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reseñas y críticas Impar y rojo
El demonio como posibilidad

«Segunda entrega de las aventuras del detective ludópata Julio Cabria publicada en 2009. En  Impar y rojo Óscar Urra  vuelve a utilizar los mismos recursos que tan buen resultado le dieron en A timba abierta, la primera novela de la serie, a saber, una prosa brillante, personajes algo decadentes pero siempre entrañables y divertidos y una clara voluntad de crítica social que sobrevive al registro humorístico-poético del conjunto.

»En esta segunda novela el veterano comisario Subirats se pone en contacto con Cabria para que lleve a cabo una complicada investigación de manera extraoficial. Tras una serie de sonados fracasos que han dejado por los suelos la reputación del veterano policía no hay margen para un nuevo error, de manera que Subirats decide que nadie mejor que Cabria para arriesgar el tipo. Si la cosa sale bien, el comisario mantendrá alejado a un tal Botines con quien Cabria tiene algunas deudas pendientes y agilizará trámites para que no le salpique un antiguo caso que todavía colea. Si se niega la vida de Cabria se va a complicar a marchas forzadas… Además, como dice Subirats, “hay naipes de por medio, y usted (Cabria), como jugador empedernido que es, puede tal vez entender la mentalidad de este criminal mejor que un agente cualquier.”

»El tema es que han aparecido dos cadáveres en dos puntos distintos de la ciudad: un proxeneta en la Casa de Campo y un sacerdote en su parroquia. En ambos casos han encontrado sobre los cuerpos una carta, un joker, o un “Arlequín”, como gusta más decir a Subirats, la carta que vale para todas las cartas… “Dos muertes, dos naipes, como en las “pelis” de asesinos en serie…” Al parecer, un escurridizo asesino anda suelto por Madrid y  a Julio Cabria no le quedará otra que intentar darle caza.

»Con esta novela sobre la impunidad y la venganza Urra intenta afianzar y expandir el particular submundo del detective Cabria. En ella se dan cita personajes que ya aparecieron en la primera entrega, Nadia, Vitriolo, Meléndez, César… entendemos que para reforzar la idea de serie y remitir al lector  a la primera en caso de que no la haya leído, al tiempo que se estrenan otros de nuevo cuño.

»En cualquier caso, el detective parece seguir igual: enganchado al juego, fumando Ducados, escuchando a Brel, metiéndose entre pecho y espalda unos desayunos desproporcionados que no pueden traer nada bueno (¡Cabria, ojo con el colesterol,!) y, sobre todo, tocado de lleno por la mala suerte. Una mala suerte que si bien le hará víctima de alguna paliza memorable que combatirá a base de frívolas poesías o incluso sujeto de alguna pérdida importante, tiene también algo de destino romántico, dulce y distante al mismo tiempo, desde el que, se nos ocurre, es imposible tener demasiado miedo. Y esto le da al personaje un encanto especial y muchas posibilidades de cara al futuro.

»Por otra parte, la geografía del “otro Madrid” que ya apareció en la primera novela, sigue funcionando como decadente telón de fondo que arropa y al mismo tiempo atrapa a los personajes que lo habitan. “Una gran ciudad nutre de sueños a sus moradores…”, aunque consistan en reunirse alrededor de un tapete verde para jugarse el alma a las cartas… Desde este punto de vista, la principal novedad respecto a la primera es una hitchcockiana escapada por la sierra de Guadarrama …

»Y como decíamos más arriba, en esta segunda novela la prosa de Urra sigue rindiendo a un altísimo nivel. El ingenioso barroquismo de la escritura del madrileño mezclado con grandes dosis de poesía (culta y callejera) sigue enganchando, entreteniendo e iluminando al lector. Al igual que en la novela anterior, en la presente, la escritura le disputa el partido a la historia y, a nuestro juicio, en esta ocasión la cosa no queda tan equilibrada como en la primera.

»Pensamos que en Impar y rojo el juego lingüístico, lo poético (que posiblemente es la pulsión natural del autor) no dejó espacio para armar una trama detectivesca con más suspense o, por ejemplo, para incorporar más personajes y evitar así la previsible identificación del asesino. Se nos ocurre que este es uno de los mayores peligros que la saga de Julio Cabria puede tener en el futuro. Es tal la facilidad de Urra para armar un texto hechos de guiños, gestos, quiebros y poesía que a la larga las historias pueden quedar diluidas en ese juego.

»En cualquier caso, pensamos que la inercia poético-irónica de las novelas de Urra no es únicamente un bello disfraz o un divertimento sino que hay que entenderla como la concreción formal de una actitud ante la vida que es plenamente coherente con la personalidad del detective Julio Cabria y posiblemente de su autor. Por otra parte, pensamos que la calidad de las dos novelas que lleva publicadas está íntimamente relacionada con esto. Sin esta faceta poética-irónica-humorística y tan literaria Urra no sería Urra.

»Dándole vueltas al asunto se nos ocurre que tal vez no sea una mera casualidad el hecho de que algunos de los mejores autores de novela negra de nuestro país (pensamos en Ibañez, Zanón, Salem…) sean también poetas con una sólida trayectoria a sus espaldas (es el caso de Zanón y Salem) o  escriban sus novelas negras desde una óptica que nosotros percibimos como muy poética (es el caso de Ibañez) … y en todos los casos tengan mucho sentido del humor.

»Óscar Urra es un magnífico escritor-poeta-literato-humorista  y es gracias a eso que sus novelas son grandes. Si pueden, síganle.»

Carles Ros, Cosecha roja, 30 de junio de 2015
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Impar y rojo | Óscar Urra

«Segunda novela del escritor Óscar Urra y segunda de una serie dedicada al investigador privado Julio Cabria, lo que había amenazado en convertirse en una serie de culto tiene su firme ratificación entre estas páginas.

»Algo ha cambiado, se ha modificado, ha tornado pero en el fondo es el viejo juego de siempre, un hombre, un entorno y un misterio. Cómo se relacionan esos tres elementos es el alma mater de la novela y las claves que anunciaba en la primera entrega de la serie se han ampliado, han rebosado y sobretodo, han superado nuestras expectativas, porque a diferencia de otros escritores, en esta segunda novela Urra escribe mejor que en la anterior y el nivel era elevado.

»Pero no nos precipitemos, lo primero y sobre todo es describir las aguas entre las que transita el escritor y su concepción del género negro. Es una concepción clásica, con claras influencias de la novela americana de época y con algunos toques de sangre patria. El propio autor lo explica en un diálogo, tan explícito como certero:

»—¿Y cómo puedes trabajar?

»—Trabajando. La intuición, la lógica, la suerte: ¿te las da acaso un ordenador?” (Pág. 143)

»Con esas ideas y su desarrollo nos acercamos y mucho a la idea de un Marlowe paseando por Tirso de Molina, una idea muy genuina. Aunque claro siempre hay diferencias y en este caso no son pocas.

»Otro de los puntos fuertes de la novela es el dibujo del entorno, el centro de Madrid. Ese lugar plagado de historias, de recovecos, de memoria y de lo que siempre se demanda en una novela de género, de sabor. Aunque el dibujo del autor va un poco más allá y nos ofrece una visión lírica no exenta de gusto:

»Una gran ciudad nutre de sueños a sus moradores; otros lugares (el campo, el mar, los polos u otro planeta) son regiones buenas para hacer vida descansada, pero no para soñar. En una gran ciudad se duerme poco, pero se sueña mucho. La ciudad transforma los sueños en cosas sólidas, a veces tan convencionales como una ficha de plástico verde, por ejemplo:

»También hay fichas rojas, amarillas y blancas, y de otros colores, que tienen un valor distinto. En un momento de la jornada, varios de sus habitantes se reúnen alrededor de un tapete. Vienen de barrios distintos, de oficios diferentes, y no se conocen: pero saben cuáles son las reglas del juego. Las fichas cambian de mano, se combinan y se traducen en sueños, que valen lo que la ficha vale. (Pág. 110)

»Aunque lo más poderoso de la novela es su lenguaje, muy trabajado, muy inspirado y muy potente. En ese aspecto Urra se ha superado con respecto a la novela anterior. La prosa y su calidad han tomado altura, siendo el aspecto más destacado y elevando la novela muy por encima de la media. El escritor demuestra que posee un talento literario de una madurez muy asentada, con una esgrima del verbo en momentos encomiable y una contención narrativa muy apreciable.

»La apuesta literaria es fuerte, pues la obra tiene su forma de continuidad con la anterior, apareciendo los mismos personajes y retrocediendo en la narración para situar al lector. Por ello se aprecia que la idea de la narración es progresiva con la anterior y seguramente con la posterior, por ello creo que es apuesta valiente, crear un personaje, un entorno, unas tramas que pueden enlazarse entre sí durante más páginas de lo que en principio era una novela.

»En resumen una novela muy apreciable, ya dejamos atrás el apelativo de interesante puesto que ha superado las expectativas, de recomendación segura para todo los públicos. Una novela que apreciarán los lectores y que gustará en buena medida de ellos y con seguridad enganchará a unos cuantos a las vicisitudes de Julio Cabria y sus paseos por ese Madrid céntrico tan canallesco y jugador.»

Sergio Torrijos, El placer de la lectura, 8 de mayo de 2012
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Impar y rojo

«En el Madrid más castizo se mueve, de nuevo, el detective cincuentón Julio Cabria, cosiendo las heridas que un caso anterior le dejó en la conciencia, rompiendo una familia por su afición al póquer, amenazado por dos policías corruptos y brutales, y obligado a ayudar al comisario Subirats a encontrar a Arlequín, un asesino en serie que deja el naipe de un comodín como tarjeta de visita. Óscar Urra (Madrid, 1970) recupera a su personaje en unas páginas de ácida narración, pero bien mezclada con un lenguaje cuidado y preciosista.»

Antonio Parra Sanz, La Verdad de Murcia, 2 de abril de 2010
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Intriga y belleza literaria

«Acostumbrado que está uno a novelas policíacas policíacas de ambiente extranjero, con tramas que parecen sólo posibles en Londres o en Manhattan y traducidas del inglés a un español donde lo importante es la peripecia y no el lenguaje, es reconfortante leer este Impar y rojo escrito con pulcritud, brillantez e ingenio en un español de auténtico creador literario y en un Madrid donde puede pasar de todo con la mayor naturalidad del mundo.

»Sin embargo, dado que desde su principio a su final la obra parece encuadrada en el género del suspense, uno echa en falta un poco más de intriga, misterio y aventura; y a veces el autor parece más atento al retrato psicológico y al detalle humano que a conducir al lector de peligro en peligro. Pero, en honor a la verdad, lo hace todo con tal gracia y con tan pocos tópicos y tanta soltura, que al final uno acaba interesado más en el gato del comisario, la novieta del camarero y el deseo de amor y redención del detective, que en la trama en que todos se ven envueltos.

»La primera parte, ocupada en presentar a una galería de personajes, tarda en arrancar y es en la segunda donde el ritmo se acelera y suscita más interés.
Ningún personaje es un héroe; todos parecen actores secundarios, cada uno con sus flaquezas, sus miedos y sus incompetencias y eso es precisamente lo bueno: todo parece perfectamente posible. Salvo los dos policías que hacen de malos, cada uno de los personajes se resiste a una clasificación convencional y facilona. Ninguno es simple. Y uno se queda con las ganas de saber más de ellos, sobre todo del hermano de Julio Cabria, el cura. Invito al autor a sacarle más partido.

»Supongo que es difícil encontrar un perfil original de detective. Los tipos están ya casi agotados. Pero Julio Cabria no intenta ser original, sino tan sólo Julio Cabria, un tipo enganchado al juego, con panza, poeta por dentro y fracasado por fuera, con un corazón enamorado y una casa terriblemente sucia que él se esfuerza sin éxito en limpiar. Óscar Urra parece su cronista más que su creador.

»Nos encontramos, pues, con una novela más que correcta, de trama lenta y buena, de lenguaje brillante y emoción moderada, con más afán de entretener y ser verosímil que de ser original y trepidante. Y la trama es de las que me gustan a mí: lo interesante son los motivos morales que mueven a los personajes a actuar.

»Lo mejor de la novela son los hallazgos literarios del autor. Por ejemplo, Julio Cabria “encendió un cigarrillo con ánimo no tanto de fumar como de ir echando humo hasta su casa” y César, el camarero, es un tipo oscuro y noble, con un sótano donde “almacena pecados y cajas de bebida”. Y es ingenioso y divertido leer todo lo que el detective le diría a Cadalso de haberlo sorprendido desenterrando el cadáver de su amada en el cementerio.

»Aunque uno tarda un poco en hacerse idea de qué pasa y el autor tarda quizá demasiadas páginas en mostrarnos claramente sus cartas, qué se juega cada uno y qué riesgos hay, las descripciones son buenas y los hallazgos literarios abundantes. Ya está cansado uno de libros de intriga donde el autor no tiene ni idea de literatura y sí mucho de intriga. Uno quiere las dos cosas y este autor las tiene.»

Jes├║s Cotta, Estado cr├ştico, 18 de mayo de 2010
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Impar y rojo, de Óscar Urra

«Y en lo que a información se refiere, menos de la que uno les puede dar, y no más de la que ellos esperan. Difícil. El equilibrio, la fineza del negocio, sea uno concejal de Obras Públicas o camello de medio pelo, era siempre encontrar este punto.»

Óscar Urra, Impar y rojo

«O escritor, añadiría yo.

»Impar y rojo es una novela inteligente: sabe de su condición de segunda (y por ello difícil y peligrosa), y apuesta a por todas por los personajes (casi todos ellos profundos, erizados) y por la descripción (tanto que, a veces, transcurre la acción a cámara lenta). La trama queda en un segundo plano, aunque bien urdida no especialmente singular, y siempre lastrada por el pasado (A timba abierta) y por lo que vendrá, que promete ser de órdago y ya esperamos con ganas. En fin, una novela de transición, donde Cabria toma fuerza y cuerpo.

»Sólo queda decir: larga vida a Julio Cabria.»

Los ritos de paso, 13 de mayo de 2010
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Impar y rojo

«Lo que más me gusta de la nueva novela de Óscar Urra es que a la hija de Cabria, el detective privado que la protagoniza, se le ve el tanga cuando camina por la calle, para morrocotudo enfado de su padre, un burlanga que la contempla a través de la ventanilla de su coche... y al que se le llevan los demonios, claro.
»A ver. Que no es que me haya vuelto un viejo verde, por estar a punto de cumplir los cuarenta, y ande buscando literatura caliente. Al menos, eso creo.
»Pongo como ejemplo lo del tanga como podía haber traído a colación a César, el camarero de El Portón, un bar castizo de la madrileña Tirso de Molina. Entra Cabria, saluda y “ojea el Marca con el interés de un egiptólogo ante una nueva Piedra Rosseta”. Y entonces llega esa pregunta fatídica que un cliente suele hacer a un camarero en cuya barra descansa cualquier tipo de prensa deportiva:
»—“¿Qué te parece este holandés que hemos fichado?
»Las cejas del camarero hicieron un gesto peregrino que podía significar “bien”, “mal”, “habrá que ver” o cualquier otra cosa que deseara su interlocutor. Para sobrevivir en El Portón había que ser discreto, neutral, andarse listo y conocer el arte de no pillarse los dedos...
»—Los holandeses pueden ser buenos, o malos. A veces ni una cosa ni otra.
»—Opino igual.
»Ni que decir tiene que he utilizado este pasaje para ese proyecto del que venimos hablando de un tiempo a esta parte: “Café-Bar Cinema”, un largo trabajo sobre cine, bares y cafés en que, por supuesto, la mejor literatura tiene un hueco, tan necesario como imprescindible.
»E Impar y rojo es buena literatura. Buena de verdad. Literatura apegada al asfalto de las carreteras y a las aceras de las calles. Si en A timba abierta, el madrileño Óscar Urra nos presentaba a una buena pléyade de personajes, en esta su segunda novela les da continuidad a buena parte de ellos. La historia comienza con unos asesinatos rituales en los que el asesino deja una señal muy especial: el joker de las barajas de cartas.
»Y como Cabria, además de ser un buen detective, también es jugador, la policía le sugiere que colaborar en el esclarecimiento de dichos crímenes le hará mucho bien, dada la cantidad de deudas que mantiene pendientes con la bofia por su anterior aventura A timba abierta, en que uno de los inspectores que llevaron el caso quedó en coma irreversible. O casi.
»Y ahí le tenemos, de nuevo, a Cabria, recorriendo el Madrid más castizo y auténtico, de timba en timba, intentando desentrañar un caso de lo más abstruso y complejo, que le obligará a desplazarse hasta territorios auténticamente hostiles, por la Sierra de Guadarrama y alrededores, donde la pureza del aire puede provocar efectos letales en el nicotínico organismo de un urbanita por antonomasia.
»No nos cansaremos de repetirlo: la mejor novela negra y criminal es, a su vez, la más ajustada novela realista que se puede leer en cada momento histórico. Es pura sociología aplicada a la realidad que nos circunda. Si estas semanas hemos hablado de memoria histórica o de violencia de género, en esta ocasión os invitamos a dar un paseo por el Madrid del siglo XXI que unos se empeñan en cambiar, para borrarle sus señas de identidad más reconocibles, ante el pasmo y la resistencia de algunos románticos incurables que aún creen que la batalla contra la modernidad rampante y arrasadora no está perdida del todo.»

Jes├║s Lens, La balacera, 17 de febrero de 2010
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Impar y rojo

«Suena a tópico, y lo es, aunque también es verdad: la vida da muchas vueltas. En cuanto piensas que tu existencia seguirá durante un buen tiempo con el mismo ritmo rutinario, al que puede que ya te hayas acostumbrado, de repente ocurre algo que altera por completo tu mundo. No sé si es lo mismo que pensó el detective Julio Cabria al comienzo de su nueva aventura en Impar y rojo; pero yo, desde luego, me he llevado una grata sorpresa al ver que las hazañas de este hombre, que yo creía terminadas en la genial A timba abierta, en realidad no habían hecho más que empezar.

»Un asesino en serie anda suelto por Madrid, un criminal que gusta de dejar su sello sobre sus víctimas. Este sello, esta firma particular, no es otra cosa que un naipe, el comodín de la baraja, el joker, ese el arlequín que parece burlarse, al igual que el asesino, de la policía madrileña. Dadas las circunstancias, y ya que el tiempo apremia, la policía de la comisaría de Leganitos deberá recurrir al detective privado que más sabe de cartas en la ciudad: Julio Cabria. Pero, ¿cuántos crímenes cometerá el asesino antes de que le detengan? ¿Llegarán acaso a hacerlo?

»Como ya ocurriera en la primera entrega de la saga, existe en esta novela un narrador en tercera persona que, sin embargo, sabe absolutamente todo de los personajes que actúan a lo largo de estas páginas. Este guía que tanto se preocupa por mostrarnos una trama llena de una suculenta intriga que se enreda cada vez más y más, nos sorprende de nuevo con su refinada prosa, con ese estilo elegante, con esa ambición lingüística que nos viene a confirmar algo que ya aprendimos con A timba abierta, es decir, que una novela policíaca no tiene porqué estar escrita con un estilo económico, sobrio, tan sólo subyugado a la acción, pues la combinación de acción y buenas letras es muy posible, toda una realidad en la literatura de Óscar Urra.

»Una vez más también, y como ya habréis adivinado, el protagonista de la historia es Julio Cabria, el mismo jugador de cartas empedernido, cinéfilo y lector de buena grandes y buenos clásicos literarios que sobrevive como puede por las calles de un Madrid cada vez más hostil. Algo, sin embargo, ha cambiado en Cabria, pues si bien en la primera de sus aventuras se nos presentaba al detective como un hombre deprimido a punto de terminar con su mísera vida, en Impar y rojo le descubriremos como un hombre esperanzado, tanto por el amor que ha encontrado en Nadia, mujer a la que conoció en la aventura vivida en A timba abierta, como por la reconciliación con su joven hija Sara.

»Completan el elenco de actores una serie de personajes sin los que esta novela, sin lugar a dudas, no sería lo mismo, seres ricos en matices como la antes mencionada Nadia, la mujer internada en un hospital de la que Cabria se enamora perdidamente; el comisario Subirats y sus manías; Eme-eme, el policía implacable; Belmonte, el agente que ve como su vida pasa sin posibilidad de un ascenso; el hermano cura de Cabria, tan cocainómano como siempre; Sara, la joven hija de Cabria; Vitriolo, el soplón que debe correr por su vida y César, el camarero de El Portón, tan buen amigo de Julio como de las adolescentes que de vez en cuando se dejan caer por su negocio.

»Impar y rojo, en definitiva, es una magnífica opción tanto para los ya aficionados al género negro como de aquellos que lo conocen poco, pues su prosa de belleza embriagadora hará las delicias de todos los amantes de la buena literatura. Puede leerse esta novela aún sin conocer las anteriores aventuras del detective Julio Cabria, todo queda lo suficientemente claro como para que esto sea posible. No obstante, creo que todo el que lea una de las aventuras de Cabria irá corriendo a la librería en busca de las anteriores o las siguientes. ¿Queréis hacer la prueba?

»Ha sido una grata sorpresa descubrir que las trepidantes aventuras de Julio Cabria y los que le rodean no tuvieron fin con A timba abierta. Lo malo es que después de leer Impar y rojo, me he quedado con ganas de saber más. En fin, habrá que ir esperando. Mientras tanto, espero que os guste tanto esta novela como a mí.»

Cristina Monteoliva, La biblioteca imaginaria, 15 de febrero de 2010
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Impar y rojo

«De qué va. El detective ludópata Julio Cabria, al que conocimos en A timba abierta, se enfrenta a un nuevo caso mientras aún siguen muy presentes las consecuencias de su anterior investigación. Esta vez, la policía le pedirá que se haga cargo de los asesinatos de un proxeneta y un cura. Ambos cadáveres han aparecido junto a un naipe: un joker.

»Qué nos gustó. Hay varias cosas que reprocharle a Urra, como sus momentos demasiado literarios o lo que le cuesta arrancar la historia. Pero en cuanto la novela termina de ponerse en marcha, te arrastra y, sobre todo, consigue eso tan difícil: crea una atmósfera o un clima moral que confirman a su autor como gran promesa de la novela negra.»

Juan Vilá, OnMadrid, Febrero de 2010
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Impar y rojo, de Óscar Urra

«Óscar Urra vuelve a regalarnos una nueva peripecia de Julio Cabria, un personaje de ficción que puede convertirse en uno de los iconos del género negro madrileño. Esta vez el personaje, y todo es mundillo de personajes equívocos y ambigüos, se ven envueltos en la estela de un eficaz asesino en serie que va dejando un naipe en cada víctima que deja.

»Urra entrelaza esta historia con la de la anterior novela protagonizada por Cabria, A timba abierta, y abre nuevas subtramas que, esperemos, apuntan a nuevas aventuras del personaje. Un protagonista detalladamente trabajado, lleno de aristas y detalles dentro de los códigos del género que tiene un cincuenta por ciento de detective arquetípico y otro cincuenta de bizarro antihéroe madrileño.

»Una vez más el estilo, los personajes y el ambiente madrileño eclipsan una trama bien organizada y coerente, si bien no en exceso original, pero que dan a forma a una novela corta, llena de sabor negro y de lectura amena y apetecible. Esperamos, con agrado, nuevas aventuras de este personaje.»

David Yag├╝e, Best Seller Espa├▒ol, 2 de febrero de 2010
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Óscar Urra: una apuesta segura

«El estilo narrativo de Óscar Urra es poderoso, adornado lo necesario. Sus tramas están muy estudiadas, inteligentemente planeadas, hasta tal punto que está consiguiendo edificar sobre Julio Cabria y ese Madrid tan castizo como decadente, una poderosa estructura que promete muchas páginas futuras de novela negra necesaria.

»La apuesta de Salto de página por este autor el año pasado parecía arriesgada, pero su primera novela A timba abierta llegó a ser finalista del premio mas prestigioso que existe en España para un escritor novel, el Silverio Cañada que entrega la Semana Negra de Gijón. En ella el autor madrileño nos presentó a un detective arruinado a nivel económico y moral, a punto de saltar desde la cornisa de un edificio para estampar, sin posibilidad de retorno, su fracaso en el duro pavimento madrileño.

»Ese vicioso y perdedor huelebragetas consigue salir vivo de un intrincado encuentro con la mafia, pero no ileso, puesto que a su cuarteado corazón la dulce Nadia ha ido poniendo tiritas en cada aproximación. La dulce Nadia que en está segunda aventura literaria de Cabria comparte telón de fondo con ese superviviente de la calle que es el Vitriolo, chivato de aguzado oido que una vez mas ejerce como tal, con César ese depravado camarero mas inseguro que nunca, con curas mas oscuros que el futuro y finalmente con un invitado aún mas especial que los anteriores, un serial killer autóctono que en cada actuación como un viejo ilusionista que antes de desaparecer deja su firma en forma de naipe en el escenario del crimen.

»En Impar y rojo, Oscar Urra con su peculiar narrativa vuelve a tejer otro laberíntico tapete sobre un Madrid salpicado de timbas clandestinas en el que su detective intentará jugar la mano con las cartas trucadas que le han tocado.

»En este nuevo viaje en montaña rusa por el Madrid oscuro y perverso que dibuja Urra, tan solo las recurrentes visitas a Nadia se convertirán en el salvoconducto emocional que Cabria necesita para seguir sobreviviendo en esta selva de delincuentes y polizontes que a veces confunden sus papeles.»

Jos├ę Ram├│n G├│mez Cabezas, Novelpol, 18 de enero de 2010
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Impar y rojo

«Ya hablé por aquí de A timba abierta de Óscar Urra. De nuevo, en esta entrega llamada Impar y rojo, Julio Cabria vuelve a las andadas: los gintonics con almendras en el Portón donde César, el barman, consuela a las niñas que se fugan de clase para llorarle porque han suspendido las Sociales. Porque si suspenden Lengua o Matemáticas, no pasa nada. Pero las Sociales, no. Eso no ocurre. La culpa siempre la tiene el de Sociales. A lo que iba, que me pierdo en el Portón. Óscar Urra ha iniciado una serie que será difícil de olvidar. El Madrid más urbanita y cabrón vuelve a aparecer en Impar y rojo, mezclando pasado y presente en un cocktail que hace enfebrecer a cualquier úlcera sangrante. Las timbas, las obsesiones, los sueños, las visitas al hospital. La vida misma, vamos. Pero ahora, quizás, con un atisbo de esperanza, de sueño de una vida mejor. Reflexión final incluida sobre la injusticia del sistema judicial, si se puede mal expresar así. Siempre hay alguien que lucha por sus valores, por sus ideales, que cree que puede cambiar algo aunque no pueda cambiar nada. Y la fidelidad, y los votos, y todo lo demás. 215 páginas de lucidez, de una realidad que te da el golpe más cabrón cuando menos te lo esperas. Y amén.»

Salvador Juan Fernández, gintonicdream, 1 de enero de 2010
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Un detective por los barrios de Madrid

«Impar y rojo es el título de la segunda obra de ficción de Óscar Urra, una novela que retoma las aventuras del detective Julio Cabria por los barrios madrileños. Sitúa a los protagonistas en las zonas de Lavapiés, El retiro, Argüelles, Moncloa, Chueca y la Sierra de Guadarrama.

»La trama consta de dos historias cruzadas: la de un asesino en serie que deja sobre sus víctimas un naipe y las historias de dos policías de una comisaría que "acosan" a Cabria. Julio Cabria es un detective falto de heroicidad, un hombre que utiliza su intuición para resolver los casos. Es el"Pepe Carvalho" de Madrid.

»El título de esta obra era precisamente la última frase de A timba abierta, la primera novela de género policíaco del escritor. Al parecer, las aventuras de Cabria no terminarán aquí, sino que hay aventuras para rato y están previstas una tercera y una cuarta entrega.

»La obra muestra el rico vocabulario del autor, está llena de símiles, metáforas, hace cambios de narrador con los pensamientos y las exposiciones y los diálogos están muy bien escritos.

»El autor fue finalista con A timba abierta del Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón a la mejor primera novela policial del año. Óscar Urra es un madrileño que se dedica a la docencia y trabajó como periodista en radio en diferentes programas.»

Paula L. Tajes, LaSemana.es, Diciembre de 2009
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Otra Guinness, por favor

«Dicen las autoridades sanitarias que el alcohol aturde los sentidos. Otros, en cambio, sostienen que sin un par de tragos en el cuerpo no son capaces de pensar con un mínimo de coherencia.

»A este grupo parece pertenecer Belmonte, el policía con nombre de torero que jamás llegará a inspector, el tipo ninguneado por Subirats y eclipsado por Eme-Eme.

»Belmonte, Subirats, Eme-Eme son algunos de los personajes de la última novela de Óscar Urra, Impar y rojo. Julio Cabria, detective y ludópata, o ludópata y detective, es su protagonista, como ya lo fuera en la primera irrupción del autor madrileño en el género, A timba abierta.

»Ambas dos publicadas por Salto de Página, ambas dos altamente recomendables. Y aunque Ambar 2 sea una marca de cerveza de La Zaragozana, aquí la estrella es la Guinness que abrirá los ojos al pobre Belmonte y le pondrá sobre la pista de ese Arlequín asesino al que nadie parece ser capaz de frenar.

»Y las autoridades sanitarias, que digan lo que quieran.»

Ricardo Bosque, Blog de Ricardo Bosque, Noviembre de 2009
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Impar y rojo

«Julio Cabria, el protagonista de esta novela, es uno de esos detectives tópicos que han aparecido en cientos de libros y películas: divorciado, cargado de problemas, no especialmente aseado, solitario y con algún vicio dominante (el juego en este caso). Y el resultado, como siempre, funciona.

»Pero Óscar Urra, el autor, ha ido un poco más allá. Y es que no sólo es capaz de contarnos una historia policíaca, es que además lo hace con un estilo casi poético, con una prosa rica y con abundantes símiles y metáforas. Tal vez haya pecado un poco de exceso con estas últimas, pero la valoración global es positiva.

»Una novela adictiva y con mucho ritmo. Esta historia más que leerse, se bebe, y de un trago.»

Pilar Alonso, Anika entre libros, Diciembre de 2009
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El universo de Óscar Urra

»(...) Óscar pertenece a esta nueva generación de escritores que escribimos novela negra en un tiempo en que el género ha conocido uno de sus auges más espectaculares, quizá por el éxito arrollador de Larsson. La paradoja es que Larsson no es chandleriano en su forma de escribir. Por el contrario, los escritores españoles que están actualmente en el candelero sí lo son. Y Óscar lo es mucho más, ya que Julio Cabria, su detective, y los policías Belmonte y Meléndez, y César el barman, y el Vitriolo, y tantos otros secundarios, llevan en sus genes las maneras y las formas de los personajes de Chandler. Cabria es Marlowe transportado a Tirso de Molina. Es, si cabe, todavía más marginal y más perdedor, pero no menos honrado que el americano. Es bebedor y jugador, capaz de perder una fortuna en una timba de póquer clandestino en cualquier tugurio de mala muerte.

»Óscar, además de magnífico escritor, es filólogo, cosa que todos los escritores quisiéramos ser pero que desgraciadamente no somos. El narrador, por tanto, utiliza un lenguaje limpio, pulcro y hasta seductor. Sin embargo, pone en boca de sus personajes toda la colección de vocablos propios del argot que hacen las novelas creíbles y desde ahora integrantes del más puro realismo social que se está haciendo en este país. Me alegró el hecho de terminar la primera de las novelas sólo por el hecho de empezar a leer la segunda. Y sólo espero que la tercera, salga cuando salga, sea un poco más larga para poder disfrutar de su lectura, realista, por momentos abstracta, ya que la lectura transcurre como en una nebulosa de humo de cigarrillos y vivencias oníricas, y poética.

»Así que, enhorabuena al autor, Óscar Urra, nieto de Chandler e hijo de Juan Madrid. Y enhorabuena a Salto de Página, por darse cuenta de que tenían a un buenísimo autor delante de sus narices y por haberle publicado aun siendo un autor novel.»

Paco G├│mez Escribano, El blog de Paco G├│mez Escribano, 29 de diciembre de 2009
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Caspa, grandeza y novela negra

«Tengo pilas y pilas de libros que me apetece leer.

»Pilas que casi parecen montañas y que cada día se hacen más altas.

»Resulta difícil escoger.

»No tengo ni tiempo ni fuerzas para leerlos todos.

»Cuando cojo uno y me siento con él en el sofá, creo que ya lo he dicho alguna otra vez, sólo espero que me guste, y que me sorprenda y que, al acabar, tenga un montón de cosas buenas que decir.

»Yo lo que quiero (y perdón por la cursilería) es enamorarme de cada libro.

»Y si esto no ocurre, es como si me partieran el corazón.

»Me pongo triste, se me tuerce el gesto, me entra la mala leche y me acabo cagando en todo.

»Lo que pasa es que hay libros que no sabes qué hacer con ellos: no te enamoran ni te dan ganas de quemarlos.

»Eso son los peores.

»O te enamoras de ellos y, al mismo tiempo, quieres quemarlos.

»Esos son los mejores.

»O, lo más extraño, empiezas con cierta ilusión, pero luego se te vienen abajo, o te cabrean, te peleas con ellos, y al final, acabas completamente rendido.

»Entregadito por sus defectos.

»Esos no los olvidas nunca.

»Como si fueran una novia coja, o bizca, o con extrañas cicatrices por todo el cuerpo.

»A mí es lo que me ha pasado con Impar y rojo, de Óscar Urra y editado por Salto de Página.

»Impar y rojo es una novela negra, la segunda protagonizada por un detective que se llama Julio Cabria.

»Detective ludópata, amante de la canción francesa (escucha a Brassens y a Brel), habitual de la filmoteca y lector empedernido de los clásicos (se entretiene con el teatro de Feijoo, conoce la pasión necrófila de Cadalso o cita El diablo cojuelo, como este blog).

»Cabria se mueve en ese territorio indefinido, entre la caspa y cierta grandeza, grandeza muy de andar por casa, la única posible, grandeza moral de la caspa cuando se revuelve contra sí misma y decide hacer justicia y poner las cosas por una vez en su sitio.

»Un territorio perfecto para la novela negra.

»En este caso, la historia arranca con dos muertos, un proxeneta y un cura, los dos han aparecido asesinados junto a una carta: un joker, o sea, un comodín. Para resolver el caso, la policía recurrirá a los servicios de un detective privado, el ya mencionado Julio Cabria.

»Lo primero que no me gustó de Impar y rojo es que es muy literaria. A ratos, incluso, demasiado literaria. Pelín forzada, como si Urra necesitara demostrar lo bien que escribe.

»Y unido a lo anterior, de ritmo lento, demasiado descriptiva.

»Mientras leía la primera parte me planteé varias veces dejarla.

»No terminaba de arrancar.

»Pero había algo que me animaba a seguir.

»Tampoco me gustó lo que tiene de continuación de A timba abierta, primera entrega de las andanzas de Julio Cabria.

»Impar y rojo está demasiado vinculada con ella. No es una historia independiente. Se trata, más bien, de una segunda parte, aunque plantee un caso distinto.

»Y yo no había leído A timba abierta.

»Urra se esfuerza por informar al lector sobre lo que ocurrió en la otra novela, o recordárselo, pero yo me sentía fuera: demasiados recuerdos, demasiadas aclaraciones, demasiadas vueltas atrás en el tiempo. Y el libro aún sin arrancar.

»No, el libro no estaba arrancando, estaba haciendo algo mucho mejor, estaba construyéndose a sí mismo.

»¿Qué es una novela negra?

»Una novela negra, más que una historia de polis y cacos, es en realidad un paisaje moral, un clima, una atmósfera, un lugar en el que quedarse a vivir cuando funciona.

»Por eso, en la novela negra más que en ningún otro género se hacen entregas y entregas con los mismos personajes y se inventan nuevos casos que no son más que excusas para que el autor y sus lectores puedan seguir instalados en ese mundo en el que tan a gusto se sienten, y en el que puedan dar rienda suelta a su melancolía, o a su furia, o a su frustración, o a su afán justiciero, o a lo que sea.

»Y entonces, al llegar a la segunda parte, Impar y rojo da un giro y se pone en marcha.

»Por fin arranca y se lo lleva todo por delante.

»Y lo primero que encuentra en su camino eres tú, lector.

»Literalmente, Urra te arrastra y todo eso que parecían defectos (demasiado literaria, de ritmo lento, etc) se convierten en un solar. Solar sobre el que, a partir de ese momento, se va a dar ese algo (atmósfera, clima o paisaje) en el que, ahora sí, querrás quedarte a vivir.

»Y da igual si la resolución del caso te gusta o no, si resulta creíble o si sientes que te han hecho trampas, porque con todos sus defectos, o a pesar de ellos, o precisamente por ellos, Urra ya te ha ganado. Urra ha escrito una buena, o buenísima, novela negra.

»Y además, luego viene uno de esos maravillosos epílogos en los que la caspa se revuelve contra sí misma y sueña con vengarse y darle a los malos lo que se merecen. Atmósfera o clima moral. Y aunque no lo ponga, lees al final esa palabra mágica: continuará. Y tú cierras el libro jodido. Pero jodido por un único motivo: porque quieres más y sabes que aún vas a tener que esperar muchos meses hasta que te ofrezcan la próxima entrega de este Julio Cabria. Un Julio Cabria que, mucho cuidado, la próxima vez que te lo encuentres va a llevar una Glock 19 en la mano y toda la rabia del mundo...»

Juan Vilá, Algo de libros, 9 de diciembre de 2009
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De amores y juegos negros

«Oscar Urra tuvo la gentileza de enviarme el manuscrito de Impar y rojo (...) hace unos meses. Yo no había sacado nada de esta nueva novela, nueva aventura de Julio Cabria, porque no había sido publicada. Ahora, hace escasamente diez minutos, acabo de recibir la novela impresa enviada desde Salto de Página, esa editorial que está apostando fuerte –y está acertando- por escritores jóvenes y noveles, por sabios escritores. De la novela puedo decir que Julio Cabria ha salido del barrio. Ha llegado hasta Galapagar en busca de un tesoro que, por ahora, nadie nos desvela. Julio Cabria se ha, parece, reconciliado con su hija, de nombre Sara. Julio Cabria visita a una enferma, Nadia, en La Concha a la que lleva flores y libros. Julio Cabria, el Huelebraguetas de Tirso, ha sido contratado por la policía para encontrar a un psicópata llamado Arlequín.
»Conocíamos de antes a sus personajes. El Vitriolo al que la naturaleza le ha regalado un oído capaz de captar conversaciones sin esfuerzo ninguno, oído que le dará la vida y los quebrantos. El hermano de Julio, ese cura que necesita un pequeño empuje de vez en cuando para poder hablar con el más allá y perdonar a los dioses, ya que el perdón a los humanos es algo más difícil. Además ahora empezamos a conocer a otros. Sara, que queda perfilada con breves toques. Belmonte, el policía tramposo y perdedor. Subirats, el comisario al que no parece que le vayan muy bien las cosas, sobre todo después del fiasco de El Solitario. Eme-Eme (Modesto Martínez), un personaje a tener en cuenta, perfilado en unas pocas escenas, a destacar su paso por la librería especializada en historietas de héroes justicieros, ambos, dueño y cliente, coleccionan y comparten palabras finales de villanos desvencijados que chapotean en el barro de su última derrota (toda la novela se enriquece con estas figuras). César, el camarero dueño de El Portón, entendido en cine y otros gustos no confesables. Claro que no podemos dejar de lado a Julio Cabria, jugador empedernido y hombre de pocas palabras, tan pocas que por ello a veces su cara choca con puños indeseados.
»Subirats, Eme-Eme y Belmonte se enfrentan a un maníaco asesino al que llaman Arlequín. Se ha cargado a un tipo en la Casa de Campo y ha dejado encima del cadáver una carta, un joker. Pocos días después una carta igual aparece encima de otro cadáver, el de un cura de una parroquia céntrica. El comisario Subirats, en un acto sin precedentes, confía el caso a Julio Cabria por no tener hombres disponibles, por querer llevarlo de forma discreta, puesto que después de lo de El Solitario no quiere más ridículos ni risas a su costa.
»Esta simple historia es el sostén de una magnífica novela que bebe de las fuentes dejadas anteriormente con el Caso Pandora, el que nos permitió conocer a los personajes. Caso aquel resuelto, como ahora el de El Arlequín, pero con algunas rendijas abiertas que, si en el primero dio pie al segundo, ahora nos está dejando la expectativa muy alta respecto a algunas dudas: Meléndez -uno de los policías más cabrones, si exceptuamos a Mirada de Hielo (Ojos Grises) y al Guapo-, y su tesoro, algo que va costando vidas también por ahí.
»La novela es obra de un poeta. Óscar Urra emplea la lengua con una gran sabiduría y total entrega. Metáforas, símiles, onomatopeyas… Hace cambios en el narrador jugando con la primera persona y la tercera, con los pensamientos y las exposiciones. Con unos diálogos sugerentes y bien construidos. Mezclando sabiamente diálogos con reflexiones, es decir, dinamismo y paradas que nunca pesan. Para mi el primer capítulo, el del padre Basilio, es genial, en el que se concentran las figuras, el lirismo y los problemas de conciencia. La magia y la realidad, el más allá dentro del más acá. Claro que el segundo, la partida de póquer; el ocho, el del Vitriolo; el treinta, el de la tortura entre rezos y papelinas… ¡Todos!
»Todo ello bajo una posición comprometida con las gentes menos favorecidas, aquellas que no alcanzan ni las migajas del pastel. Óscar Urra deja claro quienes son los explotadores: aquellos que hablan de “crear empleo” en lugar de referirse a sus beneficios obtenidos de la explotación implacable. Toda una novela.»

Enrique Bienzobas, Liberty, 16 de noviembre de 2009
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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