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reseñas y críticas El pulso de la luz
Ferlinghetti: el ├║ltimo beatnik vivo

«Sólo un libro de poesía del fundador de City lights había sido traducido al español hasta ahora. La edición de El pulso de la luz es, por tanto, un desquite largamente esperado.

»¡Extra, extra, última hora! Hay un poeta clásico de la Generación Beat que aún sigue vivo, lúcido y en activo. Tiene 97 años, hace sólo unos meses de su última participación en una velada artística en San Francisco, y su segundo poemario, A Coney Island of the mind (1958), aún se recuerda como una trinchera incuestionable en la poesía contemporánea de Estados Unidos. ¿Y qué importa ahora el viejo Lawrence Ferlinghetti en estos tiempos de cambio? El que fue también editor del popular Aullido de Allen Ginsberg y ganó la contienda por la libertad de imprenta y de expresión en un pleito escandaloso (1956) contra la pacatería de los 50, aún puede aguarnos la fiesta.

»La antología El pulso de la luz (Salto de Página), escogida por el poeta y traductor Antonio Rómar entre los casi 40 títulos de Ferlinghetti, descubre por primera vez en España buena parte del resplandor literario y crítico del poeta a la contra por excelencia, uno de los implicados en el transgresor Renacimiento de San Francisco. Fundador de la insignia City Lights (las revista, librería y editorial que serán faros para los descarriados beatniks y acogerán también a autores como Bukowski o Chomsky), a Ferlinghetti sólo lo atisbamos en "el parque de atracciones de su mente" cuando en 1981 lo publicó aquí Hiperión, el único título traducido del que disponíamos hasta ahora, quizá curiosamente eclipsado (aunque no tan olvidado como sus contemporáneas beat) por la potente notoriedad de Ginsberg, el talento algo salvaje de Kerouac o la peculiar violación del lenguaje de William Burroughs.
Pero los 97 años de Ferlinghetti también han dado para mucha agitación artística, numerosos reconocimientos oficiales en Europa y Estado Unidos (aun deseando «un mundo seguro/para la anarquía»), e incluso para colgar sus lienzos expresionistas en los museos. Ante todo, él es el poeta acróbata y superrealista que «escala sobre la rima/ejecuta cabriolas/y debe por la fuerza percibir/la tensa verdad»; el surfista en busca de "la ola perfecta/con el perfecto ritmo sublime" que busca la luz infinita o "el pequeño charliechaplin/despatarrado en el aire hueco/de la existencia". Con un estilo oral, muy juguetón e irónico, en poemas cortos o en flujos discursivos, Ferlinghetti es un cronista del instante y de lo cotidiano, que contempla y retuerce en ocasiones hasta el absurdo porque quiere saber qué hay en el fondo de la existencia ("Espero que alguien descubra realmente América") y en lo satírico de la realidad ("La ropa interior lo controla todo en última instancia"). Pero también para abofetear "al imperio invisible/del genial capitalismo buitre", al credo del consumo que "se come la tierra y al hombre/disfrazado de democracia", y sin olvidarse de todo esbirro económico, mediático, gubernamental y militar (veterano de la Segunda Guerra Mundial, su petate recorrió el desembarco de Normandía y Nagasaki).

»Sin embargo, su discurso lírico no sólo está al servicio de una profunda conciencia política y militante. Ferlinghetti no renuncia a explorar en la eternidad, la belleza, la espiritualidad o "el renacer del sentido de la maravilla" y apuntala su poética en múltiples alusiones culturales e históricas (se doctoró en la Sorbona, viajó por España e Italia y también ejerció de periodista). Aunque, como Antonio Rómar apunta en el prólogo, "hay autores así, que lo quieren todo", y si hay una pulsión recurrente en la vida de Ferlinghetti es la de instar a los poetas (y a los lectores) a que pasen a la acción.

»Es un poeta que constantemente revisa su obra y si en su Manifiesto populista (1974) clamaba "hemos visto a las mejores mentes de nuestra generación/destruidas por el aburrimiento en los recitales de poesía" y "los niños salvajes de Whitman siguen durmiendo allí./Despierten y caminen al aire libre"; en Adieu Á Charlot (1979) preguntaba "poetas de otra visión/Quién de entre vosotros habla aún de revolución". E insistía burlón en su Poeta Ciego: "Voy a ver el mundo real/Consigue tu propia venda de los ojos/No puede ser la mía/Tendrás que encarar al mundo sin ella", incluido en su último poemario Blasts, cries, laughter (2014), donde arremete contra Obama y sus aviones no tripulados, pregunta al lector cuál es su bando en la guerra contra el Tercer Mundo o proclama "el primer gran día de la Ocupación de Wall Street/para implantar sobre este continente una nueva nación". A veces los viejos parecen de hoy.»

Ruth D├şaz, El Mundo, 14 de junio de 2016
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«Poeta, escritor, librero, editor y ante todo activista cultural son todos los ropajes que visten el alma de ese señor de noventa y dos años y cara simpática coronada por un sombrero de líneas clásicas tan contrarias a sus ideales, pero tal vez eligió este corte purista como retén, como forma de contrarrestar la continua ebullición y transversalidad de su hacer, de su pensar. Lawrence Ferlinghetti y su pulso de la luz nos muestran, en esta antología publicada por la editorial Salto de página, cómo prender y lanzar cartuchos beat contra la tradición. Hombres de simples letras condenados, como grupo, a morir jóvenes. Ferling —como en un principio se apellidaba por culpa de un fallecido padre no conocido y de unas letras negadas— luchó por la conquista del completo y por la libertad de -su- expresión, características estas desarrolladas a lo largo de toda su obra. Página a página observamos que el armario de Lawrence Ferlinghetti es inmenso ya que como poeta que que es, necesita varias mudas dado que la tinta de la ironía y la acidez corrosiva de la elocuencia y la fluidez de las imágenes suele dejar manchas, a la larga, indelebles.

»La poesía del americano es y será siempre una poesía en curso, ya que sus poemas al no ser estáticos —al tener Ferlinghetti la poesía como actitud vital y no como trabajo— crean imágenes nerviosas que navegan por sus versos hasta instalarse en páginas sucesivas. Estamos ante una poesía conversacional y extravagante deliciosamente combinada con un alto grado de escepticismo filosófico. Todos y cada uno de los poemas tienen su correlativo dentro del zizagueante pulso de la luz. Versos no puntuados que se comprometen con algo que va más allá de ellos mismos. Arte, literatura, surf, pornografía y sexualidad —en el vasto sentido de la palabra— son algunas de las disciplinas que encontraremos en la semblanza Ferlinghettiana de marcado ritmo que esta editorial nos propone. Podríamos decir que el antólogo y traductor Antonio Rómar aparte de recopilar estos —a veces escasos— centímetros de poesía, se detuvo a escucharlos y en base a esto, articuló un excitado discurso melódico el cual se retuerce en la página dando forma a un gerundio estallido.

»Este autor cree ante todo en el poder de la inspiración y en el de la energía del poema como salvadores de su mundo, por ello apreciamos composiciones con versos en forma de salmo responsorial pagano que transmutan en himno de defensa americana. Poemas para gente normal que entiende la poesía como bien común y entendible, lírica ‘domesticada’ plagada de metáforas provinientes de historias y entretejidos literarios  inteligentemente dispuestos. Ferlinghetti alza la voz arengando así a un público dormido de bipartidismo proselitista que le extrae las vísceras y zarandea sus consciencias.»

Ruby Fernández, La Opinión de Murcia, 11 de junio de 2016
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La pradera del mundo

Todos los Ferlinghettis posibles caben en "El pulso de la luz". Desde sus primeros versos hasta los de anteayer.

(...) La presente antología es una magnífica presentación y representación de la poesía de Ferlinghetti, desde su primer libro, Pictures of the Gone World (1955), hasta el último, Blasts, Cries and Laughter, un "panfleto" de 2015 donde se habla de drones y de Bin Laden. A Coney Island of the Mind, de 1955, es el libro más famoso de Ferlinghetti y es sin duda el mejor de todos ellos. Es allí donde se encuentra el poema "Aquel día en Golden Gate Park" y también otros tan bonitos como "Autobiografía" y "perro" (...)

Andr├ęs Ib├í├▒ez, ABC Cultural, 21 de mayo de 2016
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«Si no recuerda el aguerrido lector una conmoción que hizo que se le erizara el vello de la espalda, que provocó latidos en sus ojos y le impelió a gritar tan calladamente como fuera capaz, es que no leyó Un Coney Island de la mente, la única muestra que nos había llegado, hasta donde he podido saber, de la poesía de Lawrence Ferlinghetti, un libro capital en la poesía del siglo XX, cuyo golpe se vio atenuado por otros libros de los que el mismo Ferlinghetti fue editor. Durante mucho tiempo su nombre se asoció al juicio que afrontó por difusión de pornografía tras publicar Aullido, de Allen Ginsberg. Ferlinghetti ha sido, es aún, un emblema de la resistencia contra el orden y la necedad y un ejemplo de algo que en demasiadas ocasiones se nos ha antojado imposible: que el activismo puede ser compatible con la inteligencia. También es un referente para los que miran hacia el anarquismo con impaciencia en lugar de nostalgia. Muchos símbolos se encarnan en Lawrence Ferlinghetti; tantos, que hemos llegado a olvidar que es poeta. Hasta tal punto se nos ha olvidado que, como ya se ha comentado, su obra no ha merecido un poco de atención por esta orilla durante más de medio siglo, con la honrosa excepción de la editorial Hiperión, que nos regaló Coney Island en 1981 como entrante de un banquete que no debiera haberse detenido. Ha tenido que llegar Antonio Rómar, hablando de libertarios lúcidos, cabreados y socarrones, para bucear en sus escritos y extraer un centenar largo de poemas sustentados en una extraña unidad que parece ignorar el tiempo mientras lo muestra y se nutre de él. La introducción de Rómar, breve y prácticamente exenta de datos, es exacta, partidista, distante, entregada, erudita, noctámbula, bruta y feliz; no sé me ocurre mejor manera de entrar en un libro de poemas y pienso que debería, si me quedase un poco de decencia, limitarme a transcribirla. Pero, a falta de decencia, me conformo con el impulso de leer.

“Hay una guerra en marcha
pero intentaré que te encuentres a gusto en estas líneas”

»Los versos de Leonard Cohen, primeros de La energía de los esclavos, me vienen a la cabeza muy a menudo. Es normal preguntarse qué pinta la poesía en este embrollo sanguinario y codicioso en el que nos ahogamos a diario. La respuesta, los poemas, de muchos poetas se parece demasiado al silencio vergonzante, a la capucha del penitente o a la voz distorsionada del delator. Otros parecen haberse dejado la vergüenza en casa, yo diría que en el mismo cajón que los poemas. Lo cierto es que la guerra sigue aquí y que su dinámica impide encontrar acomodo de ninguna clase. Es una guerra antigua. La han sentido muchos, la han sufrido muchos más, y no son pocos los que la han sabido esquivarla con retorcimientos ideológicos muy poco sutiles. La lectura de Ferlinghetti me deja un poso distinto. “Es una guerra donde cada segundo cuenta” escribe él, y siento la decisión consciente de resistir que aflora en todos sus poemas, del primero al último de los escogidos. Probablemente él tampoco sepa para qué sirve la poesía hoy en día, si es que alguna vez fue de utilidad inmediata, pero parece tener claro que él escribe poemas, y que el hecho de que se escriban poemas aún debe significar algo, debe suponer un  peso en algún plato de alguna balanza, un peso que no es el de la actitud del poeta o la del lector, sino el proceso elucidatorio que un poema conlleva, su capacidad de establecer la duda en los momentos de iluminación, de aguijar el impulso revolucionario mostrando su contradicción. Un poema, se ha dicho muchas veces, pero me temo que no está muy bien asimilado, no llega a ser un objeto; su realidad es la del suceso estrictamente presente y consciente; su desarrollo es su verdadero asunto, un asunto muy vivo en los escritos de Ferlinghetti, que construye, con asombrosa pertinencia a lo largo de toda su vida y aún hoy, una certeza política a partir de la fuerza de atracción que el ritmo genera entre palabras, entre datos de la cultura  y la resistencia a la implicación de la cultura en la alienación de individuos que han perdido cuanto les dijeron que habían ganado. Un ritmo que es el del pensamiento y la lucha contra el pensamiento.

»También de la lucha contra la lucha. Cosas de la poesía.»

Álvaro Muñoz Robledano, Ariadna RC, 9 de mayo de 2016
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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