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reseñas y críticas Los atracadores

«En la Barcelona de los años 50 conviven tres jóvenes de clases sociales muy diferentes pero que tienen en común sus primeros escarceos con la delincuencia: mientras “el Señorito” es un estudiante de Derecho miembro de una familia acomodada, “Chico” sobrevive trabajando en una fábrica y “Compare Cachas” pertenece directamente al sector más marginal de la población barcelonesa... Publicada en 1955, llevada al cine siete años después por Francisco Rovira Beleta y felizmente recuperada ahora con prólogo del especialista Javier Sánchez Zapatero, la presente novela justifica por sí sola la necesidad de reivindicar la figura de su autor y la suya propia como ejemplos canónicos de una estética y un modo de entender la novela negra genuinamente españoles. Indispensable para los que se toman el género policíaco muy en serio.»

Fran J. Ortiz, El Periódico de Villena, 24 de abril de 2015
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Tomás Salvador. ¡Arriba las manos!

«Las rosas son rojas / las violetas azules / y abril es el mes más cruel. No por ser el despuntar de los cursis enamorados que no saben amarse bajo el cielo gris del invierno; no por el polen que enrojece narices y pulmones angustiados de alegre alergia; sino porque se descubre como el mes negro en Salamanca, ciudad que acoge el Congreso de Novela y Cine Negro al que acuden, aparte de investigadores y gente del gremio, personalidades de la cultura y literatura del género. Lo más granado del panorama actual. Y todo ello corre a cargo de Álex Martín Escribá y Javier Sánchez Zapatero, directores del afamado evento.

»Son, estos dos nombres, avezados “buscadores” de snitch doradas de la novela negra y era de esperar que, tarde o temprano, coordinasen libros del género en la editorial de Pablo Mazo. Salto de Página se ha dedicado a publicar lo mejor y más maduro de la juventud nacional, apostando siempre por autores y relatos que gozasen de la calidad que se espera de los mayores prestigios literarios. Sin embargo, hay otra colección, dentro de la misma editorial, que recupera las novelas que desgraciadamente no tuvieron tanta repercusión en su momento pero que están destinadas a convertirse en clásicos. Aquí entran en escena los coordinadores, los editores que rescatan del baúl de la celulosa obras que deben ser alternadas con las lecturas más contemporáneas al lector.

»Y aquí, justo en este lugar en el que escribo, sobre las teclas de un viejo portátil, conviven los Modelos animales de Aixa de la Cruz con Los atracadores, de Tomás Salvador. A estas alturas, seguro que a Aixa ya la han leído ustedes, pero si han hecho lo propio con Salvador, es posible que haya sido cualquier otra cosa que no sea dentro del género negro. Y es harto probable, dado que no hay estilo que este prolífico escritor no haya tocado.

»En el caso de Los atracadores, novela negra, que da lo que promete en el título por partida triple, triple negrura, oferta triple; la historia se compone como una larga cadena en la que los eslabones van pesando y la tensión se incrementa hasta que irremediable y endiabladamente se dispersan los fragmentos por el goce estético del lector.

»La banda de “los corteses”, apodo que generosamente se han ganado, está integrada por tres miembros que, lejos de ser diferentes entre sí, se complementan a la hora de perpetrar los atracos y robos con unas medidas dosis de fuerza, agilidad e inteligencia que en ocasiones desborda tanto al lector, que se desprende de su cartera de un salto. Cuando avergonzado vuelve a retomar la lectura, agradece el comportamiento de los delincuentes y los persigue como un policía al que se le escurre el hurto.

»La estructura de los capítulos de la novela en grupos de tres hace que la lectura se haga rápido y evita que le cojamos demasiado cariño a uno solo de los protagonistas: o los tres, o ninguno. Y esta consecución de apartados va a llevar la acción hasta sus últimas consecuencias, en una frenética disposición de augures que los protagonistas se empeñan en evitar a toda costa. El resultado: un final desatado y el colofón de una última vuelta de tuerca.

»El prólogo de Javier Sánchez Zapatero ya nos advierte que la obra no está escrita al uso y que en ella no se va a encontrar uno con personajes de un Hammett o la helada ambientación de un Mankell. Barcelona es el telón de fondo y sus habitantes sus víctimas y verdugos, con todo lo que la ciudad puede ofrecerle al ambiente de una trepidante novela que se resiste a esconder los estragos de la Historia en una España aún convulsa.

»Su lectura, déjenme la propuesta, debería realizarse en un bar, con tipos rudos acodados en la barra, los pies sobre otra butaca, respaldado por la cristalera que da a la calle, una cerveza rozando los labios, una fría mirada a través de la bruma y una pistola todavía humeante en el regazo…»

Juan Francisco Gordo López, Détour, 27 de marzo de 2015
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Los atracadores

1│ LOS ATRACADORES

»Corría el año 1955 cuando Tomás Salvador publicó Los atracadores.

»Entre los acontecimientos más significativos de aquel año, España ingresaba en la ONU y se terminaba el aislamiento que, hasta la fecha, habíamos sufrido por parte de Europa a causa del régimen franquista. Minucias políticas. Aquí lo que interesa es el fútbol. Ese año arrancó el vigésimo quinto campeonato de Liga que coronaría al Athletic de Bilbao como campeón y supuso su primera participación en la Copa de Europa. Los leones ganaron con un solo punto de ventaja sobre el Barça que, a tres jornadas del final, comandaba la clasificación. El trofeo "Pichichi" fue para di Stéfano con 24 dianas y el «Zamora», para Ramallets, curiosamente, con el mismo número de goles encajados que había convertido di Stéfano.

»Recientemente, la editorial Salto de Página ha vuelto a reeditar Los atracadores. Dejando a un lado su incuestionable calidad literaria, la novela destaca por otra cualidad: la utilización del fútbol para caracterizar a uno de los personajes y como decorado de la escena final. Puede sonar a poco con el actual florecimiento de novelas futbolísticas, pero en 1955 el fútbol y la literatura se repelían. Como si la sombra de Borges se cerniese sobre todos los escritores, la pelota se pinchaba si botaba sobre los renglones de una buena novela.

2│TRANSGRESOR EN LOS AÑOS DEL TEDIO

»Javier Sánchez Zapatero afirma en el prólogo que «con Los atracadores —publicada originalmente en 1955 y llevada al cine en 1962—, Tomás Salvador demostró que era posible escribir novela policíaca en España durante la dictadura. De ahí que hoy, cuando el género ha conseguido integrarse en el canon y salir de su tradicional ostracismo, sea necesario —y de justicia— volver a los orígenes, recordar su nombre y recuperar obras como ésta». Más allá de estos méritos, Tomás Salvador ganó prestigiosos galardones literarios como el Planeta, el Nacional de Literatura o el Ciudad de Barcelona, sin embargo, encontrar hoy sus novelas en las estanterías de una librería es toda una odisea.

»En los años del tedio, Tomás Salvador fue un innovador en muchos sentidos: sentó las bases sobre las que descansan los actuales thrillers; penetró, como el policía que fue, en lo más profundo de la psique del asesino; indagó las causas de la violencia, rastreó sus motivos. Fue, además, un transgresor, fiel a un estilo propio, sin filtros ni juicios, cercano en lo crudo y directo al de su colega Francisco Candel, al que, por cierto, escondió en su casa cuando se montó el follón por la publicación de Donde la ciudad cambia su nombre. A todo esto, hay que sumarle otro mérito a Los atracadores: incluir el fútbol en la narración sin obedecer al cartel de «Prohibido jugar al balón» que colgaba de las portadas de los libros.

3│EL EQUIPO «DE LOS CORTESES»

»"La banda de los Corteses", ese es el nombre del equipo de atracadores de Tomás Salvador.

»La alineación: con el número TRES, el capitán, Vidal Ayuste, el Señorito, estudiante de Derecho, de familia acomodada que, como buen capitán, reclutará al resto de miembros de su plantilla y les manejará como marionetas. A sus órdenes, fiel y sumiso como un perro, el número DOS, el Compare Cachas, desclasado y repudiado que sobrevive en el metro y en los bancos de las Glorias. Finalmente, con el número UNO, debuta en la banda el Chico Ramón, futbolista amateur y peón de fábrica, que será el físico, el músculo, la tierna inocencia que se convertirá en brutal violencia.

»Esta banda de tres —como la Santísima Trinidad— es el equipo ideal según el Señorito: «Es el número más perfecto que existe; ver, oír y callar; arriba, abajo y en medio; pensar, ejecutar y ocultar; sorprender, conquistar, conservar […] Y yo, en el centro, con una mano derecha y una izquierda». Actúan en los solares de Tierra Negra, «un trozo de la anteplaya, en el puerto franco, detrás del Paralelo, refugio de maleantes y de busconas, ladrones de carbón e invertidos»; un barrio de los arrabales de Barcelona, ciudad donde «la plaga social de los atracadores constituía una amenaza». Al principio, juegan pachangas: asustan vagabundos y viejas, propinan alguna paliza, sorprenden parejitas. Sus tácticas de ataque, a medida que obtienen victorias en atracos a cines y farmacias, se irán tornando más violentas.

»Lo mismo que el juego de Chico Ramón en el campo de fútbol.

4│DUELO DE ENTRENADORES

»A Chico Ramón «le sobraba tiempo para chutar en algún solar o en el propio campo de la Nevín, con otros aprendices. Pertenecía a la Asociación Deportiva Carranza y era preciso estar en forma. Tenían partidos de segunda regional todos los domingos por la mañana». Su sueño era el muchos chicos: que un patrón, o el propio Samitier, se fijase en él y le fichara para su club. Su entrenador, Míster Penalty, sabía que son muchos los peldaños y que muy pocos alcanzan el sueño: «Podría llegar a ser una figura, pero como tenía ya dieciocho años, probablemente no tardaría en pasarse, o necesitaría todo su tiempo para sacar adelante su cochina vida. Generalmente los aficionados se desanimaban o se marchaban a un club de mala muerte cuando cumplían los veinte años. Era la edad peligrosa. La edad de las mujeres, de las ambiciones, de la impaciencia».

»De esa idea se aprovechó su nuevo entrenador, el Señorito, para ficharle en su equipo de atracadores. Miraban jugar a unos chavales cuando dijo: «El deporte es el opio de los pueblos». Chico Ramón se ofuscó y, al verlo, el Señorito añadió: «Juegas bien, no te enfades; pero te falta un buen padrino. […] Tantos años de jugar en terreno sin hierba endurece al jugador, le quita flexibilidad. Es una edad muy adelantada la tuya para empezar a adaptarte a un buen campo, y más considerando que aunque ascendieras de categoría esto no podría ser repentinamente. Habrías de ir pasando a categoría nacional, por lo menos, a Tercera División, a Segunda. Total, con suerte, tres o cuatro años más». Sin que Chico Ramón se diese cuenta, las palabras del Señorito ya estaban royendo las entrañas de su sueño.

»Tras esa conversación, Chico Ramón cambió radicalmente: «Se creían que jugar al fútbol era importante. No sabían lo que había pasado». Dejó de confiar en Míster Penalty. A sus ojos, el que fuera su entrenador se trasformó en «un badanas que ni era entrenador ni era nada, porque si hubiera sido entrenador de verdad no estaría en un equipo de barrio». En los partidos, Chico Ramón jugaba disperso, incluso lesionó a dos contrarios. Míster Penalty le contó que él lisió a un adversario y todavía se arrepentía; pero a él ya no le conmovían los sentimentalismos, solo pensaba en ganar. Míster Penalty, entonces, le contestó: «Hay algo más importante que ganar. Y es jugar. ¿No comprendes la tremenda importancia de esta palabra? Jugar, jugar, jugar…». Pero Chico Ramón ya no le escuchaba, solo atendía a las traicioneras palabras del Señorito: «Me parece que muchos entrenadores se olvidan de que los contrarios también juegan».

»El Señorito, sin que él lo supiera, solo tenía un objetivo en mente, una jugada: «la destrucción de aquella deportividad, el fair play inglés» de Chico Ramón.

5│EL ÚLTIMO PARTIDO

»Aparte del duelo de entrenadores, en la novela el fútbol funciona como decorado. Será en un campo de regional donde estallará el clímax que ha ido in crescendo página a página.

»Aquella mañana de partido, la madre de Chico Ramón le lustraba las botas. Su hermana y su padre iban a ir a verle jugar. También el Señorito y Compare Cachas. Míster Penalty les había aconsejado, el día antes: «No llenar demasiado la barriga. Tomad mucho azúcar y pocas grasas. Y cuidado con el café, es un doping». Horas antes del encuentro, se reunieron en el bar donde el club tenía su sede. Allí les esperaba la camioneta en la que se desplazaban hinchas, jugadores y familiares a los campos contrarios. En la previa del partido, las promesas de los aficionados —«Café y copa por cada gol que metas»—  se mezclaban con la ilusión de los niños que revolotean entre las piernas de los futbolistas. Ya en los vestuarios, Míster Penalty les dio las últimas consignas antes de saltar al campo.

»Cuando llegaron a la grada, el Señorito y Compare Cachas vieron que «los equipos ya estaban en el campo, calentando los músculos y pateando balones frente a las respectivas porterías. En los graderíos, sobre todo en la parte de sol, había mucha gente. El campo estaba en una hondonada y tenía hierba, cosa rara en equipos de aquella categoría». Arrancó el partido. Aplaudieron cada jugada de Chico Ramón que, «con la camisola y el calzón, parecía más pequeño, más fuerte». Estaba cuajando un gran partido y «no pasaba un minuto sin que de una forma u otra interviniera en la jugada». Hasta que recibieron un desafortunado gol en contra.

»El partido empezaba mal, pero en el fútbol se puede empezar perdiendo y acabar ganando. Otra cosa es en la vida, como intuyó Chico Ramón al verles entrar: «Tenían un aspecto inequívoco. Pudieran ser cualquier cosa, pero no eran espectadores de fútbol. Conocía a los espectadores de fútbol». Aunque el árbitro aún no había pitado el final, el partido había terminado para el equipo de los Corteses.»

Miguel Ängel Ortiz, A ras de hierba, 16 de marzo de 2015
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Los atracadores

Un mural de los distintos estratos de la sociedad de la época, desde el lumpen a las clases acomodadas

»Las peripecias y los tanteos con la delincuencia de tres jóvenes de muy diferente carácter y extracción social: "Chico" Ramón, trabajador de una fábrica y futbolista amateur; Carmelo "Compare Cachas", un marginal rechazado por su entorno; y Vidal Ayuste, "el Señorito", estudiante de Derecho perteneciente a una familia acomodada, son el núcleo de esta novela que transcurre en la Barcelona de los años 50.

»Nos encontramos con una rara avis en el género, como es una novela cuyos protagonistas son delincuentes, y además en una época en que en España la producción de novela de género policial no era muy extensa, y menos con temáticas y ambientes contemporáneos.

»Las andanzas de estos aprendices de delincuentes tienen como escenario la ciudad de Barcelona, de la que aparecen en la novela diversos y muy heterogéneos escenarios, desde el puerto, los ambientes proletarios en los que se mueve Ramón o los barrios bajos en los que residen él y Carmelo hasta las fiestas y mansiones de la alta sociedad que frecuenta Vidal.

Reflexiones sobre el héroe armado y el asesino

»El libro está dividido en tres partes: inquietud, violencia y muerte. Cada una de ellas está centrada en uno de los tres protagonistas, pues la novela además de narrar hechos, también investiga en las razones personales de cada uno de ellos para acabar delinquiendo. Y de esta forma crea un mural de los distintos estratos de la sociedad de la época, desde el lumpen a las clases acomodadas, y pese a un cierto aire de informe policial, con un cierto tono legalista, resulta un análisis sincero y profundo de los caracteres de unos personajes muy determinados, y que viven en una época muy concreta, lo cual se plasma en un alegato final de un abogado defensor en las paginas finales del libro, con una argumentación que impresiona y estremece, especialmente sus reflexiones sobre el héroe armado y el asesino.

»Gran novela de género, pues nos narra las vicisitudes de unos delincuentes, pero en la que además nos habla y nos explica de sus vidas, con un estilo preciso y una fina agudeza psicológica, que no pretende darnos sorpresas, sino intentar ahondar en unas almas jóvenes y atormentadas, que deambulan, cuando no corren desaforadamente por una realidad que ni alcanzan ni comprenden.

»Y todo esto el autor lo consigue con un estilo sencillo, que no torpe, en el que tenemos la sensación de estar delante de una película neorrealista de la época, con esos blancos y negros, que no permitían muchos matices, en la que sentimos reminiscencias del gran Scerbanenco, y sus duros relatos de delincuentes milaneses de aquellos años.

»Esta novela demuestra que en España se hicieron estupendas novelas de género durante el franquismo, como El inocente, de Mario Lacruz, o la serie de Plinio del gran García Pavón, teniendo en cuenta las limitaciones que la dictadura impuso a la creación literaria. Y para los que gusten de esta novela, tiene versión cinematográfica del año 1961. En resultas, un acontecimiento editorial, esta nueva edición de una novela que no hay que perderse.»

José maría Sánchez Pardos, Prótesis, enero de 2015
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«Durante el franquismo la novela policíaca expañola experimentó un extraño desarrollo. Frente a las numerosas traducciones de obra foránea contrastaba la raquítica producción autóctona. entre las escasas luces que brillaron en la oscuridad encontramos la de Tomás Salvador (1921-1984), funcionario del cuerpo de policía, periodista de vocación y escritor prolífico. Autor de más de cuarenta novelas de varios géneros, decenas de compilaciones de cuentos y diversos ensayos, acaba de reeditarse Los atracadores (1955), historia basada en un caso real acaecido en la ciudad de Barcelona y que el escritor conoció de primera mano. Su popularidad de acrecentó gracias a una fiel adaptación cinematográfica dirigida por Rovira Beleta en 1962. Perteneciente al subgénero del police procedural, la novela nos cuenta la historia de tres jóvenes de distinta extracción social —un señorito acomodado, un lumpen y un obrero— que se dedican a cometer atracos en unos escenarios bien heterogéneos. Dividida en tres partes, Libro de la inquietud (formación de la banda), Libro de la violencia (asaltos de cuadrilla) y Libro de la muerte (caída y auge del grupo), Salvador realiza un retrato del mundo del hampa y una interpretación sobre el fracaso de la sociedad alejada de la versión triunfalista de la España oficial.»

Àlex Martín Escribà, Le Monde Diplomatique, diciembre de 2014
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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