título reseñas y críticas

imagen cabecera críticas El humo en la botella
reseñas y críticas El humo en la botella
El humo en la botella

«Juan Ramón Biedma construye un inquietante relato, en la mejor tradición de la novela negra, en el que nos presenta una Sevilla tétrica, oscura, distorsionada y apenas reconocible. En El Humo en la Botella encontraremos de todo: una desaparición, un secuestro, una conspiración de la iglesia, una relación sadomasoquista y una ciudad convertida por momentos en un lugar peligroso, en un gigantesco centro psiquiátrico en el que cualquiera a tu lado puede tener la peor de las intenciones.

»El Humo en la Botella, del escritor sevillano Juan Ramón Biedma, llegó a las librerías en Junio de 2010, en plena vorágine del éxito del género de la novela negra producto del boom de ventas que supuso la serie sueca de Stieg Larsson Milleniun, que había llegado a su final apenas un año antes. Biedma se atrevió con un género en el que, en aquel momento, para triunfar tenías que tener un apellido con dos ‘S’, alguna que otra diéresis y descripciones detalladas de los muebles de IKEA. Fue valiente y triunfó, consiguió una grandísima novela negra.
Juan Ramón Biedma coge una ciudad de Sevilla, apenas reconocible, y la convierte en un lugar peligroso, tétrico, oscuro y donde cada rincón puede ser el recóndito escondite en el que espera la muerte algún pobre desgraciado o en el que prepara su retorcido plan una mente no del todo sana. Biedma convierte la ciudad de sus sueños en la de las pesadillas de todos los lectores, alejándose del folclore y de los monumentos más reconocidos y adentrándose en los rincones más oscuros.

»En El Humo en la Botella encontramos de todo. Set Santiago, un abogado y ex convicto se deja contratar por su primer cliente importante para investigar la desaparición de un paciente fugado de un psiquiátrico. Mientras tanto, antiguos enfermos mentales planean un secuestro, una sádica adolescente de 15 años anda suelta, se organiza un atraco a un banco clandestino, estalla un motín en el ala psiquiátrica de un hospital y la ciudad termina convertida en un gigantesco manicomio.

»Pero no nos dejemos engañar, pese a la solidez de la trama, el verdadero fuerte de El Humo en la Botella y lo que da sentido a toda la historia son los personajes. Estamos en una novela en la que todos son protagonistas y secundarios a la vez, en una verdadera novela río en la que decenas de afluentes convergen en nuestro cerebro para crearnos una idea general de la historia. Historia que se nos va desvelando muy poco a poco, mediante sutilezas. El Humo en la Botella son decenas de pequeñas historias, decenas de pequeños detalles que por sí solos dicen mucho y que en el conjunto global terminan creando un sólido universo alrededor de la trama principal.

»Si podemos achacarle algún punto débil, tal vez sea que deja muchas tramas abiertas, muchos enigmas sin resolver, pequeñas historias que escuchamos de oídas, que nos atraen, pero que el autor voluntariamente deja en el aire para que nuestra imaginación haga el resto. Aunque pensándolo mejor, tal vez eso sea, en realidad, otro de sus puntos fuertes.»

Jesús García García, Revista Wego, 29 de octubre de 2012
....................................................................................
El humo en la botella

«A lo largo del año son muchos los libros y autores que uno lee. Bien por placer, bien por hacer una reseña o porque se me pide una valoración del texto para una editorial o un escritor individualmente (en este caso son manuscritos, más bien). Me gusta sondear e intentar encontrar nuevas historias fuera de mis géneros principales, terror y ciencia ficción, y lograr conectar con autores a los que apenas había leído hasta ahora. Juan Ramón Biedma es uno de los que lo han logrado este año que se nos ha ido. No solo con El humo en la botella, sino, como hice a sugerencia suya, leyendo primero El espejo del monstruo, novela que comparte protagonista, lo que me permitió poder ver de dónde viene este detective y en cierta forma sus acciones.

»Lo que llama la atención tras leer ambos es que quizá nos encontremos ante una novela negra que trata de seguir dibujando un mapa de los horrores y errores humanos. En la primera, los personajes con los que se cruza Santiago tienen deformidades físicas y en esta segunda se trata de deformidades mentales, pues son personas con diferentes grados y enfermedades mentales. Digamos pues que Biedma pone a su personaje principal a investigar la parte física y después lo lleva a la parte mental del hombre.

»Todo esto bajo una prosa que hace que quien está leyendo en ese momento las diferentes tramas y subtramas que se tejen alrededor de la central desee seguir sabiendo qué les ocurre a cada uno de los protagonistas de cada una de las hebras, ya que si bien Set Santiago, como descubriremos un detective con sus propios tormentos y preocupaciones, es el personaje principal, los secundarios tienen mucho peso en la historia. Como evidencia, aunque la novela esté dividida en diferentes capítulos, dentro de ellos se subdividen en subcapítulos encabezados por el nombre del personaje o personajes que participan en esa parte. Da con ello sensación de reparto de peso específico dentro del argumento. Todo ello aliñado con las diferentes enfermedades mentales que tienen y que los hace especiales y de un trato diferente para y por la sociedad en la que viven.

»De estos personajes que acompañan al detective, uno viene de la anterior novela, o mejor dicho una: su hija Austria, con la que mantiene una tensa relación y ya no por la incomprensión padre / hija, sino por lo peculiar que es esta chica, superdotada de inteligencia, pero proclive esa mente para hacer cosas escabrosas y hacer la vida imposible a su padre. Así como a todo aquel al que ella deja acercarse. Eso sí, por lo que deja sin contar de esta relación, aunque se entreven muchas cosas, supongo que Biedma los tiene reservados para otra nueva historia. Y la merecen.

»Una trama con momentos duros, la escena en la que Anube abre la puerta de la habitación de sus dos compañeros de piso es de quedarse con mal estómago, o algunas de las incursiones de Austria y su nuevo amigo no son del todo lo de “buena etiqueta” que debe ser la convivencia ciudadana, pero con la que Biedma nos agarra en las primeras páginas y nos zarandea en las centrales, y cuando ya no nos queda apenas aliento nos vuelve a dar el último meneo para sacarnos el poco aire que nos queda.

»Añado que se acaba de anunciar hace pocas fechas su nueva novela, en este caso una novela negra en un mundo zombi, Antirresurrección, con la que a buen seguro el autor nos dará un nuevo punto de vista de este género, que si se acerca cuanto menos a lo leído en los dos títulos que he ido desgranando, promete fuertes sensaciones. Y por supuesto, seguiré leyendo atentamente todo lo que escriba. Lo anoto en letras mayúsculas en mi libreta.»

Fernando Martínez Gimeno, OcioZero, 27 de enero de 2011
....................................................................................

«Si imaginásemos al Valle-Inclán más transgresor metido a narrar una novela negra, nos acercaríamos a lo que ofrece Juan Ramón Biedma en estas páginas, una trama enloquecedora y un lenguaje vertiginoso para contarnos las andanzas de Anube, Set Santiago, Eme Tobasa o Ana Mengele, criaturas desubicadas que se buscan a sí mismas mientras tratan de huir de la miseria o de la neurosis, no siempre espontánea, porque la peor locura es la que los demás pintan de normalidad para controlar las mentes y ejercer una tiranía sin límites.»

Antonio Parra, 7 de noviembre de 2010
....................................................................................
El humo en la botella

«Después del asalto de Stieg Larsson y sus contemporáneos del norte de Europa parecía que la novela negra había sido reinventada en Suecia. Las editoriales poderosas nos suministraban cada cierto tiempo pequeñas dosis de autores de nombres y apellidos similares, promocionados como lo mejor de su país o como la nueva forma de entender el género. Y he aquí que aparece el sevillano Juan Ramón Biedma para demostrarnos que no todo estaba perdido. Porque en El humo en la botella (otra de esas delicias que publica Salto de Página) se manifiestan algunos de los elementos que hacen interesante a la novela negra. El primero, quizás no el más importante, descubrir que las ciudades no son sólo lo que nos enseñan las postales. Sevilla es en esta obra una ciudad abierta —o cerrada, dependiendo de cómo se mire— a los alcohólicos, a los vagabundos, a los traficantes de segunda o tercera fila, a los psicópatas… Una ciudad recubierta de sueños, que roza lo esperpéntico porque sus personajes lo son: un paciente que se escapa del manicomio para encontrarse con su pasado, un ex convicto que ejerce de abogado, mujeres que venderían su alma al diablo o al mejor postor, empresarios haciendo de las suyas y no siempre de manera legal… Todo un catálogo de seres “anormales” que constituyen la normalidad de las sociedades de hoy reunidos por la hábil pluma de un escritor al que habría que seguir los pasos. Una novela que nos demuestra que a día de hoy todavía puede creer uno en la literatura.»

Alex Oviedo, Escritores vascos, 3 de noviembre de 2010
....................................................................................
Los perfiles de la congoja Juan Ramón Biedma mantiene en vilo al lector en 'El humo en la botella', una novela coral de denuncia con tintes del género gótico y negro en torno a la locura Tengo escrito que José Antonio Garriga Vela es uno de los mejores narradores actuales; el 19 de junio, en este suplemento, dedicó un excelente artículo a, en mi opinión, uno de los mejores críticos contemporáneos, Cyril Connolly, al que he dedicado horas de estudio y al que, junto con otros, muy pocos, intento seguir aunque sea a años luz. Recomiendo su 'Obra selecta', publicada en Lumen. Uno de los principios del crítico inglés es la absoluta independencia y falta de prejuicio a la hora de enfrentarse a la obra analizada para realizar ese ejercicio de creación, como afirmaba Wilde, que es la crítica, aunque sea tan efímera como es la de la prensa, efímera e intensa, apasionante. Aplicando este principio me enfrento a esta novela de Juan Ramón Biedma, un sevillano con intereses culturales múltiples según la solapa del libro. El título 'El humo en la botella' me lleva a una conclusión, después de la lectura, la realidad no existe, es el estado gaseoso que adquiere la forma del recipiente que la contiene, en este caso, la botella es la 'locura', palabra incorrecta políticamente y sustituida de manera hipócrita por toda una serie de eufemismos que no ocultan la tragedia del referente. Lo último que leí de Biedma fue 'El efecto Transilvania' y ya me llamó la atención su interés por el mundo de los marginados, de los que se quedan fuera de la 'locura' controlada que es la vida de cada uno, una 'locura' construida con los actos repetidos y aceptados como 'normales' por la sociedad. Este universo unido a que Sevilla sea el marco de la acción me hizo entrar en este ambiente y no quedé defraudado; una visión de la ciudad más próxima a la del barroco que a la que se corresponde con los tópicos al uso. Su imagen de la ciudad del Betis está más cerca de la de la picaresca y las crónicas áureas que a la de la Feria y a la de la Semana Santa. Esta Sevilla está llena de pústulas como un enfermo de sífilis en fase terminal. La ciudad es muchas ciudades, sus habitantes se cruzan, bailan una zarabanda en la que, al fin y a la postre, nadie conoce a nadie. Nos encontramos ante una novela coral, dividida en diez apartados, en la que los 'capítulos' son fragmentos de acciones de los personajes que tienen puntos de encuentro y también situaciones individuales; de hecho, con sus nombres se abren estos momentos en los que el diálogo ocupa un lugar determinante, un diálogo rápido, instrumental. El autor no ha querido demorarse con descripciones, muy al contrario, las acciones son rápidas, se suceden sin dar tregua al lector al que mantienen en vilo, qué pasará. Las acciones individuales se encuentran más tarde en otro fragmento y dan sentido al tapiz. Los segmentos son los hilos con valor particular y con el valor de ser partes del todo. Muchos fragmentos tienen el valor de supercortos, poseen suficiente grado de autonomía. Fauna marginal El elemento que unifica a todos los personajes es que pertenecen a esa fauna de la que nadie quiere saber nada pero que todos compadecen en apariencia. Son personas, jóvenes en su mayor parte, que han sufrido problemas sicológicos, que han estado o están amarrados al banco de la droga, son violentos, poco inteligentes en general, muy primarios en sus reacciones, siempre dispuestos a la pelea, fuera de orden, malviven como pueden y suelen tener una historia familiar terrible, carne de cañón en suma. Se ha relacionado la obra de Biedma con la novela gótica y con la novela negra, de ambas participa y también, de manera subliminal, de la novela de tesis, de denuncia. Los hechos que se narran son duros y no hay transición. El autor consigue mantener el pulso narrativo gracias a varios vectores que se encuentran en la diana de la sorpresa que sigue a la intriga. Estamos ante dos investigaciones, la del abogado Santiago, Set, que pertenece al inframundo del derecho y que necesita dinero como sea; un pobre hombre que se muere por fumar y que vive atemorizado por su hija Austria, magnífica encarnación del psicópata perfecto en su crueldad, en su desprecio por sí misma. Creo que es uno de los hallazgos de una novela que no está falta de ellos. La otra investigación es la de Eme, Emeterio, que abandona su clínica mental para ricos cuando recibe un libro, un dietario y una tarjeta. Cada personaje tiene unos perfiles muy bien elaborados, muy acordes con sus actos. El decoro -adecuación entre acciones y carácter- está muy logrado. ¿En qué sentido se puede hablar de novela gótica y de novela negra? Hay muchas acciones, mucho ir y venir, mucha crueldad, muchos momentos sórdidos, ternura diluida en vitriolo. La novela se lee sin pausa y, con el hilo conductor de la página de la red 'El secreto dialecto de los recuerdos manuales', penetramos en ese universo desquiciado de robos, secuestros, intereses económicos, sectas, ritos, amor, no falta el amor, la pasión de Eme por Peña, la de esta por un pobre inválido, las historias de curaciones, las acciones trepidantes, los recuerdos, la soledad, la larga sombra del infortunio, el esclavo, el Amo, las persecuciones, la reconstrucción de un viejo manicomio y, sobre todo, el deseo de escapar sin saber muy bien a dónde.
Antonio Garrido, Sur, 18 de septiembre de 2012
....................................................................................
El humo en la botella, de Juan Ramón Biedma

«Lo que conocemos de Juan Ramón Biedma nos ha hecho conformarnos la opinión de que se trata de un escritor maduro, con el que se tiene que contar en un ámbito que supera por muchos lados los límites del género (policial, negro, de intriga…). El humo en la botella es una novela policiaca renovada, que se aparta de los perfiles clásicos, al igual que Carlos Salem, otro autor de la misma editorial que va formando un catálogo de calidad, con grandes dosis de humor, sin abandonar la problemática social, y que transita por terrenos grotescos, incluso rozando la frontera de lo fantástico. Una combinación ganadora.

»Set Santiago, abogado y ex convicto que sobrevive en las cloacas de su oficio, se pondrá al servicio de ocultos intereses para encontrar a Eme Tobasa, un paciente fugado del psiquiátrico. Mientras tanto, antiguos enfermos mentales traman un secuestro por dinero y venganza, estalla un motín en el ala psiquiátrica de un hospital, se prepara el asalto a un banco clandestino, anda suelta una psicópata de quince años, un manicomio en ruinas es reconstruido por sus antiguos residentes, dos hombres se hunden en una relación sadomasoquista y Eme recorre una Sevilla oculta, amenazante y violenta en busca de la mujer que lo obsesiona desde siempre. La ciudad es ahora el manicomio.

»Hay quien ha incluido a la novela en lo que podría ser un nuevo género: “realismo alucinatorio”.»

Víctor Claudín, Periodistas en español, 12 de septiembre de 2010
....................................................................................
El humo en la botella

«No creo que hayas leído nunca nada igual si no es una obra del propio autor. Sorprendente, brillante, espectacular, apabullante a veces, absolutamente diferente... Mientras leía la novela me veían estas palabras a la cabeza, también momentos auténtico pánico, tal es la fuerza de su historia.

»Entre sus escenas brillantes —que son muchas— hay una en particular en la que Joaquín Anube (uno de los enfermos que vive en un piso tutelado con otros tres personajes también enfermos) se pregunta por el cuarto habitante al que hace tiempo que no ve. Sospecha de sus compañeros —una pareja sadomasoquista que vive su propio infierno— y decide llamar a su puerta. Ese momento en el que describe la escena —más sugerente que otra cosa— me dejó perpleja, lo releí, ví mentalmente la escena y me entró verdadero pavor. Tuve que cerrar el libro y retomarlo horas después. Que un autor consiga algo así me parece brillante.

»Diferente porque nos movemos en un mundo de intrigas que se unen a mentes y actos poco naturales, reflejos de mentes que se rigen por voces, por pasiones descontroladas, donde es difícil descubrir hasta qué punto una paranoia tiene algo de realidad, o una realidad tiene algo de paranoia: para conseguir este logro Juan Ramón Biedma introduce la conspiración y los experimentos médicos, los poderes mentales y la locura como enfermedad. Todo un juego de malabarismos.

»Apabullante porque cuando entras en este submundo y te dejas atrapar no tienes respiro. Tropiezas con alguna persona sensata, pero no es la máxima. Aquí los locos te enseñan su mundo, te llevan a sus recuerdos, algunos retorcidos, implacables con la mente humana. ¿Hasta dónde es capaz de soportar alguien su propia locura? Te lleva al límite porque tiene al límite a sus personajes.

»Espectacular porque sus biografías son dispares y todas llevan a un mismo infierno. Desde la niña mostrada como mono de feria por sus habilidades que pasa por un mundo de pederastia, a la que le dictaminan un cáncer que la puede matar y acaba violada sistemáticamente por un enfermero, pasando por muchas otras biografías que tienen algo en común: un clic que se les activa en el cerebro y que les lleva directos a ese otro mundo de voces, violencia o pasividad, agresividad o apatía... llamadlo como queráis. Todos los casos acaban resultando espeluznantes.

»Sorprendente lo que ocurre en la novela, pero especialmente los personajes de Austria, la psicópata de quince años, y Klaus. Esa pareja incomprensible ideada por la mente de Biedma se quedará entre las relaciones más extrañas de la literatura, una relación que sólo pueden entender dos mentes enfermas, una demasiado inteligente, y otra absolutamente hipnotizada y sumisa, diferente a la de la pareja sadomasoquista que pulula también entre estas páginas, pero igualmente fascinante.

»Si lees El humo en la botella apreciando cada detalle acabarás en muchas ocasiones con la carne de gallina.»

Anika Lillo, Anika entre libros, julio de 2010
....................................................................................
El humo en la botella en Literatura en breve

Pincha en este enlace para escuchar el programa.

Juan Jacinto Muñoz Rengel, RNE, 17 de julio de 2010
....................................................................................
El humo en la botella, de Juan Ramón Biedma

«Lo he dicho muchas veces. Uno tiene sus escritores de referencia. Pero siempre se van descubriendo otros nuevos. Las formas de llegar a una novela serían motivo para componer un ensayo. Llegué a Juan Ramón Biedma gracias al blog de Pedro de Paz, de cuyo criterio me fío, que un día anunciaba el cercano lanzamiento de El humo en la botella. Pedro hablaba del escritor y alababa su estilo sin cortarse un pelo. Provocó mi curiosidad y así, me fui hasta su página web y empecé a recopilar información. Al saber que la editorial era Salto de página me dije que me haría con el libro en cuanto me fuera posible, a pesar de la cola de novelas que tenía para leer. Los de Salto se han consolidado con un catálogo de títulos estupendo. Además, cuidan la edición como nadie. Han conseguido encorsetar sus novelas bajo un formato agradable y reconocible para el lector, que sabe cuando tiene un libro en la mano de qué editorial es sin mirarlo. Todas la novelas son iguales pero, a la vez, cada una es distinta, en función de la colección a la que pertenezca y al autor que la escribe. En ese aspecto han triunfado. Tienen el detalle de regalar con cada libro un marcapáginas serigrafiado con motivos de la novela y el autor. Y lo más importante, no he leído ni un título que sea mediocre, todos son sensacionales.

»Vi la novela en la caseta de la editorial, en la Feria del Libro de Madrid, cuando aún no estaba en las librerías y la estuve ojeando. Me dijeron que se presentaba en la Casa del Libro cierta mañana y no pude acudir porque había quedado con Francisco José Jurado para que me firmara un ejemplar de Benegas. Finalmente, unos días después, volví a la caseta de “Salto” y Juan Ramón Biedma me firmó mi ejemplar.

»Empecé a leer y enseguida me di cuenta de que tenía entre las manos una novela distinta, marcadamente de autor. Juan Ramón habla de locos, de dementes y del comportamiento delictivo de éstos como consecuencia de su locura, aunque a veces parece que algunos de los personajes han llegado a la locura por la autopista de la delincuencia. En cualquier caso, todos esos dementes habitan unas calles de una Sevilla nada habitual, de paisajes oscuros y sórdidos; una Sevilla en la que cada dos por tres se va la luz (supongo que esto es una crítica real ya que Juan Ramón es sevillano y habrá sufrido los diversos apagones en la ciudad), aumentando esa atmósfera pesada y lúgubre; una Sevilla plagada de ruinosos manicomios regentados por oscuros religiosos sospechosos de hacer toda clase de experimentos con los enfermos.

»La novela se arma a partir de tres personajes: Peña, Ana Mengele y Joaquín Anube. Estos treintañeros llevan toda su vida entrando y saliendo de centros de salud mental y al final se juntan y llegan a la conclusión de que deben hacer algo para rehacer sus vidas. Y se plantean un secuestro, el del hermano de Eme, otro de los personajes que escapa de una residencia de enfermos mentales como consecuencia de recibir una novela escrita muchos años atrás por un compañero de su abuelo, que también era un loco. Eme tiene algo con Peña desde que tenían doce años y ella con él. Sus caminos vuelven a cruzarse y al final Eme participa en el secuestro, un secuestro cutre y desorganizado, para eso ha sido planificado por dementes que a la vez son delincuentes de baja estofa. Las entradas de un blog que administra otro demente se van colando como cuñas entre los capítulos del libro. Y, finalmente, hay un detective contratado por Víctor Tobasa, el hermano de Eme, que es contratado para encontrar a éste. El detective, Set Santiago, no está loco aunque le falte poco. Es un abogado sin éxito que, sin embargo, tiene una hija, Austria, cuya vida está claramente marcada por la esquizofrenia que sufre, que la lleva incluso asesinar a gente acompañada por un compañero de clase que está fascinado por su comportamiento.

»Joaquín Anube se relaciona con el Manzano, un antiguo compañero del colegio que es yonki y que no está muy cuerdo como consecuencia de las drogas. Juntos planean otro golpe, un atraco muy mal organizado.

»Juan Ramón Biedma escribe bajo el punto de vista de los locos, sencillamente narra unos hechos y hay momentos en que me costó leer muchos capítulos porque me hacían daño. Dichos capítulos están exentos de moralidad o cualquier otra consideración. Creo que Juan Ramón está obsesionado con cierto tipo de comportamientos y ha creado personajes que los encarnen, pero no los juzga, es más bien al contrario. Porque por muchas maldades y tropelías o acciones sin sentido que se cometan, al final el lector se identifica con esos personajes que, en definitiva, son víctimas, y odia a esa sociedad de personas normales hacia la que hay una crítica implícita feroz.

»El estilo de Juan Ramón es directo y le gusta jugar con los nombres y hacer guiños. El apellido Mengele es ilustre, como significativo es el secundario Ygor, tocayo de aquel personaje de Mary Shelley en Frankestein. Guiños como el que hace a la escritora Mercedes de Castro, bautizando a otro personaje secundario con su nombre y apellido.

»Me parece que Juan Ramón no está nada de acuerdo con esa medida progresista que dejó a España sin manicomios y condenó a miles de enfermos y familiares a convivir con situaciones límite, con esos enfermos medicados en casa cuando antes estaban en centros mejor o peor atendidos, pero vigilados. Manicomio, palabra proscrita que no ha desaparecido del diccionario pero sí de los procesadores de textos.

»La novela es terrorífica, cruda y hace reflexionar. El escenario es Sevilla, pero podría ser cualquier ciudad grande encarnada como un manicomio global en que los enfermos vagan a su suerte por unas calles inhóspitas.

»Una novela altamente recomendable, por lo que cuenta y por cómo se cuenta. Aunque armaos de valor y de una buena iluminación para leerla. Protegeos contra el miedo.»

Paco Gómez Escribano, 15 de julio de 2010
....................................................................................
El humo en la botella

«La historia comienza con la introducción de Eme, un enfermo psiquiátrico que tiene un alto coeficiente intelectual y cultural. El señuelo: la única novela que publicó McFarland, un escritor que desapareció muchos años atrás. Eme sale del psiquiátrico para averiguar quién le manda el libro y por qué debe hablar con MacFarland (eso dice la nota que recibió con un ejemplar de la novela La orden de la buhonería).

»La novela no es sólo el recorrido de Eme por Sevilla en busca de un fantasma. La historia no es lineal, sino que es un laberinto cuyas paredes están repletas de nombres: Anube, Peña, Mengele, Set Santiago, el propio Eme (Emeterio).

»El humo en la botella no es una novela negra al uso, sino que es un edificio complejo de muchos pisos de altura que va construyendo un entramado en forma de panal de abeja, en el que la locura es lo único sensato que le sucede a los personajes.

»La violencia es un pilar sumamente importante en el submundo que circunda a los personajes. La violencia como en La Naranja Mecánica es una forma de relacionarse con el mundo, la única forma que tienen algunos de los protagonistas. Mengele, Anube y Peña son el producto de la violencia que ejercieron durante demasiado tiempo personas cercanas a ellos, familiares, padres pederastas, curas que les utilizaron como conejillos de indias para experimentos no siempre con fines humanitarios.

»Nada es casual en la novela de Biedma, sino que cada paso, cada diálogo, cada golpe, está perfectamente medido para transformar la letra en algo más que una ficción divertida. Biedma sabe que sus personajes sólo tienen un fin, el único posible y los construye y maneja para perder la vida muriendo. Por que no hay nada que perder cuando nada se tiene.

»Una sorpresa inesperada, El humo en la botella, que amenaza con darnos un puñetazo en el estómago y no dejarnos respirar en paz.»

Carmen Moreno, Letratlantica, 5 de julio de 2010
....................................................................................
El humo en la botella

«Volveré a leer El humo en la botella. El problema es que no estoy muy seguro de convertirme en una de esas almas migrantes cuyo incierto destino es la el Acogimiento de los Padres de Ateneza; o, tal vez, convertirme en un miembro de la Orden de la buhonería. No estoy libre de nada ello.

»Al igual que La orden de la buhonería viajaba en el macuto de Eme, El humo en la botella ha viajado conmigo por ahí, por la Costa Amalfitana. Ha sentido el impacto, el horror, como el que debieron sentir esas figuras sorprendidas por el vómito ceniciento y vengativo de Vulcano en Pompeya. El Humo… ha viajado conmigo de aquí para allí, sin saber realmente qué es el aquí y, ni mucho menos, el allí.

»El humo en la botella es una magnífica novela. Es una ventana por la que nos asomamos a Sevilla. Pero no a esa Sevilla de ferias, alcázares, landós, santas cruces, parques de maría luisas y otros rincones para guiris… No. Se trata de una ventana abierta al horror de la Sevilla tomada por traficantes de poca monta, alcohólicos, vagabundos, sin techo, psicópatas… La Sevilla que rechaza a guiris y sevillanos. La Sevilla del dolor. Paco Ignacio Taibo II la calificó de “esperpéntica”, “nieta de Valle Inclán”. Y, si hemos de ver a esos personajes degradarse, convertirse en puros muñecos del destino (¿o hemos de decir Destino?), en personajes de pesadilla, como si leyéramos la novela dentro de un sueño, de un mal sueño, no cabe otra opción: se trata de la expresión grotesca (irónica, afilada, crítica) de la realidad. Se trata de una literatura esperpéntica de finos giros y mejores aciertos. Se trata de Literatura, así, con mayúscula.

»Eme —¿el mismo de El efecto Transilvania?—, se escapa de un manicomio en busca de un pasado que ya no volverá. Dispone de pocas pistas y las estira hasta casi la ruptura. Y mientras, paralelamente, transcurre el hoy de aquel pasado: atracos, operaciones que rozan lo imposible, abogados que cruzan las líneas de unas normas impuestas por esta mierda de la sociedad. Hijas que venden ya no su alma, si no la de los demás, sean familias o amores. Empresarios que roban, encierran en manicomios y anulan voluntades, con el fin de convertirse en dueños y señores de la empresa. Y la Iglesia detrás de todas las miserias, mejor, causando todas las miserias.

»Y en medio unas almas en pena, unos seres sin futuro, unas calles vacías, unas ansias ahogadas en humo. ¡El humo! ¡La magia del humo! La magia de un rostro en una botella.

»Volveré a leer El humo en la botella porque no pude prestarle la atención que se merece. Hice mal en llevarla conmigo de viaje. No es una novela de viaje, es una gran novela que hay que leer con tranquilidad. Con todo me ha divertido, me ha entusiasmado, me ha gustado hasta no hacer otra cosa.

»Volveré a leer El humo en la botella porque los clásicos nunca mueren.

»Gran acierto el de esa pequeña y gran editorial de Salto de Página. No falla en la elección.»

Enrique Bienzobas, La Gangsterera, agosto de 2010
....................................................................................
El humo en la botella

«Biedma nos tenía acostumbrados a su estilo peculiar, desde El manuscrito de Dios, al que en El espejo del monstruo dio rienda suelta y con El Imán y la brújula ya dio un salto brutal. El resultado de esta evolución es El humo en la botella, en la que Biedma se ha convertido en un malabarista del idioma. Pilla al vuelo las palabras, desecha las muy vistas, forma imágenes mentales novedosas, estruja el lugar común y hace papiroflexia verbal como quien masca un chicle. Ofrece el resultado al lector con una sonrisa, que se adivina sardónica, como un mago que ayuda al espectador a introducirse en la caja china donde unas señoritas le harán picadillo con una motosierra.

»Bajo la impenetrable mueca del mago en el que se ha convertido, Biedma nos señala la puerta de entrada al pandemónium. Dentro, debajo de descomunales barrigas cerveceras travestorros con braguitas rosas y medias de rejilla puede que le inflen a hostias si usted rehúsa tirarse a su esclavo, postrado ante una nevera, el culo en pompa. O que le inviten al atraco de un banco clandestino, mientras le pasean de aquí allá por una Sevilla tenebrosa y fantasmal donde las trastiendas albergan a tipos de lo más extraño que intentan sobrevivir arrinconados entre sus enfermedades y las enfermedades mentales de los demás.

»Set Santiago, el detective de esa Sevilla neogótica, el padre de unas gemelas de la que ya sólo queda una, la sícopata, va detrás de Eme, huido de un centro de reposo, —ya no hay manicomios y sólo los pudientes pueden permitirse el lujo de estar zumbados—. Eme va detrás de Peña siguiendo las oscuras indicaciones de un cuaderno: ADENA. Peña, Mengele y Anube van detrás de Victor, y detrás de todos ellos van los Padres de Ateneza.

»La narrativa de Juan Ramón Biedma es una puerta abierta que el lector franquea con la seguridad de que, pasado el umbral, caerá una lluvia acida persistente, que ira decapando la NORMALIDAD, y dará paso a una sociología delirante volviendo visibles a los que en ella son invisibles. Hay una ternura evidente en el trato a los personajes por mucho que un humor socarrón, por veces encabronado, sea el rasgo que más abunde en la novela. El maridaje del cuento de terror, neogótico, el negro y el cómic con juegos de espejos literarios donde manuscritos apócrifos se convierten en tratados filosóficos, todo ello pasado por la soltura estilística de Biedma , conforman una originalísima manera de narrar.

»Es difícil despejarse del libro una vez has cometido el atrevimiento de abrirlo, intenten si no leerlo mientras, en el parque, cumpliendo con sus compromisos de abuelo guardería gratis, vigila a su nietecita de dos años, jugando a subirse por la pendiente de bajada del tobogán. La narración, lo comprobarán, tomará un cariz especial —uno más—. Con un ojo en las páginas del libro, el otro siguiendo las travesuras de los monstruitos reales, vigilando para que no se descalabren, o en caso de que lo hagan que no le pillen a usted disfrutando leyendo marranadas.

»Al poco rato acabará confuso y estresado…, muy estresado y, para salvar lo que queda, decidirá marcharse del parque con Peña de la mano, mientras tu nieta se desgañita desconsolada en las calles de una Sevilla lóbrega, que no conoce , rodeada por un camionero en bragas y Austria, a la que los ojos le hacen chiribitas ante un exquisito plan.

»Al alba felizmente todo recobra su lugar natural: Austria sigue durmiendo plácidamente en su camita y su nieta seguirá en las lista de desaparecidos. En cuanto a usted, aunque les diga a los enfermeros que tiene las correas demasiado prietas, seguirán sin hacerle ni puñetero caso.»

Zeki, La Gangsterera, Julio de 2010
....................................................................................
El humo en la botella

La mayoría de la gente se pregunta qué sería de su vida si no hubiera tomado ciertas decisiones equivocadas. Si él anulaba todos los errores que había cometido, no le quedaría vida que cambiar.

«Pocas veces una frase puede describir tan bien, y de una forma sólo aparentemente sencilla, la existencia al límite de un loco, un chiflado. Porque los protagonistas de El humo en la botella, la última novela de Juan Ramón Biedma, recién publicada por la siempre atenta editorial Salto de Página, son todos unos dementes. Unos dementes de libro. Clínicamente certificados, o sea.

»Locos de atar, como diría alguien que no conociera el fascinante, denso, abigarrado, oscuro y barroco universo literario de Juan Ramón Biedma. Como una cabra. Porque Juan Ramón nutre las páginas de su inquietante bibliografía con esos locos que, en un mundo como el que nos ha tocado vivir, quizá sean los más cuerdos. Los más clarividentes. Los más iluminados.

»Sevilla, convertida en territorio mítico de un Biedma absolutamente desatado, presenta un aspecto tan desolado como desolador, oscura por los continuos apagones, miserable por cuanto a las casas en ruina, los desmontes, los solares abandonados, los edificios carcomidos, las calles desiertas en unas madrugadas que, por fortuna, nada tienen que ver con las famosas y angustiosas Madugrás…

»Y en ese espacio, los Anube, Mengele, Peña, Boris o Eme se conducen en una aventura tan imposible como su futuro. Todos ellos son deshechos de una sociedad no apta para hipersensibles, hiperactivos, superdotados, esquizofrénicos y paranoicos. Porque los manicomios han cerrado y, ahora, los locos están en las calles. Pero ¿quiénes son los locos? Y, sobre todo, ¿por qué?

»¿Y si es cierto que lo que genéricamente conocemos como “enfermedades mentales” no son sino los efectos colaterales de los superpoderes de unos cuantos elegidos por el destino para cambiar el curso de la historia? Y, de existir esos Todopoderosos, ¿qué institución querría captarlos para que hicieran proselitismo de su inmemorial ideología? ¿Qué institución se ha encargado, históricamente, del cuidado de los más desfavorecidos de entre los desfavorecidos de la sociedad?

»En todo este maremágnum, al abogado Set Santiago le encargan la búsqueda de Eme, uno de los loquitos, fugado de una “casa de reposo” de lujo tras recibir un ejemplar de una novela misteriosa: “La orden de la buhonería” e iniciar la búsqueda de su misterioso autor. Peña, por su parte, anda preparando el secuestro del hermano de Eme. Con la ayuda de Mengele. Y de Anube. Al que le proponen participar en el atraco de un banco ilegal de dinero negro proveniente de la economía sumergida. Y más. Mucho más.

»Pero si la acción, la trama y el argumento pintan tan bien, lo mejor es la prosa de Biedma. Como balazos en la frente. Pinceladas brutales para definir a cada personaje. Sus historias, sus orígenes. Sus motivaciones. Párrafos de una intensidad sin parangón en la moderna narrativa escrita en castellano, hasta el punto de que, si al libro le quitaras las pastas y cualquier otro elemento identificativo… daría igual: el lector siempre sabría que estaría leyendo una novela de Biedma. Todo un clásico.

»¡Que me alegro de que Juan Ramón haya vuelto a publicar! Otro novelón. Como nos viene acostumbrando.»

Jesús Lens, Pateando el mundo, 30 de junio de 2010
....................................................................................
Humo y botellas

«Querido Biedma:

»No es fácil para mí hablar de tu nueva novela, y no lo es por muchos motivos. Porque la vi gestarse, la vi imaginarse casi, y te vi escribirla, y me vi leyéndola. Me vi dándote la paliza con mis ocurrencias e incluso me vi sufriendo porque la quiero como mía, porque te vi dolido y porque te hicieron sufrir (bien lo sabes). No obstante, no habiendo mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista, también es cierto, hermano, amigo, que lo bueno no puede ocultarse, que el talento desborda límites, rompe costuras y se impone. El talento sabe más que los mortales, y se muestra a los que saben escuchar sus susurros.

»Y la gente de la editorial Salto de Página ha sabido. Hurra.

»El humo en la botella es, como siempre, una novela de novelas que viene a cerrar un ciclo, a culminar una trilogía. Esa que comenzaste con El espejo del monstruo (donde la pesadilla se nos presenta en mitad del sueño), y que continuó con El efecto Transilvania (donde todo se precipita hacia el delirio). Ahora del delirio surge una loca realidad en la que todo converge y de la que nada puede decirse más allá de la sensación de estupefacción, la sorpresa, el misterio. Por supuesto, y ahí está la mayor ironía —tal vez magia— de todo esto, se puede arrancar la lectura por cualquier parte porque las locuras siguen cursos en espiral y todo principio viene de un final que se transforma en comienzo. En efecto. Estamos ante una odisea psicológica repleta de giros, laberintos, avances y retrocesos. Durante un tiempo la llamé “realismo alucinatorio”, y creía que era una buena descripción, pero he terminado por entender que no he entendido casi nada. Que todo es más profundo e insondable.

»Y en ello estoy. Buscando el final de la caída libre.

»Algo he aprendido sin embargo: que nadie puede estar cuerdo en un mundo en el que “los asilos de lujo para enfermos psiquiátricos son tan relajantes que termina siendo casi imposible resistirse a incendiarlos con sus cuidadores dentro”. En efecto. Nadie. Quizá la locura no sea otra cosa que excentricidad maldisimulada o puede que la enajenación ni tan siquiera exista. Que sea un invento más de entre los muchos con los que nos ha venido a alumbrar esa falacia llamada Ilustración. La luz. Sólo porque hay iluminadores, iluminados e iluminación, es que hay sombras, penumbras, recodos negros. Quizá ilustrar e ilustrarse solo sea posible por comparación: enfrentándose a los necios. Quizá la cordura sólo exista por reflejo, como negación de todo aquello que no nos gusta reconocer en nuestra naturaleza. El humo que flota en el interior de nuestras cabezas (botellas).

»No sé si tú, visitante, eres un lector habitual de mi querido Biedma. No tengo ni idea.  Si lo eres no habrá nada que yo pueda decirte al respecto, pero si decides intentarlo te aseguro que no te vas a arrepentir, que no podrás probar sólo una, que no te faltarán las emociones intensas, que vas a enfrentarte a las páginas de uno de los mejores escritores actuales —sin duda alguna— en lengua castellana… Que vas a disfrutar de veras haciendo eso que a ti y a mí nos gusta hacer: leer y gozar leyendo.

»El humo te está esperando dentro de la botella. En tu librería. Sin duda me lo vas a agradecer tanto como yo se lo agradezco al bueno de Juan Ramón. Muchas cosas le debo como lector y como escritor. Tantas que no se las puedo pagar con palabras. Espero, amigo, que te conformes con la profunda admiración que experimento al leerte.

»El placer siempre es mío.»

Francis P. Fernández, El subcultural, 2 de junio de 2010
....................................................................................
Libros que merece la pena leer

«A finales de este mes se pone a la venta El humo en la botella, la esperadísima nueva novela de Juan Ramón Biedma en la que el autor retoma y completa el periplo seguido por los personajes de El efecto Transilvania situándolos varios años después. Una novela que, por fortuna y tras no pocas vicisitudes, ve por fin la luz de la mano de los chicos de Salto de Página, lo cual no resulta ni mala compañía ni poca garantía.

»Albergo admiración por un amplio número de escritores, pero hay muy pocos a quienes realmente envidie. Dentro de ese reducido grupo, Juan Ramón Biedma ocupa un lugar preferente. Como novelista, yo mataría por firmar una novela como El imán y la brújula, por ejemplo. Biedma sabe manejar como nadie un espacio narrativo muy difícil de ejercer sin caer en excesos, un territorio que si tratásemos de etiquetarlo y calificarlo, tarea realmente ardua tratándose de un autor tan incalificable como Biedma, podríamos decir que se acerca a —sería más acertado decir que sobrepasa— los márgenes de lo que podríamos llamar fantasía de inspiración gótica. Pero la literatura de Biedma es realmente mucho más que eso. Tan desasosegante como sutil, sus textos se introducen por los resquicios del lector y se dedican a manejar nuestros temores con una destreza inaudita a base de pulsar resortes que incluso nosotros desconocíamos que se encontrasen ahí. Oscuros e inquietantes, los mimbres con los que teje sus tramas dan lugar a personajes y ambientes desquiciados, oníricos, distorsionados, fuera de foco y sin embargo, tan genuinamente cautivadores que, una vez te halles inmerso en el universo Biedma, una vez hayas sido atrapado por sus tentáculos, te será imposible salir de él. Leer un texto de Biedma supone una experiencia que va más allá de lo literario. Supone aceptar un juego en el que, aun disfrutándolo, hasta el final nunca estarás seguro de si vas a ganarlo o no.

»Los Biedmanófilos estamos de enhorabuena. Y tú también. No te pierdas El humo en la botella. Atrévete. No te arrepentirás.»

Pedro de Paz, 14 de mayo de 2010
....................................................................................
 
Ir a reseñas  |  Ir al libro  |  Leer un fragmento

© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

Otras editoriales del Grupo Siglo XXI: Biblioteca Nueva, Siglo XXI Mexico, Siglo XXI Argentina, Anthropos.