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reseñas y críticas La lista negra
La lista negra. Nuevos culpables del policial espa√Īol

«Es de agradecer que editoriales como Salto de Página se preocupen por ofrecer antologías de relatos cortos de género como esta La lista negra. Como su subtítulo se asegura que es una antología de autores "nuevos", que aunque sus edades y trayectorias literarias son bastante dispares, supondremos que son autores que están a las puertas de entrar en la primera línea de este género literario en nuestro país (aunque quizá sobraría el epíteto "español" pues el último relato es del mexicano Joaquín Guerrero Cassasola).
»La lista de autores es amplia y cuenta con algunas voces muy interesantes en nuestro panorama literario. No es una antología tan brillante como la que sacara hace años Lengua de trapo como La feria del crimen pero en Francia, ya que aquella apostaba por autores mucho más consagrados.
»En sus páginas encontraremos un panorama amplio en lo temático y en lo narrativo. Hay policías, asesinos, gangsters y detectives, hay historias de género puro, thriller y otras que entremezclan elementos de terror, humor o el más puro costumbrismo; hay relatos impregnados de clasicismo, relato periodístico de historias reales y otras llenas innovación que buscar romper con los cánones. Igualmente en sus páginas veremos preocupaciones habituales del género en nuestro país como la inmigración o las heridas de la Guerra Civil.
»Entre ellos hay varias piezas excelentes como Las hojas secas, de Domingo Villar, que posee una estructura milimétrica y un bien medido giro final, o el breve, demoledor y macabro Temor de hijo, de Juan Aparicio Belmonte. Y un buen puñado de notables relatos como la sutil y terrible Además de Renfield (de Juan Ramón Biedma), Una fosa poco común (de Luis García Jambrina), el vívido relato periodístico Del amor, al infierno (Carles Quílez), la tensa Mala Suerte (de Pedro de Paz) o Villancico (Antonio Jiménez Barca). También hay otros bastante más flojos de la media de la antología como la tibia Los fantasmas del Windsor (Nacho Faerna) o el inclasificable experimento Oh Vinnie Kansas, ¿No harías tú lo mismo? (Laura Malasaña)
»¿Habéis leído esta antología? ¿Qué os ha parecido?»

David Yag√ľe, Best seller espa√Īol, 2 de junio de 2009
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La lista negra. Nuevos culpables del policial espa√Īol

«Es fácil hacerme cantar, lo reconozco, por tanto le ruego que no me dirija el  flexo a los ojos, o no podré decir, mejor dicho, escribir, que esta colección de relatos me ha deslumbrado. Aunque en mi contra no le van a valer esos intentos suyos de desmontar mi coartada, sus argumentos a propósito de que mi sorpresa es fruto de mi ignorancia, y del hecho de que he transitado poco los bajos fondos del género negro. Mi declaración no puede ser otra que la que atestigüe que Álex Martín Escribá y Javier Sánchez Zapatero han acertado de pleno en la realización del trabajo sucio de selección.
»Los dos culpables citados son también autores del corto pero ilustrativo prólogo que concreta el también corto y no siempre fácil panorama que la novela negra ha tenido en España. Y supongo que si en el prólogo de un libro de relatos sólo se cita el transcurso de la  novelística, es porque el relato breve de género negro ha tenido menos presencia aún en el panorama editorial. Si estuviera diciendo la verdad (en el sentido de que estuviera en lo cierto), entonces esta recopilación de veinte autores y dieciocho relatos, supone un importante intento de reparar o compensar esa carencia. Y si no estoy en lo cierto y hay mucha producción de relato breve negro, de todas formas esta colección de dieciocho relatos ofrece una visión enriquecedora, múltiple y caleidoscópica del género, que contrariamente a lo que siempre nos han hecho creer (quizá sus detractores), va más allá de la figura del mero detective duro que sostiene la colilla en la comisura de los labios con su rubia platino incluida en el lote. Me parece que el negro español goza de una salud creativa envidiable: el crimen sangriento (incluida la variante pasional), la droga, la prostitución, las mafias de la inmigración, lo macabro, la figura del detective, la enfermedad mental, la metaliteratura… Y la variedad de puntos de vista, que iremos desgranando en algunos comentarios a los relatos que componen esta antología integrada por autores, según dicen, consagrados los unos, recién bautizados, los otros.
»El presente volumen se abre con "Las hojas secas"  de Domingo Villar. Ya he advertido de mi condición de lector poco cultivado (algo de Vázquez Montalbán, un poco de Juan Madrid, y “El sueño eterno” de Chandler), es por eso que esperaba un relato impactante, correoso, acorde a mi idea preconcebida. Fue muy agradable encontrarse todo lo contrario: una composición cuyo nudo es un crimen, pero que por momentos roza el lirismo poético (p. 19 “… contempleé los surcos que el caminante abría en la broza, como la estela de un barco al zarpar hacia América”), que hace uso de los recursos literarios  (p. 24 “…mirando la estela del barco me sorprendí imaginando que eran surcos en la hojarasca”), y que se cierra con un final sorpresivo. Es un relato impecable, que abre expectativas en el lector que no quiere abandonar la historia, pero que ve cómo esta se resuelve quizá demasiado rápido en sólo seis páginas, lo que le deja un mal sabor de boca.
»Pedro de Paz juega en “Mala suerte” a llevar la contraria, y sirviéndose del típico “despiste” de un kilo de coca, ironiza (“Parecía un modelo recién salido del Macarra’s Digest.”) y exagera la nota del género, con un lenguaje controlado como sacado de un tesauro o un índice de términos normalizados sobre escritura negra: “tipos”, “Aquellos hijos de puta eran auténticos profesionales…”, “lúgubre cuartucho”. El autor durante todo el rato juega muy bien con el lector al gato y al ratón, pues uno no sabe en qué va a quedar la cosa, a favor de quién se va a resolver, si la sangre se va a mezclar con la risa.
»La verdad es que no conocemos mucho de los engaños y abusos que nuestros emigrantes pudieron sufrir de manos de otros compatriotas. Las historias del puerto de Nueva York o de la Argentina que recién nacía hablaban de italianos que sí que hacían su agosto a base de explotar a otros italianos recién desembarcados. Antonio Jiménez Barca es autor de “Villancico”, un relato de atmósfera muy lograda que supura soledad, añoranza del tiempo pasado (policía) y desvalimiento (chinos extorsionados por los suyos, defendidos por el policía).
»No siempre conviene remover el pasado. Pero si nos viene Ricardo Bosque con su “Remover el pasado”, eso ya es harina de otro costal. Un hombre tiene que reconsiderar si quiere seguir teniendo un pasado “normal”, cuando se descubren dos cadáveres en el jardín de la casa que acaba de heredar. Bien interesante, por aquello de que el lector se plantea los mismos interrogantes que el protagonista, y por la inquietud que logra crear con la figura de la vecina, que naturalmente sólo al final cobra sentido.
»Mi consejo es que se deje emborrachar con el “Tinto”  de Carlos M. Ortega Vilas, uno de mis favoritos (el relato, no el vino). Aquí se narra el final de un hombre y el principio de un asesino. También el principio de un periodista. Y lo mejor es que uno no sabe que la narración que estaba leyendo, la del asesino Tomás de Sousa, la del sicario que innecesariamente descerraja un tiro en la nuca de sus víctimas después de estrangularlas, el Estrangulador de Setúbal, es escalofriante. Se entera en la última línea. Igual que si cortara una chulla de magro tocino y al llegar al final uno se corta en el dedo con la navaja: “El matafire que ya no necesita ocultarse de las iras del hombre, porque esa a la que tan bien cebó en el pasado nunca pierde el apetito, ni es leal, ni gratifica los favores.”
»“Harlem” de Luis Gutiérrez Maluenda es otro homenaje al género en forma de guiño irónico protagonizado por el duro de Mike Winowsky, en el que por supuesto no faltan un par de muertos bien despachados.
»Lo del aparatoso incendio de aquel coloso madrileño llamado Windsor queda ya como muy lejano en la memoria, y es de esos episodios que al volverse a citar, uno se  pregunta en qué quedaron. Que se eche para un lado Iker Jiménez que Nacho Faerna en “Los fantasmas del Windsord” nos da la explicación, y una novedad: además de ex guardias civiles pirados, también hay bomberos corruptos. Y otra óptica del relato breve negro: la de unos personajes retratados en cinco “capítulos” no desde el tremendismo moral (la Fanny es una dependienta y ladrona ocasional de la mano de la gran superficie que la alimenta a tiempo parcial en navidades y promociones, y el bombero hace “trabajillos” calientes para pagar cuanto antes la entrada de una unifamiliar), sino desde el  humor disimulado, y que expuestos a esa luz dan un juego pero que muy logrado.  
»Óscar Urra consigue en “Resumen” retratarnos un detective privado anti-género. Un trabajador por cuenta propia con piso y esposa, que ve cómo los casos van menguando, que sin hacer bilis ni falsetes de duro cuadra el balance de lo que ha sido su vida, y que se plantea lo poco que quizá le podría quedar por vivir si le da un algo repentino que lo quite de en medio, como a su suegro al que acaban de enterrar. Tiene unas descripciones gustosas “Crujieron las escaleras de madera y cuando alcanzó la calle, en el cielo temblaba un disco amarillento, tibio, que pugnaba por taladrar el muro de mercurio del horizonte”, y un final muy bien abierto.
»“Temor de hijo”, de Juan Aparicio Belmonte luce de bueno aparte del trazado del relato, esa conexión macabra con el miedo que mucha gente siente (entre la que me podría incluir) a ser enterrado en estado catatónico. Una historia redonda donde ese tópico típico temor ha sido inteligentemente puesto al servicio de un excelente relato.
»Y para dar más riqueza aún al libro, pero siguiendo en esa línea anterior de conectar con lo “popular”, del relato que tiene algún componente como de cuento tradicional o etnográfico, el de José Luis Correa, “La maestra de cocina”, que incide sobre esa forma tan sencilla y sustanciosa de deshacerse del cuerpo del delito que usted descubrirá leyendo esta receta de buena cocina.
»Javier Puebla. "Jugando con la muerte y la desgracia ajena". Me aventuraría a decir que es el relato que más hace reflexionar de todos, y que aunque literariamente intachable, es moralmente incómodo: el miedo a enamorarse de la persona equivocada, el doble juego del periodista (también el lector), que quiere erigirse en redentor pero al que repulsa la idea de la enfermedad de la prostituta… Hasta aquí puedo escribir porque el relato merece no ser revelado.
»Sería un bellaco si dijera que he leído de Laura Malasaña  “Oh, Vinnie Kansas, ¿No harías tú lo mismo?”, porque lo cierto es que no lo he leído. Pero también sería una bellaquería no citarlo porque Laura Malasaña es tan autora como el resto y su creación merece el mismo respeto. Lo que ocurre es que a mí personalmente me ha parecido que es un texto que exige demasiado del lector, es como si la escritora me lo hubiera puesto demasiado duro, lo que no deja de ser una opinión personal e intransferible, y por tanto no la única posible.
»“Una fosa poco común” es un juego de palabras y una verdad contenida en el relato. Luis García Jambrina arma un excelente relato con la Guerra Civil española en la trastienda. Es cierto que la venganza es un plato que se sirve frío, que la venganza se podría trazar en el infinito, y también es cierto que en este libro de tan amplias miras conviven  ejemplos novedosos de relato negro y otros más académicos como este que nos ocupa, lo que desde luego no le hace perder su gran pulso narrativo, su final casi sorpresivo, y esa reflexión/cuestión técnica procedimental que queda en la mente del lector: ¿y ahora qué hace el guardia civil depositario de esa confesión, con esa verdad desvelada pero que carece del soporte de la prueba? ¿Hay ocasiones en que realmente conocer la verdad no sirve de nada? Un camino común pero que según mi criterio desemboca en uno de los mejores relatos del volumen.
»Una de los aspectos que más llama la atención de este libro es la gran capacidad para titular de que hacen gala los autores. El de Empar Fernández y Pablo Bonell Goytisolo  (“La vida antes de la muerte”) es otro de esos ejemplos del título como verdadero resumen de lo que uno va a encontrar líneas abajo. Dos mujeres de vidas distantes geográficamente, distintas en cuanto al proceso por el que desembocan en el callejón sin salida de la prostitución, que al final se cruzan en el barrio chino de Barcelona, para encontrar la muerte. Una colaboración (la de la escritora y el escritor) que consigue amasar un relato excelente.
»La riqueza de esta antología ya lo adelantábamos, también es temática. En este sentido Juan Ramón Biedma en  “Además de Reinfeld” da la vuelta a la tortilla de la enfermedad mental y la sorpresa está servida. Aunque el lector debe estar muy atento al relato porque este es uno de esos en los que el efecto está en el mecanismo, y fácilmente podría pasarle desapercibido (a la segunda lectura se me desveló y entendí el sentido).
»Al detective de “Resumen” (relato ya comentado de Óscar Urra) se le ocurre que podría escribir una autobiografía “y dándole un toque novelesco a los casos verídicos, que es lo que al público le gusta”. Yo no sé si el relato de Carles Quílez  “Del amor al infierno” pertenece a esta tipología, es decir, que intencionadamente el autor ha “literaturizado” hechos reales. Desde luego si es así, una vez más la realidad supera a la ficción. Y si no, pues el Carles Quílez ha “fabricado” una noticia excelente.
»Siempre se ha dicho que los escritores tienen la ventaja de que si alguien les cae mal lo pueden matar sobre el papel. Conozco algunos casos de crímenes negro sobre blanco.  José Ángel Mañas y Antonio Domínguez Leiva. La muerte del crítico. ¿Podría decirme a quién matan estos dos chicos en la hilarante y disparatada narración?
»Y la traca final, el trueno gordo, el “catetos a su pueblo” a este que ha resultado un magnífico libro, lo pone Joaquín Guerrero-Casasola con “Los perros hablan poco”. De entre las dos tendencias que se observan, es decir, la más libre y creativa y la más “académica” (vuelvo a repetirme), el autor elige esta última. Pero vuelvo también a repetir que eso no quiere decir que el relato esté constreñido ni encauzado en unos límites que lo asfixien o lo acartonen.
»Un México de 1956 con buenos, malos, maldad, ambición, venganza, deseo… Un México de 1974 con buenos, malos, maldad, ambición, venganza, deseo… Es un relato rico y perfectamente ensamblado (a ello ayuda claro está lo generoso de su extensión), que pone broche de oro al volumen.
»Y ahora que ya he desembuchado, que ya sabe lo que quería saber, ¿Por qué no me deja marchar?»

José Cruz Cabrerizo, La biblioteca imaginaria, Mayo de 2009
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La lista negra

«El del relato es un medio escurridizo porque nada está claro, ni en términos de extensión, ni de densidad, ni de estructura. Ello motiva que muy a menudo se llame relato a un texto de treinta o cuarenta páginas al igual que se puede considerar relato otro de cinco, diez o quince, y ello conlleva ciertas dificultades que en el caso de una antología pueden tener extrañas consecuencias si los antólogos no andan listos en las concesiones y hábiles en la selección.
»Hay relatos en La lista negra que realmente lo parecen, es decir, textos escritos ex profeso para ser publicados en una antología o similar. Frente a ello, hay otros textos que por su extensión y estructura tienen poca pinta de relato y más bien parecen descartes, apuntes o esbozos de novelas, bien planteados, desarrollados con cierta eficacia, pero cerrados en falso para la ocasión a fin de enmascararse como relatos. Por supuesto, muy a menudo no logran su objetivo de camuflarse como lo que no son, y se nota.
»Lo antedicho se hace especialmente perceptible, además, por la poco eficiente distribución de los textos a lo largo del libro. Un reparto nada hábil pues en lugar de aprovecharse los auténticos relatos como píldoras vigorizantes para, una vez espolvoreadas a lo largo de la obra, mantener la tensión en el lector y relanzarle hacia delante invitándole a seguir leyendo, ocurre que tienden a aparecer juntos, irregularmente repartidos, lo cual provoca que la antología en general tenga prolongados momentos de lectura monocorde y anodina.
»Lo precedente desemboca en una segunda fuente de extrañeza que toma la forma de una desigual calidad literaria en los textos que se ofrecen al lector. Frente a los relatos auténticos, que se muestran tensos, con buen pulso, vigorosos, aquellos otros que parecen retales de historias mayores –no podemos decir si mejores o peores en la medida que desconocemos como serían llevados a su final natural– se ofrecen raros, forzados y falsos. Con autores excesivamente presentes e historias a menudo artificiosas. Esto –bien lo saben los lectores– sucede a menudo en las antologías, pero en el caso que nos ocupa no es la necesaria excepción sino una molesta tónica. Por supuesto, no quiere decirse con ello que La lista negra sea necesariamente una mala antología, pues hay elementos muy salvables en ella, sino tan sólo que hay en sus páginas demasiados factores prescindibles para lo que sería normal en un libro de estas características.
»Pero hay más cosas extrañas: es dudoso que alguno de los relatos que aparecen en La lista negra puedan ser calificados como literatura negra, criminal, o similar. A lo mejor, y sin ánimo de ofender, dado su carácter experimental es dudoso que puedan ser considerados propiamente como literatura en la medida que toman el aspecto de bocetos. Textos raros, extravagantes, sin pies ni cabeza, escritos con ánimo de epatar al lector, que bordean el surrealismo más ramplón y tratan de jugar a la posmodernidad. Esto no sería malo en sí mismo si no se nos trataran de vender como relatos en clave negra, cosa que ni son, ni están a mil años luz de ser.
»Debemos suponer que este es uno de los daños que viene provocando en el género el encumbramiento de determinadas tendencias por parte de los críticos, la permanente búsqueda del grial en la que parecen embarcadas las editoriales, y el reiterativo interés de los jurados de los certámenes literarios por premiar lo dudoso. Entiéndase bien: no están mal pretensiones como la originalidad y la creatividad, y deben ser valoradas en su justa medida, pero no se puede vivir anclado de la torpe idea de que ser creativo y original es necesariamente equivalente a la charlatanería. Tampoco puede culparse a los autores de esta enfermedad y, de nuevo, se echa de menos un trabajo más concienzudo por parte de los antólogos que, creemos, se amparan con cierta frivolidad en la idea de que se trata de una antología “amistosa”, precepto que no ha de confundirse con el “todo vale”.
»Terminaremos con un apunte terminológico al prólogo que nos introduce en la antología: es evidente que vivimos días de palabrajos largos, compuestos, con muchos guiones de por medio que tratan de reinventar lo que no hacen más que complicar, pero nunca hemos sabido qué cosa sea la “literatura negrocriminal”. Si ya nos desenvolvemos en un submundo literario en el que ha costado tremendos esfuerzos establecer terminologías unívocas y etiquetas identificativas homogéneas –algo que podrá parecer tonto, pero que resulta imprescindible si se quiere obtener respetabilidad–, lo que menos se necesita es reinvención, cambalache y confusión.
»En definitiva, y como suele suceder en estos casos, no puede decirse que La lista negra sea una mala antología, pero sí rara e irregular. Jalonada de buenos momentos, que merecen la pena para el lector, pero demasiado adicta al altibajo. Lo dicho, una extraña antología. No es bueno –ni deseable– hablar de porcentajes en el ámbito literario, pero bien podríamos hacer la excepción para establecer un corolario: aprovechable en un cincuenta por ciento.»

Francis P. Fernández, Prótesis, Abril de 2009
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La lista negra. Nuevos culpables del policial espa√Īol

«Bajo este sugerente título, los compiladores han reunido dieciocho relatos breves e inéditos hasta ahora de “autores que irrumpen cada vez con más fuerza en la narrativa negro-criminal”, como se anuncia en la introducción. El lector puede pensar que se trata de escritores jóvenes o “emergentes”, aunque lo cierto es que alguno de ellos tiene más de cincuenta años y varios sobrepasan ampliamente la cuarentena (son, por ejemplo, mayores que Lorenzo Silva, que no figura en el volumen, tal vez porque no ha parecido lo bastante “nuevo”). En un breve prólogo, los compiladores relacionan el auge de la novela negra con el final de la época franquista y el cambio de régimen, aunque convendría matizar que la etapa anterior no es, en este sentido, tan yerma como ellos subrayan y que, además de algunos nombres de cultivadores del género que señalan como excepciones —García Pavón, Tomás Salvador, Mario Lacruz—, hay otros nada desdeñables en este terreno, como Guillermo López Hipkiss, Juan José Mira, José María álvarez Blázquez, Noel Clarasó, José Mallorquí o Alejandro Núñez Alonso, por no citar a muchos más escritores, algunos muy prolíficos, que, casi siempre amparados en el pseudónimo, publicaron en las numerosas colecciones de novelas de quiosco que alcanzaron gran difusión en los años cincuenta del pasado siglo —FBI, Brigada secreta, G-Men, Misterio, Servicio Secreto, Scotland Yard, etc.— y que constituyen por sí mismas un notable fenómeno editorial.
»La brevedad de los cuentos que se incluyen en este volumen, unida al hecho de que muchos de los autores se han acercado sólo ocasionalmente al género o tienen poca obra publicada, dificulta una valoración firme de su calidad narrativa y de sus posibilidades como creadores. Se advierte en algunos casos, sin duda, un excesivo mimetismo en el estilo narrativo, que remite a Hammett o Chandler en contados momentos, y más a ciertos cultivadores de la hard-boiled novel (véase el relato “Harlem”, de Luis Gutiérrez Maluenda) e incluso a la estética del comic (como en “Oh, Vinnie Kansas, ¿no harías tú lo mismo?”, esquemática muestra de Laura Malasaña). Son decepcionantes “Los fantasmas del Windsor”, de Nacho Faerna, escasamente imaginativo —a gran distancia de un cuento sobre el mismo asunto de Gregorio Salvador—, y “La muerte del crítico”, que firman conjuntamente José ángel Mañas y Antonio Domínguez Leiva y que, en realidad, mezcla parodia y sátira y no encaja apenas en el ámbito temático propuesto.
»Excelente como relato, y además bien escrito, aunque algo premioso, es el cuento “Las hojas secas”, de Domingo Villar, que explota adecuadamente, además, la condición casi inexcusable de la sorpresa final. Y lo mismo puede afirmarse de “Mala suerte”, de Pedro de Paz, aunque el interrogatorio y el juego con el revólver tengan demasiados antecedentes en el cine de maleantes. “Remover el pasado”, de Ricardo Bosque, es una historia mejor planteada que resuelta. En el conjunto, dos cuentos destacan sobre los demás, por su escritura y su ajuste a los cánones esperables del relato negro: “Temor de hijo”, de Juan Aparicio Belmonte, y “La maestra de cocina”, del canario José Luis Correa. En ambos hay un esbozo psicológico de los personajes que constituye el motor de los sucesos y que se echa de menos en los demás relatos, casi todos ellos lastrados por la superficialidad de las acciones y el perfil borroso o tópico de los tipos —más bien estereotipos— que las llevan a cabo. Lectura de quiosco, apta para entretener un tedioso viaje en autobús.»

Ricardo Senabre, El Cultural, 24 de abril de 2009
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La lista negra

«Salto de Página propone a estos "nuevos culpables del policial español" apostando sobre seguro: muchos de los veinte autores que firman los otros tantos relatos de La lista negra, están bastante fogueados en el género. Estamos pues, ante un "estado de la cuestión" que, más allá del éxito o fracaso de los relatos, no deja de revelar algún detalle interesante. Por ejemplo algo que ya señalan los editores en el prólogo: la reducida presencia de la figura del detective en la mayoría de los cuentos. Al parecer, hay otras derivas para el relato policial local, más allá del clásico adalid, y tienen que ver con nuestra cambiante realidad social: mafias de Europa del Este, conflictos inmobiliarios, negocios alrededor de la inmigración, etc. Nos quedamos, sin embargo, con el ejercicio narrativo de Javier Puebla en su "Jugando con la muerte y la desgracia ajena". Un relato en el que la propia escritura se convierte en protagonista. Metaliteratura de género.»

J. R., Revist Quimera, Mayo de 2009
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Palabras asesinas, o el crédito de una literatura comprometida y entretenida

«Desde García Pavón, pasando por Vázquez Montalbán, el paradigma del relato policial-negro-criminal ha ido implantándose poco a poco en las literaturas peninsulares hasta llegar al actual “boom”. En esta brillante antología aparecen algunos miembros de una nueva camada de escritores que, con relatos sorprendentes, duros, trepidantes, que dejan sin aliento al lector, insisten en describir el “aquí” y el “ahora” en forma de relato negro. Se discutirá, como en toda antología, la exactitud en la elección de los autores pero lo que está fuera de toda duda es el creciente éxito de este tipo de narraciones, historias que se ajustan como un guante a una sociedad —la nuestra— sospechosa de esconder mucho más de lo que muestra. Que se escriban y se lean cada vez más es un síntoma tan gozoso como inquietante.»

José Miguel Segura Roselló, Mediterráneo, 19 de abril de 2009
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La lista negra

«La lista negra. Nuevos culpables del policial español recoge dieciocho relatos inéditos firmados (a veces a dúo) por veinte representantes de la literatura negra española actual. Se trata por tanto de una amplia muestra —que intenta ser además lo más rica, variopinta y heterogénea posible— de lo que se hace hoy en día dentro de este género.
»Como bien señalan Alex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero en el prólogo, La lista negra. Nuevos culpables del policial español nace con la intención de ofrecer un panorama de las nuevas tendencias del género. Es, pues, una recopilación de cuentos inéditos donde el lector encontrará no sólo nuevas miradas sobre el policial español sino también una lista de autores que irrumpen cada vez con más fuerza en la narrativa negro-criminal. Citados ya los clásicos españoles, se ha tener en cuenta que detrás de ellos emerge un nuevo grupo dentro del género. La aportación de estos veinte escritores lleva a confirmar sin lugar a dudas la existencia de un nuevo grupo de narradores negros y, por extensión, que España empieza a ser, literariamente hablando, un país con cierta tradición criminal.
»Esta enorme variedad de enfoques, temáticas y estilos dificulta bastante a la hora de realizar un tipo de clasificación que sirva para poder englobarlos pero por otro lado evita lo previsible o lo tópico.
»De todos modos, sí que existen unos relatos que se me antojan bastante más reflexivos o psicológicos que otros, como sucede por ejemplo con “Tinto” de Carlos M. Ortega Vilas, un texto espléndido en el que se intenta explicar buceando en la infancia del personaje los motivos para matar de un asesino en serie, o en el más poético “Resumen” de Óscar Urra , una suerte de investigación personal o íntima narrada desde el interior del protagonista, o también en “Jugando con la muerte y la desgracia ajena” de Javier Puebla en el que se narra la relación de atracción-repulsión que provoca una prostituta en un periodista que ejerce también de quiromántico; la crónica obsesiva y desesperada de un amor imposible, sin olvidar tampoco una de las que considero mejores de este tipo, Remover el pasado de Ricardo Bosque, una curiosa intriga en torno a unos cadáveres descubiertos en la casa del protagonista. La tarea que emprende el protagonista por esclarecer el porqué de esas muertes le desvelará algo inesperado de su propio pasado. Bosque sabe contar una historia desde el interior del personaje pero también conoce bien de qué modo hacer que la investigación que éste realiza no pierda pulso ni interés.
»Hay otros sin embargo que se nos ofrecen salvajemente policíacos, mucho menos introspectivos y más enfocados a la acción, los tiros a bocajarro, la agresividad y la violencia como “Los perros hablan poco” de Joaquín Guerrero-Casarola, planteada como un film tipo “Amores Perros”, o “Del amor, al infierno” de Carlos Quílez, que además está contada con la inmediatez y capacidad de síntesis de una crónica de sucesos; un texto que mezcla periodismo y ficción a partes iguales con muy buenos resultados.
»Por generalizar un poco más podríamos hablar de un primer grupo en el que estarían incluidos los que intentan hacer un tipo de novela negra “made in Spain”, con denominación de origen, es decir con personajes españoles y ambientadas en ciudades de nuestro país tal y como sucede en "Villancico" de Antonio Jiménez Barca, una de Clint Eastwood a la española, o "Los fantasmas del Windsor" de Nacho Faerna, dos intensas y emocionantes historias —la primera bronca y áspera pero no exenta de ternura y la segunda un poco más divertida y muy ágil— acaecidas ambas en el Madrid actual. Barcelona es la ciudad elegida sin embargo por Empar Fernández y Pablo Bonell Goytisolo como escenario de "La vida antes de la muerte", excelente relato cuyo eje central de la trama gira en torno a un trágico suceso en el que están implicadas dos prostitutas, una española y otra de los Países del Este que ha venido a España engañada. Luis García Jambrina en cambio elige una pequeña localidad para contarnos una hermosa historia que une memoria histórica y venganza en Una fosa poco común, sin olvidar tampoco Las Palmas de Gran Canaria que es en donde se desarrolla la acción de "La maestra de cocina" de José Luis Correa, un cuento que incluye un bonito y simpático guiño hitchcockiano.
»Por otro lado, podríamos hablar además de un segundo grupo en el cual englobaríamos a aquellos autores que prefieren un tipo de narración más cercana a la norteamericana, más pulp, por ejemplo la tarantiniana y emocionante "Mala suerte" de Pedro Paz o ese salvaje y divertidísimo homenaje que Luis Gutiérrez Malenda dedica al mundo de Mike Spillane, el autor de Mike Hammer en "Harlem".
»Quizá los más curiosos sean aquellos que han decidido tirar por el surrealismo puro y duro o por la mixtura de géneros. Así, José Ángel Mañas y Antonio Domínguez Leiva se toman su especial revancha en la divertida, absurda y caótica “La muerte de un crítico”. Por otro lado, Laura Malasaña prefiere la auto-parodia del género homenajeado en "Oh Vinnie Kansas, ¿No harías tú lo mismo?", en una narración histérica y confusa que me evoca de inmediato los mundos bastados de Almodóvar esbozados con mejor o peor fortuna en films como “Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí” o “Más que amor, frenesí”. Dos malditas extravagancias.
»Dentro de los han preferido arriesgar mezclando géneros podríamos a citar a Juan Ramón Biedma ("Además de Reinfeld"), a Domingo Villar ("Las hojas secas") y a Juan Aparicio Belmonte ("Temor de hijo"). Con este último, Aparicio Belmonte intenta introducirse un poco en el mundo de las obsesiones morbosas de Poe consiguiendo un texto más cercano al fantástico o al terror que el género negro, mientras que en el de Domingo Villar nos encontramos con la crónica de un angustia, que dura varios años, provocada por un asesinato del que el protagonista es testigo pero no se atreve a denunciar.
»Por último, en el sorprendente y original relato de Biedma se utiliza como excusa a uno de los personajes más carismáticos o recordados de “Drácula” (Reinfeld) para explicar el extraño síndrome que padece una siniestra chica aficionada a andar por la cuerda floja; para mi gusto, el relato más alucinante y genial de todos los incluidos en el libro y que incluso me ha empujado a buscar otros libros de este autor para seguir leyendo más cosas de él.
»La lista negra me ha parecido un libro magnífico de principio a fin. Me lo leí casi completo en las tres horas y media largas que dura el recorrido del autobús que hace la ruta Cádiz-Málaga y los dos o tres relatos que me quedaban por leer me los leí en el trayecto de vuelta. Cada una de las narraciones que aparecen en la antología no sólo me parecieron muy amenas y entretenidas, sino también muy diferentes unas de otras, y, lo que es más importante, con personalidad propia.»

J. B. McGregor, Anika entre libros, 3 de abril de 2009
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Polocíacos Unidos, S. L.

«El pecado original de la novela negra española no fue el retraso respecto a otros países (no tantos) de Europa, algo superable con rapidez, sino la falta de tradición propia, el mimetismo foráneo indiscriminado y, a la larga, la desconexión de la realidad sociopolítica autóctona, con ausencias argumentales clamorosas en beneficio de lo políticamente correcto. La nota predominante vino dada por la dispersión temática y de enfoques, aunque dentro de los límites antes indicados.
»Grados de madurez. Desde un punto de vista global y colectivo, no individual, el género policial español es en buena medida un experimento necesario y fallido, un proceso incompleto cuyo apogeo está por llegar, necesitado de ampliación de horizontes críticos apenas entrevistos actualmente. En este marco, como contraste con la inanidad autocomplaciente y ensimismada que inunda gran parte de la narrativa vigente, aparece esta antología o gavilla de relatos negro-policíacos que incluye autores entre los treinta y los cincuenta y tantos años, con un aporte de nuevas miradas que modifican la percepción viajera y dan un sentido distinto al paisaje. Los veinte autores incluidos en esta antología difieren en grado de madurez, pero tienen como denominador común la voluntad de ir ocupando territorio en un género necesitado (como cualquier otro) de voces nuevas y refuerzos originales.
»Los textos aquí recogidos tienen calidad de notable alto en la mayoría de los casos. Una panorámica provechosa cuyo interés generacional fronterizo es innegable, y que muestra escenarios dispersos y el declive del detective privado de ficción (ya era hora) como recurso protagonista. Sólo aparece en dos de los cuentos: «Resumen», de Óscar Urra, y otro con nostalgia de pulp fiction: «Harlem», de Luis Gutiérrez Maluenda.
»En el muestrario argumental, el crimen impulsado por motivos pasionales tiene su lugar, por supuesto, en relatos como «Las hojas secas», de Domingo Villar, o «Remover el pasado», de Ricardo Bosque; al igual que las historias de delincuentes, en algún caso rozando la crónica de sucesos: «Mala suerte», de Pedro de Paz; «Del amor, al infierno», de Carles Quílez, y, tangencialmente, «Los fantasmas del Windsor», de Nacho Faerna. Otros cuentos tienen que ver con asesinos en serie traumatizados desde la infancia («Tinto», de Carlos M. Ortega), el vampirismo psiquiátrico («El síndrome de Reinfeld», de Juan Ramón Biedma) o la trata de blancas y la prostitución: «La vida antes de la muerte», del dúo Empar Fernández y Pablo Bonell Goytisolo, y «Jugando con la muerte y la desgracia ajena», de Javier Puebla.
»Aires renovadores. Hay historias que incluyen elementos macabros («Temor de hijo», de Juan Aparicio Belmonte, y «La maestra de cocina», de José Luis Correa); otra que alude a las secuelas de la Guerra Civil y un desenterramiento en el que aparecen restos inesperados («Una fosa poco común», de Luis García Jambrina), y otras que apuntan a la fantasía humorística («La muerte del crítico», de José Ángel Mañas y Antonio Domínguez Leiva) y derivan hacia estratos postmodernistas de difícil clasificación («Oh, Vinnie Kansas, ¿no harías tú lo mismo?», de Laura Malasaña) o de marcado signo costumbrista, como «Villancico», de Antonio Jiménez Barca. La lista de autores se cierra con «Los perros hablan poco», relato muy bien trabado del mexicano Joaquín Guerrero-Cassasola, en realidad un añadido perteneciente a otra camada, ambientado en Ciudad México y de jerga diferente.
»Resumiendo, una buena selección que anuncia cambio de guardia y apunta la existencia de aires renovadores que deben ser estimulados y bienvenidos, porque contribuyen a impulsar el reciclaje (ineludible) de la literatura policíaca española.»

Fernando Martínez Laínez, ABCD, 28 de marzo de 2009
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La lista negra

«De qué va. En pleno boom del género negro, nos llegan estos 18 relatos de autores españoles o residentes en españa. No esperes encontrar alos consagrados: no están aquí ni Lorenzo Silva ni Giménez Barlett ni otros por el estilo, pero sí 20 voces emergentes, casi todas con, al menos, una novela publicada y algún premio en el bolsillo, como Domingo Villar, Antonio Jiménez Barca, Nacho Faerna, Javier Puebla, Carles Quílez, Juan Aparicio-Belmonte, Óscar Urra o la pareja formada por José Ángel Mañas y Antonio Domínguez Leiva. Todos ellos ofrecen lo que en el prólogo llaman "un panorama de las nuevas tendencias del género".

»Qué nos gustó. Un libro lleno de sorpresas y de aciertos. Hay relatos buenos, otros muy buenos y algunos algo más flojos, pero el nivel medio es estupendo. Sorprende también la variedad de registros y temas: lo mismo encontrarás una parodia de los detectives duros americanos que la reconstrucción de un triple asesinato real o un cuento navideño. El libro es, además, como siempre que se habla del género negro, una aproximación a los aspectos más oscuros del país: los chanchullos empresariales detrás del incendio del Windsor, las fosas comunes de la Guerra Civil, la prostitución, las nuevas mafias, los ajustes de cuentas entre narcos...»

Juan Vil√°, OnMadrid, 28 de marzo de 2009
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Misterio, detectives y asesinatos

Salto de página ha confeccionado una lista negra con los veinte autores más sospechosos.

La novela negra se ha puesto más de moda que nunca y la cantera española del género está en pleno hervor. Por ello, la editorial Salto de Página ha reunido un informe confidencial, sólo para lectores, en forma de antología de veinte firmas españolas que irrumpen como las nuevas miradas del panorama literario policial español. La lista negra está compuesta por autores jóvenes aunque ya consagrados en la narrativa negrocriminal como Juan Ramón Biedma, Pablo Bonell Goytisolo, Laura Malasaña o Carles Quílez. Sin duda, una buena referencia para aquellos que se adentran en estos momentos en el apasionante mundo de las oscuridades de la ley y el alma.

Qué Leer, marzo de 2009
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La lista negra

«De las recopilaciones de relatos negros que campean por las estanterías y mostradores de las mejores librerías españolas e incluso europeas, conviene destacar tres volúmenes actuales: La feria del crimen publicado por Lengua de trapo, Nieve negra por De la Torre y La lista negra en Salto de página.
»El primer volumen es un muy meritorio libro compuesto única y exclusivamente por autores franceses, eso sí, de todos los tiempos. En él conviven desde los consagrados como Jonquet, Villard, Izzo, con otros más actuales y despuntantes como Fred Vargas, Dominique Manotti o Patrick Raynal, por poner un ejemplo. Los relatos resultan tremendamente originales en su mayoría y al cerrar la última página del libro un interrogante se empieza a dibujar en nuestro entrecejo ¿cómo es posible que la mayor parte de  esta nouvelle vague  siga inédita en España? Cuanto menos curioso.
»El segundo ejemplar comentado, consta de una no muy buena edición y a pesar de que la sombra de Wallander es alargada, en él descubrimos el verdadero potencial de la literatura del norte de Europa. La mayor parte de los relatos tienes el trasfondo de un paisaje frío, anodino y cruel ¿será así la tan anhelada Europa del Norte?
»Por último tenemos el libro de relatos mas prometedor de los últimos años publicado por Salto de Página, La Lista negra, que quizás como cualquier lista peque de algún exceso o defecto, pero que indudablemente tiene un interesante valor, ya que con solo volumen podemos tener una visión perfecta de la salud del género negro español.
»Los veinte autores que presenta esta antología destacan por igual. Desde hace algún tiempo estos jóvenes vienen copando la mayor parte de los premios  del panorama nacional, desde el Silverio Cañada de la Semana Negra hasta el L H Confidencial pasando por el Novelpol o el Brigada 21. Sus curriculums dan vértigo y por supuesto mucha envidia. Pero es que además sus estilos narrativos destacan en originalidad y buen hacer.
»Normalmente un relato tiene una construcción muy difícil, en pocas líneas tienes que crear un universo creible, ya que estamos hablando de novela negra, y por supuesto intenso, manteniendo la intriga hasta el final. El mérito de este libro es que la mayor parte de ellos lo consiguen sin exceso de pirotécnia literaria ni adornos superfluos.
»Si Francisco Garcia Pavón, Manuel Vazquez Montalbán o Jaume Fuster pudieran contemplar, allí donde estén, esta compilación, sin duda que se sentirian muy orgullosos de esta nueva generación, al igual que la vieja guardia pretoriana de género aún en activo: Gonzalez Ledesma, Juan Madrid, Andreu Martín, que de alguna manera les rinden tributo a todos ellos con cada uno de los personajes principales y secundarios que pululan por las páginas de este libro, como Arturo Goofy Rodríguez de Pedro de Paz, el  Braulio de Nacho Faerna, el Arturo Briz de Javier Puebla o muchos mas.
»Sin duda Salto de página vuelve a lanzar un órdago a la grande con esta interesante apuesta. Los lectores debemos estarles agradecidos por recordarnos el magnifico momento que atraviesa la narrativa de género en España, aunque en esta época de crisis, nuestra economía puede quedar aún mas dañada si se dejan atrapar por cada uno de estos relatos y buscan desesperadamente mas y mas de cada uno de sus protagonistas y autores.»

José Ramón Gómez Cabezas, Blog Novelpol, 9 de marzo de 2009
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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