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reseñas y críticas Mujer abrazada a un cuervo
Mujer abrazada a un cuervo

«Cruz Montenegro es una joven licenciada en medicina, especialidad de Epidemiología Genética. Una estudiante brillante pero con una personalidad frágil e inestable fruto de la temprana separación de sus padres, un trauma que le ha provocado profundas secuelas psicológicas como bulimia, merma de su capacidad afectiva y cierta tendencia hacia la autocompasión. Cruz guarda además un secreto en lo más íntimo de su ser, un don que le permite viajar a lugares en los que nunca ha estado, ser testigo de excepción de vidas ajenas y sucesos que acontecieron largo tiempo atrás, siempre y cuando esos momentos arrastren dolor consigo. A eso le llama “ir de safari”, un juego peligroso porque es consciente de que si no levanta una cortina protectora puede sentirse irremisiblemente atraída por el Otro Lado sin posibilidad alguna de retorno.

»En un congreso médico coincide con su padre, el insigne catedrático Gabino Montenegro, uno de los mayores expertos mundiales en biología molecular, quien en un claro gesto congraciador ofrece a su hija la posibilidad de investigar un caso insólito que podría poner en tela de juicio la historia de la epidemiología mundial: un bebé ha muerto con claros síntomas de peste bubónica en un pueblo del Pirineo navarro, pero no es un suceso aislado puesto que en la familia Uztárroz sus hijos llevan siglos naciendo muertos en lo que se antoja una extraña maldición. Cruz acepta el reto y, en compañía de su amigo y colaborador “Michi”, se desplaza a la localidad de Lortia, en pleno valle del Roncal, un municipio famoso por haber sufrido uno de los últimos y más dramáticos episodios de peste en el año 1601, un brote tan virulento que en un solo verano murió la práctica totalidad de sus habitantes –unos doscientos- y únicamente pudieron salvarse quienes escaparon a tiempo de la cuarentena.

»Comienza así una investigación apasionante cuya resolución presente implica dar respuesta a unos hechos trágicos acontecidos cuatrocientos años atrás. Una historia de amor imposible que arrastró a todo un pueblo y se relaciona con la leyenda de un misterioso propagador de la peste conocido como Caracuervo.

»Tras Equipo Sirius (Infierno nevado, 2006) y 451 Editores (Rojo alma, negro sombra, 2008, premios Celsius 232 de la Semana Negra de Gijón y Nocte de la Asociación Española de Escritores de Terror), Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972) publica su esperada tercera novela en la exquisita editorial Salto de Página, posiblemente el sello que mayor calidad literaria está aportando a la literatura fantástica española en los últimos años. Un paso, sin duda, adelante en su brillante carrera literaria y el lugar ideal para que viera la luz esta obra de madurez, en absoluto complaciente y aún más arriesgada que su novela anterior, que el escritor navarro solventa de forma más que notable.

»Porque, ciertamente, la escritura de Biurrun es elegante, sensible, hipnótica, literaria. Una narrativa que denota una fuerte personalidad, una gran capacidad creativa y una formidable imaginación al servicio de un gusto irrenunciable por la originalidad: de planteamiento, escenarios y personajes, retratados magníficamente en su realismo tridimensional. Apenas unas pinceladas bastan para sumergir al lector en su universo de ficción, rico en descripciones prolijas y descarnadas de los sentimientos más íntimos de los protagonistas, y con diálogos que trasladan al papel retazos de cotidianeidad. Todo ello construido con elementos sencillos, al alcance de cualquier lector. Acompaña al conjunto un cierto grado de experimentación formal, metáforas muy logradas (como cuando Cruz piensa en su propia gestación y emplea comparaciones relacionadas con el líquido amniótico) y referencias cultas que denotan sus lecturas.

»El resultado es que el pacto de ficción establecido entre autor y lector funciona desde la primera frase y la inmersión en la historia es total. Las difíciles relaciones interpersonales ocupan una importancia capital en el desarrollo de la trama, en especial las paternofiliales a raíz del nuevo concepto de familia (el divorcio de los progenitores de Cruz, el conocer a la amante de su padre, al novio de su madre) y los problemas de ésta para desarrollar una relación afectiva normal. A veces las vicisitudes de la vida pueden conducir a los personajes a insólitas conclusiones, como que una infidelidad pueda servir para tomar consciencia de cuánto se ama a otra persona (es lo que le ocurre a Gabino con su ex mujer, al marido de Nerea Uztárroz con su esposa, a la propia Cruz con su madre). Sin duda, las emociones mandan en los personajes aunque tal vez el mayor acierto de la novela sea haber encontrado el tono adecuado para narrar esta historia de manera convincente. Un relato sutil e intimista ambientado en un paraje inexistente aunque perfectamente plausible nacido de la experiencia vital del autor, lo que aumenta la sensación de autenticidad, trascendencia y sabor autóctono que es, precisamente, uno de los rasgos fundamentales de la narrativa de Martínez Biurrun y una de las mayores carencias, a mi juicio, de nuestra literatura fantástica.

»El don que posee Cruz, gracias al cual puede viajar en el tiempo (no de una manera científica sino mágica), sirve de agente impulsor de la trama; un recurso innovador que permite a la protagonista husmear en la intimidad de los personajes como si de un narrador omnisciente se tratara, conocer todos sus secretos y actuar en consecuencia. Un fenómeno conocido en ámbitos esotéricos como bilocación, pues va más allá de la proyección astral al generar la mente un segundo cuerpo provisorio mientras el original queda sumido en trance, y con el que asiste como un fantasma a pasajes ocultos de la historia. Sus safaris se habían manifestado hasta el momento de manera involuntaria y aunque ahora empiece a controlarlos sabe que obedecen a sus propias y desconocidas reglas, como que la desgracia es la puerta de acceso y que conducen siempre a momentos que no desea contemplar: sórdidos, escabrosos, dolorosamente reveladores. Una maldición que intuye heredada de su padre, y probablemente su hermanamiento en el dolor sea la razón principal que perdone sus muchos desplantes mientras culpa a su madre de la ruptura conyugal (aunque fuese la infidelidad paterna el detonante original).

»En el texto se aprecian otras constantes del autor, como el desenlace trágico y la expiación del drama secular con la redención final de sus protagonistas (incluido el ya habitual cura bisagra), y donde una vez más resta un poso de tristeza por la muerte de un personaje sobre las esperanzadoras perspectivas de futuro. A la excepcional ambientación, estructura cinematográfica de escenas y diálogos, e importancia climática otorgada a la música, se une en esta ocasión, por qué no, la reivindicación de la literatura fantástica (“Todo tiene una función, y la fantasía también debe tenerla. De alguna forma, necesitamos imaginar lo imposible para aceptar lo inaceptable”); evidentemente de un fantástico culto y más próximo a Borges o Perucho que a la fantasía comercial juvenil que inunda hoy día el mercado. En definitiva, Ismael Martínez Biurrun es un narrador que no ha tocado techo y puede deparar grandes títulos en el futuro inmediato; un escritor que une talento y calidad literaria para prestigiar un género tan necesitado de ello como el fantástico y que, de nuevo, conforma a mi juicio la mejor novela española de corte fantástico publicada durante el año 2010.

»La edición de Salto de Página es tan perfecta, sobria y elegante como acostumbra. Literatura escrita por una nueva generación de fantásticos autores con mucho que aportar y para todo tipo de lectores, no necesariamente genéricos.»

Mariano Villarreal, Literatura fantástica, febrero de 2011
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Mujer abrazada a un cuervo

»En la primera página, Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972) anota una cita de Daniel Defoe procedente de un libro aterrador, Diario del año de la peste. En pocas palabras, se definen materias esenciales de esta novela. El mal, la enfermedad, la muerte irrumpen sin avisar, se instalan por todas partes y, más tarde, desaparecen sin más. "La muerte es viajera", se dice en la novela. Es "la mano oculta e invisible de Dios", afirma Defoe, pero Basile, el médico de la peste, antes y la investigadora médica Cruz y su ayudante ahora defienden, por supuesto, la primacía del trabajo clínico. Defoe se transporta medio siglo atrás para narrar de primera mano lo que sucede en un Londres espeluznante devastado por la peste, la investigadora Cruz, más expuesta, se traslada cuatro siglos atrás para contemplar los estragos de la enfermedad en una pequeña población navarra y paliar sus efectos en una familia maldita. Con estos mimbres, nuestro autor ha escrito una novela gótica que tiende un puente entre un presente lleno de teléfonos móviles y nuevas enfermedades (bulimia y anorexia) y un pasado abrumado por la plaga maldita y el fanatismo, aunque narrador y lector comprueban que la oscuridad, el miedo y la frustración son de todos los tiempos. Martínez asocia el género gótico a la ficción científica y a dilemas morales y espirituales que la acercan a la contemporaneidad y a lo que ha estado ligado en el pasado, a la religión. De ahí, los prodigios místicos y las creencias atávicas que chocan con la mente científica de los médicos (aunque el lector verá cómo la ciencia desaparece por los desagües del cerebro). El autor domina el lenguaje fantástico y la descripción de un pasado atribulado, sectario y ciego, y procura estar a la altura (pero sin conseguirlo del todo) cuando traza el perfil conflictivo de las relaciones familiares en el XXI acudiendo, eso sí, a expresivas antítesis: "Mamá está llorando en casa y tú cantas de felicidad".

LluĂ­s Satorras, Babelia, 5 de febrero de 2011
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Mujer abrazada a un cuervo

«Si me tengo que decantar por un género que pueda orientarnos en el comienzo de la reseña, pues no sabría decir a ciencia cierta. Ya que he leído y oído nombrar varios. Desde Fantasía, pasando a Terror, podemos señalar incluso Ciencia Ficción si nos ceñimos a los viajes de Cruz a través del tiempo, incluso un Thriller biológico o el Histórico, ya que esos viajes se hacen a un pueblo de hace ya unos siglos.

»Considero a Ismael como uno de los referentes de la nueva narrativa en castellano, y se refuerza esa teoría a través de los decorados, las tramas que introduce e incluso la calidad de los personajes que dibuja en las líneas que conforman la novela. Personajes atormentados por sus propios problemas y que deben afrontar aquellos que se les plantean. Todo andando en una fina línea que separa la realidad de la fantasía. Y entre todos estos personajes, destaco a Michi, la vía de escape de Cruz y que como compañero de fatigas es el hombro donde la doctora vuelca sus miedos y temores. Quizá se le podría definir como el secundario gracioso, y como bien me comentó Ismael, es precisamente su función, pero hay momentos en que Michi trasciende ese papel gracioso y estás esperando su acertada intervención.

»También es muy destacable la confrontación de esta doctora que sufre de un trastorno de anorexia / bulimia, ya que intenta no comer apenas cuando la gente la mira o está compartiendo mesa, pero hay escenas donde ya se encuentra sola y es una aspiradora de comida. Eso sí, luego tiene un mecanismo perfectamente controlado por e lque esa comida vuelve a salir al exterior.

»No se nos cuenta en ningún momento de dónde puede provenir o cómo se utiliza ese poder de trasladarse en el tiempo, ni falta nos hace, no es lo importante en la novela, sino que eso sirve de frontera entre uno y otro mundo, el real y el fantástico. Eso sí, durante la novela sí es cierto que tendremos esa gana o necesidad de saber de ese don sobrenatural. Incluso del mecanismo del que se sirve Cruz.

»Mujer Abrazada a un Cuervo es una de esas novelas que tras leerla, sabes que habrá un cambio en tu búsqueda de nuevas lecturas, que ciertamente seguirás leyendo todo lo que caiga en tus manos, pero que la línea de la calidad ha sufrido una fuerte subida y que la manera de escribir (ideal para saber cómo se escribe bien) de Ismael cala bien hondo en nuestro paladar lector.»

Fernando MartĂ­nez Gimeno, Athnecdotario Incoherente, 19 de diciembre de 2010
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Mujer abrazada a un cuervo

«Una joven estudiante de medicina, Cruz Montenegro, parte hacia Lortia, un recóndito (y ficticio) pueblo del valle del Roncal, para investigar la muerte de un neonato debido a un caso de peste. Cruz inicia una búsqueda junto a un compañero de estudios, Michi, en la que contará con la ayuda de una habilidad que ha mantenido en secreto desde que era una niña: puede viajar en el tiempo. Así se inicia Mujer abrazada a un cuervo, una historia que indaga tanto en el origen de la enfermedad del bebé como en el episodio de peste que asoló el pueblo de Lortia hace cuatro siglos y causó su abandono durante cerca de doscientos años.

»Como bien ha señalado Ricard Ruiz en Qué leer, Ismael Martínez Biurrun bebe de la hibridación temática para construir los sucesivos misterios que entreteje en Mujer abrazada a un cuervo. En principio, la investigación de lo ocurrido con el bebé se nutre de la labor que Cruz y Michi realizan en Lortia, pesquisas que les pondrán en contacto con la tragedia familiar de los Uztárroz. Lortia no es más que otro de los miles de pueblos con una historia oficial que se da a conocer a los forasteros y una oculta fraguada en base a los miedos, envidias, pasiones, rencores… de sus habitantes y que, casi siempre, acaba diluida en la tradición oral… si antes alguien no acude a “rescatarla”. Junto a esta labor de recreación del ambiente rural emana la faceta más cercana al thriller científico.

»Aunque tampoco es el componente más importante, Martínez Biurrun no se olvida de lo concerniente a la peste y las diversas teorías sobre su origen y transmisión, cómo convivieron y lucharon contra ella en siglos pasados (sobre todo en una época en la que la incipiente ciencia del renacimiento se las tenía que ver con los más arraigados reductos supersticiosos/religiosos)… Al principio, creo, de una manera poco sutil y demasiado forzada (la primera conversación que abre el libro y desencadena el viaje de Cruz, tiene demasiado de diálogo socrático). Sin embargo, una vez puesto al lector en antecedentes, el tema fluye con más naturalidad y enriquece el resto de la narración en múltiples sentidos. Igualmente, Mujer abrazada a un cuervo avanza con los sucesivos viajes en el tiempo de Cruz al siglo XVII. La herramienta que rellena los huecos destruídos por el paso del tiempo, en gran parte debidos al incendio que asoló Lortia en aquella época.

»Pero por encima de estas tres facetas se alza la construcción del personaje de Cruz Montenegro. Un estereotipo (joven investigadora con mala suerte en el amor que ha sufrido más de la cuenta con el divorcio de sus progenitores y que tiene varios dones especiales) que, detalle a detalle, decisión a decisión, debilidad a debilidad, casi siempre desde la narración pocas veces desde la descripción, crece en complejidad y cercanía. Y, también, la manera en que Ismael Martínez Biurrun ha integrado todos estos elementos, con una coherencia que contribuye a disfrutar de un thriller de misterio notable.

»El libro viene redondeado por la habitual edición de Salto de página. Una demostración del camino que debe seguir la edición en papel si quiere sobrevivir al cambio de modelo que se avecina con la venida de nuestro “salvador”, el libro electrónico.

»Como nota final, supongo que después de leerme, algún lector avezado preguntará si existe alguna relación con El libro del día del juicio final, de Connie Willis. Temática y, llegado cierto punto, argumentalmente existe: la peste (negra o bubónica, tanto da), una protagonista que viaja en el tiempo, la enfermedad golpeando ambos lados del hilo temporal … Pero me atrevo a decir que el parecido es circunstancial. Desde todos los aspectos la narración discurre por caminos absolutamente diferentes (un buen acicate para los que aborrecen la novela de Willis).»

Ignacio Illarregui, Aburreovejas en tierra extraña, diciembre de 2010
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Mujer abrazada a un cuervo de Ismael MartĂ­nez Biurrun

«Tenía ganas de posar mis ojos en algún texto de Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972), pues su nombre lleva un buen tiempo sonando como la nueva promesa del fandom. Y lo que se dice de él es cierto. Completamente.

»En Mujer abrazada a un cuervo, su tercera y última novela tras las celebradas Infierno nevado y Rojo alma, negro sombra, plantea una hibridación de géneros protagonizada por un puñado de personajes tan vivos y torturados que podrían ser vecinos de nuestro bloque de pisos.

»Una joven estudiante de Medicina llamada Cruz deberá investigar el caso de un bebé muerto que presenta los mismos síntomas de la peste que asoló Europa durante la Edad Media. Acompañado de su ayudante, Michi, Cruz se internará en los secretos que esconde el pueblo de Lortia, la maldición de una familia y un misterioso hombre que viste como un cuervo. Un hombre que sólo Cruz es capaz de ver. Porque Cruz también esconde un secreto (o varios): puede escapar de su cuerpo y visitar otros lugares y otras épocas.

»Con todo, lo más intrigante de la obra no es tanto la resolución del caso médico como los entresijos de cada personaje: sus silencios, sus interacciones soterradas, sus pasados amenazantes. Finalmente, lo que más nos acaba importando es el dolor de Cruz, no los elementos fantásticos que envuelven la trama.

»Ignoro cómo lo consigue Biurrun. Su prosa parece sencilla, pero esconde más de lo que aparenta: una meticulosidad que apenas se aprecia en la superficie y que cumple aquel consejo de Proust de que dejar al descubierto al andamiaje de la prosa es como dejar el precio a un regalo.

»Además, Biurrun describe escenas escabrosas sólo con unas pocas pinceladas, como flashes de fotografía: entonces la composición debes crearla tú mismo en la cabeza. Y no hay nada peor que eso, al menos en lo que a mí respecta, pues a veces tenía ganas de lavarme las manos, y otras veces se me quedaba cara de acidez estomacal.

»Por si esto fuera poco, Biurrun propone una historia plausible, aunque contenga elementos fantásticos. En otras manos, los descubrimientos que se plantean en la obra harían que cualquier lector medianamente culto se rascara la cabeza y dijera: un momento, esto podría constituir una Revolución Científica superior a las de Copérnico, Galileo, Newton, Darwin, Mendel y Einstein combinadas, ¿cómo es posible que todo el mundo esté tan tranquilo? En manos de Biurrun todo fluye, e incluso los “viajes astrales” de la protagonista están narrados de tal forma que nos parecen creíbles, como si hubieran pasado por un meticuloso tamiz separador de razonable / risible.

»Demasiadas novelas de terror fantástico son como la versión literaria de la caja de Pop-tarts de Kellog´s, en la que pone: “Cuidado: el relleno puede estar caliente cuando se calienta”. O el aviso que hay en los mecheros Bic estadounidenses: “encender lejos de la cara y la ropa”. Perogrulladas para ahuyentar querellas por un mal uso. Biurrun escapa de esos convencionalismos y no sólo se lanza por derroteros nuevos a nivel geográfico (un pueblo del Pirineo) y a nivel temático (fantasía con tintes científicos, y personajes sólidos como rocas), sino que sus planteamientos requieren de cierta actividad raquídea. Lo cual es de agradecer entre tanta novela plegada a las exigencias de un mercado cada vez generalista y, por tanto, normal (o subnormal).

»Así que ahí va otro aviso perogrullesco: abstenerse lectores conformistas. El resto, de cabeza a la librería más próxima a por este Mujer abrazada a un cuervo

Sergio Parra, Papel en blanco, 16 de noviembre de 2010
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«Con una fascinante portada de Ash Sivils (Mental reflections) la editorial nos abre las puertas a un autor español con estilo propio. Martínez Biurrun es algo así como un narrador poético pero moderno, puedes leer una prosa limpia y trabajada y, al mismo tiempo, percibes cómo introduce frases cortas, palabras o técnicas más modernas, lo que lo convierte en un autor pulcro que invita a leerle más.

»La novela entra de maravilla, es como si comieras un postre en cada plato, saltándote los principales y saboreando algo más contundente, algo que te llena mucho más y que el estómago agradece con énfasis. Y es que el argumento y las formas lo merecen; la historia no es compleja pero tampoco se cuenta como un guión de película de sobremesa, tiene su aquel, su encanto, y convence. Y esta es la parte más importante cuando hablamos de libros que introducen elementos fantásticos o de ciencia ficción, que convenzan. Lo que tiene Cruz, aparte de un trastorno alimentario y ciertos problemas de relaciones familiares, es el don de la bilocación que tan famosa hizo a sor María Jesús de Ágreda. No hace falta hacer encaje de bolillos para que sea creíble, basta con creer y que la historia esté bien hilada. Y lo está. Bien hilada y bien cosida.

»Si bien en la época actual sus atractivos son sus relaciones con sus seres queridos (padre, madre, novio de la madre, y amigo de Cruz) y su auténtico problema de bulimia, en el pasado lo será mucho más porque entra de lleno en una de las épocas más peligrosas en cuanto a enfermedades infecciosas, y para resolver un misterio tendrá que involucrarse poniendo su vida en peligro. Además está el atractivo de la maldición familiar, y la del untador, un tipo que infectaba a propósito a los ciudadanos y con el que Cruz tendrá un encontronazo.

»Para no perderle la pista.»

Anika Lillo, Anika entre libros, noviembre de 2010
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«Una novela adictiva, que te captura desde la primera frase, Ella reconoce las figuras que se mueven al otro lado de la cortina, y ya no te suelta. Ella, Cruz Montenegro, la conmovedora protagonista de esta historia, es un personaje frágil y esencialmente contradictorio, una moneda compuesta de dos caras, ciencia y magia, en apariencia irreconciliables. Cruz intenta sobrellevar desde niña ese don heredado que le permite acceder a vivencias pasadas, pero cuando su padre, el célebre y autodestructivo doctor Gabino Montenegro, le habla de un caso extraño que pone en duda la erradicación total de la peste en Europa, hallará en él el único camino para adentrarse en el pasado de una rica familia pamplonesa, víctima de una maldición desde 1601.

»Creo que el autor ha encontrado un auténtico filón en su personaje femenino. Cruz, bulímica y solitaria, inteligente y vulnerable, una joven urbana de aspecto levemente gótico y tintes freakies, sigue de cerca la estela de antiheroínas recientes como Lisbeth Salander pero sumando otros elementos en su composición, como el don sobrenatural con que debe aprender a convivir y su sentido del humor, estrictamente moderno e irónico. Cruz siempre parece al borde de quebrarse pero resiste, en parte gracias a su ironía todoterreno, y emprende a solas una aventura fascinante que el autor desgrana con una clara voluntad de estilo y un cuidado en el lenguaje y en la creación de imágenes que dignifican la novela fantástica y demuestran que una obra de lectura fácil y hechuras de best seller como esta no tiene por qué estar mal escrita.

»Desde el punto de vista estructural, el libro se articula también en forma de viaje continuo, desde la más estricta actualidad del año 2009 a un pasado donde la enfermedad era sinónimo de maldición divina, y lo hace ya desde la inclusión de las citas que encontramos en las primeras páginas, tan distantes entre sí como la era tecnológica de la España barroca: nada más y nada menos que un fragmento del Diario del año de la peste, de Daniel Defoe y una frase de Creep, el hit del grupo de pop británico Radiohead.

»Martínez Biurrun elige para mostrar esos peregrinajes a otro tiempo de su protagonista un ingenioso entrelazado orgánico de los capítulos, sirviéndose de un objeto imaginario, la cortina de gasa con animalitos bordados que separa a Cruz de sus ensoñaciones y que adquiere todo su sentido en el cierre de la novela.

»Por otro lado, destacaría que ese uso de un motivo literario clásico de la ciencia ficción, como es el viaje en el tiempo (empleado recientemente por Félix J. Palma en su exitosa El mapa del tiempo), se adecua perfectamente a un espacio familiar para el lector, que le permite distanciarse del tradicional cilicio del realismo aplicado a nuestra literatura y atisbar las posibilidades que brindan la Historia y el territorio español como elementos nucleares en obras de fantasía.»

Patricia Esteban Erlés, Anika entre libros, noviembre de 2010
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Mujer abrazada a un cuervo

«Hacer una reseña de una novela como Mujer abrazada a un cuervo es francamente complicado. Estamos ante un libro lleno de matices, de una riqueza extraordinaria tanto en el escenario como en la narración. Se trata de una de estas obras que dejan huella, cuyos pasajes vuelven a la memoria y cuyas reflexiones intrínsecas no se olvidan. Resumir en un artículo todos estos aspectos es muy difícil.

»Para empezar, hablemos algo de la historia: una joven estudiante de medicina tiene que desentrañar el misterio de una extraña muerte que, en apariencia, puede haber sido causada por la Peste Negra. Estamos, no obstante, en la actualidad, y el supuesto caso tiene lugar en el Pirineo navarro, en concreto en un pueblo que podría estar sujeto a una antigua maldición... si no fuera porque la novela se ambienta en el mundo real.

»Éste es uno de los primeros elementos formidables de Mujer abrazada a un cuervo: Biurrun se adentra por la resbaladiza frontera entre el realismo y la fantasía, y lo hace con tanto acierto que da significado y sentido a ambos tratamientos literarios (no olvidemos que, en literatura, todo es ficción). El primero sirve como referencia, como telón de fondo para entender la fuerza del segundo. Y viceversa. Ambos se vuelven algo indisoluble que convierte a la novela en una obra de difícil clasificación. En el equilibrio que generan, los personajes adquieren una mayor viveza, tocan al lector y le implican en la historia, y recuperan al mismo tiempo la fascinación del género fantástico y la emotividad del realismo.

»En este aspecto, Biurrun es un maestro. Es de los pocos autores que consigue emocionarme. Sus historias sacuden el interior del lector, le interpelan y le hacen partícipe de sus dramas y alegrías. Uno siente un alivio casi físico en determinados momentos que no es más que la liberación de la angustia en la que se ha ido sumiendo porque, ante todo, Mujer abrazada a un cuervo es un historia lúgubre. ¿De qué otro modo se podía tratar la peste sin caer en frivolidades?

»La peste, en efecto, es el eje central de la novela. Y un elemento que pone de manifiesto la precisión del mosaico que se nos brinda: tanto a través de los elementos fantásticos como de los reales revoloteamos alrededor de esta plaga, lo que nos permite un acercamiento técnico, histórico y visceral. Ninguno es gratuito ni arbitrario. Cada momento, cada nuevo velo descubierto, parece la pieza de un rompecabezas que nos va revelando el cuadro final.

»Con los personajes nos ocurre exactamente lo mismo: no son meras excusas ni focos a través de los cuales contemplar una historia, sino la historia en sí misma. Creo que esta forma de hacer literatura es lo que da esta consistencia a las novelas de Biurrun, y muy particularmente a esta Mujer abrazada a un cuervo. Todo lo que contemplamos tiene importancia, aunque discurre con la sencillez de lo anecdótico gracias al cuidado estilo del autor, efectivo y bello al mismo tiempo.

El resultado es que el lector se sumerge en una lectura fascinante, memorable, sin esfuerzo alguno, guiado por el propio influjo de la historia, de los personajes, de los hechos. Historia, leyenda, fantasía, cotidianidad, épica... el ser humano, en definitiva, captado con la habilidad de un narrador fuera de serie. Francamente recomendable.»

OcioZero, 26 de noviembre de 2010
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Mujer abrazada a un cuervo

«Tras sobrecogerme con Infierno nevado y fidelizarme con Rojo alma, negro sombra, sus dos novelas anteriores, Ismael Martínez Biurrun ha conseguido con esta tercera obra dejarme claro que puede desenvolverse en cualquier campo narrativo.

»Cruz, una estudiante de Medicina, casi licenciada, recibe un extraño encargo. Su padre, un afamado doctor, le encarga que investigue un caso insólito: un rebrote de yersinia pestis (peste negra) en un valle del Pirineo navarro. Sin embargo, hay quienes creen que es una maldición ancestral la responsable de la muerte de un recién nacido. Además, la joven es capaz de viajar al pasado con un único pasaporte: el dolor. Son viajes astrales en el tiempo que la transportan a situaciones límite. Cruz y su amigo Michi acudirán a Lortia, un pequeño pueblo situado en el valle del Roncal y que resultó uno de los últimos focos de pestilencia a comienzos del siglo diecisiete, donde investigarán el caso, observados por las miradas rapaces de sus habitantes.

»Con estas sugerentes premisas, sería fácil que el lector se sintiera defraudado al no cubrirse las expectativas. Todo lo contrario: la premisa no es más que el vértice de un filamento de una larga tela de araña tejida pacientemente.

»Con un buen vocabulario, una prosa excelente, cuidada al detalle, que hace disfrutar a quienes buscan algo más que una buena historia narrada de forma sencilla, Ismael nos transporta al mundo de los sueños, los viajes astrales, las carreras científicas y las miserias humanas. El autor sustenta su obra con un elenco de personajes muy bien perfilados, descripciones notables, tanto anatómicamente como desde el punto de vista psicológico.

»Cruz, guapa y algo rellenita, lleva en secreto su don y la bulimia que padece. Michi, un joven doctor superdotado, un friki con trastornos afectivos, resulta fundamental para resolver los escollos de una trama compleja. Gabino Montenegro, padre de Cruz, doctor afamado, una eminencia en el campo de la Medicina, y sin embargo alcohólico. Marian, la artista soñadora, madre de Cruz y divorciada de Gabino. Un personaje que será cada vez más enigmático pese a que su hospitalización presupone una pasividad absoluta. Víctor, un nervioso escritor de éxito que mantiene una relación con Marian. Nerea y Josian, una pareja residente en Lortia que parecen sufrir una especie de maldición al engendrar a un niño muerto. La anciana Margarita Uztárroz, que arroja un poco de luz sobre el pasado familiar que investigan los médicos. Santiago Andueza, el cura del pueblo, quien reprime un secreto que en el fondo desea confesar.

»Amaia Uztárroz y Basile Dubreuil, dos amantes asesinados hace cuatro siglos, víctimas del rencor de un adinerado padre ultrajado y de un pueblo esquilmado por la peste, ávido de milagros y ajusticiamientos.

»Antón el untador, un porquero que esconde un pecado y se ve obligado a obedecer ante las exigencias de un cura para extender la enfermedad.

»La novela comienza con ritmo pausado, detalla cada escena, cada sensación. A medida que avanza la historia la cadencia se acelera, manteniendo la intriga hasta el final, capaz de sobrecoger por las relaciones humanas que afloran con cada paso que la protagonista toma hacia el descubrimiento del enigma. Un desenlace con sabor a hiel que hace estremecer.

»Éste es sin duda otro peldaño ascendente en la carrera de este escritor capaz de transmitir sensaciones y descripciones con una gran viveza.

»Mujer abrazada a un cuervo es una historia compleja, donde la ambientación, la intriga científica, lo sobrenatural y el drama bailan en perfecta armonía.»

Óscar Bribián, OcioZero, 11 de noviembre de 2010
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Mujer abrazada a un cuervo. Después de la lectura

«La fantasía dentro de la obra narrativa puede ser o recurso o protagonista. Estamos acostumbrados a que su papel sea el de protagonista, actuando en algunos casos como sucedáneo de la calidad. Ismael Martínez Biurrun nos presenta, con su timidez habitual, una obra donde la fantasía es un animal domado, un recurso con el protagonismo limitado, un ladrillo más dentro de la estructura de la obra, que ayuda a sostenerla en su grado justo, sin más.

»Pasado y presente, fantasía y realidad, Historia e historia, se entrelazan en esta novela, y lo hacen total naturalidad. Si hay una palabra que defina Mujer abrazada a un cuervo es esa: naturalidad.

»Ismael ha escrito una delicada novela de suspense y aventuras, manchada con unas sencillas gotas de terror —muy contadas—, algo de romanticismo y una dosis de fantasía elegante, simple y bien llevada. Como los personajes de su anterior novela, Rojo alma, negro sombra, los protagonistas se mueven en las fronteras, en los bordes, en las discontinuidades que separan o unen, según se vea, diferentes mundos, realidades y percepciones. Estos caminan en un precario equilibrio, sometidos a fuerzas externas sobre las que apenas tienen control. Y al mismo tiempo que caminan en pos de la solución al problema (pues siempre hay un enigma, un problema, una prueba que completar o resolver), atravesando las fronteras de un lado a otro, efectúan una búsqueda de su propia completitud, de su realidad más íntima, de un sentido que dote a su existencia de una silueta definida.

»Ismael trata al lenguaje como un orfebre a los materiales más preciosos. Maneja el suspense con manos de prestidigitador, sin trucos sucios, sin apenas esconder nada a los ojos del lector. Sus giros argumentales no son bruscos, aunque mantienen intacta su capacidad de sorprender al lector y de mantenerlo enganchado a la lectura. Nada sucede porque sí, nada se relata porque sí.

»Quien quiera acercarse a la novela que lo haga con el tiempo y la tranquilidad a su espalda. Mujer abrazada a un cuervo no es una novela para leer en el metro, para leer deprisa, engulliendo párrafos y capítulos; es un delicado mecanismo de precisión que requiere su tempo, su horas, un ambiente adecuado, sus relecturas parciales.

»Ismael no nos defrauda. Ismael nos está mal acostumbrado a un listón muy alto en el panorama fantástico español. Como escritor es un referente a seguir, un referente que antepone la buena literatura a cualquier etiqueta.

»Leer a Ismael no es leer un género, es leer pura y simple literatura.»

José María Tamparillas, El blog de Innsmouth, 27 de octubre de 2010
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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