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reseñas y críticas Pero sigo siendo el rey
La literatura de Carlos Salem

«A veces, se llega hasta algunas novelas o autores de las formas más insospechadas. Por una crítica en las páginas culturales de algún periódico, por un chivatazo de algún amigo, por una reseña en un blog o, simplemente, porque ojeas un libro y te gusta la portada y la sinopsis. En mi caso llegué a Carlos Salem porque fui a una presentación del escritor Óscar Urra, a quien había visto conferenciar en Getafe Negro. Resulta que Óscar ha publicado sus dos novelas con Salto de Página y al navegar por la web de la editorial conocí a Carlos Salem, aunque yo sabía de un Carlos Salem que lleva el Bukowsky en Malasaña, aquí en Madrid. Resultaron ser la misma persona.
»Estuve leyendo aquí y allá sobre él y para Reyes, una de estas tardes en que voy a fisgar a la librería Estudio en Escarlata, me encontré con sus novelas. No compré la primera, sino que me cogí las tres del tirón, aun a riesgo de que no me gustaran, pero no sé por qué, tuve un presentimiento.
»Me enfrasqué en la primera de ellas, Camino de ida (Salto de Página, 2007) y me di cuenta enseguida de que es de esas novelas en las que no puedes parar de leer. Me sorprendió su prosa, sencilla, pero llena de poesía y de surrealismo. La historia es una locura hilarante, una aventura con malos y buenos que transcurre en Marruecos, pero hay momentos en que el lector descubre que los malos no son tan malos y que los buenos tampoco lo eran tanto. Los protagonistas son Octavio, un hombre plegado durante toda una vida a los mandatos de su mujer y que de pronto, por circunstancias que no voy a desvelar, despierta y empieza a vivir; Soldati, un argentino extravagante y medio loco que quiere hacer la Revolución o hacerse rico, lo que primero le ocurra; y el mismísimo Carlos Gardel, que no murió en el trágico accidente de avión y ahora va por la vida de incógnito e inmortal.
»Como son novelas no muy largas, me leí Camino de ida del tirón, con la grata sorpresa de haber descubierto la Literatura de Carlos. Rápidamente pasé a Matar y guardar la ropa (Salto de Página, 2008), y si hilarante, increíble y extravagante era la primera novela, no menos lo es esta segunda, en la que Carlos se empeña en contarnos la vida de un asesino a sueldo como si fuera la vida de un tipo normal. Para más hilaridad, la mayor parte de la trama discurre en un camping nudista, en el que van apareciendo personajes que se relacionan con el pasado del sicario y otros nuevos. Juntos, con sus peripecias, van construyendo una fenomenal novela, en la línea literaria de Carlos, con mucha poesía. El desenlace tarda, porque entre medias, el autor va atando cabos, resolviendo tramas secundarias, pero cuando llega, el lector se queda satisfecho. Hay un secundario que me llamó la atención. Es un policía atormentado por la muerte de su pareja que, en su día, abandonó este policía, Arregui, y tuvo una relación con el sicario. Quiere ajustar cuentas y vigila de cerca al asesino a sueldo, pero al final, los dos empatizan de una forma muy tierna.
»La tercera novela es como una traca en donde el surrealismo y la poesía ascienden un peldaño más. En Pero sigo siendo el rey (Salto de Página, 2009), Carlos se inventa una historia en la que da el protagonismo a Arregui, secundario en su segunda novela y ahora convertido en detective privado, y nada menos que a Juan Carlos I de Borbón. Ambos inician un viaje que tiene mucho de iniciático por pueblos imposibles, poblados por personajes impregnados de unas locuras febriles pero en los que predominan la ternura y la inocencia. En ese camino, Arregui y el rey se encuentran con un adivino retrovisor que adivina el pasado, con un músico que vaga por esos pueblos en busca de su magistral sintonía perdida, con un abuelo ermitaño que cree todavía estar en plena Guerra Civil y con un sinfín de gentes que vagan por la vida sin pena ni gloria. La narración es original, pues, narrada en primera persona por Arregui, de repente cambia y pasa a utilizar la técnica del narrador omnisciente para volver, poco antes del final, a la primera persona. La última parte de la novela transcurre en Madrid, en donde Carlos recupera a Octavio y a Soldati, protagonistas de Camino de ida, que aquí actúan de secundarios pero ayudando definitivamente a resolver la trama.
»Carlos Salem nace en 1959 en Buenos Aires, aunque reside en España desde 1988. ha dirigido diarios como El Faro de Ceuta y El Telegrama o El Faro de Melilla, y colabora con distintos medios de comunicación. Ha publicado los poemarios Te he pedido amablemente que te mueras (1986), Foto borrosa con mochila (2005) y Poemas al otro lado de la barra (2007). Su primera novela, Camino de ida, fue galardonada con el Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón a la mejor primera novela policíaca. Y recientemente ha publicado un libro de cuentos titulado Yo lloré con Terminator II, relatos de cerveza-ficción, como él mismo ha bautizado el género que perpetra, publicado por Ediciones Escalera.
»Ayer, aprovechando que Carlos presentaba su tercera novela en la librería Traficantes de sueños, me pasé por allí, que nunca está de más darse un garbeo por Embajadores y Latina. Me presenté con la trilogía y este argeñol, como él mismo se denomina, me las firmó y me las dedicó, y además, así, tuve el gusto de saludarle y decirle que su Literatura me parece estupenda.
»Así que ya sabéis. Si tenéis la oportunidad, leedlas. No siempre las grandes novelas están en las grandes editoriales. Aunque, a este paso, Salto de página, con la estupenda labor que están haciendo, puede que se convierta en una de ellas. Por lo pronto ya es editorial de referencia en Novela Negra de toda esta generación de autores españoles que están pegando fuerte en el panorama literario nacional.»

Paco G贸mez Escribano, El blog de Paco G贸mez Escribano, 21 de febrero de 2010
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Un s贸lido artefacto narrativo

«Reconozco que no había leído nada de Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) y con Pero sigo siendo el rey (Salto de página), su tercera novela publicada, me he llevado una gratísima sorpresa. José María Arregui, ex policía, detective privado solitario y melancólico, de aroma marlowiano, desencantado y aficionado a los disfraces, es contratado para solventar un delicado e incómodo asunto: Juan Carlos I de Borbón ha desaparecido y nadie sabe dónde está. Como única pista la siguiente nota: “Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad”. El ministro de Interior, viejo conocido de Arregui, será el que le encargue a éste la complicada tarea de encontrar al rey y devolverlo a palacio sano y salvo. Arregui, que inicialmente declina la oferta, tarda muy poco en descubrir el paradero de su majestad, y, lo que en principio estaba resultando una tarea sencilla, pronto se verá enmarañada con la aparición de un grupo de sicarios que tiene como único objetivo eliminar al rey.

»En su particular y peligroso periplo, nuestros protagonistas –extravagante pareja, especie de príncipe y mendigo pues no sé sabe a ciencia cierta quién salva a quién– atraviesan paisajes y pueblos de la España más profunda, entablan relación con personajes que les ayudarán a salvar el pellejo –la inseparable Rosita, oveja dulce y cariñosa; un músico enamorado que persigue una melodía perfecta y escurridiza; un adivino amnésico que sólo es capaz de adivinar el pasado de los demás–, y vivirán situaciones que les servirán para estrechar lazos mutuamente y, todavía más importante, para reconciliarse con ellos mismos.

»Con estos mimbres el autor hilvana un disparatado y sin embargo solido artefacto narrativo, lleno de humor y ternura, una road movie tan ágil y absorbente que devoramos desde la primera línea hasta la última en una sola sentada, estructurada en capítulos cortos en primera y tercera persona, poblada de personajes muy bien trazados –cada uno con sus alegrías y miserias–, en donde destaca por su complejidad y verosimilitud la figura del rey (primero Juanito y luego Juan), persona entrañable que cuenta chistes y canta nanas, que escribe letras cachondas para el himno de España aunque“en Moncloa no gustaron mucho”, que renunció a su sueño de ser camionero para afrontar una gran responsabilidad, y que una mañana, harto de ésta, salió en busca del niño que jugaba con la arena del exilio.»

Lorenzo Rodr铆guez Garrido, OtroLunes, Enero de 2010
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Pero sigo siendo el rey

«Reconozco que no había leído nada de Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) y con Pero sigo siendo el rey (Salto de página), su tercera novela publicada, me he llevado una gratísima sorpresa. José María Arregui, ex policía, detective privado solitario y melancólico, de aroma marlowiano, desencantado y aficionado a los disfraces, es contratado para solventar un delicado e incómodo asunto: Juan Carlos I de Borbón ha desaparecido y nadie sabe dónde está. Como única pista la siguiente nota: “Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad”. El ministro de Interior, viejo conocido de Arregui, será el que le encargue a éste la complicada tarea de encontrar al rey y devolverlo a palacio sano y salvo. Arregui, que inicialmente declina la oferta, tarda muy poco en descubrir el paradero de su majestad, y, lo que en principio estaba resultando una tarea sencilla, pronto se verá enmarañada con la aparición de un grupo de sicarios que tiene como único objetivo eliminar al rey. 
»En su particular y peligroso periplo, nuestros protagonistas –extravagante pareja, especie de príncipe y mendigo pues no sé sabe a ciencia cierta quién salva a quién– atraviesan paisajes y pueblos de la España más profunda, entablan relación con personajes que les ayudarán a salvar el pellejo –la inseparable Rosita, oveja dulce y cariñosa; un músico enamorado que persigue una melodía perfecta y escurridiza; un adivino amnésico que sólo es capaz de adivinar el pasado de los demás–, y vivirán situaciones que les servirán para estrechar lazos mutuamente y, todavía más importante, para reconciliarse con ellos mismos.  
»Con estos mimbres el autor hilvana un disparatado y sin embargo sólido artefacto narrativo, lleno de humor y ternura, una road movie tan ágil y absorbente que devoramos desde la primera línea hasta la última en una sola sentada, estructurada en capítulos cortos en primera y tercera persona, poblada de personajes muy bien trazados –cada uno con sus alegrías y miserias–, en donde destaca por su complejidad y verosimilitud la figura del rey (primero Juanito y luego Juan), persona entrañable que cuenta chistes y canta nanas, que escribe letras cachondas para el himno de España aunque “en Moncloa no gustaron mucho”, que renunció a su sueño de ser camionero para afrontar una gran responsabilidad, y que una mañana, harto de ésta, salió en busca del niño que jugaba con la arena del exilio.»

Lorenzo Rodr铆guez Garrido, OtroLunes, Enero de 2010
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El detective y el rey

«La desaparición del rey de España semanas antes de Navidad permite al detective Txema Arregui iniciar una nueva aventura. Carlos Salem recurre una vez más al tono irónico y zumbón, una de las mayores virtudes de esta novela, para narrar las andanzas del monarca y de este detective solitario y desencantado , que se está buscando a sí mismo en cada página. Secundarios como Soldati, Octavio o su cuñado Bermúdez no hacen sino enriquecer una trama  en la que el propio Arregui no duda, hastiado de sí mismo, en alternar primera y tercera personas narrativas. Un soplo fresco dentro del género negro.»

Antonio Parra Sanz, La Verdad de Murcia, 3 de octubre de 2009
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Pero sigo siendo el rey

«Txema Arregui tiene una misión: buscar al “número Uno”. La orden le viene de “Buster”, el Ministro del Interior español. El “número Uno”, que no es ni más ni menos que el Rey Don Juan Carlos ha desaparecido dejando una extraña y elocuente nota: “Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad”. A partir de aquí, nada es lo que parece y todo apunta a una trama que tendremos que desvelar paso a paso junto a un grupo de personajes extravagantes y muy humanos.
»Pero sigo siendo el rey (Editorial Salto de página, 2009), la tercera novela del escritor “argenñol” Carlos Salem (Semana negra de Gijón, Buenos Aires, 1958), nos ofrece una historia hilarante, tierna y trepidante donde a cada paso nos sale al encuentro una pista más que tenemos que seguir hasta llegar al desenlace de esta historia que os reconciliará con la novela negra si es que algún día tuvisteis alguna decepción con ella.
»Carlos Salem rescata para sus lectores a Txema Arregui ahora ex policía de puñetazo en la nariz y disfraz rápido que tiene una honda pena por una mujer. Héroe nacional, distinguido por haber salvado casi por casualidad en una ocasión al Rey se le encomienda esta vez la difícil tarea de encontrar a Don Juan Carlos que ha desaparecido dejando la citada extraña nota.
Arregui lo encuentra (no os preocupéis que no os he desbaratado la novela) y el camino de vuelta a casa está lleno de extravagantes personajes en una España surrealista y tierna que nos retrata a la perfección y que nos hace pensarnos desde una perspectiva distinta. Recuerdan muchos pasajes de esta novela a la película Amanece que no es poco, otra joya que nos llama a pensarnos mejor. En esta novela resolver el caso no lo es todo: nos arrastra la curiosidad por saber por qué y para qué se ha montado todo este tinglado de vértigo.
»La intriga que hay detrás de la desaparición del Rey está salpicada de matones, secuaces, amigos en los que confiar e inesperados traidores que nos llevan en volandas por la páginas de esta novela que nos anima a seguirle la pista a este escritor que va mostrando novela a novela ser un valor seguro de nuestras letras.
»La maravilla de esta novela es por un lado el personaje de Arregui, un personaje bien dibujado, triste, leal y experimentado policía. Sentimos sus miedos, sus alegrías, su necesidad de afecto y su profunda tristeza lo que nos recuerda a los grandes detectives del género negro. Un personaje que formará parte seguro de la nómina de los inolvidables del género y al que echaremos de menos cuando terminemos de leer la novela. Por otro lado está la valentía necesaria del autor para echar mano de lo surrealista para narrar su España. El tono y las escenas que parecen mentira forman parte de un dibujo preciso de lo que es España, en lo que se ha convertido España en estos últimos veinte años. Al hilo de lo dicho, un capítulo de la novela que merece especial atención es el que dedica a la Guerra Civil (busquen y lean). Es la mejor radiografía, la mejor estampa, la mejor expresión que he leído hasta hoy de lo que fue y en lo que se ha convertido aquel conflicto que tanto nos dolió y nos duele.
»Pero sigo siendo el rey coloca a su autor Carlos salen como uno de los escritores del momento y la obra es una de las novelas que no debemos perdernos este año. Desearán los que no conocen a Carlos Salem leer su obra anterior y la que viene (que viene pronto) esperarla con entusiasmo.»

Pedro Crenes Castro, La biblioteca imaginaria, Agosto de 2009
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Pero sigo siendo el rey, de Carlos Salem

«A pesar de que el protagonista de esta esperpéntica historia, José María Arregui, es un detective que puede disfrazarse fácilmente para salir de algún entuerto, al estilo de Mortadelo, o que tiene como compañero de aventuras al mismísimo rey de España, Juan Carlos I de Borbón, atravesando con él una España costrosa mientras se confunden con el populacho, lo cierto es que Pero sigue siendo el rey no es una novela paródica. O no exactamente.
»¿Un detective privado, gruñón y republicano, al que el ministro de Interior contrata para buscar a un rey que, como aquellos personajes de ¿Quién sabe dónde?, se ha escapado de casa? ¿La única pista dejada por el rey es una nota en la que se lee “Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad”? Con estos elementos, Eduardo Mendoza hubiera construido un artefacto de humor absurdo e irreverente.
»Carlos Salem (Buenos Aires, 1959), sin embargo, ha decidido recorrer otro camino más original. Porque su novela es surrealista a ratos (el rey, todo un personaje; la hormiga que habita el despacho del protagonista; etc.), pero también es enternecedora a otros. Así como implacable, crítica, sórdida, reflexiva y hasta bizarra, llena de frases y pensamientos que podrían cincelarse en mármol. Y todo ello llevado con un ritmo trepidante, un estilo muy personal, capítulos cortos que se consumen de forma adictiva, una puesta en escena muy cinematográfica y un retrato de España como sólo un español puede imprimir (aunque el autor, irónicamente, sea hispanoargentino).
»Y, por supuesto, estamos hablando de novela negra. Así que hay una intriga que atrapa desde la primera página hasta la última y que implica a las altas instancias políticas del país. Todo ello sazonado, además, por unos personajes secundarios inolvidables, como la mujer (virtual) que ayuda a José María sobrellevar su dolor sentimental, un adivino que sólo puede ver el pasado o una familia que vive en una guerra interminable.
»Pero sigo siendo el rey ha llegado al mercado editorial festoneada de críticas entusiastas y casi declaraciones de amor por parte de insignes personalidades de las letras. De modo que no voy a abundar en lo que ya todos han repetido una y otra vez. Os dejo a vosotros que lo comprobéis. Os garantizo que, al menos, sonreiréis en un capítulo, os entristeceréis en otros, y también es posible que os horroricéis en otros tantos. De lo que estoy convencido es que os sentiréis atrapados por las aventuras del bueno de José María, escéptico y peleón, desde la primera página. Qué diablos, desde la primera línea.»

Sergio Parra, Papel en blanco, 26 de julio
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Pero sigo siendo el rey

«Novela itinerante, apasionada y cabal, descarada y sensata, tradicional y disparatada…
»Uno de los entretenimientos con que distraer los tediosos trayectos en Metro es cotillear, con mayor o menor disimulo, las lecturas de nuestros compañeros de travesía suburbana. Comparamos nuestras lecturas y hacemos un análisis sociológico apresurado, de eso que los cursis vienen a llamar los “hábitos lectores”, que resulta ser bastante más veraz y cotidiano que el reflejado en listas de ventas, campañas publicitarias y otras fanfarrias al uso. Viene esto a cuento de que durante el transcurso de los viajes, a lo largo y ancho del subsuelo, que he dedicado a la lectura de Pero sigo siendo el rey, la extraordinaria última novela de Carlos Salem, he disfrutado -cual gocho- recaudando las miradas de extrañeza, perplejidad y asombro de los viajeros que, con mayor o menor disimulo o torpeza, se arrimaban a curiosear si era cierto que el monarca del título y la ilustración de portada se referían, nada más o nada menos, a ese Rey: el doblemente Borbón. Dada la imperante y mojigata censura que envuelve todo lo que concierne a la Real Familia, la segunda mirada de los pertinentes curiosos iba, claro, dedicada a mi humilde persona , intentando adivinar, supongo, en mis molientes facciones y en mi banal atuendo, algún rastro que delatase a un peligroso radical, un chismoso periodista del corazón o, tal vez, un turbulento monárquico... Valga como muestra este botón para constatar que la novela de Salem viene, ya por la cara, llamando la atención del común de los mortales. Mayor hubiera sido el pasmo de los cotillas subterráneos de leer la contraportada y percatarse de que el itinerante argumento consiste en la búsqueda (y hallazgo) de la más Alta Representación del Estado quien, a su vez, es un co-protagonista. Tengo para mí que proponiendo este brillante punto de partida, Salem, con sana inconsciencia de novato, se ha planteado (a sí mismo y al lector) un reto, proclamando un saludable “aquí estoy yo”, reescribiendo muy, pero que muy a su manera un híbrido entre El Príncipe y el Mendigo de Twain, On the road de Kerouac y el Lazarillo de Tormes. Y de ese reto ha salido tan vivo como coleando. Esta larga y complicada de escribir novela está acertadamente contada con tono chandleriano en primera persona, exacto y descriptivo, romántico y cínico, escéptico y descarado a la vez que concluyente y sabio. De esta manera, evita que en las zonas del texto más absurdas o sentimentales, el texto se despeñe incurriendo en el más obvio jajajiji o la más temible cursilería. Carlos Salem va y construye Pero sigo siendo el rey en tres alturas. Una primera parte, madrileña y callejera, en que el lector debuta conociendo a Arregui -un detective nacido, sin rubor, de la costilla del mismísimo Marlowe, sentimental exasperado, filósofo de barra, patético irresistible- y a sus asociados -secretaria afable, socio comprensivo, clientes entrañables- quienes, entre bares, callejones y tugurios, van, vienen y se entretienen. Hasta que en la segunda parte aparece Don Juan Carlos I, como el tarambana resabiado, atolondrado y adorable, que tantos sospechan que es. Con naturalidad narrada sin golpes de efecto ni teatralidad, acompaña al desventurado Arregui en un viaje por una España eterna, ajena, atemporal y onírica, a la caza de una infancia, mientras se cruzan con personajes cervantinos, de esos que, a la usanza del Ingenioso Hidalgo, ahorman la realidad a mayor gloria de su antojo, fantasía y capricho. En la última parte, definitiva, no solo se resuelven todos los cabos sembrados a lo largo del texto, si no que el lector asiste a una fabulosa farsa, digna de los Hermanos Marx: un disparate sensato y feliz. Empalidece la novela, por supuesto, esta reseña. Es mejor leerla. Me queda, por el camino, poner de relieve el acierto en el manejo de los materiales, la prosa exacta, el respeto y cuidado al lector, el equilibrio de su estructura... de una novela itinerante, apasionada y cabal, descarada y sensata, tradicional y disparatada y tan -a su irreverente y respetuosa manera– monárquica, como los peep toes de Leticia, el coñazo de Froilán o -¡y esto es mucho decir!- los impagables pantalones de Marichalar. A poca sensibilidad que tenga la Casa Real, el Gran Ducado de Bukowski está al caer. Al tiempo.»

Luis de Luis, Pr贸tesis, Julio de 2009
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Pero sigo siendo el rey

«Hacia mucho tiempo que no se publicaba una novela tan fresca y divertida como esta Pero sigo siendo el rey, escrita por el argentino Carlos Salem. En ella cabe todo lo que puede tener la literatura: che te hace viajar, imaginar, que inventa pero también dice la verdad, que crea personajes o pide prestados personajes verdaderos y los moldea, los modifica, los presenta bajo perspectivas inéditas. Utiliza la fantasía para contar la realidad. Habla de amor, pues claro. Pero el amor a los tiempos de internet, tímido y virtual, cyber y descarado.

»Alguien dirá que es una novela policiaca, uno de los mejores títulos de la literatura negra. Pero este libro es mucho mas. Carlos Salem es un estupendo narrador, dueño de un estilo sencillo, fresco, y domina con maestría el viejo, sempiterno oficio de contar historias. Y, claro, es una novela negra porque hay un detective (José Maria Arregui) que recibe un encargo muy especial: buscar el rey de España. Sí, Don Juan Carlos de Borbón, que se ha fugado sin que nadie pueda localizarlo, dejando un mensaje para descriptar: “Me voy a buscar al niño”. Se acerca la Navidad y la desaparición de Su Majestad desata el pánico en los palacios del poder. El 24 de diciembre tiene que llegar en todos los hogares el mensaje del monarca. A cualquier precio.

»Bueno, el final de la historia quizás sea lo menos importante. Pero ésta es una novela que nadie tendría que perderse. Los adictos a la novela negra, los que tienen sentido del humor, los que buscan historias entretenidas. Este argentino afincado en Madrid, señores, es un gran escritor.»

Pierpaolo Marchetti, Culturalia, Julio / agosto de 2009
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Pero sigo siendo el rey

«En su tercer libro, “Pero sigo siendo el rey” (Salto de Página), Carlos Salem ha vuelto a sorprender con una historia divertida y surrealista donde, sobre una trama típica de novela negra, desfilan todo tipo de personajes freaks. El primero, y uno de los protagonistas, es nuestro propio rey. Sí, Don Juan Carlos de Borbón (en la novela de Salem solo “Juanito”). Una aventura policíaca que se desarrolla en la España profunda, y que comienza con la desaparición del rey. A partir de aquí las barbaridades se suceden una tras otra, el detective encargado de recuperar al monarca correrá toda una serie de aventuras aderezadas con personajes tan dispares como un adivino retrovisor que solo ve el pasado o un músico que persigue una melodía escurridiza. Tiene momentos insuperables, como cuando el rey, disfrazado de hippie, se mezcla en una manifestación republicana. En fin, ideal para pasar muy buenos ratos este verano. Casualmente coincidí con el autor en la feria del libro de Madrid, y claro, la pregunta era obligada: ¿habrá leído el rey esta sarta de barbaridades? No lo sabemos, pero Carlos asegura que le ha enviado el libro. Si lo lee seguro que se echa unas risas.»

Sof铆a Dos Santos, Neo2, 29 de junio de 2009
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Territorio Salem

«Pocas cosas pueden ser más elogiosas para un autor que lo consideren creador de un mundo. Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) ha implantado, dentro del género negro en español, una voz propia, un imaginario tan extraño como distinguible, un “Territorio Salem”, tal como fue catalogado en la presentación de su última novela en Casa de América. Pero sigo siendo el rey es su nueva aventura editada por Salto de Página. Esta vez es el mismísimo Juan Carlos I de Borbón el que se convertirá en el centro de la historia, al desaparecer. José María Arregui, “detective melancólico y visceral”, irá en su búsqueda y cuando lo encuentre, desandará junto a su majestad una road movie de lo más extravagante. Los diálogos desternillantes que muestran la más fina de las herramientas formales del autor, los paisajes poblados de misterios y de apariciones surrealistas, la secuencia de capítulos a la manera de sketchs dispuestos como eslabones casi cuentísticos y el vértigo de la prosa de Salem, convierten a esta novela, en parte de una saga personalísima que no se detiene.»

Guillermo Roz, So帽amos Espa帽a, 6 de julio de 2009
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Pero sigo siendo el rey

«Dice no ser español ni argentino sino “argeñol”, hombre de ninguna parte y de todas a la vez. Dice haber nacido en la Semana Negra de Gijón, con Camino de ida, para más señas, y siguió esa dirección con el irreverente y tronchante lance de Matar y guardar la ropa, tras el que volcó su inclasificable ímpetu narrativo en relatos (Yo también puedo escribir una jodida historia de amor) que nada dicen de asuntos policiales pero se expresan con la misma distancia irónica frente a cualquier indicio de trascendencia. ¡Ah!, y para quienes tengan conocimiento de la materia tratada en cada historia dice también que en esta tercera novela se vio obligado a hacer retornar a algunos de sus personajes anteriores, el ex guerrillero Soldati, por ejemplo, o a Arregui, el detective “tristón” que surgió del mexicano Belascoarán, secundario en la anterior, donde destacó por una ejemplar misión: salvar la vida al rey. Esa acción marcó su vida de tal manera que reaparece en esta nueva ficción, cinco años después de aquello, con 44 años, retirado de la policía, siempre con el ánimo sobrecogido por la culpa frente a una relación que acabó de la peor manera, y perseguido por la leyenda de la “medalla” merecida en aquel acto heroico.
»De todo ello dejamos constancia, pero hay que añadir que este avasallador narrador, independiente, y nada convencional, imprevisible e imprescindible para quien guste de tramas inclasificables, y más para quien suele acudir al reclamo de la novela policíaca, se atreve con todo. El nuevo reto le lleva a servirse de la parodia como dispositivo que mueve la construcción, la intención y el sentido de la novela. Para ello hace regresar al ex policía Arregui y le encomienda una misión disparatada y absurda, términos que adjetivan y sustantivan un estilo merecedor de toda clase de confianza, pues si el exceso es la única relativa objeción de la que puede ser objeto, el humor, procaz y tierno, protege y vertebra una composición argumental tejida con un arriesgado cruce de perspectivas, entre vaivenes temporales que trenza pasado y presente de la vida de los personajes y de la cada vez menos reciente historia de España. Un estilo, en fin, que logra sazonar con sorna y respeto a raudales el peso de males mayores: las culpas que nos persiguen y nos “frenan”, la memoria que no nos deja vivir, o la ausencia de recuerdos que habrían hecho de nuestra vida otro discurso… La trama que ilustra todo esto suma al protagonismo de “Arregui” el del rey “Juan Carlos I”, y les erige a ambos en la pareja protagonista de una huida sin sentido, al ritmo de la ranchera que ilustra el título, unas semanas antes de navidad, por los pueblos de Portugal y España, disfrazado este último de manera estrafalaria para no ser reconocido, pues aun sin saber quién está detrás de esa encarnizada persecución, se resiste a regresar hasta que no logre encontrar lo que busca en un pasado que no está seguro de haber vivido.
»Sobran los motivos para confiar en nuevos encuentros con Arregui. Porque aquí, realmente -como escribe J.R.Biedma en el prólogo-, acierta. De pleno.»

Pilar Castro, El Cultural, 19-25 de junio de 2009
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Camino de ida para matar y guardar la ropa y seguir siendo el rey

«Rara es la novela de Carlos Salem que no obtiene premio alguno. Con Camino de ida publicado en Salto de página, obtuvo el prestigioso Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón, hace poco por Cracovia sin ti recibió el premio Seseña de novela romántica y apenas unos días atrás con Matar y Guardar la ropa se hizo con el Premio Novelpol en dura pugna con las obras de Willy Uribe y David Torres.
»Como ven este hombre toca todos los palos, aunque esta apreciación tenga matices diferenciales en su Argentina natal, lo mismo participa en un libro de relatos como que publica una novela de poemas. Además, amigo de sus amigos defiende a ultranza la novela negra y policial promocionándola siempre que puede desde su faceta periodística en distintos programas de radio. Pero este no es el tema, si su enorme corazón no fuera tal y estuviera empequeñecido por el orgullo y la pretensión, leeríamos también sus novelas por lo que suponen entre otras muchas cosas: una bocanada de aire fresco y novedoso dentro de la literatura negra actual.
»Carlos Salem recupera en Pero sigo siendo el rey a una serie de personajes que ya aparecían en sus dos anteriores novelas, por un lado Arregui ese ex de tantas cosas que llega a confundir su camino de ida o más bien de hu-ida y por otro, los inseparables Soldati y Octavio de reminiscencias cervantinas, tan necesarios como imprescindibles. Todos ellos se ven envueltos en una delirante aventura junto a un inolvidable músico (muy parecido a un paisano mío), la cabra Rosita, el mismo jefe Taibo y el rey, si si, el mismísimo rey de España. El pasado policial de Arregui tiene la culpa y cuando Juan Carlos I desaparece de la Zarzuela cerca de Nochebuena y el manido mensaje televisivo multicanal, el primer ministro vuelve a confiar en su amigo Arregui para encontrarlo, por varias razones, pero sobre todo por que fue él el que lo salvó de un secuestro terrorista aquel fatídico día.
»Del pasado no se puede huir, del presente si, por eso los personajes de Salem se embarcan en aventuras que les llevan lejos de sus casas y a la vez cerca de si mismos, quizás sea esta la razón por la que sus historias no se puedan concebir sin el telón de fondo típico de las road movies a la inversa, porque sus personajes siempre vuelven, evocaciones psicoanalíticas o venganza de Gardel, quién sabe.
»Y por si todo esto fuera poco, la narrativa hábil, irónica y concisa de este maestro curtido en mil batallas, hará que cuando cierres la ultima página de este Pero sigo siendo el rey  te sientas agradecido y deseoso de volver a leer otra novela de Carlos Salem.»

jos茅 Ram贸n G贸mez Cabezas, Blog Novelpol, 17 de junio de 2009
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Pero sigo siendo el rey

«Si ustedes son seguidores habituales de este Blog ya conocen mi debilidad por Carlos Salem, cuyas novelas “Camino de ida” y “Matar y guardar la ropa” (recientemente galardonada con el Premio NOVELPOL a la mejor novela policíaca del 2008) constituyeron dos de los grandes hitos literarios del pasado año. Por eso, si están ustedes tristones, deprimidos, asténicos o hasta los cataplines de la crisis, vayan a su librería de cabecera y háganse con lo nuevo de Carlos Salem: “Pero sigo siendo el rey”.
»Ya sabrán que tuve ocasión de disfrutar de un borrador de esta novela que ahora comentamos, “Pero sigo siendo el Rey”, que leí y comenté a la vuelta de aquel revelador viaje por Damasco y el Líbano, la pasada Navidad, en el Post que titulamos, precisamente, “Sigues siendo el rey”. ¡Cuánto bien me hizo aquel puñado de folios, en las largas noches damasquenas!
Han pasado unos meses y la editorial Salto de Página acaba de publicar, esta primavera, la versión repasada, pulida y depurada de la novela de Salem, lo que nos ha dado la oportunidad de volver a disfrutar de una historia delirante, descacharrante, refrescante y desbordante de imaginación y radicalmente actual.
»Si hay una cosa que estos meses de crisis galopante está dejando muy clara es que, para entender la realidad de las cosas y para hacer crítica social, nada mejor que el humor. Siempre y cuando, sea inteligente, por supuesto.
»Carlos Salem es uno de esos escritores urbanitas que viven en la calle, van a los bares y hablan con la gente, manteniendo el contacto con la realidad, por lo que podemos estar seguros de que todo lo que cuenta en su fantástica novela está (o podría estar) basado en hechos reales.
»Por ejemplo, la fuga del Rey.
»Porque la novela arranca con un encargo muy especial que le hacen al detective José María Arregui, su inefable protagonista: buscar a Don Juan Carlos de Borbón, que se ha fugado, dando esquinazo a sus guardaespaldas, sin que nadie sepa dónde se encuentra y que sólo ha dejado tras de sí un enigmático mensaje: “Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad".
»Y es que, efectivamente, la Navidad se acerca. La desaparición de Su Majestad se mantiene en secreto, pero una amenaza terrible se cierne sobre el país: ¿qué pasaría si llega el 24-D y, a las 9 p.m., no apareciese la regia imagen en todas las pantallas de televisión, pronunciando las célebres palabras “Constituye para la Reina y para mí motivo de orgullo y satisfacción…”?
»Pero Arregui es un tipo listo y sabe dónde buscar. Lo malo es que convencer al monarca de volver a la Zarzuela no será tan fácil. Además, alguien intenta acabar con él, lo que obligará a Arregui y a Juan Carlos a realizar un sorprendente periplo por la España profunda. Una España tan surrealista como la que nos contara José Luis Cuerda en la memorable “Amanece que no es poco”.
»Si decimos que los personajes se convierten en un trasunto de Don Quijote y Sancho, nos podríamos poner muy serios y academicistas, pero la verdad es que Arregui y Don Juan Carlos recorren los caminos de España desfaciendo entuertos y chocando con las situaciones más aparentemente inverosímiles que, sin embargo, sabemos que son reales y ciertas, pues las hemos leído en la prensa de estos últimos meses. En serio, ver a Don Juan Carlos convertido en un decidido hombre de acción, es todo un lujo.
»Además, en “Pero sigo siendo el rey” aparecen algunos de los más queridos y entrañables personajes de las anteriores novelas de su autor, como Soldati y Octavio. Un compendio del mejor talento de Carlos Salem, quintaesencia de su mejor y más depurado estilo, repleto de personajes proteicos e inolvidables.
»Estamos ante una de esas novelas que son una gozada, de las que fastidia que se vaya acabando y cuyas últimas páginas vas leyendo con cuentagotas, en un postrer intento de prolongar y alargar el placer lo máximo posible.
»Permítanme que termine con una de las frases que ya hemos utilizado, hablando de este libro: Si España fuera un país serio e inteligente, “Pero sigo siendo el Rey” se encaramaría a lo más alto de la lista de los best seller de este país.»

Jes煤s Lens Espinosa de los Monteros, Pateando el mundo, 4 de junio de 2009
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Pero sigo siendo el rey

«Nos encontramos ante una novela sumamente original y transgresora, donde el autor da rienda suelta a su peculiar manera de entender el género negro. Partiendo de la idea de una trama policíaca, Carlos Salem nos lleva de la mano por una España atemporal, recreándose en las aventuras hilarantes de una pareja de protagonistas cuando menos chocantes en una novela de estas características.
»La historia arranca a todo ritmo. El rey Juan Carlos I ha desaparecido y nadie sabe su paradero. Sólo ha dejado una nota enigmática que reza así: “Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad”. Naturalmente esto sume en el caos al Ministerio del Interior, que busca soluciones desesperadas. Y la última es llamar al ex-policía y actual detective privado José María Arregui, confiando en que salve al monarca como ya hizo una vez años atrás.
»La extravagante pareja vivirá una serie de aventuras rocambolescas en su periplo de vuelta a casa, intentando huir de los sicarios contratados por poderosos empresarios de altos vuelos nerviosos ante un rumor infundado. Esto les llevará a cruzarse con personajes cuando menos variopintos: un adivino retrovisor que sólo puede ver el pasado de sus semejantes pero no el suyo propio, olvidado en una amnesia permanente; un músico en busca de la sinfonía perdida o una familia que todavía se cree que luchan en bandos enfrentados de la Guerra Civil.
»En una historia que podría haber resultado esperpéntica, el autor consigue hacer verosímil la historia gracias a su habilidad en la narración. El personaje del rey nos resulta entrañable, enternecedor, y no es difícil imaginárselo en las diferentes coyunturas que jalonan esta trama, aunque pueda parecer increíble.  Partiendo de la idea de una novela policíaca nos adentramos sin dudarlo en una “road-movie” con todas sus consecuencias. Y nos damos cuenta que quizás no es Arregui quien tiene que salvar al rey, sino justo al contrario.
»Según el mismo escritor, su escritura enraíza en el realismo, a pesar de determinadas situaciones estrambóticas o personajes delirantes, cargados de un fino humor que nos hará sonreír a cada página. Todo ello sin caer para nada en el escándalo, ni buscarlo de ningún modo. Sólo quería utilizar un personaje público e introducirlo en una historia de ficción. Pero no habla del personaje o la institución, sino de la persona. Alguien que perdió su infancia y que a los diez años ya veía como su familia le preparaba su futuro al servicio de su país, quizás sin saber que era todavía un niño. Por eso tiene que salir a buscarlo, evocando aquellos felices días. Un septuagenario que añora su niñez y sale a buscarla, contado todo con una gran ternura.
»Para ello Carlos Salem da el protagonismo a Arregui, personaje que ya salió en una novela anterior suya. En un interesante juego de caracteres utiliza también como secundarios a Soldati y Octavio, actores importantes en otros argumentos del escritor. Sin olvidarnos del personaje más tierno que acompaña a los protagonistas: la oveja Rosita, entrañable animal que les salvará en más de una ocasión de una emboscada segura.
»El detective vive en un permanente estado de zozobra, ya que no se ha perdonado a sí mismo la muerte de un ser querido, aunque realmente él no tuviera la culpa. Huye casi más de sí mismo que de los matones que quieren acabar con sus vidas, ya que sigue anclado en un pasado que nunca volverá y en el presente le pueden sus miedos, sus temores. No sólo un miedo increíblemente físico y casi mortal a la hora de enfrentarse a un sicario, también un constante recelo ante los que le rodean y que le llevara a plantearse si quiere seguir viviendo de ese modo, temiendo traiciones a diestro y siniestro, incluso de sus amigos.
»La primera parte de la novela está contada en primera persona, narrada por el mismo Arregui y esto nos lleva a sumergirnos en su atribulada mente, a comprender mejor su fatigado ánimo y ese alma atormentada que no puede escapar de su destino. Pero a mitad de la obra el autor da una vuelta increíble de tornillo, pasando a narrar en tercera persona. Y casi nos olvidamos de todo lo anterior hasta que realmente llega el meollo de la historia, cuando el protagonista tiene que enfrentarse por fin a todos sus miedos. Es ahí cuando regresa de nuevo la primera persona, para unir todos los cabos y deleitarnos con un final magistral.
»Una novela muy entretenida, divertida y que incluso puede hacernos soltar la carcajada en determinados momentos. Pero una novela muy bien escrita, con una base muy sólida y una estructura ejemplar; una historia con un trasfondo que nos hace reflexionar profundamente, que es lo que realmente nos dejará el mejor recuerdo. Y una vez metidos en harina nos olvidaremos de la singularidad especial de uno de los personajes para disfrutar en plenitud de las aventuras allí contadas.
»En definitiva una obra que merece la pena, y que seguramente dará mucho que hablar. El mismo autor desveló que le gustaría regalar un ejemplar al rey y creo firmemente que si esto sucede le encantará leer esta historia al coprotagonista. Aunque eso sí, ya nunca podremos volver a ver ningún discurso de Navidad del monarca sin acordarnos, con la sonrisa de oreja a oreja, de la antológica escena del libro donde graban ese conocido momento.»

Armando Rodera, Llegir en cas d'incendi, 28 de mayo de 2009
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Carlos Salem y su novela regia

«El argumento de 'Pero sigo siendo el rey', la nueva novela de Carlos Salem, parece dibujado por los vapores de un exceso de psicotrópicos regados con bourbon del bueno, y con Revolution 9 como banda sonora. Cabría pensar que no de otra forma se le pudo ocurrir tal disparate: el rey y un detective privado acompañados de una oveja emprenden una frenética huida perseguidos por un empresario millonario y hortera que quiere acabar con ellos, y que les llevará desde Estoril a Madrid pasando por una ignota comarca donde el tiempo se ha frenado y todos los pueblos parecen iguales, ayudados por un adivino del pasado, un compositor que busca una sinfonía desde las ventanillas de un Rolls, un ex montonero que regenta un restaurante temático en los locales de un antiguo banco, y un ministro del Interior de pasado revolucionario, agobiado pues se acerca la Nochebuena y el monarca aún no ha grabado el tradicional mensaje navideño. ¿Alguien da más?
»Un delicioso delirio que funciona a la perfección gracias al genio de este autor autonaturalizado argeñol que ya recibió el reconocimiento del mundo literario con el premio Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón, y que aquí regala literatura de primer orden. Esta es una de esas novelas con las que el lector disfruta de la primera a la última página, cargada de humor, ironía, cinismo, pero también amargura, emoción e intriga a raudales. Todo ello narrado con un estilo depurado, ritmo vivísimo y un dominio del lenguaje extraordinario. Y Salem no se contenta con administrar todas esas virtudes que por sí solas elevan la calidad de esta novela, sino que introduce una interesante reflexión sobre la pérdida, la culpa y la redención, a través de unos personajes fronterizos y atormentados, pero entrañables, que se buscan a sí mismos huyendo de una realidad impuesta por los afectos y las responsabilidades. El rey, como personaje excepcional, cede el protagonismo una vez superada la sorpresa al auténtico protagonista de esta historia, el duro y a la vez sentimental José María Arregui, un ex policía cínico y descreído que vive atormentado por la muerte de su pareja, de la que se siente responsable, y que busca redención en las barras de los bares y esperanza en una relación virtual que ha iniciado con una misteriosa mujer con la que practica cibersexo. Salem completa el retablo con un elenco que incluye personas reales como Paco Ignacio Taibo, y emboscados en la ficción y aunque fácilmente identificables: así, en el adivino retrovisor Sosiris el Ruthilante se ven los rasgos del inefable Rappel; Luis Cabo, el compositor atribulado que busca su sinfonía perfecta, es el sosias de Luis Cobos; en el malvado Zuruaga se dibujan los trazos del Pocero; e incluso la oveja Rosita bien podría ser la Lucera de Javier Krahe, a quien se le menciona en un pasaje de la novela. El resto queda para la imaginación del lector, como si de un juego de personalidades se tratara, resuelto con originalidad y, sobre todo, elegancia y sensibilidad, por uno de los escritores más estimulantes del panorama literario actual.
»Salem es un escritor original, libre y provocador que apunta directamente al tabú para desmontar prejuicios y demostrar que, si se hace con gracia, no hay límite para la imaginación. Ya en su anterior novela, ‘Matar y guardar la ropa’ (también publicada por Salto de Página), bombardeaba el falso pudor de la sociedad biempensante situando la acción en un camping nudista, pero como huye de esa pedagogía que caracteriza al escritor pretencioso, la historia fluye con la naturalidad propia de lo cotidiano, sin más trascendencia. Algo parecido sucede en esta novela con el rey, a quien humaniza más que todas esas artificiosas consideraciones sobre su campechanía. Una opción arriesgada que el escritor resuelve con estilo y grandeza.
»Y con ello logra una magnífica novela, expresiva, divertida y profunda, que agradará por igual a monárquicos y republicanos, siempre que tengan la sensibilidad y la inteligencia necesarias para entender la ironía. Una novela que recuerda a la desinhibida imaginación de Flann O’Brien en su maravillosa obra ‘El tercer policía’ e incluso al Alfanhuí de Sánchez Ferlosio. ‘Pero sigo siendo el rey’ es uno de esos descubrimientos que no deben pasar desapercibidos, una novela recomendable para entender la infinitud de la literatura.»

Antonio Ubero, M煤sica y letras (e ideas), 19 de mayo de 2009
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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