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reseñas y críticas La raíz rota
La raíz rota

«Por fin me he podido poner con este libro. Llevaba en mi estantería varios meses y no había tenido oportunidad de leerlo. Mucha gente conoce a Arturo Barea, y a su trilogía La forja de un rebelde, pero muy pocos habían leído esta novela suya. La raíz rota era, hasta hace muy poco, inédita en España. Ahora, gracias a la editorial Salto de Página, podemos disfrutarla todos.

»La raíz rota nos cuenta la historia de Antolín, un hombre que vuelve a Madrid después de diez años y se encuentra con un lugar y una gente que son como extranjeros para él. Regresa a una casa donde le espera su famila: Luisa, su mujer, con la que nunca sintió amor; Amelia, su hija, que está demasiado preocupada por sí misma como para preocuparse por quienes le rodean; Pedro, su hijo mayor, falangista que se dedica al estraperlo y a llevarle chicas guapas a La Tronío, la gerente de un burdel; y Juan, su hijo mediano, trabajador en una fábrica y joven comunista abocado al cinismo y al mal humor constante. Todos ellos esperan como agua de Mayo el retorno de Antolín. Piensan que vuelve rico de Londres y quieren desplumarle para sus propios intereses.

»Antolín llega a España y se tiene que enfrentar a su “familia”, o lo que queda de ella. Pretende comenzar algunos negocios limpios en Madrid importando mercancías inglesas pero, como pronto le hacen ver las personas a su alrededor, no es tan fácil conseguir dinero en España sin tener que recurrir a estafadores y traficantes. Antolín se verá atrapado en medio de un océano de intereses políticos, eclesiásticos, económicos y familiares.

»A pesar de que La raíz rota no es un libro autobiográfico, me parece que Arturo Barea no pudo evitar verse reflejado en el personaje de Antolín Moreno. Un hombre sin patria, exiliado y que no encuentra su lugar en el mundo. Me asqueó ver lo egoístas que son los personajes en la novela. Cada uno piensa en sí mismo y muy pocos sienten amor o cariño por los demás. Un retrato amargo de la sociedad española de la época.»

Laura González, 18 de enero de 2010
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La raíz rota

«Arturo Barea es conocido, sobre todo, por haber escrito la trilogía autobiográfica La forja de un rebelde donde describe, con coraje y un considerable vigor narrativo, la España de la decadencia colonial y la guerra civil. Aunque La raíz rota sea una novela protagonizada por personajes ficticios podría considerarse la continuación de la trilogía, ya que muestra los desastres de la posguerra. Como pretexto para ello escoge el regreso de un exiliado desde Londres y el reencuentro con su familia, destrozada por la represión y la pobreza. El título adelanta con nitidez el tema central de la obra: el desarraigo.

»Antolín, el protagonista, parece un correlato del propio Barea, aunque este nunca regresara a España. Hallamos a un personaje dividido entre la fidelidad a su país, a sus ideales y lo que ha contemplado más allá de nuestras fronteras. Se debate entre su sentido de deber hacia un país que no reconoce como propio, una familia a la que no quiere y su propia libertad. Barea no cae en el maniqueísmo e intenta buscar las causas y la verdad de cada personaje: así, el hijo falangista de Antolín no es solo un fascista descreído y corrupto que trata de medrar entre la miseria sino también un joven abandonado, que ha tomado la única opción de supervivencia que le restaba.

»Barea no es un estilista o, mejor dicho, no se recrea en la palabra más de lo imprescindible. Existe en su obra una voluntad de anulación de la belleza, sustituida por la urgencia. Y la urgencia precisa contundencia y claridad. Es, por lo tanto, un autor nítidamente español cuya referencia más obvia es nuestra tradición realista. También pueden hallarse influencias foráneas, como Dos Passos, sobre todo en unas descripciones caóticas y diáfanas a un tiempo, aunque bastante más toscas que las del americano: «Todo era tal y como Antolín lo recordaba de otros tiempos: gente paseándose en la hora perezosa entre el fin del trabajo y la cena, conversaciones a gritos, alegría ruidosa, tiroteo de bromas y piropos, un zumbido constante de miles de voces que ahogaba el ruido del tráfico». Utiliza un narrador apoyado en el protagonista pero no se imbuye de su subjetividad. Serpentea por los espacios sin elevar nunca la mirada más allá de los ojos de los personajes. Es la suya una voz que no opina pero tampoco resulta aséptica ni distante. Sabe que los hechos que expone son tan brutales que no precisan ningún subrayado.

»Además de un considerable valor literario, La raíz rota posee una fuerte importancia testimonial. Expone con claridad cómo era la España de la posguerra. Muestra con rigor, con dureza pero sin tremendismo cuáles eran los sufrimientos y las escasas dichas de nuestros abuelos, olvidadas con inusitada rapidez. La familia del protagonista recorre el limitado espectro de la sociedad de la época, desde la adhesión obligada al régimen a la desorganizada resistencia. Contemplamos la absoluta falta de solidez de nuestro país y la asunción de la corrupción como algo inevitable. Era una tierra donde aún se pasaba hambre, donde en las afueras, ahora dominadas por inmensos centro comerciales, solo crecían poblados chabolistas. Un país donde el estado de derecho no existía y la tortura, o las detenciones ilegales, se practicaban con total impunidad. Barea no ahorra críticas a la resistencia. Entre sus miembros contemplamos el mismo provincianismo e idéntica racanería que en el otro bando. Incluso introduce temas sumamente novedosos, que ya entonces causaban escándalo, como el tráfico de cocaína.

»¿Qué puede aprenderse de Barea en 2009? Su fuerza, su coraje y, sobre todo, su capacidad para narrar. Solo narrar.»

Recaredo Veredas, La tormenta en un vaso, 26 de noviembre de 2009
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La excelencia narrativa de Arturo Barea

«En 1953, el escritor exiliado en Londres, o como él mismo se denominó: "un refugiado antifranquista que ha encontrado un nuevo hogar en Inglaterra", Arturo Barea (1897-1957), autor de una memorable trilogía, La forja de un rebelde, que inicialmente iba a llamarse Las raíces, magnífico testimonio del Madrid del primer tercio del siglo XX, con la guerra de Marruecos y la Guerra Civil de fondo, que apareció primero (1941-1944) en inglés y después en Argentina en 1951 y muchos años después, en plena transición en España; ese año, 1953, el trasterrado le escribe un entusiasta y conciliador prólogo a la edición inglesa de La colmena, un libro con problemas para editarse en España pero escrito —Camilo José Cela— por alguien que había luchado en el campo contrario y que —añado yo— puso su buena memoria sobre la vida literaria al servicio del nuevo régimen, por si hubiera necesidad. Barea con generosidad señala que la novela coral de Cela "describe gentes que llevan en sí el estigma de la ciudad, de sus casas de madera cerradas y sus falsedades abiertas, gentes entrelazadas o ligeramente relacionadas". Esta frase, entrecomillada, pertenece al prólogo recogido en Palabras recobradas. Textos inéditos, que Nigel Townson preparó en 2000 para la editorial Debate, junto a una nueva edición, en un solo volumen, de La forja de un rebelde (Turner, en los años setenta, la editó en tres tomos sueltos). Si a estos dos considerables libros se les suma una reciente edición de sus relatos en Mondadori bolsillo, lo cierto es que Barea ha vuelto, en los últimos años, a tener la consideración literaria debida.
»Por eso la publicación, este verano, en una editorial —modesta pero muy valiosa y, en apariencia, con intereses literarios diferentes— como Salto de Página de La raíz rota, inédita hasta ahora en España (se publicó en inglés en Estados Unidos en 1951, y en 1955 en Argentina, y aquí debió circular malamente de tapadillo), hay que calificarla simplemente de acontecimiento excepcional.
»La raíz rota, la llegada en el otoño de 1949 a Madrid —el Madrid de Martín-Santos, de Cela, incluso del Benet memorialista, y no apeo a Barea del pedestal de los tres citados— de un exiliado procedente de Londres, Antolín Moreno, nada que ver con Arturo Barea —tan sólo su trasunto literario, moldeado a base de documentarse, de oír testimonios de primera mano: Barea no regresó nunca a Madrid—, es un extraordinario relato coral, con ecos barojianos del mejor autor de La Busca, que abre en canal con un implacable bisturí la podredumbre moral de un pueblo, derrotado o victorioso, que intenta sobrevivir en ese momento, en Madrid circa 1949. Es inevitable que Barea recurra a un cierto esquematismo de los protagonistas principales, la familia que dejó, y que cada uno de ellos, y los que circundan esas calles del centro, vecinos todos ellos del honrado pueblo de Madrid, representan arquetipos algo esquemáticos, pero eso le da efectividad para narrar la podredumbre moral que ese exiliado con pasaporte inglés —con la raíz rota, ya no se es de ninguna parte— va percibiendo en un mundo de miserables, espiritistas, estraperlistas, prostitutas, beatas, curas, militares, falangistas, policías, y todo ello —ese barullo, ese ir y venir, esa masa coral que tiene mucho de zarzuela: véase el humorístico y a la vez atroz paso del viejo espiritista por una comisaria— contado con excelente mano narrativa (aparte de ciertas vacilaciones estilísticas de quien, por entonces, manejaba el inglés), que hace preguntarse qué demonios ha pasado con esta novela —novedad absoluta este verano— y que es, además, uno de los grandes relatos contemporáneos sobre Madrid, y eso que Madrid siempre ha tenido quien le escriba (y bien).»

Javier Goñi, Babelia, 19 de septiembre de 2009
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Arturo Barea, la educada rebeldía

«Todo el que quiera saber algo sobre los españoles del siglo XX, los barrios populares madrileños en los años veinte, las guerras coloniales con Marruecos, la vida en la segunda República o las tragedias de la Guerra Civil debería leer La forja de un rebelde, la trilogía autobiográfica, la novela llena de verdad, iluminadora de la historia pequeña y verdadera de un país. Es sin duda una de esas obras que permanecen de aquellos escritores que tuvieron que escribir desde el exilio. Peculiar exilio el de Barea que se tuvo que escapar de "los suyos". No gustaba su independencia, su inteligencia, su libertad a los dirigentes estalinistas que hicieron imposible ser un hombre libre y justo sino se aceptaban sus consignas. Es otro tema, un tema que me ha ocupado mucho tiempo, muchas discusiones y muchas decepciones. La izquierda oficial española del entorno del Partido Comunista hizo mucho daño durante la República y la Guerra Civil.
»Después, en el franquismo, fue otra cosa. No estuve con ellos, pero sí entendí esa militancia aunque me mantuviera en un lado crítico. Mis enfermedades de izquierdismo juveniles.
Ahora he vuelto a leer a Arturo Barea en una obra ¡inédita! en español, La raíz rota. Nos encontramos al  escritor desde su exilio londinense, enamorado de la campiña inglesa, de los pubs, de "la paz del country" y de su nueva mujer, Ilsa —una socialista austriaca que antes fue su amante en un Madrid bajo las bombas— que vuelve la  mirada a su país de origen, a su ciudad, Madrid —aunque nació en Badajoz— y la imagina tal como era en 1949. No es un relato autobiográfico, aunque mucho de ello hay en La raíz rota, en las experiencias españolas de ese hombre que regresa del exilio con pasaporte inglés y se encuentra con su familia que ya en nada se parece a aquella que vivió en tiempos de normalidad y República. Una novela del viaje de regreso que nunca hizo el exiliado Barea. La novela, sin ser de la importancia de La forja..., está llena de curiosidad, de retrato imaginado pero certero de las miserias morales y reales de un tiempo y un país. Lo han publicado en la editorial Salto de Página. Absolutamente recomendable para los que leyeron La forja.... O simplemente para los que quieran algo de la verdad literaria vista por un español, por un escritor que tuvo la osadía de ser libre. Un rebelde educado. Una manera culta y abierta de ser español.»

Javier Rioyo, El Boomerang, 23 de julio de 2009
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La forja de un rebelde, reloaded

«(...) Primer round. Memoria histórica.
»Sí, ya sé lo que piensan: “Oh, no, con este calor, no, por favor, que ya pasó el 18 de julio”. Pero no se sulfuren aún, que vamos a por un clásico. O que merecería serlo.
»Arturo Barea reloaded. El autor de ‘La forja de un rebelde’, que muchos conocerán en su versión televisiva, antes de que Emilio Aragón y José Luis Moreno se pusieran a hacer series, en esa época anterior al ERE en la que TVE sabía combinar profesionalidad y talento para adaptar a la pantalla grandes relatos literarios. ¿Recuerdan aquellos tiempos?
»Para los muy jóvenes o muy olvidadizos: ‘La forja de un rebelde’ son tres voluminosos volúmenes (’La forja’, ‘La ruta’ y ‘La llama’) en los que Arturo Barea contó desde el exilio su biografía. Abarca desde comienzos del siglo XX hasta el final de la guerra civil y está emparentada con otras trilogías de mucho éxito, como la de José María Gironella (’Los cipreses creen en Dios’, ‘Un millón de muertos’ y ‘Ha estallado la paz’) o ‘Los gozos y las sombras’, de Gonzalo Torrente Ballester. Pero, a diferencia de estas dos, que se publicaron en la España franquista cuando el régimen levantó tibiamente la mano censora, la de Barea apareció en Latinoamérica en los años 40 y no se publicó en España hasta 1978. Yo la leí en una edición mexicana del año 57 que perteneció a mi abuelo, con una portada que parecía una cajetilla de Ideales. Casi un incunable.
»Así como Gironella y Torrente Ballester hacen un alegato soterrado por la reconciliación, en sintonía con la propaganda del régimen, que decía tener los brazos abiertos “para quienes no se hubieran manchado de sangre”, la obra de Barea es furiosamente nihilista. Gironella y Torrente Ballester escriben desde la impunidad y el sosiego que les daba tener el riñón y las posaderas cubiertas por un régimen en el que creían. Barea escribe desde el páramo ululante del exilio y compone el relato de un perdedor sin esperanza, convencido de que ya no puede perder nada más de lo que ha perdido.
»Le tengo mucho cariño a ‘La forja de un rebelde’. La primera vez que la leí me sentí muy identificado con la indecisión y el desenfoque de su protagonista: un tipo que no acierta a encajar bien en ningún sitio, que no se siente parte de ningún mundo y a la vez los reivindica todos. Cuando Debate empezó a publicar el resto de su obra, inédita en España, una amiga me regaló sus ‘Cuentos completos’, y la desilusión fue brutal. El narrador que me había enamorado en ‘La forja’ se había convertido en un cursi ramplón con vocación de pedagogo. Qué textos tan malos, qué viejos sonaban, qué triste.
»Por eso cogí con cierta prevención ‘La raíz rota’, que acaba de publicar la madrileña editorial indie Salto de Página, y que el profesor Nigel Townson presenta en su prólogo como la que podría haber sido la cuarta parte de la trilogía de ‘La forja’. Mis prejuicios, aunque justificados, se han roto. Por suerte.
»En ‘La raíz rota’, el alter ego del autor, Antolín Moreno (nombre galdosiano donde los haya) regresa en 1949 a un Madrid franquista y miserable. Se ha rehecho en el exilio de Londres, se ha nacionalizado británico y vuelve a atender a la familia que abandonó durante la guerra. O quizá no. No sabe muy bien a qué regresa, pero algo le llama. Antolín se encuentra con una realidad atroz: estraperlo, falangistas que tirotean a gente por las calles, viejas miserables en corralas llenas de chinches, policías torturadores y puteros… Un cuadro de corrupción y agonía bastante previsible, pero no por ello menos atrayente.
»Lo interesante del caso es que Barea no volvió nunca a Madrid después de 1938, y el Madrid de 1949 que describe en ‘La raíz rota’ está hecho de jirones sacados de crónicas periodísticas, novelas y relatos de amigos. Así se encarga de subrayarlo en una nota, porque Barea siempre se preocupó mucho por la verosimilitud. Así, este libro puede leerse como el retorno soñado de un exiliado. Parece que con su escritura, Barea quiso convencerse de que no merecía la pena intentar volver a ese estercolero llamado España.
»Le falta la fuerza narrativa de ‘La forja de un rebelde’, porque el estilo de Barea se engrandece con la descripción de los ambientes que ha vivido y sufrido, que sabe recrear vivamente y con mucho talento -con una capacidad evocativa superior, a mi entender, a la que Sender demuestra en los tomos de ‘Crónica del alba’, una obra de espíritu, factura e intención parecidas a las que ‘La forja’-. Aquí solo imagina, pero no ha visto esos bares ni esas calles, que para su retina siguen siendo las de antes de la guerra.
»Si ‘La forja’ era la realidad, ‘La raíz rota’ es el deseo, y es interesante intuir en sus páginas el desasosiego inconsolable del desarraigo, ese constante quiero y no puedo, esa culpa vacilante y ansiosa que traslada su tensión al lector. Pero le falta mucho para ser una novela redonda. Le falta mucho para llegar a ‘La forja’. Es una coda fallida, un mal postre para un menú soberbio. Eso sí, quienes disfrutaron y se emocionaron con la trilogía tienen la obligación de leer ‘La raíz rota’. Con ella se entiende mejor al protagonista de los tres volúmenes guerracivileros.»

Sergio del Molino, De reojo, 24 de julio de 2009
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Exilio y destiempo

«El maestro Claudio Guillén trazó en su ensayo El sol de los desterrados: literatura y exilio una aguda reflexión que tituló «Del destierro al destiempo». Profundizaba allí en la idea de que lo peor del exiliado no es ya el destierro, sino el «destiempo», lo que marcó de modo dramático el retorno de muchos de ellos. Es posible que el desterrado vuelva a su tierra, pero no puede evitar que su tiempo sea ya otro, el que quedó atrás, muy diferente del que se encuentra ahora, porque la vida siguió sin él, alguien que pertenece a la España que fue, y no a la que encuentra. Ese destiempo es inevitable (y triste muchas veces, como le ocurrió a Max Aub.)
»La raíz rota, de Arturo Barea, trata de esta vivencia. Antolín, un exiliado republicano que se ha instalado en Londres tras muchas penalidades y se ha nacionalizado inglés, logra sobrevivir e incluso tener allí una vida amorosa estable. Viaja a Madrid en 1949, diez años después de su forzada partida, para ver el modo de arreglar su situación familiar, puesto que aquí dejó una mujer, Luisa, y tres hijos: Amelia, Pedro y Juan. La novela recorre las vicisitudes de ese imposible reencuentro, porque la familia que Antolín abandonó cuando los hijos eran unos críos, es ya otra, y los jóvenes atraviesan una edad muy difícil y tienen problemas agudos de convivencia y políticos. Tampoco con su mujer hay una comunicación fácil ni posible.
»Plana mayor. Resulta increíble —hay que decirlo no sin un cierto rubor— que hayamos tenido que esperar a 2009 para ver publicada esta novela en España (se publicó en inglés en Londres, en 1951, y hubo una edición argentina en 1955), sobre todo porque Arturo Barea no es precisamente un desconocido. Su trilogía La forja de un rebelde figura en la plana mayor de la novela de la primera mitad del siglo XX.
»Pero aún hay más: La raíz rota, sin alcanzar la calidad de aquella trilogía o de las novelas de Max Aub o Mercè Rodoreda, es una de las obras más notables que pueden leerse sobre la España de 1949 y ha permanecido hasta ahora prácticamente ignorada y, desde luego, inasequible.
»La lectura de la novela es una experiencia interesante por varias razones. La menor me parece a mí que radica en que la figura de Antolín sea un álter ego de Barea, quien no volvió a España, pero fue capaz de figurarse la situación de un exiliado en iguales circunstancias a las que podrían haber experimentado miles de españoles.
»Miseria cotidiana. Más me importan los dos vectores que gobiernan su estructura: el primero es la radiografía de la España de 1949, no ya únicamente porque ha podido reflejar la miseria de la vida cotidiana de esos días, sino porque hace una disección moral de enorme calado en la podredumbre del estraperlo, en la forma como una sociedad se ha corrompido hasta el extremo, con figuras que tienen una caracterización moral deplorable: Consuelo, regentadora de un hipócrita prostíbulo; el descreído y corrupto coronel Caro; el cínico cura don Santiago, o el propio hijo de Antolín, Pedro, quien por medrar se ha hecho falangista y vive como proxeneta y estraperlista.
»El cuadro social que Arturo Barea traza, en el que a estas figuras contrapone otras de dibujo noble, como Felisa o Rosa, las mujeres mayores que hablan diciendo todo sin atreverse a decirlo, posee fuerza y verdad, por más que se vea aquejado de un esquematismo algo rígido, derivado quizá de su ambición por ofrecer todo el cuadro de posibilidades.
»Junto a este vector, la novela tiene otro: la situación familiar. Aquí hay asimismo claroscuros: es estupenda la figura del protagonista, Antolín, con sus dudas y temores; un personaje complejo. Pedro, el hijo malo; Juan, el comunista bueno, y Amelia, la mística, están quizá demasiado forzados a ser representantes de las opciones que había, y es el mayor reproche que a la novela cabe hacerle, así como un cierto idealismo ingenuo en el modo de resolver la salida de Lucía y el final de la historia.
»Por lo demás, hay en estas páginas escenas de escritor de primera fila, y sobre todo hay algo que beneficia mucho a la novela: una forma ética en la perspectiva, una claridad de juicio sobre el amor/desamor o la huella del tiempo que convierte La raíz rota en una buena recuperación para la literatura española y también un valioso cuadro de época.»

José María Pozuelo Yvancos, ABCD, 18 de julio de 2009
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La raíz rota

«La editorial Salto de Página ha publicado por primera vez en España la novela del autor Arturo Barea La raíz rota. Obra que, sin embargo, sí fue publicada en el extranjero. Novela dura, de un tiempo que creíamos olvidado pero que vuelve a nuestra memoria con palabras reencontradas: estraperlo, beatería, clandestinidad, miseria, dictadura... Términos que han formado parte de las vidas de una generación perdida y que Arturo Barea coloca con eficacia en una historia que araña el corazón, que desgarra por dentro.
»Es el autor un maestro en el perfil psicológico de los personajes, en los que ahonda hasta descubrir su esencia, sus defectos, incluso las debilidades, su raíz rota. Es la narración de Barea una narración sin contemplaciones, sin sutilezas, de verdades inmutables, de traiciones, de miseria moral. Es quizá esta expresión la que mejor dibuja el lugar en el que se mueven todas esas vidas. Vidas que transcurren buscando medios de subsistencia en una sociedad podrida donde las apariencias importan más que la propia existencia.
»Barea traza un recorrido por la posguerra española sin olvidar un detalle. No es una historia de vencedores ni de vencidos, tampoco una historia en la que la superioridad moral de un bando sea un trazo relevante. Barea descubre miseria entre falangistas y entre comunistas. Miseria en la delación y miseria en la clandestinidad.
»Si hay que achacar algún punto negro, señalaría la escasa consistencia de una relación de amor entre el protagonista, Antolín, un refugiado de la República que retorna a España diez años después del fin de la guerra, y Conchita, una mujer que se gana la vida entre milagros y santerías. No es un detalle relevante en esta historia, porque, en realidad, lo importante no son siquiera los personajes. El personaje más cimero es el ambiente decadente y mísero. Un personaje que sería como aquel mar que Unamuno dibujaba en Tulio Montalbán y Julio Macedo. Un ser inanimado con vida propia, con voz propia.
»Así, en esta tesitura, el libro La raíz rota se revela como imprescindible para comprender ese período histórico que tan olvidado ha sido durante largo tiempo y que ahora adquiere relevancia con la Ley de la Memoria Histórica. Pero lejos de esto, además es fundamental para el conocimiento de los que no vivieron esa época, de los que sólo han oído hablar del estraperlo o de la clandestinidad a sus abuelos. Historias de abuelos convertidas en novela, gran novela de Arturo Barea. Porque dentro de esa generación "todos tenemos las raíces rotas".»

Luis Vea García, Llegir en cas d'incendi, 18 de julio de 2009
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Aparece en España una novela inédita de Barea

«Arturo Barea, republicano convencido, socialista y exiliado a Londres en 1939, es todavía hoy una figura con pocas medallas conmemorativas en España. A pesar de convertir su trilogía La forja de un rebelde en una exhaustiva crónica de los desmanes de la Guerra Civil, “a la altura de los relatos de Hemingway”, según el profesor Nigel Townson, su nombre sigue sonando con eco, mucho más cercano a las aulas británicas que a las españolas. Para remediarlo, la editorial Salto de Página acaba de publicar la novela La raíz rota, escrita en 1951 y que permanecía inédita en nuestro país (no en castellano, ya que hubo una edición de 1955 en Argentina). En ella, a partir del regreso de un exiliado, el autor enfoca su mirada sobre el Madrid de 1949, lleno de fundamentalismo nacionalcatólico, de falangistas empedernidos y mucha pobreza. Las calles de barrios como Lavapiés –donde creció el escritor– aparecen pobladas de buscavidas y prostitutas. El estraperlo estaba a la orden del día.

Los peores años

»Esta mirada es crítica, pero también está llena de tristeza. La novela no es autobiográfica como La forja, pero el lector sí puede reconocer a Barea en los ojos del exiliado que ya no reconoce a su país y que incluso se siente más cómodo en el exilio que en la España franquista. “Barea describe con dureza la realidad social de los años cuarenta, que fueron los peores del franquismo”, señala Townson. Y lo hace, además, con un estilo directo y muy accesible. Todo un best-seller sobre una de las épocas más tristes de nuestra historia.»

Paula Corroto, Público, 5 de julio de 2009
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