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reseñas y críticas Hasta que me orinen los perros

«Desde la novela picaresca como alegoría del desarraigo y catálogo de palizas, la narrativa española ha multiplicado el varapalo como una metáfora de la formación nacional. En la orilla latinoamericana ensaya el Apocalipsis, y en Pedro Páramo ya todos los personajes han muerto. Esa lección (entuertos y quebrantos) es asumida por los nuevos narradores. Fernando Ampuero (Lima, 1949) es de los más elocuentes. Creíamos que la picaresca se basaba en las licencias del yo. Hoy sospechamos que la confesión y las memorias son una postulación del tú. Si en su novela breve Caramelo verde (metáfora del dólar), el narrador confesional nos persuadía de que era inocente aunque había matado a su novia, en ésta (su título define la sobrevivencia), la paliza es parte del robo organizado. El narrador, implicado en su relato, incluye al lector en la comedia de la marginalidad; en este caso, se trata de taxistas que venden a sus clientes borrachos a la mafia que les esquilma. “Aquí, en esta ciudad, estamos hechos para odiar a la gente”, declara el narrador. Y el lector forma parte del sistema de valores que hace del mercado informal una forma de extorsión. Alberto, el taxista, es un héroe del capitalismo popular, y convierte la ciudad en una selva de astucia. La ciudad sobrevive fuera de la ley, cuyo último eslabón perdido es la policía. Rosa, la mujer de Alberto, es policía. El lector debe ser cómplice de la sobrevivencia de uno o del sacrificio de la otra. Con humor negro, crudeza y crueldad, nos dice que en una sociedad donde los valores tienes precio, el pícaro es el último bastión de humanidad irrisoria, y nos deja entre las manos el escándalo de su mundo al revés. Leer es hacerse cargo de un crimen colectivo que ya no reconoce inocentes. No lo es el relato, tampoco el lector. Esta novela es la versión picaresca de un brillante cuento de Ampuero (Taxi driver, sin Robert de Niro), convertida en película, y que ahora multiplica su juego de espejos en una ciudad donde “la economía mejora”.»

Julio Ortega, El Pa├şs, Babelia 855, 12 de abril de 2008
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«Los protagonistas de esta novela son los nadies. Seres que viven en el mundo con el único propósito de salir a flote, sin pensar en el futuro —porque para ellos no existe—, alimentan la esperanza de alcanzar un poco de suerte y dar otro paso de salvación momentánea. Los nadies no tienen suficiente dinero para permitirse ser buenos u honestos y sustentar una ética, lo que tienen que hacer lo hacen sin más; tanto si trata de un viaje en taxi, como de un robo o un asesinato. Los nadies sobreviven de milagro, el azar quiere que hoy sean dichosos y, al minuto siguiente, tal vez no. Hay cierta grandeza en la miseria de los nadies, cierta épica del fracaso y la abyección, cierta soledad de tragedia sin público. Porque los nadies mueren un día sin que nadie les eche de menos.

»Fernando Ampuero nos amenaza con la hiriente mirada de quien no se resigna a contemplar el sufrimiento cotidiano de esos seres en la ciudad de Lima. Lo hace en clave de novela negra pero quiere alcanzar la médula de nuestra humanidad. Ampuero nos cuenta la historia de un nadie a quien el medio hace un criminal. ¿Pudo ser otra cosa? No pudo.»

Arturo Garc├şa Ramos, ABCD, 24 de abril de 2008
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Hasta que me orinen los perros en Literatura en breve

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Juan Jacinto Mu├▒oz Rengel, RNE, 24 de abril de 2008
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Fernando Ampuero: para salir adelante

Hasta que me orinen los perros (Editorial Salto de Página 2008) es el duro, agresivo título de la novela del peruano Fernando Ampuero (Lima, 1949). "Aquí, en esta ciudad, estamos hechos para odiar a la gente" es la inicial y promisoria frase de la novela y síntesis de su enfermiza y peligrosa, violenta atmósfera moral de las coordenadas urbanas de avenidas, plazas, barrios y lugares mil de la Lima horrible y oscura, donde se juntan gentes que viven como pueden con otras cuya supervivencia es un infierno. El novelista Ampuero vuelve a ejercer de cronista o retratista en negro de una ciudad despiadada y desahuciada en cuya noche trajinan el crimen y la droga, la delincuancia organizada y sus solitarias víctimas. En el destructivo caos de la noche Ampuero arroja —la noche es limeña, claro— nuevamente su benévola mirada: la posibilidad de bonanza, de logro de cierto bienestar de quienes no ven otra salida sino el organizarse fuera de la ley y obtener réditos del delito.

»Tal es el mensaje de esta novela; tal es la "receta Ampuero" para víctimas y seres abocados a un vivir como callejón sin salida: una solución para la que el escritor habilita su particular deus ex machina con felices (aunque poco verosímiles) resultados. En el empeño de hacer de la estafa a viajeros borrachos un próspero negocio el novelista da incluso un paso más al convertir en impulsor de la estafa a un taxixta con algún residuo de honestidad (aunque mire hacia otro lado) y a su esposa, ejemplar policía motorizada en la misma Lima que se consume en la tinta roja de los sucesos. El mensaje final de la novela, que lo tiene, es la acomodación a un presupuesto de pura conveniencia, a la meta del éxito, a un estatus de vida aburguesado, a la instalación en una amoralidad individual sin otros principios que el puro negocio de prosperar sobreviviendo y asegurando los mecanismos de esa rentable cuerda floja del delito.

»Poco más puede decirse de Hasta que me orinen los perros, novela cruel de un implacable y realista retrato urbano: escenografía social y humana —sórdido submundo— a la que el novelista aplica una óptica transgresora en lo ético, posibilista en lo humano concreto y hasta sostenible ocasionalmente. Ampuero ve la vida limeña, en esta novela, desde arriba, reduciendo a sus personajes a la categoría de peleles o comparsas a los que vapulea y por los que, en casos contados, siente cierta compasividad, cierta solidaria comprensión, La transgresora solución que propone es un nada justificable mecanismo de defensa que actúa como solución in extremis frente a una vida imposible.

»Es esta novela de Fernando Ampuero de áspera y casi jergal escritura, de escenario inmisericorde y de perversos sucesos, una obra de aparente secillez, pero de profundo calado como reflexión moral y social. Una novela denunciadora, aunque poco ejemplarizante: el arte no tiene por qué serlo. Al novelista le llega con no cargar las tintas; con ver el lado amable de algo que excede la picaresca, aunque en ella está su degradado origen. Buena novela, hasta con su toque de originalidad.»

 

Luis Alonso Girgado, Diario de Ferrol, 10 de agosto de 2008
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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