título reseŮas y críticas

imagen cabecera críticas El silencio de las sirenas
reseñas y críticas El silencio de las sirenas

«El protagonista de la primera novela de la escritora Beatriz García Guirado, El silencio de las sirenas, es Oless Svalbard, un teleoperador sueco aficionado al buceo que durante su última inmersión ve a una sirena. Tras recuperarse del accidentado encuentro busca desesperadamente verificar su historia por lo que le lleva a ir detrás del autor de un vídeo colgado en internet (ahora eliminado) que contenía una supuesta grabación del momento. A todo ello su esposa fallecida hace un lustro por un accidente marítimo vuelve a él en confusos mensajes.

»La búsqueda de Oless Svalbard va más allá de encontrar de nuevo a la sirena que dice haber visto, o entender las voces de su fallecida esposa, el periplo le lleva a cruzarse con un sinfín de personajes, a cada cuál más extraño, que justifica esa búsqueda que en realidad corresponde a la de dotar de sentido su vida aunque sea siguiendo un camino sin salida como cuando los marineros persiguen los cantos de las sirenas.

»Beatriz García Guirado apuesta por una narrativa concisa pero en el que sus personajes toman el poder de la historia para hacer de El silencio de las sirenas una novela con atmósfera de pesadilla, confusa por momentos, con una agradable sorpresa de toques oníricos y un desenlace esclarecedor.

»Curiosa es la elección de las nacionalidades de sus protagonistas, así como los escenarios en los que transcurre El silencio de las sirenas. También cabe destacar las referencias literarias de la novela, desde el dramaturgo sueco August Strindberg al evidente, por temática, James Joyce.

»Debut arriesgado el de esta joven escritora que, sin duda, despierta el interés para seguirle la pista con su próxima incursión literaria.»

Bouman, Underbrain, 7 de junio de 2016
....................................................................................

«¿Qué tienen en común: una devastadora ola marina, un grupo de ballenas varadas y Oless Svalbard (un teleoperador viudo); un fetichista del neopreno, "La mujer ahogada" y una bahía donde, dicen, se oculta una especie de gurú científico; una serie de suicidios inexplicables, Panthalassa (el primer océano que rodeó el supercontinente Pangea) y una criatura mitológica en forma de sirena?  Nada, no tienen nada en común… o quizás lo tienen todo, y unos no entienden de su existencia sin los otros. Como las rémoras.

»Todo es una treta, un engaño, un artificio, un “ahora me ves, ahora no me ves”. Un trampantojo literario con nocturnidad, ensañamiento y sobre todo, alevosía. Porque la nobel, la grumete literaria ascendida a capitana, Beatriz García Guirado, sabía que no íbamos a poder defendernos de su ópera prima, que no existía mástil suficientemente duro al que encadenarse, grilletes suficientemente recios para inmovilizarnos, y cera lo bastante gruesa como para dejarnos sordos: estábamos indefensos ante su canto de sirenas… o más bien, ante su silencio. Porque, como dijo Kafka en su relato homónimo: «es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio».

»El silencio de las sirenas (Salto de página, colección Púrpura) de la debutante Beatriz García Guirado, es una novela tremendamente arriesgada, tanto en su prosa, como en su estilo narrativo. Un perfecto espejo de la forma de pensar de la autora: retorcida, nada lineal. «Yo siempre me expongo en todo lo que hago y creo que es la forma de que lo que escribas sea auténtico y puedas remover algo en los demás. Cualquier obra que nace de las entrañas parte de esa sinceridad. Sólo es posible crear a partir de lo que uno es y tiene dentro», poco más que añadir.

»De hecho, es de lejos, la novela más extraña que he leído, y quizás las más hipnótica. Es cierto que tal y como está escrita, es caótica, pero también lo es que el caos, a su manera, es bello, y que el caos no se entiende sin el orden.  ¿Pero hay orden en esta novela? Claro que lo hay, el mismo que en la habitación de un niño, de un adolescente o de un estudiante universitario de alquiler: un orden desordenado.

»El silencio de las sirenas es una apuesta a doble o nada a la que no es ajena la editorial, Salto de Página, que haciendo honor a su nombre, acostumbra, de vez en cuando, a desviarse del camino preestablecido —¿por quién? A mí no me pregunten, yo no sé nada, como John Nieve—, y presentarnos una novela de esas ásperas, rudas, de las que hay que masticar bocado a bocado, al menos diez veces.  De las de calarse las botas de montaña, echarse la mochila a la espalda y empezar a escalar. El ascenso es duro sí, ya que la novela puede llegar a hacerse muy empinada, incluso puede que —como yo— llegues a plantearte darte la vuelta y volver al campamento base... ¡ERROR!, aprieta los dientes, y sigue subiendo, porque al llegar a la cima, la vista que puedes contemplar, puede llegar a dejarte sin aliento.  O puede —porque ha pasado— que tan solo divises nubarrones negros. Sé que ya lo intuyes: no es una novela para todos los públicos, así que tú decides si estás dispuesto a salir de tu zona de confort.

»¿Puede decepcionarte? Si, como toda novela, aunque esta quizás un poco más, porque la sinopsis puede confundir.  Este cuento marítimo, contiene elementos de género fantástico: criaturas mitológicas, islas misteriosas…, así como trazas de aventura heroica clásica, si es que puede considerarse clásico a un héroe en forma de teleoperador, y migas de pan detectivescas, porque hay una búsqueda: de ballenas varadas, de fantasmas, de recuerdos… o de uno mismo. Pero en su parte fundamental, es una novela psicológica: repleta de obsesiones, de verdades —unas a medias, otras enteras—, de viajes que dan origen a otros viajes, de principios y finales, de hacer ver lo que no es, de confundir al lector entre los límites de lo que es real, al menos para Oless, y lo que no.

»Antes lo comentaba: una trampa para el ojo, en este caso, el del lector, que se alía con cambios bruscos de personajes, de escenas, de ritmos narrativos y hasta de escala temporal. Pero todo tiene su razón de ser en esta novela y  por fortuna, al llegar a tierra de tan ajetreada travesía, nos recibirá en puerto un capítulo final que despejará la mayoría de nuestras dudas (digo la mayoría, porque lectores más avispados detectarán puertas a otras incógnitas). Un poco de oxígeno en la cima, sin el cual, seguramente el libro hubiera sido pasto de las llamas o servido de soporte para una mesa coja.

»Así como Ulises, no oyó el silencio de las sirenas, y eso quizás fue lo que le salvó, tú, lect@r puede que tampoco te sientas atraído por el silencio de Beatriz, ya que, no estamos ante una novela de género según usos y costumbres. Es muchas cosas: hipnótica, prosa depurada y una voz de narrador que te llega como un eco en dolby surround 5.1: te envuelve, te arropa, te apabulla… pero también te confunde, te hace ir a la deriva, perder el norte. Actuando como un laberinto, solo que de este, puede que no salgas girando siempre a la izquierda, como reza la máxima de los laberintos. Aviso a navegantes, por cortesía de la autora: «Me fascinan los laberintos. Me gusta la literatura que juega a empujarnos dentro de esa tela de araña, que tiene muchos principios y finales, porque es la mejor forma de expresar ideas…».

»Quizás Ulises conocía del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa… quizás tú, no puedas resistirte a entrar en el laberinto propuesto por García Guirado, de hacerlo, puede que encuentres la belleza hipnótica de una sierena, o la furia incontenible del Minotauro. Así que olvídate de brújulas, no busques el norte magnético.  En esta novela no hay puntos cardinales, pero tampoco son necesarios. Solo sube a la barca y disfruta del mareo, de la desorientación. Todo tiene un porqué, todo cobrará sentido. Solo escucha... el silencio.

»Quien no arriesga no gana, pero quizás sea un puzzle de demasiadas piezas para aquellos acostumbrados a rompecabezas de pocas fichas.»

Jorge Lara, Fantasymundo, 25 de mayo de 2016
....................................................................................

«¿Y si existieran las sirenas? ¿Creéis que se dejarían ver, a sabiendas de lo fastidiosos que podemos llegar a ser los seres humanos? ¿O pensáis que los más poderosos del mundo nos dejarían contemplar seres tan maravillosos? ¿Qué estarías dispuesto a hacer por ver a una sirena? Todas estas preguntas y muchas más encontrarán su respuesta en El silencio de las sirenas, la novela de Beatriz García Guirado publicada por Salto de Página de la que a continuación os voy a hablar.

»Oless Svalbard es un teleoperador sueco aficionado al buceo. Tras cinco tortuosos años pensando en la muerte de su exmujer en Baja California mientras disfrutaba de la compañía de su amante, Oless decide, junto a un heterogéneo grupo de submarinistas, sumergirse en las aguas del Pacífico. La increíble visión de lo que el buceador cree una sirena le hará emprender un desenfrenado viaje en busca de respuestas. ¿Serán estas las que él espera o tal vez justo las que él necesita?

»Oless Svalbard es un tipo corriente con un trabajo no muy interesante con una particularidad, que no es otra que la de vivir atormentado por la muerte de su exmujer, de la que aún estaba enamorado cuando esta fue, junto a su amante, arrollada por una enorme ola. La llegada a la costa de la monstruosa ola podría guardar algún tipo de relación con la muerte de las ballenas en todo el mundo, un suceso del que todo el mundo habla (la presencia de los cadáveres de los cetáceos en las playas es algo difícil de ignorar).

»¿Y qué pasa con las sirenas? A Oless le parece ver una en su última inmersión. Más tarde, le parece encontrar pistas de que también otros las han visto. Las pistas, sin embargo, desaparecen, y Oless tiene que emprender una carrera desesperada por volverlas a cazar. Pero, ¿acaso estarían las sirenas dispuestas a dejarse atrapar por alguien?
En su frenético viaje, Oless conocerá oceanógrafos, secuestradores de niños menores de doce años, biólogas marinas, extrañas compañeras de buceo, escritores de libros imposible, asesinos de oscuras intenciones y otros personajes que, sin duda, no van a dejar al lector indiferente. Personalmente, me quedaría con el encuentro de Oless con los libros de Morris Brisey, un experto en Sirenología, una suerte de patafísica oceanográfica que gira en torno a las sirenas y a Panthalassa, el primer océano.

»No entiendo mucho de inmersiones marinas, pero yo diría que Beatriz García Guirado ha pretendido que el lector se sienta como un buceador que va descendiendo poco a poco en el océano hasta llegar a ese nivel en donde la realidad y la fantasía se confunden y uno corre el riesgo de acabar cayendo en ese tipo de sueño del que nunca se despierta. Una vez tocado fondo, García Guirado tiraría de nosotros rápidamente hasta la superficie para hacernos comprender de qué forma se relacionaban todos los elementos de la narración, cuál era la realidad de todos y cada uno de los personajes de esta historia y, por supuesto, si las sirenas existen o no.

»El silencio de las sirenas, en definitiva, es un intrincado thriller psicológico de ritmo cinematográfico que nos habla de sentimientos encontrados, personas atormentadas por su pasado y misterios difíciles de resolver, entre otras muchas cosas. Este es un libro cargado de simbolismo, de mitología, de personajes complejos que arrastran al lector a las revueltas aguas de una narración, como dice la contraportada del volumen, tan lírica como arriesgada. Un libro ideal para los que quieren bucear en narraciones diferentes para conocer la realidad de las historias desde distintos puntos de vista. La pregunta ahora es: ¿te dejarás atrapar tú también por estas sirenas silenciosas?»

Cristina Monteoliva, La orilla de las letras, 14 de mayo
....................................................................................

«Cinco años tras la muerte de su esposa bajo una ola gigante en la cosa de Baja California y tras el inexplicable suceso que dejo varadas a miles de ballenas en las playas del mundo, Oless Svalbard, un teleoperador sueco al cual le gusta el buceo, vuelve a sumergirse en las aguas del Pacífico donde su mujer pereció. Para su sorpresa en esta inmersión que dura más de lo debido, se produce el encuentro con una sirena. Esto le obligara a retrasar su vuelta a casa, ya que Oless buscará al autor de un vídeo que podría confirmar la existencia de la mítica criatura, embarcándose en un viaje lleno de personajes enloquecidos y fantasmas de su propio pasado en donde nada es lo que parece.

»El debut de Beatriz García Guirado, autora que tendremos presente en el Celsius 232 de este año, no podría ser más arriesgado y ambicioso. Dividida en tres tiempos (Bathos, Ábyssos y Hades) la novela narra a través de una primera persona no fiable numerosas voces que se entremezclan y confunden al lector, pero que luego se hacen indispensables para poder unir todas las piezas que conforman su puzzle caleidoscopio. Además, la autora imprime un ritmo adecuado y que nunca decae, con un estilo cuidado y poético. Sin duda este juego de espejos que escapa de una narración lineal y donde el narrador muta constantemente es lo que hace que este relato de fuerte componente onírico me haya fascinado por momentos. Un pequeño pero viene a nivel argumental, donde la trama pierde fuerza a medida que avanza y donde es complicado mantener plenamente la atención en algún momento puntual, dado que el narrador en ocasiones divaga demasiado para mi gusto.

»Una historia hecha trozos que debemos unir a través de continuos déjà vu y personajes de un solo rostro condensando multitud de tramas en muy pocas páginas. A través del relato viviremos como Oless debe enfrentarse al silencio de su mujer fallecida que sigue persiguiéndole; en una historia sobre sirenas y puertas a otros mundos, sobre carreteras sub-acuáticas y aventuras de infantes marineros capitaneados por un peculiar científico invisible. Y lo mejor es que la autora logra que con este desorden, con tanta información, con tantas personalidades reconstruya tan bien el naufragio de la vida de Oless, evocando una atmósfera cargada de inquietud y misterio. Puede que el final a muchos nos les haya gustado por dar esa bofetada de realidad, pero a mí me parece necesario por si se te ha escapado algo y para terminar de atar todos los cabos sueltos. Personajes, situaciones y lugares parecen repetirse en un círculo atemporal eterno en el que descubrimos que la muerte y la pérdida de un ser querido puede ser horrible para cualquier persona.

»Un relato breve y rápido de leer, delirante y con un gran componente onírico, lleno de el suspense y misterio suficiente para no dejarte arrancar de sus páginas hasta que llegues al punto y final. Las referencias culturales, los mapas mentales que tenemos que organizar durante su lectura y su carga dramática y real dentro de su fantasía hacen de esta lectura una historia diferente no para todo tipo de públicos pero que se hace muy interesante para el lector que busca de resolver acertijos imposibles, de permitir realidades paralelas, de unir lo onírico con lo real y de buscar algo más que el puro entretenimiento.»

Boy with letters, 12 de mayo de 2016
....................................................................................

«Entre las lecturas que más hemos disfrutado estos últimos meses se encuentran varias de la editorial Salto de página. Comenzar un nuevo libro de ellos se convierte en una aventura con altas expectativas. En este caso me encuentro ante la historia de un nuevo Ulises, un periplo por aguas diferentes pero en las que también encontramos los más variados peligros. Cinco años después de que su esposa pereciese bajo una ola gigante en la costa de Baja California, y tras el inexplicable suceso que dejó varadas miles de ballenas en las playas de todo el mundo, Oless Svalbard, teleoperador sueco aficionado al buceo, vuelve a sumergirse en las aguas violetas del Pacífico. Sin embargo, el supuesto encuentro con una sirena en su última inmersión le obliga a retrasar indefinidamente su vuelta a Estocolmo para volar a Bahía de Todos los Santos en busca del autor de un vídeo que podría confirmar la existencia de esta criatura legendaria (o quizá sólo para llevar la contraria al fantasma de su esposa que le habla a través del sumidero de la ducha).

»Nos encontramos con un viaje en busca de sirenas, una historia surrealista e imaginativa que nos lleva al Pacífico, a buscar respuestas de acontecimientos pasados, a buscar a un hijo perdido, a una mujer muerta, a la propia cordura.

»Es una lectura desconcertante. Hasta que empiezas a hacerte una idea de los círculos en los que está herrando, de las mil historias distintas e iguales que nos está contando. Te haces a la idea y disfrutas del lío en el que te estás metiendo.

»Me ha gustado bastante este libro, ha sido una lectura fresca e iluminadora. Me gustan los mapas mentales, las referencias culturales y los cabos sueltos. Si compartís esto conmigo dadle una oportunidad a la historia. Beatriz García Guirado es sin duda una autora a compartir y a vigilar de cerca. Con la mejor de las intenciones.»
 

Ni un día sin libro, 2 de mayo de 2016
....................................................................................

«El silencio de las sirenas es una lectura ágil que sin embargo tarda en digerirse, un mazazo desconcertante que se pliega sobre sí mismo y reproduce como un rizoma desmadrado, sin perder nunca un sentido de la tristeza y la fragilidad muy humano. Hija de Jodorowsky, de Lem o de Lynch, esta novela fantástica (o no) es tanto un misterio matemático como un enigma inconsciente.»

Víctor Navarro Remesal, La inercia, abril de 2016
....................................................................................

«Una cita del Ulises de Joyce —The sea, the snotgreen sea the scrotumtightening sea— encabeza esta novela con la que Beatriz García Guirado (Barcelona, 198), hasta el momento autora de cuentos, debuta en el ámbito novelístico. Lo hace con una apuesta exigente que nos sumerge, y nunca mejor dicho, en un mar de resonancias legendarias y búsquedas de insólitos resultados, y de referencias culturalistas no elegidas al azar. Quizá tampoco es casual el título, homónimo de una novela de Adelaida García Morales, pues aunque las historias sean diferentes, en el trasfondo y el lirismo que impregna ambas podrían detectarse similitudes de cosmovisión. Oless Svalbard, trabajador en un call center y buceador sueco, perdió a su esposa, Johanna, en un tsunami en la costa de Baja California, a la vez que aparecen miles de ballenas varadas en las playas del Pacífico. Transcurridos cinco años, Svalbard decide regresar a ese escenario. En una de sus inmersiones marinas ve a una sirena. ¿O cree verla? Es posible que no importe la respuesta. Acompañamos a Svalbard en su obsesión hasta un final de vuelta de tuerca.»

Leer, abril de 2016
....................................................................................

«Hay algo decididamente weird en la narrativa de Guirado, algo que no deja de brillar (perversamente) todo el tiempo y que hace de éste, su flamante debut, un libro difícilmente clasificable. Y eso siempre es algo bueno. Muy bueno.»

Laura Fernández, Tendències, 24 de marzo de 2016
....................................................................................
Mitologías del agua

«Descubro sin sorpresa, por una entrevista, que Beatriz García Guirado se hallaba enfrascada en la lectura de Jung cuando redactaba El silencio de las sirenas. Los motivos de dicho reconocimiento son múltiples: en primer lugar, la propia estructura de la novela, menos articulada en torno a un argumento que construida, a base de ecos u ondas en el agua, sobre la repetición y amplificación de unas cuantas imágenes fundamentales. En diversas partes de su obra, más esotéricas o menos, Jung estableció que toda invención humana, en cualquiera de sus formatos, no consiste más que en la refacción y la reiteración y la reacomodación de un puñado de mitos primitivos, que tienen que ver con la autodestrucción, la oscuridad, el renacimiento, la gloria, la conquista de la identidad. Por mucho que nos revolvamos, el sabio suizo considera que estamos encadenados a estas figuras primigenias de andróginos, doncellas, sombras y monstruos de feria, y que todo lo que hagamos en el futuro dependerá de ellas como la copia depende del original o el yeso de su modelo: la originalidad sólo consiste en añadir nuevos matices de color o énfasis a este o aquel rasgo. Algo que, sin duda, García Guirado ha conseguido con rara, y desasosegante, pericia.

»El mito elegido en este caso, en esta novela, para el arte de la variación infinita es el del agua. El fluido originario en el que todos flotamos en la penumbra de nuestra madre, el caldo remoto en que se formaron los primeros gérmenes de vida, la némesis que ahoga al marino a la vez que le arrastra a su destino, el fondo turbio donde relumbran tesoros hundidos y continentes que desaparecieron. En un hermoso libro que recoge tradiciones seculares, Gaston Bachelard habla de que el agua, en cualquiera de sus formas (la del grifo, y la del lago, y la del mar, el agua roja y salada de nuestras venas, la de nuestra saliva, la del rocío y la lluvia) posee una doble naturaleza: es a la vez fuente y sumidero. Metáfora del caos del origen (Leviatán, Tiamat, el diluvio universal, la “arjé” de Tales milesio), es la placenta donde se gesta nuestro cuerpo antes de salir al mundo y cobrar rasgos, pero, a la vez, la ruta incierta que conduce al navegante al otro mundo y, finalmente, el manto que lo sepulta. Por eso, quieran o no, entiendan o no, los hombres no puede dejar de mirar el mar.

»La novela de García Guirado consiste en un catálogo extensivo de todas las formas que el mar puede adoptar en las cisternas del subconsciente. Hay buceadores, hay, sí, sirenas, hay apnea, hay la búsqueda de un primer océano, Panthalassa, en el que todas las aguas eran una. La trama (si puede llamársela así) corre, aproximadamente, del siguiente tenor: un teleoperador sueco llamado Oless Svalbard visita una zona de Baja California asolada por un maremoto, donde en su día falleció la esposa que le traicionaba; durante una inmersión, cree cruzarse con una sirena, o una criatura que se le parece, y que quizá es esa esposa; emprende el rastreo de dicha criatura a través de una grabación de internet; en cierto momento, Oless Svalbard es quizá otra persona, o una parcela de alguien; la historia se adensa, se extiende, anega la vida del propio Svalbard para apropiarse de la de muchos otros. La sensación que la crónica deja en el lector es la de haber nadado agotadoramente, alejándose de la costa, en pos de esa isla final que es Avalón y la Atlántida: la residencia de los muertos, la fuente de la última verdad, borrada de la faz de la tierra por un cataclismo primigenio.

»Parece evidente que la autora ha vuelto a pensar en Jung a la hora de armar su ambicioso experimento narrativo. Porque la acción, sobre todo en los capítulos finales, renuncia explícitamente a la ilación causal para decantarse por aquella otra que el psicoanalista llamó “sincronía”, y que consiste en una ordenación de los eventos no por su lógica sucesiva, sino por su similitud o el eco que cada uno despierta en su consecutivo. En la novela, una metáfora lleva a otra y una imagen convoca a la siguiente, sin que  a veces contemos con aliento para hacernos cargo de la inmersión: Svalbard es un teleoperador sueco pero es también sicario a sueldo de un cártel y un profesor loco obsesionado por las sirenas y un marine que hace turismo cuyo hijo muerto, que quiere ser escritor cuando crezca, acaricia el siguiente proyecto: Escribiré una novela sobre un hombre que cree haber visto una sirena, pero en realidad está encerrado en un manicomio y bebe un vaso de agua detrás de otro. En última instancia, a lo que parece que se nos invita es a realizar una reflexión sobre las resbaladizas fronteras de la identidad y del pasado y las aguas que las bañan. Un buceo onírico, sin duda exigente, cuyo éxito depende, antes que nada, de un lenguaje muy bien escogido y una sugerente capacidad para encajar los símiles. En suma: una apuesta riesgosa que nos ofrece antiquísimos mitos del origen en el formato del futuro.»

Luis Manuel Ruiz, Estado Crítico, 9 de marzo de 2016
....................................................................................

«El silencio de las sirenas es una novela difícil que exige al lector un esfuerzo para navegar por sus páginas, pero que recompensa a aquel que llegue a su puerto final.

»Solemos quejarnos del panorama editorial, de lo que se publica y de lo que no, pero la verdad es que hay un puñado de sellos repartidos por ahí en los que sabemos que podemos confiar, que todo lo que sacan es interesante. No todo es igual de bueno, pero sí merece la pena. Salto de Página es una de ellas. Pablo Mazo, su editor, no es un simple publicador, sino que hace eso tan raro que es editar. Y empieza seleccionando lo que publica. Desde Emilio Bueso hasta Ismael Martínez Biurrun (a quien entrevistamos aquí), pasando por Jon Bilbao o Juan Jacinto Muñoz Rengel.

»El silencio de las sirenas, la ópera prima de Beatriz García Guirado, es interesante, aunque tiene un par de problemas que la lastran demasiado. Es una novela rara, difícil y poco amable con el lector, ya que aunque su prosa es elegante y fluida todo lo demás es incómodo. Empezando por la estructura temporal. No es ya que no sea lineal, planteamiento-nudo-desenlace, sino que está absolutamente dinamitada. Leemos fragmentos en los que la historia va avanzando, pero que están agrupados en tres partes, ordenadas hacia atrás. Pero dentro de esas tres partes no siempre tenemos claro el orden cronológico. La sensación general es de que van hacia delante, pero a menudo parece que no sea así.

»Claro que es normal no tenerlo claro, al fin y al cabo el narrador (¿o debería decir los narradores?) no ayuda a ello. El narrador va variando, pero los personajes secundarios confunden a uno con otro. ¿Se trata de varias personas extraordinariamente parecidas? ¿Acaso las sirenas provocan alucinaciones y por eso les confunden? ¿Es un solo personaje, un esquizofrénico? Hasta el último tercio de la novela no vamos teniendo una idea clara de quién nos cuenta la historia, lo que, unido a los vaivenes temporales de las autopistas del tiempo, crea un desasosiego y una frustración en el lector que pueden llevarle a abandonar la lectura.

»Ahora, con la novela terminada, puedo decir que merece la pena, que el poso que deja es bueno y que todo cobra sentido, hasta cierto punto. Pero reconozco que si no la abandoné en su primer tercio fue porque, a fin de cuentas, son solo 150 páginas. Uno tiene que arrastrarse por esa continua frustación, ese no entender nada. Esa sobreabundancia de imágenes que suenan muy bien, pero que no parecen tener el más mínimo sentido. Si se llega al final, lo adquieren. Las ballenas muertas en Baja California, la esposa ahogada en el tsunami, los chillidos subacuáticos de las sirenas, los niños y los pájaros, las locomotoras. Pero hay que llegar al final.

»Lo curioso es que hay quien considera que ese final es el error de la novela, precisamente porque da una explicación a lo leído. A mí me parece justo al revés. Por un lado, porque una vez leído el lector se da cuenta de que se le ha ido indicando desde el principio. La cámara isobárica de las primeras páginas adquiere toda una nueva significación. Pero, por otro lado, porque sin esa explicación final la novela sería una pura y simple tomadura de pelo. Un ejercicio de estilo vacuo, intelectualoide, que tal vez ganase varios premios culturetas, y que de aquí a diez años habría caído en el más que merecido olvido de la Generación Nocilla, en el infierno estén.

»¿Por qué digo que sería intelectualoide? Porque la presencia de referentes no convierte a un texto en intelectual per se, necesitan una función. Abrir con una cita del Ulises de Joyce y poner guiños a la Odisea aquí y allá no serviría de nada si El silencio de las sirenas no los justificase más allá de su título, cosa que sí que hace. Odiseo, Ulises, tanto en el texto homérico como en el del irlandés, son hombres que intentan encontrar su lugar. Volver a Ítaca, donde no era un náufrago, sino un rey, con una esposa, una familia. Era alguien. El deambular de Bloom por Dublín durante todo un día no es solo un paseo por la ciudad, es un paseo por su mente, que se convierte en un mar en el que es aún más fácil perderse que el Mediterráneo mítico. La búsqueda de las sirenas por parte de Oless, como sus encuentros con personajes a cual más extravagante, adquieren una profundidad si se ponen en relación con los otros Ulises que no tendría sin esa intertextualidad.

»A El silencio de las sirenas le cuesta arrancar, y su lectura no siempre es agradable, pero la sensación tras ella compensa con creces esa falta de facilidad. Sin embargo, no se trata de un libro para todo el mundo. La pregunta, claro, es si es un libro para ti.»

....................................................................................

«Sirenas, seres mitológicos y efímeros que visualizamos como jóvenes bellas con cola de pez, aunque en la antigüedad fueran arpías aladas. De voces cándidas que atraen a los marinos a su muerte, o quizá simplemente cantos malinterpretados y solitarios. Puede que sólo sean leones marinos, confundidos con doncellas rebosantes de curvas.

“Cuando cerraba los ojos la veía nadando en dirección a mi entrecejo; burbujeaba un canto parecido al llanto de un recién nacido y su cabello ondeaba sobre su rostro de forma que no pude apreciar sus facciones”.

»Desde niña me han fascinados las fosas abisales y lo que puedan esconder. La idea de que lanzamos hombres al espacio cuando la mitad del planeta está inexplorado, resulta maravillosa y aterradora.

“Los papahué de Baja California sostienen que las almas de los fallecidos en el mar viven en las profundidades abisales, que es posible escuchar en el rumor de las olas sus lamentos y que en el fin de los días serán el kril del que se alimentará Leviatán”.

»Dicen que somos 90% agua. Nuestras células contienen y están rodeadas de agua; nos formamos en un entorno líquido; todo ello muy similar a los océanos primigenios, donde se inició la vida.

“La única forma de sobrevivir en el mar, déjenme recordárselo, es la disolución”.

»Pensar que las emociones, la psique y el mar están ligados no me parece descabellado. Cuando la luna crece y mengua, interfiere en las mareas, al igual que en la mente y la orientación animal, humana.

“Vivimos en nuestro inconsciente, señor Bonn”.

»Es curioso cómo, en un par de meses, he leído dos novelas cortas en que un hombre lo abandona todo en busca de una sirena. La primera fue Cants de sirena negra de Sebastià Bennassar, donde las sirenas son sinónimo de esperanza; en El silencio de las sirenas de Beatriz García Guirado, en cambio, son aquellas que nos conducen a otro nivel de conciencia, a otro estado, al fin del mundo del individuo que las escucha.

“Estas otras sirenas son monstruos marinos que poblaban el primer océano del súpercontinente Pangea. (…) Las ondas que emiten tienen una frecuencia y velocidad tan elevadas que nuestro cerebro es incapaz de procesar los impulsos que recibe a través del sonido. (…) Se produce una fusión entre materia consciente e inconsciente”.

»En esta novela nos encontramos una voz que, si no hubiera leído el nombre de la autora al inicio, habría juzgado profundamente masculina, aunque con detalles y dejes que sólo una mujer explica con tanta ironía.

»Se trata de una historia rápida y delirante que no nos permite detenernos a juzgar. Personajes, situaciones y lugares que parecen repetirse en un tiempo atemporal, en un círculo de eterno retorno, en que descubrimos una historia sobre sirenas y puertas a otros mundos, sobre carreteras de tiempo sub-oceánicas y aventuras de marineros preadolescentes capitaneados por un científico invisible a causa de la música.

“Un arco es una ventana al Azul y traspasarlo es similar a alcanzar nuevos niveles de consciencia, franquear el umbral a un mundo ignoto donde todo cambia, incluso uno mismo”.

»Así narrado puede parecer un caos, pero la autora ha logrado que, dentro de este aparente desorden, el lector no se pierda, sino que, gracias a esos continuos dejavús y personajes de un solo rostro, podamos recopilar toda la información necesaria para reconstruir el naufragio de la vida de Oless, su protagonista.

“También ella me había confundido con otro y, como ya empezaba a ser costumbre, no era bien recibido”.

»Cómo la infancia puede influir catastróficamente en nuestras vidas adultas. Cómo una persona puede ser la única isla del océano, nuestra tabla de salvación y al tiempo la ola gigante que, sin pudor ni escrúpulos, nos barre de la playa.

“Cuando aquel muchacho se lanzó desde un precipicio todo el mundo dijo que había ido a un lugar mejor, así que se nos ocurrió… Quisimos saltar también”.

»No voy a desvelar de qué trata la historia, pues lo mejor de ella es que el lector desenrede la madeja hasta entender qué narices está pasando.

“Dentro de miles de millones de años nosotros también nos convertiremos en mito: se hablará de horribles seres bípedos de cabeza diminuta y alopecia epidérmica. A la leyenda, asumámoslo, la llamamos así porque nos negamos a creer que otros seres superiores a nosotros hayan podido existir”.

»Sólo me ha fallado un detalle, el final realista me ha parecido innecesario, pero explicativo para aquel lector al que se le haya escapado algo o no pueda leer el libro del tirón.

»Felicito a la autora por una obra que me ha enganchado de tal manera que he olvidado el mundo para sumergirme en ella, y a Salto de Página porque sus títulos son sinónimo de acierto en mi biblioteca.

“Yo escuché su agonizar lento durante una tormenta, lo oí tan claramente como mis propios suspiros, una exhalación final de gran cansancio, y ni siquiera aún habían muerto”.

»Recomendada a los amantes de las aventuras náuticas y psicológicas, de las rarezas y a aquellos que les guste perseguir sirenas, sean bellas o monstruosas.

“Y yo le diré qué ocurrió luego: enloqueció y mató al único testigo de su existencia, y ahora ya no existe. Ahora es poco más que un fantasma, un nadie en ninguna parte”.

Isabel del Río, La odisea del cuentista, 1 de marzo de 2016
....................................................................................

«Aunque no esperaba grandes cosas de esta lectura, el debut literario de Beatriz García Guirado me ha parecido una obra sorprendente y fascinante que nos sumerge en las oscuras aguas de la mente humana a través de un submarinista sueco obsesionado con la muerte de su esposa, arrastrada mar adentro por una ola gigantesca. Siguiendo la pista de un vídeo que podría demostrar la existencia de sirenas, el protagonista se embarca en una delirante y onírica odisea donde nada es lo que parece y todo el mundo es susceptible de caer ante el influjo de hipnóticos cantos. Cuesta creer cómo la autora ha conseguido condensar tal número de tramas (o distintas versiones de una misma historia, más bien) en una cantidad tan reducida de espacio, pero lo cierto es que aquí el efecto caleidoscopio funciona a las mil maravillas y el excelente ensamblaje narrativo nos ofrece una atmósfera inquietante, extraña y asfixiante que te mantiene constantemente en vilo. Aunque su resolución me ha parecido pobre y poco arriesgada (destroza toda la magia de su componente especulativo), la peculiar estructura del relato, la contundencia que evocan sus imágenes subacuáticas y el misterio que envuelve cada página de la novela convierten El silencio de las sirenas en una opción muy a tener en cuenta dentro del panorama fantástico nacional. Sin duda, es una autora a la que no pienso perder de vista.

Generación reader, 26 de febrero de 2016
....................................................................................

«El silencio de las sirenas es la historia de una obsesión, una obsesión que nace en el mar y que también termina en el fondo oceánico, concretamente entre criaturas abisales que tienen más sentido de vivir en lo profundo de nuestra mente que en cualquier otro lugar real. Así es el fondo de nuestro inconsciente: salado, turbio e impredecible cual pecio perdido en la historia del Pacífico. El silencio de las sirenas también es un debut literario arriesgado, el de Beatriz García Guirado, que nos sumerge en una historia inquietante y llena de referencias culturales en las que la metáfora tiene un papel protagonista.

»Bien  pensado no hay demasiados libros que hablen de las sirenas. La dualidad de estos seres (mitad mujeres mitad peces, medio  ninfas medio seres endiablados, pechos turgentes frente a fauces escandalosamente afiladas) las convierte en personajes muy atractivos pero que generan  recelo al ser,  por una parte,  doncellas del mar y, por otra, representantes de lo más oscuro y desconocido de los océanos. Su presencia  es una constante en todas las culturas, sobre todo aquellas que tienen relación con el mar (que son muchas), desde los híbridos mujer-ave de Mesopotamia y el Antiguo Egipto a la representación más común, la de hermosas mujeres con cola de pez que podemos ver, por ejemplo, en la mitología nórdica. El folclore se ha encargado de otorgar a las sirenas un carácter y unos atributos y en este sentido la contradicción también está presente: hay quien las presenta como  auténticas Prometeas dispuestas a salvar a los marinos de ser ahogados y quien les otorga un papel mucho más cruel, el de  bellas bestias dotadas de una sensual voz capaz de seducir a los hombres hasta enloquecerlos y llevarlos a la muerte estrellando sus barcos contra las rocas. Quedarse con una versión u otra es faltar a la verdad y todo contrario.  Como vemos las sirenas no son protagonistas fáciles de moldear a no ser que estemos hablando de un personaje de Disney.

»Por mi parte pensar en las sirenas es hacerlo en Ulises atado al mástil de su propio barco y soportando un temporal de esos en los que las olas se confunden con las nubes para no arrojarse al mar al oír su música. Según la tradición homérica, antes de someterse a tal atracción el legendario personaje había preparado a su tripulación y tapádoles los oídos con cera siguiendo las instrucciones de Circe, diosa y hechicera de la isla de Eea,  pero fue incapaz de seguir estas indicaciones consigo mismo para saber cómo demonios era el seductor canto de semejantes criaturas marinas. Así era el héroe. A su manera Oless Bvalbard, el protagonista de El silencio de las sirenas de Beatriz García Guirado (Editorial Salto de página, 2016) también es un Ulises que realiza un largo viaje atado al mástil de su barco. Lo único que su Ítaca, su tierra prometida, su partida y su llegada,  está en su propio cerebro, en su interior, así que el viaje de Oless tiene muchos menos kilómetros físicos a sus espaldas pero el mismo estrés mental que el del protagonista de La Odisea.

Las voces de las sirenas

»Dice uno de los personajes de El silencio de las sirenas que los esquizofrénicos “tienen la cabeza de agua salada y eso les protege del canto de las sirenas”. También, asegura otro, que “la lucidez de los niños es maravillosa. La ciencia está equivocada, el fin de la vida no es senectud, sino la entrada a la madurez. Morimos en la adolescencia y lo que queda luego es similar al brillo de una estrella, una enana roja, un planeta en disolución. Por eso mis hombres no tienen más de doce años”.  Porque sí, en este libro los amantes de las sirenas, quienes las buscan  y  las “cazan”  con mayor  éxito son niños “adiestrados” por un oscuro personaje que parece también sacado del fondo del océano, un experto en sirenología que responde al nombre de capitán C (aka Morris Cooper).  ¿Te parece este dato curioso? Pues no te lo parecerán menos el resto de personajes e historias cruzadas que componen esta novela protagonizada por un sueco aficionado al buceo que arrastra un fuerte drama personal, un narcotraficante y su amante/amada japonesa, un marine americano, una madre que acaba de perder a su hijo, un biólogo con pérdidas de memoria y un crisol  de personajes que parecen abocados al fracaso, convertidos en una gran ola apedreada “como si fuese una ramera a la que ningún dios exonera de su culpa” (Esta brillante frase no es mía. Aparece en el libro, concretamente al final de la página 102).

»Todo esto que he contado no tiene nada de spoiler: la trama de El silencio de las sirenas no es sencilla y su estructura argumental no se compone de la clásica introducción-nudo-desenlace, así hacer un pequeño esbozo de este universo panthalassiano ni descubre nada ni embrolla más el misterio. Este es precisamente uno de los mayores atractivos del libro: se sale de lo convencional y tiene puntos en cierta forma estrambóticos que se “solapan” con una alta dosis de lirismo y metáforas no exentas de referentes culturales que enriquecen mucho la historia.

»El silencio de las sirenas me parece una apuesta interesante porque, personalmente, opino que cualquier composición literaria que experimenta con géneros, estructuras y voces narrativas  tiene sentido. Precisamente la literatura es una de las artes donde más extravagancias podemos permitirnos en este mundo que con demasiada frecuencia nada en la misma dirección, así que creo que hay que aprovechar ( mejor dicho, leer) cada oportunidad que editores y escritores nos ofrecen.»

Mapi Pamplona, Dime lo que escribes, 22 de febrero de 2016
....................................................................................

«Descubrí Salto de Página con Emilio Bueso y su Cenital. Desde entonces se me ha antojado como un sello que arriesga, que publica nuevas voces de autores nacionales. Voces originales y a menudo poco ortodoxas en cuanto a literatura mainstream se refiere. No es un sello de género fantástico, pero de vez en cuando se publican obras como El silencio de las sirenas, ópera prima de Beatriz García Guirado.

»La novela empieza narrando que un maremoto en Baja California inunda las costas mexicanas de ballenas varadas. Poco después muere Johanna, la mujer del protagonista, Oless Svalbard, un submarinista sueco. Oless decide ir al Pacifico a bucear en las mismas aguas en las que se ahogó su mujer junto a un grupo variopinto que, como él mismo denomina “en caso de que algo les ocurriera, nadie les echaría en falta”. Oless quiere confirmar la existencia de las sirenas. Y con esto empieza la búsqueda que da argumento a El silencio de las sirenas.

»Bucear es sinónimo de viajar a otro mundo. Sumergirse en las aguas del océano significa entrar en lo insondable, en una especie de universo marino al que constantemente enviamos satélites antropomorfos llamados submarinistas para descubrir. Beatriz García utiliza el mar como una forma de sumergir al personaje en un aturdimiento sentimental. El azul profundo es el abismo emocional que sufre Oless. "El silencio de las sirenas" es el título de un relato de Franz Kafka, donde precisamente hace alusión a este silencio. Oless debe enfrentarse al silencio de su mujer fallecida, cuya voz, cual canto de sirena, sigue persiguiéndole. La novela está contada por un narrador no fiable, el propio Oless, el cual advierte al principio de la novela que este mismo relato:

»“Pero si realmente quieres una respuesta, te la daré tal cual la aprehendo en mi mente, de forma subliminal y fragmentaria, a través de refugios que no entenderás de manera consciente, porque no hay nada puro que pueda explicarse de forma literal”.

»El silencio de las sirenas es una novela sólida, con un ritmo adecuado y un estilo muy cuidado. En éste último quiero hacer hincapié, pues es quizá lo que más me ha enganchado de la novela. Beatriz utiliza el lenguaje con habilidad y crea estructura narrativas interesantes. Por supuesto esto ayuda a que el ritmo avance. Por otra parte el texto cojea ligeramente en el argumento, el cual se desdibuja a medida que avanza la trama. Escoger a un narrador no fiable es una elección acertada para este tipo de historia, pero es complicado mantener la atención del lector si el narrador divaga demasiado. La voz de Oless es potente e interesante, pero en ciertas ocasiones el lector llega a perderse en los entresijos de su mente.
Me atrae la idea de que hay cada vez más autores con talento y buenas ideas que se lanzan al género fantástico por un sendero apartado al común. Un sendero que bordea los límites de lo real y lo irreal, lo mágico y lo tangible. El silencio de las sirenas es un relato onírico que se confunde y cristaliza con una realidad. La muerte y la pérdida de un ser querido (y de muchas ballenas). Un debut que me ha impresionado lo suficiente como para apuntar a Beatriz García en mi lista de autoras cuyos trabajos toca seguir con ahínco.

Alexander P√°ez, Donde acaba el infinito, 20 de febrero de 2016
....................................................................................

«“Fue la imagen del año según la CBS: miles de ballenas grises varadas en las playas del Pacífico, aniquiladas, arponeadas literalmente por una fuerza interior inexplicable.” Con esta escena salvaje y despiadada, tan demoledora como poética, Beatriz García Guirado, periodista y editora de la revista Láudano, nos invita a entrar a su mundo, un delicioso recorrido por la geografía subacuática del inconsciente en busca de la esperanza que, necesariamente, debe hallarse en las profundidades de la enfermedad mental.

»Oless Svalbard, el personaje principal y narrador de la misma, nos sitúa sin ambages ni sentimentalismos en su propio drama personal y familiar: “Las ballenas no me importan, ella me abandonó y empezaron a llover peces del cielo, peces sin memoria. Se marchó como las olas en retirada y dejó una bolsa de plástico y latas de conserva en la orilla. Ocho años de matrimonio y para despedirse pegó un post-it en la nevera, como si el afecto pudiera comprarse en el supermercado”. El párrafo da cuenta de la prosa de la autora, una prosa medida, bien construida, contundente, con pretensión literaria, de rico y preciso lenguaje, así como nutrida de imágenes poéticas para combinar lo onírico con lo cotidiano y acercar al lector al universo emocional, gélido y acuoso, del protagonista.

»Oless es un buceador sueco de trabajo anodino en un call center que regresa al lugar en que su ex mujer murió arrastrada por el tsunami que un año antes había devastado Baja California. Un regreso sanguinolento frente a la dantesca escena de las ballenas agonizantes, varadas en la orilla. La propuesta nos desafía para que lo acompañemos en su periplo y encontrar con él la evidencia documental de una sirena a la que creerá haber visto tras una inmersión submarina.

»Desde ese momento, el lector irá de la mano de Oless al mundo de las profundidades, situándolo ante la perspectiva de quien arriesga la vida, inmerso en el océano, y expuesto a la desorientación tan fácil como frecuente, además de la distorsión de cuanto pueda ser percibido. Se envuelve al lector con una prosa capaz de construir discordantes melodías subacuáticas y personajes certeramente dibujados a base de precisas pinceladas, como Shio: “una japonesa delgada y fibrada que tenía la mirada del dragón y el signo de Piscis tatuado entre los omoplatos”.

»A partir de ahí, la aventura: un doble viaje en busca de la sirena avistada o de su evidencia documental (el video colgado en Youtube), que obligará al sueco Oless a atravesar los áridos y desolados parajes del narco México de la Baja California, para asistir, arropado por un elenco de personajes tan verosímiles como excéntricos, a un seguido de muertes y desapariciones con los que evocar su propia familia y el verdadero trauma que lo atormenta. Así, nos muestra a su abuela materna como “una bruja oronda que gimoteaba absolutamente por todo […] y le encantaba pellizcar a los niños y ponerles sal en la leche”; mientras se atormenta por si su propia madre “deseaba secretamente su muerte” al no parar de repetir estadísticas relacionadas con la muerte y desaparición de niños.

»Con marcos de ensueño y atmósferas de gelatina, vamos siguiendo “el camino del héroe que, como en las epopeyas clásicas, ve la muerte antes de alcanzar la gloria”. Oless avanza a trompicones, sin mapa, pero con un norte bien definido en la brújula de su deseo hecho pedazos; alguien que camina y lucha para no desintegrarse frente a cuanto le rodea y llegar a la conclusión de que cada cual “debe aguardar solo su destino o, por llamarlo de otra manera, su infinita espera”.

»De las anteriores líneas es fácil colegir que la novela es además una novela conceptual, plagada de simbolismos y referencias al psicoanálisis, con el inconsciente como hipótesis y el océano como metáfora. Decía Lacan que “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” e integró en su teoría conceptos de la lingüística, tales como la metáfora y la metonimia (ya introducidos por Freud en su famosa Interpretación de los sueños en tanto que condensación y desplazamiento) en la génesis del síntoma. Especial relevancia cobran éstos mecanismos en las psicosis, pues el síntoma retorna de lo real sin posibilidad de simbolización, como una verdad incuestionable. El vacío, el hueco, el agujero, es un concepto central en la enseñanza de Lacan, ya que para el psicótico “todo, cualquier cosa, quiere decir algo”. Por eso Oless Svalbard “es un niño que nunca regresó a casa”, una ballena varada, aniquilada, arponeada literalmente por una fuerza interior inexplicable.

»El Silencio de la Sirenas es sin duda una apuesta arriesgada, tal como dijo Pablo Mazo, en la presentación en La Central del Raval (Barcelona), por tratarse de una autora que debuta en el espeso y saturado mundo de la narrativa con una propuesta auténtica y nada convencional. Pero el que esto escribe cree firmemente que vale la pena arriesgar por aquello en lo que se cree, aunque sea en las sirenas o en su silencio.»

José Matas Crespo, El futuro real que inventamos, 15 de febrero de 2016
....................................................................................
El silencio de las sirenas, ópera prima de Beatriz García Guirado

«Si la memoria no me falla a estas alturas, hay una situación que se repite en algunas películas que trazan su rumbo no sobre el mar, en la superficie (caso de Tiburón, Waterworld o Capitán Phillips), sino en las profundidades, donde se mezclan la oscuridad y el temor a lo desconocido (como Abyss, El submarino o El gran azul): en ciertos momentos la presión, el temor a la inmensidad y la pérdida de referencias respecto a la superficie afectan a los protagonistas, y un asomo de locura o enajenación transitoria se cuela en sus cabezas. En estos filmes que transcurren en esa especie de galaxia marítima, misteriosa e insondable, y a la que denominamos “océano”, los abismos espaciales acaban identificándose con los abismos emocionales, el terror con el inconsciente, la presión con el equilibrio mental. Esta referencia hay que tenerla en cuenta a la hora de embarcarse en la lectura de esta historia, publicada por Salto de Página en su Colección Púrpura: El silencio de las sirenas, donde la inmersión en las aguas va acompañada del aturdimiento mental del protagonista.

»Beatriz García Guirado se estrena en la novela con El silencio de las sirenas, título que toma prestado de un brevísimo texto de Franz Kafka en el que encontramos las siguientes líneas: Pero éstas tienen un arma más terrible aún que el canto: su silencio. Aunque no ha sucedido, es quizás imaginable la posibilidad de que alguien se haya salvado de su canto, pero de su silencio ciertamente no (en la traducción de Alejandro Ruiz Guiñazú). Ese silencio comienza incluso antes de que el narrador, el sueco Oless Svalbard, se encuentre con una sirena mientras bucea: comienza cuando su mujer muere arrastrada por un tsunami, y las voces de su fantasma le acechan desde sitios inesperados. Pero Svalbard regresa al lugar de la pérdida: necesita volver al Océano Pacífico, y es allí donde las ballenas varadas y el rastro de la sirena lo envuelven en una aventura con ecos de Homero, Jules Verne o Joseph Conrad. Durante el camino, y desde la perspectiva mental del narrador, los lectores tendrán que avanzar con cuidado para no desorientarse, pues el juego que propone la autora pasa por la fragmentación del cerebro de Oless (él mismo lo dice en las primeras páginas: Pero si realmente quieres una respuesta, te la daré tal cual la aprehendo en mi mente, de forma subliminal y fragmentaria, a través de refugios que no entenderás de manera consciente, porque no hay nada puro que pueda explicarse de forma literal).

»El silencio de las sirenas es un debut sólido, de prosa muy medida, la ópera prima de una escritora que ha preferido esquivar los terrenos ya trillados de la literatura española que suele triunfar en las mesas de novedades y en la sección de cultura de los diarios nacionales: lo suyo es otra cosa; como lo es, por ejemplo, la narrativa enigmática de Francisco Jota-Pérez (a través de quien supe de la existencia de Beatriz G. Guirado y de su libro). Y eso que defino como “otra cosa” es, también, lo que está proporcionando aire fresco al panorama literario español.»

Jos√© √Āngel Barrueco, It¬īs Playtime, 11 de febrero de 2016
....................................................................................

«La literatura que me parece realmente interesante es la que permite disfrutar las historias a distintos niveles, en donde podemos agarrarnos a una narración atractiva a la par que nos genera cuestiones, tengan estas respuesta o no. No criticaré la narrativa basada en el pasatiempo e inmediato olvido, aunque reconozco que agradezco que se realicen intentos por ofrecer obras ambiciosas a los lectores que buscan alternativas al panorama habitual.

»En esta ocasión, Salto de Página vuelve a apostar por una autora novel y publica El silencio de las sirenas, de la periodista y editora de Láudano Beatriz García Guirado. Un artefacto —de estupenda portada— cuya sinopsis describe una historia que parece imposible de encajar en la extensión de la novela. Pero donde desde las primeras páginas se encuentra una ágil ficción de llamativa originalidad.

»Tres temas se mueven por la novela: el protagonista Oless Svalbard, el mar y un enrevesado viaje. Oless Svalbard es un aficionado al buceo que enviudó al ser arrastrada su mujer por una ola gigantesca y que, como tantos, se pregunta qué pudo ocurrir para que apareciesen miles de ballenas muertas en las orillas de todo el planeta. Al vislumbrar lo que él considera que es una sirena en una de sus inmersiones, decide investigar el rastro de una grabación que puede dar validez a su descubrimiento y comienza un viaje de dirección errática lleno de pequeños guiños al lector y un buen número de interrogantes. Le basta con llegar a cualquier punto para que se abran nuevas incógnitas y el pobre Oless se vea enfrentado a un nuevo movimiento.

»Durante la diégesis uno llega a preguntarse qué le ocurre al maltrecho Oless, si su/nuestra realidad carente de sentido empieza a tenerlo y esto la convierte en algo todavía más incomprensible, o si es la psique y subjetividad del protagonista la que se desmorona capítulo a capítulo. Él, obsesionado con su pasado y un espíritu de aventura que en ocasiones choca con su personalidad, se ve inmerso en una serie de cambios de dirección, personajes histriónicos y casualidades que llevan al lector a dudar sobre cómo funciona el libro en el que se salta con gran velocidad de una situación a otra.

»Uno de los puntos más cuestionables de la novela está en su final. Sin desvelar detalles ni abrir cuestiones que afecten a quien se enfrente a la novela una vez leída esta reseña, la autora ofrece una pequeña solución a la que se puede acomodar el lector, quizá algo innecesaria. La validez de la prosa y el continuo de imágenes a las que se ve sometido el lector ya deben haber bastado para que tenga el dibujo y entendimiento propio sobre lo ocurrido durante sus 160 páginas.

»Lo más positivo de la novela es que nos encontramos ante la primera obra de Beatriz García Guirado, una historia narrada con un estilo cuidado que hace imaginar un largo proceso desde el comienzo de la escritura hasta que el manuscrito llegó a la imprenta. Los nombres de los protagonistas, el agua salpicando al lector, la originalidad y la posibilidad de afrontar una relectura con placer, trasladan la confianza de encontrar aquí una interesante autora a la que seguir en próximos proyectos.»

Ekaitz Ortega, C, 28 de enero de 2016
....................................................................................
Extra de sal

«No es la primera vez que la editorial de Almagro 38 nos presenta novelas plagadas de barcos y agua, temas al fin y al cabo tan ajenos a la capital. El cielo de Lima de Juan Gómez Bárcena,  Polaris de Fernando Clemont o El silencio de las sirenas de la joven Beatriz García Guirado, son algunos de los ejemplos de literatura posada en el agua que esta editorial atesora en sus fondos. En todos estos charcos, hay más de un personaje que gusta re-mojarse da igual en que aguas: habrá navegantes, habrá familias no muy conformes y por supuesto, habrá médicos expiatorios. Y esque últimamente Salto de página se ha convertido en un precioso y reparador confesionario de fisuras imposibles, incurables a la par que sabrosas. Y esto último es lo que Beatriz proyecta desde el principio de su particular novela; relatos de paladar, de sabor a ma(l)r y miedo. Siempre nos dijeron que el azul es uno de los mejores lugares donde crear historias, donde experimentar la -no- existencia, lugar preñado de símiles y metáforas,las cuales, encontrarán diseminadas a lo largo y ancho del perímetro violeta en el que buceará el protagonista y donde la libertad puede convertirse en una vaga idea olvidada cinco años atrás.

»¿Qué tienen en común un teleoperador sueco que ocupa sus ratos libres en el arte del buceo, con el narcotráfico de Bahía de todos los santos, las tribus Tupalíes y su imaginario, Jürgen, Freud, Verne, y centenares de Ballenas varadas? La respuesta : Sirenas, silencio y aceptación.

»Y esque una de las cosas que nos muestra Beatriz, es lo equivocados que hemos estado todos estos años con el mito de la voz que proviene de las escamas y su efecto sobre el héroe o marinero clásico, no es su canto sino el vacío revelador que deja cuando se acalla el vibrato. No es hasta bien avanzada la novela cuando por medio de la potencia poética del lenguaje y la disposición de recursos, ésta comienza a despertar interés en el abrumado y aturdido lector, ya que hay que estar muy atento para ‘descomprimir‘ cada x metros, si no puedes ser víctima de un ataque de pánico, seguido de un colapso y coronado por un internamiento en un aséptico lugar, donde los recuerdos pasados, presentes y futuros son usados por sus propietarios para crear identidades paralelas a modo de poza en la que inmovilizar ballenas.

»Libro de intensidades desaprovechadas aunque detrás de esto se puede apreciar una magistral audacia para transformar y dotar a los personajes de otra vida que no es la suya.»

Ruby Fernández, La Opinión de Murcia, 23 de enero de 2016
....................................................................................
 
Ir a reseñas  |  Críticas destacadas  |  Ir al libro  |  Leer un fragmento

© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

Otras editoriales del grupo: Biblioteca Nueva