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Matar y guardar la ropa
«Quien no haya tropezado todavía con el periodista argentino Carlos Salem (Buenos Aires, 1959), autor de relatos, poemarios, e iniciativas culturales que parecen contar con un séquito de seguidores, tiene dos opciones: comenzar por el principio, su primera novela, Camino de ida, y dejar que su capacidad de asombro vague a sus anchas por un relato irreverente y disparatado, capaz de burlar la trascendencia escudándose en la sin par aventura vital de un personaje surcado por el único deseo de ver muerta a su mujer. O puede comenzar por este segundo intento, que en lugar de un viaje se inclina por la estancia, durante unas vacaciones veraniegas, en un camping nudista de Murcia que acoge las inena-rrables vacaciones de otro estrafalario personaje. En ambos casos, el ritmo trepidante y la excusa negra como acicate para la trama son un acierto y una garantía de diversión; esta segunda apuesta confirma el dominio para el embuste de este atrevido embaucador –en el mejor de los sentidos– y reafirma su pasión por recrearse en un ejercicio metaliterario que consiste en propiciar que el argumento abra la posibilidad de formar parte de otro en el que hallar sentido a través de otra trama que, a su vez, quizá, encuentre otro final al delirio de identidades en el que vive sumido Juan Pérez Pérez, este “nivolesco” protagonista.
»Conviene aclarar con un resumen intencionadamente incompleto el dispositivo que dispara la acción: el mencionado personaje, ex marido y padre de dos hijos, asesino a sueldo de una empresa que “administra” la muerte facturando pedidos, comienza unas simples vacaciones de verano para reencontrarse con sus hijos. Un giro inesperado cambia el rumbo del viaje y lo conduce hacia una misión con un objetivo poco claro y un despliegue de situaciones absurdas por donde campean demasiadas casualidades: su ex mujer, un juez incorruptible, un amigo de la infancia con un parche en un ojo y una pierna ortopédica, un pedido sin concretar, una pasión imprevista, un viejo escritor y la inesperada aparición de un policía intelectual, “mezcla de matón y poeta”. ¡Un cuadro de extravagancias sin desperdicio!
»Sí podemos constatar que no hay riesgo de distracción, y que así como el final juega a responder con coherencia al despliegue de desatinos, la ironía que envuelve el conjunto y lo trasciende consigue afinar su puntería al contar otra historia. La de una identidad cambiante –el pusilánime Juan Pérez, el “Número Tres” de la empresa de matarifes–, que entra en crisis. Su historia relata su pelea por desprenderse de su ropa, de su oficio, de sus miedos. Acabar con él –¡ya lo leerán!– es su más difícil misión.» |
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Pilar Castro,
El Cultural,
12 de junio de 2008
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Matar y guardar la ropa en Literatura en Breve
Pincha en este enlace para escuchar el programa completo. |
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Juan Jacinto Muñoz Rengel,
RNE,
28 de abril de 2008
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Matar y guardar la ropa
«Siempre se ha dicho que lo realmente difícil no es escribir una buena primera novela sino, una vez conseguido ese logro, escribir un segundo libro que no desmerezca al anterior. Y por eso, reconozco que tenía mis dudas a la hora de leer Matar y guardar la ropa, de Carlos Salem, publicada por el descubrimiento literario-editorial de este 2008: los inquietos, valientes y decididos chicos de Salto de Página. Un descubrimiento, dicho sea de paso, que tenemos que poner en el cada vez más generoso y abultado Haber de nuestra querida Cristina Macía, alter ego gijonés de un servidor... siempre que no estemos dentro de una cocina.
Y tenía mis dudas porque acababa de leer Camino de ida, entre las finalistas del Silverio Cañada de Semana Negra y, posiblemente, la novela con que más he disfrutado en lo que va de año. Y temía, tan cerca en el tiempo, leer la segunda obra del autor, recién publicada, y que se perdiera la magia, se rompiera el idilio o algo así. Me daba miedo que se repitiera, que fuera capaz de mantener el extraordinario nivel y que mi relación lectora con Carlos Salem tornase en un no deseado camino de vuelta.
Sin embargo, una vez devorada Matar y guardar la ropa, ya creo estar en condiciones de anunciar que esa relación ha entrado en lo que va a ser, sin lugar a dudas, un fructífero camino de no retorno: de ahora en adelante, todo lo que escriba Carlos Salem me tendrá como ferviente lector, admirador y seguidor (...).
La de Matar y guardar la ropa es una lectura apasionante, protagonizada por unos personajes tan atractivos y singulares como los del Camino de ida, pero en una historia completamente diferente. En este caso, en vez de situarnos en mitad del Marruecos más exótico, el autor nos lleva a un camping nudista murciano, donde se dan cita un puñado de personajes muy diferentes entre sí, pero todos ellos relacionados con Juan Pérez Pérez, un teóricamente anodino ejecutivo de una multinacional, despreciado por su mujer que, sin embargo, tiene un trabajo muy especial: sicario.
A partir de unos personajes de raigambre marxista tan desaforados, caóticos y surrealistas como los Groucho, Chico y Harpo de las películas, Carlos Salem ha construido una novela en la que pasan muchas más cosas de lo que a simple vista parece, con unos diálogos ácidos y chispeantes como latigazos y unas relaciones entre los personajes en absoluto fáciles o maniqueas. Personajes de los que te gustaría ser amigo, con los que te gustaría compartir confidencias, secretos, un pasado común y, por supuesto, unas cuantas noches de farra en locales como, por ejemplo, ese Club Bukowski que tan buena pinta tiene.
Matar y guardar la ropa es una extraordinaria novela que se lee avariciosamente y que se disfruta desde la primera línea hasta la última, cuyos personajes se quedan guardados en la memoria del lector. Una novela que acredita a Carlos Salem como uno de los mejores narradores españoles de este comienzo de siglo XXI, un autor al que seguir la pista muy, pero que muy de cerca. |
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Jesús Lens Espinosa de los Monteros,
Pateando el mundo,
16 de junio de 2008
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«Para qué negarlo. Camino de Ida es la lectura novel suicida más apasionada del 2007. Y Matar y guardar la ropa es la confirmación de un autor, hasta ahora desconocido y escondido en Malasaña.
»Salto de Página, la editorial de Carlos Salem, no se podía imaginar ni en sus mejores sueños que dos de sus autores se pudieran codear en Gijón con dos premios que dan un prestigio al autor que los consigue, el propio Carlos y su amigo del alma, Leonardo Oyola.
»Si la novela policíaca vive hoy en día una tercera juventud, en autores y publicación, mucho me temo que se lo debemos a los autores que vienen de las Américas y que se aposentan en nuestras ciudades. Ellos han tenido la mejor escuela del mundo, la calle y las situaciones políticas que soplaron con fuerza sus países respectivos.
»(...)Un asesino a sueldo, con problemas de toda índole, y que tiene que hacer un trabajito en un camping nudista de Murcia, y que por las casualidades de la vida en el mismo veranean su ex mujer, sus dos hijos, el compañero de la mujer (un juez de los peligrosos), un inspector que observa sus movimientos, y un amigo de la infancia. La pregunta es fácil ¿Cómo unimos todo?
»Carlos es un barman y nos realiza un cocktail entretenido, divertido y que poco a poco se va construyendo una situación anecdótica e implacable, en que los personajes son culpables y inocentes y a la vuelta de la esquina vuelven a ser inocentes y culpables.
»Pero todo este argumento nos guardará sorpresas agradables. La relación de este Número Tres, asesino a sueldo de la Empresa, que se encarga de despachar personas con su trabajada coartada de visitador médico, ese Juan Pérez con sus hijos; la amistad con un anciano llamado Andrés Camilleri (profesor retirado y que escribe novelas policíacas), en claro homenaje al autor favorito del autor. Volverá a descubrir el amor con una jovencita llamada Yolanda, que lo embestirá en una nueva juventud.
»Matar y guardar la ropa es la novela del verano, sin duda. Y Carlos, un amigo para siempre.» |
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José Andrés Espelt,
Cruce de cables,
3 de julio de 2008
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