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reseñas y críticas Horror vacui

«“… Lo que siempre ha estado en juego, no es la vida. Es el teatro.” Hacia el final de la novela esta frase es la clave. En ese juego de representaciones incluyo la propia identidad. ¿Quiénes somos? Porque a veces somos uno y a veces no nos parecemos en nada a ese que somos. Nuestro comportamiento depende de las situaciones y depende de nuestros interlocutores. Somos todo ello, múltiples conductas en diversas situaciones con compañeros diferentes. Sería demasiado pobre que todo eso se considerase una sola identidad. Lo hicimos todo por ti, es la disculpa.

»Isaac es un tatuador. No recuerda nada de su vida anterior a los últimos 10 años. Tampoco tiene documentación, fotografías, domicilio, familia o amigos que pudieran relacionarle con ese período de su vida. Sólo una gran cicatriz en forma de sierra en la cabeza. Además de su amnesia, padece un trastorno obsesivo compulsivo. Siente la imperiosa necesidad de contar constantemente: las pestañas de la gente, las escamas de un pez, las farolas de camino a su casa, los parpadeos de un fluorescente que funciona mal. Todo ello son rutinas con las que trata liberarse de su ansiedad. Con esas rutinas de conteo, dibujando y tatuando, ocupando todo su espacio con imágenes, trata de liberarse de la ansiedad que le provoca el vacío de su memoria.

»Este es el planteamiento de este thriller psicológico sobre la identidad en un ambiente inquietante dominado por la lluvia, la desconfianza y unos personajes tan estrafalarios como amenazadores. Llega un  momento que no sabes realmente si el protagonista está viviendo todo eso o es una alucinación de su mente perturbada. Los autómatas, Antonia íntegramente vestida de rojo, Alois íntegramente vestido de blanco, el ausente Maurice Cornelius.

»Todo se centra en adivinar quién es Maurice Cornelius y porqué encarga a Isaac que pinte sin dejar ni un punto blanco todas las paredes de una habitación inmaculadamente blanca. Una habitación que había servido para exhibir a los autómatas. La tensión va creciendo hasta las últimas páginas de la novela que son para leerlas sin respiración. Del mismo modo que todo comienza con un punto, todo termina con un fundido en negro. Cada paso para descubrir el enigma es un punto con el que recomponer el dibujo de su pasado. La transformación del vacío en una plenitud empieza con un punto, con una escama, con un pez de trescientas cuarenta y cinco escamas. Este pez se transforma en lagarto y el lagarto en un ave. En la transformación de la identidad Isaac encontrará la clave de su vida pasada. La autora plasma esa transformación perfectamente con una narrativa muy visual, muy concentrada en los colores y que recuerda a los grabados de M.C. Escher, Maurits Cornelis Escher.

»Esta primera novela me ha parecido muy arriesgada por lo difícil de seguir al protagonista desde su propia cabeza, desde su propia obsesión. A veces la trama decae un poco. Aparecen quizá demasiados personajes que no aportan mucho y despistan; pero el ritmo de resolución sobre todo a partir del último tercio del libro es desasosegante. Muy recomendable.»

LibrosLocuras, marzo de 2016
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Narrativa reciente

«Horror vacui, el debut novelístico de Paula Lapido (Madrid, 1975) no resulta redondo pero apunta buenas maneras; la autora demuestra tener ambición para urdir una trama compleja, buena mano para crear personajes (si acaso demasiado dependientes de aspectos físicos en detrimento de los más necesarios colores psicológicos, no siempre bien resueltos), y notables dotes para la construcción de atmósferas y de detalles inquietantes (un maravilloso columpio autómata, por ejemplo), cuya simetría fractal parece a veces aludir a los juegos gráficos de Maurits Cornelis Escher (“siempre es posible mirar desde más cerca. Advertir detalles cada vez más pequeños a medida que los ojos se aproximan al objeto observado” (p. 79), detalle no baladí si tenemos en cuenta que uno de los personajes centrales se llama Maurice Cornelius, círculo que termina de cerrar la página de Pinterest de la autora.

»Los dos mayores reparos que cabe ponerle a Horror vacui serían, por un lado, su recurrencia a lo que he denominado en otro lugar tentación psiquiátrica de cierta narrativa española, que parte de manuales de psiquiatría o psicopatología para construir un personaje; por otro lado, la recreación de un TOC (transtorno obsesivo compulsivo) en la prosa para remedar el que sufre el personaje, algo quizá preciso si la historia se contara en primera persona desde el punto de vista de quien sufre el TOC, pero innecesario (por no decir impropio) para un narrador omnisciente limitado que asiste en tercera persona al desarrollo de los acontecimientos. Esta abundancia en la repetición de las manías compulsivas de Isaac, el protagonista, hace que la lectura sea en ocasiones algo tediosa, sensación que he contrastado con otros lectores de la novela. Sin embargo, Lapido tiene un don para sembrar inquietud, y gracias a él la novela mantiene el interés; cuando la trama finalmente avanza, cada diez o quince páginas, el lector agradece que ocurra algo fuera de la repetitiva cabeza de Isaac y prosigue con la lectura. Quizá para futuras obras la autora tenga presente que el estilo se construye, en parte, gracias a la repetición (lo dijo Kermode sobre Hamlet, entre otros), pero no mediante el hartazgo. Horror vacui satisfará a lectores de diversos géneros (detectivesco, de thriller, de fantasía), y también debe interesar a un lector de gusto más general, que hubiera finalizado feliz la narración si se le hubieran ahorrado cincuenta páginas de peces imaginarios.»

Santos Sanz Villanueva, Diario de Lecturas, 11 de julio de 2015
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«Tras su libro de relatos Teoría de todo, finalista del Premio Setenil en 2010, y de haber participado en varias antologías de cuentos durante los últimos años, Paula Lapido publica Horror Vacui, una ambiciosa narración de obsesiones y engaños a medio camino entre la novela negra y la psicológica. De la primera no le faltan los personajes misteriosos, la seductora mujer fatal y, por supuesto, los asesinatos. De la segunda, el protagonista atormentado, en este caso, por el vacío de un pasado que no puede recordar, lo que le obliga a colmar con dibujos otros vacíos a su alcance, ya sean de papel, de ladrillos o de piel humana.
»Isaac es un tatuador huraño con poco trabajo y aún menos vida social, que malvive en un cuchitril en el que ocasionalmente se aventura algún cliente. Pero las limitaciones materiales no le quitan el sueño, está demasiado ocupado contando escamas, las trescientas cuarenta y cinco exactamente que tiene el pez que dibuja una y otra vez con una compulsión agotadora. Lapido transmite con precisión el caos de su mente torturada, un caos que ya nos asalta, por cierto, desde la misma cubierta del libro, un maremágnum de peces tan inquietante como abrumador, ilustrada por Javier Jubera: «Peces. Peces. Una escama, dos. Escamas. Lagartos. Peces. Peces. Se descubrió a sí mismo reproduciendo de nuevo el gesto de los dedos de Antonia. Un movimiento por cada paso de ella. Clac. Pulgar-índice. Clac. Pulgar-Corazón».
»Tras la noche en la que Isaac descubre el cadáver de un hombre degollado sobre la acera, su solitaria vida dejará de serlo, aunque cada nueva persona que conozca resulte aún más extraña que la anterior: la hermosa mujer que le encarga un trabajo imposible; el constructor de autómatas; la fabricante de pelucas de edad indefinida, o el vagabundo que necesita tener siempre dos cosas diferentes en cada mano. Este insólito catálogo de personajes y las situaciones en que se ven envueltos, que Isaac no siempre logra comprender, evocan por momentos ese país maravilloso de Alicia en el que la mujer más bella puede ser también la reina más sanguinaria y donde nada es lo que parece, empezando por la propia Alicia.
»Aunque Paula Lapido se sirva de la intriga para mantener atrapado al lector en la resolución del crimen, el verdadero enigma que debemos resolver es el que representa Isaac, cuya memoria asemeja ese lienzo en blanco que necesita imperiosamente llenar. De su pasado no conserva más que los últimos diez años, ocupados en tatuar cuerpos humanos y dibujar peces de trescientas cuarenta y cinco escamas como si la exactitud de su diseño fuera el único medio de recobrar la memoria. El vacío constante en que vive alcanza a todos los ámbitos de la novela, incluido el geográfico, ya que ni un nombre ni una descripción nos permiten reconocer la ciudad o el país en los que transcurre la acción, que hasta los nombres de los personajes sugieren orígenes diversos: Alois, Emil, Otto, Maurice, Nancy…
»Esa nebulosa deliberada, reflejo de la bruma que rodea al protagonista, llega a resultar casi alucinógena cuando las obsesiones de Isaac arrastran la narración a situaciones que tanto pueden ser reales como sólo un producto de su mente trastornada. O un sueño. O un recuerdo que pugna por volver.
»El editor destaca en la contraportada de Horror Vacui los guiños de la autora a Philip K. Dick, y a David Lynch. Del primero es imposible no pensar en su novela corta ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y en la película que la hizo famosa en todo el mundo, Blade Runner, donde ni siquiera el mismo cazador de androides puede estar seguro de su propia naturaleza. Del Lynch de Blue Velvet reconocemos su atmósfera onírica, casi de pesadilla, en la que todos sus personajes parecen abocados al desorden emocional y al desequilibrio mental.
»Es muy de agradecer el riesgo que Paula Lapido asume con esta obra tan alejada de complacientes rutas narrativas, que destaca sobre todo por su honradez y por su empeño en recorrer los caminos más tortuosos de la mente humana con un estilo propio y muy trabajado. Su Isaac se suma ya a la interesante nómina de antihéroes empujados a resolver no un simple crimen, sino incógnitas mucho más urgentes como la de la propia identidad.»
Victoria Gil, La tormenta en un vaso, 13 de mayo de 2015
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Horror vacui

«Hacía tiempo que no encontraba una voz literaria tan potente y sugerente como la de la madrileña Paula Lapido (1975) y su primera novela, Horror vacui (Salto de página, 2014). La escritora se sirve de la teoría filosófica y artística del miedo al vacío para contar la historia de Isaac, un hombre que solo concibe la vida a través de su profesión, la de tatuador, sobre todo después de haber sufrido un accidente que le dejará secuelas irreversibles. Su obsesión y miedo al vacío lo lleva a llenar las paredes de su estudio con dibujos de peces, lagartos y demonios. Pero su, hasta entonces, ordenada y maniática existencia, se ve alterada cuando una noche, al salir de su local, se encuentra en la calle con un cadáver que tiene un tatuaje que le resulta familiar. Sin embargo, días más tarde, el que parecía estar muerto aparecerá en un periódico. Es entonces, cuando Isaac recibe la visita de una enigmática mujer que le propondrá una oferta que no podrá rehusar.

»Anuncia Salto de Página en la contraportada del libro que con esta novela “Paula Lapido reinterpreta la tradición del género y nos sumerge en un universo plagado de guiños a Philip K. Dick, a David Lynch o a Paul Auster”. Personalmente no he encontrado ninguna referencia al estilo de Auster, aunque sí es fácilmente reconocible el ambiente lynchneano de atmósferas claustrofóbicas y opresivas que descubren lo abyecto del ser humano.

»La novela no es fácil de leer; al menos en su primera parte. La historia avanza lentamente y la autora echa mano de las mismas imágenes repetitivas para introducir al lector en la trama que está impregnada de la obsesión de su protagonista por los tatuajes y los números. Tampoco ayudan a aliviar la sensación de densa lectura los diálogos, que solo se  intercalan para apoyar, marcar lo que ya se conoce o avanzar poco. Por el contrario, la fuerza literaria de Paula Lapido está en la propia narración, en el lenguaje tan cuidado y en el estilo que servirán de anzuelo para pescar al lector, quien se dejará envolver en un ambiente onírico, plagado de imágenes y personajes misteriosos de nombres exóticos como Antonia Aachen, Maurice Cornelius (“un nombre que sonaba a traje blanco de tres piezas, a alfiler de perla en forma de lágrima”, p. 30), Otto Lubitsch (diseñador de autómatas) y Emil Bergmann.

»Horror vacui es una novela que habla de identidad y de la búsqueda de la verdad. Los personajes no son cómo aparentan; algunos, como Otto, parecen mover en la sombra —cual demiurgo— los hilos de la existencia de otros… Solo el tiempo y el camino serán los aliados para hallar la respuesta a ciertos enigmas y descubrir el pasado. Como su protagonista, Paula Lapido nos revela en esta novela de rompecabezas la importancia de saber mirar de cerca, aproximarse a las cosas y no pasar por alto los detalles más minúsculos.»

Sara Roma, Literaria Comunicación, 24 de febrero de 2015
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Horror vacui, de Paula Lapido: thriller laberíntico

«Horror Vacui es la primera novela de Paula Lapido, publicada por Salto de Página, aunque la autora ya contaba con una gran experiencia en el terreno del relato, con varias antologías publicadas y alguna de ellas incluso premiadas.

»Horror vacui significa "miedo al vacío" y es una expresión muy común en el terreno artístico, indicando una superficie muy decorada, en la que no se deja ningún espacio en blanco o vacío.
De una forma parecida funciona la mente del protagonista Isaac, un tatuador con un trastorno obsesivo-compulsivo, pues es incapaz de dejar un espacio en blanco, ni siquiera en los tatuajes que diseña. Su vida se organiza en torno a peces de trescientas cuarenta y cinco escamas exactas, ni una más, ni una menos. Es la forma en la que Isaac consigue controlar su obsesión. Pero también cuenta con otro problema y es que no recuerda nada de su vida diez años atrás, no es capaz de acordarse. La cicatriz en forma de sierra en su cabeza es lo único que arrastra consigo de su anterior existencia.

»Isaac no percibe el mundo que le rodea de la misma manera que los demás, él solo ve espacios en blanco que debe rellenar una y otra vez con sus dibujos, para lograr dominar su compulsión y que su mente permanezca en cierto orden.

»Su extraña existencia se complicará cuando aparezca un cadáver con un tatuaje de su cosecha muy cerca de su estudio.

»Y a partir de ese momento asistiremos a un corre calles en el que la obsesión de Isaac, aparte de su propio trastorno, será averiguar a quién pertenece el cuerpo que ha encontrado y quién lo ha asesinado. En este viaje hacia la verdad, tratará de hallar respuestas para el crimen y también intentará responder a las preguntas sobre su pasado que se ocultan en su cabeza.

»Cada paso que da el protagonista y con el que parece encontrarse más cerca de resolver el misterio y su propio enigma, en realidad es una pieza más de un curioso y muy cuidado rompecabezas que la autora se encarga de construir. Y es que consigue que te enganches a la lectura de la novela con un nivel de adicción, que poco importa que apenas nos vaya ofreciendo pistas a lo largo de la narración. Este puede suponer el mayor inconveniente que puede tener el libro: no es una novela para impacientes. Porque el misterio que se nos plantea desde el comienzo, apenas se resuelve hasta el mismo final y el lector va dando tumbos y palos de ciego a lo largo del libro, los mismos que el protagonista.

»La historia, aunque cuenta con un ritmo rápido, en la que siempre están sucediendo cosas, se va fraguando a fuego lento. A medida que se avanza en la lectura, el suspense aumenta, los misterios y las incógnitas se multiplican: ¿Quién es Isaac en realidad? ¿Quién es el tipo muerto? Todo ello rodeado de un elenco de personajes, a cada cual más extraño, que tampoco ayudan demasiado a la comprensión de la realidad por parte del protagonista: Antonia Aachen, mujer fatal y mano de derecha del millonario filántropo Maurice Cornelius; Alois, misterioso y elegante y que parece saber más de lo que dice; Jacob, otro enfermo de un trastorno obsesivo-compulsivo; el inventor Otto Lubitsch; el peligroso Emil Bergmann; el doctor Samuel Stern y la enfermera Huber; la autómata Nancy... Parecen conocer a Isaac, incluso varios de ellos parecen poseer la información que revele su origen, ¿cuánto le costará a Isaac conocer su verdadera identidad?

»La trama avanza como una espiral sin fin hasta las ansiadas respuestas. ¿Será lo que buscaba el personaje? ¿Quería saberlo en realidad? ¿O este conocimiento le provocará más mal que bien?

»Si has seguido las aventuras de Isaac hasta este punto, tu tesón se verá recompensado, pues se solucionan todos los cabos sueltos que habían quedado por el camino. Por lo tanto, la narración resulta muy satisfactoria, con un personaje principal muy interesante y muy bien caracterizado. Además de unos secundarios inquietantes, cada uno a su manera, porque nunca sabes si serán aliados o enemigos de Isaac, si le ayudarán en su búsqueda o si, en cambio, llenarán su camino de múltiples obstáculos. Y eso es logro de la autora, cuya primera novela cumple con creces las expectativas y estoy deseando leer su próximo escrito.

»Un thriller delirante, repleto de acción, personajes carismáticos y con altas dosis de suspense que engancha y está bien resuelto.

»¿Por qué tienes miedo al vacío?»

Alejandro Guardiola, Fantasymundo, 3 de febrero de 2015
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«Horror vacui, primera novela de Paula Lapido, también nos introduce en un mundo hostil y cambiante, pero desde otros derroteros bienhorror diferentes. Su estilo, a diferencia del de Márquez, tiende más a un barroquismo formal. Por ejemplo, las repeticiones de ideas o de pensamientos de Isaac, su protagonista, van creando una sensación de alucinación y obsesión que transmite a la perfección el itinerario del personaje, quien en busca de algo acaba encontrándose a él. Porque Isaac sufre de amnesia, y el mundo que le rodea, extraño, cambiante, en una ciudad impregnada de una continua lluvia, no solo no ayuda, sino que además crea un marco opresivo, extraño, malsano. Lapido construye muy bien mediante descripciones muy precisas atentas tanto a lo físico como a lo interno, una realidad tan parecida a la nuestra como diferente, evidenciando que una simple cuestión de trabajo de estilo es capaz de modificar lo que tenemos o consideramos como inalterable.

»Horror vacui se presenta a modo de thriller de connotaciones futurísticas en un sentido del género muy tradicional, pero que Lapido logra encaminar hacia sus intereses mediante una mirada muy personal para acabar convirtiendo la novela en una historia sobre la obsesión y la identidad, sobre el cuerpo (lo físico) frente a lo interno (la mente). Que Isaac realice tatuajes rellenando el cuerpo de formas y de colores, o que pinte, haciendo lo mismo sobre paredes o páginas, sirve como perfecta metáfora y leit motiv para una historia también sobre el exceso, sobre una realidad que nos desborda por sus formas y por su excesivo contenido de todo. De ahí su título: Isaac teme al vacío, porque cree que solo en el exceso está seguro. Pero irá descubriendo que no es así.»

Israel Paredes, Its Playtime, enero de 2015
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Peces de trescientas cuarinta y cinco escamas

Tras publicar varios relatos, Paula Lapido se reafirma en el mundo literario con esta su primera novela, Horror Vacui

»Isaac es un hombre que no recuerda nada de su pasado. Solo le queda una brecha en su cabeza y una obsesión por llenar con imágenes los espacios vacíos de su memoria y de su existencia y es por ello por lo que quizá trabaja como tatuador. Con la mente secuestrada por imágenes y palabras recurrentes, nuestro personaje se adentra en una espiral de incertidumbre que da lugar a la pérdida de una identidad clara y un anhelo a anclarse en algún punto que le permita avanzar y de este conflicto nace una angustia psicológica bien conseguida a través de la construcción narrativa de la intriga. La hueca y solitaria vida de Isaac se verá completamente cambiada a raíz de un suceso en la noche que no hará sino abrir una caja de Pandora repleta de personajes singulares que le irán acompañando a lo largo del hilo narrativo; personajes excéntricos, misteriosos o caricaturescos que enriquecen sobremanera la novela y la convierten en un interesante objeto de lectura. Y en el centro de tal maremágnum de actores de papel, la aparición de una mujer de rojo que llegará a provocar la obsesión y el temor en nuestro protagonista.

»El motor de la novela es una intriga sólida que hace que el lector siempre quiera pasar a la siguiente página para ir desenvolviendo la trama. La tensión narrativa va creciendo a lo largo del texto y se mantiene firme hasta el brillante final del libro, algo que es digno de reconocer en cualquier texto que se quiera reconocer como thriller psicológico. Isaac se moverá en un mundo de realidades difusas que sembrarán la inquietud en este antihéroe a lo largo del devenir de los hechos: en este cuadro dibujado con palabras parece no haber punto de fuga.

»Paula Lapido (Madrid, 1975) ha publicado varios relatos como "Teoría de todo", "No entren al 1408" o "Madrid, Nebraska". Horror Vacui es su debut como novelista. Se ha comparado a nuestra autora con el novelista estadounidense Philip K. Dick, precursor del cyberpunk, posiblemente porque ambos saben dibujar realidades frágiles, desconcertantes o sinuosas.

»Horror Vacui es, sin duda, un aporte de frescura a la narrativa española de nuestros días en cuanto a temática, tratamiento y estilo literario. Con Paula Lapido hay potencial por explotar y libros por leer. Bienvenidos al espectáculo de la literatura.»

Javier Sanz Algora, Mentenebre, enero de 2015
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«El concepto horror vacui o miedo al vacío puede extrapolarse a muchos campos. En el mundo de la literatura esta fobia se percibe cuando el escritor debe enfrentarse a la fatalidad del folio en blanco. Para un narrador no existe peor tormento que una hoja vacía. Escribir supone adentrarse en un viaje hacia lo desconocido donde en ocasiones los únicos compañeros son la angustia y la incertidumbre. En el Barroco y en el Rococó los artistas se esforzaban por rellenar y recargar cualquier espacio vacío. Con ello transmitían una sensación de asfixia y de atmósfera agobiante.

»Esa percepción de angustia y temor la podemos encontrar en la novela de Paula Lapido (Madrid, 1975), Horror vacui, editada por Salto de Página. El libro nos cuenta la historia de Isaac, un maniático tatuador que no soporta los espacios vacíos y se ve obligado a rellenarlos con lo que sea (tinta, sangre,…). Para protegerse del mundo que le rodea, Isaac ha desarrollado un peculiar mecanismo de defensa. Imagina dibujos de peces con trescientas cuarenta y cinco escamas con los que consigue tranquilizarse.

»La vida de Isaac está marcada por una cicatriz en forma de sierra que decora su cráneo. Su memoria es muy frágil, casi como la de un pez. Isaac apenas puede recordar nada de su pasado. Sin embargo, una noche su vida da un giro inesperado cuando se encuentra con el cadáver de un hombre que tiene un tatuaje en el pie. Cree conocer a ese individuo, pero es incapaz de recordar. A partir de ese instante Isaac inicia un viaje hacia el abismo, sobre todo después de aceptar el misterioso encargo que le propone Antonia. Será entonces cuando se verá obligado a rellenar las lagunas y los espacios en blanco que habitan en su memoria hasta dar con una mansión misteriosa que nos desvelará un terrible secreto.

»Horror vacui es una historia que juega con los miedos y las obsesiones. Paula Lapido nos sumerge en una atmósfera oscura, lúgubre y desquiciante. Un mundo de alucinaciones e imágenes gráficas. La idea del vacío se lleva hasta el límite. Se trata de una historia muy visual, muy cinematográfica, que muestra la personalidad obsesiva de un tatuador que deberá descubrir quién es en realidad. Personas que no son lo que aparentan, un asesinato por desvelar y oscuros secretos harán las delicias de los lectores.

»La primera parte de la trama transcurre lentamente, pero es solo el aperitivo de lo que espera. Horror vacui mezcla la ciencia ficción y la intriga. El lector verá Horror vacui como un puzzle que poco a poco tendrá que ensamblar las piezas.»

Rubén Gozalo, Melibro, enero de 2015
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Horror vacui

Si alguna vez has escrito las páginas hasta el final de la línea, si las paredes de tu casa tienen más de collage que de gotelé, puede que sufras eso que se conoce como Horror Vacui; una incómoda sensación que obliga a ocupar todo espacio vacío que se nos ponga delante… y eso es precisamente lo que le sucede al protagonista de la primera novela de Paula Lapido que publica la editorial Salto de Página… que sufre de Horror Vacui y tiene la memoria en blanco. Y además se enfrenta a un misterio con muertos de por medio… Tela… La propia autora nos acompañará en unos instantes para comentar esta novela que escucharás, al menos fragmentada, en la voz de Tere Vilas y entre breves canciones y composiciones de Lobisón, María Rodés con Albert Pla y Jon Hopkins. Enlace al podcast

La LiBéLuLa de radio3, 3 de diciembre de 2014
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Horror al todo

«El principio es el punto.

»Así de potente es el comienzo de la primera novela de Paula Lapido, Horror vacui. La autora, impresionante creadora de relatos cortos, prueba con éxito las mieles del texto extenso, convirtiendo su línea de puntos en un trazo grueso que se sustenta por sí solo.

»Punto tras punto, va rellenando todos los huecos imprescindibles para una trama que engancha desde la primera página y que encuentra en las referencias cinematográficas un fuerte apoyo que, sin embargo, conduce al lector a un entramado del que jamás podrá salir indemne. Todo lo que uno pueda pensar que ocurrirá se verá truncado por el vacío que el personaje atesora en su memoria.

»Hablar de una cualidad para el uso de lo inesperado como si se tratase de un Lars von Trier sería algo un poco pretencioso y posiblemente tomado por los pelos. Pero no es descabellado relacionar la novela con una trama similar a la de Shutter Island solo que, eso sí, Paula ha sabido urdir con perfecta armonía el final que Scorsese no supo aprovechar.

»Un agujero es un punto. Un punto vacío, a rellenar con semen, tinta o masa capilar, no importa el contenido. Lo que importa es el hueco, la posibilidad, la potencia del vacío, del agujero o del punto. Las obsesiones del personaje principal, unidas a su falta de recuerdos, son el boceto perfecto donde dibujar la limitación personal. El intento frustrado de llenar los huecos de la memoria que se pierden en detalles, en la imposibilidad de poder acapararlo todo, como si fuéramos seres completos.

»De ahí el acertado final que la autora se encarga de prepararnos para que lo deseemos, para que disfrutemos hasta el último punto. El principio es el punto, ¿recuerdan? Uno cabría esperar que recurriera a elementos literarios muy manidos para tratar de definir al protagonista, Isaac, un tatuador que se encuentra con un tipo asesinado de forma casual pero que marcará todo el transcurso de la narración. Sin embargo, ni el final es cíclico, ni la memoria es un recurso al que abatir con recuerdos ni el asesinado importa demasiado si tenemos en cuenta que se juega en un plano mucho más complicado.

»Lo mejor de toda la novela, aparte de sus ardientes últimas páginas, son la atmósfera asfixiante que nos permite situarnos en el lugar de Isaac y el personaje de Jacob, sin duda el más sugerente y mejor construido a lo largo del texto.

»La editorial Salto de Página, encargada de editar esta fantástica obra cuyos minutos de lectura pasan casi sin salir del cuadro de ansiedad que uno mismo se crea por terminarla, se ha cuidado de ofrecer un trabajo muy hermoso y cuidado que se refleja en la ilustración de cubierta de Javier Jubera. Preciosa y sublime, nos anticipa visualmente lo que vamos a sentir entre las páginas a las que precede.

»Algo que creo que es lícito reconocerles a la editorial, es la honestidad con la que muestran su trabajo y el de la autora. No todo el mundo muestra el resto de títulos publicados por su escritor si están en otras editoriales y eso, creo, les honra. Detalles, pequeños detalles que marcan la diferencia entre la proximidad de unas páginas de papel que se atesoran más que otras.

»Aunque claro, teniendo en cuenta que se trata de la novela de una autora que, sospecho, puede ubicarse en el lugar de los grandes literatos de actualidad, es muy fácil rellenar esos huecos, esos puntos, con el flujo de la buena literatura, la que se lee y se disfruta, la que queda impresa en la piel con tinta indeleble, la que se construye como una Teoría de todo.»

Juan Francisco Gordo, 27 de noviembre de 2014
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Horror vacui

«El folio en blanco, bien lo sabe quien se dedica al noble oficio de escribir, es a la vez invitación y trauma. Es la tentación de una nueva historia por crear y el vértigo y el miedo a lo que vendrá, si viene…

»El folio en blanco es angustia y placer si miramos hacia el futuro próximo, pero también es una cruel metáfora del olvido si dirigimos nuestra mirada al pasado.

»Y en esa dualidad nos encontramos a Isaac, el protagonista principal de Horror Vacui, primera novela de Paula Lapido. De profesión tatuador, Isaac sufre una amnesia total de los últimos diez años de su vida, ilustrada por una cicatriz que, en forma de sierra, adorna buena parte de su cráneo. En su caso, el folio en blanco es la piel del otro donde volcar sus creaciones con tinta negra y punto a punto. En su caso, el folio en blanco también es la sábana que cubre sus obsesiones, su incapacidad de convivir con espacios vacíos, con folios blancos y, por tanto, su necesidad de rellenarlos de manera compulsiva. Generalmente con dibujos de peces cuyo cuerpo lo configuran trescientas cuarenta y cinco escamas, siempre trescientas cuarenta y cinco como un mantra que hace las funciones de refugio interior. Isaac se nos presenta como maniático hasta lo compulsivo y temeroso hasta lo obsesivo.

»Merece la pena destacar la gran habilidad de la autora a la hora de dibujarnos a este personaje, una virtud que, a lo largo de las páginas, iremos confirmando según vayan apareciendo nuevos y atractivos personajes, como el fabricante de autómatas obsesionado con la perfección y minuciosidad del relojero o el vagabundo al que le pican las manos si no tiene en ellas algún objeto.

»El segundo aspecto, magníficamente resuelto, es envolver a estos y a otros personajes en un ambiente tan sórdido como inquietante. Son espacios donde conviven las alucinaciones y la lluvia, las paredes blancas y los suelos con baldosas negras y blancas, como tableros de ajedrez donde las piezas a mover somos nosotros mismos; las grandes y misteriosas estancias de una mansión con la asfixiante atmósfera de un cuchitril que hace las veces de lugar de trabajo donde realizar los tatuajes…

»Prácticamente la primera mitad de la novela transcurre por esos derroteros, con una sensación de que nada o casi nada sucede, de que hay un misterio por resolver (el cadáver que Isaac descubre justo al principio y que parece tratarse de un antiguo cliente) y de que se van acumulando extraños ingredientes a un plato que no se adivina cuándo va a empezar a cocinarse.

»Paciencia. Merece la pena disfrutar de la lectura, esforzarse en levantar con la imaginación los paisajes y escenarios que propone la autora, convertirse en cómplice de los ambientes que tanto debe a David Lynch. Ya vendrán después, se lo prometo, el giro inesperado, la sorpresa narrativa tras una puerta cerrada y, seguramente, blanca. Ya aparecerán más tarde todos los ajustes que requieren una historia y un argumento enmarcados en el género del terror psicológico. Ya vendrán después las coincidencias y las piezas que encajan en el puzzle que tanto debe a Paul Auster. En ese sentido, las referencias aludidas en la contraportada (los mencionados Lynch y Auster más el maestro del género Philip K. Dick) no mienten. Y mira que hay veces que las contraportadas mienten más que imprimen…

»El misterio y el terror psicológico se sirven aquí en una bandeja de potente plasticidad. Si han visto ustedes Twin Peaks o Blue Velvet, su banda sonora les rondará en la cabeza hasta bastante tiempo después de haber terminado la novela. Y no esperen a que gente como Rodrigo Cortés o el propio Lynch hagan la versión cinematográfica de la misma. Isaac les espera. Dibujando un pez con trescientas cuarenta y cinco escamas.»

Eduardo Cruz Acillona, Literaturas.com, 18 de noviembre de 2014
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Horror vacui de Paula Lapido

«Una vez me atropelló un coche. Ocurrió un día de enero, cuando cruzaba un paso de peatones con mi perro. El conductor no paró y yo acabé volando por los aires, según me han contado. Cuando desperté en el centro de salud, no entendía absolutamente nada. Me sentía confusa, asustada, perdida. Una pequeña parte de mi memoria se había quedado en la carretera. A veces me digo: si mi breve pérdida de memoria fue tan angustiosa para mí, ¿cómo de terrible sería perder los recuerdos de toda una vida? Este es el punto de partida de Horror Vacui, la novela de Paula Lapido de la que hoy os vengo a hablar.

»Isaac es un tatuador obsesionado con llenar los espacios de su mundo dibujando muchas cosas, sobre todo peces de trescientas cuarenta y cinco escamas. Nada de lo que dibuje, sin embargo, le hará llenar los espacios vacíos de su mente. Y es que Isaac solo recuerda lo que ha pasado en los últimos diez años. Lo demás es una niebla oscura, una maraña de sueños que no logra entender.

»Una noche, Isaac encuentra un cadáver en la calle. Todo indica que se trata de un conocido millonario. Sin embargo, poco después una misteriosa mujer contrata a Isaac para trabajar para el mismo hombre. Este nuevo enigma se une a todos los que Isaac lleva tiempo descifrar. La cuestión es: ¿llegará el tatuador a descubrir alguna respuesta?

»Es difícil entrar en la mente y en los sentimientos de alguien que padece un trastorno. Hace falta mucha empatía, muchas ganas por comprender la problemática del otro. Hay pegarse a él como si fueras su sombra. Paula Lapido entendió que no había otra manera para hacer llegar al lector a su Isaac, ese hombre con apenas diez años de memoria, el artista con un fuerte trastorno obsesivo-compulsivo; por eso creó un narrador a su medida. Una voz potente a la vez que paciente, meticulosa; aunque tal vez no tan paternal como en otras novelas de temática similar. Un ser que no solo logra el objetivo anterior, sino también el de hacer de esta novela una obra muy cinematográfica: difícil no leerla sin imaginar que estás viendo una película al mismo tiempo.

»El narrador, en efecto, hace mucho; pero no lo es todo. Al fin y al cabo, sin unos personajes bien construidos y lo suficientemente singulares, una obra no sería nada. Así, sin Isaac, ese hombre perdido en su memoria y en un mundo gris que no logra entender; ese ser frágil que encuentra la fortaleza para enfrentarse a la gran aventura de su vida dibujando peces de trescientas cuarenta y cinco escamas; esa alma que se enamora sin importar nada ni nadie, esta novela, no sería nada. Tampoco podría entenderse sin sus secundarios: Antonia Aachen, la misteriosa mujer de rojo que hace que Isaac quiera encontrar respuestas; Maurice Cornelius, el millonario que se rodea del color blanco; Emil Bergmann, el empleado codicioso; Otto Lubitsh, el creador de fascinantes a la par que inquietantes autómatas; Nancy, la divertida chica de las pelucas; Jacob, y su obsesión por llevar siempre una cosa en cada mano; el Dr. Samuel Stern, el hombre que tiene las claves para entender el misterio que se cierne sobre el pobre Isaac…

»Una obra, como decía antes, no sería nada sin unos buenos personajes. Tampoco sin una buena historia. Una historia lo suficientemente atractiva como para mantenernos pegados a las páginas durante horas y horas. Pues bien, Horror vacui la tiene. Y digo más: la suya es inquietante de principio a fin, llena de huecos en blanco que tendremos que ir llenando junto a Isaac hasta el final. Un final, por cierto, que no puede dejar indiferentes, uno de los mejores que he leído en los últimos tiempos.

»Horror vacui, en resumen, es una obra original, fresca y trepidante que te hará meterte en la mente de una persona obsesionada por llenar el vacío que se cierne a su alrededor. Acompaña a Isaac por las grises calles de la ciudad sin nombre, enamórate de la deslumbrante Antonia, adéntrate en la gran mansión del millonario Maurice Cornelius y descubre al final que tal vez todos tengamos más miedo a quedarnos en blanco de lo que pensamos. ¿Te atreves a comprobarlo? Hazlo antes de que te lo cuenten.»

Cristina Monteoliva, La orilla de las letras, 16 de noviembre de 2014
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Miedo al vacío real

»Paula Lapido debuta como nove­lista con Horror vacui, una his­to­ria en torno a la com­pul­sión, el vacío, y nues­tros pro­pios fantasmas

»Isaac es un tatua­dor obse­sio­nado con encon­trar algo de paz dibu­jando en la piel de los demás. Tiene una cica­triz en forma de sie­rra en la cabeza, una caja de car­tón llena de efec­tos per­so­na­les que no reco­noce y una vida pasada de la que sólo recuerda algu­nos momentos.

»Isaac tam­bién tiene una com­pul­sión que le lleva a dibu­jar un pez con tres­cien­tas cua­renta y cinco esca­mas para tran­qui­li­zarse cuando las cosas le supe­ran. Una noche, des­pués de tatuar a un cliente, encuen­tra un cuerpo muerto en la calle. Una per­sona que lleva un traje blanco de tres pie­zas, tiene los ojos casi trans­pa­ren­tes y lleva un tatuaje hecho por él en el empeine. Isaac sabe que conoce a ese hom­bre, pero su cica­triz ha levan­tado una barrera detrás de la cual no recuerda nada. Comen­zará enton­ces un intento para saber quién es de la mano de las pocas pis­tas que le ofrece Anto­nia, una mujer pálida ves­tida de rojo que le ofre­cerá un tra­bajo que no podrá recha­zar. Allí cono­cerá a Otto Lubish, el crea­dor de autó­ma­tas y a otros extra­ños per­so­na­jes que Isaac no recuerda haber conocido.

»Ten­drá que relle­nar los hue­cos que exis­ten en su memo­ria a par­tir de unas cuan­tas pis­tas: hojas de papel ama­ri­llo a rayas y la figura de un lagarto que le obse­siona. Deberá encon­trar su ver­da­dera iden­ti­dad en una ciu­dad inhós­pita en la que llueve todas las noches.

»El salto de Paula Lapido de los rela­tos a la novela es una cele­bra­ción. Con un estilo ágil, lleno de home­na­jes al uni­verso de Phi­lip K. Dick retra­tado pos­te­rior­mente en Blade Run­ner por Rid­ley Scott, la autora nos mues­tra una novela de intriga en la que nada es lo que parece.

»Llama la aten­ción el esce­na­rio lleno de con­tras­tes, apo­ca­líp­tico y fatal que plan­tea Paula en su novela. Per­so­na­jes páli­dos, ves­ti­dos de colo­res vibran­tes y ricos. Cria­tu­ras ange­li­ca­les, pero tal vez no tan inocen­tes como pudiera pare­cer, reco­rren las pági­nas de la novela. Es impo­si­ble no enca­ri­ñarse con Isaac, su pro­ta­go­nista, tan des­va­lido, tan lejano como un fan­tasma, pero a la vez tan real como el eco de unas imá­ge­nes a las que con­ti­nua­mente quiere aferrarse.

»Des­pués de haber leído sus rela­tos en anto­lo­gías como Mi madre es un pez (Libros del Silen­cio) o Madrid, Nebraska (Bartleby Edi­to­res), por poner dos ejem­plos, esta novela parece des­ti­nada a hacer que Paula se con­sa­gre como una de las voces feme­ni­nas más intere­san­tes de la lite­ra­tura espa­ñola actual.»

Rocío Tizón, Koult, 12 de noviembre de 2014
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«Hace poco comentaba la novela de Blanca Bettschen,  En días de nieve, y  os decía que pertenece a un grupo de jóvenes escritores que se llama Colectivo extrañamiento. Paula Lapido pertenece al mismo grupo y me empieza a parecer que estos van a ser como la generación del 27 del relato y la novela. ¡Cuánto talento en un grupo de amigos! Y jóvenes. Y encima esta también es una primera novela. Como dije a propósito de la de Blanca,  suerte que no soy envidiosa, si no...

»Esta es una novela muy desasosegante. Si fuera una película sería como de David Lynch. Un tatuador sin memoria solo puede calmar su inquietud si llena todos los espacios de dibujos, peces de 345 escamas, figuras en la piel de sus clientes o en su imaginación. Los espacios son extraños, aunque a veces pasan autobuses o hay moteles, podría ser cualquier ciudad y cualquier tiempo. Personajes monocromáticos blancos, rojos. Autómatas perfectos. Y una intriga vista desde el punto de vista de alguien con una patología mental que intenta tirar del hilo de sus escasos recuerdos. Es de esos libros que, a ratos, pondrías en el congelador (como hacía Joey con Mujercitas en Friends) por la angustia que produce, pero luego lo tienes que sacar corriendo porque quieres ver qué le pasa al pobre Isaac en ese mundo de pesadilla donde vive. Seguidle la pista a Paula Lapido, esta chica promete.»

Niu de mones, 10 de noviembre de 2014
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«Novela de asesinos, de misterios, de memorias vacías. Podríamos resumirlo en esos tres puntos, pero en realidad nos quedamos bastante cortos. Todo el mundo parece sospechoso en esta trama, la cual nos mantendrá en vilo durante su lectura, algo que nos encanta a los lectores apasionados de este género en particular. Tenemos de fondo el problema del protagonista Isaac, no poder recordar tu vida pasada es simplemente angustiante. Éste, como para intentar rellenar esos huecos vacíos de su memoria, rellena cualquier espacio en blanco que vea. Una prosa a la que todavía no estamos acostumbrados y es por ello por lo que al principo notamos desconcierto, pero no tenemos duda de que tendremos más de Lapido próximamente.»

Beatriz Ib√°n Diezhandino, Pandora Magazine, 29 de octubre de 2014
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El ¬ęHorror vacui¬Ľ de Paula Lapido

«Una pesadilla. Siempre he tenido claro que el olvido es una pesadilla y además de las chungas. Es como que todo tu mundo es una "nada" de niebla blanca. En la pesadilla que es Horror Vacui (para mi, esta novela, lo es) nada tiene sentido. Los recuerdos son y no son recuerdos, y las cicatrices físicas o mentales, parecen no contar para nada, por suerte o por desgracia.

»Cuando abres un libro y no sabes bien a que te enfrentas te pueden surgir varias sensaciones. Irás descubriendo a los protagonistas de la trama, irás reconstruyendo en tu mente escenarios, edificios, jardines, grandes mansiones de suelos ajedrezados, psquiátricos terroríficos, sucios estudios de tatuaje de la periferia....nunca se sabe lo que va a pasar. Durante las 100 primeras páginas (o puede que 150, o incluso 160) de "Horror Vacui" puedes tener esa misma sensación, la de no controlar absolutamente nada, la de estar en una trama que, a pesar de las páginas, no encuentra vínculos ni relaciones. Tengo que reconocer que eso, a lectoras como yo, que somos algo impacientes, eso nos incomoda. Demasiada asfixia literaria, demasiados adjetivos, podríamos decir. Llegados a este punto de la novela y como cosa excepcional, le di la vuelta al libro y leí su sinopsis y en su parte final encontré este párrafo: "Con este brillante debut como novelista, Paula Lapido reinterpreta la tradición del género y nos sumerge en un universo plagado de guiños a Philip K.Dick, a David Lynch o a Paul Auster, pero siempre propio y poderosamente seductor". En este momento, cambió mi visión de la novela que tenía entre las manos. Pensé en Lynch y en su Twin Peaks que tantos buenos momentos y recuerdos me ha dado.

»Sumergida en la enigmática música de la serie de televisión y rememorando algunos de sus fragmentos más especiales, volví a las páginas de Horror Vacui. Esta segunda parte de la lectura fue rápida y muchísimo más atractiva que la primera. Puede que esto se deba a un "cambio de chip" personal o a una propia estrategia de la autora para engancharnos en el último tercio del libro. En cualquiera de los dos casos, tengo que decir que disfruté mucho de esas páginas en contraposición con las primeras, que se me habían atragantado un poco.

»Para mi, Horror Vacui ha significado un retorno a algo que muchas veces olvidamos: el placer de la lectura como eso, como un placer, como unas horas de disfrute, de ocio, de distracción. Por eso, novelas como ésta exigen al lector un esfuerzo que no es tal: abre la mente, déjate llevar, no cuestiones antes de tiempo, no tengas prisa y, sobre todo, disfruta de la lectura.»

Mapi Pamplona, Dime lo que escribes, 3 de octubre de 2014
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Horror vacui de Paula Lapido

«Horror vacui, la obra que reseño esta semana, es la primera novela de la madrileña Paula Lapido, que previamente había publicado el libro de relatos Teoría de todo con Tropo Editores y había colaborado en varias antologías de cuentos. Este es mi primer encuentro con la prosa de la autora y ha sido muy sorprendente. La verdad es que no sabía qué me encontraría cuando lo empecé pero pronto me vi envuelto en una trama absorbente, en una historia escrita de forma soberbia, con un elenco de personajes enigmáticos y fascinantes y un simbolismo abrumador.

»La historia empieza con Isaac, un tatuador muy peculiar: no recuerda nada más allá de hace diez años, cuando apareció atropellado por un coche en la carretera. Además de eso, tiene una compulsión particular: aborrece el vacío, llena paredes, papeles, pieles de dibujos enormes y entrelazados. Cuando no puede dibujar, imagina peces, peces de trescientas cuarenta y cinco escamas, una especie de mantra que le ayuda a relajarse. Una noche, al salir de su estudio, Isaac se topa con un cadáver, un hombre al que le han rajado el cuello de oreja a oreja y que tiene un tatuaje familiar en el pie. Un muerto imposible, un muerto que sale vivo en el periódico días más tarde, un muerto del que no queda rastro cuando Isaac vuelve al lugar del crimen. Poco más tarde, Antonia, una mujer de rojo y ojos oscuros, le ofrecerá un trabajo misterioso y muy bien pagado. A partir de ese momento, Isaac vive una aventura en la que los personajes que no son lo que aparentan, de secretos detrás de cada puerta de una enorme mansión, en la que poco a poco iremos descubriendo qué se esconde incluso detrás del propio protagonista.

»A nivel narrativo, el libro está escrito en tercera persona pero el lector percibe la realidad a través de los ojos de Isaac, el protagonista. Esto tiene sus pros y sus contras. Como parte positiva, tenemos una voz narrativa muy rica, muy visual, claramente influenciada por el lenguaje cinematográfico. Los ojos de un artista como Isaac se fijan en los colores, en las formas, en los patrones y el lenguaje empleado lo refleja a la perfección. La imaginería visual alcanza unos niveles poéticos muy altos. Muchas de las descripciones están cargadas de simbología como el blanco y negro que encontramos en el ajedrezado del suelo, las teclas de un piano o los trajes de tres piezas que llevan algunos personajes. Como parte negativa tenemos que soportar la compulsión constante del protagonista, que no para de contar peces y escamas en su mente, a veces entorpeciendo la lectura, que ya es un poco densa de por sí.

»Creo que el punto fuerte de Horror vacui son sus personajes. Uno de los temas principales de esta novela es precisamente la identidad, y no hablo solamente de la de Isaac. Como en toda novela de misterio, hay un asesino cuya identidad hay que revelar, pero es que ninguno de los personajes que aparece es quien dice ser, todos ellos esconden profundos secretos que provocarán enormes giros de trama al ser revelados. Me han resultado especialmente interesantes los personajes de Otto, el creador de autómatas y Jacob, un chico obsesionado con tener una cosa en cada mano. Por el contrario, muchos de los diálogos resultan algo forzados, poco naturales. En algunos momentos se pueden justificar ciertas conversaciones por la afectación de algunos personajes o por el matiz onírico de algunas escenas (que me recuerdan un poco a las escenas de sueño de David Lynch), pero en muchos otros, un diálogo más natural hubiera resultado más creíble. Este tema onírico que mencionaba también se ve en la ambientación: una ciudad sin nombre en la que llueve muy a menudo, que contribuye a crear una atmósfera opresora y de misterio. El no ponerle nombre a la ciudad establece un marco irreal en el que los sueños se mezclan con los hechos objetivos.

»A nivel de trama, encuentro que el principio de Horror vacui es la parte más floja. No el planteamiento, que es sumamente interesante, sino el modo en que empieza a moverse la historia: un encargo misterioso a cargo de un patrón misterioso. Las motivaciones por las que acepta el trabajo Isaac no quedan muy claras, pero supongo que es un mal menor que hay que soportar para poder introducir al personaje en el meollo del asunto de forma más o menos creíble. A partir de ese momento, se nota que toda la trama está minuciosamente hilvanada hasta llegar a un final bastante satisfactorio, no sin antes haber recibido una buena ración de sorpresas, como lector.

»Antes de terminar, quisiera repasar un poco la edición. Este Horror vacui de Paula Lapido está editado por Salto de Página, hogar editorial de autores como Ismael Martínez Biurrun (Mujer abrazada a un cuervo, El escondite de Grisha, Un minuto antes de la oscuridad), Emilio Bueso (Cenital, Diástole, Esta noche arderá el cielo, Extraños eones) o Jon Bilbao (Física familiar, Bajo el influjo del cometa, Como una historia de terror, traductor de El unicornio, entre otros), además de muchos otros grandes nombres de las letras españolas. El número 61 de la colección púrpura de la editorial, ‘Horror vacui’ tiene 304 páginas con muy buena maquetación. La revisión ortotipográfica ha sido eficaz, ya que no he encontrado una sola errata en la novela. Por último, querría hablar de la portada, que me parece sublime. Contra un fondo de mármol blanco, una algarabía de peces superpuestos: una imagen vívida y potente de la obsesión de Isaac. Mis felicitaciones a Javier Jubera, el artista de la portada.

»En resumen, Horror vacui es una novela de misterio muy particular, que tiene sus puntos flacos pero que sobre todo brilla por su fuerte componente visual y poético, por sus personajes fascinantes y por una trama muy sorprendente. El debut de Paula Lapido como novelista deja buen sabor de boca y hace que espere con ganas su próxima obra. Genial.»

Marc J. Miarnau, La casa de El, 19 de septiembre de 2014
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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