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reseñas y críticas Plop
Plop

«¿Qué ocurrirá en el futuro? En todos las épocas, en todas las culturas, esta pregunta ha planeado sobre las mentes de los seres humanos. Por eso el triunfo de videntes, adivinos, oráculos, profetas… Plop es la respuesta que Rafael Pinedo ofreció a esta eterna pregunta.
»Estamos en un entorno que nada tiene que ver con el conocemos, en una sociedad estructurada según unas reglas diferentes, primitivas, una especie de vuelta a la oscuridad. Ese es el mundo de Plop y esta es su historia. Porque él es el principio y el fin, pues no sabemos cómo se ha llegado a esa situación ni cómo será después. Lo importante es Plop, desde su nacimiento, desde el momento en el que recibió su nombre porque “es el ruido que hizo al caer al barro, cuando nació” (p.26), hasta que se convierte en el caudillo de su grupo, pasando por encima de todos y de todo; la historia de Plop es un ciclo que empieza y acaba en el barro.
»Y es que Plop es una indagación en la esencia del ser humano según Pinedo, porque para el autor hay actitudes que se repiten sin importar la época, el lugar o las circunstancias: el afán de poder, el afán de dominar a los otros, el miedo ante el caudillo, la venganza, la lucha por la supervivencia, el sexo, la promesa de un mundo mejor…
»Sin embargo, el poder de esta novela no radica sólo en la fuerza de la historia (que ya sería motivo suficiente para acercarse a ella), sino también en la forma de contarla. Frases cortas y contundentes, expresiones descarnadas, sin adornos, con una adjetivación precisa, descripciones de los ambientes pero apenas de los personajes (no llegamos a saber cómo es Plop).

“El jefe indicó descanso. Empezó a cortar carne de una pierna.
La mujer de Servicios se negó a comer. Plop tragó con arcadas. Rarita lo tomó con naturalidad. Plop le preguntó si era la primera vez. Lo miró sin contestar.
Siguieron. Dos días más. Sin comer.
Mataron a dos personas, un hombre y una mujer. Tenían carne seca, que les duró otros tres días.
El paisaje de yuyos y montañas de basura no cambiaba. Pero nada para cazar. Ni perros, ni gatos, ni ratas. Ni gente.
La mujer de Servicios estaba demasiado débil para caminar. La abandonaron” (p.89).

»Y lo más importante, el vocabulario que Pinedo inventa, los términos que carga de nuevos significados: reciclar, usarse, el tabú, la opa.
Hemos visto muchos “futuros”, desde la propuesta de Robert Zemeckis y su saga «Regreso al futuro» hasta el dominado por las máquinas de Cameron y sus «Terminator», sin olvidarnos de Kubrick o Terry Gilliam. Quien pasee por las páginas de Plop conocerá una alternativa cruda, sucia y salvaje que, estoy seguro, tardará mucho en olvidar, si es que puede llegar a conseguirlo.»

Raúl Rubio Millares, La biblioteca imaginaria, 20 de julio de 2009
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Plop, de Rafael Pinedo

«Sirva esta reseña como presentación en las páginas de nuestra revista de una nueva editorial que está dando que hablar desde el mismo momento de su fundación, hace menos de un año: Salto de Página, que publica, en su “Colección púrpura”, autores contemporáneos españoles e hispanoamericanos. Su valerosa apuesta por los nuevos talentos en el amarrón y acomodaticio mundo editorial (Carlos Salem, con su Camino de ida, es quizás el más representativo de sus descubrimientos) se combina con la publicación de autores más o menos consagrados (como máximo ejemplo, el aclamadísimo escritor peruano Fernando Ampuero, autor de Puta Linda, primer volumen de la colección).
En este segundo bando se alinea Plop. Del autor, porteño y recientemente fallecido, nos cuenta la solapa –íntima amiga de los críticos– que a los dieciocho años quemó todo lo que había escrito hasta entonces y que no retomó el oficio hasta los cuarenta, cosechando grandes éxitos. Para muestra un botón: en 2004 quedó finalista del Premio Planeta en su versión argentina y con la novela protagonista de esta reseña obtuvo, va ya para los seis años, el Primer Premio de Novela Casa de las Américas.
»Plop nos habla del ascenso y caída del protagonista que da nombre a la novela, desde sus oscuros orígenes –huérfano poco después de nacer, abandonado a su suerte y salvado in extremis por una extraña vieja– hasta su muerte. El autor aprovecha la esquelética narración, reducida con sorprendente habilidad literaria a lo esencial y construida a base de minúsculos y expresivos capítulos, para abordar temas de alcance universal: la muerte, el poder, la ambición y la envidia y –en último término– el amor y la confianza, anhelo profundo de cada ser humano, y posibles aun en el siniestro, cruel y despiadado mundo que Pinedo nos describe en su novela. La acción, nerviosa y explosiva, explícita, casi pornográfica, se sitúa en un contexto postapocalíptico en el que el ser humano ha perdido todo lo que tenía excepto el instinto más salvaje de supervivencia. El autor describe el desolado entorno en breves pinceladas que sugieren con gran habilidad el opresivo ambiente en el que se mueven los protagonistas, sin caer en la morosa y repetitiva enumeración de detalles que doten de realismo a la invención, frecuentísimo lastre del género. Frente a la cansina exuberancia de otras creaciones similares, el autor de Plop evoca la angustia de un mundo en ruinas con una facilidad casi poética: “Nunca existió otra cosa que barro. Sólo figuras cubiertas de barro, como él.” De sobra sabe Pinedo que lo importante no son las diferencias entre el mundo del lector, acomodado y pacífico, y el de la obra, sino sus similitudes: las pasiones que mueven a los hombres son las mismas, maquilladas aquí por el calor de nuestro bienestar, mostradas allá sin adornos ni eufemismos por un autor que no teme hablar del dolor en todas sus facetas. Y lo mejor es que, a pesar de la crudeza de lo expuesto, de lo trascendental de las pasiones mostradas, de la precisión y la dureza sin concesiones de la prosa de Pinedo –que ha arrancado a su libro todo la carne que no era necesaria y nos presenta su historia
aún sangrante–, o precisamente por todo ello, Plop, atrapa, fascina, hipnotiza y sus apenas ciento cincuenta páginas se leen de una sentada.
»En un panorama literario tendente a la concesión y a la blandura, a la ficción histórica edulcorada que convierte a los grandes personajes de nuestro pasado en teleñecos, se agradece un libro como Plop, rebelde a las clasificaciones, honesto, poderoso, desnudo. Literatura para la gente que lee por gusto, y no para olvidarse de que el metro va lleno.»

Miguel Salas Díaz, Ogigia, revista electrónica de estudios hispánicos, Enero de 2008
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Plop en Literatura en breve

Pincha en este enlace para escuchar el programa en mp3.

Juan Jacinto Muñoz Rengel, RNE, 22 de febrero de 2008
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Una civilización surgida del barro

«Plop es un flash; aunque no es un libro que le recomendaría a mi abuelita: una narración descarnada, con un argumento brutal y personajes para los cuales la vida no tiene ningún valor. Rafael Pinedo (Buenos Aires, 1954) expone en esta novela, ganadora del Premio Casa de las Américas en el año 2002, un mundo post apocalíptico, con leyes de lo más insólitas, y escrito casi sin palabras. Por lo pronto, según el autor “hay una búsqueda de no poner adjetivos porque un adjetivo es un juicio.”

»La historia transcurre en un futuro primitivo, posible pero improbable. Los vínculos afectivos han desaparecido y lo único que condiciona las relaciones es lo que el individuo puede aportar a El Grupo. Por momentos provoca miedo dar vuelta la página, incluso leer el renglón siguiente: a cada paso, uno va enfrentando sus fantasmas más ocultos con los del autor. Pero no es el terror lo que mueve la narración, sino el asco y la degradación sin límites. Los códigos y tabúes de los “sobrevivientes”, de algo que el lector debe imaginar por sí solo, resultan ajenos y caprichosos —como todo ritual revelado— aunque con una sólida lógica interna.

»Plop, el protagonista, debe su nombre al ruido que hizo al nacer sobre el barro mientras su madre caminaba en el éxodo continuo que marca la vida de estos humanos. Y ese nombre será representativo de toda su existencia: nacimiento, supervivencia y muerte en un universo sombrío, oxidado. Que lejos de poder reconstruirse se aniquila más y más.

»El libro comienza en las etapas finales de la vida de Plop: desde lo profundo de un pozo va recibiendo paladas de tierra que buscan sepultarlo. Una muerte casi tan cruel como la lucha por durar en un lugar hostil y sin sentido. Otros de El Grupo miran cómo lo van cubriendo, a la vez que Plop recuerda, en bloques inconexos, episodios de su propia historia. A partir de ahí la narración se desarrolla en escenas ordenadas, en apariencia, sin ninguna relación particular; tal vez una leve, muy leve, línea temporal que en algunas composiciones ni siquiera se percibe. Sólo el ascenso jerárquico de Plop marca el paso del tiempo.

»Cada capítulo aborda la crónica de un tema puntual, sin un enlace entre uno y otro.

»Una novela pensada como piezas de un puzzle que se van encastrando sobre la marcha. Pero lejos está del desorden: sorprende la sincronizada coherencia entre el nivel tan elemental de lenguaje y el argumento. El autor parece entablar una pelea constante contra las palabras, alcanzando un límite de simplificación estilística. Logra contar una historia en tiempo presente y con muy pocas herramientas: frases ásperas, cortas, básicas. Un detalle interesante es el uso de términos que espontáneamente en el contexto encuentran un significado distinto al habitual, y que el lector asimila con naturalidad, sin ningún cuestionamiento.»

María Taltavull, Revista Teína, junio de 2005
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Las cosas por su nombre

«Plop —el protagonista de la novela— se llama así porque ése fue el ruido que hizo al nacer: cayó sobre el barro. Un caldo de barro le llega hasta las rodillas en el pozo que habita, nos informa ya la cuarta línea de la primera página. ¿Cómo definirlo? Es un muchacho (no llega a ser más que eso) que se abre camino como puede en un paisaje difícil.

»Plop —la novela— es una especie extraña de distopía, la descripción de soslayo de un mundo apocalíptico; un apocalipsis argentino, sin una bomba que haya arrasado la faz de la tierra, ni una era del hielo que la haya cubierto de hielo, ni un casquete polar derretido, ni un tsunami la haya tapado de agua. Es, simplemente, tierra de nadie. Sólo puede beberse el agua de la lluvia; la comida hay que robársela a la tierra; ya el epígrafe de la novela nos advierte: “Bebida es agua, comida es pasto, ¿tenés sed de qué, hambre de qué?”. En ese mundo, donde no se conoce la escritura, donde los tabúes deben respetarse con rigidez de hierro, sin embargo, los medios para sobrevivir son los mismos que en el nuestro. Se trata de la “ley del más apto” —que no es la “del más fuerte”, sino la de quien esté más capacitado para aprovechar sus oportunidades, para saber estar en el lugar justo en el momento adecuado: y actuar en consecuencia. El rédito que se extraiga de esas circunstancias define el ascenso a la cúspide del poder, y también la caída al fondo del pozo, desde donde no se ve más que un pedazo de cielo, “a veces gris, a veces negro”. Que la parábola descarnada y trágica de Plop nos recuerde alguna historia conocida, no será pura coincidencia.

»El relato reclama ser leído de un tirón. El estilo es austero y artero; los capítulos, breves: no sobra nada, pero tampoco falta. Rafael Pinedo (sus personajes) huye(n) de los lugares comunes y de los eufemismos. El autor construye una novela que es dura por el tratamiento que hace de la realidad: de alguna manera, enseña lo difícil que es llamar a las cosas por su nombre, y soportarlo.»

Cristian Vázquez, Lea, mayo de 2005
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Bajo fondo

«En una zona que bien podría denominarse como “picaresca futurista”, Pinedo construye una novela anclada en un tiempo que se conjuga como inquietante presente.

»Uno debería hacer lo posible por que Plop le gustara. Las novelas “interesantes” descubren formas inexistentes y desatan fuerzas adormecidas de la percepción. De modo que así como la gravedad de la pata de una silla era invisible hasta que Cézanne la pintó, Pinedo “hace visible” lo que podría llamarse “la picaresca futurista argentina”, una mezcla de las fortunas y adversidades anónimas del Lazarillo de Tormes pasadas por el tamiz apocalíptico de La Tierra permanece, de George Stewart, de los Los pichiciegos y Runa, de Fogwill, y del Retrato de los Meidosems, de Henri Michaux.

»El mundo está acabado, y se nota. Plop narra la terrible ascensión hacia la nada de su protagonista (Plop, justamente) en un mundo que no se termina de comprender si está dando los últimos estertores o está haciendo los primeros intentos por recomponerse. Una cosa es segura: algo terrible pasó. Pero la omnisciencia del narrador no comete el consabido error de escribir desde el futuro para los lectores del pasado: les habla a los lectores del futuro, o, a lo sumo, del presente –y a esos lectores no hay que instruirlos en nada, porque si están vivos y leen es porque han sobrevivido a lo que el autor, por eso mismo, no necesita mencionar. No es un juego de cajas chinas sino un simple acuerdo realista: hay que leer encarnando a ese lector futuro, haciendo dogma algunas (pocas) suposiciones y consumiendo la breve historia de una vida de otra época como si fuera de la nuestra –porque en cierto sentido es de la nuestra.

»En esa época se vive en asentamientos y sólo se puede beber el agua que cae del cielo. Plop sabe lo que es, literalmente, haber nacido en el barro. Y desde allí se propone llegar a la cima, a toda costa. ¿Cuál es la cima? El poder –¿cuál otra podía ser?

»Plop narra entonces ese ascenso. Pero también de paso, Pinedo aprovecha para pintar la gravedad de la pata de una silla diseñando un mundo nuevo, es decir: estableciendo nuevos tabúes, nuevos delitos, nuevas torturas, nuevos castigos. ¿O alguien se imagina el mundo del futuro lleno de elfos, hadas y duendes bailando por campos en flor en donde a nadie se le ocurre dejar caer el envoltorio de un caramelo? Sin hacer demasiado esfuerzo predictivo es difícil no compartir con Pinedo su “visión” de lo que nos espera: un mundo atroz no muy diferente del nuestro, pero un poco distinto.»

Daniel Piro, Los Inrockuptibles, abril de 2005
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Lecturas: Plop, de Rafael Pinedo

«A pesar del hambre, la brutalidad y las luchas, el mundo que se vislumbra en esta novela tiene sus ritos, sus leyes, sus costumbres. La gente vive en Asentamientos, en grupos liderados por un Comisario General. De ahí para abajo hay una jerarquía cuyo último peldaño lo ocupan los esclavos de Voluntarios Dos, que mueren o son sacrificados como insectos. La vida no parece tener valor, y, sin embargo, lo único que importa es sobrevivir. Las esperanzas de encontrar algo distinto entre tanto paisaje gris y húmedo, un refugio donde sentirse mejor protegidos, son mínimas. Pero los hay que sueñan con un mundo diferente, no un mundo que pueda construirse desde la devastación, sino uno que ya existe y que los espera lejos, muy lejos. El riesgo de viajar hasta allá vale la pena, eso es lo que afirma el Mesías. Al principio lo escuchan unos pocos, bajo la lluvia terca, permanente; días después ya son una veintena. Pero alguien se encargará de que el sueño quede mutilado, como si no estuviese permitido soñar.

»Plop, aparte de ser el título de la novela, es el nombre del personaje principal. Un ser que vemos nacer y crecer entre el asombro y el miedo. Uno siente cierta simpatía por el niño, y es imposible no sentirla, por la necesidad que uno tiene de aferrarse a algo o a alguien. No hay nada en el horizonte, salvo barro y lluvia. Algunos elementos nos revelan que alguna vez el mundo fue distinto, que hubo otras leyes, otra gente de la que ya no queda nada, ni siquiera el recuerdo.

»En ésta, su primera novela, Pinedo (Buenos Aires, 1954) escribe con frases cortas y duras, como las que utilizan la mayoría de los personajes para comunicarse. Eso le da contundencia a la historia, hace que las ideas y expresiones nos lleguen como dardos.

»Plop, nuestro personaje, no se resigna como sus amigos, y gradualmente lo vemos convertirse en un ser ambicioso... pero del poder a la crueldad hay sólo un paso. Esta reflexión me trae a la memoria la novela de W. Golding, El señor de las moscas, donde los chicos, dada una situación límite, se van embruteciendo hasta que ya no los reconocemos.

»No puedo evitar la sospecha de que la crisis que vivimos los argentinos, hace pocos años, tuvo su influencia en la concepción de esta obra. Y está bien que así sea; la realidad a veces nos supera y los escritores sentimos la necesidad de hacer algo con ella, por catarsis, por razones estéticas o por lo que fuere.

»Uno, quizá de modo inconsciente, asocia algunas situaciones de la novela con el oscuro mundo de los cartoneros, con los carros cargados y hediondos, con los saqueos, las matanzas. Claro que no hay ninguna referencia concreta que nos remita a esa época. La novela es intemporal. Pero por eso mismo, porque deambulamos a tientas por la devastada llanura, necesitamos salir de la abstracción, anclándonos en el pasado o, por qué no, en el futuro.

»En este tipo de novelas, donde el mundo es completamente distinto del que conocemos, el autor debe ir explicando los juegos y las reglas, algunas de las cuales nos parecerán absurdas. Es la única manera de empezar a comprender la vida de los seres involucrados. De más está decir que nunca la comprenderemos del todo; primero, creo, deberíamos ser capaces de comprender nuestro propio mundo.

»Plop obtuvo el Premio Casa de las Américas de Novela en el año 2002.»

Daniel de Leo, Axolotl, abril de 2005
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Plan de evasión

«Rafael Pinedo ganó el Premio Casa de las Américas en 2002 con esta novela, llamada Plop porque ése es el ruido que hizo el protagonista cuando nació y cayó al barro; un ruido que terminó siendo su nombre. Plop es una novela postapocalíptica pero, por signos y referencias, ese mundo hecho de restos se ubica en el Tercer Mundo. La escritura de Pinedo –escritor argentino que trabaja en el campo de la informática– es tan concreta como la onomatopeya del título. Y brutal: en este mundo, se “recicla” a la gente cuando muere (es decir, se la despedaza, a veces para ser comida) o se la “usa” (el verbo que Pinedo elige para nombrar las relaciones sexuales). De la civilización sólo queda basura, agua estancada que con sólo tocarla genera la muerte –pueden beber sólo la lluvia–, el mito de un árbol; los grupos de personas, nómadas, tienen estructura tribal y burocrática, con voluntarios, secretarios de servicios, comisario general. Pero hay muchos, todos diferentes, con diferentes tabúes y reglas. El destrozo impide cualquier unificación más allá de la que permite la supervivencia.

»Plop va al límite y trabaja con el asco y la brutalidad en un estilo tan seco como la deshumanización de los personajes: “Antes de que comenzara la iniciación, Plop se paró. Todos lo miraron. Señaló a una niña, la más gordita. Uno de los suyos le llevó un pote de grasa; otro acercó a la chica. Plop la tiró boca abajo sobre el trono, le puso grasa entre las piernas y la usó por atrás. Aunque la nena gritaba, como tenía la cara contra el trono no se le podía ver la lengua y nadie se preocupó”. Es una novela breve y económica, algo desprolija, pero esto es coherente con su sadismo. También es una historia sobre la lucha del poder en el reino del egoísmo; en este sentido el ascenso y caída de Plop podría ser el itinerario de cualquier otro personaje, de esclavo a tirano, de marginado a explotador.

»El subgénero en que se inscribe Plop, novela postapocalíptica, es tradicional y muy habitual; lo que la convierte en un texto sumamente original es el tratamiento: los personajes hablan en “argentino”, hay una perspectiva regional en la mirada sobre los residuos –que son restos de la tecnología del Primer Mundo– y también hay una tecnología propia hecha de conocimientos locales. Y también una vocación por narrar con un minimalismo extremo escenas escatológicas y acciones sin reflexión. Pinedo jamás emite un juicio, sencillamente expone en un libro terriblemente carnal, sucio, difícil para paladares débiles.»

Mariana Enríquez, Radar Libros, diciembre de 2004
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Acerca de Plop de Rafael Pinedo

«En la novela Plop, el argentino Rafael Pinedo nos vuelve exploradores de una verdadera ecología de la indigencia. Aunque las taxonomías humanas proliferen –sobre todo– en el despojo, los personajes de la obra tienden a igualarse a partir de una acción absoluta, unión de medios y fines, en torno a la cual se prodiga el engaño de una existencia desnuda. "Acá se sobrevive", repiten por costumbre dos desconocidos, aventurados en forzosas migraciones, al saludarse en la entrada de un remoto puesto de trueque. Y la fórmula en cuestión condensa el único destino allí posible.

»¿Dónde?

»Le dicen, simplemente, la "llanura". Algunos viajeros han asegurado que contiene elevaciones rocosas, pero ya nadie está dispuesto a creerlo. En todo caso, la lluvia perpetua impide divisarlas. Y si alguna vez fuera posible hacerlo, y llegar hasta ellas, nada cambiaría. ¿Qué razón hay para pensar lo contrario? Desde la primera memoria, los grupos se han desplazado por ese territorio con invariable suerte. Siempre bajo la urgencia absoluta del hambre. Barro. Escombros. Hierros. Un árbol que crece como un mito. Arañas venenosas. Cucarachas venenosas. Y siempre, el hambre.

»Ahí, claro, sólo se sobrevive.

»Merecedora del Premio de Novela Casa de las Américas 2002, Plop constituye una fascinante reelaboración del universo de las fábulas distópicas y post-apocalípticas. Dado ese proyecto, uno de los logros mayores de Pinedo es acaso la sutil desvinculación entre las acciones y los sujetos. Ni reflexión ni lamento: los protagonistas acatan las prácticas de supervivencia –el reciclado humano, entre otras– bajo la impasibilidad que otorga una urgencia constante. Una urgencia que, desdibujando voluntades, nunca cesa. Y es precisamente a partir de esa prolongación que las acciones terminan por no ser protagonizadas. Simplemente, acontecen. O al menos eso señala la ilusión. Porque paradójicamente, al tiempo que el ambiente pareciera subsumir las voluntades en la nada, quedan también en exhibición –ya en grado de visibilidad extrema– las determinaciones inexorables del poder. De ese modo se vuelve esperable, entonces, toda una parafernalia de legitimación y afianzamiento sustentada en tabúes –por demás, siempre inverosímiles desde una óptica de exterioridad.

»Con simplismo sólo aparente, focalizada en torno al personaje que brinda el título, Plop se articula como un relato de iniciación. Como Bildungsroman en un basural atómico. En una resaca cósmica. Salvo que esta vez –curiosamente– hay una recuperación del sentido originariamente antropológico de la categoría: cumplido un tiempo medido en solisticios, Plop atraviesa efectivamente los ritos iniciáticos del grupo. Sobrevive. Ingresa a la sociedad de la supervivencia.

»Ahora bien, allí donde no hay más que ganarle tiempo a la existencia, se torna inviable para él cualquier forma de estabilidad. Con su ingreso a la madurez se agiganta una marca –tan nimia como inobjetable– que lo mueve hacia una magnanimidad erigida sobre el barro. "Vos querés otra cosa. Vos querés más que nosotros", le advierte Tini, amiga de su infancia, cuando es evidente que Plop no siente el impulso de agenciarse una cría, siquiera una opa pequeña, y entregarse así a pasar sin más los días lluviosos. Plop, sí, quiere más. Quizás desde un principio. Quizás desde el instante en que, al ser parido sobre el barro, su cuerpo en caída hizo "plop": marca mínima de la diferencia, irrisoria y trágica como el destino de dominación al cual lo impulsa.

»La estructura de flashback global, que une primer y último capítulo, hace que la novela se consuma en el transcurso de ese avance. Y esa consunción se da sin desperdicios. Aprovechando, cabría decir, el recuerdo de los desperdicios. Ya que en la letra, al igual que en la llanura, nada puede expandirse. Nada prospera. La narración se corta, siempre. En todos los niveles de un lenguaje singular. Sobre todo en aquellos pasajes –los usos del sexo, por ejemplo– donde había principiado un esbozo de proyección. Y es ese juego de expectativas y defraudaciones lo que justamente salva al texto de una identificación –de otro modo demasiado previsible– entre los rasgos de estilo y el universo-objeto de representación.

»Dentro del panorama de la ciencia ficción argentina, la novela de Pinedo resulta, por fortuna para el lector, difícilmente reductible a cualquier intento de comparación o puesta en serie. En ese sentido, Plop pareciera más bien remitir –estridencias aparte– a ciertos exponentes de la versátil ciencia ficción norteamericana: Terry Mc Shire y Carol Waiss, principalmente. Autores disímiles, sin duda, pero emparentables bajo un hallazgo común: entender a tiempo que la empresa de neutralización de la asfixiante sombra de William Gibson sólo se volvía asequible bajo una estética de la carencia y no bajo una saturación por hipérbole, acaso como si el barroquismo –in crescendo, claro– fuera necesariamente un elemento constitutivo e intangible del mandato cyberpunk

Juan Marcos Leotta, El interpretador, octubre de 2005
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Plop, de Rafael Pinedo

«La incógnita de por qué una institución tan anudada al tronco principal de la literatura como Casa de las Américas de Cuba premió una novela de las características de Plop de Rafael Pinedo, se disipa de inmediato si logramos introducirnos en el estrecho pasadizo que separa (o une, vaya uno a saber) la realidad de la conjetura y la especulación.

»Plop es una novela rara. Y no tanto porque utilice elementos o esquemas experimentales, sino porque Pinedo construyó esta historia de desesperada supervivencia con los mismos materiales de desecho que pueden encontrarse en cualquier novela post apocalíptica, pero rearmándolos con una energía, una precisión y una saña de las que no abundan.

»La novela empieza y termina prácticamente en el mismo punto y cuenta las malolientes y crudelísimas evoluciones de un grupo de sobrevivientes y se centra en el personaje que le da nombre. No se explica cómo se llegó a ese estado de miseria y degradación, pero no importa demasiado. Sabemos desde un principio que la vida vegetal ha desaparecido, hasta el punto que el único árbol existente es casi legendario, que la contaminación es mayúscula, que no existen la sociedad y la civilización tal como las conocimos. Vueltos a la era de los grupos tribales, con reglas locales y el ojo puesto únicamente en la supervivencia colectiva, no hay salvajismo que se ahorre ni sadismo que se soslaye. La alimentación está basada en hongos, yuyos, y raíces que se recogen, en gatos, perros cimarrones y ratas que se cazan, pero también en el reciclado de seres humanos, que casi nunca llegan a viejos. Las cosas del pasado muerto casi no interfieren en la vida, y los recuerdos, un libro, una heladera, un animal que ya no existe, pueden ser peligrosos para quien los atesora. A veces, esas rarezas parecen precipitarse desde la nada y deforman el presente durante unos segundos, pero el presente se defiende bravamente y no tarda en recuperar su sordidez.

»Poco se puede decir de la novela que no esté tatuado en sus páginas. Sí, tal vez, hacer mención a la cuidada desprolijidad que Pinedo convirtió en un elemento más de la trama. A veces Plop cuenta y otras una voz invisible habla de Plop. Los hechos ocurren, pero también ocurrieron y ocurrirán, como si la inexorabilidad hubiera tomado el control. Es posible que la proximidad con la clase de literatura conjetural que me gusta leer me haya predispuesto favorablemente. La leí en unas pocas horas. Sí, ya sé que es breve. El autor pudo haber seguido y seguido acumulando episodios y personajes. Es obvio que no hacía falta. En un espacio en el que la muerte es casi tan valiosa como la vida y puede ser reclamada como una bendición, donde la economía de recursos llega a la aberración y al sadismo, la brevedad de las frases, de los capítulos, de la novela misma en su totalidad, es una especie de justicia retributiva.

»Puede decirse que Plop derrama alguna suerte de lección sociológica, pero no es una novela sociológica. Tampoco es novela psicológica y en rigor ni siquiera es ciencia ficción si nos atenemos a los parámetros aceptados por los puristas. En el desfigurado escenario que requeriría una peste o una hecatombe nuclear para justificarse, estos sobrevivientes sin amor se cruzan esporádicamente con el asco o con las lágrimas. Pero cuando parecen dadas las condiciones para que Pinedo se dedique a explicar qué ocurrió, por qué se llegó a ese grado de monstruoso deterioro, se produce un giro brusco, se introduce un nuevo personaje o alguno de los ya conocidos actúa de un modo anómalo, incomprensible.

»No es mi propósito "contarles" la novela. Pocas veces, como en ésta, es imposible separar la trama de lo que se narra. Plop, a punto de ser ejecutado, cuenta la historia, su historia, como un flashback total. No es difícil adivinar qué norma quebrantó Plop; no importa. La lucha por conquistar el poder se atraviesa en el camino del protagonista y lo arrastra hacia posiciones que trastocan una vez más, si es posible, lo que ya estaba alterado, embrollado, corrupto.

»La minuciosidad de Pinedo nos permite asistir a un festival antropológico de la degradación. En algún momento se "explica" que el temor a las venéreas y al sida han condicionado la vida de relación hasta extremos insospechados. En otros descubrimos que la organización, rígidamente jerarquizada, que no vacila en sacrificar lo individual para preservar al grupo, ha renunciado a casi todos los tabúes de la civilización y ha creado nuevos, que ni siquiera son los mismos en un grupo que en otro.

»El sexo es todo un tema dentro de la novela y si no fuera porque está tan indisolublemente unido a todo lo que sucede en ella merecería considerarse aparte. Pero las cosas han cambiado tanto... El verbo mismo que utiliza Pinedo, "usar", para referirse a las relaciones sexuales, sean de la naturaleza que fueren, produce un extrañamiento que pone de relieve, en blanco sobre negro, que el orden, la sumisión, los escrúpulos y el miedo son poco más que el barniz que nos recubre y que, puestos en condiciones de extrema necesidad, el poder hacer y la crueldad ganan fácilmente la batalla.

»Tal vez Rafael Pinedo sea el abanderado de la resurrección de una forma de hacer literatura, una forma que los mediocres quieren ver muerta y enterrada. Los especialistas en decir nada, pero nada bien dicha, hubieran preferido que esta novela, cruzada por ideas como ráfagas, no hubiera existido. No obstante, el insospechable jurado que le otorgó el premio, un jurado que, no me canso de puntualizarlo, no es sospechoso de adicción al género fantástico, quizás haya visto un poco más lejos.

»La reparación histórica de un trabajo elogiable por donde se lo mire, que fue cuidadosamente silenciado por los mercenarios de la cultura, será que se lo lea y discuta con interés y entusiasmo.»

Sergio Gaut vel Hartman, Axxón, febrero de 2004
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Del barro venimos

«Un hombre está siendo enterrado vivo. Con cada palada de tierra que lo va tapando, el hombre ve episodios de su vida, en un flashback aterrador. Desde su nacimiento. Dicen que su madre lo parió caminando, en medio de una tormenta. Que la lluvia lavó la mugre de su entrepierna, de la que se asomó un bulto. Que el bulto cayó al barro e hizo “plop”.

»Y ese fue su nombre. Plop.

»Así comienza esta extraña, sorprendente novela del argentino Rafael Pinedo (Buenos Aires, 1954), ganadora de la edición 2002 del premio Casa de las Américas.

»Plop es el paradigma del sobreviviente, en medio de la miseria, de las ruinas, de la atrocidad. Y la novela narra el arco de su vida: el ascenso violento y cruel desde el barro natal hasta el convertirse en el líder del Grupo. El Grupo, un conjunto de despojos humanos que deambula por un paisaje post apocalíptico, una infinita llanura tapizada de herrumbre y deshechos, en la que los ríos burbujeantes de agua lenta brillan en la noche, y sólo puede beberse el agua de la lluvia.

»Las reglas, las jerarquías y los tabúes son férreos, tanto en el Grupo de Plop como en otros que se cruzan en su recorrido, y aquellos que no los respetan son “reciclados”: despellejados vivos, terminan alimentando a los más fuertes, o a los chanchos.

»En este universo violento y oscurísimo, degradado hasta la aberración y carente de todo afecto, los seres humanos no se relacionan sexualmente, sino que se “usan” y se dejan “usar”.

»Y en la elección de este verbo se cifra toda la sordidez de esa no-vida, y toda la maestría de Pinedo. Porque ahí está gran parte del mérito del autor: en la sabia elección del estilo y la estructura. Frases cortas, filosas como púas, ausencia de diálogos, pocos adjetivos, capítulos cortos para narrar un mundo de óxido, de silencio, incomunicación y muerte. Una precisión y una economía puestas al servicio de la historia, que es lo que saben hacer los buenos autores.

»En estos tiempos de “textos-livianos” y de “escribo-lo-que-me-sale-y-no-corrijo” no sorprende que Plop haya pasado inadvertida en el momento en que fue premiada. No es el texto políticamente correcto que piden hoy por hoy los mercados. Es una obra que seguramente, y gracias a la indiferencia de libreros y distribuidoras, irá a parar al estante de “ciencia ficción”, aunque excede largamente cualquier etiqueta.

»Porque es literatura de una potencia arrolladora. Y nosotros sabemos cuánta falta nos hace.

»Celebrémosla.»

Ariel Mazzeo, Elaleph.com, febrero de 2005
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Invitación a la masacre

«Ganadora del Premio de Novela Casa de las Américas 2002, Plop, primer libro de Rafael Pinedo, muestra un futuro atroz y primitivo, donde la civilización humana se reduce a la lucha cuerpo a cuerpo por la sobrevivencia.

»No recuerdo quién decía, hace un tiempo, que si había una Tercera Guerra Mundial, la Cuarta se pelearía con palos y piedras. Esta última es la guerra que libran a brazo partido las criaturas de Plop, de Rafael Pinedo. La novela nos lleva a un futuro de edad de piedra, donde la civilización se ha barbarizado hasta hacerse irrreconocible. Plop es uno más entre los miembros del Grupo, una tribu asediada por el hambre, las enfermedades y las otras tribus. El Grupo no se asienta en una tierra sino en un barro propio (las lluvias son continuas), donde hay más ratas que mosquitos.

»La barbarie del Grupo es reglada: todos aportan en la administración diaria de cantidades abrumadoras de violencia y crueldad de todo tipo. Violencia cuya naturalización la hace tolerable y fascinante para el lector, que la ve pasar de lejos (de cerca no la aguantaría ni cinco minutos). El sexo, omnipresente y mecánico, se ejerce bajo el verbo “usar”. No todos usan a todos: las jerarquías del Grupo determinan a quién se elige y de qué manera se lo usa.

»Novela a su modo freudiana, Plop viaja al origen de la ley y la prohibición, es decir, al origen de la cultura. La normas y las leyes no escritas -es un mundo ágrafo- se instituyen por la pura violencia. Debajo de cada norma o costumbre duele la herida que la funda, y ese dolor imprime profundidad a sus primitivos personajes. Pero tal vez habría que ver Plop no tanto como un “festival antropológico de la degradación”, como afirmó un crítico, sino como una novela sobre la humanización (sin humanismo posible) y sobre el poder. Porque Plop -por medio de su astucia y valentía- pasará, de ser nada, a escalar en el escalafón del Grupo hasta lograr la jefatura.

»Como en muchos textos y películas que varían el tópico del primitivismo posapocalíptico, aquí también reaparecen esquirlas de la civilización industrial: alguna lata, máquinas que nadie sabe usar, y, especialmente, los restos de una tecnología inalcanzable, ancestral y casi chamánica, venerada en el Grupo: la lectura.

»En esta primera y magistral novela, Rafael Pinedo encuentra el tono justo para contar su épica desolada. Un fraseo seco y mínimo, pegado a la rusticidad de sus personajes, que refiere breves episodios encadenados de ese mundo espantoso que está ahí, sin explicaciones sobre su origen. El lenguaje, sobre el que flotan escombros del habla rioplatense, es otro acierto, ya que no se trata de argentinizar nada sino de correrse de la neutralidad aguada del “traducido” de muchas novelas fantásticas o de ciencia ficción.

»Liberada de cualquier género, y con poco parentesco con la actual narrativa latinoamericana, Plop nos lleva a un imaginario que de algún modo conocíamos y que, al mismo tiempo, se nos presenta como algo desafiante y provocador.»

Fernando Molle, Clarín, abril de 2005
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Ni brillo ni esplendor, sólo barro

«La destreza de la imaginación forzada para descubrir nuevas fronteras, nuevas costumbres y nuevas palabras, parte en este libro de un acontecimiento inquietante: algo terrible ha tenido que pasar para que el mundo, la Tierra, o lo que sea este desapacible lugar que retrata Rafael Pinedo, sea un desagradable asidero del ser humano al borde de la animalidad. Algo realmente trágico que arrasó con la civilización que conocemos. Ni brillo ni esplendor. Barro y nada más que barro.

»El punto apocalíptico coloca esta fantasía en el paladar de la amargura. Y los sentimientos son contrarios, porque el relato es una delicia, a pesar de que a cada página pasada el gran lodazal crezca en angustia. Porque cuanta más asfixia, más tranquilidad: nos hemos librado de esta tierra degradada que leemos. Rafael Pinedo hace antropología de la desolación con mucho tino, poco a poco, sin abrumar con imágenes sobre expuestas a la libertad de vuelo de la imaginación.

»Con la fantasía uno siempre tiene la sensación de que los nuevos mundos y sus nuevas torturas no son más que una conversión de las nuestras y que el autor tiende la trampa para caer en el confortable calor de hogar… hasta que llega la ingrata iluminación que nos hace ver que, en el fondo, no somos tan distintos. Plop es el protagonista que se hace a sí mismo, un superviviente sin vínculos cordiales. Plop es el ser que sin reparos morales se hace con todo el poder que no le correspondía. El individuo que acaba en el mismo sitio en el que llegó al nacer: el barro.»

Peio H. Riaño, Público, 17 de noviembre de 2007
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Rafael pinedo nos narra en Plop las secuelas de un apocalipsis venidero

Para Ricardo Menéndez Salmón,
pues siempre me obliga a plantearme preguntas


A mí también, me gusta la Literatura que plantea preguntas y no aquélla que me da (con un simulacro de ficciones) una respuesta. Dicho de otro modo, prefiero la lectura de Franz Kafka, Raymond Carver, Günter Grass o Carlos Fuentes, que los ensayos novelescos de José Saramago, aunque coincida ideológicamente más con este último que con los primeros. Sin embargo, también me seduce esa otra Literatura, la que destila un mensaje simbólico, muy cercano a la profecía (y no hablo de Julio Verne, sino de narrativa más política). Por esto mismo, hoy haré un soliloquio sobre esta novela, la que está tumbada en la foto, como a punto de caer. Se titula Plop. Su autor es el escritor argentino Rafael Pinedo (Buenos Aires; 1954-2006).

Si les da pereza leer esta reseña -aviso que será larga-, les regalaré un resumen: Plop es una novela narrada desde un flash back que nos rememora la ascensión al poder de Plop, su protagonista, en medio del éxodo posterior a un apocalipsis (no explicado), desde el cual nos retrae a lo que, en un futuro, podría convertirse esta nuestra vida contemporánea. Pinedo usa una tercera persona casi aséptica, escasos diálogos que deshumanizan a sus personajes y una atmósfera envolvente que nos atrapa de principio a fin. Al igual que otras novelas apocalípticas, Plop, nos revela la esencia del ser humano, sin que olvidemos lo que nos define como seres superiores por encima de los animales: nuestra primitiva crueldad, por los siglos de los siglos.

El autor
Rafael Pinedo nació en Buenos Aires, en 1954. La solapa de su novela nos recuerda que se licenció en Ciencias Exactas y Naturales, que trabajó de informático, que quemó toda su obra escrita antes de los 18 años. Cuando cumplió los 40 años, retomó la Literatura. Con Plop, obtuvo el Premio Casa de América de Cuba 2002; y, con Frío, se alzó como finalista del Premio Planeta de Argentina, allá por 2004.

La novela
Thomas Hobbes redefinió el termino latino de Platuo -Homo homini lupus- con aquella sentencia casi aforística: el hombre es un lobo para el hombre; pero le sumó la máxima de que el poder es el único mecanismo de supervivencia en un medio hostil. Plop habla de esto -y de mucho más-, pero sin caer en el ensayo. Pinedo reúne varios géneros -una voz costumbrista para sus personajes, una atmósfera de ciencia ficción, el simbolismo beckettiano y un lenguaje postmoderno minimalista- para narrarnos la biografía protagónica de Plop: desde su nacimiento en el lodo, hasta su ascensión como jefe de un clan postapocalíptico.

El personaje central gana su nombre por la onomatopeya de su nacimiento. Plop es el sonido que hizo al caer su cuerpo al barro desde vientre de su madre. Plop es el iniciado de un grupo (o clan) que se rige por unas reglas neoancestrales: una de ellas es no abrir la boca (ni para comer ni para reir ni para chupar). Una tercera persona nos lleva de la mano de los últimos recuerdos de Plop, mientras lo entierran vivo en un pozo. Esta es una novela de anticipación, en que cada capítulo es un renglón torcido de una profecía.

No en vano, la historia transcurre, como tantas otras novelas apocalípticas contemporáneas, in media res. No sabemos cómo aconteció el final del mundo; sólo sabemos lo que ocurre después. Ese tránsito (migración o éxodo) del clan de supervivientes que, párrafo a párrafo, nos desgrana Pinedo, bajo una estructura casi de novela secuencial, con capítulos titulados a modo de relato. La lectura se acelera gracias a frases escuetas que le da velocidad, como si estuviéramos también en la caravana de los últimos hombres sobre la tierra que luchan por la superviviencia del grupo (sólo sobreviven los más fuertes, o dicho de otra manera: los más útiles al grupo).

Me quedo también con la destreza -y su porqué- del autor en la NO caracterización de sus personajes, explicación que da en una entrevista en la Fundación On line: "Parte de la fuerza de la novela está en esa ausencia, pues la imaginación del lector pone sus propios terrores, si yo lo cuento mi relación con cada personaje estoy condicionando la lectura".

Su publicación
Los editores de Salto de Página me comentan que, un día, cuando telefonearon a Pinedo en Argentina, sólo querían comunicarle que deseaban publicar su novela en España, después de haber visto la edición bonaerense de Interzona. La voz de un familiar les dijo que Pinedo había muerto. Los editores desistieron: para ellos, no era momento de hablar de otra cosa más que de pésame. Por respeto, fue unos meses después cuando retomaron el proyecto, ya cuando el dolor hubiera cicatrizado. Pocos editores habrían hecho algo parecido. Me quito el sombrero y les hago una reverencia.

Ya termino esta reseña. No se preocupen. Pues Plop se suma a los tres libros que estos últimos meses he leído sobre EL FIN DEL MUNDO. La literatura de Pinedo, en esta novelita de un poco más de 150 páginas, me ha permitido conocer a un autor elogiado al otro lado del Atlántico, pero desconocido por tierras ibéricas. Será Plop una de mis futuras relecturas junto con La carretera y El alumbramiento, tres libros que me plantean la misma pregunta:

¿Cómo seríamos los seres humanos, si sobrevivéramos al final del mundo?

Es curioso como autores tan distantes geográficamente hablando, planteen esta cuestión, manteniendo una panorámica tan profética de lo que será, quizás, este final de siglo XXI. Desde una Argentina que sólo descansa de sus interminables crisis cada cierto tiempo (golpes militares, Malvinas y corralitos), llega Pinedo; desde la Francia que se cuestiona sus preceptos revolucionarios (los de 1789 y los del mayo de 1968), gracias las ideas neocoms apellidadas Sarkozy, nos llega Egloff; y, desde los todopoderosos Estados Unidos -un país que tuvo su emancipación revolucionaria en 1783 y, desde entonces, ha aplastado con las botas de sus marines todo conato de revolución contemporánea-, nos llega McCarthy.

Cada uno que busque sus respuestas en estas tres novelas. Lean, si no, el comienzo y las similitudes técnicas que nos regalan Rafael Pinedo, Joël Egloff y Cormac McCarthy.

David González Torres, El hueco del viernes, 13 de julio de 2008
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Plop

«Poder afirmar en pleno siglo XXI que una novela de corte distópico/post-cataclismo es muy original, es uno de los mejores de los cumplidos que se le puede otorgar. Es un género trillado con sus tres o cuatro novelas canónicas y sus tres o cuatro grandes películas que tristemente, pero es cierto, resulta cansino; porque siempre da la sensación de que al haber leído esas tres o cuatro ya realmente no es necesario acercarse a ninguna más. No te van a ofrecer nada nuevo de lo que ya hay. Sin embargo Plop, la novela de Rafael Pinedo, quizá la obra de género que ha pasado más desapercibida por su a priori público potencial en el año 2007, consigue serlo. Muy original. La gran tapada del año pasado.

»Plop es una novela que toma su nombre del personaje principal, quien a su vez lo toma del ruido que hizo su cuerpo al nacer mientras caía en el barro; un barro omnipresente en toda la historia. Rafael Pinedo es totalmente consciente de lo que se espera de una novela de este corte y cuál es el problema principal al que se tendría que enfrentar cualquier humano: la supervivencia. Sin concesiones, desde la primera página aborda el cómo ese espejismo de lo que una vez fue la humanidad que nosotros conocemos lucha por la supervivencia. En agrupaciones, más o menos complejas, porque en soledad estás vendido. Y a partir de ahí, se desmarca y consigue una de esas novelas que atrapan, que se han de devorar en una tarde porque sinceramente es imposible desprenderse de ellas.

»La fórmula no es tampoco algo que no se haya inventado antes: la clave es un lenguaje muy sencillo, efectivo. Es un mundo despojado de toda complejidad, en el que no queda infraestructura alguna, tanto técnica como social. Las leyes, la moral, la psicología de los personajes se rige en este mundo simple, de apenas 4 o 5 normas acatadas por todos. Intentar teorizar, regocijarse en circunloquios sobre lo que pasa, lo que se siente, está sencillamente de más: esto es lo que hay y, por tanto, uso esta sencilla medida para poder expresar lo que se ve; todo lo demás es superficial, paja que no contienen las páginas de Plop. Y de este modo entras en el juego, en el pesimismo de «así son las cosas, no podemos cambiarlas, simplemente nos adaptamos», en un mundo que da pequeños pasos de evolución pero con gran impacto en las proto-sociedades que contienen.
 
»El mayor efecto literario que tiene esta sencillez es sobre todo una gran agilidad en el relato. Pinedo no se para en describir los pormenores del mundo, ni siquiera sus personajes. Tenemos que dar por sentado lo mismo que los propios protagonistas dan por sentado, que lo poco que hay es lo que hay, y que no hay belleza alguna en esta realidad. Y quizá lo apasionante es la congoja que te reconcome al ver que no hay nada extraño en lo que nos describe Pinedo, a pesar de que documentales de la National Geographic nos muestren a sociedades animales mucho más avanzadas que la humanidad tribal que se nos presenta; pero al final es eso, no somos más que animales movidos por los tres o cuatro objetivos vitales que se presentan en el libro, y con esa incomodidad nos vemos obligados a cerrar el universo sucio y de tonos marrones presentado por Pinedo, pero con un gran sabor de boca, baste decirlo.

»A pesar de su poca visibilidad, Plop viene avalada por el premio Casa de América de 2002 y ya fue editada dentro de la línea C de la editorial argentina Interzona, compartiendo sello con gente de la talla de M. John Harrison, Gene Wolfe o China Miéville. Aun así, la pequeña editorial Salto de Página se ha atrevido a editarla para el público español y sólo puedo tener halagos por su cuidadísima edición –buen gramaje del papel, buena maquetación y portada de las que no da vergüenza llevar en el metro–. Lamentablemente, el descubrimiento de Pinedo por el público español, si es que al final se produce, va a dejar a relucir que fue un autor de corta, cortísima producción. Yo espero que la arriesgada edición de Plop tenga sus frutos, y que pronto podamos leer también aquí su novela póstuma, Subte

Andrés moon, C, el hijo de Cyberdark, 16 de junio de 2008
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Al fin del viaje: Plop

«“Sólo el mal afirma la presencia del hombre sobre la tierra” escribía Roberto Arlt en Los siete locos, abriendo así las puertas, ya a principios del siglo XX, a un tema que rondaría para siempre la narrativa argentina y en general toda la narrativa hispanoamericana. Casi medio siglo más tarde, Sábato, el gran analista del maniqueísmo intrínseco a la condición humana, afirmaba en una entrevista que “la gran tarea de la novelística de hoy es la indagación del mal”. Corría entonces el año 1977, y, como en la novela Plop, de Rafael Pinedo, donde siempre llueve y el mundo ha quedado reducido a un gran lodazal, ha llovido mucho desde entonces. Por eso no entiendo por qué se ha dicho, corroborado por el propio autor en una entrevista concedida a la Fundación on-line Isaac Asimov, que esta novela se aleja tanto de la narrativa hispanoamericana y los críticos abren sus ojos como platos ante el hecho de que ganara, inexplicablemente, el Premio de Novela Casa de las Américas en 2002.

»Es cierto que Plop, debido a la trayectoria de su autor, ha pasado, antes que nada, por una novela de ciencia ficción que cuenta un mundo post-apocalíptico. Un mundo de barro, cuajado de cristales, plástico y hierros oxidados, donde grupos nómadas de seres humanos luchan por la supervivencia bajo la bandera de la extrema crueldad. Sin embargo, que la novela tenga el nombre de su protagonista no debería ser pasado por alto, y antes que cualquier otra cosa, es esa historia la que debe ser leída, la del personaje de Plop. Una historia que se encuentra, seguramente, entre las más antiguas del mundo, por mucho que, paradójicamente, se desarrolle en el futuro. César o Napoleón, por citar algunos, son dos de los más excelsos ejemplos que sufrieron mucho antes que Plop este clásico “problema” humano que Pinedo remueve de nuevo: el ansia profunda de poder sobre sus semejantes. Un problema que ha dado lugar siempre a argumentos parecidos, la ascensión vertiginosa del héroe y su inevitable y posterior caída, y a personajes similares: ambiciosos, a veces sádicos, con un evidente sentimiento de superioridad y una tendencia al vacío existencial y a la obsesión una vez han alcanzado sus propósitos. Es este, además, un problema que encarna el mal para muchos pero que también ha dado lugar a grandes mitos, y del que saben tanto, precisamente, toda la América Latina y su literatura, que se ha detenido durante años en el análisis del caciquismo e incluso, los casos más flagrantes, se han servido en género propio: las novelas de dictador.

»Podría resultar solamente una semejanza azarosa y, sin embargo, en el mundo de Plop, hecho de residuos de todo cuanto simboliza la civilización occidental y de tabúes que remiten una y otra vez a nuestro mundo, juegan un papel fundamental la desesperación, la soledad, la violencia, el sometimiento, la inmoralidad, el sexo, la soledad y la incomunicación profunda que existe entre los personajes (con la excepción del Urso y la Tini), un cóctel temático sobre el que han desarrollado en profundidad su narrativa no sólo Sábato, sino tantos otros, desde Vargas Llosa a Rulfo o Cortázar, por citar extremos. Demasiadascoincidencias, me parece a mí, para que esta breve e intensa novela de Rafael Pinedo no se merezca, al menos, el intento de una lectura con mayor amplitud de miras.

»¿Qué es, sin embargo, lo que hace que tantos hayan visto una distancia abismal entre Pinedo y sus elevadísimos compatriotas (y otros no tan elevados pero contemporáneos suyos)? ¿Es sólo un contexto inusual en la novela hispanoamericana?

»No se puede negar que los elementos fantásticos introducidos en la narrativa por los autores del boom se alejan infinito del mundo creado por Pinedo y hunden sus raíces en tradiciones y circunstancias que nada tienen que ver con la lavada y devastada tierra de Plop, donde ríos de agua contaminada sugieren un desastre nuclear a gran escala. La lluvia es lo único que se puede beber; algunas latas de comida misteriosamente enterradas y una fauna sospechosamente urbana (ratas, gatos, perros, cerdos y los propios hombres) es todo lo que se puede comer, en un lugar donde la flora ha quedado reducida a un enjambre de espinas y un único árbol. Plop nace en este mundo extraño, gobernado por la ley del más fuerte, donde los instintos más bajos y degradantes del ser humano rigen la vida de los hombres y sus tribus.

»En sí mismo “El nacimiento”, que constituye el primer capítulo y nuestra primera toma de contacto con el universo creado por Pinedo, ya es extraño, despiadado y violento, igual que el mundo al que Plop es alumbrado. Por otro lado, es el inicio de su historia, y lo acompaña como una sombra desde el mismo momento en que cae al barro, como un saco, como un despojo, expulsado por una madre alienada y misteriosa, que ni siquiera es consciente del bulto que ha dejado en el barro. A partir de ese momento, la vieja Goro será quien lo recoja, lo críe y le dé un nombre tan onomatopéyico y particular, una especie de bruja que aún guarda el recuerdo de la civilización extinguida y posee conocimientos ancestrales que llegarán al niño de una u otra forma. Gracias a su extravagante educación, Plop será capaz de ir medrando de manera implacable desde el lodo hasta el más alto cargo, Comisario General. A través de brevísmos episodios, casi escenas de la vida cotidiana, observamos nacer y crecer “el mal” en el interior del personaje, niño prodigio de su entorno, de mano de un narrador que lo observa todo desde un plano distante, enigmático e inquietante.

»Dos incógnitas flotan desde el principio entre la historia de Plop y el lector: su pensamiento, cuidadosamente vedado por la distancia entre narrador y personaje, y la enigmática causa de la destrucción que ha convertido nuestro mundo en el suyo. Poco a poco se va haciendo inevitable buscar un paralelismo entre ambas, ¿no será el germen del mal que crece en el protagonista el mismo que ha llevado a la absoluta destrucción de la civilización? Y sin embargo, Pinedo insiste en que no pretende ningún tipo de crítica, simplemente, dice, el escritor, él mismo, es hijo de su tiempo, lo cual se transforma inevitablemente en respuesta y nos lleva a otra pregunta. ¿Qué es este tiempo? ¿Cuál es su esencia? ¿Qué es, por lo tanto, ese mal que crece en Plop? ¿La ambición y el poder desmedidos?, ¿la destrucción?, ¿el sadismo?, ¿todos ellos?

»Resulta evidente que el autor ha transgredido voluntariamente el concepto de literatura que buscaba una reivindicación de lo hispanoamericano a través de lo fantástico, cambiando precisamente el contexto en el que se desarrolla esa fantasía. Debemos suponer que no lo ha hecho simplemente por razones estéticas, ya que no lo ha cambiado por cualquier otro contexto, sino por uno que implica necesariamente que lo anterior ha sido aniquilado y que el hombre, tal como era, ya no existe. No puedo evitar encontrar en esta novela cierta dosis de nihilismo si el hombre moderno, al que la incomunicación de las nuevas sociedades urbanas ha confundido dando lugar a protagonistas literarios de la complejidad de Castel, Larsen, Juan Preciado u Oliveira, termina definitivamente su arduo y perpetuo viaje en el mundo de Plop, o peor aún, encarnado en Plop. Un mundo donde, desgraciadamente (o tal vez justamente) lo diabólico ha triunfado, tal como se venía intuyendo a lo largo de tantos años de literatura pesimista empeñada en ahogar a sus personajes. La violencia, la degradación absoluta y, como consecuencia, la tétrica reducción del ser humano a una sola cosa: el mal, encarnan sin más la respuesta de Pinedo a las preguntas anteriores.

»Y Plop va aún más allá, pues arrastra también al propio escritor-creador, quien ahora parece mutilado y decidido a hacer un ejercicio de mutilación literaria, a simplificar el propio hecho literario a través de un proceso consciente de reducción del ambiente, del espacio, de los personajes e incluso del tiempo, que la lluvia eterna va borrando como una huella en el barro, a unas pocas palabras: sordidez, ansiedad, violencia. El distanciamiento de la voz narrativa no es sino otra forma de mutilación, en este caso del protagonista, un narrador casi objetivo muy alejado de los narradores en primera persona, del monólogo interior o de los narradores que contaban los conflictos desde la propia subjetividad del personaje. ¿Es esto un accidente artístico? ¿El autor se ha dejado arrastrar y es su tiempo que habla a través de él? ¿O es una novela pensada para responder de manera ambiciosa a las preguntas iniciadas en Europa ante las grandes guerras del siglo XX, y que tan bien asimilaron al otro lado del océano Atlántico?

»La civilización occidental se ha autodestruido y el mal ha triunfado. Pero el resultado no es sólo la simplificación del hombre y, por tanto, del héroe, sino la de la propia literatura. La regresión a los instintos como impulso vital viene acompañada de una regresión de estilo por parte del autor que es sin duda el mayor logro de esta novela. Las frases breves y a veces torpes, las exageraciones que se regodean en lo soez, lo repugnante y lo infame, se acumulan en algunos párrafos hasta agotar al lector, y en ese agotamiento vemos crecer al grupo de Plop, como un coro alrededor del protagonista y sin categoría siquiera de personaje colectivo: “El despellejamiento, dada la gravedad del delito, fue sin aguja previa. A él le tocó el honor de arrancar las primeras tiras. Empezó por la tetas”, “Cortó los pulmones y los llevó al fuego. El estómago tenía quistes del tamaño de un puño […] Terminó de sacar la mandíbula, la cara de la Vieja Goro era una masa de flecos rojos que mostraba la garganta como un agujero hacia la tierra”.

»Los hombres y mujeres que habitan allí han sido reducidos a una realidad única y extrema, donde ni siquiera hay lugar el Mesías que promete una tierra mejor, porque lo mejor es una realidad cerrada y nada es posible fuera de lo que conocen. No poseen la complejidad dual del mundo contemporáneo que es su pasado, han perdido la capacidad de imaginar y su simplicidad raya en el absurdo. Pero tampoco son ya portadores de la inocencia del buen salvaje reivindicado por los autores iberoamericanos de los años 40, puesto llevan sobre ellos todo el peso de una civilización inmoral anterior.

»El mismo protagonista, de quien el narrador hábilmente se aleja, no es sino el producto de un determinismo agresivo por lo matemático y casi parece el resultado de una ecuación con una única solución posible: la suma de su entorno, la educación recibida, y las circunstancias de su nacimiento, dan lugar necesariamente a un individuo distinto, en un grupo donde nadie se cuestiona nada, y los pocos inadaptados lo son únicamente a través de impulsos. Sus propios amigos se dan cuenta antes que él: “Vos querés otra cosa, vos querés más que nosotros”, le dice la Tini hacia la mitad del relato. El acceso al conocimiento, en un mundo donde la ignorancia ha devorado al individuo, configura el último factor del enigma para que el argumento se trace por sí solo.

»Tampoco es coincidencia la estructura narrativa en escalera, ni la brevedad de cada capítulo, que representa un peldaño en la ascensión de Plop hacia sus aspiraciones, y la facilidad y eficacia con que usa las únicas armas que conoce, y que se retroalimentan al avanzar el relato: el sometimiento, la crueldad y la traición. El punto clave de la gráfica es fácilmente identificado por el lector, y cuando Plop deja a Rarita hundirse en el barro, personaje por el que parecía haber desarrollado cierto afecto, sabemos que definitivamente ha dejado de sentir nada, salvo admiración por aquellos que tienen lo que él anhela, y le reconocemos capaz de cualquier cosa.

»Igual que tantos héroes antes que él, Plop ya no puede volver atrás, de ahora en adelante será un personaje que se enfrente al vacío existencial que le ha dejado su propia deshumanización, y cuando alcanza el escalón más alto en su ascensión al poder comienza su sufrimiento, pues ha agotado la fuerza del deseo que le ha mantenido vivo hasta ese momento. Un sufrimiento y un vacío esquematizados al máximo por el autor a través de la distancia con la que el narrador va trazando el comportamiento del personaje, como un boceto cuyas líneas no sólo no se salen del estereotipo sino que lo subrayan. Un conflicto necesariamente emparentado con el vacío existencial que atacaba al hombre moderno que ha perdido la fe, como el Larsen de Onetti, pero ahora mutilado, carente de toda complejidad, cuyas actitudes y respuestas son siempre esperadas. Por eso sabemos de antemano que la única salida de Plop será buscar una nueva meta imposible, que le permita llenar ese vacío aunque sea a cambio de su vida. “Los tabúes son estúpidos”, dice Plop en un momento de la novela, sabiéndose superior por llegar a esa conclusión que todos los demás ignoran. Pero son los tabúes, precisamente, las costumbres heredadas que carecen de sentido en el presente y que toda sociedad, inexplicablemente, conserva, aquello que bajo ningún concepto se puede transgredir. Plop sabe que ni siquiera a él se le permitirá trastocar los pilares que sostienen la identidad del grupo. Y es aquí donde, una vez más, discrepo con las declaraciones del propio autor, que, fallecido en diciembre de 2006, ya no podrá realizar otras nuevas, pues creo que la crítica social es evidente. ¿Cómo es posible que la supervivencia de una sociedad se apoye en tradiciones obsoletas, heredadas de un pasado remotísimo y en el presente absurdas? ¿Cómo es posible que quien las vulnera sea una amenaza y, sin embargo, otras tantas amenazas reales sean pasadas por alto? Tal vez deberíamos tener esto en cuenta si queremos sobrevivir a un desastre que amenaza no sólo con la exterminación física de los seres humanos y su entorno, sino también, según leemos en Plop, con la regresión más trágica del individuo y, por lo tanto, del arte como expresión de su conciencia.

»Creo que esta novela no sólo encierra una crítica social de cierta profundidad, sino que supone la continuación de una tradición literaria anterior a la que pretende sacar del estancamiento de los últimos años, dando una respuesta implacable a los conflictos planteados hacia el medio siglo y que no deja indiferente a nadie. O eso, o estamos ante una novela de ciencia ficción con un protagonista estereotipado, que se regodea en lo más sórdido de los instintos humanos hasta agotarnos, y que no aporta absolutamente nada nuevo a la literatura ni a la ciencia ficción. A partir de aquí, que decida el lector.»

Celia Gutiérrez Vázquez, El crítico, 4 de julio de 2008
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