papel. ¿En qué se diferencian de la tuya? ¿En que no existen? No vale tanto la existencia. Para millones de personas en el mundo, para un porcentaje abrumadoramente alto de la población mundial, tu existencia no tiene más consistencia que de ellos, e incluso para quienes llegan a ser conocidos, los que existen para el mundo e incluso a través de generaciones, no existen más que estos, porque toda su existencia no es más que el relato de una vida. Igual que estas vidas de papel".»

Miguel Carreira, Factor Crítico, 6 de junio de 2014
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El cielo de Lima. Juan Ramón antes de Zenobia.

«La de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí es una de esas grandes (y pocas) historias de amor que, por tener como marco de fondo la biografía de una figura destacada de las letras, se convierten en eternas. La devoción que el onubense sentía hacia la mujer con la que compartió cuatro décadas de matrimonio es indiscutible y queda reflejada en los distintos proyectos literarios del escritor. La muerte de Zenobia en el año 1956 supuso también la peor de las desgracias para el poeta, que pasó los dos últimos años de su vida sumido en una profunda depresión y anhelando a la mujer que, lejos de estar a su sombra, se convirtió en su auténtico faro de luz. Pero antes de que Zenobia irrumpiera en la vida de Jiménez hubo otras damas que atrajeron la atención del escritor. La más llamativa de todas fue Georgina Hübner, un fantasma que llamó a la puerta del poeta desde el otro lado del Atlántico en el año 1904. El cielo de Lima, de Juan Gómez Bárcena, es una novela que profundiza sobre esta curiosa historia de amor epistolar transcurrida en el Perú y la España de principios del siglo XX.

»En el año 1904 Juan Ramón Jiménez ya había conocido el amor. Lo había conocido en 1901 durante su estancia en el sanatorio del doctor Lalanne en Francia al enamorarse plantónicamente de la niñera de los hijos de éste; también a su vuelta a España, un año después, durante su internamiento en el Sanatorio del Rosario, cuando cayó profundamente enamorado ante los encantos de una de las hermanas más jóvenes de la congregación; y, por qué no decirlo, lo conoció también alternando en los salones del Madrid de 1903 cuando se cruzó en su camino Louise Grimm, descendiente directa de los famosos Hermanos Grimm y, por entonces, una mujer casada. Hablamos, en los tres casos, de amores puramente platónicos, dibujados con mayor o menor suerte en los versos de la primera etapa literaria del poeta de Moguer.

»Lo que le ocurrió en aquel cuarto año del nuevo siglo fue algo totalmente distinto y también inesperado. Una muchacha joven que aseguraba ser una fiel seguidora peruana y que respondía al nombre de Georgina Hübner se puso en contacto con el poeta, vía carta, pasa solicitarle que le enviara algunos ejemplares de sus libros. El poeta aceptó y con aquel primer envío comenzó un intercambio de cartas que duraría varios meses. Pasado un tiempo, Juan Ramón Jiménez recibió un mensaje desde Lima comunicándole el fallecimiento de Georgina y el escritor, dolorido por haber perdido a la que consideraba su amiga a pesar de que nunca la había visto ni en persona ni en foto, le dedicó un bonito poema que se publicaría años más tarde en su libro Laberinto (1913). Después de Georgina, Juan Ramón Jiménez se reencontró con Louise Grimm en 1907, ahora ya separada de su marido, e incluso conoció el amor carnal en una affaire veraniego con una joven llamada Susana Almonte. Años más tarde, en 1913, llegó Zenobia y con ella la estabilidad, el matrimonio y el amor sereno y correspondido.

»Dentro de la novela: creando una musa de la nada

»Hasta aquí todo normal: una vida no demasiado azarosa en lo que al amor se refiere y discurrida entre centros de salud mental y su pueblo natal al cobijo de poemas, lecturas y círculos intelectuales. Sin embargo, todo cambia si anotamos que Georgina Hübner no existió jamás, que fue la creación artificial de dos jóvenes aspirantes a escritores limeños. ¿Por qué inventar algo así?, podríamos preguntarnos. La respuesta es sencilla, porque lo que los jóvenes limeños que inventaron a Georgina únicamente pretendía acercarse al poeta para conseguir algunos originales firmados de su puño y letra de tal forma que éste no pudiera negarse. Una joven inocente, enamorada de los versos, era una buena opción para conseguirlo. Sin embargo, una vez que el escritor cooperó amablemente con ellos contestando a la primera carta y ávidos de mimetizarse y contagiarse del talento literario del hombre al que tanto admiraban, decidieron seguir con la “broma” aunque esta vez con un segundo y mucho más profundo objetivo: crear una musa perfecta a la que Juan Ramón Jiménez le dedicara un poema o, quién sabe, incluso una novela. Ni que decir tiene, que como todas las musas de los grandes escritores, también Georgina murió de forma trágica, aunque en esta ocasión a manos de sus propios creadores, que tuvieron que darle muerte cuando el “juego” se les había ido de las manos.

»La historia de la relación epistolar entre Juan Ramón Jiménez y Georgina Hübner es cuanto menos digna de contar. También lo es la historia de José Gálvez Barrenchenea, quien años más tarde ocuparía importantes cargos políticos en su país, y Carlos Rodríguez Hübner, los dos jóvenes aristócratas peruanos (y estos sí reales) que pusieron en marcha aquella argucia. Estos personajes son los protagonistas de El cielo de Lima, la novela de Juan Gómez Bárcena que recrea de forma magistral eimaginativa esta anécdota literaria para convertirla en un documentado reportaje histórico sobre el Perú finisecular, sacudido por la aparición y organización de los movimientos sociales, las revueltas campesinas y obreras y por el llamamiento generalizado a la revolución.

»La obra de Gómez Bárcena nos dibuja a los dos personajes centrales como dos opuestos en un mismo escenario que pese a sus diferentes orígenes e inquietudes están atrapados igualmente dentro de su propia historia personal y de su alta posición social. A la vez, ambos son conocedores también de que están transgrediendo los límites por conseguir su deseo de ser escritores. ¿Y qué papel juega Georgina en todo esto? La Georgina que estos dos jóvenes crean para el Maestro (así llaman a Juan Ramón Jiménez en la novela) tiene rasgos reales, posiblemente rasgos de las madres, las hermanas, las primas o las amantes de los escritores que le han dado vida, y que se van definiendo y configurando poco a poco conforme ellos entienden que podría gustarle al maestro. Y aunque Georgina no exista como tal, seguramente sus creadores la vieron reflejada cientos de veces en muchas de las mujeres de su vida, en las que habían sido o serían sus novias, en sus amigas, en sus amantes, en las futuras madres de sus hijos, en las prostitutas de los locales del lumpen o en las putas de los burdeles de los caucheros adinerados. Georgina es todas las mujeres y no es ninguna de ellas. Georgina es un ente que tiene voz pero que no habla y que siente aunque no tenga sentimientos. Eso sí, siempre manejada al antojo de dos veinteañeros que se están conociendo a sí mismos y a su mundo gracias a la creación de este jugoso personaje literario.

»Brillante, pues, esta historia de la fantasma limeña que a buen seguro robó el corazón del poeta Juan Ramón Jiménez.»

Mapi Pamplona, Dime lo que escribes, 26 de mayo de 2014
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El cielo de Lima de Juan Gómez Bárcena

«A veces basta coger cualquier libro y leer unos párrafos sueltos para comprobar si el autor escribe bien, si su dominio del lenguaje pasa de la media habitual, o si es capaz de mantener un nivel narrativo que merezca la pena. Bien, les invito a realizar la prueba con El cielo de Lima; ábranlo por cualquier página y lean un par de párrafos. Es muy probable que después compren el libro.

»La novela nace de una anécdota real: la correspondencia que mantuvieron dos jóvenes peruanos con el poeta Juan Ramón Jiménez. Simularon ser una mujer —a la que dieron el nombre de Georgina Hübner— de la que el poeta llegaría a enamorarse, o al menos mostraría gran interés por visitar, y a la que incluso acabaría dedicando el poema “Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima”. Partiendo de una anécdota tan interesante, Juan Gómez Bárcena escribe su propia ficción de los hechos.

»Los protagonistas son dos jóvenes de buena familia con aspiraciones poéticas que viven en Lima a principios de siglo XX. Pasan las tardes en la decrépita buhardilla alquilada en un barrio obrero, desde donde planean su prometedor futuro como literatos y juegan a comparar a transeúntes con personajes literarios: “ese un prestamista de Dickens”, “mira, un hombre abatido de Tolstoi”… Por la noche suena el claxon de la limusina que va a buscarles para devolverles a sus mansiones. Por supuesto, no engañan a nadie, así que se reúnen con otros jóvenes de su entorno para hablar de sus aspiraciones y juzgar la sociedad en la que viven: un país repleto de desigualdad, que hierve en huelgas y con un enfermizo racismo más que presente. Desde las primeras páginas el lector es consciente de la difusa mirada de los jóvenes, lo lejos que se encuentran de lo que desean.

»Igual que cualquier adolescente, aspiran a contactar con quien admiran, y deciden hacerse pasar por una inocente joven y escribir a Juan Ramón Jiménez, también aprovechan para pedirle un libro. Así comienza una correspondencia que dura años. Ellos, divertidos por el nuevo juego, no dudan en intentar manipular al poeta y buscar que cumpla su ambición: conseguir que escriba un poema sobre Georgina. Así, al crear la voz de Georgina Hübner, el cuarto protagonista de la historia toma forma y se convierte en una sombra y obsesión que les acompañará en todo momento. Mientras siguen las cartas y el errante recorrido vital de los jóvenes, el autor aprovecha para desgranar la sociedad peruana, desde los barrios más sucios y las huelgas portuarias hasta los salones aristocráticos donde el cambio social se hace patente y las nuevas generaciones empiezan a intercambiar opiniones sobre lo justo o no del jornal obrero.

»Juan Gómez Bárcena (1984) maneja la historia con envidiable soltura. Tiene un plan establecido y en ningún momento se desvía de él. La línea temporal y los acontecimientos que ocurren siguen un orden cronológico, poco dado a sorpresas, narrado con tono agradable y un estilo trabajado en el que las escenas pasan sin que el lector se hastíe. Si bien el tercio intermedio adolece de cierta tensión, esta es la única pega que puedo encontrarle, y el autor reconduce la narración con prontitud e incluye un factor político que solventa el bache.
El juego narrativo es efectivo y la historia también es sostenida por la prosa de Gómez Bárcena, que evita las prisas, busca la floritura adecuada y barniza con lirismo cada página, adecuándolo a la época, el país y la visión de la realidad que tienen ambos jóvenes. Aquí vuelvo al primer párrafo de esta reseña y transcribo un párrafo:

»Carlos ensaya cada mañana decenas de expresiones en el espejo: gestos de sorpresa, de piedad, de enamorado, de indiferencia, de aprobación. Sobre todo de aprobación. Quizás nunca ha practicado su expresión de enfado, y por eso resulta difícil tomárselo en serio. O tal vez el problema no está en su representación, perfecta como siempre, sino en todo lo que los demás creen saber sobre él. Del mismo modo que un niño resulta cómico precisamente cuando logra imitar a la perfección los hábitos de sus mayores, sus gritos y blasfemias parecen inocentes, casi entrañables, en la boca de Carlos. Así que al cabo de unos segundos de estupor sus amigos reaccionan del único modo posible: echándose a reír.

»La novela finaliza como todas las historias sobre jóvenes soñadores deben acabar, en la muerte de esa ilusión, porque todo gran sueño acaba por arder o desaparecer. Si bien el final es triste, no deja regusto amargo. Las historias, cuando funcionan, no necesitan de pirotecnia o finales forzados, son conducidas hacia el único lugar al que deberían llegar.

»Como se puede deducir de mis palabras, es un libro que me ha gustado y creo que le puede interesar a cualquier buen lector. Las trescientas páginas se saborean y disfrutar de la narrativa de Juan Gómez Bárcena es un placer. Por mi parte, ya espero su siguiente obra. Aquí hay buen material.»

Ekaitz Ortega, C, 22 de mayo de 2014
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¡Ojo! Ha llegado Juan Gómez Bárcena

«El cielo de Lima es la nueva novela del escritor cántabro Juan Gómez Bárcena. Nacido en 1984, está licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada e Historia por la Universidad Complutense de Madrid y en Filosofía por la UNED. Recibió el Premio Tormenta al Mejor Autor Revelación por su libro de relatos Los que duermen. Además, prologó y coordinó la antología Bajo treinta sobre la nueva narrativa española, publicada recientemente.

»Con este nuevo trabajo, Gómez Bárcena da un golpe en la mesa de novedades literarias y se sitúa entre unos de los autores más interesantes del momento, lejos ya de la etiqueta de menor de treinta porque esta novela trasciende de esas categorías que tanto nos gustan a los críticos. Veamos, la historia parte de una anécdota real pero poco conocida. En 1904, dos jóvenes peruanos, interesados en conseguir un ejemplar del libro Arias tristes deciden mandarle una carta a Juan Ramón Jiménez. Pero convencidos de que si fueran una bonita joven sería más fácil  lograr ese objetivo,  se les ocurre crear el personaje de Georgina Hübner. Dos meses después, les llegará una carta del Nobel de Literatura y el ejemplar solicitado. La relación epistolar entre la muchacha imaginaria y Juan Ramón Jiménez se estrechará tanto que el escritor de Moguer terminará amando esa presencia lejana.

»Si fuera una historia inventada ya estaría bien, pero  —como decíamos— la anécdota es real. A partir de ella, Bárcena reconstruye las vidas y circunstancias de los dos jóvenes que iniciaron esta extraña correspondencia. Se trata de José Gálvez y Carlos Rodríguez. Dos aspirantes a poeta, borrachos de literatura, ricos que juegan a ser pobres en una buhardilla destartalada, “señoritos que ven la miseria desde las alturas”. Gracias a la pericia de Gómez Bárcena asistiremos al desarrollo de la relación epistolar, al surgimiento de conflictos entre los dos amigos, y al crecimiento del personaje de Carlos que irá apoderándose del argumento. La ambientación y documentación histórica de la época es precisa y evidencia que Gómez Bárcena ha trabajado a conciencia. Los amantes de la literatura disfrutarán además con multitud de referencias bibliográficas.

»Lo cierto es que la originalidad en el planteamiento de esta historia y lo afortunado de su desarrollo convierten El cielo de Lima en una lectura deliciosa. Desde mi punto de vista, tiene además uno de los arranques más briosos y bien escritos que he leído en mucho tiempo. Y al final de algunos capítulos de este libro serio y ambicioso  dan ganas de levantarse y aplaudir. Creo que no se puede decir más.»

Txani Rodríguez, Pompas de papel, 14 de mayo de 2014
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El cielo de Lima de Juan Gómez Bárcena

«Hace unos cuantos meses que compré gracias a Kindle Flash Los que duermen, una antología de relatos de Juan Gomez Barcena. Aunque relativamente novato, aquel compendio aun sin leer en mi lector electrónico le valió algunos premios y muchas buenas criticas y menciones. Tras ese éxito, llega El cielo de Lima, primera novela publicada a nivel nacional de este autor santanderino.

»Y si la antología parece a priori moverse por territorios más fantásticos, El cielo de Lima es una historia de ficción totalmente realista, partiendo de una anécdota que involucra al poeta español Juan Ramón Jiménez. Una curiosidad convertida en realidad ya que dos poetas peruanos, tratando conseguir ejemplares firmados por su ídolo, lograron enamorar al poeta fingiendo ser una mujer llamada Georgina Hübner. Tal fue el encantamiento que el propio Juan Ramon Jiménez reflejo el trágico final de esta historia en su libro Laberinto, y lo que pudo suceder en la trastienda es lo que Juan Gómez Bárcena interpreta y nos relata en ésta, su nueva obra.

»El cielo de Lima es, por momentos, casi una novela de aventuras. Ver como Jose Gálvez y Carlos Rodriguez, protagonistas, consiguen preparar una correspondencia que suplante a la de una fémina y que este engaño se alargue en el tiempo es toda una secuencia de problemas, búsqueda de soluciones y conflictos de toda índole. Por otro lado, El cielo de Lima también es una pequeña clase de historia de la época donde nos situamos, principios del siglo XX, ya que conoceremos sucesos reales acaecidos en Perú en aquellos años, costumbres, y también algo de la mentalidad de la población por aquel entonces, no tan diferente de la que se pudiera ver en nuestro propio país y que afectan de manera definitiva en el carácter y saber estar de nuestros jóvenes protagonistas.

»Con estas dos tramas solapándose de manera continuada, Juan Gómez Bárcena consigue una lectura muy rápida, de capítulos cortos y directos, sin apenas relleno insustancial, y consigue que nos encariñemos por un lado de los dos poetas peruanos. Y también del pobre Juan Ramon Jiménez, que desde su España natal ve como su Georgina se escapa de sus manos sin llegar a conocerla, con un ancho mar de distancia entre ambos que solo un transatlántico es capaz de unir mediante viajes largos y no exentos de riesgos (aquí es donde otra protagonista, una rata del barco, la cual tiene algo que decir).

«El cielo de Lima es, en definitiva, una estupenda novela con la que pasar unos pocos días, ya que cuando comencéis veréis caer paginas y paginas de la misma sin apenas daros cuenta. Y eso, siempre, es un buen síntoma, el mismo que Salto de Página ha tenido a la hora de editar esta obra que gustará a casi cualquier lector, sea seguidor de un género u otro.»

Calles de tinta, mayo de 2014
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10 recomendaciones de lecturas para el Día del Libro

«"Extender una anécdota del poeta Juan Ramón Jiménez con tanto ingenio, humor y solidez bien merece la lectura de esta primera novela llena en todo momento de los disfrutes propios del arte de las buenas novelas", advierten Tipos Infames. En ella, dos jóvenes peruanos quieren ser poetas y sus vidas entran en la pequeña historia de la literatura cuando se inventan a una mujer para cartearse con el poeta español.»

Tipos Infames, Europa Press l cultura, 23 de abril de 2014
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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