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reseñas y críticas Sacrificio

«No es una novela negra al uso. Es más bien un Eduardo Mendoza con algo de Carlos Salem y el gracejo típico de los mallorquines, una mezcla de humor británico y del absurdo, todo ello dorado con leves pátinas de escepticismo.

»Sacrificio, de Román Piña, es un a joyita. Engancha desde la primera página. Un libro corto (120 páginas) muy bien escrito y con diálogos ingeniosos y ocurrentes.

»El investigador privado Pablo Noguera es un tremendo hallazgo. Su primer caso, con Raúl Palmer, es desternillante. Recibe a su cliente en el sótano de un edificio oficial, en el que parasita la wifi de la oficina de turismo municipal.

»Su colección de libros a un euro proceden de tiendas de muebles viejos. "En todos esos locales encontrabas joyas, aparte del ejemplar de rigor de Tuareg de Vázquez Figueroa, el libro más comprado y más expulsado de los hogares españoles en los últimos treinta años".

»Nada como ver el progreso de este investigador a la sombra de la crisis económica, en la que se hace de oro investigando a constructores y políticos corruptos de Baleares. El cambio de estatus queda claro cuando pasa de beber Johnnie Walker Etiqueta Roja a consumir Blue Label.»

José Sevilla, Novelamásquenegraypolicial, Abrild e 2016
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«Horacio Topp es el hombre más feliz del mundo.

»Horacio Topp es una celebridad, el más famoso conferenciante de motivación y autoayuda, un Nick Vujicic, sin brazos ni piernas, pero con una voluntad bíblica.

»Horacio Topp, el hombre más querido del mundo, ha desaparecido.

»Esta es la trama. No diremos más. Lo que nos interesa a nosotros va por otros derroteros…

»Hay varias cosas a tener en cuenta en lo que respecta a esta novela corta de Román Piña (Palma, 1966), narrador astuto donde los haya. La primera y más importante es que Sacrificio no es lo que parece. De lo que se trata es de dudar: todo sacrificio está precedido de su particular dosis de duda.

»En segundo lugar, Sacrificio no es la historia de una sola, sino de muchas renuncias. Renuncias en varios niveles: está el editor en principio idealista que acabará mandando a paseo sus escrúpulos después de descubrir la dura realidad del trabajo de edición, está la prostituta (sacrificadora por definición) que pierde su identidad por un precio, está el modelo a imitar, el viejo adalid que resulta no ser tal y que venderá su alma al diablo, convertido en el hombre más odiado, pero también y por eso, quizá, libre.

»Decíamos que los sacrificios de esta novela se producen en varios niveles: el más interesante, probablemente, es el que tiene lugar a este lado de la realidad, el que lleva a cabo el propio Román Piña: bajo una apariencia de novela popular (detectives, humor, sexo, amor y desengaño), Piña esconde un secreto. La apariencia excesiva, como la del best-seller de Topp, es (esta es mi tesis) solo eso: apariencia. Todo lo que hace Piña lo hace de forma premeditada. Es todo un engaño, un juego metaliterario: lo que a primera vista puede provocar una decepción en el lector culto se revela una estrategia preconcebida. El autor parece preguntarnos: “¿te arriesgarás a seguir leyendo?” Quien sí arriesga es Román Piña: primero nos guiña el ojo con Ifigenia, nos habla de Luciano de Samosata, de Salinger (como el tal Onsurbe, insobornable, gran detractor de la voluntad de sacrificio); al minuto siguiente nos muestra una escena de tórrido sexo, forzada, forzosamente de mal gusto, anticlimática. El lector astuto no puede comprender, duda: “¿me atreveré a hacer el sacrificio de seguir leyendo?” Al lector de best-sellers le ocurrirá, probablemente, lo contrario: dudará ante la intelectualidad sugerida por las referencias grecolatinas, rebuscadas técnicas como la del manuscrito encontrado o las cajas chinas y los guiños salingerianos.

»En cualquier caso, si hay algo común a estos sacrificios es el precio: lo que está en juego, siempre, es la reputación. Siempre.

»Dejando de lado las consideraciones pedantes, Sacrificio es una novela de detectives protagonizada por Pablo Noguera, un relato erótico protagonizado por Ifigenia, una historia de supervivencia protagonizada por Horacio Topp, un juego metaficticio protagonizado por Román Piña. Arriésguense y lean.»

José Manuel Romero, Aullido, 16 de enero de 2016
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«Cuando ustedes lean Sacrificio, la novela de Román Piña que ha publicado la editorial Salto de Página, van a encontrar una feliz mixtura de géneros que mete en la coctelera el género negro y la comedia, con unos toques de costumbrismo y crítica social aderezados con vitriolo y ácido sulfúrico. Y sarcástico.

»Fíjense que he dicho “cuando ustedes lean” y no “si ustedes leen”. Porque ustedes, lectores inteligentes, modernos -que no post- y contemporáneos, deben leer una novela corta en cuanto a continente, 120 páginas de letra legible por un cuarentón, pero larga y profunda en cuanto a contenido.

»Y es que la realidad que nos rodea tiene mucho contenido literario, a nada que nos fijemos. Y Román Piña se fija. ¡Vaya si se fija!

»La autoayuda, por ejemplo.

»¿No estáis hartos de tanto coñazo buenrollista sobre las bondades de la vida, incluidos esos golpes cabrones que se empeña en darnos, una y otra vez?  Que has tenido un mal encuentro y te han roto la cara… ¡sonríe! Alguna lección positiva habrás aprendido.  ¿Que te tienes que apuntar a full contac, por ejemplo? ¿Qué te han despedido del curro? ¡Sonríe! Ahora puedes convertirte en el emprendedor que siempre quisiste ser… Y es que tener una nómina y el alta en la Seguridad Social era un lastre, ¿verdad? Y todo así.

»Partiendo del secuestro de un famoso gurú del buen rollo al que todo buen lector sabrá reconocer desde el principio, Sacrificio nos cuenta una historia delirante, pero muy apegada a la realidad, sobre el mundo editorial y uno de esos fenómenos mediáticos que lo peta, en formato libro y el formato televisión.

»Una historia con detective, como hemos dicho. Y con editores. Uno de esos editores puristas que sufren una (aparatosa) caída del caballo y ven la luz.

»Y está el fenómeno. Horacio Topp. El fenómeno mediático. Que es secuestrado. Y al que es preciso encontrar. En Mallorca, la tierra de Román Piña, que tan bien conoce y tan bien describe.

»En Sacrificio hay mujeres buenas. Y malas. Sueños por alcanzar. Y sueños rotos. Gente rara. Pero real.

»Hay drama. Pero con risas. Y risas, pero trufadas de lágrimas. Y hay venganzas. ¡Ay, las venganzas!

»Porque la realidad es así: absurda, extraña, tragicómica. Y Román Piña la ha convertido en el material literario del que están hechas las buenas novelas contemporáneas.»

Jesús Lens, Pateando el mundo, 7 de octubre de 2015
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El precio de la ambición

«A veces en la vida hay que dar algo a cambio, o mucho, para conseguir lograr una meta, un sueño o alcanzar la fortuna, Román Piña lleva al extremo con Sacrificio esta cuestión, en una novela en la que no existen «los buenos» y en la que sus personajes están dispuestos a pagar un alto precio por cumplir sus anhelos.

»Horacio Topp, uno de los protagonistas de esta novela e ídolo de masas gracias a sus conferencias y a sus libros de autoayuda desaparece sin más en Mallorca, no hay pistas salvo la de una novia desconocida para su entorno llamada Beni. Con estos escasos datos el detective pablo noguera iniciará un peregrinaje infructuoso por Barcelona, palma e incluso Londres, para intentar hallar tan afamado personaje cuyo posible secuestro o huída extraña a familia y policía, dadas sus mermadas posibilidades de movimiento. En su camino investigador vuelve a toparse con un ex profesor de letras clásicas reconvertido en editor y su secretaria, Raúl Palmer e Ifigenia respectivamente, dos elementos clave de la narración que poco a poco irán revelando su verdadera naturaleza: ambición sin límites, un deseo tan intenso que llevará a la defenestración de un mito a través de una despiadada red de mentiras y artimañas con el fin último de alcanzar la riqueza.

»Con un uso magistral de la ironía y el humor, a los que muestra en su estado más puro prescindiendo de ambages, Sacrificio se revela como un gran descubrimiento narrativo, a pesar de contar con una brevísima extensión.

»También es sobresaliente la construcción de los personajes, a los que cuesta muy poco imaginar durante la lectura, pues piña facilita todo tipo detalles, incluidos los más nimios. En este aspecto, varios de ellos destacan por sus cualidades malévolas y perversas, dos actitudes que el autor lleva al límite, mostrando conductas que se pueden tipificar como propias del sadismo. Mientras que en el extremo contrario, sitúa a un líder tullido que se ha convertido en un ejemplo de superación y que irradia bondad y positivismo en sus charlas de motivación.

»Todo ello bajo el prisma de la parodia del mundo editorial, del que realiza una feroz crítica por su búsqueda insaciable de obras mediocres, con una venta fácil y que contribuyan a llenar rápidamente las arcas de los empresarios.

»En definitiva, la última novela de Román Piña, Sacrificio, a medio camino entre la novela negra y, por momentos, de terror, ofrece un fresco muy realista de los seres humanos al abordar cómo afecta la caída de un ídolo a sus seguidores y cómo las personas son capaces de hacer alarde de una crueldad y una violencia infinitas.

Ángela Belmar, La Opinión de Murcia - Libros, 27 de junio de 2015
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«En esta novela negra todo es más de lo que parece. El relato oculta una reflexión sobre ciertas tendencias morales, el gusto por el morbo y el sufrimiento ajeno, el despiadado y enrevesado mundo editorial, ofreciendo a su vez una escalofriante y violenta historia.

»Estamos ante una obra que oculta tras su apariencia inicial de manida novela negra una reflexión sobre ciertas tendencias morales, sobre el gusto por el morbo y el sufrimiento ajeno, sobre el despiadado y enrevesado mundo editorial y que, de propina, nos regala una escalofriante historia de violencia con pasajes de casquería de primera calidad para que los buitres puedan saciarse. Este carácter mutante puede desconcertar un poco, pero lo hace añadiendo interés e incertidumbre, aportando tensión a la trama para mantenernos atentos hasta su resolución; trama que sortea con habilidad un peligro evidente en este tipo de relatos: el final fullero. En definitiva una obra pintoresca, que va ganando nuestro interés a medida que la recorremos y que, sobre todo, tiene la virtud de no dar tregua, de no tener relleno. Una de esas novelas que, independientemente de la opinión personal sobre su calidad literaria, presenta una construcción sólida, ni le faltan ni le sobran elementos y se remata con suficiencia, cerrando un círculo que cuando nos alejamos parece haber sido dibujado con perfección, nada de chapuceros trazos con pulso inseguro.

»En Sacrificio (2015, Salto de Página) todo es más de lo que parece. La riqueza temática, por ejemplo, es mayor que la esperada en una estereotipada trama detectivesca. Se habla de la decepción vital, de cómo pocos podemos decir que vivimos según nuestras inclinaciones y querencias. Se nos muestra un mundo editorial despiadado y mediocre, desvergonzado e inmoral. Se juega con el debate de si lo real supera a la ficción o sucede justo lo contrario. También se critican los estereotipos sociales sobre la belleza, el éxito y la búsqueda de la felicidad a toda costa. Percibimos un ataque furibundo a esa actitud arribista que parece justificar los medios utilizados para escalar hasta la cumbre social. Como vemos, muchos filones por explotar para lo que parecía una mina sin muchas posibilidades.

»La historia comienza con un descreído investigador acomodado en su sórdido cuchitril que bebe y se destroza la vida hasta que le llega el trabajo y la persona que lo cambiará todo: Raúl Palmer y sus problemas telefónicos. Años después, Pablo Noguera, el protagonista, acepta participar en el caso de la desaparición de Horacio Topp. A partir de este punto, a la narración empiezan a crecerle púas y aristas; comienza a generar dudas e incomodidad en el lector. Los temas tratados adquieren más enjundia y la ambientación, en paralelo al descubrimiento de la calaña moral de los actores implicados, se hace más sórdida y desagradable. Esta transición está muy bien conseguida.

»La técnica y el estilo son fluidos. Los tiempos están bien medidos y la tensión se va acumulando progresivamente a medida que avanza la acción. Además, el autor utiliza pequeños trucos, como introducir en la narración referencias informativas cercanas en el tiempo y pertenecientes a la cultura popular. Aprovecha también estas alusiones para emitir opiniones críticas sobre esos mismos temas de actualidad político-social. Aparecen famosos periodistas, acontecimientos históricos, referencias cinematográficas, etc. Román Piña, a través de uno de los personajes, introduce menciones a la mitología clásica en un jugo que se demuestra, de nuevo, más importante de lo podría parecer. En definitiva, el narrador sabe despertar nuestra curiosidad y nos ofrece pequeños caramelos para que nos mantengamos atentos a la lectura.

»Muy al principio del texto se detectan dos situaciones resueltas con sendos deus ex machina que, por la habilidad narrativa desplegada después, quiero pensar que son recursos del autor para favorecer esa pátina de novela chusca con la que se nos quiere introducir en el libro.

»Resaltaría varios méritos de esta obra. En primer lugar, la resolución de la trama con un giro-juego de ingeniería narrativa que divierte y permite rebajar toda la tensión acumulada. Segundo, la naturalidad con que se usan las referencias urbanas de dos ciudades como Palma de Mallorca y Barcelona, consiguiendo el efecto curioso de hacernos pasear por ellas sin que tengamos la sensación de haber sido arrojados a un mapa turístico simplón y con olor a sangría y crema solar. Por último, destacaría el uso de un humor sutil, que no molesta ni chirría y sirve como complemento al tipo de personajes y situaciones que se plantean. Un humor necesario además para templar la exhibición de cinismo que destilan la mayoría de piezas de este puzle. Los sarcásticos personajes están bien dibujados, sus motivaciones son creíbles y se relacionan entre sí con perversa precisión matemática. La moralidad laxa de la mayoría de ellos está tan bien expuesta que despierta una repulsión —acompañada de su opuesta fascinación— casi inmediata hacia ellos.

»En definitiva, he podido divertirme con esta lectura, que es lo que se pide a una novela de género policiaco con pocas pretensiones; también he disfrutado de la arquitectura interna y la destreza del narrador, que es lo que se pide a una obra trabajada; más aún, he sonreído con el descaro y la actitud pasota de un personaje principal de vuelta de todo, que es lo que se pide a una novela con tintes humorísticos. Es decir, he obtenido satisfacción en varios frentes con esta narración polifacética de apariencia sencilla y fondo oscuro e inquietante. Eso sí, este Sacrificio de Román Piña puede hacer aflorar nuestros más bajos instintos como consumidores de productos de dudosa moralidad. Anden pues con ojo o se les acabará viendo el plumero.

»Un consejo final, si deciden contactar con el detective Noguera, periodista muy retirado, no rechacen su invitación: tómense con él un copazo de Blue Label.»

Víctor L. Briones Antón, La vida útil, 23 de mayo de 2015
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«Hay una especie de prurito entre algunos lectores, e incluso entre literatos, que parece hacerles creer que la buena literatura ha de ser seria, solemne, y que debe esquivar el humor. Sin embargo, Sterne,  Swift, Shakespeare o Rabelais nos dicen lo contrario. También en Sacrificio el lector podrá encontrar buena literatura teñida de mucho humor, en su vertiente más vitriólica y descarnada.

»Sacrificio, de Román Piña (Palma, 1966), nos relata la historia de un detective advenedizo, que está sacando tajada de la crisis que azota al país. Uno de los primeros trabajos que se le presenta es un anodino caso: encontrar a una persona que molesta con insidiosas llamadas telefónicas. Este primer caso conducirá al narrador, el detective privado Pablo Noguera, a conocer a Raúl Palmer. Palmer es un profesor de literatura clásica, hastiado de su profesión docente, con ciertas veleidades literarias, que acabará montando una editorial en Barcelona.
Tras este aparente primer caso de poca monta, los acontecimientos comienzan a sucederse de un modo trepidante. El siguiente caso es más extraño y complejo. Se trata de investigar la desaparición de Horacio Topp, hijo de una familia acomodada, gurú de masas, guía espiritual y campeón paralímpico. Un hombre que se ha hecho a sí mismo, sin brazos, sin piernas…sin paradero conocido.

»¿Han secuestrado a Topp? ¿Quién querría hacerle daño al hombre más querido del mundo, al joven que ha conquistado los corazones de miles de personas? ¿Al autor del gran libro de autoayuda Nunca falta nada? Tras el hilo de sus investigaciones, Pablo Noguera descubrirá que este libro fue publicado por un editor cuyo nombre cree recordar: Raúl Palmer, uno de sus primeros clientes.

»En esta delirante comedia negra (por el humor y porque se aviene al género policial) nos adentramos en la trastienda del mundo editorial. (Para ahondar más en este asunto, recomiendo La mala puta, del mismo autor, junto a Miguel Dalmau, en Editorial Sloper.)  Piña, es además de escritor, editor, por lo que conoce de primera mano los entresijos de la edición. En Sacrificio, como decía, se destapan algunos de los trapos sucios del universo de este mundillo: contratos basura, productos editoriales, trucos publicitarios. Quizá, para resaltar más la parte grotesca de la historia, se ha preferido contar solo lo más truculento e inconfesable de este mundo. Un mundo que parece alzarse al fondo, como paisaje de la misteriosa desaparición de Topp.»

Pedro Pujante, Otras orillas, 24 de abril de 2015
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Sed de violencia: una tragicomedia

»Román Piña es profesor de lenguas clásicas. Compagina esta profesión con múltiple activismo cultural: responsable de la revista literaria La bolsa de pipas y director de la editorial Sloper, además de columnista en la prensa. También escribe ensayo y hace poco ha publicado La mala puta, donde él y Miguel Dalmau recrean la degradada situación de las letras españolas actuales en un inmisericorde fresco. En fin, como narrador practica un humorismo jardieliano, irreverente, paródico y con lúcidas cargas de profundidad entre la crítica y el pesimismo. Recuerdo, y cito a veces, como muestra insuperable de rechifla literaria el pasaje “Salvar al soldado Aquiles” de la novela Stradivarius Rex en el que pone en solfa el subgénero histórico de moda.

»No daría esta mínima noticia sobre el entusiasta escritor mallorquín si no fuera aconsejable para entender Sacrificio. Todos los datos señalados participan en la ideación anecdótica y formal de esta breve e intensa ficción. Un personaje es profesor y editor, otro se llama Horacio y una chica Ifigenia, frecuentes momentos se refieren a la literatura, el mundo editorial o la prensa, y el humor es uno de sus registros. Con la base de vivencias y querencias personales, Piña arma un ágil mecanismo narrativo compuesto por una variada materia cultural, notaciones costumbristas críticas y un duro daguerrotipo de la condición humana que comienza como una comedia ligera de género criminal, aumenta su densidad según avanza la historia y desemboca en agria tragicomedia.

»Pablo Noguera, experiodista y ahora investigador privado, asume el encargo de encontrar al desaparecido Horacio Topp, un deforme que se ha hecho famoso como incongruente propagandista de la autoayuda y la felicidad. Un antiguo amigo de Noguera, el editor Raúl Palmer, se convierte en elemento imprescindible de la investigación. Al final, tras sorpresas de gran calibre, se esclarece la enrevesada trama.

»Esta clásica estructura incluye una parte media que contiene el relato presuntamente autobiográfico titulado “Topp” y firmado con el pseudónimo Luciano de Samosata que cuenta las horribles peripecias del homónimo personaje durante su secuestro.

»En el conjunto de su recorrido Sacrificio muestra dos asuntos principales. En uno de ellos pone en el punto de mira las pésimas prácticas de la actividad editorial. Cuenta la claudicación de un editor idealista que aspira a inundar los grandes almacenes con autores clásicos y termina vendiendo su alma al diablo para conseguir el éxito comercial. Esta inmolación de todo, de la calidad y de la ética, en el altar del negocio contiene una denuncia implacable, apuntalada con detalles veristas, de la deriva de la industria cultural hacia la pura especulación financiera. El otro asunto se refiere al gusto por la violencia y se engarza con el anterior por medio de “Topp”, prototipo de deleznable literatura de consumo promovida por un editor desaprensivo en busca de un pelotazo.

»La novela interpolada (por cierto, el humorista Piña demuestra su capacidad para hacer un relato tremendista y brutal) es un modelo de literatura “gore” llena de vísceras, mutilaciones y sadismo. El éxito de un best-seller escatológico sirve de base para plantear una inquietante tesis: los humanos padecemos fascinación por la maldad y existe ansia colectiva por recrearse en el mal.

»Quién sabe en qué medida somos así, pero, en cualquier caso, Román Piña cuenta una espantosa historia que produce desasosiego. Le deja a uno muy mal cuerpo.»

Santos Sanz Villanueva, Mercurio, Abril de 2015
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«En su Sacrificio puede parecer que Román Piña practica la novela negra… pero lo que está haciendo más bien es retratar un mundo en descomposición.

»En su novela más reciente, el poeta y narrador Román Piña Valls (Palma, 1966) desarrolla un género que ha sido considerado menor durante mucho tiempo y lo eleva a la categoría de literatura. En Sacrificio (publicado por Salto de Página dentro de su colección Púrpura), el autor mallorquín se mueve dentro de las tradiciones de la novela negra, pero añade su toque distintivo: “Muchos habían optado por ser fieles al cónyuge por pura supervivencia, de modo que las sospechas de cuernos, los celos y los detectives de la entrepierna estábamos replegados. El desempleo y las deudas habían puesto firme a más de un vivalavirgen” (p. 22).

»Una rara poesía surge de la crisis de valores que la novela denuncia. Se alternan el ingenio y el comentario social. La ironía es cínica pero nunca mordaz. El detective Pablo Noguera, su protagonista, sigue un código no declarado pero firme de honor y carácter incorruptibles en un mundo moralmente ambiguo donde la conducta caballeresca no importa: “Los peces más gordos de la charca política estaban ya entre rejas o a punto de darse de bruces contra ellas (…). Matas, el presidente de la comunidad que subvencionó el chiringuito de Undargarin, el yerno del Rey Juan Carlos, estaba pendiente de ingresar o ser indultado” (p. 23).

»Piña sabe esbozar una escena con humor y con la cantidad justa de detalles. Sus personajes cobran vida. Piña ha creado un protagonista convincente, con su propia marca de dureza distante y amargo romanticismo. Las tramas aparentemente dispares finalmente convergen, muertes distintas a la esperada tienen lugar, y Noguera se encuentra con algunas sorpresas indeseables. Todo esto suena a una típica novela de misterio. Lo que la diferencia son sus certeros comentarios acerca de la sociedad, el crimen y los criminales, la riqueza y el poder; la interacción entre personajes bien definidos; sus escenas fuertemente visuales; sus alusiones al orgullo, la honra, el abuso del poder oficial o privado; las mentiras que nos contamos. Uno de los personajes afirma: “Los límites que soñaba violar en mi infancia desaparecieron del horizonte. Si hiciera lo que me pide el cuerpo, me convertiría en un terrorista del arte, por ejemplo. Me haría delincuente en nombre del humor” (p. 17).

»En Sacrificio, el autor mallorquín logra trascender los límites y las convenciones del género mezclándolos con elementos de la novela existencial. La búsqueda del detective es ofrenda a una deidad inexistente. La solución al enigma es el enigma en sí. La expiación jamás tiene lugar: “Escribí un mensaje anónimo al autor de El Deber de la Amargura, elogiando su visión pesimista del mundo, declarándome afín a ella. Nos cruzamos durante una semana emails alimentando nuestro rechazo al universo. Resultó divertido el día en que competimos en tremendismo y buscamos lemas para un Apocalipsis: yo propuse “Enmienda a la totalidad” y el contraatacó con “El mundo está mal hecho”” (p. 55).

»El lector que se acerque a esta novela esperando un festival de golpes y disparos se sentirá decepcionado. Hay muertes, qué duda cabe, pero no en la forma y cantidad en que se encuentran en una novela policíaca. El tema principal es el destino y sus caprichos: un hombre que resulta ser un detective se ve abocado a una desaparición que resulta ser un crimen. “Sacrificio” es la historia de alguien que trata de hacer lo correcto desde una lealtad y convicción profundamente sentidas, alguien que es castigado y traicionado por sus esfuerzos.

»Más que una obra de ficción (aunque es eso también), es un lamento en la oscuridad por la condición humana. La desaparición de Horacio y su búsqueda desembocan en una red de decadencia, corrupción y asesinato: “Me dejarán en una caja en el paseo del Borne, de madrugada. Coserán mis ojos y mis labios. Quieren hacer de mí un sobre sorpresa. Quieren provocar estupor por entregas: mis ojos descosidos luego estarán ciegos, mis oídos sordos, mi boca reabierta será muda, y mi corazón latirá, pero muerto (…). Si alguien salva este escrito, que lo muestre al mundo” (p. 106).

»Sacrificio, como su título indica, es una novela elegíaca, un largo adiós a un mundo de policías, gánsteres y detectives. Los trabajos a los que se ve sometido Noguera son infructuosos. Hacia el final, sentimos la repugnancia con la que se mueve el protagonista, su desesperación profunda. Más allá de la dureza, más allá de la ironía, Noguera desemboca en el reino de la furia existencial. Lo que Piña parece decirnos es que la sociedad en que vivimos está totalmente degradada y corrompida en los cimientos sobre los que se construyó. Y tiene razón.»

José de María Romero Barea, Fantastic Plastic Mag, 9 de abril de 2015
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«Le ha quedado cojonuda esta novelita (120 páginas) a Román Piña. Aquí salen más hijos de puta que en una bacanal con aquelarre de Charles Manson y Sandro Rey de la mano de la bruja Lola y el enano Sandoval. Ni aposta ; con premeditación y un ex profeso del copón. Es el MAL. Absoluto. Incondicional. Sin negociación. Risas, todas, de rango tristeza y frivolidad.
Horacio Topp había nacido sin brazos ni piernas. Sólo con una especie de alita, como un dedo extraño, donde debía nacer su brazo derecho.

»Horacio Topp no tiene pies ; tampoco piernas. Es pura energía del positivismo. El Mesías del necesitado, aunque el espectador sea una adolescente gordo con granos y una kawasaki-z800 del 98 que se quiere tirar del puente de Segovia  porque su madre es gorda y tiene bigote y en consecuencia él es una obra directa.  Irene Villa, pero a lo bestia. El salvador, el niño del anuncio de Cola-Cao, que hace surf, esquía, vuela en parapente y acaricia la calva de un abuelo moribundo. A Horacio nadie sería capaz de hacerle daño, primero por benevolencia y mansedumbre, segundo porque tiene la misma minusvalía que un caracol común de jardín modelo Helix Aspersa y está fabricado de desechos. Pero desaparece. El tipo que nos convence para vivir, cuando el principal prodigio es cualquier motivo de su sonrisa. Es Horacio Topp.

Si sabes que Topp existe y te fastidia ligeramente ser negro, blanco, mulato, amarillo, o ser judío, árabe o gitano, seguramente no mereces vivir. Suicídate.

—Sabemos que estás escribiendo mucho, Topp. Seguro que esto no va a pararte los pies.

Y se rió de su maldad.

Le torció el dedo hasta oírse una rotura de hueso. La alita quedó colgando por la piel, hasta que Salomón la cortó con unas tijeras de cocina.

Escribo, decía el texto, volcado en un teclado que empapo con lágrimas y mocos. No son lágrimas de pena. Son de odio.

»Desconocía hasta la fecha la obra de Piña , pero me declino en la oferta de romper una lanza a su favor porque considero muy difícil la narrativa más bufonesca y transgresora , casi siempre tan poco reconocida por el gran público , tan flipado con la tragedia, la vida de los deportistas muertos y los mitos, y he recaído en el hipnotismo de estar a full con Sacrificio las tres horas que se tardan en leer 120 páginas. Poco más se le puede pedir a la literatura desde un sillón rojo con una birra. El no atender a nada ni a nadie por un puto libro. Ocurre cuando la escritura es heroica y el sarcasmo inteligente. ¿ Quién dijo que la burla, el humorismo puramente negruzco, las discapacidades físicas, los feos , los malísimos, los corruptos de Mallorca, los editores hijos de puta (y graciosos)  y los remiendos del detective no valen para la alta literatura ? Al final es lo mismo, una veces premeditadamente: el alma humana. Otras, con chiste: el alma humana. De ahí que la novela sea más importante de lo que parece. Con chiste. Muy válida como artefacto analítico del está pasando frente a la alcanforada vida fragmentaria e imperfecta de muchas obras literarias.

»El humor como tono de reflexión, carente de todo protocolo, como la realidad, el reflejo de la condición humana, y un puñado de miserias. Todas.»

Javier Divisa, Tarántula Revista cultural, 23 de marzo de 2015
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Placeres del infierno

«Lo último de Román Piña es una vuelta de tuerca sobre su distinguido sentido del humor, siempre sostenido por una escritura de buen nivel: lo cómico y lo irónico giran tanto sobre sí mismos que desembocan en la ambigüedad. El lector no acaba de saber en qué espacio cierto se está moviendo, si en el del drama social, el del esperpento o el de las muecas de un mundo que ríe igual que llora. Finalmente, esto importa poco.

»De aspecto, Sacrificio (Salto de Página) es una historia detectivesca, aunque poco apoyada y justificada en lo detectivesco. Más bien es una historia que pasa en la mente del sabueso protagonista, dejando la impresión de que esa mente no es la que investiga la realidad, sino que es la realidad la que investiga a la mente. Hay, por supuesto, una peripecia clara, un caso y hasta una misión, pero compuestos de materiales poco aprehensibles, de modo que la ficción se va adueñando de ellos para darles consistencia. No la ficción de la novela, sino la ficción en la que necesitamos vivir para que las cosas tengan sentido, al menos durante un rato.

»Y enmedio del proceso impulsado por la intriga aparece, de forma un tanto inesperada, el sentimiento de la compasión, y la compasión se apodera de la novela hasta convertirse en su único tema. La compasión que salva del dolor propio y que evita el dolor ajeno, que representa el amor por las cosas que puede llegar a ser más grande que las propias miserias y que también, por otro lado, nos asoma al abismo. Sentir amor, no recibirlo, es la fuerza superior que se eleva por encima de las flaquezas y de los golpes de la fortuna. No de cualquier flaqueza o de cualquier golpe: de la flaqueza que nos hace desear la tumba, de los golpes que son una carcajada de Dios en nuestra cara.

»El reverso de la compasión es la crueldad y la crueldad forma parte de los deleites del infierno y de las masas. Al menos, su contemplación. El relato ofrece aquí un último giro. Disfrutar con el ensañamiento de la violencia, con los conflictos de la intimidad, con la podredumbre de la vida no es solamente un gusto mal orientado, una deficiencia estética, sino la estructura de una carencia absoluta, la de la capacidad de comprometerse con el mundo para entenderlo y para conocer los distintos lugares que los seres humanos ocupan en él.

»La novela de Piña concluye con cierta tristeza después de haber certificado las posibilidades de redención en este universo insano, arbitrario y propenso al sarcasmo de todo lo sagrado. De todo lo humano.

»Lo mejor de la novela es que está escrita sin pretensiones (en el buen sentido de la expresión) y es precisamente esa falta de pretensiones lo que otorga un relieve especial a los sentimientos que la van surcando, como barquitos en una marea.»

Alejandro Gándara, El escorpión, 23 de marzo de 2015
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sacrificiS

«De Román Piña (Palma, 1966) es obligado destacar, junto a su trayectoria de autor independiente (con títulos narrativos como Las ingles celestes, Gólgota y Viaje por las ramas), una cualidad sobresaliente: utiliza la ironía sin concesiones, y hace de ella un recurso que funciona como artificio eficaz a la hora de narrar, porque convierte las miserias de un trasfondo social y cultural como el de esta novela, titulada Sacrificio, en una hilarante epopeya burlesca sobre el todo vale con tal de lograr los fines que se persigan, incluso una broma macabra y perversa producto de un editor sin escrúpulos.

El tema ya estaba presente en sus escritos, como prueba su última publicación (en colaboración con Miguel Dalmau), el demoledor ensayo, La mala puta. Réquiem por la literatura española (2014), un discurso a dos voces sobre los hábitos de algunos escritores (son sus palabras) y modos de algunas editoriales. Y aunque lo de ahora es pura ficción, también aquí hace saltar al ruedo, con su sarcasmo habitual y una gran dosis de contundente escepticismo, lo que las editoriales pueden llegar a hacer, hoy, por la supervivencia del libro.

»La empresa editorial de su historia, esculpida sobre mitos y referencias a la cultura clásica, resulta ser el codiciado proyecto de Raúl Palmer, un ex profesor de latín y griego (como el propio Piña), dispuesto, si hace falta, a comportarse como Teseo, “meterse en el laberinto del éxito, y cargarse al Minotauro”: sacrificarlo todo, vamos, con tal de que “las naves griegas salgan hacia Troya”.

»Pero no delantemos acontecimientos ni nos detengamos en detalles argumentales, porque la nueva novela de Piña es un puro desafío a cualquier perversión y a toda previsión, lo que, bañado entre ingeniosas ocurrencias que se celebran con asombro, garantizará la diversión y el entretenimiento de quien la lea. Desde las cábalas a las que arrastra el título, sugerente modo de arquear la ceja frente al paradójico “sacrificio” hasta el que es necesario llegar para un fin tan loable como fabricar el libro que el lector demanda. Hasta el embrión del argumento, una excusa armada sobre una engañosa dispersión de motivos, por encima de los cuales se erige la peripecia central.

»Pablo Noguera es el narrador, investigador privado con pasado de periodista, al borde de los 50 años, soltero, desencantado de todo, y gran lector. Ahora tiene que averiguar el paradero de un famoso deportista paralímpico, convertido en líder espiritual de chicas adolescentes. La búsqueda le conduce hasta Raúl Palmer, a quien conoció siete años atrás, por ser el editor del libro de memorias de ese inefable fenómeno mediático cuya identidad se va tejiendo a medida que el embrollo crece, y al que investiga sin éxito alguno.

«Así se incorporan al relato temas como la creación de mitos y la caída de líderes, aderezado con recursos propios de la novela de intriga, a los que se suma también la estrategia de convertir la propia creación en sustancia narrativa. Y todo ello envuelto en la visión ácida y crítica de una ficción con carácter testimonial, hecha de recortes heterogéneos sobre los que se va forjando la realidad que perfila. Una realidad acertada en el fondo, divertida, cínica y lúcida en el ir y venir de las miserias del mundo del libro (como acierta a decir la contraportada) a las del mundo en general.»

Pilar Castro, El Cultural, 20 de marzo de 2015
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Sacrificio, Román Piña

«Un escritor, gurú de la autoayuda, ha desaparecido; todos piensan que ha sido secuestrado, presuntamente por un admirador… Esta es la base de Sacrificio, la última novela del escritor, poeta y editor Román Piña (Palma de Mallorca, 1966), una novela corta pero, sin embargo, intensa en que, al hilo de la desaparición dicha, Piña se adentra en los terrenos de la "componenda" editorial, que es esa hermanastra fea, pero imprescindible, de la "creación" artística.

»Porque igual que un cuadro quedará siempre oculto sin un galerista que lo exponga, y un pintor no es nadie sin un marchante que lo negocie, así lo decisorio en las letras es, al fin y al cabo, lo que sigue después que el escritor haya puesto a sus páginas punto y final. Y lo que sigue suele ser un territorio salvaje, una "jungla" —¿por qué no?— a la que ya se asomó Piña en su anterior obra, un ensayo, en colaboración con Miguel Dalmau, muy celebrado y que tenía por título (casi nada): La mala puta. Réquiem por la literatura española.

»En Sacrificio, las interioridades que se van descubriendo del escritor desaparecido nos asoman a toda una trama de montajes literarios, trampas en la publicación, corrupción —podría decirse— en las librerías, una ola que se lleva por delante, en primer lugar, a esos editores ingenuos que alguna vez soñaron con atrincherarse en la calidad y que han acabado renunciando definitivamente a su sueño unos —los menos— a cambio de beneficios económicos, y otros —los más— de la mera supervivencia.

»Representativo es, en este sentido, que el (exitoso) escritor de autoayuda protagonista de Sacrificio sea un hombre menguado —muy, incluso «demasiado» menguado, y en este exceso entra el humor salvaje y desmandado de Román Piña— cuyos consejos de vivir son tan obvios, tan vacíos, tan simples, en el peor sentido, que constituyen indudablemente un éxito de público. En contraposición a esta figura podría ponerse la de un tal Onsurbe, autor se presume que no demasiado malo pero que, sin embargo, se niega a participar en la exhibición a veces necesariamente impúdica que supone un buen lanzamiento literario. Algo raro ocurre a nuestro alrededor cuando el lector seguramente comprenderá y aplaudirá el exhibicionismo promocional del autor menguado y quedará perplejo ante los remilgos y protestas de dignidad de aquel Onsurbe.

»"Ahí tienen al hombrecillo subido a la mesa, con su micrófono inalámbrico como una estrella del rock […] pueden verlo saltando, rodando como una pelota, girando como una peonza, jugando al cricket, buceando, haciendo surf, saltando de un trampolín […] con todo el paquete de efectos para que verlo y adorarlo sea una necesidad. ¿Leerlo? Leerlo no hace ninguna falta."

»Reflexiones, en fin, sobre los productos comerciales y la forma en que nos dirigen hacia ellos, insertas en un texto ágil, preciso, y con el humor bestial característico de Román Piña, que proporciona escenas desagradablemente jocosas. ¿Que cómo puede ser esto? Lean y verán.»

Miguel Baquero, La tormenta en un vaso, 18 de marzo de 2015
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«Román Piña ha explicado que su novela no pretende ser cómica, y para cualquiera que la lea esa aclaración es innecesaria: sus breves y velocísimas 120 páginas son otra historia de terror, otro asalto de angustia. La historia arranca como una parodia casi comiquera del género negro, pero pronto empezarán a abrirse unas puertas terribles que no quiero desvelar. Aquí solo insinuaré algunos temas e hilos, como la corrupción y necrosis del mundo editorial; el secuestro de un referente moral que verá sometida la luz que emana su vida a las más brutales pruebas; la caridad y el sacrificio; e incluso el amor. Claro. No hay terribilidad sin amor o deseo. Sacrificio no bromea, y sus reductos deliberadamente payasiles no logran consolar al lector de tanto retorcimiento grotesco, de tanta violencia ritual (y el mercado es, en cierto modo, otro ritual), de tanta "columna en ruinas".»

Josep Maria Nadal Suau, El Mundo | Baleares, 14 de marzo de 2015
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Crónica de la bondad hecha pedazos

«He leído hasta la fecha la práctica totalidad de la obra narrativa de Román Piña (Palma de Mallorca, 1966) y si algún pero se le puede poner a su última novela es que no se parece a ninguna de las anteriores. En definitiva, no parece una novela de Piña. Esto no sé siquiera si es necesariamente negativo, pues las dos últimas entregas del autor (Stradivarius Rex y El general y la musa) aunque eran divertimentos bien escritos, pretendidamente ligeros y en la cuerda humorística que Piña ha venido cultivando, estaban exentos de auténtica ambición literaria. Como nunca he dudado del gran talento literario del escritor mallorquín pensé (y otros me consta que también) que en realidad se entretenía en historias graciosas y disparatadas porque eso es lo que le divertía y porque no le exigían el esfuerzo descomunal de una gran novela, esfuerzo que por otro lado le obligaría a desatender su otras muchas facetas culturales. Sin embargo el tipo publica ahora este inesperado Sacrificio y se queda uno sin saber dónde mirar, sin saber qué pensar, rastreando aquí y allá pedacitos del Piña anterior sin mucha suerte, como si éste hubiera desertado hastiado de su viejo estilo y hubiera sacado toda la artillería para exclamar: “Se acabó la tontería. Aquí estoy yo y esto es lo que hay”. Patidifuso, oigan.

»Esta novela breve es dura y es cruel, tan dolorosa como debe serlo hurgarse las muelas con un estilete. Potente y sarcástica como una historia de Palahniuk, alegórica e inquietante como un texto de Felipe Hernández, que se lee cuesta abajo, sin frenos e intuyendo un desenlace calamitoso.

»Vaya por delante que no soy especialmente aficionado a los actos de crueldad ni de violencia física (ni en el cine ni en la literatura). Digamos que prefiero una violencia más sutil aunque no menos devastadora. Sin embargo hacer esa lectura de Sacrificio sería quedarse en lo superficial, porque bajo su falsa apariencia de novela negra Román Piña ha levantado en realidad una fábula demoledora del albañal del mundo literario, una crónica del emponzoñamiento de un alma cándida, de la corrupción de la bondad que se justifica a sí misma por medio del amor y sus urgencias. Que duda cabe que la maldad más atroz es aquella que va acompañada del intelecto. En esta historia la maldad proviene de altos despachos y de mentes capaces de sortear las vallas de la decencia, la ética y la compasión. Como en la vida misma.

»Sacrificio es una novela rara en la trayectoria de su autor, cierto, y también su más brillante obra narrativa hasta el momento. Y desde luego, guste o no, lo que no hace es dejarle a uno indiferente. Por ese motivo quizá deban leerla.»

Diego Prado, Café con libros, 16 de marzo de 2015
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«Cuando comenté la novela El general y la musa, hace unas semanas, ya dije aquí que conocí a Román Piña Valls (Palma de Mallorca, 1966) en Palma de Mallorca las pasadas navidades y que va ser el editor de una de mis novelas en su editorial Sloper. Cuando en febrero de 2015 vino a presentar su nueva novela a Madrid, me acerqué hasta la Central de Callao para poder comprar su libro y saludarle.

»La presentación corrió a cargo de Pablo Mazo –editor de Salto de página- y de David Torres –escritor y amigo de Piña-. Román no quería que en la presentación se desvelasen demasiados detalles de la trama de su novela, así que además de hablar de sus temas de fondo, se leyeron algunas de sus páginas.

»Sacrificio es una novela corta, dividida en ocho capítulos. Pero en ningún caso debemos asociar su escaso número de páginas, poco más del centenar, a cualquier idea de levedad. En realidad, es sorprendente la de temas, la de personajes y tramas y subtramas que le da tiempo a Piña a desarrollar en esta novela. Ningún personaje, ni ninguna escena narrada es superflua, todo lo expuesto sobre el papel tendrá su lugar en la narración, su relevancia.

»Sacrificio se sirve del género policiaco para hablarnos en realidad de la vida y la literatura, del sentido último que tiene –o ha dejado de tener- ésta última para la sociedad. Más concretamente, uno de los temas más importantes de la novela –ya trabajado por Román Piña junto al escritor Miguel Dalmau en su ensayo La mala puta- es el de la pérdida de importancia social de la literatura que intenta explicar el mundo a favor de una literatura más comercial, que busca la inmediatez del morbo fácil o que nos propone la más complaciente autoayuda.

»La novela se desarrolla principalmente en 2014, pero en el primer capítulo (de ocho) conocemos a dos de sus protagonistas en 2007, durante su primer encuentro. Pablo Noguera –el narrador- se ha convertido en detective privado hace poco y recibe en su pobre despacho a Raúl Palmer. Éste quiere que el detective averigüe quién le ha estado molestando con llamadas al móvil a horas intempestivas. Beben whisky y hablan de literatura. Noguera acostumbra a leer libros de saldo mientras espera que entre un cliente en su despacho y Palmer es un profesor de lenguas clásicas que sueña con montar una editorial. Lógicamente, en el personaje de Raúl Palmer, Román Piña ha jugado a dibujar una parodia de sí mismo: “Yo soy un parásito, y por tanto un fraude. No existo. Imparto clases de latín y griego a cuatro adolescentes que huyen despavoridas de las matemáticas y acaban en el bachillerato de humanidades.

»Por un misterio cósmico, las lenguas clásicas todavía renquean en los planes de estudios.”, leemos en la página 12 y en la siguiente: “Palmer me explicó que si llegaba a meterse a editor intentaría recuperar para los hogares y escaparates la cultura clásica. Soñaba con entrar en El Corte Inglés y encontrarse con una torre de ejemplares de La guerra de las Galias o de Las metamorfosis, los frutos de su peculiar labor redentora.”

»En 2014, cuando empieza a desarrollarse el verdadero tiempo de la novela, Palmer ha conseguido convertirse en editor y ha dejado la isla de Palma de Mallorca (de donde proceden los personajes de este libro y donde acaban confluyendo) para trasladarse a Barcelona. Lo que no ha conseguido, por supuesto, es recuperar la literatura clásica para las torres de libros expuestas en El Corte Inglés. Es editor, pero ha claudicado en gran parte. Ha llegado a lanzar al mercado las memorias de Horacio Topp, hijo de ingleses afincados en Mallorca, un joven que nació con más de una particularidad física, lo que no le ha impedido desarrollar múltiples actividades y convertirse en inspiración para muchos jóvenes del mundo. Y ni siquiera las memorias de Horacio Topp, el líder de masas, se han convertido en un fenómeno de ventas en un país que cada ver lee menos, se lamenta Palmer.

»En marzo de 2014, Pablo Noguera, que ha conseguido sortear la crisis  económica gracias a todas aquellas personas que piden investigaciones sobre empresarios corruptos (“Trabajé como un animal. Algunos constructores me solicitaban datos sobre empresas de la competencia.” pág. 23), recibe una llamada de los padres de Horacio Topp: su hijo lleva varias semanas desaparecido. Están en contacto con la policía, pero cualquier ayuda –como la de un detective privado- será bienvenida.

»“Pensé en realidad que podemos dar un gran salto en un segundo y ser descarnadamente malvados con alguien. Esa noche llamó por teléfono Benjamín Topp, el padre de Horacio Topp.”, leemos en la página 22. Ya he insinuado antes que Sacrificio es una novela, pese a su escaso número de páginas, muy bien armada. Al releer algunas de sus páginas ahora, puedo comprobar que además de que en ella no hay ninguna escena sobrante, lo mismo podríamos afirmar de cada una de sus frases. Me percato ahora, tras finalizar el libro, de que la frase que antecede a la aparición de Topp en esta historia está muy relacionada con los acontecimientos narrados.

»La novela está muy pegada al trasfondo político de España en 2014: se nombran para situar temporalmente la historia a Matas, Urdangarín, Jordi Évole o Putin; y llega a emplearse una palabra tan de moda últimamente en el contexto político como “casta”; pero ya he dicho que sus intenciones y sus subtramas son múltiples: ¿la sociedad no lee nada por lo mismo que, salvo contadas pataletas, acepta vivir en una sociedad corrupta? ¿Preferimos el morbo crudo de los reality shows a productos culturales más elaborados, y tiene esto que ver algo con nuestra decadencia como sociedad?

»En esta novela negra se habla mucho de literatura, pero también de depravación y violencia. Por no faltar no falta aquí, en este escaso centenar de páginas, construido como novela negra, hasta una mujer fatal.Román Piña era hasta ahora conocido por escribir una literatura cómica con tendencia al disparate (léase AQUÍ a este respecto la reseña que escribí hace unas semanas sobre El general y la musa) y en su última novela ha decidido llevar a cabo un cambio de registro. La búsqueda humorística ha rebajado su intensidad —aunque sigue existiendo aquí un gusto por el humor negro, o por la autoparodia— y todos los elementos se encuentran bajo un control narrativo más estricto, con menos posibilidades de que salten los convencionalismos literarios por los aires, como ocurría en novelas anteriores. Me siento de acuerdo con un comentario que hizo David Torres durante la presentación: Román está en esta novela mucho más contenido que en las anteriores, y esto hace que el resultado esté mucho más ajustado, que la novela no se escore demasiado hacia el absurdo. Son escasamente cien páginas pero uno no puede dejar de leerlas. Sacrificio es una historia muy bien medida, sin ninguna grasa sobrante, una novela policiaca que puede acabar convirtiéndose en novela de terror (es decir, en un thriller, aunque trataba de salvar el término anglosajón) y que reflexiona con hondura sobre el mundo de la literatura, nuestra condición de espectadores y la sociedad que nos ha tocado vivir. Sacrificio es una brillante novela corta.»

David, Desde la ciudad sin cines, 8 de marzo de 2015
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Sacrificio de Román Piña

«Aquí el protagonista, un investigador en plan modernización del tirado de los años cincuenta; un Borgart venido a menos: «Llevaba poco tiempo en el negocio y no podía permitirme una secretaría. Mi cueva era un habitáculo de cuatro metros cuadrados, algo demasiado modesto para infundir confianza en los clientes. No tenía aseo y la electricidad se la chupaba al vecino de al lado. Mi ordenador cazaba el wifi de la oficina de turismo del ayuntamiento, ubicada en el piso principal. Un funcionario colega me había pasado la contraseña».

»Chupar la electricidad, cazar wifis, tener funcionarios colegas nos da el tono cutresalchichero intencionado. Nos falta el caso. Uno esperaba una mujer hermosa y vengativa, fumadora empedernida, pero, no podía ser de otro modo, Piña se desmarca con un caso tonto a rabiar solicitado por un varón de mediana edad. A saber: un profesor de lenguas clásicas, que se autodefine como un hueso, ha recibido un par de llamadas a hora intempestivas y quiere saber quién es su “acosador”.

»Claro. Si el tema es este, malo.

»Afortunadamente no lo es. Afortunadamente semejante planteamiento y su resolución apenas ocupan el primer capítulo y con él únicamente se espera dar a conocer a dos de los principales protagonistas (uno indiscutible, otro secundario) de la trama, amén de posicionarlos ideológicamente. Podía haber sido menos ridículo, cierto pero es casi lo de menos; el tema, en realidad, es este otro: literatura y crueldad.

»Sacrificio es, si lo piensan, una novela bastante sádica.

»La cuestión es de rabiosa actualidad: libros oportunistas, editores sin escrúpulos.

»Abrimos paréntesis.

»Al comienzo de la segunda parte de La Mala Puta (una parte que trata, grosso modo, el tema de los escritores y el fracaso), Román Piña se cita a sí mismo al hacer público un correo que acaba de escribirle a un escritor equis en el que le dice lo siguiente:

»«No voy a publicar tu novela autobiográfica. […] No quiero que la escribas. No quiero que llegue a publicarse una novela, por buena que sea, contando tu vida, una vida que tú mismo (y cualquiera) llamas vida de maldito, de fracasado, la historia triste, accidentada, […] No quiero que el mundo conozca ese rosario de incidentes lamentables de tu vida que en efecto son dignos de un relato de ficción, pero también patéticos, tristes».

»No quiero, no quiero, no voy a publicar… Así no hay manera de hacerse millonario. Román Piña finge olvidar lo fundamental de las biografías: la miseria de los miserables se vende mejor que las fantasías eroticofestivas de un hombre satisfecho. Sacrificio vendría a ser algo así como la prueba.

»Cerramos paréntesis.

»Ahora sí, lean un resumen de lo que realmente trata Sacrificio:

»Un tronco es secuestrado. El tronco, «un personaje público de gran fama», «había nacido sin brazos ni piernas. Sólo con una especie de alita, como un dedo extraño, donde debía nacer su brazo derecho», a pesar de lo cual o precisamente por era enormemente popular y querido: «Todo el mundo adoraba a Horacio Topp».

»Pues eso, que un día lo secuestran. Tarda en aparecer, no sé, una buena temporada, tres meses, creo recordar, puede que algo más. Aparece en un caja, delante de su casa, en un estado que…, bueno, decir lamentable sería quedarse corto. Ya no era ni tronco, si acaso un triste tallo marchito. Y como viene, se va. Sus papis, sin entrar en detalle, se lo llevan y a partir de ahí ya todo es silencio administrativo.

»Y entonces, la misma editorial que un buen día publicó un libro suyo que apenas vendió lo justo para cubrir gastos, publica un libro contando, con todo lujo de detalles y en primera persona, el infierno por el que pasó Topp durante su secuestro. Lo peta, claro:

«La noticia de la aparición del libro había salido en la prensa con una cobertura a la altura de su importancia. «Se publica una novela que relata el secuestro de Horacio Topp» y similares titulares en la prensa española e internacional no respondían a la sensibilidad del periodismo del momento ante la literatura, sino a su adicción a los aspectos más oscuros del comportamiento humano.»

»Y hasta aquí puedo leer o me matan.

»Además da igual porque básicamente esto es todo lo que necesitan ustedes para entender el chiste.

»La enseñanza de Sacrificio es la que señalábamos más arriba: si quieres vender, vende basura. Sin entrar en jugosos detalles les diré que Topp las pasa putas putísimas. En ese sentido Sacrificio es una novela gratamente violenta que en modo alguno me hubiese esperado de un escritor como Román Piña pero que va muy bien con el perfil editorial de Salto de Página, editorial especializada en malotes. Nada que objetar; nos gustan los malos. Tampoco por la parte del entretenimiento: Sacrificio se lee en un suspiro no sólo porque sea breve, sino porque sabe interesar al lector. También es verdad —y esto no es ningún secreto— que resulta mucho más fácil suscitar interés hablando del sufrimiento físico y mental de un ser inocente e indefenso que hacerlo narrando la experiencia un escritor que va de veraneo a la aldea de su infancia por más que el fondo sea, en ambos casos, la literatura. En el fondo Sacrificio no es muy diferente de lo que denuncia.

»El problema (aquí estamos otra vez) es que lo que denuncia, además de tener un público bastante “literario” ergo limitado (pese a que va camino de gran verdad la afirmación de que hay más escritores que lectores), no está realmente a la altura de lo esperado sin saber exactamente en qué estamos pensando. Piña se repite y va camino de acabar pancartista total si no empieza a matar “sin doble intención”:

«—El mundo ha cambiado. No sé cómo es, sólo sé que es un mundo en que ningún libro volverá a ser un bestseller como los de antes.
—[…] mi error fue no darme cuenta de que el libro no contaba nada nuevo. […] El fallo estuvo en que no habíamos ofrecido una nueva tragedia que deslumbrara al público, un secreto aterrador»
. (Sacrificio)

»o

«En el siglo de la información, el progreso, la educación y el bienestar en Occidente, la insignificancia de la literatura, la irrelevancia de la figura del escritor (“el escritor no es nadie”, me dice Sara Mesa), y la confusión y perversión de la pequeña sociedad literaria, arrojan una predicción funesta: la extinción de los lectores. No creo que valga aferrase a que hoy escriben en España una legión de Cervantes. Si sus obras no las leen a su vez legiones, el saldo es lamentable.» (La mala puta)

»Sí, el mundo ha cambio; claro que ha cambiado. Claro que “el escritor ya no es nadie”. Por qué iba a serlo. Seamos serios: ¿a quién le importa el escritor? La gente no compra escritores. La gente compra novelas. Los escritores existen porque necesitamos figuras a las que odiar, mitos que derribar y experiencias que repetir. La peor biblioteca del mundo tiene más libros de los que se pueden leer en una vida. Los escritores no mueren, se suicidan. La literatura es ya un juego, nada más. Se acabaron los betsellers, se acabaron las doscientas traducciones, las setenta ediciones. Todo es mentira. Pero esto no es nuevo. Hace tiempo que viene siendo así. Me vendo: díganme una buena novela, sólo una; una novela realmente buena, una novela indiscutiblemente buena que haya sido escrita en los últimos veinte años. Una novela española jodidamente buena. Una. Mi blog por una buena novela.

»Es un decir.

»Ultima observación antes de bajar el telón: se echa de menos, en Sacrificio, el lamento habitual de los últimos tiempos: el pirateo. No se puede hablar (como se habla aquí, por más que uno no espere realismo) de una primera edición de 50.000 ejemplares que se agota en un día y no decir nada de los cientos de puestos de trabajo que se pierden por las cifras millonarias que se dejan de ingresar tras la estimación, siempre a la baja, de los cuarenta o setenta y cinco millones de descargas diarias. El pirateo como la última esperanza y fantasía erótica del fracasado.»

Carlos Tongoy, La medicina de Tongoy, 9 de marzo de 2015
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El laberinto del éxito

«A pesar del arranque absolutamente canónico de novela negra —su detective en la ruina y consolado por Johnie Walker es de manual; hasta su cliente se llama Palmer, que aunque sea un apellido mallorquín, bien podría colar como salido de la pluma de Chandler—, en realidad pronto se da cuenta el lector de que este no es un libro más de género. Para empezar, el pasatiempo del sabueso es la lectura, y está leyendo nada menos que ‘Levantad, carpinteros, la viga del tejado’, de J.D. Salinger. Y es que el protagonista, Pablo Noguera, es un periodista reconvertido en investigador privado, un tipo raro que lee a Boris Vian, a Ovidio y a Julio César, coordenadas que comienzan a cobrar sentido si tenemos en cuenta que el autor de esta novela es Román Piña (Palma de Mallorca, 1966), escritor, editor y además profesor de lenguas clásicas.

»Al igual que en su anterior novela, El general y la musa, Piña no duda a la hora de imbricar en el relato de ficción retazos y personajes del llamado ‘mundo real’; desde acotaciones temporales como noticias de prensa hasta lo más cotidiano de la cultura de las últimas décadas: la televisión y sus personajes. Claro que si la cultura popular no oculta sus tentáculos, esta vez encarnada por Jordi Évole y su ‘Salvados’, a Piña parece divertirle combinarla con la alta cultura, con las referencias a la cultura clásica, como un paralelismo que traza con la historia de Teseo y el Minotauro, o los guiños intertextuales con un apócrifo de Luciano de Samosata pero de factura contemporánea convertido en bestseller. Así, el autor es capaz de conjugar sin apenas sobresalto a Ifigenia y Vodafone en la misma página, en una síntesis rabiosamente actual que constata el eclecticismo impuesto por un tiempo marcado por la tecnología pero anclado en unas señas de identidad de recorrido mucho más profundo.

»Claro que aún no hemos desvelado que el verdadero poder de la novela, más allá de la exquisita prosa de Román Piña, que incluso en una obra de género —con lo que ello implica estilísticamente— es capaz de construir una escritura vibrante y afilada, que destila humor en forma de inteligentísima ironía: "No era un hogar, aquello parecía un apeadero". Algo así consigue hacer Piña con su recreación del mundo, y del submundo editorial, planteando una compleja trama en la que a través de los mass media se construye una historia sobrecogedora que se traducirá en un libro superventas narrando la desgracia del protagonista.

»Así, esta novela humorística de alto voltaje se antoja también una especie de ajuste de cuentas del escritor con el tiempo que le ha tocado vivir; a la manera, por ejemplo, de Vernon Sullivan.

»Especialmente interesante resulta el pasaje (págs. 66 a 67) en que aborda la siempre difícil relación de los creadores con la promoción, a través de la escritor de novelas de nazis que se niega a convertirse en ‘un hombre orquesta’ para vender mil ejemplares. «Si es bueno, se venderá solo», pone en su boca Piña, consumado editor desde hace dos décadas, y que a buen seguro ha vivido en primera persona la situación desde las dos trincheras.»

Javier Menéndez Llamazares, El Diario Montañés, 3 de marzo de 2015
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«No recuerdo que me haya pasado antes lo de acostarme con un libro y querer despertar, y dar vueltas en la cama, y tener cierta ansiedad, para que llegue el nuevo día y pueda retomar la lectura. Claro que esto puede ser consecuencia de unas anginas que me han atacado a contrapié y con las defensas bajas, y a lo mejor era una inquietud propia del malaise.

»Pero me inclino a pensar lo primero, sobre todo porque las novelas cortas no se pueden dejar a medias; parecen concebidas para ser leídas de una tacada, y no hacerlo te puede generar ansiedad lectora, muy de yonki cultural, como si estuvieras traicionando o haciendo un feo al autor.

»Sacrificio es una novela negra sui generis, que a mí me ha divertido en todo momento, y en la presentación se planteó si alguien se podía divertirse, o si era lícito hacerlo, con un libro que incluye fases tirando a desagradables con acceso a ciertos registros gore. Pero es que hay un tono jocoso que impregna cada una de las 120 páginas de esta novela, la número 64 del catálogo de Salto de Página, pero de una jocosidad natural, no estirada cual chicle de la jacaranda ni nacida para epatar o para decir qué guay soy y qué genial y cómo molo. Así, me ha recordado más al Eduardo Mendoza de toda la vida que al excesivo Manuel Vilas de Aire Nuestro o Los Inmortales.

»Quizá debería matar a ciertas influencias, Román Piña, como el citado Mendoza, a la hora de bautizar, por ejemplo, a los personajes, porque ese Horacio Topp recuerda demasiado al Horacio Dos del autor de Sin noticias de Gurb, pero pongamos este pero en el capítulo de cosas menores.

»En el de aciertos apuntaré ese humor algo cáustico que brilla en frases como: «Me pasé la lengua por los dientes, para acabar de limpiar los restos de anacardos mientras rumiaba todo aquello». Un humor que funciona como lubricante para avanzar por la trama, de la que apuntaremos el caso de un escritor/gurú de éxito, feo, tullido e impedido pero que aún así sostiene que la vida es maravillosa. Quizá un remedo, inconsciente o no, del exitoso Albert Espinosa, cabeza de turco por cierto de no pocas coñas virtuales algo crueles.

»Un tullido llamado Horacio Topp cuya novela sobre esos descarnados y espeluznantes días de cautiverio servirá para que uno de los protagonistas de Sacrificio, Raúl Palmer, exprofesor metido a editor y particular alter ego del propio Román Piña (Palma de Mallorca, 1966, profesor de griego y fundador de la editorial Sloper), manifieste unos de los dilemas del oficio editorial: ¿Hasta qué punto vender tu alma a cambio de un pelotazo?

»Hay unas ácidas reflexiones sobre el negocio editorial, sobre la docencia, que salpimentan esa trama detectivesca con algún acceso erótico-sexual que también se agradece y que he leído con gusto por dos razones principales. En primer lugar, por la implicación autobiográfica, más o menos caricaturizada y deformada del autor, como cuando Raúl Palmer habla de su padre, ciclista retirado considerado «una institución», que tiene algo del propio padre del escritor, elemento que sirve para cierto matar al padre en clave simpaticorra. Y en segundo lugar, por el tono cómico pero sin pasarse, sin postureos estridentes, que me recordó a otro título reciente de esta editorial, la estupenda Deudas vencidas, de Recaredo Veredas, que he leído con similar placer, pese a lo macabro —y esto daría para largos debates— de la trama.»

Eduardo Laporte, El naúGrafo, 3 de marzo de 2015
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No apto para psicodramaturgos

«"En realidad supongo que debería contar esta historia empezando por el día en que entró a mi despacho Raúl Palmer en febrero de 2007." Así comienza esta novela corta de Román Piña (Palma, 1966) y es en este momento, tras el punto y aparte, en que la editorial Salto de Página debería haber introducido el siguiente aviso: «Al continuar con la lectura de Sacrificio entendemos que se acepta la política (muy jodida) de cookies de Román Piña, al igual que el uso (muy jodido) de las cookies en nuestra lectura para un buen funcionamiento y experiencia (ya veréis qué experiencia) para el usuario como las de terceros para obtener datos sadísticos de la lectura de sus usuarios.» Al aceptar, es decir, al continuar con la lectura, no podríamos echarle nada en cara a Román Piña ni podríamos, en el caso de tener su número de teléfono móvil, mandarle un guasap con dos emoticonos del grito de Munch, una flamenca y tres WTF, tal y como hice yo al acabar de leer Sacrificio.

»Por lo menos dos de las reseñas que aparecen en Internet aconsejan no leer reseñas para disfrutar de todo lo que Sacrificio tiene que ofrecer (y de todo lo que nos va a reclamar). Estoy de acuerdo. Es mejor no saber nada del libro. Tampoco lean la contraportada (no llega a los niveles horrendos de Anagrama, pero la contra de Salto de Página cuenta, en mi opinión, demasiado). Pueden seguir leyendo, si les apetece, este comentario porque no voy a decir nada más del libro, salvo que buena parte de la acción transcurre hoy mismo (la novela termina en febrero de 2015) y que en sus páginas los morbosos encontraremos referencias al caso Nóos, al encarcelamiento de Jaume Matas y varias metáforas (muy jodidas, por supuesto) planteadas a partir de la desolada imagen de las palmeras estragadas por el picudo rojo (¿es esta la primera aparición del maldito picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) en una novela?!).

»La novela de Román Piña contiene misterio y sorpresas, sexo —muy bien narrado— y varias «verdades» sobre el mundo de la edición y de los libros que gustarán a los que estén cerca de este mundillo (no es, sin embargo, tal y como los define una amiga querida, «una novela de esas que son sólo para escritores»). Cuenta una historia durísima con un humor macabro e inteligente que nos obliga, en ocasiones contra nuestra voluntad, a seguir leyendo.

»El autor de Gólgota, Stradivarius Rex o El general y la musa realiza en Sacrificio un ensayo, disfrazado de novela negra, sobre el significado del amor propio y nos obliga a replantear las fronteras de la dignidad. Si bien en un momento dado se habla de libros de autoayuda créanme si les digo que Sacrificio es todo lo contrario. Ojalá acepten la política (muy jodida) de cookies de Román Piña y adquieran Sacrificio, una novela nada «cuqui» que les acompañará días y días después de su lectura. "Yo mismo le abrí la puerta. Llevaba poco tiempo en el negocio y no podía permitirme una secretaria…"»

Ben Clark, Nou Diari, 10 de febrero de 2015
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La caverna del horror

«Un encargo. Una desaparición. Un investigador que se mete donde le llaman. ¿Una huida? ¿Un secuestro? ¿Qué diablos pasa aquí? Podría ser Sacrificio una novela negra si a Román Piña le gustara respetar las reglas de los géneros pero lo suyo es mezclar colores. Y calores: del frío sarcástico al fuego despiadado en una misma página. Humor punzante y una leve melancolía atascada en las tuberías del desencanto. Piña protege su secreto con capas y capas de falsas apariencias y sólo al final descubriremos cuáles son sus verdaderas intenciones, que pasan por convertir  las inmundicias del mundo en objeto de estudio, y cuantas más certezas se encuentran más confusión hierve entre líneas. Las 120 páginas son engañosas: lo que se sugiere es tan elocuente como lo que se desvela.

»El autor lo tiene claro, ¿verdad? "Ha llegado un momento en que creo que no vale la pena escribir si no es de las zozobras del alma. Una historia que contamos vale algo si nos dejamos un jirón de nosotros mismos en ella. Por supuesto, debidamente procesado, camuflado en un relato de ficción que trascienda lo anodino que somos y que nos pasa.  Sacrificio es un canto a la literatura, desde el punto de vista de un pesimista: yo, el autor. Encontramos la historia de un editor que evoluciona del humanismo y el idealismo a la degradación absoluta. Pero cuidado: sólo por adaptarse al mundo en que vivimos. Por eso es una crítica despiadada a una sociedad que consume y celebra el horror". Una sociedad en barrena.

»En torno a la figura del personaje central, Horacio Topp, la víctima del "sacrificio", "he intentado plantear temas como la maldad, la bondad perfecta que es la santidad, la necesidad de amar y ser amado, el miedo al paso del tiempo. La historia transita del misterio que siembra la desaparición de un líder de masas a una caverna de horror donde asistimos a la crueldad gratuita, sin sentido aparente. El contexto es la crisis del sector del libro y cultural en general, pero el tronco de la novela es una historia de puro suspense: ¿qué ha pasado con el carismático Topp? Es fundamental para presentar el libro no desvelar las rasgos exactos de este personaje venerado. Descubrirlos es entrar de repente en una dimensión distinta de la novela. Sacrificio abre una línea nueva en mis tanteos narrativos: he dejado de lado la vena humorística y lo lúdico sin riendas, he optado por un tono serio y por una historia muy pegada a la realidad actual". Escribió la novela cinco meses antes que "la trituradora de ilusiones", su aportación al libro La mala puta sobre los males del mundo editorial. En Sacrificio muestra "sin piedad y cargando las tintas un caso de ficción, extremo y bestial, de corrupción en el mundo editorial, cosa que muestro de modo más objetivo y periodístico en La mala puta". ¿Escollos? "La falta de tiempo libre para escribir el libro. Y los respetos humanos: quería controlar mi tendencia a lo disparatado, pero no ceder ante el miedo a escandalizar". El resultado es un ejercicio de funambulismo literario que cruza las opciones más virulentas de la historia, desde la pulsión macabra hasta el latigazo cruel que espolea el horror.»

Tino Pertierra, La Nueva España, 5 de febrero de 2015
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«Un hombre acude al despacho de un experiodista reconvertido en detective para que le ayude a identificar a la persona que le está acosando telefónicamente desde hace algún tiempo.
Hasta aquí, el planteamiento clásico de arranque de una novela negra. Todo bastante previsible si no fuera porque quien lo firma es Román Piña, el iconoclasta en las formas y riguroso en el fondo escritor mallorquín, incapaz de conformarse con escribir algo dentro de los cánones establecidos. Ya dio muestras de ello en anteriores novelas (Gólgota, Stradivarius Rex o El general y la musa) e incluso en su poesía (Los trofeos efímeros).

»Así, ya en el segundo capítulo la novela da un giro de 540 grados (sí, 540, vuelta y media para los que sean de letras) y el acosado, un tal Raúl Palmer (¿es coincidencia que sus iniciales sean las mismas que las del autor?), pronto veremos que se convierte en editor y que es otro, mucho más serio, el problema que tiene en la vida.

»Y es en la descripción de ese mundo, el editorial, donde Piña despliega sus mayores cualidades como narrador: la originalidad, el sarcasmo, la autocrítica. Ahí aparecerán segundas ediciones de tiradas cortas que ni siquiera son tales, autores que se niegan a participar en la promoción de sus propias novelas y que denuncian con ácido humor todas las miserias que rodean a este negocio, etc…

»Conocimiento de causa no le falta a Román Piña, pues es él mismo quien dirige la exquisita editorial Sloper. (¿Entienden ahora por qué decía lo de la coincidencia de iniciales entre el editor de ficción y el real?) Y muestra de ello ya la dio hace pocos meses con la publicación, a medias con Miguel Dalmau, de La mala puta, un ensayo sobre el panorama literario en nuestro país.

»En Sacrificio nada es lo que parece. De un comienzo de novela negra, el argumento deriva en la narración de la historia contenida en otro libro donde un escritor con pseudónimo cuenta el truculento y sádico secuestro de un gurú y superventas de libros de autoayuda. Entre medio se cruzan engaños, medias verdades, amores compartidos y personajes que esconden su verdadera identidad y cuyo barniz esperpéntico convierte al autor en un candidato serio al título de Valle Inclán del siglo XXI.

»Para quien no lo conozca, quizás convenga advertir que Román Piña es un embaucador, un encantador de lectores, a quienes tiene la habilidad de llevar por donde quiere, introduciendo un giro radical en la línea argumental y haciéndolo de tal manera que uno se lo tome de manera totalmente natural, como quien camina siguiendo una línea continua, sin extrañarse del cambio tan brusco producido.

»Y lo peor de todo: al finalizar la lectura, no sólo no te sientes estafado por el autor, sino que tienes ganas de felicitarle, agradecerle el placer de la lectura de su novela y rogarle encarecidamente que se ponga ya con la siguiente.»

Eduardo Cruz Acillona, Literaturas.com, febrero de 2015
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«Si tienen intención de leer este libro, titulado Sacrificio, de Román Piña, mejor si lo hacen evitando cualquier información sobre el mismo. No lean el texto de contraportada. No busquen reseñas, eviten las que puedan encontrarse.

»¿Por qué me suelen molestar las escenas de sexo en las novelas? A veces el sexo es el centro de la historia y, si representa ideas, puede ser muy interesante; el culmen sería la narrativa de Georges Bataille. Novela de sexo como novela de ideas, no necesariamente, y desde luego no sólo, sobre el sexo. En cambio, en cierto tipo de obras el sexo aparece en forma de escenas, mejor o peor traídas a cuento, cuya única funcionalidad en el conjunto parece ser la lúdica. Lúdica, digámoslo así. Sin embargo, en el contexto de la lectura, donde la libido está medio adormecida mientras las áreas de pensamiento más o menos concreto, más o menos abstracto, están empeñadas en la tarea del logos, la supuesta virtud lúdica se transforma en una descripción, fuera de su contexto hormonado, mecánica, insustancial, aburrida. Como si te explican cómo comen los personajes. O cómo evacuan. Si dichas descripciones no son salvadas por la magia de la palabra, por la destreza y la cualidad literaria, son de un plomizo insoportable, párrafos o páginas a saltar. En esta novela la palabra, afortunadamente, redime.

»Metanarrativa. Dejemos de lado la jerga y los análisis enrevesados: hay obras que dicen lo que dicen en varios planos, a diferentes niveles, no todos siempre evidentes. Ficciones que reflejan dentro de la ficción estados de cosas o de ideas de fuera de la ficción; problemático espacio del afuera, problemático acotar. Un reflejo quizá, al menos parcialmente, autobiográfico; uno de crítica a, genéricamente, el mundillo literario, el de la fama, el de los charlatanes que imparten cursillos de autoayuda y escriben panfletos edificantes; uno de filias y fobias personales, a veces en pequeñas pinceladas, pero bien reconocibles; uno que remite a modelos de la Antigüedad Clásica; uno, a que nadie sabe lo que puede un cuerpo. La lista no es exhaustiva. La novela es corta pero intensa e invita a pensar, a hablar o escribir sobre ella.

»La escritura. No hay veleidades experimentales, la narrativa es lineal, clásica, directa, nítida. El lenguaje está perfectamente cincelado y revela oficio. La estructura, en tres actos, consigue el efecto buscado, sorprende al lector, arruina sus expectativas. Salte el párrafo siguiente si todavía no ha leído el libro:

»La novela lleva unas cuantas cargas de profundidad argumentales, y la estructura es fundamental para ir soltándolas. La primera parte es en conjunto relativamente amable, jugando con las cómodas expectativas que promete como novela negra... Expectativas que dinamita en la segunda, en el falso (¿falso?) relato de Topp... El tercer acto, con las consecuencias y la resolución, es lo que te deja con la necesidad de consultar muchas cosas con la almohada.

»Los leitmotiv. Whisky y anacardos juegan a dar una pista falsa y a desmentirla. Los referentes a la Antigüedad Griega amplían las lecturas, integrando lo que ocurre en contextos más amplios. Lo mismo ocurre con las menciones a ciertas obras de Salinger. La edad: diferentes momentos en los que se es autoconsciente de la condición ligada a una edad determinada.
No es una obra complaciente. Revela ese tipo de crueldades no punibles por la ley pero tanto o más devastadoras que las que sí lo son. Y la visión antropológica de fondo es que no somos lo que somos, sino lo que hacemos. Lo que nos hacemos. Aunque en el proceso lo hagamos con, frente a, contra, sin, otros. No sabemos qué podemos ni de qué seremos incapaces. Todo poder es haber podido o no haber podido, todo poder es un a posteriori.

»Hay algo de irrecuperable en las visiones románticas del Arte, de la Literatura. Pareciera como si ya sólo cupiesen acercamientos de carácter sociológico: actores sociales entablando relaciones complejas. La función deja de representarse sobre el escenario y transcurre en cualquier sitio menos en ese: en las discusiones y movimientos de poder e intereses entre los implicados en la función, incluyendo a los críticos, los empresarios, los autores, los medios, etc. La paradoja, aunque no resulte sorprendente, es la de que la exposición, la crítica del entramado en el que todo estaría resolviéndose es reflexiva, esto es, se aplica a la propia obra que realiza la crítica. En  rigor, se aplica a los implicados en la función de la obra, dejando la obra misma como la mera excusa para poner en juego el entramado sociológico en que se resolvería la auténtica función. La obra crítica muestra lo que critica en su interior y fuera de ella, siendo víctima de sí misma. Quizá por ello la novela de Román Piña denota una nostalgia infinita por el Eidos de la obra, por la Escritura en sentido fuerte, autónoma, despojada, des-obrada.»

Rafael Llopis, Entender está sobrevalorado, enero de 2015
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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