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reseñas y críticas Frío
Frío, de Rafael Pinedo

«Pues decepción, contenida, sí, pero decepción al fin y al cabo, y no porque sea mala sino porque la esperaba mejor que Plop y no lo es. Por ahí le anda, pero no.

»Pero vayamos por partes. Rafael Pinedo es, era, argentino. Murió en 2006. Al cumplir dieciocho años quemó todo lo que había escrito hasta entonces —dice la editorial en su perfil— y sólo a los cuarenta retomó su producción literaria. Lo de quemar su primera producción es muy argentino; también lo hizo en su momento Sábato, si no recuerdo mal, y miren que bien le fue. Que cunda, pues, el ejemplo. Hasta los veinte uno que escriba lo que le salga de los reales alcázares, lo mismo en cantidad que en calidad, pero que sepa que después ha de quemarlo todito todo en la más absoluta de las intimidades (que no nos enteremos hasta pasado un decenio; nada de ir presumiendo por ahí) incluyendo diarios íntimos y correspondencia privada. De los veinte a los cuarenta vivir, así sin más, que ya no está mal, pero saliendo de casa, nada de hacerlo en el Facebook que luego se nota la falta de experiencias vitales. Después, en la serenidad de la madurez, escribir, entonces sí, para publicar. Con esta fórmula no sólo ahorraríamos papel, ayudando con ello a salvar el Amazonas, sino que nos libraríamos de leer las estupideces que unos cuantos creen que merecen ser leídas. No miro para nadie en concreto pero sí para todo el mundo.

»El caso es que Pinedo murió como mueren los escritores de verdad del otro lado del charco: dejando  inéditas un puñado de obras. Yo no sé qué pasa en Latinoamérica que si no es por Herralde y Mondadori allí no se publica ni el Hola. Angelitos, deben andar todos como locos por morirse para alcanzar la gloria merecida. Pues lo mismo Pinedo. Cuando leí Plop creí que no iba a volver a leer nada más (ver reseña aquí) de este señor —yo soy mucho de meter la pata menos por ingenuo que por desinformado— y ahora resulta que tiene otro libro, Frío, que además quedó finalista en no sé qué premio. Bueno sí que lo sé, era el Premio Planeta Argentina y esto ocurrió en 2004, que digo yo que da igual porque al final el puto libro quedó sin publicar ya no sé si por desinterés o falta de presupuesto. Pero aquí estamos los españoles, valientes como cosacos, que lo mismo conquistamos sus tierras, que tomamos sus mujeres, que editamos sus libros. El caso es no dejar piedra sin remover ni libro sin publicar, ni mujer sin tomar, sí. Pero esto no queda aquí, ya verán. Dice Elvira Navarro, insigne escritora nacional y prologuista del libro en cuestión, que hay otro más porque aquello que parecía algo casual era en realidad una trilogía de armas tomar de bien planificada, que se lo dijo un pajarito porque ella el manuscrito no ha llegado a catarlo. Más o menos esto, con un poco de libre interpretación por mi parte, pero sin salirme de la idea principal.

»Pero hablábamos de Frío. Esto va del apocalipsis, again. Si en la primera parte (Plop) lo peor era ver el maltrato infantil, la amoralidad general y cómo se follaban todos a todos sin miramientos ahora la cosa va de pasarlo peor que mal con el cambio climático que después de una revisión a la baja de la prima de riesgo es lo peor que le puede pasar al ser humano. Pudiera ser perfectamente un paso atrás ya que aquí, en Frío, parece que esté a punto de ocurrir lo que ocurre en Plop. Un poco rollito precuela, pues, y está por ver si en la tercera parte no se nos contará qué tiene la culpa de todo o si realmente no se habrá equivocado el becario de Salto de Página y las habrá ido pasando a edición en el orden equivocado. Retomando: la cosa va de una niña de unos veinte años que se queda solita sola en una suerte de colegio privado para jovencitas, abandonadita toda ella con su devoción por el santoral y el despertar sexual, que es acordarse de la polla del portero y darle un sofoco de tener que refrescarse con agua bendita. Al poco llegan las ratas que se lo van comiendo todo menos a ella que parece haber hecho un pacto con el demonio y no con dios como se cree. Las historias que cuenta el libro, compartimentado en minúsculos episodios tipo Plop o El Gran Cuaderno (de Agota Kristof) (esto es, dos o tres páginas cada uno) son de una economía de lenguaje ejemplar y van desde la organización diaria, a la caza de ave picuda (único sustento de la muchacha), o a las misas autoinfligidas. Y no les cuento más que les dejo sin libro tan pequeñito que es. En general la cosa va de pasar mucho frío y tenerle un miedo atroz a todos los rabos que no sean de rata. (No me juzguen precipitadamente: este chiste tan fácil tiene más enjundia de lo que aparenta pero si se lo cuento no les iba a hacer maldita la gracia y prefiero quedar yo de gilipollas antes que dejarles a ustedes sin sorpresa.)

»Lo dicho, más de lo mismo: apocalipsis y religión, no poder follar por culpa de ambos y hacerlo mal cuando se intenta por ser ya demasiado tarde y estar demasiado loco. Pero por más bonito que lo haga Pinedo y por más bien que me lo pasé yo con las desdichas ajenas no deja de ser la eterna revisión de los mecanismos de supervivencia de seres débiles que van perdiendo kilos y cordura a partes iguales. El antes y el después y el durante de un infeliz ser humano en el fin de los tiempos y lo mal que se lleva todo si hay exceso de fe porque todo el mundo sabe que para combatir el frío nada mejor juntar dos cuerpos desnudos sean estos de novicia o no pero mejor que sí. El final, que no parece querer otra cosa que provocar rechazo con una imagen efectista, me ha decepcionado bastante precisamente por eso y por otro lado el componente ligeramente sobrenatural de ciertas partes me sacaron pronto de una historia que de otro modo me hubiera podido creer a pies juntillas. A pesar de todo, un buen entretenimiento. Y ya.»

Carlos González Peón, La medicina de Tongoy, 9 de diciembre de 2011
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Frío, de Rafael Pinedo

«El subgénero post apocalíptico presenta dos focos principales de atención, dos atractores dependientes que suscitan poderosamente el interés del lector. Uno es el escenario, la posibilidad que éste nos ofrece de contemplar las ruinas de nuestro mundo bajo un hálito que suele pendular entre el lirismo y la devastación. El otro es el relato de los supervivientes, es decir, el factor humano, asunto que, como es sabido, nutre y da sentido a la literatura casi en su totalidad. La fascinación implícita en el primero de estos dos aspectos nos permite sobrellevar las penurias que dan vida al segundo. En sus dos novelas publicadas, Rafael Pinedo ha prescindido sin embargo de uno de ellos, el escenario, renunciando así a rebajar la extenuante sordidez que esencia el drama humano. Toda una declaración de intenciones.

»A primera vista, el aspecto más llamativo en la obra de Pinedo es, precisamente, su crudeza. No sólo por las realidades sórdidas que plantea, sino, más aún, por las acciones que perpetran sus personajes. Se trata de una narrativa de la supervivencia en la cual el ser humano es despojado casi por entero de cualquier atisbo de lo que nosotros entendemos como civilización. Es precisamente ese extremo el que permite al autor hurgar en los entresijos de nuestras normas sociales, de los métodos de convivencia que hemos creado como motor del progreso y que nos definen como seres humanos. Pinedo expone esas convenciones grupales a la desnudez de un mundo desposeído de adornos, vaciado hasta el hueso, y se pregunta por su utilidad bajo esas condiciones.

»Sus libros inciden, precisamente, en la relatividad de las normas culturales, en la imposible separación entre las reglas de convivencia consensuadas y su propio contexto social. Eso los sitúa en la órbita de novelas como Desgracia, en la que su autor, J. M. Coetzee, aludía a la imposibilidad de entendimiento entre bases culturales distintas. En Plop, su primera novela, el escritor argentino señala que cada entorno exige su propia base cultural. Cuanto más se acerca el hombre a la animalización, más básicas se tornan las reglas de conducta. En Frío, la utilidad de la rutina religiosa como guía de comportamiento se demuestra no sólo inútil, sino contraproducente en un mundo vacío. En un mundo post apocalíptico, las reglas tanto sociales como individuales, al igual que el hombre físico, han de adaptarse o morir. Ese, y no otro, es el nóvum de ambas obras.

»De hecho, Plop y Frío forman parte, junto con la aún inédita Subte, de una trilogía temática que tiene, en palabras del propio autor, la destrucción de la cultura como fondo. En su primera y extraordinaria novela, las leyes y los ritos tribales marcaban el devenir de un grupo humano llevado casi hasta la animalización. El protagonista de Plop se valía de ellas para medrar y ascender hasta la cima jerárquica de su tribu. Al final, no es su tiranía o su crueldad lo que acaba con su posición (y su vida), sino su intento postrero de vulnerar las normas, algo que el resto se ve incapaz de tolerar. En Frío aparece el mismo tema, el respeto por la norma cultural incluso en las situaciones más extremas, aunque el conflicto en este caso no es grupal, sino individual, y la convención social es aquí sustituida por la religiosa.

»La protagonista sobrevive en un convento a una ola de frío extremo que devasta el mundo. Sus compañeras se unieron al éxodo general y ella decidió quedarse. Ahora es su única moradora, junto con las ratas y el omnipresente frío. La novela recoge la crónica de su supervivencia, en la que se entromete de forma crítica su devoción religiosa y algún visitante esporádico no muy bien recibido. Su actividad diaria es un informe de penurias. Sus fatigosas abluciones semanales, la colocación de trampas de caza, el despellejamiento de las presas…, toda actividad que realiza está sujeta a la tiranía del frío y a otra aún más despótica: el cumplimiento estricto de sus rituales religiosos.

»La obsesión por su creencia, en la que cobran una gran importancia los tabúes sexuales, da lugar a situaciones que muchos lectores encontrarán perturbadoras; más, incluso, que la propia protagonista, cuya ignorancia sobre su propia sexualidad afecta a la narración misma cubriéndola con un velo que el lector ha de destapar. Frío ofrece momentos buñuelescos de morbosa brillantez. La fornicación con la imagen de Cristo, la eucaristía con las ratas o la limpieza de la niña encontrada en la nieve constituyen imágenes desasosegantes, de una potencia devastadora, que dejan su impronta indeleble en la mente del lector. No es éste un libro fácil para sensibilidades extremas.

»Al igual que Plop, esta novela se divide en capítulos breves, de tres o cuatro páginas. El estilo narrativo continúa siendo conciso, aunque la exposición descriptiva goza de una mayor presencia y la linealidad argumental es más contundente. Pinedo posee un gran dominio del tiempo, y presenta una serie de flashbacks en el momento justo, sin que afecten al ritmo del discurso. En ellos se representa un episodio crucial en la formación del personaje y su futura personalidad, un pequeño drama personal que explica su posterior forma de pensar. El resto de la narración supone una escalada de sucesos que culmina con una imagen final tan terrible en apariencia como brillante en su significado.

»Hay un aspecto que sobresale incluso por encima de los demás en el buen hacer de Pinedo: su pericia como narrador. Con Frío refrenda lo que ya había apuntado en su primera obra, que es un escritor con voz propia, quizás la virtud más difícil de conseguir en su oficio. La economía de medios, el uso de una tercera persona casi infantil, desprovista de adornos y de cualquier signo de enjuiciamiento moral, que se entremezcla con algunos pensamientos de la protagonista, crea una voz singular que es indivisible del contenido. Sin ese tono la narración no sería la misma, no provocaría el mismo efecto en el lector.

Es este aspecto, más que la pura similitud de los futuros descarnados que ambos describen, lo que le acerca a la prosa de Cormac McCarthy. Su gusto por la concreción y la economía formal lo acercan a la segunda etapa del norteamericano, pero incluso desde una mayor parquedad. Su narrativa conceptual parte, como la de aquél, de una fuente de creación interior, propia, personal. Son los miedos y obsesiones del propio autor los que le empujan a la creación literaria, no con un afán simbólico o metafórico, sino utilizándola como herramienta de acusación directa, para denunciar lo que todos escondemos. En opinión de ambos, si se desnuda al ser humano de sus ropajes civilizados, lo que emerge a la vista es el animal superviviente. Es difícil saber de dónde parte el pesimismo de Pinedo. Tal vez de aquel oscuro diciembre argentino de revueltas y brutalidad en las calles. Tal vez de algún drama propio. Seguramente, de alguna oscura región interior. Lo cierto es que su visión literaria es desoladora.

»En mi opinión, por  las razones expuestas, estamos de nuevo ante una novela extraordinaria. Rafael Pinedo falleció a finales de 2006. Una auténtica desgracia, no sólo personal, sino también literaria. Su legado, representado de momento por estas dos magníficas obras, es impresionante. El díptico formado por Plop y Frío se encuentra, a mi entender, entre lo mejor que haya dado la ciencia ficción post apocalíptica en castellano hasta la fecha. Es una auténtica tragedia que obras como estas permanezcan en el anonimato mientras que otros tipos de literatura muy inferior inundan la mayoría de las páginas personales en la Red. La ciencia ficción sigue su camino ascendente ante la mirada ajena de sus aficionados.»

Santiago L. Moreno, Prospectivas, 4 de octubre de 2011
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Frío

«Frío es el libro segundo de una trilogía compuesta por Plop (primer premio de novela Casa de las Américas en 2002) y Subte, una visión apocalíptica sobre la destrucción de la cultura elogiada por la crítica como una obra excepcionalmente original y atípica, que en España está siendo editada por Salto de Pagina.

 »Frío quedó finalista del premio Planeta de Argentina en 2004. Una novela (corta) que ofrece una mirada descarnada, radicalmente intimista y de una gran calidad literaria, en donde el fervor religioso y la irreverencia cuentan con fronteras difusas, y cuya trama posee la rara habilidad de conmover y provocar a la vez un enorme disfrute intelectual. Una historia transgresora que, desgraciadamente, ha pasado tan desapercibida como la primera para el gran público, escrita por un narrador que cumple todos los requisitos para ser considerado como un autor “de culto”: el malogrado Rafael Pinedo, quien falleciera en diciembre de 2006. El texto se acompaña de un clarividente prólogo a cargo de la escritora Elvira Navarro, especialista en la escasa pero sobresaliente obra de este escritor bonaerense.

»Nos encontramos ante una historia de supervivencia en un marco de fin del mundo. La acción se sitúa en un aislado convento ubicado en un ignoto lugar de Argentina, en un tiempo indeterminado aunque cercano. Largas columnas de refugiados huyen del sur empujadas por una climatología cada vez más adversa, una ola de frío de origen desconocido aunque en ella se intuya, de alguna manera, la mano del hombre. La innominada protagonista es una joven novicia que decide quedarse cuando el resto de monjas y alumnas del internado parten hacia regiones más cálidas. Para sobrevivir sin apenas recursos a su alcance, desde el primer día se impone un estricto régimen de trabajo y racionamiento, que convierte su devenir diario a una cuestión de pura subsistencia: vestir múltiples capas de ropa con las que afrontar el intenso frío, deambular por las congeladas estancias reparando o reduciendo a astillas el escaso mobiliario, alimentarse frugalmente de comida en conserva o salazón, limitar el uso de la salamandra para calefacción en su minúscula celda abarrotada de símbolos religiosos, reducir el aseo personal a una pudorosa limpieza semanal y, por encima de todo, orar y martirizar su cuerpo terreno para consagrar el alma a dios.

»Ante la soledad y el silencio absolutos que impone un mundo estático cubierto por un perenne manto de nieve, las ratas constituyen su único remedo de compañía. Unas criaturas que a punto estuvieron de acabar con su existencia cuando devoraron todas las provisiones y la obligaron a idear una nueva forma de procurarse alimento, pero que en su fuero interno siente que la protegen y cuidan a su especial manera. Poco a poco, comienza a forjarse una grotesca relación de índole religiosa en la que los roedores adoptan el papel de acólitos de un insólito culto a la carne, cuya liturgia se torna más compleja a medida que la novicia protagoniza una progresiva involución y el recuerdo del calor se aleja cada vez más.

»Frío aúna la mirada cristiana y, en cierta medida, esperanzadora del Apocalipsis de la humanidad presente en la magistral Cántico por san Leibowitz de Walter M. Miller, Jr. con el estilo más crudo y descarnado de Cormac McCarthy en La carretera; una parquedad estilística que es todo un prodigio de economía narrativa. En capítulos muy breves, de apenas tres o cuatro páginas de sencilla prosa desadjetivada, el personaje principal y prácticamente único alterna presente con recuerdos y ensoñaciones de familia, retratando un mundo al borde de la pérdida total de la esperanza; un personaje que se nos hace íntimo en sus contradicciones y anhelos aunque apenas lleguemos a conocerlo superficialmente.

»Pinedo dosifica con pulso de maestro la información que suministra y dota al texto del tono y atmósfera perfecta para retratar esta épica lucha por la supervivencia protagonizada por una muchacha ingenua que acaba de dejar atrás la etapa de niñez para incorporarse a una incipiente y titubeante edad adulta. Una muchacha fuerte y de sólidas convicciones morales aún no puestas a prueba por los avatares de la vida, nacida en el seno de una familia acomodada y clasista, y que no puede evitar añorar el calor humano, la seguridad, felicidad y relativa opulencia de los pasados años.

»Una lectura atenta nos permite averiguar que fue enviada al internado para evitar a un pretendiente que no la convenía, que su madre murió y su padre se olvidó pronto de ella, que su cuerpo comienza a despertar a una sexualidad que su mente se obstina en reprimir (y que en sueños aparece representada por imágenes cálidas y la visión idealizada del enamorado) y que siente unas cada vez más explícitas e irreprimibles inclinaciones lésbicas (el rudo portero le produce asco, añora la figura de su amiga Maria Angélica, acaricia el cuerpo exánime de la niña que encuentra en la nieve, considera el coito un acto inmoral y animalesco). Los rigores que la soledad y privaciones imponen en su persona, unido a su naturaleza retraída y marcada vocación religiosa, provocan en la novicia una regresión hacia estadios primarios de satisfacción de necesidades básicas (supervivencia, alimentación, sexualidad, compañía) y abrazar para su impía congregación un chamanismo mágico y tribal, elemento ciertamente polémico y que refleja como pocos la deshumanizadora involución cultural.

»La novela se inicia con una de las muy escasas concesiones al dialogo (sería más propio hablar de monólogo): “El frío duele”, que resume a la perfección la idea de extrema soledad que aflige al personaje; un helor que, junto a las aves modificadas a las que la novicia llama simplemente “gaviotas”, son el único signo visible de que el mundo ha cambiado, quizás para siempre. Y concluye en un desolador último capítulo en el que la muchacha se abandona a las fantasmagorías del sexo nunca hollado y al oficio de una última ceremonia, consciente de que no hay espacio para ella en el nuevo mundo pese al retorno de la esperanza que representa el regreso de la caravana de vehículos a motor.

»Frío es una historia intimista y maravillosa, una pequeña joya del minimalismo literario al que si hubiera que buscarle un defecto ése sería su dolorosa brevedad. Habrá quienes la interpreten en clave de texto blasfemo y quienes aprecien en ella toda la pureza de una mente simple consagrada a la vida contemplativa y a dios; en todo caso, una narración sencilla que atrapa poderosamente la atención y nos traslada a un mundo singular, tremendamente realista y crudo, presidido por el omnipresente frío. La narración incluye abundantes argentinismos (y algunos anglicismos) que, lejos de resultar un inconveniente, aportan un sabor local y enriquecen notablemente el texto. Espero con ansia la publicación de la tercera y última parte de esta trilogía: Subte, anunciada para publicación este mismo año.»

Mariano Villarreal, Literatura fantástica, 26 de abril de 2012
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Frío

«Aunque su novela anterior publicada en España, Plop, en este mismo sello, apareciera en 2007 sin ningún fuego cálido y cercano que la amparara, esta otra, Frío, sí lleva un prólogo que te advierte prudentemente de lo que nos vamos a encontrar, y lo firma la novelista Elvira Navarro. Plop, Subte y Frío es lo único que ha dejado este escritor argentino, Rafael Pinedo (1954-2006), que sólo vivió para ver publicada en su país la primera, un escritor que a los 18 años quemó las naves de su entusiasmo literario ardorosamente juvenil y que no reavivó esas brasas hasta los cuarenta, lo que le permitió dejarnos esta suerte de extraña y desasosegante trilogía, de la que solo voy a referirme a la tercera, la única que conozco —me espera Plop— y a la que le pertenecen estas líneas. Capítulos muy cortos, cortísimos, párrafos breves, frases muy comprimidas, en las que todo es sustancia. Un tiempo impreciso, un paisaje no identificado, un tiempo y un paisaje petrificados por el frío, el hielo, la nieve. Un convento abandonado, todo el mundo ha huido, menos una mujer, una monja, que es, a su vez, a partir de entonces, ermitaña forzosa y, además, náufraga en esa isla de límites acotada por el hielo, la desolación, la violencia del frío, una náufraga que lo es todos los días de la semana, sin un viernes acogedor, que lucha, desde su fe religiosa tambaleante, oscilante, y desde su fe en la vida, desde su convicción de sobrevivir, por conseguirlo: vivir, buscarse comida, protegerse del frío infernal, ampararse de ocasionales extraños —ninguna isla está deshabitada del todo; el mal, el peligro siempre es una sombra acechante— que amenazan su terrible existencia. Sobre todo, las ratas, que acaban siendo feligresas de una santa misa imposible, que tiene más de ceremonia dadaísta que de acto blasfemo. Pinedo no pudo superar las inclemencias de la vida —un cáncer— pero sí nos dejó esta extraordinaria y bellísima novela, absolutamente recomendable.»

Javier Goñi, Babelia, 12 de noviembre de 2011
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Frío de Rafael Pinedo

«No tenía pensado leer este libro hasta dentro de un par de semanas, pero como tenía una tarde libre y no me apetecía leer nada muy extenso o enrevesado, me puse con él y ¡bendito el momento en el que lo elegí! Entre lo cortito que es, la forma de narrar del autor y la historia, el libro se lee en un par de horas, dejando al final una espléndida sensación.

»Una de las cosa que llama la atención a primera vista es la portada. En un primer vistazo puede parecer muy simple, pero tras leer el libro se puede apreciar mucho más de lo que parece en un principio. Sin destripar os puedo decir que lo blanco que aparece en la parte de abajo es la nieve que lo cubre todo, el frío. La figura negra obviamente es la protagonista, ¿pero por qué aparece desnuda? Básicamente se podría decir que por el tabú que tiene respecto a su propio cuerpo, sus necesidades y las relaciones carnales; ¿y eso blanco que aparece a su alrededor? Eso serían las capas y capas de ropas que tiene que llevar encima para no morir congelada en el convento, ya que la ola de frío es tan dura que incluso dentro de las cuatro paredes del edificio debe llevar ropas gruesas para no morir congelada. El palo largo que agarra sería la lanza con la que llegado el momento caza. Puede haber gente que me diga que es el cetro con el que oficia misa, pero lo veo demasiado fino para ello.

»En la contraportada sale el mismo fondo que en la portada, la única diferencia es que en vez de salir la chica, hay tres ratas, las incansables amigas de nuestra solitaria protagonista.

»He puesto este breve comentario de la portada porque lo primero que nos llega es ella, la portada. No nos pongamos ahora en plan intelectual ni nada por el estilo, las cosas como son, por ello mismo la mayoría de los libros tienen portadas lustrosas y llamativas. Este libro no tiene una portada que llame a la mayoría de los lectores, puede parecer mediocre, pero tras leer el libro cobra muchísimo sentido y aflora su belleza.

»Antes de nada voy a explicar por encima qué es eso de la "antropología" que sale en la sinopsis. En líneas generales sería el estudio del hombre, tanto como individuo, como parte de la sociedad, su pensamiento, su lengua, su cultura, su forma de proceder en él mismo, con la comunidad y con el medio que le rodea, etc.

»Esto nos ayudaría a entender lo que plasma el autor en el libro, cómo introduce a su personaje en una situación extrema para llevar al límite esas reglas por las que se dirigía cuando vivía en sociedad, cómo de inútil son algunas de ellas, e incluso cómo de frágiles son otras.

»Esta chica, la protagonista, vive en una escuela convento, donde vive desde joven. De pronto y sin saber cómo ni por qué comienza una ola de frío, y la madre superiora decide dar cobijo a pobres (chicos y chicas) mugrientos, enfermos, etc., a eso se le llamaba "caridad cristiana" según ella, pero la prota decía que no, que eso no era caridad y que traería problemas como luego traería... Intentos de violación, peleas, etc.

»Mmmm... En este punto el autor nos muestra cómo en la chica primó su instinto de supervivencia antes que su religiosidad. Ella se quiere hacer creer que la caridad cristiana tiene algo que ver con el estatus social-económico, y además también con las probabilidades de que haya más o menos problemas. Hay que fijarse en que ella pone como argumentos los problemas que vendrán para decir que eso no es caridad, tal vez así le sea más fácil el no ayudar tanto y por ende, tener más posibilidades de sobrevivir. Ya que ¿desde cuándo cáritas o alguna otra organización cristiana o de otra religión dice "no voy a X sitio porque sé que habrá problemas"? Ella ve que su equilibrio, su vida, su supervivencia se ve amenazada e intenta que no sea así.

»Durante toda la novela podemos ver el día a día de una "superviviente" en un lugar y situación hostil, y al borde de la muerte (se podría decir). En un lugar helado donde el calor nunca llega, donde hombres, niños, mujeres y animales dejaron para irse a las tierras cálidas del norte. Una historia de una chica por la supervivencia que se refugia en aquellas pautas con las que creció, pero que poco a poco se verá que no tienen mucha utilidad en tal situación.

»Una de las primeras contradicciones que el autor nos presenta sería la de la religión, aunque en realidad se podría aplicar a cualquier ámbito. Cómo la gente dice y aparenta ser de una manera para luego pensar y hacer otras. Lo hipócrita y mojigata que es la sociedad por mucho "maquillaje" (cultura, religión, etc) que se ponga por encima. Un ejemplo sería la experiencia de la chica por enamorarse de un chico que no viene de una familia tan adinerada como la suya:

»"—Que seamos cristianos y no tengamos inconveniente en conocer a gente de otro nivel no significa que no veamos las diferencias —replica su padre como un lanzador de puñales.

»No se atreve a seguir hablando del tema; conociendo a su progenitor le queda claro que no lo aceptará, que nunca permitirá que lo vea."

»No tarda nada en aparecer otras perlitas sobre el racismo y también la religión:

»"Casi todas las estatuas estaban ya en bastante mal estado; (...). La Virgen sobre el altar estaba milagrosamente intacta. (...) El único santo que estaba también intacto era San Benito.

»Negro, ni las ratas lo quieren".

»Sigue hablando del Santo Negro:

»"(...) no tenía muy claro por qué Dios le había puesto la imagen de este santo y no otro más conocido, más como los que la gente seguía."

»Os recuerdo esto lo suelta una monja cristiana que en teoría no debe ver color de piel, sino solamente a personas...

»Con todo, no todo en el libro es crítica, también tiene su toque de humor, o a lo mejor es que soy muy retorcida y solamente yo le encuentro la gracia a la escena, ¡pero no todos los días se ve una misa oficiada para las ratas que conviven contigo!

»"Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los homres y a las ratas que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendemimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias. Señor Dios, Dios Padre todopoderoso. Señor Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios -había evaluado muy seriamente la posibilidad de cambiar "Cordero de Dios" por "Rata de Dios", pero le pareció que no podía extralimitarse tanto-, (...)."

»Y seguimos en la misma ceremonia pero ya en el momento en el que llega a su fin:

»"—Podéis ir en paz.
—Demos gracias a Dios. (...)
—Con el báculo como protección, por si alguna (rata) no había recibido la paz de Cristo, caminó solmnemente por el pasillo hasta la escalera que la llevó a su cuarto."


»En realidad la escena es mucho más chocante que cómica, pero con todo lo que había pasado la chica, digamos que se necesita ver esta escena como cómica para descargar la tensión y todos los vaivenes que sufre la protagonista.

»Obviamente llega un momento donde la chica pierde la cabeza por la soledad y el miedo. Tanto tantísimo que tras abrir en canal el cadáver de un puma...

»"Apurándose como si algo importante fuera a ocurrir se vistió con la casulla, la estola se colocó la piel sobre los hombros, calzando el maxilar superior sobre el pasamontañas, todavía con restos de cerebro, no importa que me quede inmundo.
(...)
Dijo su misa abrigada por el cuero del puma, abrigada por los brazos de Cristo, Dios mismo la abrazaba. Podía sentir la sangre que empapaba el pasamontañas, que chorreaba hasta sus ojos, mojaba las mangas de la casulla y las convertía en brazos de hielo que se quebraban cuando levantaba sus manos en oración."


»Juro que mientras leía esto ni respiraba y tenía los ojos como platos. No me podía creer lo que estaba leyendo, no solo por la escena en sí, sino por lo que desencadena este acto, lo cual no voy a contar porque es muy triste e intenso.

»Uno de los extremos de la locura donde el autor más se centra es en el fanatismo religioso (más concretamente en el pecado de la carne):

»"Muchos pelos: en el labio, en el mentón, en los pezones, el pubis. También en las piernas, largos pelos negros. Como una rata, es una rata. No, no tiene tanto pelo, pero se está acercando, cada vez más rata, cada vez más pura."

»Hay que entender que para la protagonista es impúdico el verse desnuda aunque sea para lavarse, nada de restregarse mucho, nada de mirar a otros, de tocarse, y ya ni hablemos de mantener relaciones... Todas aquellas personas que mantienen relaciones sexuales que no estén dirigidas a procrear y que den un mínimo de placer son irremediablemente pecamisonosas. Las mujeres serían una especie de zorras y/o putas, mientras que los hombres serían animales en celo.

»Lo mejor de todo es que es tan ignorante en el tema del propio cuerpo, de satisfacerse y satisfacer a otros, que muchas veces ella comete esos actos impuros con ella misma o con otros sin saberlo, simplemente para darse calor. Sí, tal como lo estáis leyendo.

»¿Qué lectura se puede sacar de ello? Personalmente creo que viene a criticar (again) la defensa de lo mojigato, de la incultura, de la censura, de la "represión" a uno mismo, a sus necesidades y por lo tanto a su felicidad, entre otras cosas.

»El final me ha encantado. Creo que termina de la mejor manera. La protagonista toma esa decisión porque llegados a ese punto, por su mundo creado a su medida por ella misma, ve incapaz el reincorporarse a la sociedad y volver a vivir según esas "leyes culturales" por las que antes se regía. Me ha parecido muy consecuente, extremista, pero consecuente y único final.

»Solo puedo decir una cosa, y es que leeré más de este autor, me ha gustado mucho la manera de narrar la historia, la sensibilidad con la que impregna sus páginas, y ese nuevo giro que le da a los aspectos culturales que nos dirigen. Es una pena que haya fallecido y solo dispongamos de un puñado de obras escritas por él.

»¿Lo recomiendo? Sin duda alguna, tanto a chicos como a chicas, tanto si os gusta el tema como si no, tanto si se busca algo nuevo como si no. Es un libro diferente a lo que solemos leer, escrito con mucha sensibilidad y sutileza dando la información necesaria para montar la obra, desarrollar unas cuantas escenas, empezar a esbozar pequeñas ideas y que así el lector no se aburra y encima piense sobre lo que acaba de leer.»

MJ, La duermevela del visionario, 29 de abril de 2011
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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