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reseñas y críticas Modelos animales

«Al contrario que en el cultivo de los huertos ecológicos, en la literatura está permitido el uso de insecticidas, pesticidas, herbicidas y otros productos no orgánicos, entre los que se encuentran los fertilizantes, que por muy industriales que sean, no dejan de ser humus para la imaginación. En esa literatura la intromisión de la química no impide que sean bienvenidos los mosquitos, las orugas que son casi crisálidas, el pulgón que ejerce de ganado para las hormigas, y también cualquier pájaro que se alimente de los insectos y de la fruta. La fuerza casi divina de los seres milenarios no combate con la de los humores de laboratorio, sino que forman un universo en el cual puede entrar cualquiera a recoger frutos con los que escribir una historia. Pero hay que ser listo para saber saltar la tapia o abrir el cerrojo de la cancela o, en última instancia, mirar a través de la cerradura y extraer de ahí el material para formar un universo propio en el que conviva lo moderno y lo de toda la vida. Esa es la especialidad de Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988), y su resultado destaca por la fuerza de la imaginación.

»En Modelos animales recopila varios relatos con el tema universal de la soledad imposible de separar de la piel como constante. Y es que en ocasiones uno tiene la impresión de que un buen escritor es el que consigue transmitir la sensación de soledad, tal vez porque si no existe esa emoción no se consigue dialogar sobre la dignidad, que es el toque de distinción de cualquier forma narrativa. En un principio, leyendo los primero cuentos, ambientados en Canadá, en México, en un Bilbao moderno, uno se siente atraído a creer que Aixa de la Cruz bebe de John Cheever, de Norman Mailer y otros autores americanos. Pero al rato se da cuenta de que su literatura tiene más de Bohumil Hrabal que de Bukowski, a pesar de ciertos detalles de realismo sucio que apunta cada dos o tres páginas. Y es que esa constante se cimenta en las adversidades que surgen durante la adolescencia de los protagonistas. Aixa de la Cruz sigue intrigada por las consecuencias que la adolescencia tiene en nosotros, incluso arrasándonos, y no deja de cuestionarse, como confiesa alguno de sus narradores, si es cierto que todos los actos tienen sus consecuencias. Y los actos de la adolescencia tienen, por fuerza, que ser pura emoción.

»Y, sin embargo, los escenarios no pueden ser más diferentes. Una relación de espejo en una obra de teatro en formación, con el cartel de “atención obras”, que significa peligro; incluido el peligro de la muerte. Una madre demasiado joven a la que le extraen un bebé con talasemia, una madre ingenua, torpe y pudorosa hasta el sadismo, y un extraño vínculo entre la criatura y la sangre. Dos viajes paralelos de Londres a Bilbao, unidos por la relación de ambas protagonistas con las drogas, que se van separando a medida que avanza el desplazamiento; un relato que nos habla de que no somos dueños de nuestro destino, pero sí de lo que somos. La idealización de las gamberradas de nuestro paso por el instituto y la melancolía por la inercia a hacer daño sin mirar las consecuencias. La vida en la más decadente de las caravanas americanas, en un relato en el que existe mucha elipsis en la actuación y pocas palabras a la hora de redactarla. Las dudas sobre la propia identidad de alguien encerrado en un váter con anorexia y bulimia, y con la monomanía de que debe ganarse el respeto de los demás. O la ilusión de una ficción novelada de una condenada en la cárcel por culpa de una equivocación en una broma, que la lleva a experimentar con la tortura.

»De ese calado es la imaginación de Aixa de la Cruz, a quien debemos seguir leyendo porque, seguro, a medida que vaya ganando en experiencia nos irá dejando mejores obras. Hasta que llegue su mejor novela dentro de unos años. Mientras tanto, un buen lector no debe perderse estos libros para conocer de primera mano la génesis de la obra que está por venir. Y porque a Aixa se le ocurren cosas que a los demás no se nos habrían pasado nunca por la cabeza.»

Ricardo Martínez Llorca, Culturamas, 9 de mayo de 2016
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«El mundo del relato se abre paso con pie firme gracias a una juventud rompedora, con talento y ganas de decir mucho y bien, pero sobre todo de hacer algo nuevo en el panorama literario. Cuánta valentía ante los arquetipos canosos consagrados a los que sólo se les puede venerar cual dioses de las historias cortas llenas de alma. El impacto de los relatos de Aixa de la Cruz revela una habilidad innata para la creación artística a través del lenguaje y un talento arrollador que presagia una larga vida literaria destinada a no dejar indiferente a sus lectores. No sé cómo definiros los siete relatos que componen Modelos animales, lo primero que me sale cuando leo algo diferente, vibrante y rebosante de inteligencia es: Brutal. Y Modelos animales lo es sin lugar a dudas.

»Esta composición de siete historias flanqueada por una portada atronadora tiene mucho de vida real y de ficción, de percepciones subjetivas como de normas sociales, tanto de vida como probablemente de sueños. Aixa de la Cruz crea siete mundos en pocas páginas capaces de desatar una tormenta emocional de esas que repelemos al tiempo que no nos podemos desenganchar. De las que tienen el efecto de un jarro de agua fría sobre nuestra cabeza cuando menos lo esperamos, sobre todo, por lo colosal de su imaginación, por historias tan agudas y a veces opacas como el propio cielo de Bilbao.

»El primer relato es el que da nombre al libro y quizás el mejor vertebrado. Una estudiante de teatro becada en Norteamérica se obsesiona con la actriz de la obra que ella escribe. La persigue, la adora, sueña con ella y todo lo que escribe de su papel es un tira y afloja de sus deseos más carnales e inconfesables. Su delirio acaba con un hecho fortuito que la devuelve a la realidad más sombría y salvadora. True Milk es un relato tan fantástico como avasallador, una joven da a luz un hijo con talasemia, su instinto maternal brilla por su ausencia y todo lo que rodea a su supervivencia parece no tener demasiada importancia, hasta que se da cuenta que el niño consigue comer cuando mezcla la leche con su sangre. Apuntando a Lord Byron como abanderado de su ironía inteligentísima, la autora levanta escalofríos con el final de este relato. Doble es el vivo ejemplo de la originalidad hecha relato; un viaje en tren, una historia doblada, en paralelo, a la que sólo le cambian ciertos matices que difumina el enfoque de su desarrollo, de sus emociones, siguiendo su curso hasta el resultado final. Y el último de ellos: Abu Ghraib, trata de una joven vocalista de metal con habilidades sociales discutibles a la que le cuentan que una de sus canciones ha servido para torturar a una secuestrada. Es tal la empatía a la que se quiere enfrentar para descubrir los motivos de tal acción, que un brote psicótico la lleva a un desenlace muy oscuro. Estos cuatro relatos son los que más me han impactado, los otros tres: El cielo de Bilbao, Famous Blue Raincoat y Romperse tampoco tienen desperdicio, os lo aseguro.

»Su escritura es violenta y oscura, pero sobre todo inesperada. Bilbao presente y sus temas candentes de soslayo, un universo paralelo con algo de fantasía y mucho de realidad. Pero sobre todo un estilo muy personal y novedoso que nos abre las puertas a algo nuevo, de calidad y con tanto talento como seguridad desprende su pluma. Me encanta como y lo que escribe Aixa de la Cruz, creo que ya no puedo ser más clara.»

Mercedes Suero, A golpe de letra, 14 de octubre de 2015
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«Modelos animales es mejor que aquel que me obligaron a comprar casi con una pistola en la sien en una feria cualquiera de un lugar de la meseta. Es muy bueno, decía el novio de la autora. Sí, para prender la chimenea. Aquellos cuentos terminaron en la mochila Quechua de una guiri californiana (sin mechas, pero con pastis y so funny la noche de Madrid). Modelos animales se va quedar en casa. Vale, será cierta afección (al libro), cierta abdicación de la palabra coñazo, será una equivalencia: Aixa de la Cruz sí es escritora, y la calidad literaria, equidistante a la palabra (escritor). Mucho dribling con las expectativas. El suspense. La incertidumbre. Modelos animales reivindica la supervivencia de las vidas, vidas recónditas del universo que no son la tuya, pero sí pueden llegar a segmentar tu realidad. Vale, la ficción es materialista y verídica, y tú has sido una persona con obsesiones, enfermedades,  hijoputez y paranoias. Y tú sabes que la belleza acaba en un averno de Puerto Hurraco. Puta vida, eso dice Aixa.

»Somos en primera instancia lo que nos cubre, y luego este laberinto de pliegues sanguinolentos que, sin importar la especie, siempre acaba en un tarro de formol, me dije.

»Las mujeres embarazadas son miedosas. Temen que sus hijos nazcan albinos, con seis dedos, daltónicos, con síndrome de Down, hemofílicos, anormales, de una raza distinta a la del marido, hermafroditas, sin brazos, sin piernas, con el corazón demasiado grande, con los huesos de cristal. Pero, por lo general, no contemplan la posibilidad de parir un hijo vampiro.

»Y que arrastraba a nuestro amigo en su orgía de música electrónica y mal gusto. Fue nuestra Yoko Ono aquella mujer; nos disolvió como una gota de ácido.

»Siempre hay un misterio prudente, un silencio calmado; son los preliminares de la violencia. Es el olor a pescadilla podrida del miedo, y los desencadenantes del árbol de causas. El destino y los azares. El Too Late , el mira qué miserable me ha salido el chaval con las bromitas del chat, que la chupa y todo, y le mola Metallica.

»En estas colisiones perennes de la tragicomedia desde que la costilla de Adán era Eva y Caín inventó el fratricidio (con una quijada de burro, vaya puto animal) se muestra esta narrativa de conflictos tan flipante para Aixa. Y para nosotros. Esa eficiencia de un libro que no te suda las manos, una novela con cafeína que confirma que los bilbaínos son de donde les sale de los cojones. Desde Montreal hasta una caravana perdida en el desierto pasando por Heathrow.

»Cuentos extravagantes (no hay uno medio normalito). Fantástico (siempre hay algo que tocará los cojones). Raro, raro, raro. Sin inconsciencia ni candor (aunque Aixa tenga 27 tacos).  Nada de ideologías fantásticas que no son tal salvo la pose masturbatoria del autor. Tragedia, fricción, incluso descojono. A ver, es un libro de querencia (y no estoy hablando de un toro bravo) literaria. Sereno. Y las dos trayectorias. Una pa bajo y otra pa arriba. Una p’acá y otra p’allá. Abra todo lo que tenga que abrir. Lo demás está en sus manos, doctor. Ahí va Aixa.»

Javier Divisa, Tarántula Revista cultural, 23 de septiembre de 2015
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«No es Modelos animales el tipo de lectura a por el cual tiraría a priori. Autora relativamente poco fogueada, e incluso más joven que yo. Yo, que suelo ser de tótems consagrados, aunque de cuando en cuando me gusta darme un respiro y otear el panorama. Pero Modelos animales es de esos libros que se me hicieron atractivos a primera vista: sinopsis llamativa, una portada deliciosa —reconozcámoslos: cuando se trata de ese preciado bien que es el libro, de entrada podemos ser tan superficiales…— y unas cuantas de reseñas muy positivas que espolearon aún más mi interés. Sobre todo una en Granite & Rainbow que firmó Ainize Salaberri. Y es que del buen gusto de G&R podemos fiarnos sin reservas. Pero como todo buen hijo de vecino, tengo mis propias impresiones, para quien quiera leerlas.

»Empezando por el hecho de que Aixa de la Cruz se orea como un vientecillo de renovada frescura: da gusto leer una prosa con más que evidentes resortes literarios. Esos resortes que por norma general son veleidades. Un estilo que se mueve entre la voluntad poética y preciosista y otra más realista, contemporánea, del día a día, sin obcecarse en ninguno y siendo los dos. Aixa es una chica que se mueve en la veintena larga, con ese bonito patito delante, y se nota. Pero cuando el estilo refleja madurez y cimientos sólidos, que se note no hace más que infundir el atrevimiento de la dorada juventud.

»Cualquiera le dice a Sánchez Ferlosio o a Marsé que mezclen a Polidori y True Blood en el mismo párrafo.

»Pero contemos un poco el libro, que aquí hemos venido a hablar de su libro. Un libro de relatos. La mayoría de las reseñas que pude leer antes de decidirme por Modelos animales incidían en la violencia y en las pasiones obsesivas y los relatos aquí reunidos tienen mucho de eso. Pero es quizás lo que más me ha defraudado respecto a lo que leí sobre Modelos animales y lo que leí en Modelos animales. Porque es cierto que se despliega la virulencia de algunas pasiones humanas, tanto a lo grande como en esos golpetazos subterráneos de pecho que pugnan por aflorar, y que inquietan por lo humano, demasiado humano, para nuestra vergüenza o nuestro morboso deleite. Pero esta violencia, más que un estallido existencial, es una necesidad forzada de aullar un tipo de visceralidad que establezca una complicidad entre escritora y lector, una especie de codazo, «¿has visto?». No es la violencia, aunque desde luego sea muy característica de esta colección de relatos, lo que hace de Modelos animales un más que estimable ejercicio literario.

»Quizás sea «Doble», el tercero de los relatos, el que mejor ejemplifique lo que quiero expresar. Es una historia a dos columnas, calcadas la izquierda de la derecha, hasta que una elección banal, como el camino que ha de seguir el taxi que lleve a la protagonista al aeropuerto, modifica sustancialmente el desarrollo de los eventos posteriores. O no, porque una de las líneas fundamentales del relato es la inevitabilidad, el análisis de una serie de complejos humanos cuyo devenir parece atado en cierta manera al ADN y a la historia sentimental escrita en la piel. Da igual que los mundos paralelos diverjan, porque el fatum contiene, como los ríos, el caudal que deshace los meandros que modifican su trayectoria, volviendo impenitente a su desembocadura. El desarrollo de «Doble» es impecable, y logra transmitir ese juego de espejos que deduplican los sentimientos encontrados; pero esos sentimientos y esa violencia son, por decirlo de manera suave, adolescentes. Lo que en última instancia es un elogio de no poca entidad para Aixa: la construcción e urdimbre del relato me engancharon como si no cojeara de ningún pie.

»En esa frescura que trata de experimentar, de descubrir caminos no trillados —o, al menos, no tan trillados— en la búsqueda de un estilo cuyos resortes sortea con más que evidentes aciertos, reside lo mejor de Aixa de la Cruz. Acude con frecuencia a la polifonía, a la contraposición de textos —asépticos unos, encendidos y literarios los otros— y a la referencialidad, y lo que podrían ser torpes tanteos son aquí armazones perfectamente trabadas, en ocasiones logrando una atmósfera nada desdeñable —como el fantástico «True Milk»—, y en otras consiguiendo para los personajes una caracterización a la cual no hay nada que reprochar —conjugando fatalismo, humorismo y pequeñeces de esas que hacen interesante al individuo más gris, como sucede en la coheniana «Famous Blue Raincoat»—.

»Pienso seguir a Aixa de la Cruz con muchísima atención. En la clásica distinción del —libro como— signo, provisto de significante y significado, el significado aún tiene que alcanzar una madurez que visto lo visto no ha de tardar en llegar; y tendrá que llegar porque ese significante, esa forma que da molde al contenido, tiene todos los mimbres para depararnos unas alegrías de entidad.

»¡Ah! Si vamos a lo banal, eso que no tiene que ser banal, son los relatos de Modelos animales muy entretenidos y de grata lectura, pese a esa voluntad tan eminentemente literaria. En otras palabras, que Modelos animales es una recomendación servida de cabeza.»

Carlos Cruz, Diván de tinta, 21 de septiembre de 2015
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Narrativa reciente

«Aixa de la Cruz me parece una escritora excelente, fina y dotada, a la que seguiremos de cerca. En De música ligera, siendo obra claramente primeriza, me interesaron dos cosas: el loable desparpajo con que aparecía la autora para crear la parte metanovelesca de la narración, y su habilidad para describir personajes con un fogonazo, como cuando queda palmaria la diferencia entre los dos protagonistas, Julia y Dylan, por la manera en que cuentan hasta cinco (pp. 66-67; la protagonista escindida de “Doble”, en Modelos animales, queda retratada contando hasta tres, p. 57). Eran gestos que revelaban sin ambages a una narradora en ciernes, que ahora despliega todas sus posibilidades en Modelos animales, conjunto de relatos que reúnen ambientes verosímiles donde los caracteres encajan como pueden sus complejidades psicológicas, gracias a un dominio de la técnica narrativa que en algunos lugares se vuelve virtuosismo. Y no me refiero tanto a “Doble”, un relato donde la bifurcación identitaria divide en dos la página, algo que puede venir de El curandero de su honra (1926), de Ramón Pérez de Ayala, y que ya hemos visto hace poco en Fuera de la jaula (2014) de Fernanda García Lao y en new mYnd (2014) de Colectivo Juan de Madre (y en algún otro lugar que debo callar), sino que me refiero a los hábiles modos de vertebrar relatos como “Modelos animales”, en los que la complejidad textual se pone al servicio de la historia para enriquecer sus matices y no para opacarlos. O al modo en que De la Cruz siembra ideas y motivos para recogerlos con elegancia después. O al modo en que sus textos nos incomodan, como los de Belén Gopegui, a pesar de las diferencias entre ambas; o al modo en que entremezcla discursos; o al modo en que va demoliendo expectativas para proponer mejores soluciones. Leyendo a Aixa de la Cruz se tiene la sensación de que cuando la autora divisa algún edificio o objeto estético que le gusta, piensa “qué interesante” para, acto seguido, derrumbarlo con una apisonadora y volver a levantarlo de nuevo más firme y audaz, más convincente, más a su gusto. Y también al nuestro.

Vicente Luis Mora, Diario de Lecturas, 11de julio de 2015
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«Cuando el filósofo coreano Byung-Chul Han comenta en La sociedad del cansancio (2012) que «la sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día» (p. 25), en realidad, apunta una transformación fundamental ocurrida con el cambio de siglo. Hemos pasado de la sociedad disciplinaria, caracterizada por la definición estricta de los límites y un castigo físico excesivo sobre el sujeto en caso de incumplimiento, a la sociedad del rendimiento, caracterizada por la ausencia de límites, la positividad por encima de todo y un método de castigo muy tenue, psicológico, pero bastante más eficaz al sustituir la cicatriz por la quemadura de la memoria, siempre retornando, en constante funcionamiento, hacia la debilidad, el miedo y la incapacitación del sujeto: «porque expuesto a una imagen idéntica, diapositiva tras diapositiva, el sujeto experimental acaba rechazando el cambio cuando al fin sucede.» (p. 31).

»Nacemos en un tablero extraño con un enemigo preestablecido como si de la dialéctica amigo-enemigo de Schmitt se tratara porque, lo queramos o no, necesitamos un contrincante para seguir viviendo: todo héroe su villano invencible (podríamos recordar aquí el final de La broma asesina, de Alan Moore), todo país su sociedad empeñada en destruirlos (Estados Unidos y el terrorismo islámico), etc. Ya no hay límites para la barbarie, y las sombras son cada vez más afiladas y grandes: guardan demasiados secretos. Como consecuencia, Modelos animales, la última obra de Aixa de la Cruz, ahonda en la interioridad obsesiva de sus personajes, en los métodos más insospechados de violencia y, sobre todo, en mostrar que, pese a los esfuerzos civilizatorios, la naturaleza del ser humano sigue siendo destructiva: «a mí la violencia verbal, en lugar de agachar la cabeza, me hace abrir las fauces» (p. 11), a la que podríamos añadir la noción igualmente destructiva de Nere Basabe, por poner mencionar otro ejemplo contemporáneo similar en la temática: «somos una especie asesina (…) la violencia formaba parte del mundo» (El límite inferior, p. 221, 223).

»Los diferentes relatos de Modelos animales nos sumergen en una serie de situaciones a punto de estallar: de los macabros, aunque empíricos, experimentos de la protagonista de “Modelos animales”, saltamos a “Doble”, una historia que reactualiza el tema del viaje, a la vez que problematiza el propio acto de lectura al proponer dos historias paralelas (¿sabemos leer de verdad?), a la época ya olvidada de los cibers comunitarios, en “El cielo de Bilbao”, cuando la experiencia virtual todavía era corpórea, o “Abu Ghraib”, que muestra hasta qué punto, lo apuntábamos antes, las bromas pueden llegar a crear situaciones violentas: ¿no dejamos con nuestra ironía y dejadez que el Vacío se extienda?

»Quizá una de las cosas que más destacan de los relatos es su constante diálogo con su sociedad, con los temas de actualidad. Frente al discurso apocalíptico, bastante oxidado ya, que obvia los nuevos ídolos culturales mistificando la mitología occidental, De la Cruz no tiene piedad al introducir elementos de todo tipo, sean más o menos banales, como las series de televisión (True Blood, Game of Thrones), las películas (Matrix), Internet (el final prolongado de “True Milk”), referencias literarias diversas (tales como Mary Shelley o Jack London), o el poder de la tecnología como rastreo de los demás, con el objetivo de amplificar la potencia del texto. Mezclar géneros, tener el pie en muchos sitios como la escritura, la investigación sobre las diferentes formas de tortura, así como toda una vida de imágenes visuales, resultan en una serie de relatos frescos a medio camino entre la fina capa que separa cotidianeidad y la irrealidad. La locura, la fantasía y hasta el aburrimiento llevan a sus protagonistas al disparate, el dolor y la duda de todo cuanto les rodea («¿pero cómo podía ser mala persona si escribía bien?», p. 126).

»En definitiva, Aixa de la Cruz amplifica el impacto de la literatura, adopta con gran maestría una gran variedad de tonos dependiendo de la situación y/o el personaje y tortura, no podría ser de otra manera, a sus personajes emplazándolos en situaciones límites que los empujan hacia delante, a seguir viviendo de una manera u otra su vida imperfecta, que también es la nuestra, "la misma del espectador de cine violento que no quiere ver pero tampoco quiere retirar la mirada" (p. 86).»

Héctor Tarancón, Détour, 9 de julio de 2015
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«Para la mayoría de las personas,la más mínima expresión de violencia es motivo de repulsa, rechazo y denuncia inmediatos. lo cual está bien, dicho sea de paso. Puede que el ser humano esté configurado como un animal social, pero la experiencia demuestra que más vale mantener a dicho animal enjaulado en alguna oscura cápsula del subconsciente. Sin embargo, los hay que están dotados de un lado ciertamente morboso, y no pueden evitar ver en la literatura la oportunidad perfecta para explorar hasta límites insospechados lo que no está permitido en un contexto real. En el caso de Aixa de la Cruz, escritora bilbaína de prometedora trayectoria editorial, esa pulsión enfermiza por desvelar los más brutales instintos de la naturaleza humana deriva en una brillante colección de relatos que nos llevan, mejor dicho, nos arrastran, por una auténtica galería de los horrores con sabor a sangre y entrañas. Por supuesto, esto no significa que la autora de Modelos animales decida recrearse en los aspectos más gráficos, repulsivos y rocambolescos de cada historia, sino que todos estos demoledores estallidos de ensañamiento narrativo resultan especialmente impactantes por ser consecuencia de situaciones y personajes de los que no se esperan en absoluto.

»Así pues, desde el relato que da título a la antología, en el que una directora de teatro se obsesiona con la actriz que da vida al personaje principal de su obra al tiempo que realiza despiadados experimentos pavlovianos con su gato, hasta ese magnífico "El cielo de Bilbao", en el que una pandilla de gamberros adolescentes deciden gastar una broma a través de Internet, todos los cuentos incluidos en Modelos animales nos ofrecen una perspectiva fascinante y a la vez incómoda sobre la violencia (ejercida sobre otros o autoinfligida) y la forma en que ésta se introduce subrepticiamente en nosotros a través de las más insospechadas rendijas. Cierto es que no todos los relatos exprimen de manera satisfactoria las ideas que plantean (el bebé vampiro de "True milk" daba pie a interesantes reflexiones en materia de maternidad que no llegan a abordarse) y que alguno, muy en particular "Doble", presenta dificultades estructurales demasiado farragosas que pueden llegar a suponer una distracción, más que un aliciente. A pesar de ello, la sensación general que transmite la lectura de Modelos animales es la de estar (aparte de en una reunión ejecutiva de la HBO) ante una colección sólida, perversa, innovadora, versátil y marcada con el sello inconfundible de su autora, quien abraza sin ningún tipo de pudor los referentes populares propios de su generación.

»Así pues, no cabe duda de que Modelos animales no es un libro fácilmente digerible ni apto para todos los públicos. No obstante, a mí me ha dado una auténtica y grata sorpresa de la que voy a tardar bastante tiempo en reponerme. Esa mezcla de crueldad irracional, terror psicológico, estilo corrosivo y alto contenido literario es un cocktail explosivo que yo sencillamente no podía dejar escapar. Queda en vuestras manos decidir si también le dais a Aixa de la Cruz una —muy merecida, desde luego— oportunidad.»

Generación reader, 25 de junio de 2015
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«He tenido un mes de mayo bastante convulso y ahora me encuentro con un montón de trabajo acumulado. Lecturas que me han encantado, novedades que merecían echarles un ojo... Me toca ponerme al día y hoy recupero Modelos animales de Aixa de la Cruz, una antología de relatos que he tenido que leer un poco a salto de mata. Pero eso es lo bueno de los relatos, ¿no?
Modelos animales es una antología breve, apenas siete relatos, pero ya os aseguro que son más que suficientes para quedar enganchados a la poderosa manera que tiene de escribir esta joven escritora. Siete relatos en los que se nos revela una realidad perturbadora, no muy alejada de nuestra realidad más cercana, casi a la vuelta de la esquina. De modo que cuidado, no os tropecéis con ella.

»Bebés que sólo pueden alimentarse de sangre se mezclan con obsesiones personales y crueles experimentos a un gato casero. En un viaje en tren se desdoblan dos realidades paralelas, las dos igual de amargas, mientras que por otro lado un grupo de adolescentes le coge el gusto a las bromas pesadas por Internet sin pensar en sus consecuencias. Un joven con problemas alimenticios traspasa sus propios límites y una cantante de una banda de metal descubre horrorizada como una de sus canciones más conocidas ha sido utilizada como instrumento de tortura.

»Como veis, todo un abanico de posibilidades que nos ponen los pelos de punta, o nos hacen revolvernos incómodos en nuestro asiento y es que todo es tan cercano que podría pasarnos a ti, a mí o a tu vecino. Tan sólo True Milk, el relato del bebé vampírico, es el único que coquetea con lo sobrenatural, el resto son dolorosamente próximos.
Aixa de la Cruz se maneja a la perfección con los diferentes temas y estilos de los relatos, pasando del humor a la tragedia en apenas unas líneas, y se lectura pronto se convierte en adictiva. Uno de los relatos, Romperse, ya lo había leído en la antología Bajo treinta, en la que esta misma editorial reunía a un buen puñado de autores jóvenes que estaban seguros que darían que hablar, y fue precisamente uno de los que más me gustó.

»Aixa de la Cruz nació en 1988 en Bilbao pero no os creáis que su juventud le ha impedido publicar un par de novelas, como Cuando fuimos los mejores y De música ligera, así como participar en diferentes antologías de relatos. Una carrera más que prometedora la que se le presenta por delante a esta chica.

»Como os digo Modelos animales es una antología que me ha cautivado, a pesar de haberla leído entre salto y salto. El mundo cruel y cínico de su autora me recuerda en ocasiones demasiado al mío propio, y una no sabe si inquietarse o alegrarse por encontrar alguien afín. En cualquier caso, una lectura imprescindible para mentes perversas. Y que conste que lo digo como el mayor de los cumplidos.»

Sarah Manzano, Papel en blanco, 13 de junio de 2015
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«La bilbaína Aixa de la Cruz excede cualquier clasificación, pero los siete relatos de Modelos animales pueden tildarse de historias de terror moderno. De la Cruz, que pese a su juventud (apenas tiene veintisiete años) ya ha publicado dos novelas y cuyo estilo literario no permite adivinar ningún defecto típico de novato, podría considerarse como una escritora influenciada por la deconstrucción postmoderna: "Doble" está maquetado a dos columnas, pues el arranque del relato se bifurca en dos tramas paralelas (ya ven que Mark Z. Danielewski no es el único que hace según qué cosas); "Famous Blue Raincoat" puede leerse como una secuela transmediática de la célebre canción de Leonard Cohen; y la A. que firma "Abu Ghraib" podría ser ella misma pues ambas, personaje y autora, trabajan en una tesis doctoral sobre la representación de la tortura en la ficción televisiva post 11S a lo 24... si no fuera porque la primera está presa acusada de asesinato. Pero no teman aquellos que, como servidor, huyen como alma que lleva el Diablo cuando una propuesta literaria suena a vacuidad hipster; estas y las otras cuatro historias incluidas en este libro son Literatura con mayúsculas... y, para el que esto escribe, el mayor descubrimiento literario de lo que va de año, como lo fueron antes la madrileña Mercedes Cebrián o la rusa Anna Starobinets. Resulta curioso, o al menos me lo parece a mí, que todas ellas sean mujeres que aun trascendiendo los tópicos del género escriben lo que podría considerarse como antologías de relatos de terror.»

Fran Ortiz, El Periódico de Villena, junio de 2015
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»Comparten la mayoría de los personajes de Aixa de la Cruz la aceptación del dolor o de la violencia que sufren. Ya sea la drogadicción, la bulimia, el miedo o las tendencias homicidas, los protagonistas de los cuentos de Modelos animales acatan esos instintos que rigen su vida y que se les imponen sin que ellos traten de hacer nada por cambiarlos. Este planteamiento general se vale, además, del uso del narrador en primera persona en seis de los siete cuentos que componen el volumen y que ofrecen una visión parcial y subjetiva de las experiencias terribles que viven los protagonistas de los relatos.

»El libro comienza con el texto que le da nombre y que mezcla las extrañas y sádicas relaciones que establece una joven dramaturga española en Canadá con su gato y con la actriz que encabezará el reparto de su obra. Pone en juego Aixa de la Cruz, además de otras implicaciones más personales, la figura del autor como creador de mundos de ficción que acaban desbordándose a la realidad. Otro personaje femenino es el protagonista del siguiente relato: “True milk”, en el que una serie de reflexiones de la narradora sobre la maternidad primeriza y la ausencia de instinto deriva en una historia con tintes fantásticos y, de nuevo, truculenta.

»No abandona este tono en “Doble”, donde una chica española vuelve a casa para pasar las Navidades con la familia tras haber vivido los últimos meses en Inglaterra huyendo de los problemas que tenía en su ciudad. Lo más destacado de este relato es su estructura: se trata de dos variantes muy similares de la misma historia que aparecen en columnas paralelas. Lo novedoso del formato dificulta un tanto la lectura de un cuento que, además de por ese tour de forcediscursivo, destaca por plantear la dificultad de huir de nuestro pasado.

»Una reflexión sobre el pasado también está en la base de “El cielo de Bilbao”, cuento en el que el narrador, por primera vez un hombre, recuerda las bromas pesadas que él y su grupo de amigos gastaban cuando eran adolescentes. La aceptación de la violencia de ETA y la propia pulsión a causar daño a los demás se explican por la necesidad de sentirse aceptado por los demás. Ese mismo sentimiento es el que provoca que el narrador de “Romperse”, otro de los cuentos, acabara siendo bulímico y sufriendo terribles vómitos de sangre que le hacen sentir cercana la muerte y caer al final del relato en un estado de ensoñación.

»Los otros dos textos del volumen son bastante diferentes; “Famous blue raincoat” es, además del más breve, el único de todo el libro con un narrador en tercera persona. Destaca por ese escenario que remite irremediablemente a la serie Breaking Bad (una caravana en mitad del desierto de Estados Unidos) y por el final abierto. Por su parte, “Abu Ghraib” se presenta como una carta en la que una presa, con ciertas coincidencias biográficas con la autora, relata a una periodista el crimen que cometió. Retoma Aixa de la Cruz en este último cuento algunos de los temas que aparecen a lo largo del libro, como la adolescencia, la enajenación o el asesinato. Este relato acaba por redondear un volumen cuya lectura se nos hace corta y que destaca por su coherencia interna.»

Basilio Pujante, El Noroeste, 27 de mayo de 2015
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Modelos animales, una experiencia más allá del relato

«Aprendemos por condicionamiento. Un estímulo llega, reaccionamos, y como si la consecuencia fuera inevitable, nos convertimos en pequeños perros de Paulov que salivan ante la vida. Sucede sin darnos cuenta, casi sin pretender que nuestras ansias, nuestra sangre, nuestras adicciones, gobiernen una parte importante de nuestra vida. Pero seguimos luchando, casi tanto como estos Modelos animales que, tras cada paso, tras cada instante, son como esa pequeña gota de sangre que nos servirá para, pequeños vampiros en un lodazal de cemento, sobrevivir sin remediarlo.

»Desconocer a un autor siempre tiene algo de positivo. El primer encuentro con sus letras, la sensación de haber estado perdiéndote algo –—siempre que sus textos sean buenos—, y esa necesidad imperiosa, después, de intentar leer absolutamente toda su obra. Sucede con Aixa de la Cruz una cosa extraña: sus relatos, en ocasiones, desasosiegan, te abrazan primero, casi como una caricia, para golpearte después, con toda la fuerza posible, dejándote sentado y sin posibilidad de moverte. Modelos animales contiene siete relatos que son pequeñas vidas incrustadas en ese lado que permanece a veces en sombra, siete relatos que diseccionan la realidad, que la remueven, que la contemplan desde fuera, convirtiéndose en pequeñas dosis de verdad unida a la mejor ficción. Esa gota de la que hablaba al principio, y que nos permite comprender, de alguna forma, en un solo instante, cuando llega el punto final, que estamos ante historias que, para variar, son de verdad.

»Se habla mucho, casi siempre, hasta el hartazgo, de esa nueva hornada de escritores que, en la treintena, son el relevo imprescindible de la nueva narrativa española. No soy un académico experto, y baso mis lecturas según las emociones que alguien como, por ejemplo, Aixa de la Cruz me ha hecho sentir. ¿Cómo podría, por tanto, describir lo que Modelos animales hace al lector? Quizás sea simplemente eso. Entender que este libro no es una simple lectura, ojos pasando por encima de las letras, cerebro entendiendo cada una de las frases. Porque lo que es en realidad no es otra cosa que una experiencia, dosificada, como si la droga estuviera entrando lentamente, de forma suave, en forma de letra, por la vena ancha por donde circulan todas las historias que hemos leído, para encontrar que, el subidón, ese que llega casi al final de cada texto, nos volverá a postrar como los seres condicionados que somos. Causa —efecto, estímulo— reacción, ensayo-error. Y lo demás, tras su lectura, será simplemente dejarse llevar.»

Sergio Sancor, La cueva del erizo, 25 de mayo de 2015
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Modelos animales: los rincones oscuros del ser humano

«Todos los relatos de Modelos animales funcionan de forman independiente en relación con el resto, y sin embargo hay una corriente interna que los recorre transversalmente. Una corriente de violencia y de extrañeza que modula la realidad para que ésta, sin dejar de ser lo que es, presente sus rincones más oscuros. Aixa de la Cruz despliega en sus siete relatos, algunos excelentes, otros menos conseguidos aunque interesantes y muy buenos, una mirada hacia el mundo, hacia la realidad, muy personal impregnada de una referencialidad muy diversa y magníficamente trabajada: no es una autora de jugar formal y caprichosamente con todo tipo de referencias, sino que las muestra en el interior de los relatos de manera natural, asumida, interiorizada. Modelos animales es, en este sentido, un perfecto ejemplo de las diferentes fuentes de inspiración (por decirlo de un modo convencional) que un escritor joven (o no tan joven) puede tener en la actualidad; además, puede dar, en general, una cierta idea de una de las derivas de la ficción literaria contemporánea. Aixa de la Cruz no esconde en momento alguno esas referencias, pero tampoco las evidencia como marca de estilo (algo extendido en algunos autores), deja que surjan del interior del relato, que sean parte de él. Por ejemplo, el mundo audiovisual, en especial el de las series televisivas, aparece de diferentes maneras en varios relatos, a veces de manera explícita, en otros menos, pero Aixa de la Cruz no busca emular su lenguaje.

»Y es capaz, como en True Milk, de aunar el romanticismo inglés, rememorando la famosa reunión en Villa Diodati, la serie True Blood, o las sagas juveniles de vampiros tanto literarias como cinematográficas, sin ánimo de crear un pastiche, pero sí de construir un relato personal que albergue en su interior una visión amplia de la realidad narrativa que nos rodea. O bien, escribir un spin-off en forma de relato de la canción de Leonard Cohen que da título a la pieza, Famous Blue Raincoat. También, en Doble, crear un doble relato a modo de columnas como espejos deformantes que a pesar de las variaciones acaban conduciendo a un insoslayable destino común.

»Otro elemento interesante de Modelos animales es encontrar a una autora con un mundo propio tan variado como personal, con relatos como Modelos animales, True Milk, El cielo de Bilbao o Doble, por ejemplo, de enorme madurez y diversidad. La escritora bilbaína imprime en todos ellos una mirada hacia la realidad en la que la violencia asoma en todo momento, tanto de forma explícita como mediante elipsis, pero sin caer en una utilización simplista o meramente física. A la autora parece interesarle más la violencia como atmósfera, como algo latente que puede manifestarse en cualquier momento en un contexto cotidiano como en Modelos animales o Romperse, por ejemplo. Pero también utiliza los relatos para reflexionar sobre la violencia desde diferentes perspectivas, como la tortura (Modelos animales o Romperse) o sobre su peligrosa aceptación ya sea de manera social/personal (El cielo de Bilbao, brillante relato por otro lado, o Abu Ghraib).

«En los relatos de Aixa de la Cruz nos enfrentamos a los rincones más oscuros del ser humano mediante unas historias impactantes por su cercanía, incluso cuando nos sitúan en otros contextos (la autora ubica sus relatos en diferentes ciudades del mundo) y en otros momentos, porque nos hablan de paisajes reconocibles, tanto físicos como humanos, y no tiene problema alguno para enfrentarse como autora a asuntos, quizá, poco agradables. Un libro más que recomendable.»

Israel paredes, It´s Playtime, 20 de mayo de 2015
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«En el año 2006 una beca concedida por la Fundación Antonio Gala, permitió a Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) “vivir para escribir sin tener que trabajar para vivir” en un entorno donde también se enriquecía con las experiencias de otros artistas. Ese fue el inicio de una fructífera carrera literaria que fue consolidándose año tras año: Cuando fuimos los mejores (2007), finalista del premio Euskadi de Literatura, De música ligera (2010) y I don’t like mondays.

»Modelos animales (Salto de Página, 2015) es su última incursión en la narrativa. Se trata de un volumen de siete relatos en los que la autora recrea sus propias obsesiones, como la de incomodar al lector, algo que consiguen todos estos relatos. Ella lo tiene claro: “Incomodar al lector no es malo, lo malo es que no reaccione”. Mucho me temo que es difícil que alguien no reaccione con estas historias y/o que no se haya sentido identificado de alguna manera. Los relatos, como sus protagonistas, son de lo más diversos, más bien tirando a extraños y atípicos, pues lo inverosímil es el germen de su literatura.

»Por ejemplo, el que da título y abre el libro, “Modelos animales”, está protagonizado por una actriz que se comporta de manera cruel con su gato sometiéndolo a pruebas quirúrgicas. Se trata de un cuento sádico y esquizofrénico que provoca la incomodidad del lector a cada página y que recuerda al estilo de Marina Perezagua en Leche.

»“True Milk” (en una clara alusión al vampirismo y a la serie televisiva True Blood) aborda el tema de la maternidad de una joven que acaba de tener su primer hijo y no tiene ningún instinto maternal hacia él porque no puede alimentarlo hasta que descubre que su sangre es el mejor alimento.

»En mi opinión, “Doble” es uno de los mejores relatos del libro quizás por su planteamiento cortazariano, ese que defiende que el devenir y el azar acaban imponiéndose en nuestras vidas. Se trata de un texto escrito a doble columna, difícil de leer hasta que se descubre que cada una debe leerse de manera independiente, como si fueran historias paralelas. La primera está protagonizada por una joven que regresa a Bilbao por Navidad a pasar la Nochebuena con su familia. Durante el viaje en tren camino del aeropuerto una persona se suicida tirándose a las vías lo que provocará que pierda su vuelo. La segunda historia es igual pero sin suicidio ni pérdida de avión.

»La ciudad de Bilbao se localiza también “El cielo de Bilbao”, relato que rescata el tiempo del Messenger y los chats de Terra y los cibercafés en el que un grupo de amigos se divierte, bajo la seguridad que ofrece el anonimato de un nick o seudónimo, para hacerse pasar por chicas que quieren ligar con hombres adultos.

»Y por si el lector no tuvo bastante con el primer cuento y todavía demanda alguna experiencia más intensa y dolorosa, la encontrará en el que cierra el volumen: “Abu Grahib”. Esta historia nace precisamente de la tesis doctoral que está realizando sobre la representación de la tortura en series de televisión americanas tras el 11 de septiembre. El tema central del relato es la tortura y la forma en que cada cual reacciona ante ellas. Su protagonista (trasunto de su autora) desea demostrar la influencia de la ficción televisiva durante la guerra de Iraq  y su contribución a difundir la idea de que la tortura es un mal necesario en la guerra contra el terrorismo.

»Aixa de la Cruz es versátil: le interesan tanto la literatura clásica, como la contemporánea; ambientes cosmopolitas como Estados Unidos o Canadá y otros más provincianos, como Bilbao; el Rock radical y Lord Byron; y, por supuesto, la cultura de las series televisivas estadounidenses, la del kalimotxo, el speed y el terrorismo. Lo cierto es que tiene un talento innato para la literatura. A su escritura y estilo no hay nada que objetar, así como a los amplios conocimientos culturales y al contexto histórico-social en el que enmarca sus historias, tan bien escogido que son esenciales en la trama. Sin embargo, su temática y su mundo son tan personales que demandan un lector cómplice e interesado.»

Sara Roma, Literaria Comunicación, 20 de mayo de 2015
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«Me sorprende el consenso que se ha generado al tratar de determinar el tema de este Modelos animales (Salto de Página, 2015), entre reseñadores y críticos: muchos coinciden en elegir la violencia.

»La violencia está presente en el texto, no cabe duda. Si se me permite la metáfora, diré que la violencia ha metastatizado e invadido sus cuentos —de manera irregular—, aunque cada uno de ellos, al igual que los órganos de un cuerpo, sigue manteniendo, por el momento, su funcionalidad de manera autónoma.

»Precisamente el mayor logro de Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) es plantearnos una colección de relatos cuyos protagonistas —la mayoría de ellos— son personajes redondos y, por lo tanto, contradictorios y en evolución; lo que nos impide, si hacemos un análisis serio, estimar que su tema sea una sola cosa.

»El primer relato, que le da nombre al libro, trata sobre un personaje en el que la autora vuelca sus relexiones sobre el narcisismo, la inseguridad y la soledad del emigrante, a través de aspectos concretos de la realidad, más o menos anecdóticos, como el frío, el teatro y la violencia: de estos, los dos primeros surgen claramente de la experiencia de la autora, mientras que el tercero se comporta más como un recurso escénico.

»En El doble —un relato con dos versiones simultáneas maquetado a dos columnas—, la estructura del viaje, externo e interno, enmarca una evolución inmejorable de la protagonista empleando un recurso que Aixa de la Cruz maneja a la perfección, presente también en otros relatos —True milk, El Cielo de Bilbao—, y que constituye uno de los pilares de este oficio: ganar al lector para la causa de un personaje de modo que, páginas más tarde, mientras este desfila inevitablemente hacia el desastre, aquel esté dispuesto a no creer en el destino que el escritor le tiene reservado con tal de que se salve; del mismo modo que conservamos secretamente la esperanza de que el final de una película trágica cambie la segunda o tercera vez que la vemos.

»De eso creo yo que va este libro. De querer a personajes que, en principio, no deberían ser queridos, por el simple hecho de que son mostrados con honestidad, con sus taras y sus extrañas virtudes; entre ellas, la imperiosa necesidad de sobrevivir y la nefasta capacidad de hacerlo siguiendo las convenciones sociales.

»Modelos animales es un ejercicio de equilibrismo emocional. Los personajes transitan el alambre con los pies descalzos; les sangran las llagas; unos caen y otros llegan a la cofa opuesta. Violencia es verlos caer. Así piensa la protagonista de El doble: “[…] la fascinación culpable del voyeur impresa en sus rostros. Hay algo considerablemente obsceno, casi diría que festivo, en presenciar en vivo y en directo cómo un hombre se desmorona.”

»De eso va, en cierto modo, el último de los relatos: Abu Grahib. Su protagonista es, probablemente, el personaje más plano de todo el libro, sin que esto suponga por sí mismo algo malo. En realidad, es el único cuento al que yo le atribuiría como tema la violencia, entre otros. La relación entre ésta y la literatura o, más exactamente, entre la delincuencia y los escritores fue abordado por José Ovejero en su ensayo Escritores delincuentes (Alfaguara,2011). Allí expone el caso de Jack Henry Abbot, anécdota que sirve de punto de partida para este cuento; pero trata además otros, como el de Abdel Hafed Benotman, Jean Ray o Karl May, por citar algunos. Ovejero, al igual que Aixa de la Cruz, construye —él valiéndose de la documentación, ella de la imaginación—, personajes redondos, contradictorios y coherentes dentro de su locura, a partir de una materia que un escritor menos hábil hubiera transformado, inevitablemente, en clichés.

»Independientemente de que las voces de Modelos animales suenen, en ocasiones, parecidas, Aixa de la Cruz crea universos emocionales únicos y creíbles. Quizá, su formación como dramaturga la precipite hacia el estudio interior del personaje y, a la vez, le dificulte la función interpretativa, aunque esto es ya conjeturar demasiado.

»Después de leer Modelos animales se me ha venido al recuerdo Trescientos días de sol, ese conjunto de relatos que Ismael Grasa publicó en Xórdica en 2007 —y que le valió el Premio Ojo Crítico—. Los reseñadores públicos debieron sudar lo suyo para catalogar su tema, aunque ya la propia editorial les dio un cabo del que tirar: “el delito o su posibilidad”.

»En realidad, como podrán imaginar, no había ningún tema, o había tantos como relatos. Los cuentos estaban compuestos por acontecimientos tan anodinos que uno tenía que hacer un verdadero ejercicio de abstracción para darse cuenta de lo que estaba leyendo: el imaginario de su autor fragmentado y convertido en múltiples mundos interiores. Carver tenía la costumbre de escribir las frases que le gustaban en “fichas de tres por cinco” y clavarlas en la pared de su escritorio. Yo, tengo varias suyas en el mío siguiendo el mismo sistema. Una de ellas dice: “Tú no eres tus personajes, pero tus personajes sí son tú”. Espero que en el caso de Aixa de la Cruz sea así y no a la inversa porque, si no, tomarme un café con ella iba a darme mucho miedo.»

Miguel Ángel Carmona, El placer de la lectura, 18 de mayo de 2015
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»Los dos últimos meses apenas he podido leer novedades. Por distintos motivos, me encuentro entre relecturas, búsqueda de documentación y obras clásicas. Uno de los pocos libros de este año que he podido disfrutar ha sido Modelos animales, la antología con relatos de Aixa de la Cruz que he disfrutado por su prosa y malicia.

»La primera sensación que me vino al adentrarme en los relatos fue la de encontrar una autora con voz propia. No conocía la obra de Aixa de la Cruz y me ha gustado descubrir un estilo personal, refrescante y lleno de detalles con los que es sencillo conectar. Me detendré en el relato El cielo de Bilbao.

»Aixa es de Bilbao, yo también. Aunque nos llevamos cinco años, la diferencia no evita la sensación de pertenecer a la misma generación, la que ha visto el final de ETA y a una sociedad vasca horra de violencia. Este detalle junto al avance de nuevos modelos de ocio como los cíber, el IRC y todos esos vicios que llegaron con las conexiones a internet, forman el trasfondo de una historia generacional que sin que sin saber si es de los últimos relatos que escribió la autora, sí es donde veo una prosa más asentada y atractiva.

»Ceder el protagonismo a un grupo de adolescentes es querer retratar a una generación en un momento concreto. El año pasado leí La promoción del 49, un excelente libro de relatos que nació con la intención de contar una edad, un lugar y un sentimiento. Si en el libro de Don Carpenter todos los relatos giran en torno a ese tema, parece que Aixa de la Cruz también tiene el material y la sensibilidad para seguir trabajando esta perspectiva.

»El relato empieza con una frase que retrotrae al momento y muestra el estilo narrativo: “Eran los tiempos del Messenger y los chats de Terra.” A partir de ahí, la autora crea un grupo de amigos en un barrio de Bilbao. Como todos lo fuimos, son unos cabrones adolescentes con obsesiones sexuales, un punto de vista frívolo ante la violencia y que creen en la eternidad de la amistad y la adolescencia. A través de distintas anécdotas se cuentan su robinhoodiana caza de pervertidos que buscan seducir a niñas a través de la red o sus intentos de molestar a lesbianas. Como es previsible, toda la bravuconería acaba chocando con la realidad, en la amistad crecen las fisuras y el idealismo se viene abajo cuando nace la autoconsciencia.
Pero tampoco es cuestión de destripar el relato.

»El cielo de Bilbao me ha llamado la atención por ser una de las pocas historias que he leído sobre los jóvenes pos-ETA en Euskadi. Y eso me encanta. No sé hasta qué punto ha sido intención de Aixa de la Cruz, pero si existe un nuevo y reciclado grupo de jóvenes autores vascos, este relato es buen referente. No hay que olvidar el pasado, pero la ficción también tiene que ser capaz de mirar hacia delante.»

Ekaitz Ortega, 14 de mayo de 2015
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«Aixa de la Cruz nace en Bilbao en 1988, y no ha parado desde entonces. Licenciada en filología inglesa, aunque a punto estuvo de ponerse con el derecho y la economía. Actualmente está sacando tiempo para el doctorado, investigando sobre la tortura en las series de televisión. Algo productivo, de momento, ya ha sacado de la tesis, el relato que cierra el libro Modelos animales, publicado en Salto de Página, que bebe y se crece en el tema. Con 18 años estuvo becada en la Fundación Antonio Gala. Si eres escritor, joven y tienes una idea, mírate las bases porque son seis meses a todo pagado para desarrollar un proyecto. De su paso por la Fundacion Aixa sacó una novela juvenil Cuando fuimos ganadores (está descatalogada), de la que no se siente del todo orgullosa. Ruega por favor que nadie la lea. Su segunda novela De música ligera estaba en 451 editores, una editorial muy chula, que pena la nuestra, ya no existe.

»Aunque ha estado unos años de barbecho en cuanto a sacar mercancía a las librerías, la actividad nunca ha parado. Ha escrito mucho, y lo ha tirado a la basura. Cuatro novelas escritas del tirón que al final no funcionaron. De estas novelas algunas ideas las recicla para Modelos animales. Ha participado en varias antologías de escritores menores de 30, en la de Lengua de Trapo Última temporada y la de Salto de Página Bajo treinta, ambas en el 2013. En verano tiene pensando sentarse y ponerse con una novela corta, que esperemos no acabe también en un cajón.

»Modelos animales empieza entrando bien desde la cubierta. Una chica se muerte un dedo hasta hacerlo sangrar, pero no lo aparta de la boca. No hemos abierto el libro y ya nos está diciendo algo de lo que vamos a leer. El común denominador en todos los relatos es la lucha eterna, interna, entre la fiera que llevamos dentro, y en lo que nos hemos convertido por educación, coacción social y normas morales. Los personajes de Aixa son personas que pueden considerarse aparentemente normales, que hacen ‘clic’y se convierten en locos, bárbaros o delincuentes. En realidad, en casi todos los cuentos, el desgarro que sufren los protagonistas, podría pasarnos también a nosotros. No nos equivoquemos, ninguno de los personajes es malo, no hay maldad propiamente dicha en lo que hacen. No debemos confundir la naturaleza de mal con la naturaleza salvaje en la antología de Aixa. Las acciones de los personajes nacen de un impulso más difícil de explicar, porque no terminamos de entenderlo: la crueldad. Crueldad con uno mismo, crueldad con un desconocido, crueldad con un ser querido. ¿Por qué somos crueles? Quién sabe. Los personajes de Modelos animales tampoco lo saben. Se comportan por impulso. La reflexión sobre sus actos es cosa del que lee el cuento, no del que lo vive. Así, nos encontramos con una madre primeriza que, tras un accidente durante la lactancia, alimenta a su bebé con sangre o un hombre que recuerda los abusos de su adolescencia. Todos ellos crueles, todos ellos violentos. Todos ellos animales.

»La protagonista del primer relato le hace barbaridades a su gato. Un animal tierno e indefenso versus a una loqui con pretensiones semi científicas que lo va matando a base de experimentos. Aixa me cuenta que, cuando se mudó a Madrid, su gato se tiró de un quinto piso, puede que por cuestiones de karma que ella nunca llegaría a descubrir. Parece que el gato del libro, reencarnado en su gato de verdad, ha vengado las perrerías. Por cierto, sobrevivió a la caída. Le quedan seis vidas.»

Rocío Niebla, La Tribu de Frida, 8 de mayo de 2015
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«Voy a recomendar un libro. Se llama Modelos animales (Ed. Salto de Página, 2015) y llegó por correo postal la semana pasada. Lo escribió Aixa de la Cruz, mi mejor amiga, así que no puedo ser crítico, sino complaciente. Además, el primer relato de los siete que constituyen el libro está dedicado o inspirado en mí; a saber dice la cuarta de forros: "Una dramaturga desarrolla una obsesión enfermiza con la actriz que interpreta el papel principal de su obra". La acción ocurre en Montréal, ciudad en la que viví casi después de conocer a Aixa y habla de teatro, narraturgia, un gato, la fascinación ante la ciencia.

(...)

»Si quieren leer a una de las escritoras más importantes de la primera mitad de este siglo en nuestra lengua, antes de que sea (más) famosa, compren Modelos animales (hacen envíos a bajo costo a todo el mundo desde la página web de la editorial). Literatura de la buena, perturbadora y experimental sin llegar a ser indescifrable, auténtica de un modo generoso con el lector, especialmente desde la voz (y lenguaje) de la autora que está presente en los cuentos, como si los personajes no estuvieran ajenos a su cotidianidad, sino de un modo asequible, los reuniera en torno a la barra de un bar a relatar historias que nunca son trepidantes porque forman parte de un catálogo de versiones más o menos familiares, crónicas de la intimidad emocional que acompaña con guiños a sus obsesiones y contexto, el conflicto vasco, los testigos de Jehová, gatos, el rock, la alimentación como problema, la tortura, la soledad y el mundo anglosajón idealizado. Eso que llaman estilo, aquí en pleno esplendor. Leed, que no hace daño.»

Enrique Olmos, Purodrama, 5 de mayo de 2015
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«Prefiero hablar de individualidades, no abisman como las generalizaciones. A las generalizaciones, además, se les atraviesan siempre escollos que fácilmente las derrumban, y en el ámbito de la crítica literaria suelen ser menos clarificadoras que intoxicantes. Carezco de las dotes del oráculo para decretar si nos hallamos ante una generación de narradores jóvenes dispuestos a tal o cual hazaña futura, es cierto, pero hoy puedo hablar sin miedo de Aixa de la Cruz.Si las generalizaciones son aceite para que no acabe la gresca, libros como Modelos animales enfrían cualquier discusión a los pocos minutos: se imponen. Y yo prefiero hablar de individualidades.

»Elecciones: los escenarios en Aixa de la Cruz quedan definidos como “cualquier parte del mundo, el mundo”, una elección en materia geográfica que incardina su literatura en una línea creativa acorde con los tiempos que corren. Provocará también el torcimiento de gesto de quienes entre nosotros se niegan a tomar distancia del terruño, pero ésa es otra polémica que ahora no importa. Esa diversidad espacial que recorren los relatos de Modelos animales, inesperadamente se entiende a la perfección con el territorio originario. En efecto, Bilbao es el punto de partida/llegada, el lugar de los ancestros, la casa, la palabra, la piedra, la opresión, el rito. Y Bilbao ―el territorio vasco por extensión―, constituye la geografía-clave que permitirá descifrar los relatos que se desarrollan en Canadá, Londres o México D.F., en los que constataremos que se perpetúan tensiones y formas que antes se han incubado en la casa, el barrio, junto a la ría. Otra elección: Aixa de la Cruz constituye como año cero de su mundo ficcional el 2001, con una fecha concreta, el 11-S. Todos los relatos miran de alguna manera hacia ese hito, que se hace coincidir con la ruptura adolescente del yo-narrador. En esa fecha comienza el S. XXI, parece decir la autora, y una existencia que sólo puede entenderse en el marco de ese nuevo orden mundial. Más elecciones: las identidades diversas. Los protagonistas de los relatos ―que también aspiran a la totalidad y por eso son a veces hombres, a veces mujeres, y a veces de sexualidad autoasignada― viven el presente, gozan de becas de creación, pero también resiguen la línea del pasado reciente, los primeros pasos de la informática, el speed, el heavy, el conflicto vasco. O ponen en conexión Abu Ghraib ―uno de los santuarios del horror post 11-S― con el Intxaurrondo del general Galindo. Las identidades de los protagonistas resultan así de una ancha red de conexiones en las que se transitan los versos de Juarroz (“En el centro del vacío hay otra fiesta”), Jack London, el rock euskaldún de Su Ta Gar, los videojuegos, Norman Mailer, Lord Byron, y un buen catálogo de series de TV, desde 24 o Expediente X hasta True Blood. Incluso están capacitadas para habitar el tiempo mítico de una canción, como ocurre en “Famous Blue Raincoat”, relato con el que ficcionaliza la historia que pudo preceder a la canción de Leonard Cohen, y que le valió a la autora en 2014 el premio Cosecha Eñe.

»Materia: esa red tupida y extensa que tejen las sucesivas elecciones de Aixa de la Cruz    contribuye paradójicamente a sostener la unidad temática en una selección de relatos escritos a lo largo de los últimos años y que ―lo vemos a diario en otras selecciones similares― podrían haber dejado un volumen dispar. Hay otros factores que aseguran la unidad temática, no obstante. Destaco de entre ellos la dureza que es condición base en todas las historias, y que frecuentemente se precipita del lado de la crueldad. Puede ser física, en otros momentos emocional, siempre provoca supuración, y no hay relato que suponga una tregua. Como secuela de esa dureza que la autora hace consustancial a lo humano se destila el miedo, el que los personajes padecen en relación con el entorno ―miedo a la serpiente, miedo al sueño que aboca a la muerte, miedo al trance provocado por una canción metal―, pero especialmente el que se provoca el ser humano a sí mismo: “Soy un monstruo”, acaba confesando la protagonista de uno de los relatos.

»Modelos animales es también un muestrario avanzado de inteligentes estrategias narrativas. La autora investiga posibilidades nuevas en conflictos eternos, construye su personal trazado de referencias culturales, tensa las relaciones sin caer en el abuso de fuerzas, menos aún en la impostura. El resultado es, así, un tipo de relato que se sostiene con eficiencia, se ejecuta con maestría, y acaba entregando al lector al efecto que se propone de antemano la autora. Alegra constatar ese dominio del relato en una autora que aún no ha llegado a la treintena, pero es que parece confirmar que existe en Bilbao un nivel de escuela literaria muy por encima de la media: pienso en el cuidado que le ponían a sus textos autores como Unamuno o Blas de Otero, pienso en el legado de la enseñanza religiosa bilbaina, que ha dado grandes ateos, pero sobre todo grandes literatos como Ramiro Pinilla, Jon Juaristi, Fernando Marías, Espido Freire, Juan Carlos Márquez, Kirmen Uribe, Iván Repila… y los que me dejo. Es un hecho acreditado que con este plantel seguirá habiendo buena literatura en la ría, pero no seré yo quien generalice al respecto. Ya he dicho que no son mi fuerte, que me abisman las generalizaciones. He venido a hablar de individualidades, y de que Aixa de la Cruz ha dado a los lectores una colección de relatos que asume la condición de lo excepcional. Es un libro que habla de modelos, pero con el que ella misma es modelo.»

Santiago García Tirado, Blisstopic, 4 de mayo de 2015
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«Conocí a Aixa de la Cruz a través de “Romperse”, el relato seleccionado por Juan Gómez Bárcena para la antología generacional Bajo treinta; la disección de un personaje que, aferrado a la taza del baño, vomita su vida en un puñado de páginas. Modelos animales es su primera colección de relatos y, como ocurrió con “Romperse”, me ha gustado más de lo que me gustaría reconocer. No, no es una frase hecha ni el habitual postureo de comentarista en busca de un gancho. En su interior hay una voz que se recrea de manera insidiosa en el dolor de personajes perturbadores. Sobre todo por cómo nos ponen en contacto con una serie de sentimientos latentes bajo esa pátina superficial en la cual nos desenvolvemos cotidianamente y que llamamos convivencia.

»El relato que abre y da nombre a Modelos animales es una buena medida de lo que vamos a encontrar: un narrador en primera persona que parte de una estampa cotidiana en un momento concreto para, después de habernos introducido en su vida, desgranar sus pensamientos más ocultos. Una serie de temores, anhelos, deseos que afectan a su comportamiento y dan pie a situaciones siniestras, aderezadas con el morbo inevitable tras ese ejercicio de nudismo personal. En ocasiones desde una distancia heladora; una frialdad que contribuye a desarmar al lector y dejarle desvalido, incómodo ante unos afectos y unas visiones pocas veces puestas de manifiesto.

»La narradora, una dramaturga desplazada hasta Montreal para montar una obra de teatro, se siente atraída por la actriz protagonista e intenta influir sobre ella a través del libreto que redacta semana a semana. Al principio las facetas más perversas surgen mediante los experimentos que realiza con su gato mientras explora cómo puede modificar su comportamiento. Una primera aproximación en la cual se profundiza cuando comienzan a establecerse conexiones entre ambos condicionamientos. Es un proceso de prueba y error lleno de incertidumbre: trata de interpretar sus resultados, se pregunta hasta qué punto tiene éxito, idea nuevos grados de intervención mientras observa los efectos de la dinámica en ella… Quizás hay puntos que ponen en cuestión la verosimilitud, comenzando con que se permita ensayar una obra de teatro de una neófita sin tener un guión más o menos cerrado. Pero las obsesiones de la narradora alimentan de manera tan contundente el relato que no me importó lo más mínimo.

»En los dos relatos siguientes, de la Cruz vuelve a la figura de personajes que se han visto obligados a emigrar, una circunstancia que acentúa su desarraigo. Así ocurre en “True Milk”, una inquietante historia que explota la conexión entre la maternidad y el vampirismo, y en “Doble”, el relato más llamativo de Modelos animales. Su estructura bebe de esas historias en las que un acontecimiento cambia la vida de una persona hasta conducir a dos cursos diferentes que se muestran en paralelo. La autora los plasma mediante un formato genial: dos relatos simultáneos que se pueden seguir en dos columnas, con un mismo comienzo y un mismo final, y un cuerpo central con diferencias en la superficie y continuas semejanzas en sus cimientos, con sentimientos comunes aflorando por doquier.

»El cuarto relato, “El cielo de Bilbao”, se aleja de los tres primeros sobre todo porque introduce un punto de vista masculino: un hombre recuerda su adolescencia, en particular sus visitas a los cibers con sus colegas para echar partidas al Counter o gastar bromas a través del chat. Los episodios de falta de empatía se suceden y dan paso a nuevos niveles de crueldad, desplegando una serie de estampas complementarias a las anteriores. La mejor de todas la final: a modo de coda, culmina la visión que deja el paso del tiempo.

»El quinto, “Famous Blue Raincoat”, podría etiquetarse como el cuerpo extraño; es el único escrito a través de un narrador ominsciente en tercera persona, tiene una ambientación completamente foránea (se desarrolla en EEUU) y cuenta por protagonista a un personaje entrado en años. En cierta forma, lo contrario al resto de historias. Y, sin embargo, también se encuentra muy próximo: muestra una historia de engaños puesta de manifiesto a través de un hecho fortuito que los deja al descubierto.

»Los dos últimos, “Romperse” y “Abu Ghraib”, retoman un poco el curso y se acercan a narradores bajo los efectos destructivos de causas externas. “Abu Ghraib” es sin duda la pieza más insidiosa de este catálogo de desengañados por una sociedad supuestamente inclusiva, empática… humana. Un relato incómodo que desgrana los diversos grados de violencia a los que implícitamente estamos expuestos. Así, la neurosis de su narradora se desencadena cuando descubre que una de sus canciones se ha utilizado para atormentar a una víctima de torturas policiales. Este hecho, realimentado con otros, la conduce a un acto sin sentido como consecuencia de esa violencia tácita en la que se ha macerado.

»Quizás lo peor de Modelos animales sea su brevedad: apenas 140 páginas. Aunque también es una brevedad de agradecer. Me quedo con la duda de cómo terminaría con 150 páginas más de esta inmersión sin escafandra en los abismos ocultos tras esa capa de estuco que recubre una vida.»

Ignacio Illarregui, C, 28 de abril de 2015
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«Un auténtico catálogo de estrategias narrativas y de apuestas de riesgo, un repertorio de espacios y personajes tratados con precoz maestría. El último relato, "Abu Ghraib", puede leerse como resumen de la ambición del conjunto: del periodismo de los años 60 a las series de televisión de ahora, de USA a España, de la tortura después del 11-S a la tortura en tiempos etarras, de la música a la literatura, todo en clave de carta y de confesión, con esa inyección de inquietud que Aixa sabe siempre dosificar tan bien. Además, cierto tono posconflicto vasco que se puede relacionar con otros discursos de hoy, como el del cómic "He visto ballenas". No la pierdan de vista.»

Jordi Carrión,
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«Al leer Modelos Animales (Salto de Página), lo primero que me viene a la cabeza es la palabra “crueldad”. Pero no en el mal sentido (si es que puede haber uno bueno), pero sí en el sentido de hilo conductor, de cara de un poliedro que inspira las relaciones con los animales, con las demás personas e incluso con uno mismo.

»Esta crueldad es especialmente perturbadora en el relato que abre el libro y que da título a la obra, Modelos Animales. En él, una dramaturga residente en Canadá comienza a obsesionarse con la protagonista femenina de su obra. Rodeada de una ola de frío y con la mente a punto de explotarle, será su gato quien pague las consecuencias.
True Milk, título que nos recuerda a True Blood de Charlaine Harris (con toda la intención del mundo) nos cuenta precisamente una historia de vampiros en la que un bebé llora y llora hasta que se le alimenta con leche mezclada con sangre.

»Por su parte, Doble, es un prodigio de originalidad, ya que se trata de un texto maquetado a doble columna. Al principio, pensamos que se trata de la misma historia, pero poco a poco, el lector descubre que se están sucediendo dos historias de forma paralela. El Cielo de Bilbao nos cuenta una historia sobre la juventud, las ganas de venganza y como las dos cosas juntas nunca suelen traer nada bueno. Famous Blue Raincoat se basa en la canción homónima de Leonard Cohen y nos trae su historia. Romperse es una historia de violencia hacia uno mismo: un joven obsesionado con el gimnasio llega hasta límites insospechados. Este cuento había sido seleccionado en la antología Bajo Treinta, publicada por la misma editorial.

»El relato que cierra el volumen, Abu Ghraib, nos cuenta la historia de una cantante de rock que descubre que su canción fetiche ha sido utilizada como forma de torturar a prisioneros sospechosos de terrorismo. En este sentido, son interesantes las reflexiones sobre cómo ha cambiado el mundo tras el 11 de septiembre de 2001, las cuales estudia la propia autora en su tesis universitaria.

»Un fenómeno interesante que se está produciendo en los escritores jóvenes (bueno, y no tan jóvenes, porque Donna Tartt también los tiene) es la ampliación de referentes culturales y de nuevas inspiraciones para su obra. Antes, los referentes estilísticos y temáticos eran meramente literarios. Pero ahora, gracias al cine y en mayor medida, a las series, podemos constatar la implantación de nuevas formas de narrativa en la literatura. Y eso es algo de agradecer. Aparte de la ya mencionada True Blood, aquí se aprecian otros referentes, como la violencia intrínseca de Breaking Bad o el humor negro de Tarantino.

»Es un libro para disfrutar de una forma retorcida y algo morbosa, con relatos que tal vez no gusten a todo el mundo, pero que reflejan sin duda el lado oscuro de una sociedad que cada vez parece ir más a la deriva.»

Rocío Tizón, Relatos y más, 24 de abril de 2015
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»La autora acaba de publicar Modelos animales, una colección de cuentos que exploran la línea entre la razón y la locura, en qué momento un ser humano estalla.

»Modelos Animales es el título. Porque el ser humano es, como dice el tópico, el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Y porque quizá necesitamos conectar con la parte más oscura de nosotros mismos, la parte animal (es necesario vivir en un desierto de caravanas bajo un terrible secreto; sentir cómo revientan nuestras tripas y maravillarnos con el dolor y la sangre), para tener una perspectiva correcta de lo que somos. Aixa de la Cruz nos manipula con perversidad. En su colección de relatos Modelos Animales (Editorial Salto de Página) hay sangre pero, como en las verdaderas obras de arte, esta no es gratuita. Tampoco está al servicio de un bien mayor. Aixa la utiliza para algo tan natural como obligarnos a mirar nuestro propio ombligo. Los cuentos exploran eso, la línea entre la razón y la locura, cuál es el momento en que un ser humano estalla (incluso literalmente). No se puede hacer de otra manera. Como un organismo al que la enfermedad devora de dentro afuera, así es la escritura de la autora bilbaína, que nos obliga a plantearnos el significado de la violencia y, para ello, no duda en hacernos partícipes de ella de una forma descarnada aunque no exenta de cierta tristeza.

Mikel Rey, Ámbito Cultural, 21 de abril de 2015
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Modelos animales en el El ojo crítico

Aixa de la Cruz sobre Modelos animales en El ojo crítico. Puedes escuchar el programa completo aquí.

El ojo crítico, Abril de 2015
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Modelos animales

«El bosque de la narrativa española actual permite ver, además algunas grandes tendencias, un par de actitudes generales: una mirada externa del mundo atenta a su dimensión material y otra que se decanta por un intimismo muy fuerte. A esta última manera, cada día más pujante, pertenece la inquietud fundamental de los relatos que Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) junta en Modelos animales. Cuando una recopilación de cuentos toma como título el de de uno de ellos suele anunciar dispersión temática, pero no ocurre en este libro, absolutamente unitario, efecto que potencia la insistente mención de la tierra natal de la autora. La unidad la confiere la violencia, asunto latente en la mayor parte de las piezas.

»Los siete relatos tienen autonomía anecdótica y se aprecia en ellos la afición por contar historias en sí mismas interesantes, ese gusto por la narratividad que está en la médula de un buen cuento, para mí preferible a la pura alusión o la sugerencia vaga. Aixa de la Cruz cuenta historias sorprendentes, aunque no excepcionales. Tal vez sea insólita la peripecia un tanto gótica de una chica cuyo hijo recién nacido solo acepta la leche si se mezcla con sangre. O la de la carta en la que una cantante explica cómo la policía utilizó la composición de un grupo rockero en las brutales sesiones de tortura. El horror, por cierto, lo presagia el título del cuento, “Abu Ghraib”, pero la acción se sitúa en el País Vasco.

»Las otras historias son menos extrañas, aunque en todos los casos revelan una potente imaginación. Una joven ha sido becada para escribir una obra teatral. En ella incorpora extremadas situaciones con las que da rienda suelta a su maligna obsesión por la actriz que interpreta ese work in progress. La actitud dispar de una pareja ante una serpiente desemboca en una tensión límite. Un hombre reniega de las tropelías adolescentes cometidas por medio de internet.

»Las curiosas situaciones narradas participan de algún grado de enfermedad moral cuyo sostén se halla en trastornos mentales. Aixa de la Cruz recrea un mundo psicológico turbio y lo describe como quien encadena instantáneas de múltiples perturbaciones, como quien no observa en la realidad otra cosa que desasosiego, materialismo fisiologista, pesadilla, inestabilidad psíquica, culpabilidad, miedo o desamparo. De resultas de ello, recrea unos personajes de personalidad inestable o escindida que caminan hacia la disociación en el doble. A esta última percepción se dedica un relato entero donde asistimos a las mudanzas de personalidad de una yonqui durante un viaje. Su mismo título, “Doble”, indica cuál es el tema y en función de éste hasta la propia narración se escinde: se utiliza el viejo recurso de la página a dos columnas para dar encarnadura gráfica al desdoblamiento del personaje.

»Aixa de la Cruz idea duras historias y las trabaja con cuidado y variedad de registros. En ellas explaya una mirada fría del alma. Pinta un retrato tenebrista de nuestras más recónditas pulsiones que bordea el expresionismo descarnado (no por casualidad se cita a Munch). Sus cuentos valientes abren una ventana al negro y desazonante paisaje de lo peor de nuestra naturaleza. »

Santos Sanz Villanueva, El Cultural, 17 de abril de 2015
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Devorando los Modelos animales de Aixa de la Cruz

«Modelos animales es un libro ideal para leer esta Semana Santa: ideal por la sangre, por las vísceras, por las mutilaciones y por la asombrosa capacidad de sus personajes de autoinflingirse dolor o proporcionárselo a otros. Como si de una procesión se tratara,  en este libro de relatos se van sucediendo ante nuestros ojos unas historias que tienen la violencia, gratuita, conscientemente inconsciente e incluso racionalizada,  como denominador común. Me dijeron, me comentaron, que éste no era un libro apto para todos los estómagos. Parte de razón si que hay en la afirmación, aunque lo realmente recomendable es que aquellos que son hipersensibles a la casquería narrada (y que a lo mejor no sufren la misma aprensión ante las imágenes violentas) lo lean con el estómago vacío, vacío de birra y vino (como dice una canción) o de cualquier otra cosa. Con eso, suficiente.

»Eso, a grandes rasgos. Entrando en detalles, que es lo que se suele hacer en las reseñas literarias, tengo que decir que si algo que me ha gustado de Aixa de la Cruz es su capacidad para traerme a la mente referentes relativamente cercanos y que los más jóvenes no podrán dibujar con precisión. Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que ésta no sea una autora para leer a los ahora veinte años. Al contrario. Pero es verdad que es curioso experimentar, casi por primera vez, referencias que nos ubican en los tiempos del Internet pre-Facebook, con aquellos salones de Chat de Terra con nombres infumables y crípticos o brutalmente explícitos, o en algunos hechos de la época transcurridos en un halo de violencia (un tema en el que, por cierto, esta autora se mueve con asombrosa agilidad) que a los que en ese momento eramos niñoadolescentes nos marcaron por su impacto social y por la forma en que nos los contaron los medios de comunicación.

»Entrando en los relatos de Modelos Animales reconozco, por ejemplo, que “Doble” me ha mareado bastante, incluso que me ha emborrachado un poco, aunque es un ejercicio literario casi impecable.  Todo lo contrario que me ha pasado con “True Milk”, que sí me ha dejado muy buen sabor de boca porque la historia surge de entre fragmentos de los hechos y personajes de Villa Diodati, el lugar donde se gestó Frankenstein, y lo hace prestando especial atención al gran desconocido, a John William Polidori, el excéntrico médico del poeta inglés que le dedicó el relato de terror “El Vampiro”. Sí, aunque parezca mentira a algunos de los que crecimos en los noventa nos gusta Lord Byron porque , tal y como nos viene a decir este cuento, monstruos los habemos en todas las partes, en cualquier formato y en cualquier lugar.  Sobre “Romperse”, un relato que ya aparece esbozado en la acertada antología Bajo Treinta ,  tengo que decir que me gusta y que me ha causado, de nuevo, una sensación similar a la que experimenté hace años leyendo las “Tripas” de  Chuck Palahniuk, sólo que en esta ocasión más intensa y ampliada que la primera vez. A mi me gusta mucho Palahniuk así que eso, personalmente, es muy bueno. Y de “Abru Ghraib”, que cierra el libro, destacar que está lleno de apuntes de los que podría nacer en cualquier momento una novela más desarrollada (la  historia de Gilmore y Norman Mailer daría para ello), además de que la protagonista está muy bien construida. De este relato decir también,  a modo de apunte final,  que me ha servido para buscar en Google cómo se llamaban aquellos bichillos blancos que hacían yogur como por arte de magia y que sí, en mi casa también vivieron trabajando y flotando entre litros de leche durante un tiempo. Al parecer estos microorganismos probióticos que parecen pequeños trocitos de coliflor se llaman kéfir y se componen, a su vez, de otros dos microorganismos: una bacteria, la Lactobacillus acidophilus,  y un hongo (una levadura), cuyo nombre es Saccharomyces kefir. Nada más. Que aproveche.

»PD: Puedes leer Modelos animales de Aixa de la Cruz donde quieras, esta semana o la próxima, y antes de comer o después de cenar. Da igual tu sexo o tu edad, o la ciudad en la que vivas. Eso sí, atente a las consecuencias :). Y ahora, me voy a escuchar una de Leonard Cohen.»

Mapi Pamplona, Dime lo que escribes, 29 de marzo de 2015
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«La danza de lo grotesco, de la locura. Los relatos de Aixa de la Cruz son una vorágine de destierro, desazón y crueldad que ahoga por momentos, que respira en otros, que reproduce los escenarios que la mente crea como salvaconductos, o no, de un estado previo a no tener opciones, a la condena. Relatos llenos de obsesiones enfermizas, relatos en los que los protagonistas se regodean ensus predilecciones hasta extenuarlas, hasta hacerlas, y hacerse, añicos. Aixa parece decir que lo bonito, lo memorable, lo que hemos de recordar, yace en la destrucción.

»Las atmósferas creadas en los relatos parecen ser comunes. Hay un patrón y hay una imagen común: la violencia, el silencio previo a que se desate una batalla, interna o externa. Quizás esta sea una de las características que más valoro en un escritor: que sea capaz de narrar el silencio que precede a toda bomba pero que sepa narrarme la bomba también en plena explosión pero como si aún no hubiese, realmente, explotado. Pero en los relatos de Aixa de la Cruz, además del silencio y de las bombas, hay un cielo entre gris y negro que se ciñe sobre los protagonistas, y sobre el lector, y que parece respirar, arriba y abajo, inspirar expirar, que contiene el aliento y que te toca en algún recóndito lugar de tu cuerpo que no sabías que contenía recuerdos. Hablo de relatos como True Milk, con una fantástica atmósfera draculiana, de El cielo de Bilbao (con el que todo buen bilbaino se sentirá identificado), en el que recordamos, los adolescentes de aquella generación, situaciones o vivencias que, sin ser al cien por cien un espejo de nuestra vida, sí cliquean y reproducen imágenes similares; también hablo de Modelos animales, el primer relato del volúmen, en el que el frío parece ser la demencia a la que todos, en algún momento helado de nuestra vida, nos vemos abocados, o de Famous Blue Raincoat, el desierto, el calor, las serpientes de cascabel, que todos hemos recorrido, veneno en piel.

Somos en primera instancia lo que nos cubre, y luego este laberinto de pliegues sanguinolentos que, sin importar la especie, siempre cabe en un tarro con formol, me dije.

»Los relatos de Aixa de la Cruz son un primer aviso para el ser humano: nadie está a salvo de sí mismo. Nuestra vida actual parece alejarnos de nosotros mismos; hablamos más que nunca, intercambiamos, compartimos, opinamos, sentimos, vivimos, pero parece que cada vez nos vemos más como personajes de una serie de ficción —de esas que Aixa menciona en varios de sus relatos, por ejemplo— que debemos vender, y proyectar sobre pantallas, para que nos tengan en cuenta, nos recuerden, y para que nosotros sepamos quiénes somos. El tú de hace un mes, buscado en alguna red social, se confunde con el tú de hoy. A veces irreconocible. A veces empeorado. Si hay suerte tu yo será un yo mejorado. Observamos nuestra vida como observamos la evolución de un personaje que no existe. Nos miramos al espejo pero no nos vemos. Esta es la tónica común de los relatos de Modelos animales. Y el deseo que subyace en todos ellos quedará aplastado por el destino, siempre invencible, que planea por encima de los personajes sin ser visto. No hay escapatoria.

»Escribir relatos, perdón, escribir buenos relatos, es tremendamente complicado. Quizás, sobre todo, lo complicado sea cerrarlos bien, dar con la puntada final que no deshilache toda la historia, que dé coherencia a lo vertido, a la sangre o la herida. Aixa lo consigue, a mi parecer, en algunos de ellos; en otros, en cambio, me ha parecido una resolución más floja, quizás porque esperaba más violencia, más vísceras, más batalla final con banda sonora insoportable de fondo. Más ruido como último recurso narrativo. Hablo de relatos como Modelos animales, El cielo de Bilbao, Romperse o True Blue Raincoat. Los finales de True Milk, Doble (no hay escapatoria, no la hay) o Aby Ghraib me parecen soberbios.

Yo saldré de aquí sin haber tenido ocasión de construirme una vida. Es decir, saldré a ser vieja, solamente.

»No puedo terminar la reseña sin hablar del estilo narrativo de Aixa de la Cruz, que sí que me parece, de verdad, una de esas denominadas como promesas literarias. El estilo de Aixa es uno de esos estilos que tanto me gustan: muy literario —con un pie anclado a la realidad, es decir, un tanto alejado de lo poético pero que sí que resulta lírico—, muy consistente, muy bien estructurado. En sus letras hay vacíos y precipicios, hay sangre y personajes en su peor momento, hay oscuridad  y formas indistinguibles en ella. He reconocido cierta similitud con alguno de los relatos de Pilar Adón en El mes más cruel, lo que siempre es una agradable sorpresa. Hay talento en esta escritora porque hay mundos, hay imaginario, hay escenarios, y hay una forma de sentir lo cotidiano, lo común, muy fuera de lo habitual. Modelos animales es un digno libro de relatos porque te conduce a ciegas por su mente al tiempo que, susurrando, te pide que rebusques en vorágines conocidas. Cuando se apela a lo cotidiano pero oculto —en cada uno,  en todos— es cuando nace un buen relato. Esa vorágine de la que hablaba al principio, de destierro, huesos, crueldad, es lo mejor, y lo peor, del ideario de de la Cruz.»

Ainize Salaberri, Granite & Rainbow, 25 de marzo de 2015
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El desvío de la realidad

«Leyendo Modelos animales, el último libro de cuentos de Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988), resulta inevitable la reflexión acerca de los límites de la autoficción, y si estos permanecen aún inexplorados, en plena expansión de la literatura del yo. Y es que, más que hibridar realidad y ficción, hay ocasiones en las incluso parece que hasta nuevos agentes, en los aledaños de la literatura, cooperan para conseguir que el relato entre y salga de lo real, en un recorrido guadianesco que arranca en las solapas del libro y desemboca en un cuento torrencial, ‘Abu Ghraib’, que además sirve para cerrar el volumen. Pero empecemos por el principio.

»El editor de Salto de Página no incluye fotografías en la solapilla que dedica a la nota biográfica del autor, pero suele añadir información mucho más interesante. Cada sello es, desde luego, diferente, pero por mucho que sospechemos que este tipo de textos –como los de cuarta de cubierta– suela encargarse directamente al firmante del libro, lo cierto es que un buen editor jamás renunciará a intervenir en esos párrafos que, como presentación del escritor y de la obra, tienen una importancia capital cuando el lector se enfrenta a un libro desconocido, en una especie de ‘puerta fría’ librera.

»Normalmente, se trata de rebajar los autoelogios del autor y ‘vender’ el libro con un texto atractivo. En este caso, además, tras las habituales menciones bibliográficas se desliza un dato que, en una primera lectura, parece intrascendente: la escritora prepara actualmente una tesis sobre la representación de la tortura en las series de televisión. Una información que se antoja completamente prescindible, pero que en realidad es un guiño discursivo, una especie de intertexto que conecta con uno de los relatos más impactantes del libro.

»Cuando arranca ‘Abu Ghraib’, parece como si la autora hablase de otra cosa; esa es, tal vez, la ‘estrategia’ general en la narrativa de De la Cruz, un poco a la manera de Cheever o Carver. Tras un desvío por Norteamérica, la narradora nos lleva a un entorno mucho más identificable –aunque no necesariamente demasiado cercano–: el País Vasco. Habla, desde prisión, una antigua cantante de un grupo de rock radical, que explica a una periodista los motivos de su condena por asesinato.

»Como en La broma de Kundera, lo anecdótico da paso al horror, y cuando unos compañeros de estudios hacen creer a la cantante que su música había servido como instrumento de tortura el golpe psicológico es tan fuerte que ella misma decide autoinflingirse el castigo, tratando de encontrar los motivos para una reutilización tan humillante de su trabajo artístico, con resultados absolutamente devastadores.

»Como promete el argumento, el trasfondo no defrauda: la inseguridad del creador, las diferentes subjetividades en el arte o la capacidad crítica ondean sobre un relato repleto de estrías desgarradoras, en el que, además, se transmite una visión del conflicto vasco que seguramente dará pie a todo tipo de polémicas.

»Claro que, entonces, se produce la magia, y la voz en tercera persona de la cantante empieza a desarrollar su propia teoría sobre cómo la ficción televisiva representa la tortura. ¿Les suena? Ese trasvase entre voces las distancias entre lo biográfico, lo fabulado, el narrador y sus personajes, produciendo un efecto tremendamente seductor que otorga a la prosa de Aixa de la Cruz un valor extraordinario.»

Javier Menéndez Llamazares, El Diario Montañés, 24 de marzo de 2015
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«Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) publicó su primera novela –Cuando fuimos los mejores– en 2007, es decir, cuando no tenía aún veinte años. En la desaparecida editorial 451 publicó en 2009 De música ligera. Estas dos novelas fueron finalistas del Premio Euskadi de Literatura. Esta precocidad impresiona.

»He coincidido con Aixa en algún encuentro literario, y es una joven que habla con mucha precisión sobre literatura. Tenía curiosidad por leer sus relatos, recién publicados. La presentación tuvo lugar el 12 de marzo en Malasaña, en la librería Tipos Infames. El presentador iba a ser Alberto Olmos, con el que me había visto el día anterior, y me apeteció pasarme por Malasaña el miércoles, aunque ese día tenía junta de evaluación en el colegio donde trabajo y sabía que llegaría algo tarde. Aparecí por Tipos Infames cuando la presentación iba más o menos por la mitad. Compré el libro y me bajé al sótano de las presentaciones.

»Modelos animales está formado por siete relatos. Uno de ellos (el primero) supera las treinta páginas, y la media podría estar en torno a las veinte. Lógicamente, la calidad de un relato no debería guardar mucha relación con su extensión, pero por experiencia sé que me suelen gustar los relatos largos, lo que no deja de ser una paradoja. Mis relatos favoritos pueden ser algunos de los de Raymond Carver de Tres rosas amarillas o Catedral, que superan las veinte páginas.

»"Modelos animales", el primer relato (el más largo y el que da título al libro), sitúa su acción en Montreal, Canadá. Una joven española ha recibido una beca para escribir el guión con el que semana tras semana una compañía local irá montando una obra. Empieza a fijarse en Carla, la actriz principal. La narradora se obsesionará con ella tras descubrir que el método de interpretación de Carla consiste básicamente en imitarla a ella, pues Carla parece haber deducido que la protagonista de la obra de la narradora no es más que un trasunto de ésta. La narradora experimentará psicológicamente con Carla, igual que en la intimidad de su nuevo hogar irá experimentado con su gato, al que va sometiendo a continuas torturas. "Modelos animales" es un relato desasosegante sobre la obsesión, la crueldad y la locura.

»Descubrimos ya en él uno de los rasgos de la escritura de Aixa de la Cruz: la mezcla de referencias literarias con las de las series de televisión. Si la posmodernidad hizo entrar con fuerza las referencias del mundo del cine en la nueva narrativa, una escritora tan joven como es Aixa nos hace ver que ahora, en gran medida, es la HBO y no tanto el cine la referencia para todos nosotros. Así, en Modelos animales nos encontramos con alusiones a H. G. Wells, Jack London o StanisÅ‚aw Lem y también a series norteamericanas de forma más o menos explícita: “Por mi mente circulaban imágenes breves, ensambladas en un collage visual del estilo que han popularizado la cabeceras de las series estadounidenses” (pág. 34).

»Esta mezcla entre la literatura y las series se repite en el resto de relatos. De tal modo que en la última página del último cuento la protagonista quiere escribir una tesis doctoral sobre lo siguiente: “Quiero analizar la medida en la que la ficción televisiva durante la guerra de Iraq contribuyó a difundir la idea de que la tortura es un mal necesario en la guerra contra el terrorismo. Vea 24, vea Perdidos, vea Battlestar Galactica… Encontrará un patrón clarísimo” (pág. 140).

»En la modernidad de Aixa están presentes también las redes sociales, principalmente Facebook, y se habla ya con nostalgia de sus formas primitivas: “Eran los tiempos del Messenger y los chats de Terra” (pág. 79).

»"True Milk" es el segundo cuento, un relato en el que se rompe claramente el realismo a favor de una historia fantástica de vampiros, ambientada en Ciudad de México. El título es una parodia de la serie de televisión True blood. De nuevo se juega a mezclar las modernas series televisivas con referencias literarias, en este caso del romanticismo inglés: Mary Shelley, Polidori, lord Byron…, pero también Anne Rice y Crepúsculo tienen cabida aquí. Este cuento me ha parecido correcto; inferior, en cualquier caso, al sutil entrelazamiento de personajes del anterior.

»Más me ha gustado el tercero, "Doble", donde se juega a contar dos versiones del mismo relato. Los dos textos se sitúan en la página en una doble columna. En Tipos Infames alguien le pidió unas instrucciones a Aixa para acercarse a "Doble", y ésta le recomendó leer primero el cuento de las columnas de la izquierda y luego el de la derecha. Así lo hice. La primera narración presenta a una joven que vuelve desde Inglaterra a su casa familiar en Bilbao para pasar el día de Nochebuena. Va a Londres en tren, y éste sufrirá un retraso porque un suicida se ha tirado a las vías; esto hará que pierda su vuelo y tenga que pagar otro. Un taxi la conducirá a casa, y por el camino descubriremos que en Inglaterra se ha mantenido sobria del consumo de drogas y de alcohol, y que sigue enamorada, posiblemente, de un chico de su barrio. La cena familiar no va a transcurrir por los mejores cauces. El segundo cuento comienza igual, pero ningún suicida se tira a las vías y el tren llega a la hora a su estación y la narradora no pierde su vuelo. Tenemos al mismo personaje, en el mismo punto de su vida, en las dos ocasiones, aunque en algún caso usa diferentes metáforas para explicarse la realidad. Pero un hecho fortuito, el salto del suicida o no, alterará la marcha de los acontecimientos. Sin embargo, el final se repetirá en ambos casos, como si uno no pudiera escapar a su destino, parece decirnos Aixa. Un cuento que recuerda a un juego de espejos deformantes cortazariano.

»El cuarto cuento, "El cielo de Bilbao", es mi favorito del conjunto. Un joven recuerda su pasado adolescente en Bilbao, y reconstruye las relaciones que se establecieron en su grupo de amigos. En aquellos tiempos remotos ya del Messenger y los chats de Terra, él y sus amigos fingen ser chicas a través de internet para excitar a hombres, posiblemente adultos, con los que quedar y a los que dar un escarmiento por su comportamiento depravado (una excusa para justificar su deseo de violencia). Me ha gustado la forma en la que la violencia individual se imbrica con la colectiva en el contexto político del País Vasco a comienzos del siglo XXI. Quizás me ha parecido que un cuento como éste, en el que Aixa está hablando de forma más directa de problemas que le atañen, de su relación con el pasado de su ciudad, tiene más capacidad de emocionar y resulta más vivo que otros cuentos como "True Milk", una construcción formalmente correcta, pero más fría.

»Lo mismo me ha pasado con el último cuento, el titulado Abu Ghraib, en el que una reclusa vasca escribe a una periodista que está investigando su historia. Me ha gustado el drama individual de una joven, que había sido cantante de un grupo de música, y que se empieza a obsesionar con la idea de la tortura; su reflexión individual acaba representado una reflexión colectiva sobre la violencia. Éste es un cuento muy bien construido.

»Menos me ha gustado el sexto, titulado "Romperse", sobre un joven que reflexiona sobre su calamitoso estado. Después de haber leído cuentos tan buenos, en los que el movimiento, el ritmo y la interacción entre los personajes funcionaban perfectamente, Romperse, con su único personaje casi inmóvil, me ha parecido un cuento más de principiante, de una calidad inferior.

»El quinto se titula "Famous Blue Raincoat": transcurre en un desierto norteamericano y los personajes viven en una caravana. Es un cuento correcto, siguiendo el modelo de Tobias Wolff, por ejemplo, o Raymond Carver, sobre la forma que tiene de interactuar una pareja. Podría tener alguna relación con los cuentos de Norteamérica profunda de Juan Carlos Márquez, en los que el narrador –también de Bilbao, como Aixa– juega a meterse en la piel de un escritor norteamericano. Pero Márquez lo hacía de un modo irónico, algo de lo carece el cuento de Aixa. "Famous Blue Raincoat" es, como ya he dicho, un cuento correcto, funciona perfectamente, pero para mí la narrativa de Aixa alza más el vuelo cuando nos cuenta historias que le atañen más a ella y a los conflictos de su pasado, como en "El cielo de Bilbao".

»En general, Modelos animales me ha parecido un buen conjunto de relatos. Al menos cuatro de sus siete cuentos ("Modelos animales", "Doble", "El cielo de Bilbao" y "Abu Ghraib") son excelentes –narraciones muy maduras–, y este porcentaje para un libro de cuentos no es nada desdeñable. Si además tenemos en cuenta que esta autora tiene (o aún no) ahora mismo veintisiete años, y que algunos de estos cuentos ya han sido publicados entre 2011 y 2014 en revistas o libros colectivos, cuando era todavía más joven, es fácil intuir que Aixa de la Cruz se va a convertir en una voz importante en la narrativa española de los próximos años.»

David Pérez Vega, Desde la ciudad sin cines, 22 de marzo de 2015
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«En 200 palabras:

»Me cuesta reseñar libros de relatos porque me siento con la sensación de quedarme a medias. En este caso cada relato tiene vida por sí mismo y tendría que reseñar uno a uno (y no seré un spoiler), estos relatos no necesitan de los demás aunque todos juntos crean un malestar en nuestra educación. Aparecen escenas tremendas por el uso que hacen algunos personajes de la violencia gratuita (no sólo física), una violencia que hará daño al lector de bien, pero que está más que justificada en el conjunto del libro. Algunos fragmentos ahondarán en nuestros momentos de terribilidad secreta,  nos recordarán nuestros pasados y, añadiendo que el narrador más frecuente es en primera persona, harán que nos afecten con la severidad del juicio adulto.

»Son quizás los relatos más actuales (y que puedan considerarse literatura) que he leído, tanto porque incluye hechos que pudieron suceder ayer mismo, como por su original hipertextualidad.

»Lo que más me ha atraído: sus personajes, desequilibrados o inconscientes, retorcidos o ingenuos, posibles y más que posibles compañeros de trabajo.
Un consejo: el relato Doble (juego virtuoso y con contenido) debe leerse primero una versión y luego la otra, no intentéis llevar ambas lecturas parejas.

»Lo que más: su originalidad. Los cameos literarios y las referencias televisivas. Sus personajes terroríficos (porque sabemos que existen). La portada, si te gusta esa imagen, te gustarán los relatos.

»Lo que menos: ¿por qué solo estos relatos y no más? Sabe a poco. Algunas referencias musicales se me han escapado (mea culpa).»

Jesús Castro, Ética de Po, 17 de marzo de 2015
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«No sé si he llegado a decir en alguna otra entrada (si no lo he dicho, lo he pensado) que no me gustan las críticas que insisten en la juventud del autor o autora, como diciendo de forma parternalista: "pues para ser joven, no escribe mal este chico (o chica)". Como si los escritores jóvenes jugasen en segunda división y hubiera que juzgarlos con otro baremo. Así que lo que voy a decir es esto: a pesar de ser joven, Aixa de la Cruz escribe como Aixa de la Cruz, y eso es algo muy notable a cualquier edad.

»Con esto me refiero sobre todo a su estética de lo cruel y a su aproximación, a veces juguetona y otras despiadada, a la violencia que los seres humanos ejercemos los unos con los otros. Creo que el relato que mejor muestra esta atracción de la autora por la crueldad es el primero, titulado precisamente Modelos animales. En él, la crueldad adquiere dos formas: la de los experimentos que la protagonista-narradora ejerce con su pobre gato (¡pobre gato!); y la que subyace en la relación entre la narradora y la actriz que está encarnando uno de sus textos en una compañía teatral canadiense, y que está (o eso cree ella por lo menos) mimetizando cada uno de sus gestos.

»Otro relato que responde muy bien a las obsesiones de la autora es el último, "Abu Grahib", ya que, por lo que he podido leer, Aixa de la Cruz está escribiendo una tesis sobre la representación de la tortura en series de televisión americanas post-11 de septiembre. Y el relato trata, precisamente, de torturas, y de la forma en la que individual y socialmente reaccionamos ante ellas; y también, indirectamente, del papel de los creadores, artistas o como se les quiera llamar, en los engranajes de control global.

»En otros relatos, sin embargo, tengo la sensación de que una estetización "tarantiniana" (me refiero al Tarantino de Kill Bill) de la violencia impide que se desarrollen otras posibilidades más perturbadoras. Es el caso, por ejemplo, de "True Milk": la relación entre maternidad y vampirismo podía haber dado para escenarios de un terror (físico o psicológico) muy primario y muy profundo, pero el relato solo lo explora superficialmente, y se prefiere un juego metaliterario interesante pero que rompe el efecto de inmersión del lector. (Un efecto de distanciamiento parecido se produce, por lo menos en mi caso, en "Doble", porque la disposición del texto a doble columna hace difícil una lectura continuada del relato, o mejor dicho, los relatos paralelos).

»Una cosa que me ha gustado, y que creo que también forma parte del "estilo Aixa de la Cruz", es que no renuncia a sus propias referencias vitales y culturales, en vez de sustituirlos, como hacen (hacemos) otros escritores por referentes más "cultos". Así, aunque el libro es muy cosmopolita —con relatos situados en Canadá, Inglaterra, Estados Unidos...—, varios de ellos se sitúan total o parcialmente en el Bilbao natal de la autora; pero no en el Bilbao cool y chic del Guggenheim y los gin-tonics con cebollino, sino el del Rock Radical Vasco, los litros de kalimotxo comprados en la charcutería de la esquina, el speed y la violencia terrorista de baja, mediana o alta intensidad.

»Esto es más visible que nunca en "El cielo de Bilbao" (el título juega, sospecho, con El cielo de Lima, en que también se trata de identidades impostadas), en el que la dureza con la que unos mocosos se burlan de los pederastas y de los corazones solitarios que pululaban por el internet de los primeros chats, se puede leer en el contexto de insensibilización hacia la violencia del conflicto vasco, explícito en el relato, dejando abiertas relecturas muy interesantes.

»Y en cambio (y esto a lo mejor puede parecer paradójico en vista de lo que he dicho hasta ahora), me da la impresión de que a veces sería necesario que Aixa de la Cruz escribiera un poco menos como Aixa de la Cruz, y un poco más como lo harían sus propios personajes, para que tengan no ya una personalidad —que eso casi todos la tienen— sino también una voz propia y diferenciable. Pongo un ejemplo concreto: en "Romperse", el protagonista, un vigoréxico bulímico, cita en un momento dado unos versos de Gabriel Aresti (Pensatzen dut nire izena / nire izana dela, / eta ez naizela ezer ezpada / nire izena); que Aixa de la Cruz conozca y cite a Gabriel Aresti es lógico; que lo haga un vigoréxico bulímico... ya no sé si tanto.

»A pesar de estas pequeñas pegas no hay duda de que Modelos animales es un muy buen libro de relatos (y hay que agradecer otra vez a Salto de Página que apuesten por los relatos, cosa que pocas editoriales españolas hacen), aunque probablemente no será para todos los públicos: lo disfrutará más quien tenga su pequeño o grande lado morboso. Aunque en realidad, ¿quién no tiene su pequeño o grande lado morboso?»

Santiago Pérez isasi, Un libro al día, 16 de marzo de 2015
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Puedes escuchar la entrevista completa aquí.

Bruno Galindo, EEM, marzo de 2015
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Aixa de la Cruz sigue creciendo

«Modelos animales es el nuevo libro de la escritora bilbaína Aixa de la Cruz. Se trata de una colección de siete relatos en los que la violencia y la crueldad irrumpen en situaciones que no anticipaban determinadas truculencias. El primer relato, que da título al volumen, está protagonizado por una joven dramaturga que reside temporalmente y gracias a una beca en Canadá. El segundo relato, que no despertará instintos maternales precisamente, recrea la angustia de una madre que acaba de dar a luz a un niño afectado por talasemia. En el tercero, una chica que regresa de una estancia en Londres para desintoxicarse, experimenta una especie de desdoblamiento de la realidad durante un viaje en tren. El cuarto relato, "El cielo de Bilbao", relata las bromas cada más pesadas y peligrosas que un grupo de adolescentes gasta a una serie de víctimas que contactan por internet de forma aleatoria. "Spin off" es una historia que, como quien esconde una bomba de relojería, sitúa en el desierto a una pareja en la que ha existido la traición. El sexto relato está protagonizado por un joven bulímico, diana de crueles comentarios sobre su orientación sexual, que cree encontrar una tabla de salvación en los gimnasios. El libro se cierra con una cantante de rock, que escribe desde una institución penitenciaria y que descubre que una de sus canciones se utilizaba para torturar a presos incomunicados.

»Los puntos de partida son atractivos y los desarrollos están bien resueltos. Aixa de la Cruz tiene capacidad para comprimir situaciones trascendentes en pequeños detalles y para obtener textos muy plásticos que toman, en mi opinión, más vuelo cuando la autora opta por la primera persona. Por otro lado, en la mayoría de los cuentos, la bilbaína arriesga formalmente y plantea estructuras novedosas, asumiendo así uno de los reto de la narrativa actual. De hecho, los cuentos resultan en su conjunto muy actuales. Las nuevas tecnologías están tan presentes en este libro, que los primeros videojuegos y cibercafés —en los que se alude en una de las historias— parecen aparatosos vestigios de una era muy anterior a la nuestra. También tienen presencia series de televisión tan aclamadas como 24 o Juego de Tronos. Pero hay otros rasgos más interesantes que son signos de nuestro tiempo y que la autora aborda: la ansiedad, la psicosis, el extrañamiento de la violencia que irrumpe a través de las pantallas en nuestra cotidianidad un día y otro. Un tema, el de la violencia, sobre el que Aixa de la Cruz reflexiona a través de la ironía a veces, y otras, a través de componentes más sanguinolentos y explícitos. Pero, tal y como comentábamos, los personajes, en principio, podrían ser cualquiera de nosotros, como si la línea roja que separa la locura y la cordura no fuera un vigoroso muro moral, humanista incluso, sino algo más frágil y nervioso, algo similar, tal vez, a una arteria.

»“Una debe procurar desde joven que su fama la preceda”, dice la narradora del primer relato. Aixa de la Cruz nació en 1988 así que joven es y su fama también la precede: entre otras cosas fue elegida por El Cultural entre los 12 narradores menores de 40 años con mejores perspectivas.

»Modelos animales llega a las librerías en un momento en el que existe un hastío notable de buenismo y muchas prevenciones quizá hacia la ternura. No me importaría leer a esta autora en otros registros, aunque esta reflexión directa sobre la violencia es un material literario de alta calidad. Y hay que decir también que quizá esté contaminada por el imaginario truculento que la acompaña día a día, ya que realiza su tesis doctoral sobre la representación de la tortura en las series norteamericanas post-11S.»

Txani Rodríguez, Pompas de papel, 11 de marzo de 2015
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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