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reseñas y críticas Subsuelo

Un cuerpo vivo que se cambia por un cadáver. Una piscina. Un flash. El pantano. Y los mellizos, que comparten un secreto del que no parece fácil escapar. Como un murmullo bajo la tierra centenaria, la indiferencia adolescente se puede ver truncada por la calma del agua; apenas un instante dentro de aquella noche que suda veneno. Familia, recuerdos, pasado. Como el cordón umbilical que une y separa, que ata y aprieta. Hasta la muerte. Hasta la culpa. Dos veranos son suficientes para que la parcela del valle se convierta en el escenario de una perfecta tortura emocional.
Con esta sinopsis a ver quién se resiste. Con esta sinopsis a ver si me inspiro y logro yo también contaros sin contar. Todo está en ella, todo está dicho, sólo hay que zambullirse, bucear, ahondar en el subsuelo; pero el buceo es a pulmón y la tierra contaminada emponzoña las vías respiratorias.
La sinopsis a priori contrasta con la imagen de portada: copas de árboles añejos buscando la luz del cielo. Pero hay algo que no nos muestra la imagen. Es el punto de partida, el origen desde el que el objetivo enfoca. Los árboles miran lo que anhelan y no pueden alcanzar. Están anclados por nacimiento al terreno; sus raíces hundidas en el subsuelo. Sostén y cadena. Cuerda que tira y abrasa con la fricción. Tentáculo que aprieta y ahoga. Cordón umbilical imposible de cortar.
Con esta sinopsis, en la que todo está dicho, tan sólo hay que cubrir los huecos, pero el tan sólo cobra dimensiones titánicas cuando el todo está hecho de lo que se calla, de lo que no se ve. Las frases de Marcelo Luján te dejan colgando de un abismo, palabras suicidas como el ejército de hormigas provenientes del subsuelo. (Marcelo Luján, qué gran descubrimiento. No me apunto su nombre porque sé que no se me va a olvidar.) El estilo narrativo del argentino es del que yo llamo tic-tac de reloj o latido de corazón (pum, pum, pum), término que acuñé con mi adorada Maylis de Kerangal y rescaté para otro gran descubrimiento como fue el de Lara Moreno. Todo parece ir a cámara lenta, anticipando y a la vez retrasando lo que va a suceder, recreándose en cada detalle (los detalles importan, los detalles cuentan (historias), marcan la diferencia, arrastran y no hay marcha atrás).
Y me encuentro con frases como ésta:
    "...fue, a decir verdad, como si su corazón intentara escapar del cuerpo. Como si los latidos, que eran golpes, estuviesen generados con el único propósito de encontrar una salida."
Y descubro que el pum pum del latido es el corazón golpeando al buscar una vía de escape (triste espectáculo que se asemeja a un pez boqueando fuera del agua). Como el que se pone una venda en los ojos porque no quiere ver. Como el que tapona sus oídos porque se niega a escuchar. O aprieta los orificios nasales para no oler (pero ¿cuánto tiempo se puede aguantar la respiración? El olfato es el sentido más primario).
Y me encuentro con ésta otra:
    "Y podrían oírse, también, las agujas del reloj, los engranajes que empezaron a girar hace mucho tiempo ya. Pero está claro que esas cosas nunca se escuchan."
Leer a Marcelo Luján, sin embargo, es escuchar lo inaudible. Y yo escucho, escucho,... (tic-tac, tic-tac, tic-tac,...)
El tiempo en esta novela es vital. Los segundos, los instantes. Ese flash bisagra en el que todo cambia. Las compuertas que se abren y ya no se pueden cerrar. Lo inevitable. Se nos olvida que sólo puede salir al exterior lo que llevamos dentro, nuestro subsuelo. Sí depende da cada uno lo que hagamos con nuestro sustrato más oculto, tal vez sea eso lo que nos define en última instancia. Pero una decisión, en ocasiones, no es más que otro instante ("a veces no hay tiempo para mirar a los lados".)
Un instante también puede desgajarse de la cadena del tiempo y clavársenos como un puñal. Un instante que nos lleva del pasado hacia el futuro, en una suerte de presagio que no alcanza a detener la arena del reloj que se nos escapa impune entre los dedos.
"Recuerdas aquella noche, recuerdas lo que sentí, recuerdas lo que hablamos cerca de los cerezos cuando todavía estábamos a tiempo de cambiar el destino. Y le habría dicho, también Dime, por favor, que lo recuerdas, vuelve a decirme que tenía razón, vuelve a insultar, a llorar, a arrodillarte en medio de la hierba como un crío. Vuelve a suplicarme que te abrace, que te abrace fuerte, sí, sí tengo algo que contarte: no quiero que nos pase nada malo nunca más."
El ambiente está recreado al milímetro, entendiéndose por milímetro no una descripción exhaustiva sino esos detalles que aderezan y se confabulan con la trama. Ésta se levanta sobre un elenco de personajes fascinantes y terroríficos. La misma trama atenaza y da pavor. Se levanta sin fisuras sobre ese segundero que avanza, retrocede y se detiene al antojo de un magistral relojero. Si en algún momento amenaza en perder su solidez, apenas reparamos en ello, pues lo importante en esta historia son los recovecos de su personajes que dejan caer su careta a golpe de acciones y que juegan en un tablero que es como una tela de araña que los mantiene pegados sin conocer cada uno del todo las intenciones de los otros. Todos son cómplices a sabiendas o sin saber. Porque la culpa siempre es huérfana al igual que cada uno lleva consigo su parcela (y condena) de culpa.
Porque no, no fue "la adolescencia. Ni la noche ni el verano ni el hielo. Ni los abedules, altísimos, que todo lo escrutan". "No fue la tarde. Ni el pantano ni la culpa. Ni el modo en que los mellizos sobrevivieron al aguijón de la noche envenenada." "No fue nada de eso". "O tal vez haya sido todo". Fue el deseo, la inconsciencia, el celo de protección, la culpa, fue el silencio. Fue el pasado llamando a la puerta, fue el querer saber. Fueron los más abominables instintos y la sed de saciarlos, el coartar la libertad, la dependencia que esclaviza. Fue el querer volar con la soga al cuello y el otro extremo apisonado por la pesada losa que habita en el subsuelo."...a nadie le importa dónde aparecen los muertos. Es un instante de quietud. Y una certeza."
Antes de marcharme, una última cita y una canción:
"Escuchábamos una canción de 30 Seconds To Mars, de un CD tuyo que dejaste en la guantera. Cuando cierro los ojos, vuelvo a oír los puñeteros violines. Tampoco sé por qué escucho la parte de los violines. No lo sé. Y la voz que decía algo así como Mira mis ojos, me estás matando, y yo todo lo que quería eras tú."

Lorena √Ālvarez, El p√°jaro verde, junio de 2017
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Implicaciones insospechadas, un argumento que parece baladí

«Una novela tremenda. Así titularía la reseña y por lo que he podido observar de la crítica muchos más se sumarían a esa afirmación.

»Describiría el argumento con una expresión “anatomía de un instante” porque todo, tanto lo ocurrido como lo que va a ocurrir se basa en actuaciones de un instante, un momento que marcará todo lo demás. A partir de ese punto, de ese preciso momento, la obra se articula recreando las múltiples consecuencias que produce. Pero no es sólo eso la novela sino mucho más, es una apuesta estilística porque la prosa es muy particular, muy de autor y el ritmo narrativo también. Luján organiza todo el entramado con continuos cambios de sentido, con vueltas al pasado y con datos sesgados, dejando, de alguna forma, todo en el aire, todo en vilo, sin que nunca sospechemos cual es el siguiente paso de la trama, lo cual, es de un mérito tremendo.

»Algo subyace en el fondo, en el subsuelo, nada es claro ni nítido y no existen unas explicaciones claras, aunque habrá consecuencias que sí serán evidentes.

Círculo vicioso que implica al lector

»Todo se inicia con un accidente de tráfico, una imprudencia fatal y a partir de ese punto, los implicados, unos gemelos y dos familias interaccionarán entre ellas. El argumento, contado así, parece baladí, ligero, pero no lo es puesto que el autor comienza a poner implicaciones insospechadas entre todos, aparece la maldad y los secretos que destruyen porque son letales y porque se utilizan de manera torticera. El pequeño mundo de dos hermanos y una madre se verá envenenado por hechos ocultos, mentiras y verdades que sólo se conocen en el seno de la familia. Luján no analiza el desarrollo psicológico de los personajes, lo obvia, nos informa de cual es la evolución y lo hace con sapiencia, destilando pequeñas dosis para que vayamos asimilando el estado actual de la relación familiar.

»Todo parece así concentrado y fatal, de alguna forma, el autor, nos deja entrever que la desgracia germinará. Los personajes viven en el borde del abismo, en un precario equilibrio que es imposible mantener y a nosotros, como lectores, nos tiene atentos pendientes del momento de la caída. Se consigue la atención total del lector, incluso tiene algo de enfermiza la lectura porque sabiendo que existe en desastre y que estará cercano no nos permite apartar la vista de las páginas, implica así al lector también en ese círculo vicioso.

»El final, como todo en la novela, es inesperado, radical y tiene un toque crepuscular que no deja lugar a dudas.

»La prosa del autor es precisa y al mismo tiempo, como ya comentamos, muy personal, muy de autor. Se percibe un estilo muy propio tras cada frase, incluso en la forma de montar los capítulos o incluso a la hora de resaltar ciertas palabras. Entra así en un universo de autores que tienen una impronta personal.

»Creo que ya no es preciso comentar que la novela me ha encantado. Una auténtica maravilla, no sólo de ejercicio literario, que también, sino por estar perfectamente urdida, entramada con el ambiente tan bien logrado. Si quieren una buena experiencia literaria no se la pueden perder.»

Sergio Torrijos, Prótesis, 21 de junio de 2016
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«En la película La ciénaga, la directora argentina Lucrecia Martel embalsamó el empantanamiento de una clase social caduca, ya en estado terminal, de cuyo hundimiento levantaba acta notarial a través de una sensación amenazante de pegajosidad casi física, acompañada por diálogos etílicos pronunciados por cuerpos chapoteantes dentro de la jalea de una piscina sucia, o pileta.

»En la novela Subsuelo, el narrador argentino Marcelo Luján también coloca una piscina en el centro de su drama, alrededor de la cual escenifica una trama agobiante de culpa y extorsiones, deseo y peligro, crímenes y castigos. Esa piscina es un latido turquesa que reverbera en la tibieza de la noche veraniega en el momento en que “bajo el cielo metafórico del valle empiezan a moverse, inevitablemente, los primeros hilos de la desgracia”. Luján aprovecha con inteligencia y talento la energía fatalista del género negro, heredada de la tragedia griega, para subvertirla y desplazarla hasta un espacio diáfano de chalet de clase media con césped y canto de aspersores, barbacoa y abedules, dos familias con hijos adolescentes y mala suerte, cuyas siluetas se recortan contra un fondo de pesado erotismo, marcas rojas del bikini sobre la piel de Eva y hormigas invasoras.

»Por debajo de la superficie plácida de las horas de televisión o plancha corre un tabú, algo prohibido que no puede revelarse, pero que hiere y trastorna, dado que la ficción ocurre “cuando las cosas oscuras, las insoportables, las que jamás quiere nadie que sucedan, suceden de todos modos”. El mal no es algo remoto ni una entelequia. El mal puede ser un grifo mal cerrado, el olor del cloro al atardecer, el gemido de una palanca de cambios en un coche primerizo o una piedra de hielo —una sola, sí, gracias— para alegrar el scotch whisky. Este mediodía los perros andan sueltos.

»En Subsuelo hace calor y el lector tiembla.»

Eloy Tizón, El Cultural, 17 de junio de 2016
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«Aún conservo el recuerdo, fresco como cuando ocurrió, de los hallazgos literarios que han marcado mi vida. Aunque depende de cada experiencia personal, estos descubrimientos suelen ser pocos, tres, cinco, una decena tal vez, pero describen muy bien la relación de un lector con la literatura, con su literatura.

»Este itinerario está formado for libros-brújula que nos ayudan a trazar el camino hasta el siguiente. No se trata de encontrar libros que nos gusten, que nos enamoren, que nos hagan ver la vida de otro modo tras su lectura. Los libros-brújula son la vida misma, más que transformarla la definen. Nos definen.

»Mis libros-brújula. La buena letra, Marinero en tierra, Últimas tardes con Teresa, El Aleph... Cada uno ocupa un lugar, una trascendencia propia, personal. Sólo comparten entre sí su condición de imprescindibles para aquellos que quieran conocer mi ser como lector.

»Y de repente Subsuelo. De repente este libro de Marcelo Luján que remueve los cimientos. Esos cimientos que solamente se mueven cuando aparece una propuesta narrativa diferente, única. Una voz propia e inconfundible una vez leída. El hallazgo adquiere más valor por su condición de inesperado, porque el azar podía haberlo mantenido oculto y nunca haber formado parte de mis lecturas.

»La contraportada de Subsuelo, impecable ejemplo de sinopsis para enmarcar (felicidades al editor) nos deja lo siguiente:

»Un cuerpo vivo que se cambia por un cadáver. Una piscina. Un flash. El pantano. Y los mellizos, que comparten un secreto del que no parece fácil escapar. Como un murmullo bajo la tierra centenaria, la indiferencia adolescente se puede ver truncada por la calma del agua; apenas un instante dentro de aquella noche que suda veneno. Familia, recuerdos, pasado. Hormigas. Las raíces escondidas que siempre están presentes y tan activas: apretando el músculo de la sentencia. Como el pulso a dos manos que obliga a soluciones suicidas. Como el cordón umbilical que une y separa, que ata y aprieta. Hasta la muerte. Hasta la culpa. Dos veranos son suficientes para que la parcela del valle se convierta en el escenario de una perfecta tortura emocional.

»Una reunión de amigos un verano cualquiera en una casa de campo, cerca de un pantano. Adultos en torno a una mesa. Los más jóvenes en la piscina. La descripción de la normalidad. De repente todo se mueve, todo se altera y lo percibido antes como normalidad es en realidad la tensión sofocante que atenaza y nos ahoga, lo que rodea a la antesala de todas las tragedias.

»Subsuelo no es exactamente una novela negra. El narrador no esconde nada (los hechos son conocidos desde el principio) pero de ellos sólo conocemos los titulares. El paso de los capítulos nos ayudan a entender, a llenar espacios vacíos, a comprender a los protagonistas. Como digo, no hay giros, no hay sorpresas. La tensión reside en lo conocido, en saber que el muerto está sobre el escenario (permitidme esta referencia hitchcockiana a La Soga) y el narrador ha optado por situar al lector de su lado, dándole más información que a los propios protagonistas de la historia.
Personalmente me encanta esta forma de narrar, donde no hay trucos ni giros inesperados. La tensión se construye con oficio, con talento sostenido. El estilo de Marcelo Luján es preciso, directo, con frases cortas, con estructuras que se repiten y se completan a medida que avanza el relato, adquiriendo una hipnótica forma de prosa poética que cala en el lector atento y reflexivo.

»Corrijo la afirmación anterior. Subsuelo sí es novela negra. Pero olvidaos de los clichés del género, de las estructuras establecidas, de la mecánica habitual del misterio por resolver. Aquí los secretos crecen más en la imaginación del lector, que ya desde el principio sabe que en este fresco familiar de un fracaso no hace falta un final que nos deje la boca abierta, porque nuestra boca está abierta desde la primera página, desde esa noche de verano, desde la visión del lago, desde los gemelos.

»No busquéis en Subsuelo una novela de género (aunque pueda parecerlo). Ni una novela fácil de leer (aunque su lectura sea hipnótica y aparentemente sencilla). Ni una novela más (porque siempre recordareis cuándo la leísteis).

»La lectura de Subsuelo, la fascinación asociada a ella, se sitúa al nivel de mi primer Chirbes, mi primer Isaac Rosa, mi primer Faciolince, mi primer Rafael Reig, mi primera Sara Mesa. Ese maravilloso club literario al que acudimos los que creemos que recomendar un libro es una responsabilidad y un regalo.

»Espero que Subsuelo forme parte de esos libros-brújula de vuestra vida. Ojalá esta recomendación sea capaz de abriros una nueva puerta de experiencias literarias.
En mi caso ya lo ha hecho. Marcelo Luján ya se ha sentado en la mesa de los elegidos.

Ni un día sin libro, 27 de marzo de 2016
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Cruce de caminos

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»Subsuelo no es una novela para cualquier lector. Requiere de un esfuerzo, de su atención, de contener un tanto los nervios y calmar los ánimos. No sé yo si los lectores están para estos trotes en los tiempos que corren, pero a mí me satisface que alguien se atreva a escribir cosas diferentes y además que le pida al lector algo a cambio. Todo un riesgo, diría que incluso podría ser un arma de doble filo, una jugada a cara o cruz. El futuro dirá si Subsuelo se convertirá en una de esas novelas que todo el mundo recomienda o será una novela de culto para algunos lectores negrocriminales.

»Escuché un día decir a un escritor que prefería mil buenos y fieles lectores que miles o cientos de miles de posibles lectores. Él era consciente que con mil buenos lectores no se iba a ganar la vida como escritor, pero su alma seguiría intacta, inmaculada, al escribir lo que quería escribir y como lo quería escribir.

»Tampoco es cuestión de amedrentar a nadie y que deje de leer Subsuelo porqué un tipo como yo diga que necesita un plus del lector. Justamente por eso se debería leer la novela, para vivir en primera persona lo que os estoy explicando, y sobre todo, para disfrutarlo, pues la historia de Subsuelo parece simple, pero a medida que se va desarrollando tiene más miga de lo que parece.

»La magia de Subsuelo es que el lector sabe mucho más que sus personajes por esa forma de explicar las cosas adelante y atrás. Quizás ello choque con lo que siempre te dicen en los talleres literarios, pero le da una fuerza brutal al texto. Marcelo Lujan se ha quitado de encima el yugo de lo correcto y se ha puesto el traje de colores para disfrutar escribiendo, para incluso recitar lo que escribe, para convertir lo negro en poesía.

»Y con esa forma de explicar las cosas, ese adelante y atrás, hace que Marcelo Lujan demuestre, como dijo en su día Einstein, que Dios no puede jugar a los dados, aunque en algunos momentos parezca que así podría ser, que incluso nosotros lectores pudiéramos gritarles al personaje que no hiciera eso o hiciera lo otro, pues sabemos de antemano las consecuencias.

»Es indiscutible que Marcelo Lujan consigue con Subsuelo abrirse un hueco en el mundo de los escritores con voz propia.

»Hace años que nos llegan buenas novelas negrocriminales desde Argentina, pero, ¿no tenéis la sensación que últimamente lo arriesgado, lo diferente se escribe allí? Marcelo Lujan, Carlos Salem, Raúl Argemí, Guillermo Orsi, de los que he leído, Jorge Fernández Díaz, Ernesto Mallo o Claudia Piñeiro, por dar dos referencias más. Creo que es un mundo inmenso para seguir explorando.

»Subsuelo, no lo voy a negar, es una novela que comienza de forma inocente y se convierte en una historia dura, cruel, salvaje, hiriente, pero es una novela de esas que te acuerdas por siempre después de leerla.»

David Gómez Hidalgo, 14 de enero de 2016
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«Voy a comenzar la reseña de este libro señalando que, de todo lo que he leído en lo que llevamos de año, Subsuelo es sin duda la novela que más ha despertado mi entusiasmo. No es este un dato que en apariencia revista vital importancia, teniendo en cuenta que apenas han trascurrido dos semanas desde que dimos la bienvenida al 2016. Sin embargo, acaparar de forma tan sublime y prematura mi atención conlleva una importante ventaja: y es que, de ahora en adelante y hasta que algún otro título me aporte una experiencia de lectura superior, Subsuelo será el rasero con el que mida las cualidades narrativas de toda obra que pase por mis manos.

»La causa de tanto revuelo es una novela sorprendente y oscura que en ningún momento invita a intuir todo lo que esconde bajo sus fértiles cimientos. Como su propio nombre indica, para disfrutar de Subsuelo no hay que reparar en lo evidente, en lo que destaca, sino en aquello que serpentea y se arrastra por los niveles inferiores del canal comunicativo. La trama, desde luego, no puede ser más simplona: una familia acomodada se reúne con unos amigos en su residencia de verano, una parcela rodeada de bosques y valles e invadida por una exasperante plaga de hormigas, sin saber que esa noche dejará una marca imborrable en sus vidas. Durante los primeros compases de la novela, el autor deambula, cambia de dirección, se pasea por las vidas y pensamientos de unos personajes que pueden parecer más o menos interesantes, pero que a simple vista no requieren ningún tipo de análisis. Es, no obstante, una necesaria composición de lugar que empieza a sugerir seductores resquicios en cuanto azota la tragedia y nos vemos obligados a reparar en cómo han cambiado las vidas de estos personajes dos años después del momento fatídico.

»Y piensa Vaya, ojalá hubiésemos sido gemelos y no mellizos, ojalá no nos hubiera separado una bolsa, ojalá hubiese podido ahorcarte hasta la muerte antes de la puta cesárea, para que te asfixiaras antes de nacer. Y piensa Solo voy a vivir en paz el día que te mueras. Porque quiero y deseo con toda mi alma verte muerto.

»A partir de ese momento, Marcelo Luján desenmascara el rostro apacible de las personas envueltas y nos deleita con una caracterización exquisita que incluye un padre de familia ausente, una madre atrapada en su pasado traumático y dos mellizos convertidos en enemigos íntimos. La relación de estos dos hermanos, Eva —reservada, huidiza, devastada por la pérdida y sus consecuencias— y Fabián —rencoroso, retorcido y tremendamente manipulador—, es, desde luego, una fuente de pulsiones demenciales y sucesos que sin duda se hallan entre los más enfermizos que he tenido el placer de encontrarme en una novela. Se trata esta de una relación dañina, basada en el dolor, la extorsión, los sentimientos de culpa y en todo tipo de perversiones imaginables que sirve como soporte para reflexionar sobre el alcance del duelo, la violencia y los deseos de venganza.

»Aún así, más que los propios hechos narrados, creo que es el excelente estilo del autor, conciso, punzante, desprovisto de florituras, el elemento que más contribuye a crear esta atmósfera asfixiante y terrorífica que hace de Subsuelo una obra tan recomendable. La de Luján es una voz única, muy personal y que denota experiencia en el arte de contar historias. Aparte de haber creado unos personajes fascinantes y un clima bastante perturbador, el escritor argentino es capaz de efectuar una habilidosa transición entre la perspectiva de diferentes personajes y cautivar la atención del lector avanzando continuamente detalles de la trama que permanecen ocultos para los propios participantes.

»El resultado es una novela arrolladora, sobresaliente en muchos sentidos y notable en todos los demás. Un incuestionable ejercicio de alta literatura de cuyo impacto, como cuando descubres una avalancha de insectos correteando por los muebles de la cocina, voy a tardar mucho tiempo en recuperarme.»

Jes√ļs Maldonado, Gene, 14 de enero de 2016
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«Subsuelo, la última novela del argentino Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973), que publicaba la editorial Salto de Página en febrero de 2015, estrenó el pasado diciembre su segunda edición. Es ya la tercera novela del porteño afincado en España, tras La mala espera (2009) y Moravia (2012).

»Tras sus dos novelas anteriores, el autor nos vuelve a presentar una historia de bajos instintos y de miseria humana donde ninguna decisión está libre de consecuencias y donde el azar es el motor para las mayores desgracias. Si Moravia ya nos mostraba la otra cara de las relaciones familiares y la imposibilidad de dejar atrás el pasado, Subsuelo va más allá al presentarnos, además, una familia completamente salpicada por la culpa y en la que todos son a la vez víctimas y verdugos. No es una novela de buenos y malos, sino una novela de superficie y de subsuelo, de las apariencias frente al engaño y, sobre todo, de la naturaleza humana y los límites a los que es capaz de llegar.

»La novela parte de la más absoluta cotidianidad. Una casa de veraneo en la sierra, una cena entre amigos y una sobremesa en la que los adultos conversan y beben y los tres hijos adolescentes charlan en el borde de la piscina. Pero algo va a ocurrir. Algo que trastocará para siempre la calma de dos familias.

»“No fue la noche. Ni el verano ni el hielo. Ni los altos árboles que todo lo ven. No. No fue nada de eso. […] O tal vez haya sido todo”. Por obra del azar o por obra de un destino del que nadie escapa, los tres adolescentes sufren un accidente en el que uno de ellos morirá, y que trastocará por completo la vida de los otros dos y, por supuesto, la de sus familias. Todos se sumergirán en una trama de culpabilidad, engaños y chantajes que solo tendrá un final posible.

»Todo esto, ambientado en una finca en cuyos cimientos se esconde un hormiguero centenario con el cual es imposible acabar y cuyos habitantes siempre logran el modo de salir a la superficie. Al igual que la familia, sustentada en la figura de Mabel, la madre, que guarda consigo dos secretos que corroen sus cimientos y que pugnan por salir a la luz: uno relacionado con el accidente de sus hijos y otro, más lejano, relacionado con el pasado de la dictadura argentina.

»Subsuelo es una novela muy bien construida, en la que el lector va descubriendo paulatinamente los secretos que esconden los personajes y  va viendo cómo estos, con sus decisiones y sus actos, se van acercando cada vez más a un destino que parece estar escrito de antemano.  Marcelo Luján sabe llevarnos magistralmente a través de esta historia. Su manera de dosificar el misterio, de manejar la tensión, hacen que sea prácticamente imposible apartar la vista del libro desde su primera página.

»Uno de los grandes aciertos de la novela, aunque no es el único, es su principio. Es un inicio muy potente, muy absorbente. El libro parte  de una situación aparentemente cotidiana, aunque ya salpicada de premoniciones, y que comienza a perfilar el carácter de los principales personajes. Luján, con su magistral dominio de la prosa, va creando en el lector la certeza de que algo va a ocurrir y también la ansiedad por descubrirlo.

»Igualmente acertado es el ritmo de la narración, marcado por constantes repeticiones. Se insiste en frases y fórmulas, se describen los mismos espacios en numerosas ocasiones y desde distintos momentos y perspectivas, y se repiten las escenas desde el punto de vista de los distintos personajes. Esto, lejos de dotar de monotonía a la historia, lo que hace es ir nutriendo la novela de numerosos y diferentes matices e ir aportando nueva información a la trama.

»Las descripciones, precisas, concretas y sin grandilocuencias, pero con unos adjetivos minuciosamente elegidos, ayudan a configurar la atmósfera de angustia, desazón y alerta que invade el libro.  Una tensión que se inicia en la primera página y que logra mantenerse las 235 restantes.

»Pero quizá los mayores aciertos en la construcción de esta novela sean la elección de la voz narrativa y del tiempo. La historia se articula mediante la voz de un narrador omnisciente pero que juega con la duda, con la posibilidad, al igual que juega con el cómo, el qué y el cuándo contar. El narrador conoce toda la historia, la conoce además desde la perspectiva de todos los personajes, pero aun así la información se nos dosifica con cuentagotas. Además, los saltos cronológicos son constantes. La información llega a través de flashbacks y de saltos al futuro, por lo que la historia se nos presenta fragmentada y es el lector el encargado de ir componiéndola. Estos recursos hacen de la lectura un ejercicio de composición a la vez que incrementan el suspense.

»Temáticamente, no se puede negar que Subsuelo es una novela dura, que presenta una realidad a veces demasiado cruda y cruel en la que todos los personajes en algún momento sacan lo peor de ellos mismos, y que su lectura, no apta para todos los públicos, puede resultar incómoda en algunos puntos. Pero es a la vez esa crudeza la que consigue que la historia sea tan potente y original. Habrá quien, como yo, no pueda apartar los ojos del relato o quien, por el contrario, necesitará dejar la lectura en algunos momentos. Habrá incluso quien pueda quedar horrorizado con la historia. Pero de lo que no cabe duda es de que se trata de un libro que no deja indiferente a sus lectores y que hará las delicias de los aficionados a la novela negra, género en el cual Marcelo Luján se desenvuelve como pez en el agua.

»Ya desde el principio advertimos que nos encontramos ante una historia que no tiene posibilidad de final feliz, lo que no quiere decir que Subsuelo tenga un final predecible. Todo lo contrario. El final, completamente inesperado, nos sorprende a escasas dos páginas de acabar el libro, haciéndonos contener el aliento una vez más.

»Subsuelo es, en resumidas cuentas, una historia de culpa, de decisiones llevadas hasta sus últimas consecuencias y de miseria humana. Una historia en la que el suspense impregna las páginas y en la que el lector se ve completamente atrapado. Una historia con una prosa cuidada, con unas imágenes perfectamente elegidas y con una voz narrativa excepcional. Una historia que es imposible no leer de una sentada. Una historia, en definitiva, altamente recomendable.»

Concepción Martín, La cueva del erizo, 12 de enero de 2016
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Las hormigas siempre regresan, como nuestro pasado

«Novela inquietante y perturbadora de Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973). La trama es bien sencilla. Tenemos una familia, la de Mabel, una mujer madura, víctima de la dictadura argentina en su juventud. Dos mellizos. Una casa en el campo. Una fiesta en torno a una piscina. Hormigas, muchas hormigas. Y un secreto.

»Luján consigue que su historia familiar y fatalista trascienda y nos embauque, que se convierta en una metáfora de nuestro tiempo, de lo que somos, de la miopía e hipocresía que rodea nuestras relaciones familiares y afectivas. Nos habla del despertar de la sexualidad y del paso a la edad adulta, de la pérdida de la inocencia, del pasado inapelable que siempre regresa bajo otras formas, de la perversión, de la venganza y de la culpa, que pocas veces sirve para algo. Y todo ello gracias a una prosa envolvente y vigorosa, de una gran fuerza. A una arquitectura narrativa con sólidas vigas, con medidos saltos temporales hacia delante y hacia atrás, con un ritmo que se balancea y que nos acerca poco a poco al origen de todo. O tal vez no. Porque por debajo de la superficie de nuestras relaciones familiares y afectivas, nos cuenta Luján, hay que mirar debajo, a lo que no se ve, al subsuelo, a nuestra zona más recóndita y siniestra, a ese espacio lleno de laberintos, ese lugar parecido al que habitan las hormigas que cada tanto invaden la casa de verano de la familia de Mabel y que no saben de insecticidas. Regresan una y otra vez, persistentes, como nuestro propio pasado.»

Javier Morales, El Asombrario, 19 de diciembre de 2015
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«Con esta novela, Luján, al que le gusta ir por los márgenes del género o directamente ajeno a él, demostró que es un excelente anatomista del mal cotidiano, del odio familiar, del retrato psicológico de los personajes. Todavía me asalta la intranquilidad cuando me acuerdo de esos dos hermanos y esa piscina. Uf.»

Juan Carlos Galindo, El País, 15 de diciembre de 2015
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«Una obra de suspense que desborda sentimiento y literatura por sus poco más de doscientas vertiginosas páginas.

»Porque Subsuelo no es una narración al uso.

»La clásica historia de planteamiento-nudo-desenlace.

»Subsuelo es otra cosa. Es como el mar. Una historia envolvente, que viene y va, que va y viene, adelante atrás, atrás adelante, donde presente pasado y futuro se mezclan y entremezclan con absorbente maestría.

»Una novela arriesgada, diferente, un derroche de técnica muy fácil de leer y muy difícil de leer en otro lado. Un libro de personajes, humanos y atormentados. Un libro de atmósfera, angustiosa y opresiva.»

Sergio Vera, Las casas ahorcadas, 29 de noviembre de 2015
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Marcelo Luj√°n, de hormigas y muertos

«“A nadie le importa dónde aparecen los muertos”. Ésta es una frase, una idea, que se repite en la última novela de Marcelo Luján, pero no estamos, desde luego, ante una repetición gratuita. De algún modo, esa frase resulta reveladora porque hay muertos en Subsuelo y parecen cambiar de lugar. Pero vayamos a la trama: la novela está protagonizada por dos hermanos mellizos adolescentes. Pasan el verano con sus padres y otro matrimonio que tiene a su vez otros dos hijos. Es agosto y se encuentran en una parcela, en un valle, rodeados de abedules. Hay una casa, un porche, una piscina, un pantano. Y también hormigas, muchas hormigas y muy molestas. Sin muchos más datos que esos, ya en las primeras páginas, en los primeros párrafos, intuimos que va a suceder algo terrible.

»Subsuelo es un libro muy absorbente, en el que la tensión se mantiene de forma constante. Es difícil abandonar la lectura y quitarse a los personajes de la cabeza. La acción está narrada en presente, en un estilo nervioso, que combina frases muy cortas, como latigazos, con otras de periodo más largo. Hay descripciones estupendas y una forma muy personal de contar las cosas y, también, de no contarlas. Luján utiliza la técnica de anticipación para aumentar más la intriga y nos avanza la secuencia de los hechos, desliza, digamos, un titular, pero no lo revela todo, ni mucho menos. Los hechos se cuentan desde varios puntos de vista, con lo que el mismo acontecimiento narra más de una vez, pero Luján asumió el peligro de la repetición y salió airoso porque no aburre. Nos interesa saber cómo vivieron los distintos personajes los momentos cruciales de esta historia. Digamos que todas las versiones de los hechos nos interesan.

»Subsuelo es una historia realista en la que sin embargo destacan algunos elementos que juegan un papel más simbólico. Se despliegan, por tantos, distintos planos narrativos para hablarnos de la crueldad, de la maldad, de la tragedia; la tragedia que pasa un verano por esas familias y que, como si hubiera terminado de hacer su trabajo, como si fuera una perfeccionista psicópata, acude de nuevo a esa parcela para rematar la faena.

»Luján nos cuenta cómo se gesta, cómo se macera, la desgracia y nos prepara para un desenlace al que llegamos ya sin aliento y que, difícilmente, podremos olvidar porque lo imprevisible tienes consecuencias imprevisibles.»

Txani Rodríguez, 21 de septiembre de 2015, Pompas de papel
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«Hay sensaciones violentas. Emociones que revuelven cada célula; que son capaces, casi, de cambiar el ADN de cada uno de nosotros, transformar el código lector, que convierten frases en sentencias llenas de muerte y venganza. Hay novelas que, a cada golpe, provocan heridas que cicatrizarán de mala manera, como las grietas que se intentan arreglar en una casa, que permanecerán ahí, tras las reformas, clamando por volver a sangrar ante el más mínimo recuerdo. Hay autores, por tanto, que son ese tipo de asesinos sin piedad que introducen el arma, sus letras, y no nos permiten descansar por mucho que nuestro cuerpo se encuentre ya arrasado. Marcelo Luján nos entrega una novela llena de malas intenciones, de bajezas morales y silencios tóxicos, contaminantes, que convierten la realidad en un juego macabro y perverso. Y lo hace de tal forma que, siendo espectadores de todo ello, no podamos abandonar la mirada y sigamos caminando por un sendero plagado de minas, de miradas de reojo que se buscan y esconden aquellos secretos que jamás saldrán de la garganta. Una obra dura, física, violenta, como el sonido que queda tras la explosión de una bomba, de la que no ha quedado absolutamente nada a su alrededor.

»La vida en un parcela. Una familia que ya no lo es. Un pantano y dos mellizos que guardan en su interior una relación regada por el chantaje. Un pasado que no tendrá futuro. Las hormigas dispuestas a devorarlo todo, hasta la humanidad. Y un accidente, un engaño, que será el motivo por el que todos tengamos que callar.

»Me hablaron de Subsuelo. Leí varias reseñas. Las estudié a conciencia. Y en realidad no quise creérmelas del todo porque alguna que otra vez ya he sentido que me habían engañado. Pero no lo pude evitar. O quizás es que no quise evitarlo. No lo sé. En cualquier caso, cuando empecé a leer la nueva novela de Marcelo Luján supe que estaba ante algo diferente. No supe ponerle otro nombre. Diferente. Quizás por la fuerza de su narrador, puede que por la aparición de sus escenas sin esperarlas, o a lo mejor es simplemente que el conjunto, el puzzle que conforma cada una de las piezas de este rompecabezas está tan bien construido que la evidencia es clara: estamos ante una de las mejores novelas de este año. El autor sabe poner el foco en todos esos puntos oscuros que poseemos los seres humanos, y crear una historia en la que cada uno de sus personajes deben esconderse de sí mismos, y en la que la tensión es el nexo de unión entre todas las partes de este juego lleno de perversión y juego sucio. Y es que a veces, la realidad es tan dura, que son las novelas las que nos enseñan todo en lo que puede convertirse.

Claro que a nadie le importa dónde aparecen los muertos (pag. 208)

»Un estilo que se mueve a caballo entre el presente y el pasado, mostrándonos flashbacks de lo que sucedió y ha permanecido en silencio hasta que Marcelo Luján decide sacarlo a la luz. Y es en esos instantes, en ese ir descubriendo el entramado de historias que se cruzan como una madeja, donde Subsuelo se la juega de verdad, y consigue que el simple paso por la piel de una hormiga pueda resultar escalofriante, que la familia se convierta en el núcleo más enfermo de todos, que un accidente lleve en su interior los remordimientos y la muerte de la mano, y que no podamos evitar seguir mirando, mientras vemos cómo es posible que la sangre, reseca por las inclemencias del tiempo, no desaparecerá de la memoria. No es cierto, por tanto, que todos seamos iguales ante la muerte, que los paisajes en apariencia bucólicos no guarden en su interior la miseria que todos nos guardamos en todos nuestros órganos. Porque la verdad es que aquí, en este novela, en esta experiencia extrema, ser, permanecer, existir, reconocerse, es un juego al que no querríamos jugar. Al final, las hormigas volverán a su hormiguero, su casa, cuando ya nada importe, cuando hayan observado cómo la destrucción vendrá de nosotros mismos por el deseo y el silencio, siempre el jodido silencio.

No fue la noche.
Ni el verano ni el hielo
Ni los altos árboles que todo lo ven.
No. No fue nada de eso
(pag. 11)

»Y yo añadiría

»Fuimos nosotros.»

Sergio Sancor, A golpe de letra, 18 de septiembre
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Valle violento

«Desde que leí La mala espera y Moravia valoro a Marcelo Luján como uno de los grandes del género negro que hay en nuestro país. Ahora, con Subsuelo, creo que ha alcanzado la madurez. el argumento es inusual en nuestra tradición literaria, pues en cierto modo se trata de una novela de adolescentes y, a la vez, de suburbio, de barrio de veraneo; en este sentido me recuerda a Tormenta de verano de García Hortelano, pero sólo en esa intención paisajística y moral. Por lo demás, está más cerca de la sensibilidad de John Cheever, de los intrincados vericuetos de Carson McCullers, de la opaca violencia de Cormac McCarthy, aunque hay, latente, una predisposición a indagar en las consecuencias del nihilismo, y aquí la peste, de camus, es referencia por la atmósfera opresiva que Luján imprime a su historia.

»En realidad, Subsuelo hace honor a su título: trata de las tropelías y crueldades, bastante rebuscadas, de unos adolescentes. A ello se suman secretos inconfesables, extorsiones, un hormiguero donde habitan unos insectos a veces monstruosos en su tamaño, haciendo honor a la enormidad del mal que habita en el valle. Una narración trepidante de marcada excelencia.»

Juan √Āngel Juristo, ABC Cultural, 12 de septiembre de 2015
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Blancura solar y negrura

«Es tiempo de veraneo en familia, de mucha luz y días muy largos. De noche, dos chicos y una chica se sentarán al borde de la piscina con los pies en el agua. Va a pasar algo malo. A los padres se les acabará el hielo para las copas, mientras los hijos sufren las tensiones propias de los adolescentes celosos. Uno, muy rubio, chantajista, lo graba todo con un teléfono móvil. Son niños crecidos, incestuosos, suicidas, asesinos. El peor mata sapos, perros, personas; los mejores, sólo personas. Éste es el mundo de Subsuelo, la tercera novela de Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973), que asume fríamente el riesgo de nombrar “las cosas oscuras, las más crueles (…) que nadie tiene el valor siquiera de mencionar”, por decirlo con palabras del narrador de la historia.

»Todo es presente, y el futuro está escrito, aunque los protagonistas no sepan qué les va a venir en cuanto avancemos unas páginas. La fatalidad consiste en que lo peor sucede y ya no cesa nunca. Marcelo Luján concibe el tiempo como un presente continuo que sólo es acumulación de pasado en suspenso, coagulado, estático, siempre repetido, incluso en el futuro: como el tiempo de un terrario de reptiles perezosos. El presente sólo es lo que se está convirtiendo en pasado futuro. La vida de las criaturas humanas transcurre sobre un hormiguero centenario que se afana bajo los árboles del jardín mientras es exterminado por una cuadrilla de desinsectadores. Subsuelo es una novela de familias, padres, madres, hijos, muchachos muertos y supervivientes, criminal: el clima doméstico favorece los secretos y la maldad truculenta. Hay dos mellizos ensimismados, niño y niña, y, como decía Franco Moretti a propósito de la literatura de misterio, no es que la culpa aísle, sino que el aislamiento engendra culpa. Soledad en compañía, culpa y misterio son las piezas que maneja Marcelo Luján, pero su sentido del suspense puede contribuir más a la confusión que al enigma: ¿cuánto debo tardar en saber que dos personajes son hermanos, o que los protagonistas innominados de las primeras páginas son los que aparecen con nombre luego? “Si cerrara los ojos no lo vería todo negro, sino todo blanco y ciego y desquiciante”, piensa uno de los personajes. Y entonces la síntesis de blancura solar y negrura criminal se revela poderosa, consistente a pesar de todos los riesgos.»

Justo Navarro, Babelia, 5 de agosto de 2015
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«Durante miles de años, los miembros la tribu se reunían cada noche alrededor del narrador de historias. A lo largo de todo ese tiempo, la literatura fue pensada para el medio oral y contaba, pacontaba, para enganchar a sus receptores, con una batería de factores extratextuales —lingüísticos también, qué duda cabe— pero imposibles de contener en un soporte papel que, de todos modos, por entonces (o por allí) ni siquiera existía o se destinaba a otros menesteres más serios.

»Es lógico que la evolución normal de aquella tradición fuera la lectura pública, en voz alta, que favoreció una transición progresiva hacia la lectura privada y silenciosa de hoy. Por el camino, hemos perdido todas las artes que el contador de historias (hemos perdido un oficio, en realidad) ponía al servicio de su público, y hemos ido ganando otras que los escritores de este mundo moderno tratan de domar torpemente (quizá porque les falten aún quince o veinte mil años de experiencia). A pesar de ello, algunos despuntan.

»Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973), lo ha hecho con Subsuelo (Salto de Página, 2015). El que despunta lo hace, precisamente, porque no intenta domar la pluma, sino que relaja los dedos y deja que el tacto de las teclas mezca las yemas y el clic clic de las teclas se acompase a sus latidos. Y, en el caso de Marcelo Luján, en particular, también porque no ha renunciado a los orígenes de su oficio y ha construido una novela no ya desde la voz (entendida como el conjunto de caracteres que dotan de vida creíble a un personaje o narrador), sino desde el ritmo, la entonación y, en definitiva, desde la locución propia del registro oral. Reiteraciones, anacolutos, enumeraciones, reformulaciones, anticipaciones argumentales, y una cadencia perfectamente reconocible desde el principio al fin de la novela, acercan este texto a la labor de un experto contador de historias (el Tusitala samoano), sin desaprovechar una sola de las oportunidades que le brinda la escritura: léxico rico y escogido, perfecta estructuración del texto, equilibrio entre la acción y la pausa, y algunas otras cosas en las que me detendré en los próximos párrafos.

»Para empezar, Luján es un maestro de aquella técnica que Vargas Llosa enunció como vasos comunicantes y que en Cartas a un joven novelista desarrollaba poniendo como ejemplo el capítulo de los comicios agrícolas de Madame Bovary: si Vargas Llosa hubiera leído Subsuelo, sencillamente, hubiera descartado el ejemplo de Flaubert. Luján no solo mezcla dos ambientes, dos entornos, dos historias en un mismo capítulo y consigue que, así, ambas avancen, sino que lo hace asignándole a una de ellas el diálogo, y a la otra la acción, y yuxtapone ambas impidiendo que el lector respire y, de alguna extraña manera, librándole de esta necesidad. Subsuelo es una novela que puede leerse en apnea y que, de estudiarse en los colegios, generaría lectores anaerobios.

»En segundo lugar, hace las delicias de los mejores teóricos del caos al demostrar que el presente es una franja incierta, fluctuante, y que ello no influye en nuestra capacidad para asombrarnos con el futuro inmediato. Confieso que al principio me pareció arriesgado: contarle al lector lo que va a ocurrir páginas después, pero más tarde comprobé que no era más que una manera de disfrutar doblemente la acción: una cuando se anticipaba y otra cuando ocurría de verdad.

»Por último, Subsuelo es una novela que trata sobre el mal sin contraponerlo, como es costumbre, al bien, sino al mismo mal. Con una habilidad que solo he encontrado en autores contemporáneos como Luisgé Martín, con su La mujer de sombra, o Agota Kristoff en Claus y Lucas, Marcelo Luján reconstruye las condiciones en las que el mal se genera, haciéndolo parecer inevitable. Sin embargo, y a diferencia del primero y más en la línea de Kristoff —a pesar de usar la tercera persona—, no disecciona a los personajes para justificar sus comportamientos desde dentro. Las motivaciones de estos son impermeables, lo que convierte la novela en pura acción que avanza derrumbando ideas preconcebidas y prejuicios morales.

»Y solo en el argumento, o más bien en la selección de la información ofrecida, encuentro una pega. La novela se desarrolla a partir de un principio in media res, y se desarrolla tanto que no parece necesario volver al tiempo anterior a ese principio. Sin embargo, cuando la tensión está al borde del clímax, el autor retoma el escenario previo al comienzo y se explaya, quizá innecesariamente, en cuestiones que habían quedado claras durante el desarrollo. Es el único momento en que el lector puede tomar aire para afrontar un final que le dejará sin aliento. Funciona, eso es innegable, pero cabe imaginar como habría resultado la novela de haber prescindido del ochenta por ciento del capítulo La noche envenenada, sin ese armisticio.

»En cualquier caso, una novela recomendable, muy recomendable: de esas cuya escritura está perfectamente justificada. Me deja como poso la extraña idea de que el mal consume los cuerpos hasta agotarlos, no sin antes asegurarse su continuidad en cualquiera de los individuos circundantes, y también una novedosa animadversión por las hormigas, que siempre me habían parecido unos bichitos entrañables. Ambas cosas, el mal y las hormigas, comparten en esta novela algo más que el Subsuelo

Miguel √Āngel Carmona, El placer de la lectura, agosto de 2015
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«Una novela, en Salto de Página, del escritor argentino afincado en España Marcelo Luján. El autor es algo más que un prometedor escritor de novela negra y en esta narración de corte de thriller, ha logrado crear una metáfora de los ambientes cerrados, hostiles, que recuerda a El ángel exterminador, de Buñuel o esa inquietante metáfora de nuestro tiempo que es La peste, de Albert Camus. Luján ha conseguido realizar una de las grandes relatos sobre el suburbio de clase media y lo que se esconde tras los setos de nuestros jardines. Novela dotada de un estilo notable, Subsuelo huye de tramas paroxísticas e historias sacadas de la actualidad más previsible de ser utilizada en el género. Es inquietante porque nos habla de nuestra realidad cotidiana. De lo mejor que he leído en este género en español en lo que va de año. Y eso es mucho.»

Juan √Āngel Juristo, Cuarto poder, agosto de 2015
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Los malogrados

«Ruido de fondo. Murmullo. Una colonia de hormigas invade lentamente la parcela de una familia. Se cuela entre su hierba, trepa por sus árboles y descansa en el bordillo de la piscina. En verano los insectos funcionan como los antiguos presagios, arrojan luz sobre esa zona que preserva lo más íntimo; el lugar en el que decidimos esconder nuestros secretos. Lo acechan, lo atacan y lo desnudan, en busca de esa herida que la distancia con respecto al pasado no ha conseguido mantener oculta. O sí, al precio de recuperar obsesivamente un nombre, una persona y un instante; un momento traumático que la tenacidad del olvido no ha sabido borrar de la memoria, cuyo efecto es más devastador a medida que percibimos que nunca podremos desembarazarnos de él. Abandonarlo. Porque, después de todos esos años, se ha mezclado con nuestra sangre y una pizca de ese dolor silencioso contagia, envenena, cada nueva vivencia que añadimos.

»Subsuelo empieza con tres adolescentes que intentan engañar al calor de la noche en la piscina de la finca mientras sus padres comparten confidencias en la otra punta del jardín. Aislados, todavía inocentes, los jóvenes apuran los últimos coletazos de su adolescencia en juegos de amor, competición y celos. En el roce de sus piernas, piel con piel, que despierta un deseo, que precipita un ansia de intimidad. De estar solos para intentar ese primer beso, ese sexo rápido y torpe, esa sensación de vitalidad que marca la distancia con respecto al grupo de adultos. Marcelo Luján describe la escena con pocas imágenes y frases breves, cortantes y directas. Consciente del aciago destino de sus criaturas, de su incapacidad para protegerles de una madurez que se impondrá a través del daño (el propio y el ajeno) y del aprendizaje de la crueldad. Cuando unos y otros, adultos y adolescentes, compartan su futuro malogrado.

»Eva y Fabián, los mellizos, sobreviven al accidente de coche que acaba con la vida de Javier. En adelante, todo se desarrollará como si necesitasen respiración artificial; sin ánimo, sin juventud. A merced de una crueldad que cegará sus limitadas opciones. Con un Fabián impedido que busca en el sufrimiento de su hermana, en la tortura a la que la somete, el último elemento para permanecer atados. Unidos. Contagiados por una misma sangre envenenada. Por mucho que Eva trate de zafarse, de huir de su dominación en busca de ese otro hombre que le devuelva todo lo que murió aquella noche de verano. La inocencia perdida, el encanto de aquel primer roce que podía transformar el mundo adolescente, el deseo de descubrir las emociones desconocidas que su cuerpo escondía. La escritura de Luján ata a sus personajes hasta ahogarlos, volviendo una y otra vez sobre ese instante fatal, esa realidad trastornada y esa tortura que no cesa. Que no se acaba, que se enrolla sobre un párrafo y se desenrolla sobre el siguiente solo para regresar con más ímpetu, con mayor virulencia. Testigo del daño profundo que se abate sobre los hermanos. Presagio de la herida que ambos portan sin saberlo.

»Mabel es el tercer eje del relato, la madre de los mellizos. Exiliada, no ha podido dejar atrás lo que precipitó su marcha del hogar. Aquel terror, aquella muerte, el abandono forzoso, el breve adiós. Pese a cambiar de vida, la violencia de su pasado ha avanzado lentamente en su interior, demoliendo cada fragmento de su presente mientras le obliga a recordar obsesivamente todo aquello que tanto ha buscado negar. Esa memoria que Luján identifica con la colonia de hormigas, con el mal que envenena la sangre y que, en adelante, contagia con cada nueva transfusión a lo que se encuentra a nuestro alrededor. El hogar, los hijos, la intimidad, el matrimonio. Todo. De una manera tan poderosa que no hay forma de aislar la enfermedad, de impedir que extienda su rango de incidencia. Que devore cada parte de su vida hasta que no quede nada. Que devore a los hijos con la crueldad más inhumana, que torture a su hija hasta forzarla al suicidio, que machaque su sola existencia devolviéndole las fotografías que ocultó en su mente. Al hombre, al marido, que no pudo ser; al hijo que no pudo ser; al hogar que no pudo existir. Y a aquellos que se sacrificaron para que Mabel tuviese otro hombre, otro hijo, otro hogar. Sin saber que era imposible, que ella era también una muerta en vida y que arrastraría su condena hasta infectar aquello que más pudiese querer.

»En Subsuelo, Marcelo Luján lleva a cabo una disección de aquellos silencios, de estos dolores y de esta soledad, de los que pensamos que el paraguas de la familia sabrá protegernos. Y es mentira. El mecanismo de la novela opera como una bomba con efecto retardado, parándose sobre la crueldad de sus personajes y la soledad que los invade, incapaz de proporcionarles ayuda, pues Luján es, ante todo, cronista de su caída al precipicio. De esa muerte que se extiende por todos los estratos, desde la inocencia hasta la maternidad, en una narración devastadora sobre aquellas heridas que nunca sanan. Que no somos capaces de curar. En la que las palabras avanzan como ese ejército silencioso de hormigas por el jardín. Como un ruido de fondo, un murmullo que aniquila las descripciones, los diálogos, los sentimientos y a los mismos personajes. Un murmullo que borra cualquier otro sonido para repetir obsesivamente ese dolor que su protagonista ha tratado de mantener en lugar seguro. Que se abalanza sobre cada cosa para destruirla. Que nos deja sin habla mientras leemos las últimas líneas de la novela. Sin paz, sin lugar seguro. Ahogados en la mala sangre con la que el pasado ha contagiado al presente. Como si, en definitiva, sus personajes llevasen demasiado tiempo muertos, pero todavía no se hubiesen dado cuenta. Los malogrados.»

√ďscar Brox, D√©tour, 30 de julio
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«Hay cosas en la vida que escapan a nuestro control, que obedecen a fuerzas telúricas sobre las que no tenemos dominio; hay otras, sin embargo, que pueden evitarse gracias a la educación, a la tupida red de ideas y valores que nos trasmiten la familia y la sociedad. De ahí la importancia de la escuela. De ahí la relevancia de que los padres tengan tiempo para sus hijos. Porque cuando un niño se cría en un entorno frío, cuando se forma en un ambiente de desconfianza, cuando no siente la cálida manta de la familia y sus amigos arropando sus dudas, puede pasar que navegue en su sangre el buque del rencor y el odio. No es tecnología lo que necesitan nuestros hijos (móviles de última generación con los que inundar la otra realidad de videos y fotos de alto voltaje), sino dedicación y estímulos deportivos e intelectuales. Pero así nos hemos diseñado nuestro modo de vida. La última novela de Marcelo Luján, Subsuelo, aborda estos asuntos revistiéndolos de intriga y terror psicológico.

»La obra se articula en dos tiempos, en dos veranos sucesivos; y se localiza en una parcela con piscina y cerezos, en el fondo de un valle. Los protagonistas son dos adolescentes y dos jóvenes, además de sus padres. El narrador –omnisciente– recurre a una modalización multiselectiva (narra desde las coordenadas de distintos personajes), y lo hace, en ocasiones, para relatarnos el mismo episodio desde un ángulo nuevo. ComoTarantino en Jackie Brown. Además, gusta de romper el orden cronológico con una temporalización prospectiva, cuando no simultánea. El estilo es cadencioso, envolvente, como una sinfonía de notas que se repiten; la resonancia interna de imágenes y motivos tejen una red de la que no es posible sustraerse, de la que no hay salida.

»El argumento es simple: se trata de una historia de humillaciones y venganza; donde todo el mundo tiene su parte de culpa, su responsabilidad. Fabián –el mellizo acaínado de la novela (tema unamuniano donde los haya)–, es uno de esos edolescentes que, de un tiempo a esta parte, abren los informativos porque su carácter violento –sociópata– los ha llevado al asesinato o al bullying.

»Subsuelo no sólo es una meritoria novela de género, sino un libro que señala las costuras rotas de nuestra sociedad. A ver si las cerramos.»

Ariadna García, Culturamas, 25 de julio de 2015
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«Según mi opinión, Subsuelo es una novela imprescindible, de lo mejor que he leído.

»La verdad es que es dura, cruda y tan realista que duele. Es original, tanto en la manera en la que está escrita como en la historia que cuenta. No hay artificios, no hay fuegos fatuos ni tampoco efectos especiales. Me ha encantado y sigo en ella, días después de haberla acabado.

»Una vez finalizada, me está costando bastante avanzar en otras novelas que se suponen del mismo género. Me resultan, y seguimos con mi opinión como único criterio, demasiado peliculeras y rimbombantes, ostentosas y llamativas. Marcelo Luján demuestra que es posible atrapar al lector desde la primera página, únicamente con la poesía con la que se expresa.

»No hay una gran escena de entrada con personajes retorcidos o misteriosos. No empieza en un entorno imposible o descabellado. Solo una piscina y unos muchachos sentados en su borde, con las piernas en remojo. Ya está. Todo lo demás ya irá llegando, poco a poco y con una gestión del ritmo consecuente con lo que va ocurriendo en cada momento. No soy un gran experto, pero muchas de las novelas tan exitosas a nivel de ventas siguen un patrón tan estudiado, que a mi entender, añaden de manera indirecta un punto extra a Subsuelo.

»Un cuerpo vivo que se cambia por un cadáver. Una piscina. Un flash. El pantano. Y los mellizos, que comparten un secreto del que no parece fácil escapar. Como un murmullo bajo la tierra centenaria, la indiferencia adolescente se puede ver truncada por la calma del agua; apenas un instante dentro de aquella noche que suda veneno. Familia, recuerdos, pasado. Hormigas. Las raíces escondidas que siempre están presentes y tan activas: apretando el músculo de la sentencia. Como el pulso a dos manos que obliga a soluciones suicidas. Como el cordón umbilical que une y separa, que ata y aprieta. Hasta la muerte. Hasta la culpa. Dos veranos son suficientes para que la parcela del valle se convierta en el escenario de una perfecta tortura emocional.

»Espero que esta novela siga su curso y poco a poco vaya obteniendo todo lo que merece. Cuando sigues redes sociales y publicaciones sobre literatura, eres capaz de detectar enseguida los libros que van a ser éxitos como por ejemplo “el libro del verano”. De hecho ya te los anuncian como tal en primavera y además ves como casualmente coinciden con los grandes éxitos de ventas en USA o Inglaterra. Pero hay otros libros en los que intuyes la calidad por quien habla de ellos y cómo lo hace. Subsuelo pertenece para mí en esta segunda categoría.

»A veces se nos olvida, pero el trabajo de un novelista no es ser famoso, ni vender miles de ejemplares, ni que sus libros se lean como se ve un telefilme. Antes bien, consiste en encontrar buenas historias y contarlas de la mejor manera posible para emocionar o, aun mejor, conmocionar a su lector. Hacer que el libro produzca gozo en la lectura. Y que, tras la lectura, se convierta en memorable. (ALEXIS RAVELO)

»Conclusión: Por favor: leedla.»

narracion.com, julio de 2015
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Luj√°n explora la crueldad familiar en "Subsuelo", su √ļltima novela negra

«El escritor argentino Marcelo Luján ha buceado en los aspectos más salvajes de los seres humanos para explorar la crueldad en el seno de una familia "acomodada" en Subsuelo, su última novela negra.

»El autor ha considerado que su última novela no es "policiaca sino negra, muy negra" y está escrita desde una perspectiva "novedosa para lo que es el género", al introducir "un narrador que le anticipa al lector lo que va a ocurrir dos páginas más adelante". "Sentí que esta historia, por sus características, tenía que ser contada de manera distinta para poder atrapar y fascinar al lector", ha dicho Luján en el marco de la Semana Negra de Gijón, donde ha presentado el libro. El escritor ha dicho que para esta historia "necesitaba un relato potente", que no estuviera contaminado por tópicos y prejuicios del género, como que casi todo lo escabroso tiene que ver con la pobreza y lo urbano. Por eso, ha creado una familia tipo, que vive sin sobresaltos económicos, con dos hijos mellizos, y la ha aislado en una casa de verano en medio de un bosque, para que el escenario no le restara protagonismo a la historia. Luján ha añadido que en el texto subyacen las ideas de la vida, la muerte y la muerte en vida, y la preocupación porque con el avance de las tecnologías los padres cada vez saben menos de lo que hacen sus hijos. Subsuelo cuenta la relación perversa de dos adolescentes hermanos mellizos en el seno de una familia "normal", que ve alterada su rutina a raíz de un accidente de tráfico, que actúa como detonante de la trama.»

eldiario.es, 18 de julio de 2015
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«Los peores monstruos son los que habitan por debajo de la normalidad. La normalidad en esta novela es una casa de campo con piscina vestida de cerezos y aligustres, donde los adultos cenan y beben whisky al caer la noche y los jóvenes se rozan los pies con intenciones por debajo del agua. Una normalidad tan fina y quebradiza como cualquier otra. Por debajo de la parcela bulle un hormiguero antiguo, imposible de erradicar, pura realidad de hormigas que invaden ciegas el tronco de los árboles, el cobertor de la piscina, los pliegues de la vida de los personajes. Un accidente de coche es el subsuelo de la novela (uno de los monstruos) y las consecuencias bullirán inevitablemente a ciegas y treparán por el tronco de los árboles, el cobertor de la piscina, las conciencias torturadas, la crueldad, la sexualidad desquiciada, las costuras al borde de reventar en cada párrafo. La prosa ferozmente al servicio de lo que se narra también es un monstruo que palpita y atrapa y asfixia y golpea.

»Subsuelo, el último trabajo de Marcelo Luján, es un corazón en un puño, el nuestro, que busca oxígeno pero que se hunde a cada página que nos atrevemos a pasar. Una delicia, claro, un bocado gourmet que no puedo dejar de recomendar.»

Pedro Peinado, Nosolotecnica, 9 de julio
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El arte de contar los pliegues que nadie ve

«Hay bastantes más elementos comunes de los que pudiera parecer en un principio entre este Subsuelo y la anterior novela del autor, Moravia. Porque aunque el contexto y el ambiente en el que se desarrollan una y otra novela son bien diferentes, hay cuestiones de fondo que las hermanan. La rendición de cuentas con un pasado remoto e ignominioso es una de ellas, al igual que la reflexión sobre la maldad. También el gusto por el dibujo de entornos opresivos, y ya en lo estilístico, la querencia por la musicalidad y por una composición que tiende al barroquismo, de fuerte inspiración cortazariana, que resulta más exacerbada si cabe en esta novela que en su precedente.

»Creo que Luján es un escritor con un gran talento narrativo, sobre todo, pienso, por esa musicalidad de su estilo, y por su capacidad de componer textos con un fuerte ritmo interno, gracias a recursos como las reiteraciones, las enumeraciones o la alternancia de frases cortas sobre otros periodos textuales más densos. Es un estilo que le va muy bien al género negro, cobrando la forma de un género negro de orientación psicológica, un poco en la línea de autores que seguro conoce bien como Highsmith o Barbey D’Aurevilly, con los que comparte también su preocupación por la maldad como tema literario. El estilo de Luján es, no obstante, más metafórico, algo que en este caso está especialmente concentrado sobre las hormigas, erigidas en un gran símbolo de la vida que acontece bajo la aparentemente amable realidad.

»Ningún personaje de los retratados por Luján es del todo bueno, y no hay redención para ninguno. Pero resulta especialmente malvado uno de los personajes centrales de la novela, el hermano mellizo, todo un dechado de vicios y degeneración crecido en el seno de una aparentemente familia normal, de clase media-alta, y que es para mí el principal hallazgo de la novela, por su capacidad de generar repugnancia y porque representa una lograda encarnación del mal.

»La narración de Luján no es diacrónica, y su gusto por el alambique en el desarrollo narrativo lleva al lector a tener la sensación de una narración compuesta a base de capas superpuestas, como una cebolla, que vuelve al pasado y regresa al presente para ir desvelando aspectos de la trama que, como buen narrador ‘noir’, acaban cobrando todo su sentido en las últimas páginas.

»Es en estas últimas páginas donde —también evidencia bastante oficio en eso— la narración se vuelve más intensa, de manera que se recorren con cierta ansiedad buscando el insospechado final. Un final que (y este es el único pero que plantearía a la novela) resulta algo teatral y forzado, rompiendo en cierto modo el tono general de la obra donde todo resulta (aterradoramente) normal.

»Creo que Luján es un autor al que hay que seguir muy de cerca. Uno de esos escritores que gustan de mirar el mundo a través del ojo de la cerradura, concentrando la atención en los pliegues de la realidad que pasan desapercibidos para el resto de los mortales. Esperaremos ansiosos nuevas novelas del autor.»

Daniel Ruiz García, Estado Crítico, 3 de julio de 2015
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Subsuelo de Marcelo Luj√°n

«Un cuerpo vivo que se cambia por un cadáver. Una piscina. Un flash. El pantano. Y los mellizos, que comparten un secreto del que no parece fácil escapar. Como un murmullo bajo la tierra centenaria, la indiferencia adolescente se puede ver truncada por la calma del agua; apenas un instante dentro de aquella noche que suda veneno. Familia, recuerdos, pasado. Hormigas. Las raíces escondidas que siempre están presentes y tan activas: apretando el músculo de la sentencia. Como el pulso a dos manos que obliga a soluciones suicidas. Como el cordón umbilical que une y separa, que ata y aprieta. Hasta la muerte. Hasta la culpa. Dos veranos son suficientes para que la parcela del valle se convierta en el escenario de una perfecta tortura emocional.

»Pon secretos terribles en manos de unos niños cerca de agua estancada y obtendrás una novela escalofriante que todos queremos leer. Marcelo Luján lo consigue con Subsuelo, recientemente publicada en la editorial Salto de Página. De ella, Carlos Zanón ha dicho que es “inquietante, cruel, perversamente humana…”. Se trata de la tercera novela de este autor argentino afincado en Madrid desde hace más de 10 años, ganador entre otros premios del Getafe de Novela Negra 2009.»

El Acróbata, junio de 2015
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«Hay un escenario que parece idílico y que muchos esperan: el que tiene lugar en la típica casa de campo donde la vida se detiene durante las vacaciones estivales, con la sobremesa y el café, las conversaciones de los mayores y los juegos de los adolescentes. ¿A qué más puede esperar el burgués acomodado que trabaja duro durante el año? Las vacaciones de verano siempre tienen algo de mágicas. Este es el punto de partida de la última novela de Marcelo Luján, Subsuelo (Salto de Página, 2015).

»A medida que vas introduciéndote en la trama y sus personajes, te asalta la sensación del haberlo visto o leído antes. Y no es extraño para quienes nos educamos en la cultura audiovisual y el cine de los ochenta y noventa. Quizás a algunos ni les suene la cinta Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986), de David Lynch, pero quienes la han visto sabrán encontrar paralelismos —al principio de la cinta— con la novela (a pesar de las tres décadas que las separan), ya que muestra ese dualismo de la existencia humana: por un lado, la aparente acomodada vida burguesa y, por otro, lo que se esconde bajo esa superficie, lo más abyecto del hombre.

»Subsuelo es una historia protagonizada por dos mellizos adolescentes, Fabián y Eva, y de los veranos que pasan en una casa de campo con sus padres, Mabel y Alberto, y unos amigos. Aunque la relación entre hermanos nunca ha sido buena, todo parece marchar bien hasta que entra en escena otro joven, Javier, que les enseñará otra forma de diversión, de sadismo y perversión que tendrá consecuencias irreversibles en la acomodada y rutinaria vida familiar. Ya lo dice el narrador: “Bajo el cielo brillante de julio, los planes no siempre se ciñen al espíritu de los que vienen de la ciudad”.

»Lo mejor de la novela es el estilo envolvente de cada una de las tramas y el ritmo que se va incrementando en cada capítulo. Para Luján es tan importante la escena como los personajes, pues la naturaleza (el entorno rural de la casa, el pantano, las hormigas, etc.) es un protagonista más que nos irá desvelando los secretos, la crueldad y el dolor que horada cada una de sus vidas para convertirlos en seres enfermizos y dependientes. Sin embargo, los saltos temporales (el recuerdo de la madre, Mabel, que sufrió la represión política argentina y el posterior exilio), las elipsis y su manera nada convencional de transcribir el discurso y los diálogos de los personajes hacen que la lectura sea un reto.

»Marcelo Luján ha escrito una novela que demuestra que a veces la existencia puede convertirse en un ejercicio de supervivencia que nos obliga a aceptar el pasado y asumir un futuro del que se pretende escapar trazando un plan, pero la conciencia como el subsuelo y las hormigas que invaden la casa es una plaga que termina por exterminarnos.»

Sara, Literaria Comunicación, 21 de junio de 2015
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Marcelo Luj√°n: la perversidad subterr√°nea

«Paul Auster asegura en sus novelas que el azar es algo que determina continuamente nuestras vidas; para otros autores, sin embargo, todo lo que nos sucede es fruto de nuestras propias decisiones. En cualquier caso, ya hablemos de azar, destino o elección, nuestras vidas tienen determinados puntos de inflexión a partir de los cuales ya no existe marcha atrás. Kafka lo expresó de una forma trágica y hermosa: “A partir de cierto punto ya no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar”. Dudo mucho que los protagonistas de esta novela estuvieran de acuerdo con la segunda parte de esta afirmación, aunque lo cierto es que la historia que Marcelo Luján narra, de forma impecable, nos muestra la inexorabilidad del destino en cuanto a unos sucesos aterradores que modificarán por completo las vidas de sus protagonistas.

»El escenario de esta novela es un lugar muy acotado: una casa en el campo rodeada por un bosque, unas montañas al fondo, un pantano, y una piscina. La novela comienza precisamente ahí, en esa piscina en la que tres adolescentes están sentados en el bordillo, con los pies metidos en el agua. Un chico rubio y su hermana melliza, todavía menores de edad, Fabián y Eva. A su lado un chico moreno, Javier, algo mayor que los mellizos, y que roza disimuladamente su pie con el de Eva, dentro del agua. Mientras tanto, los padres de los muchachos están en la casa, atiborrándose de comida y bebida. En un momento dado, el hielo para las bebidas se agota. Ninguno de los adultos se encuentra lo suficientemente sobrio para acercarse a la gasolinera a por más bolsas de hielo, así que se lo piden a Javier, el chico moreno que se encuentra en la piscina, quien encuentra la oportunidad ideal de acercarse en coche acompañado por Eva, por quien se siente claramente atraído. A ellos se suma finalmente Fabián, que los acompaña, a petición de su madre, hasta la gasolinera. Marcelo Luján nos cuenta la terrible historia de lo que sucede después: el accidente, la culpa, el remordimiento, la pérdida de la inocencia, el castigo, toda la perversión que puede aflorar de la mente humana, la maldad que permanece subrepticiamente fuera de nuestra vista, bajo la superficie, y las inevitables consecuencias que todos esos oscuros recovecos del ser humano hacen aflorar: el dolor, el deseo de venganza, el engaño, el ominoso deseo de no existir, de preferir verse muerto a vivir de forma asfixiante, acuciante, sin redención posible.

»Subsuelo está escrita empleando una prosa sobria y precisa, sin adornos innecesarios, dosificando cada párrafo y cada capítulo con la información imprescindible, dejando que el lector intuya, sin saber todo lo que ha ocurrido o, mejor dicho, sin que sepa cómo ha sucedido exactamente. Hay un accidente y, con posterioridad, un regreso a esa misma casa en la que reaparecen algunos personajes, como Ramón, el hermano mayor de Javier, que jugará un papel decisivo en el desenlace de esta trama. Cada uno de los personajes tratan de relegar en el olvido, por diferentes razones, un secreto terrible que se oculta en ese subsuelo metafórico que Marcelo Luján nos presenta de un modo extraordinario: con un enjambre de hormigas que ha comenzado a invadir el terreno que rodea la casa. De algún modo, esa plaga que los dueños del chalé quieren exterminar a toda costa, representa los secretos del pasado que trataron de encubrirse pero que inevitablemente afloran, aunque sea de forma terrible, como montones de hormigas muertas flotando en la piscina.

»Sin duda alguna, Marcelo Luján consigue con esta impactante narración contar una historia redonda, sin fisuras, muy dura y cruel, pero con una voz personalísima que, en ciertos momentos, sobre todo al inicio de algunos capítulos, me traía el sonido o la cadencia de ciertos ritmos poéticos, algo que contrasta fuertemente con la negrura de la narración pero que logra un efecto impecable, rotundo, con un ritmo narrativo muy potente que absorbe por completo al lector. Por momentos, su lectura también me ha traído a la memoria la prosa de Cortázar y, tal vez por analogía, su extraordinario relato (pero, ¿qué relato de Cortázar no lo es?) titulado "Los venenos", en el que también hay dos hermanos y una plaga de hormigas. Pero volviendo a Subsuelo, no se puede contar mucho más de esta historia sin desvelar parte de las claves. Únicamente me queda recomendar muy sinceramente su lectura y, para finalizar, citaré una frase que aparece en distintos momentos de esta novela, una frase que pronuncia recurrentemente Mabel, la madre de Eva y Fabián y que viene a ser, junto a las hormigas, algo así como el leitmotiv de esta historia, unas palabras que lo expresan todo sin decirnos nada, aunque en seguida comprendamos lo que tienen de terribles: “A nadie le importa dónde aparecen los muertos”. Sin duda, una frase implacable, oscura, inquietante, misteriosa y envenenada como esa noche fatídica que Marcelo Luján nos ha regalado. Una frase que nos anuncia que no podemos elegir, que es imposible escapar de nuestros fantasmas, del destino, de los monstruos de la razón y, en definitiva, de nosotros mismos.»

Jaime Molina, 10 de junio de 2015
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«Afortunado todo el que, a través de pluma y papel, consigue desbordar el ego constreñido por normas educativas y apariencias sociales. La escritura, a modo de liberación y sin prejuicios, puede exorcizar los demonios interiores que no queremos exponer por miedo al qué dirán, a franquear lo políticamente correcto. Cuando se escribe sin control consciente del exterior, solo dejándose llevar por la proyección hacia los dedos de las visceralidades más recónditas, entonces, queridos lectores, simplemente se nota. El resultado es el poder del yo en todo su esplendor sin moral ni convenciones establecidas. Marcelo Luján consigue mostrarnos el interior humano más crudo y menos empático, franqueando todos los límites que rigen lo que entendemos por amor y vínculos fraternales. Sólo dejando la pluma y la conciencia en un estado de libre albedrío se puede conseguir una novela tan brutal y transgresora como Subsuelo, porque si algo es imposible de modificar con la humanización de la especie es su naturaleza animal, y en Subsuelo la más oscura y perversa se muestra en toda su crudeza.

»Cómo debe ser sentir que ya has muerto cuando sigues en este mundo, donde la única manera de “resucitar” es dejando otros muertos por el camino. Las torturas psicológicas, la culpa ante aquello imposible de cambiar son capaces de mostrar caminos de un sadismo desnaturalizado, donde ni la consanguinidad prevalece ante la depravación de las acciones más insólitas e inmorales. Pues ésta es la historia de Subsuelo.

»Eva y Fabián son mellizos, tienen dieciséis años y como cada verano están en la parcela familiar con sus padres, Mabel y Alberto y otras familias amigas de éstos. Los chicos nunca se llevaron bien, hay un odio implícito entre ellos desde antes de nacer y por esas bofetadas que a veces el destino se permite darnos, esa misma noche ocurre un acontecimiento que cambiará la vida de todos. Mabel, de procedencia argentina y con un pasado oculto, es una mujer sensitiva que nota la inquietud de lo que está por venir. A partir de ese instante la relación entre los mellizos también se atará a través del chantaje, la perversidad más inimaginable que hará que sus vidas sean de todo menos vida. Dos veranos después vuelven a la parcela como intento de superar, o al menos aceptar el pasado, pero todo se vuelve más oscuro y las soluciones cada vez más macabras ante decisiones necesarias. Cada cual desarrollará su propio plan para escapar de ese condicionamiento que los mantiene en jaque, siendo Eva la mayor damnificada y obligada a acatar su porvenir. Mientras el lugar cerca los secretos, las hormigas del subsuelo permanecen en el valle siendo testigos de un escenario que destila maldad y egoísmo, como solo las personas somos capaces de crearlo. El final abrumador es sobre todo eso, un gran final, merecedor de todas las alabanzas.

»La trama es de una brusquedad constante, te absorbe al tiempo que va mostrando el perfecto paso explicativo. No se agota y cada quiebro es más impactante y menos esperado. Sus personajes son deslumbrantes dentro de la oscuridad más absoluta de unas almas negras, pero si por algo Subsuelo es de las mejores novelas que he leído este año no es precisamente por la historia. La fuerza, la magia que la hace inolvidable y que sigamos pensando en ella días después de cerrar la última página, recae en la forma de narrar de Marcelo Luján. El autor argentino utiliza una estructura narrativa nada convencional, un sello de identidad propio y constante, se adelanta al personaje sobre aquello que aún no sabe y sucederá, cambia en cada párrafo el objeto narrativo, lo que hace que la tensión no afloje, esté contenida y la atención no pueda dispersarse un segundo. Los tiempos desordenados esclarecen y enturbian, su estilo es sin duda hábil y particular y consigue que el lector esté casi en pugna con la narración para mantener el ritmo. Con todo ello, es una lectura rápida y ágil, si tuviera que concretarla en una sola palabra sería arrolladora.»

»Subsuelo atropella y limpia el interior humano enseñando la suciedad que no todos se atreven a desempolvar, solo por eso no debéis perderos las letras magistrales de Marcelo Luján.»

Mercedes Suero, Vísperas, 20 de mayo de 2015
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No fue la noche.
Ni el verano ni el hielo.
O tal vez haya sido todo.

»Abre la novela,  Episodio I: the kill. Ahí vamos a ver a unos tipos en esas primaveras de los cincuenta años , con ciertos bretes en la vida conyugal y el consecuente lastre de las parejas (los cuatro hombres a beber, las mujeres a veces cerca y el resto del tiempo puede que no importe) . Tienen hijos adolescentes, por tanto tienen retoños idiotas, crueles, guapos, niñatos con secretos, con vídeos en el móvil para la extorsión. Hay un árbol de causas, la evidencia de las relaciones y su cuota de participación en el desastre. Una gasolinera, los sapos, el hielo, el hermano mayor, un coche, el freno de mano, un camión, el egoísmo, la hijoputez, una chica bonita.

»A veces con incuestionable follaje poético:

Nace el odio cuando nace la sangre, con el primer latido.
Somos engañados por la apariencia de la verdad.

»Marcelo Luján, al que antes de Subsuelo conocía de vista por el barrio y sus novelas, igual que a Hugh Hefner, el viejo de las conejitas Playboy, (cero), ha ensayado mucho la diana de la narrativa y ha tenido que dar mucho el coñazo a un colega aburrido, leyéndole trocitos de la novela, para ver cómo funcionaba eso de prestar atención aunque no te estés enterando de nada , es decir, que le interesa mucho la literatura audaz, de aliento, de hálito continuo, con una incesante tendencia a la visualización de la escena y a una oportuna utilización del suspense. Vale, y la angustia. Para que te quede claro. No te vas a sobar con Subsuelo. No, no es grandilocuente, ni fatigosa como una fabada. Tiene la sencillez de la gamba blanca. Nunca sacia. Y no, la familia no es lo que parece. A menudo tras el tabique de la parcela y el chalet no está el american dream de la barbacoa, el tercio de budweisser y el vestido trendy de cuadros rojos y blancos. Una especie de indagación científica-psicosocial de la mente humana, el terror de las parcelas extraviadas en las montañas, el despertar de la bestia, el mal, el dominio que conlleva acatamiento, el miedo, la mentira, los conductos recónditos de un terrario como alegoría de la parte invisible del ser humano, a menudo la parte impenetrable. El mal.

»En Subsuelo se habla de degeneración y humillación para tocar el problema, el dilema de los hijos; hacia donde estamos yendo con nuestras botellas de ginebra premium, nuestras conversaciones burguesas y nuestros votos a Ciudadanos y el Partido Popular. Otra novela más importante de lo que parece y un hormiguero como leitmotiv del relato y el psicodrama.»

Javier Divisa, Tar√°ntula Revista cultural, 19 de mayo de 2015
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El gran precipicio

Luján arranca la maquinaria de la autodestrucción en una gran novela

»Todo parece real. Pero no lo es. La cita inicial lo advierte: sólo los idiotas creen en la realidad del mundo, lo real es inmundo y hay que soportarlo. Palabra de Lacan. Así que todo arranca con una escena cotidiana. Llena de normalidad. Inofensiva. Parece. La calidez estival. La dicha plácida. Burgueses desechables, como los manteles. Ellos y ellas. Sus hijos, al borde del agua tranquila de una piscina. ¿Tranquila? No hace tanto tiempo estaba verde y “había mogollón de sapos”.

»Qué asco los sapos. ¿Los mataron los lobos?

»Todo parece en orden. Por poco tiempo. Cualquier brecha inesperada lo cambia todo. De eso sabía mucho John Cheever, que atravesaba las paredes y mostraba las sombras malheridas de la intimidad. Marcelo Luján quiso perforar la superficie para llegar al Subsuelo con la idea de representar “algunas premisas de la condición humana. Premisas que me persiguen, podría decirse, porque me interesan muchísimo las reacciones de las personas –más o menos normales, contemporáneas, y perfectamente reconocibles para nuestra sociedad– ante situaciones límite. De este modo, intenté inocular el mal, lo oscuro, lo perverso, a una familia burguesa, en el escenario donde menos interacción con el resto del mundo podían tener: una parcela alejada de la ciudad, aislada, en la que suelen pasar los veranos. Allí, dos hermanos mellizos —chica y chico, adolescentes—, su madre, y algunos personajes secundarios, pondrán en marcha los engranajes de la peor maquinaria conocida: la de la auto-destrucción”.

»El desafío está servido: gestionar del mejor modo posible “la tensión en un escenario tan reducido, también como herramienta de dosificación de la información”, y por ello “tomé algunas decisiones narrativas arriesgadas pero que consideré oportunas en el desarrollo de esta novela: la utilización de un narrador omnisciente de carácter anticipatorio; un narrador extraño y mordaz que le dice al lector, entre otras cosas ‘dentro de dos minutos ocurrirá esto’, y acto seguido le ordena ‘ahora ve y observa cómo ocurre’”.

»Hay un accidente en el centro del relato: un accidente “cuyo desenlace llevará a los personajes a la más angustiosa de las salidas: la que no tiene retorno ni vía de escape. Pero no es ese hecho el corazón de la historia. De ninguna manera. Subsuelo late en la relación entre Eva y Fabián (más que hermanos), la osadía de uno y la permisión del otro, lo que se esconden y lo que planean y lo que finalmente sucederá. Es allí donde se oyen los latidos de esta novela. Y en la figura de Mabel, la madre, con aquella noche negra que lleva pegada en su cuerpo. ‘A nadie le importa dónde aparecen los muertos’, piensa, siempre, Mabel”. Después está “el bosque de abedules observando el desarrollo de los acontecimientos. Un pantano. Una piscina. Y la colonia de hormigas recorriendo constantemente el subsuelo de la parcela y de la historia. No hay, apenas, más escenario para que nos perturben las siguientes afirmaciones: poder advertir el futuro. Para ahorrártelo. Para desviarlo. Para regatearlo. Para que no ocurran nunca las cosas que nadie quiere que ocurran nunca”.

»Subsuelo es una tragedia en el sentido clásico: “Con algunos héroes, algunos oráculos, y un gran precipicio”. Caigamos en él para disfrutar de una gran novela.»

Tino Pertierra, la Nueva Espa√Īa, 14 de mayo de 2015
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«Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973), quizá el novelista realista más interesante que la Argentina ha exportado al mundo últimamente, creador de historias atmosféricas e inquietantes muy celebradas por la crítica, lo más parecido al guionista de la serie True Detective que tenemos en castellano, vuelve ahora a las librerías con su prosa cristalina y su realismo psicológico habitual puesto en valor en su tercera novela titulada Subsuelo (Ed. Salto de página).

»Se trata de un thriller impactante y perverso sobre una de esas familias en la que cuesta respirar.

»Posee un argumento metódico construido con estructura fílmica, y prosa que funciona, y un mundo psicotóxico que envuelve, y unos personajes que encarnan con naturalidad tanto el mal epidérmico como el mal profundo y, al hacerlo, te hacen pensar que este autor psicoanalíticamente argentino como todo porteño que se precie nos está hablando sin decirlo en su nueva novela de la complejidad de lo que somos y del peligro de lo que podemos ser. Sí, el subsuelo que se nos describe con magnética pericia en esta novela, una historial actual y naturalista sobre las torturas emocionales, en buena medida es el inconsciente: la fuerza turbia y oculta de todos nosotros que origina nuestros actos según Freud. Y Marcelo Luján es un maestro en el arte de hacer ver a los lectores de hoy que, a la hora de tratar de entender la insólita turbiedad humana, las novelas son incluso más útiles que las ciencias del comportamiento.

»Los componentes de esta inquietante y esclarecedora historia son la atmósfera reducida y desasosegante, un puñado de personajes retorcidos hasta extremos mareantes, una parcela aislada en medio de un valle, una pertinente cita inicial de Lacan y la adolescente certidumbre de que quien no tiene familia no tiene límites…

»¡Esta novela versa en efecto sobre el círculo cerrado de la familia!

»¡Algo tiene esta brillante novela de escándalo moral!

»De hecho en estas páginas dos hermanos actúan con el demorado sadismo con el que solo son capaces de actuar los mellizos, como para que los alucinados, consternados, lectores nos preguntemos: ¿dónde está el límite del mal?

»Algo así se pregunta en su fuero interno Mabel, la madre de los dos mellizos, que es, con toda su traumada e identificativa normalidad, un personaje determinante para que funcione esta historia negra en el sentido clásico (de hecho la forma que en estas páginas tiene Marcelo Luján de encarar el género negro explota de modo psicológico, casi psicoanalítico, la actual fascinación por la personalidad criminal y, de hecho, lleva esa fascinación al límite por medio de esos dos mellizos tan crueles y tan perversos sin causa ni remedio: uno no sabe si esta inmersión en dicha fascinación es un efecto literario, responde a una inquietud social o es un modo indirecto de que Subsuelo, además de una novela negra, sea una novela psicológica).

»¡Estamos muy necesitados de catarsis!

»Por eso les recomiendo Subsuelo, última novela de Marcelo Luján.»

Luis Artigue, InfoBierzo, mayo de 2015
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Escucha el programa aquí (minuto cuarenta).

Todos somos sospechosos, 6 de mayo de 2015
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La familia

«La familia puede ser algo terrible cuando aquello que se hace por el bien de sus miembros —todos, algunos, uno— termina convirtiéndose en una trampa. Eva y su hermano mellizo, Fabián, comienzan este relato brutal como personajes anónimos al borde de una piscina en compañía de un amigo, mientras sus padres beben en la casa de vacaciones. Se anuncia un accidente que lo cambiará todo para siempre, tras el cual conoceremos sus nombres por fin, y será un hecho del que no podrán recuperarse tan rápido como sanan las heridas. Se anuncian más cosas terribles, inmersos cada uno en su dolor y en su rabia, en un sistema enfermo construido a base de lo que se calla. Se anuncian chantajes, favores, complots, pactos de lealtad. La narración de Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973, aunque vive en Madrid desde 2001) no esconde ninguno de los rincones oscuros de esas relaciones.»

E. S., Pérgola, mayo de 2015
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«Subsuelo, de Marcelo Luján, está entre las mejores novelas que me he leído este año. Me ha inquietado, me ha emocionado, me ha removido. No sólo me ha contado una historia brutal sino que me la ha contado desde una magnífica estructura y un lenguaje muy particular. Excelente.

»La historia gira alrededor de dos hermanos, mellizos, y de un accidente brutal que sucede en el primer capítulo y que te deja helado. A partir de ahí sabes que no podrás dejar de leer. Subsuelo nos cuenta el accidente como destino, porque también nos cuenta la historia de una maldición, la historia anterior, las razones, el conjunto de motivos que hace que tres adolescentes se suban en un coche, una noche de verano, rumbo al silencio, y, sobre todo, nos cuenta cómo es imposible escapar a ese destino, porque Marcelo Luján nos cuenta también lo que sucede después: las relaciones de culpa, de dolor, de deuda, que se establecen entre los personajes. Las venganzas. Las mentiras. La imposible forma de vivir una vida asfixiante.

»¿Qué ocurre cuando sobrevives? ¿Qué ocurre cuando pierdes a un ser querido? ¿Cómo te sientes cuando sabes que eres el culpable? ¿Cómo te aprovechas de esa culpabilidad? ¿Qué serías capaz de hacer por tus hijos? ¿Qué serías capaz de hacer si dieras rienda suelta a todos tus instintos, si te dejaras llevar? ¿Qué harías si sospecharas la mentira? ¿Cómo sobrevivirías? La mezquindad, la sordidez, la maldad, lo más oscuro de las relaciones humanas. El odio. Todo está aquí. Incluso el destino del que es imposible escapar.

»Pero sobre todo, lo más apasionante de esta novela, y de la forma en la que Marcelo Luján ha decidido escribirla, es la descripción que hace de lo que está por debajo de lo que vemos, por debajo de la superficie, como las hormigas, en el subsuelo, como los pies tocándose por debajo del agua, como la piscina, por debajo de nuestra línea de visión, central, el bosque, como los mensajes ocultos, como lo que ocurre fuera de la vista de todo el mundo, lo que escapa del control de los padres, las habitaciones con pequeños ventanucos, y lo que está escondido dentro de nosotros mismos, lo que ni siquiera saben de sí mismos los personajes, lo que ni siquiera sabemos de nosotros mismos o de las personas que tenemos más cerca y a las que creemos conocer, amar, con las que convivimos, las cosas más oscuras que nos pueblan, nuestros miedos más esenciales, nuestros monstruos, lo que vemos de nosotros mismos cuando nos miramos al espejo.

»Y todo eso se traslada a una forma de escritura que constantemente anticipa, explora, advierte, de forma inquietante. Como si todo lo que va a pasar hubiera estado previamente escrito, como si no se pudiera elegir, como si la vida transcurriera ajena a la amenaza y a la muerte.

»Pero en realidad todos eligen, todos quieren conseguir algo, aunque sea el amor, la paz o la venganza, y lo hacen siempre de la forma más salvaje. Unos personajes asombrosos, complejos, tal vez vulnerables pero implacables. Sobre todo los hermanos mellizos, la bella e inquietante Eva, el terrible y manipulador Fabián. Pero también el pobre Javier, y su hermano mayor, Ramón, y los padres de ambos, y hasta el jardinero. Y sus pasados, y sus futuros imposibles, y el calor, y la sensación de lo inevitable, y lo que nadie sabe, y la plaga de hormigas, y los perros, y las reinas, y la última de colonia, y el pasado que nos persigue.

»No es una novela para todos los públicos: es durísima: pero está magníficamente escrita, tiene unos personajes inolvidables. No os la perdáis.»

Antonio Martínez Asensio, Baidewei, 27 de abril de 2015
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Sutil complejidad: Subsuelo de Marcelo Luján

«Cualquier subsuelo contiene partículas degradadas bajo la capa superficial de las cosas. No puedo olvidar a Dostoievsky y sus Memorias (o apuntes) del Subsuelo, y, por supuesto, pienso en lo inconsciente, lo primario, en el sentido de primordial, ancestral y también oscuro. Esta novela del argentino Marcelo Luján es, precisamente, una de esas obras que yo quiero leer. Impecables desde el punto de vista de la organización de la historia y de la verosimilitud, con capacidad de mantener la atención del lector, con estilo y belleza,  y con un decir que no es del tipo superficial que está hoy en boga, sin que ello la vuelva densa o difícil.  Una novela que trata de profundizar, ahondar, excavar, abrir, taladrar. Da posibilidades a la relectura, actividad de los lectores que se precian, ese fino placer al que siempre Borges aludía.

»¿En qué consiste lo valioso de esta novela? En la serie de sucesivas capas que contiene. La primera (la que cualquier lector advierte) muestra una historia de suspenso muy atrapante que no desdeña la crítica social sutil y el manejo de la ironía. Los personajes además de creíbles (con muy buen uso de los registros del idiolecto adolescente) tienen un trabajo psicológico interesante, especialmente en los mellizos y su madre -Mabel- una argentina transplantada a España en los años de la dictadura, diversos personajes sugestivos y hasta un jardinero misterioso. También en esta capa está el buen uso de los espacios, la importancia que tiene para el lector ver lo que sucede. En esa primera capa, obviamente, está la rigurosa trama, sabiamente urdida y con material narrativo de primer nivel.

»La segunda capa tiene que ver con una técnica narrativa original. Hay un narrador absolutamente omnisciente. Confieso que nunca me gustaron los narradores omniscientes que me remiten un poco al siglo XIX y a una manera de encarar el mundo narrativo como demiurgos o dioses. Este narrador es muy diferente. Se dice, se desdice, anticipa pero no cuenta, y al final de la historia presenta de nuevo escenas del principio como para profundizarlas, repite emblemas (palabras que en la repetición se resignifican), juega con la información.

»Pero hay más. Las terceras capas son el postre que espero en las novelas, no buenas sino muy importantes o grandes o como nos guste adjetivarlas. Ese algo es como otra cosa, algo cercano a la ‘poiesis’ (en griego puede traducirse como un “hacerse”, crear un nuevo universo al borde del vulgarmente real). No me refiero al  posible elemento de literatura fantástica, que puede estar o no estar, pero no importa. La clave  podría estar en una alusión del epígrafe de Jacques Lacan: “Sólo los idiotas creen en la realidad del mundo, lo real es inmundo y hay que soportarlo”. Ya sabemos que en un mundo lingüístico lo real ‘es imposible’ para Lacan.  La aparición de la palabra ‘inmundo’ suena paradojal: no está pero es inmundo. Es precisamente ‘innombrable’. Ahora sí estamos en el verdadero mundo de esta novela: el subsuelo. Ese clima de fatalidad de las tragedias griegas ¿lo dan esas hormigas que están por debajo de la superficie? No solamente. También está lo siniestro y quiero alejarlo de cierta idea macabra  para aludir a la reminiscencia freudiana: lo extraño de lo habitual. El pantano, la noche envenenada, son nombres de las últimas partes del libro. ¿Qué pantano es ése? El pantano del fondo de la conciencia. El veneno de las pulsiones continuas (sexualidad pero ligada a traiciones, mentiras, venganzas: una sexualidad compleja). Y luego cierto animismo propio de la poesía: la complicidad del verano, el hielo, los árboles altos, el cielo azul oscuro del valle y tal vez hasta el pantano como lugar, no como símbolo. ¿Se trata de metáforas? Sí y no. Como sí y no son culpables de la trama, según el particular narrador que todo lo sabe pero duda. La piscina es un lugar casi sagrado donde ocurren las profanaciones. La reina de las hormigas en la descabellada imaginación de un personaje puede ser grande como un gato y la hormiga obrera última (y también la del final del libro) actúan en el borde, no sólo de la piscina sino del universo de palabras (tan parecido al nuestro). Lo inmundo puede ser entonces lo que está fuera de control. O lo que no se piensa. O lo que se piensa, pero no en palabras. O lo que bordea esta verdad que podría decir Lacan ‘hace agujero en el saber’. Y también los mellizos como más que hermanos. Y el amor-odio o mejor el odio-amor adentro mismo del vientre primario.

»Esta es la oscuridad, el otro lado, el subsuelo propiamente dicho. Es más por esto que por ninguna otra cosa que puede ser ‘novela negra’. Porque se excava y se taladra: ya lo dije al principio.»

Liliana Díaz Mindurry, Its Playtime, 16 de abril de 2015
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»Mi “novela del año” de 2014 fue Te quiero porque me das de comer, de David Llorente —y lo fue por varias razones, entre ellas por el valiente ejercicio de estilo que proponía—. Lo supe allá por el mes de febrero, cuando quedaba mucho año por delante y con casi todo el pescado por vender, pero es que tuve muy claro que pocas obras me iban a sorprender y golpear como aquella.

»2015 comienza muy fuerte y, en parte, de modo similar al pasado ejercicio literario y criminal. Porque acabamos de echar el cierre al primer trimestre —y que me perdonen todos aquellos autores que tienen sus novelas en fase de edición o imprenta— y ya tengo uno de esos candidatos muy pero que muy firmes a ocupar la primera posición del podio. Es, efectivamente, el Subsuelo de Marcelo Luján.

»Una narración pausada, con frecuentes y necesarios saltos en el tiempo y el espacio, nada aplicable a ella ese término recurrente de “trepidante” que muchos consideran inherente a una buena novela negra. Al contrario, se trata de un modo de contar la historia desde el sosiego, desde la calma, que provoca en el lector el deseado efecto contrario: desasosiego, congoja, sobrecogimiento, horror…

»Porque Subsuelo nos habla de los bajos instintos, de los odios, de los temores que fluyen y laten bajo la piel y la sangre de los miembros de una familia acomodada representada, fundamentalmente, por una madre que comenzó una nueva vida tras huir de Argentina en los setenta y por sus mellizos tardíos.

»Los mellizos que convivieron nueve meses en el útero materno y allí desarrollaron los lazos afectivos que, se supone, jamás les abandonarán. Pero también —esto no se supone, resulta tremendamente explícito— la parte sucia, el odio, el egoismo, los celos que hacen que uno de ellos llegue a desear haber acabado con la vida del otro cuando dispuso de los medios y la oportunidad, cuando todavía no habían abandonado la calidez previa al parto, cuando todavía la jodida adolescencia consentida no había llegado a magnificar una recíproca repulsión.

»No están solos los mellizos y su madre, por supuesto. Están acompañados, cada verano, por otras dos familias igualmente acomodadas, con hijos igualmente adolescentes o ya algo más maduros, todos reunidos en esa casa solo para vacaciones, en torno a una piscina y disfrutando de las barbacoas nocturnas y el gintonic. Para los adultos. Con hielo. Con mucho hielo.

»Bajo la residencia vacacional, como perfecta metáfora de lo que se aprecia sobre el subsuelo, las hormigas, la plaga inextinguible, imposible de extirpar, que todo lo invade y que lucha un día tras otro por aflorar a la superficie e impregnarlo todo.

»Lo hace, vaya si lo hace, con un desenlace aterrador e inesperado a pesar de venirse anunciando desde casi las primeras páginas.

»Sobre todo si, como un servidor, se tienen mellizos en casa.»

Ricardo Bosque, Calibre .38, 7de aril de 2015
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«¡¡Graaaaaaaaaaaan novela de Luján!! Y disculpen el alarido, pero es que la tercera novela del escritor argentino Marcelo Luján rebosa ingenio y talento por los cuatro costados… como mínimo tanto ingenio y talento como puede haber en uno de esos driblings apoteósicos del delantero azulgrana Lionel La Pulga Messi que culminan en gol (así lo vemos nosotros) Y de ahí la incontrolable euforia futbolera a la hora de empezar esta reseña…

»Desde Vestido de novia, la novela del francés Pierre Lemaitre, cuya traducción al español fue publicada el año pasado, no leíamos una novela tan redonda y bien construida y con una capacidad tan abrumadora para generar suspense y mantener en vilo al lector de principio a fin. A nuestro juicio Subsuelo debería ser una de esas novelas destinadas a arrasar entre los aficionados a la novela negrocriminal de calidad.

»Y atendiendo a las posibilidades audiovisuales latentes en la novela creemos que también se merecería que alguien, tal vez un director como François Ozon, autor de magníficas películas como Swiming Pool (nos saltó a la memoria mientras leíamos Subsuelo) y Une nouvelle amie, hiciera una adaptación cinematográfica.

»Tal y como sucedía en Vestido de novia pensamos que es mejor no revelar demasiadas cosas sobre el argumento de Subsuelo para no desvirtuar la lectura y sus efectos. Basta con decir que cuenta una historia sobre crueldad adolescente, sadismo, venganza y oscuros secretos familiares que a la manera de las tortuosas galerías de un hormiguero progresan bajo tierra fuera del alcance del ojo humano en direcciones insospechadas. Demasiados secretos acumulados en una sola familia de clase media alta formada por un padre de origen español, una madre de origen argentino y dos mellizos que aparentemente han crecido sanos e independientes... una familia que un día creyó encontrar la felicidad en una casa de veraneo ubicada en una parcela anclada al pie de una sierra, cerca de un pantano, aislada de casi todo, como para que no llegue un día en que alguien sienta la imperiosa necesidad de liberarse del peso acumulado...

»Posiblemente uno de los valores más sobresalientes de Subsuelo es la capacidad de la historia para crear y renovar el suspense a medida que progresa. Marcelo Luján es un escritor habilísimo en este sentido. Con recursos aparentemente sencillos consigue que la tensión se propague como un incendio que multiplica sus focos por acción del viento.  Tras una primera lectura creemos identificar dos técnicas que podrían parecer contradictorias pero conjugadas tal y como lo hace Luján se ayudan mutuamente y multiplican el efecto mencionado.

»En primer lugar, cabe destacar la gran habilidad del autor argentino para dosificar la información. Luján nunca deja que el lector vea el conjunto de la historia sino que se la muestra poco a poco, en dosis perfectamente controladas y dejando siempre algo oculto, a la sombra, para provocar la necesidad de una nueva obertura, un nuevo encuadre clarificador. En el primer capítulo, por ejemplo, el autor ni siquiera da los nombres de los personajes. Esa información, al igual que muchas otras, será revelada más adelante.  De esta manera la narración avanza a la manera de un puzle cuyas piezas, al principio, no parecen representar nada más que su propio contenido, luego surgen entre ellas algunas conexiones que parecen configurar  algo de mayor calado y al final acaban originando una imagen que permite interpretar el conjunto de la historia.

»En segundo lugar, cabe mencionar el uso reiterado del tiempo futuro para narrar la historia. Al principio, esta estrategia es especialmente desconcertante porque anticipa lo que vendrá a continuación en una especie de flash forward o proyección hacia el futuro de forma breve que en principio debería restar suspense a la trama, si bien sucede todo lo contrario. El hecho de narrar de manera anticipada algunos acontecimientos genera una especie de distancia inquietante que recuerda bastante a la atmosfera de los sueños o, mejor dicho, de las pesadillas. Mediante esta técnica los acontecimientos parecen precipitarse hacia un futuro de manera trágica e inevitable. Más que anticipar la narración y prevenir al lector, el tiempo futuro introduce un elemento de tensión que contamina de manera decisiva toda la historia.

»Subsuelo es una historia de personajes complejos que tras su aparente uniformidad esconden rugosidades, pensamientos y secretos que sorprenden al lector. En la novela de Luján nadie es exactamente como parece ser en un primer momento, en su primera entrada en escena. Como un ruido secreto de fondo el sentimiento de culpa, la venganza, la codicia, el sadismo… emergerá a la superficie de manera paulatina para mostrar el verdadero carácter y las verdaderas motivaciones de todos ellos. En la novela de Luján hay algo oscuro que mueve a prácticamente todos los personajes, algo que parece revelar la inevitable corruptibilidad de la naturaleza humana.

»Y para acabar un último apunte acerca de algo que comentamos más arriba cuando hablamos del uso del tiempo futuro y del efecto onírico-trágico que este conlleva… En nuestra opinión Subsuelo tiene una fuerte conexión con la tragedia griega. De hecho, pensamos que la de Luján es una novela negra que funciona bajo los parámetros básicos de una tragedia griega. Los secretos que ocultan los personajes parecen desempeñar el papel de fuerza misteriosa e invencible típica de las tragedias que encadena el destino de estos personajes a alguna forma de destrucción física, material o moral. El secreto como origen o síntoma del pecado y el destino como condena inevitable... En cualquier caso cabría preguntarse hasta qué punto y en qué medida los héroes y heroínas trágicas de la novela de Luján son responsables del mal que los aniquila, esto es, de los secretos y mentiras que ocultan o ponen en circulación y los efectos negativos que estos originan, y si realmente merecen el destino que al final les alcanza…»

Carles Ros, Cosecha roja, 6 de abril de 2015
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«Hay libros que por distintos motivos se convierten en una espina en el corazón. Por el momento en el que los leíste, por lo que supusieron para ti en ese momento, por la historia que te cuentan. Por diversas razones este libro se me ha clavado y no consigo sacármelo de dentro. Así que el mejor modo que se me ocurre es así, escribiendo sobre él.

»Una noche de verano. Chico - chica - chico tontean al borde de una piscina. Sus pies juegan bajo el agua, incluso rozándose entre sí. Está claro que entre uno de los chicos y la chica hay alguna clase de chispa, algún tipo de atracción. Charlan, bromean. Sus padres están celebrando una reunión en el interior, comprobando cuánto han cambiado sus vidas desde que son padres, lamentándose del paso de los años. Y hay hormigas.

»No fue la noche.
Ni el verano ni el hielo.
Ni los altos árboles que todo lo ven.
No. No fue nada de eso.
Bajo el cielo azul oscuro del valle, las cosas son un poco mágicas para los que vienen de la ciudad.
O tal vez haya sido todo.

»Los mayores se han quedado sin hielo para las bebidas. El hermano mayor de uno de los chicos llega a la casa. Y el hermano pequeño se ofrece voluntario a ir a por hielo. Es la oportunidad perfecta para escaparse un momento con ella. Aunque en el coche en realidad van tres, pero cuando el deseo aprieta no te importa quién te observa. Él quiere impresionarla. Ella quiere ser el centro de sus miradas. Aunque en su carné de identidad dice que ella aún no puede conducir, él sugiere que sea ella quien tome las riendas, que practique, que les guíe. Quiere enseñarla, ser su mentor. Pero algo sale mal. Tan mal, que de esa excursión tan solo regresan dos de ellos.

»Este es solo el arranque, el punto de partida de una historia retorcida, de unas mentes malsanas. Dolor, mentiras, rencor, ira. La línea que separa el amor y el odio es muy pequeña, tanto que a veces no nos damos cuenta cuando la cruzamos. Porque el odio se camufla, se disfraza de cosas que no es. Y al igual que el amor, el odio nos hace perder el norte, ser impulsivos, cometer actos que de otro modo no cometeríamos, y sobre todo ser mezquinos.

»Marcelo Luján es un genio de la palabra, de la construcción de frases, de la asociación de ideas, del mantenimiento de la intriga. Su narrativa es como un dardo certero. No te deja recobrar el aliento, te sumerge en un océano de sensaciones, en un torbellino de ideas. Y no deja que te duermas: lo esencial no solo lo señala y lo subraya, sino que hunde y retuerce el dedo dentro de la herida para dejarte sin respiración. Y lo mejor de todo es que consigue hacerlo con estilo y con sencillez: no es una novela complicada de leer narrativamente hablando; es difícil por lo que te transmite, por todo lo que te hace sentir, pero no por usar un vocabulario o unas estructuras compositivas difíciles de asimilar como lectores. Es sencilla en ese particular, pero para nada simple.

»Si buscáis una novela amable, no leáis Subsuelo. Si buscáis una novela simple, no leáis Subsuelo. Si buscáis una novela de tantas, no leáis Subsuelo. Si buscáis una novela que devorar una tarde para olvidarla a los pocos días, no leáis Subsuelo. Leedla si pensáis que una novela es más que una trama atractiva, más que unos personajes bien construidos, si pensáis que una novela puede tocarte el corazón con sus páginas, retorcer tu estómago, golpear tu cerebro, escalofriar tu piel, alterar tus sentidos.

»Es la primera novela de Luján que leo, desoyendo durante meses a todos los que me decían que tenía que leerle. Por simple pereza, por el ajetreo del día a día, por las novedades editoriales que nos abruman. Y desde la primera página, bailé al son de su prosa. Con Luján lo tenéis fácil: si leéis un par de páginas del comienzo de la novela y no os atrae, esa novela no es para vosotros. Pero creedme cuando os digo que lo hará.»

Marta Marne, Leer sin prisa, 30 de marzo de 2015
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Subsuelo

«El asunto de cómo un mal azar y las zonas más oscuras de la mente humana pueden hacer saltar por los aires los proyectos y vidas de los seres humanos, es central en la narrativa de Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973). Lo era también en la fatal peripecia que acorralaba progresivamente, a su regreso a Argentina, al músico protagonista de su anterior novela, Moravia. Siempre hay, en Luján, un proceso bien detallado, una trama inesperada cosida por el narrador con finos hilos, algo que nace de un fondo oscuro, de un “subsuelo” y que malbarata, en este caso, la vida de unos adolescentes que veranean despreocupados, en familia, en su parcela del valle, desconociendo lo que pronto va a depararles el futuro cercano, “la noche envenenada”.

»No hay aquí comienzos o arranques dubitativos, pues la intensidad y la inquietud se perciben como una apuesta fuerte desde las primeras líneas, donde ya se ha colado en la armonía una nota disonante, un anuncio de males venideros del que el lector es testigo, sin que nada pueda hacer por detener el tiempo, reparar el equilibrio o advertir a los confiados chicos que conversan de noche en la piscina. Usemos sólo la palabra “accidente” para no dar demasiadas pistas al lector sobre esta novela sólida y ambiciosa en la que Luján nos muestra hasta qué punto lo que se rompe no puede recomponerse.

»Queda el consuelo de titánicos saltos atrás, hacia el origen, hacia el momento en que aún unos matrimonios cenaban y conversaban antes de la tragedia, y Luján propicia esa tentativa de regreso, en capítulos teñidos del buen aire detectivesco-criminal al que nos tiene acostumbrados. De paso iremos sabiendo que aquella Arcadia primigenia no era tal, que el personaje de Mabel (madre de los mellizos) tuvo un terrible pasado en años de dictadura argentina, que hay crueldades extremas (como la del hijo, Fabián) que eran anteriores a la gran pérdida, que las hipocresías sociales y los secretos vergonzosos son moneda de cambio entre los matrimonios aparentemente felices, que hay quien simplemente disfruta subyugando voluntades o manejando chantajes. Luján distribuye con sabiduría datos y señales, alterna y solapa momentos y escenas como si fuesen también pedazos de un valioso jarrón roto, que no podremos recomponer, pero sí comprender, en su totalidad poderosa y oscura. “Dunkel ist das Leben, ist der Tod” (oscura es la vida y la muerte) decía la Canción de la Tierra, de Mahler, como este Subsuelo de la parcela del verano, donde proliferan y avanzan hormigas tan físicas como metafóricas.»

Ernesto Calabuig, El Cultural, 27 de marzo de 2015
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»Subsuelo, de Marcelo Luján, está entre las mejores novelas que me he leído este año. Me ha inquietado, me ha emocionado, me ha removido. No sólo me ha contado una historia brutal sino que me la ha contado desde una magnífica estructura y un lenguaje muy particular. Excelente.

»La historia gira alrededor de dos hermanos, mellizos, y de un accidente brutal que sucede en el primer capítulo y que te deja helado. A partir de ahí sabes que no podrás dejar de leer. “Subsuelo” nos cuenta el accidente como destino, porque también nos cuenta la historia de una maldición, la historia anterior, las razones, el conjunto de motivos que hace que tres adolescentes se suban en un coche, una noche de verano, rumbo al silencio, y, sobre todo, nos cuenta cómo es imposible escapar a ese destino, porque Marcelo Luján nos cuenta también lo que sucede después: las relaciones de culpa, de dolor, de deuda, que se establecen entre los personajes. Las venganzas. Las mentiras. La imposible forma de vivir una vida asfixiante.

»¿Qué ocurre cuando sobrevives? ¿Qué ocurre cuando pierdes a un ser querido? ¿Cómo te sientes cuando sabes que eres el culpable? ¿Cómo te aprovechas de esa culpabilidad? ¿Qué serías capaz de hacer por tus hijos? ¿Qué serías capaz de hacer si dieras rienda suelta a todos tus instintos, si te dejaras llevar? ¿Qué harías si sospecharas la mentira? ¿Cómo sobrevivirías? La mezquindad, la sordidez, la maldad, lo más oscuro de las relaciones humanas. El odio. Todo está aquí. Incluso el destino del que es imposible escapar.  

»Pero sobre todo, lo más apasionante de esta novela, y de la forma en la que Marcelo Luján ha decidido escribirla, es la descripción que hace de lo que está por debajo de lo que vemos, por debajo de la superficie, como las hormigas, en el subsuelo, como los pies tocándose por debajo del agua, como la piscina, por debajo de nuestra línea de visión, central, el bosque, como los mensajes ocultos, como lo que ocurre fuera de la vista de todo el mundo, lo que escapa del control de los padres, las habitaciones con pequeños ventanucos, y lo que está escondido dentro de nosotros mismos, lo que ni siquiera saben de sí mismos los personajes, lo que ni siquiera sabemos de nosotros mismos o de las personas que tenemos más cerca y a las que creemos conocer, amar, con las que convivimos, las cosas más oscuras que nos pueblan, nuestros miedos más esenciales, nuestros monstruos, lo que vemos de nosotros mismos cuando nos miramos al espejo.

»Y todo eso se traslada a una forma de escritura que constantemente anticipa, explora, advierte, de forma inquietante. Como si todo lo que va a pasar hubiera estado previamente escrito, como si no se pudiera elegir, como si la vida transcurriera ajena a la amenaza y a la muerte.

»Pero en realidad todos eligen, todos quieren conseguir algo, aunque sea el amor, la paz o la venganza, y lo hacen siempre de la forma más salvaje. Unos personajes asombrosos, complejos, tal vez vulnerables pero implacables. Sobre todo los hermanos mellizos, la bella e inquietante Eva, el terrible y manipulador Fabián. Pero también el pobre Javier, y su hermano mayor, Ramón, y los padres de ambos, y hasta el jardinero. Y sus pasados, y sus futuros imposibles, y el calor, y la sensación de lo inevitable, y lo que nadie sabe, y la plaga de hormigas, y los perros, y las reinas, y la última de colonia, y el pasado que nos persigue.

»No es una novela para todos los públicos: es durísima: pero está magníficamente escrita, tiene unos personajes inolvidables. Está, sin duda, entre las mejores novelas que me he leído este año. A mí me ha inquietado, me ha emocionado y me ha removido. No os la perdáis.»

Antonio Martínez Asesnsio, Tiempo de silencio, 23 de marzo de 2015
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El estilo de un Maquiavelo

«Que seas capaz de resumirle a alguien un libro en pocas frases no implica que el libro no sea complejo. De hecho, así sucede con Subsuelo, la última novela de Marcelo Luján. La historia que nos cuenta bien podría ser resumida en pocas palabras y a quien se la contases habría entendido a la perfección la trama. Pero no la novela.

»Citando al maestro Alexis Ravelo, una novela sin estilo no tiene nada. El mercado está colmado de grandes historias, de ideas brillantes que te atrapan, de giros argumentales que te mantienen en vilo y que te hacen seguir leyendo hasta la resolución de la historia. Pero pasadas unas pocas semanas esa novela se diluirá en tu memoria entre cientos de ellas. Subsuelo no es ese tipo de novela. En Subsuelo encontramos una trama atrayente que sirve de detonante. Tres jóvenes, dos chicos y una chica, tontean al borde de una piscina una noche de verano. Todo resulta apacible hasta que suben a un coche y con tan solo unos metros de trayecto sus vidas cambiarán para siempre.

»La magia de la novela no solo está en lo maquiavélica de la trama. Tampoco en la profundidad de los personajes. Ni siquiera en el magnífico uso del lenguaje que hace el autor. La magia reside en el estilo. La prosa de Luján es verdadera poesía. Consigue dar una vuelta de tuerca a la construcción de frases, logrando evocar sensaciones con cada una de ellas. Frases muy cortas en algunas ocasiones, diálogos indirectos, variadas voces narrativas. Con múltiples recursos, Luján consigue un uso de la tensión y la intriga magníficamente llevados, descubriendo pinceladas de la historia en el momento adecuado, dejando entrever lo que hay detrás de lo que nos cuenta.

»Y para colmo, no deja nada al azar. No permite que se te escape ni el más mínimo detalle, ya se ocupa él de poner en el punto de mira lo que no debes dejar pasar. Y no solo respecto a la trama, sino sobre todo en cuanto a sensaciones se refiere: te coge de la mano y te obliga a meter el dedo en la llaga, no se conforma con que seas un observador pasivo.

»Subsuelo más que una novela es una experiencia, un cúmulo de sensaciones que por encima de todo no te deja indiferente.»

Marta Marne Fernández, Fiat Lux, marzo de 2015
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Subsuelo

«Cuatro familias coinciden una tarde-noche de verano en la parcela de una de ellas. El valle, el pantano vecino, las hormigas que atestan el lugar son testigos, en lo que a sus hijos adolescentes respecta, de un juego de acercamiento y seducción, primero, y de celos y rabia cada vez menos contenida, a continuación, que bien podría acabar en tragedia.

»MARCELO LUJÁN (Buenos Aires, 1973) es autor de libros de relatos como Flores para Irene y de las novelas La mala espera, premio Ciudad de Getafe 2009, y Moravia.

»Dos hermanos y una piedra: poco más se necesitó para construir el primer relato negro de la historia. Y es de parajes similares que parte el argentino (trasplantado a Madrid) Marcelo Luján a la hora de desarrollar esta intensa, desasosegante novela empeñada en recordarnos que se puede generar tensión y oscurecer el alma del lector sin necesidad de recurrir a asesinos en serie, detectives de sombrero ladeado y aliento a JB, o junglas de asfalto y de cristal. Amparan estas páginas un accidente y un crimen tan perfecto en su simetría que, caso de no resultar adecuadamente terrible, bien podríamos calificarlo de “hermoso”. Y, entre lo uno y lo otro, el autor juega a su antojo con nuestros nervios y expectativas a través de un estilo sinuoso y por ello lírico, basado en el apareamiento de negaciones, repeticiones y enumeraciones, pero también merced a un uso virtuoso del elemento temporal, con el flashback del apartado cuarto como rotundo golpe de genio: resulta tan sugerente ese retorno a la primera noche de autos que al abajo firmante apenas le hubiera importado que la narración se quedara anclada allí, sin llegar a transitar más genéricos desenlaces. Pero Luján es hombre de honor, se apresta también a cumplir hasta la última coma con lo que dictan los cánones, y su cierre no solo no desmerece, sino que invita de nuevo al entusiasmo.

»Dos hermanos y una piscina: algo debía cambiar, a fin de cuentas, tantos siglos después de Caín y Abel. Pero no olvidemos las hormigas, esa masa informe que desde el subsuelo del título amenaza con transmitir a la superficie su inquietud milenaria. Porque el simbolismo primordial sostiene y justifica la maldad congénita, incestuosa y asesina, de un personaje-motor que, en otras circunstancias, hubiera sumado a su naturaleza dolorosamente inexplicable un carácter molestamente increíble. Entretenimiento y mito, pues, se enroscan en una obra que parte de duras profundidades temáticas y alcanza muy notables alturas literarias.»

Milo J. Krmpotic, Libr√ɬļjula, 18 de marzo de 20√ā¬ļ5
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«El lector se sienta en un verano, deja colgar los pies. Es casi de noche. Hay algo incómodo en el ambiente, un aire entorpecido, un recuerdo de adolescencia que no debería estar ahí. Para combatir esa nostalgia imposible,  abre un libro. Es Subsuelo (ed. Salto de Página), de Marcelo Luján.

»“No fue la noche. Ni el verano ni el hielo. Ni los altos árboles que todo lo ven. No. No fue nada de eso”. El lector se ha sumergido a primera vista en el libro. Dos o tres páginas después, ha descubierto que el autor no ha escrito la obra, sino que la ha impregnado de una esencia secreta. Las palabras están ahí, es evidente, pero no son lo importante. Enseguida un recuerdo asalta la mente del lector, que asocia la recién estrenada obra con una película que vio hace poco tiempo. Funny games, murmura. En efecto, la sensación que le produce el primer capítulo es hermana de la que le abordó al ver la película de Haneke. Una realidad casi extrasensorial, donde es más peligroso el pensamiento del que lee o del que mira, que la siguiente escena, que la siguiente línea. Hay algo que late, profundo, en el subsuelo. El lector no acierta a adivinar qué es. Solamente intuye.

En espiral

»Entre el baile continuo de la maldad con la inocencia, al narrador se le escapan unas prolepsis descaradas, que enganchan como anzuelos afilados. Sigue latiendo la angustia, el lector no puede dejar de ver, o de imaginarse, entre la maleza de la normalidad, unos ojos que brillan con un destello siniestro. En su paladar se instala una trama pastosa, placentera para el gusto literario, pero la cual va masticando muy poco a poco, mientras deglute su tacto rugoso. Paulatinamente, descubre a los personajes. No le agradan, no le son simpáticos, pero tampoco le son ajenos. Le interesan. Su cercanía le hace tragar saliva, puede imaginárselos sentados a su lado. En este punto, el lector empieza a desconfiar del narrador, un mago que solamente enseña el filo de la carta. Nace la ansiedad en él, una violencia invisible le corta el aliento.

No hay salida

»El lector, sin saberlo, pasa página y abre la puerta de los horrores. El autor le ha llevado de la mano hasta el límite de la imaginación y, una vez allí, le ha empujado al vacío de lo siniestro. El lector puede que sepa hablar alemán, pero acaba de entender de verdad el concepto unheimlich que acuñó Sigmund Freud. Está perturbado, pero no puede cesar en su lectura. Lee una frase ordinaria, una simple descripción. Va a terminar el capítulo, pero antes de poder hacerlo, una idea asalta su cabeza. Lee la frase de nuevo. Abre mucho los ojos y cierra el libro, casi asustado. La insinuación corre a lomos de un caballo desbocado.

»Hormigas. Insectos. Desde los cuadros de Dalí hasta el siguiente párrafo del libro, el lector intuye su recorrido, su putrefacción, su mal agüero. Los hilos que el narrador va tocando forman una tela que atrapa al lector, palabra a palabra. Por eso, cuando el pasado de los protagonistas ficcionales se vuelve corpóreo, la misma sensación acompaña al que lee. Mientras, las revelaciones le continúan helando la sangre. Otra vez está Funny games presente en su retina memorística. La crueldad es dolorosa, es absoluta. Es real.

»De nuevo un fin de capítulo. A medida que avanza, el teatral gesto del lector de cerrar el libro y recapacitar se va volviendo necesario. Necesita mascar la información, volver a ejercitar el paladar, saboreando un gusto atroz que deja buen aliento. Aumenta el ritmo arterial del lector, muy acorde con el compás frenético que adquiere la narración. Hay elipsis tajantes, saltos temporales apenas perceptibles, juegos narrativos que hacen del libro un laberinto de espejos, en el que el lector se pierde para encontrarse. Percibe como un halago el reto que propone el autor, un desafío a su inteligencia. Un cara a cara. Porque, aunque lo sepas todo, la sorpresa llega. ¿Acaso no sabía el lector el final que le esperaba Santiago Nasar cuando leyó Muerte de una crónica anunciada? ¿Acaso no quedó boquiabierto por eso?

La negrura adictiva

»Quedan pocas páginas para salir airoso del juego planteado. Mas no hay tregua, el texto ahonda en el dolor, cada vez que el lector logra relajarse, una nueva píldora venenosa le aguarda en la siguiente línea. En este punto, ya es adicto. Es adicto a una familia atada a la desgracia, a lo inevitable. A lo que nadie quiere que pase, pero nadie puede evitar. Los ojos leen al vuelo. El vértigo que siente en la boca del estómago es porque sabe que lo peor está por venir. Eso pensará exactamente el lector: "Lo peor siempre está por venir".

»Termina el libro. Lo cierra. ¿Lo peor está por venir? El lector aún no lo sabe, pero dentro de unos minutos, cuando salga del salón con dirección a la cocina, verá a su madre. Ella no le dirá nada, o quizá sí. Puede que le diga Hay hormigas en el fregadero. Solo entonces se percatará de que el libro sigue en su mano.»

Sergio Vicente, Vavel, marzo de 2015
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«En las buena novelas el paisaje  siempre es una metáfora del asunto que se trata. En las buenas novelas el clima es una clave y no sólo un adorno, nunca un mero marco. Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973) escribe una muy buena novela porque antes que nada, sabe construir un paisaje y un clima, y adentro de esa construcción hace mover a un elenco de fantasmas susurrantes y sospechosos. Subsuelo  (Salto  de página, 2015) cuenta la historia de una familia protagonizada por dos hermanos mellizos (un chico y una chica), y los acontecimientos en dos veranos en “la parcela del valle”, una casa de veraneo. En ese espacio la narración será muy parecida a un secreto en partes, o un rosario de secretos que al lector sólo le será dado revelar si pega la oreja a la página.

»La prosa poética de Luján y el perfil desconcertante de los actores, a veces amoral, tierno a la vez en sus descalabros emocionales, se va abriendo a través que evoluciona la obra y allí iremos viendo la verdad que se muestra cautelosamente, con suspense, igual que una novela negra que diseña escenas de horror con fondos musicales de canciones infantiles.

»Y hay una piscina y hormigas y pasados innombrables y un cadáver y un pantano.

»Luján murmura fantasmas poéticos y atroces y el lector pega la oreja al papel y escucha literatura.»

Guillermo Roz, 15 de marzo de 2015
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«Una noche funesta, un accidente de coche y tres vidas que quedan rotas de forma irreparable. Dos mellizos, Eva y Fabián, enfrentados desde la cuna y unidos por un hecho terrible. Dos madres marcadas por la pérdida, pasada y presente. Secretos familiares que entran en ebullición en el transcurso de dos veranos, sumidos en el entorno asfixiante de una finca situada en medio de un bosque, e infestada por un ejército de hormigas milenarias. Una novela oscura y absorbente en la que Marcelo Luján nos conduce con un magnífico pulso narrativo hasta su perturbador desenlace.»

Eva Díaz Riobello, SER madrid Norte, 10 de marzo de 2015
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Subsuelo

«Inquietante. Claustrofóbica. Desasosegante. Angustiosa. Excelente. Extraordinaria.

»Creo que con esas seis palabras quedaría perfectamente resumida la última novela de Marcelo Luján, publicada en una de nuestras editoriales de cabecera: Salto de Página, y cuya novela anterior, Moravia, tanto me había gustado, como escribimos aquí.

»Subsuelo comienza con una premonitoria cita de Lacan:

Solo los idiotas creen en la realidad del mundo,
lo real es inmundo y hay que soportarlo

»Una cita muy adecuada para poner al lector en situación de lo que se va a encontrar en las siguientes doscientas y poco páginas de un libro complejo, que exige atención y concentración en su lectura.

»Hormigas.

»¿Te acuerdas del arranque de Terciopelo azul, una de las grandes obras maestras de David Lynch? Pues Subsuelo tiene mucho de Blue velvet. Las hormigas, por ejemplo. Esas hormigas que, sin necesidad de convertirse en marabunta, parecen comérselo todo. O, al menos, invadirlo. Invadir, entre otras cosas, lo que podría ser un cachito del paraíso en la tierra.

»El paraíso entendido al modo de esa clase media para la que una parcela en el campo, un chalé, una barbacoa y una piscina son el equivalente al éxito social, a la consecución y materialización del Gran Sueño Español. El no va más.

»Y en ese espacio, una noche de agosto, se encuentran tres matrimonios, compartiendo una velada de cena y copas que se alarga hasta bien entrada la madrugada. Y están sus hijos, dobles parejas de preciosos hermanos postadolescentes que pasan las horas con un ojo puesto en sus gráciles cuerpos y, el otro, en sus smartphones.

»Hablan, tontean, rozan sus piernas, se insinúan, juguetean… hasta que se acaba el hielo. ¡Ay, el hielo! ¡Sin hielo no hay paraíso! Porque las copas, para que la fiesta continúe, precisan de cubitos de hielo.

»Partiendo de ese escenario y de esos personajes, Marcelo Luján emplea constantes saltos en el tiempo, pespunteados por audaces recursos narrativos que espolean la curiosidad —y la perplejidad— del lector, cuando el autor le avanza lo que va a pasar, a través de súbitos e impactantes flashes que no tardan en desvanecerse.

»Pero ese saber lo que va a pasar no resta un ápice de interés a la lectura. Porque, en realidad, el lector tampoco sabe a ciencia cierta lo que va a ocurrir. Es más bien una intuición. Una premonición. Y ahí radica lo mejor de la novela de Luján: con esas pistas, te involucra en el juego, te hace partícipe. Te arrastra y te mete dentro. Y, una vez enfangado, ya no puedes escapar…

»Subsuelo es una novela terrible y perversa que dinamita los sueños de esa clase media española, media-alta, que todos sabemos que existe, pero que no suele ser sujeto narrativo. Una burguesía que, por ejemplo, ha sido cinematográficamente masacrada sin piedad, en Francia, por el más ácido y vitriólico Claude Chabrol. Y, en Alemania, por ese otro destroyer que es Michel Haneke.

»Subsuelo es una novela que escuece. Que pica. Que jode. Una joya literaria que provoca sensaciones físicas en el lector. Una novela que te sacude, te abofetea y te vapulea. Una novela cuyo final corta la respiración y deja al lector con palpitaciones.

»Una novela que exige esfuerzo al lector, pero que le recompensa con generosidad y con creces. Porque una cosa podemos asegurar: nunca olvidarás la lectura de Subsuelo

Jes√ɬļs Lens, Pateando el mundo, 9 de marzo de 2015
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Subsuelo de Marcelo Luj√°n

«Subsuelo es la última novela de Marcelo Luján, publicada recientemente por la editorial Salto de Página. Toda una demostración de pulso narrativo

»Subsuelo cuenta la historia de dos hermanos adolescentes: Fabián y Eva, de los dos veranos que pasarán en la casa de campo familiar. Unos mellizos que parecen ajenos al relato que aflora en el recuerdo de Mabel, su madre: ella rememora el pasado en su país natal, en una retrospectiva que nos muestra dolor y encierro, represión política y exilio. Luján trata esta parte de la historia con la habilidad del escritor que para hablar de un tema, evita nombrarlo.

»La casa de campo asoma como un objeto imprescindible en la novela: los personajes se comportan de una manera extraña cuando salen de la casa pero una vez dentro las escenas son reconocibles: una familia que veranea en el campo, que invita a sus amigos a cenar: beben, fuman, dejan a los hijos salir solos y bañarse en la piscina. Marcelo Luján retrata a un tipo de sociedad y muestra la frustración y el cansancio de esas mujeres madres que friegan los platos mientras los hombres padres no se enteran de lo que sucede a su alrededor, ni lo sienten, ni lo presagian.

»Subsuelo es una novela donde la tensión dramática nos confina hasta la crueldad de sus personajes, empujándonos cada vez más hacia lo tenebroso de la mente humana. Su lectura nos magnetiza y nos atrapa en una calma constantemente perturbada por la omnisciencia del narrador. Su mirada es la de una cámara que sigue de cerca la respiración de los mellizos, sus dudas, el miedo, la inocencia rota por la perversión que nace apenas de la casualidad, de esos presagios de la madre, o de la propia vida.

»Subsuelo evoca narraciones de autores estadounidenses de novela negra y, tal vez, una señal de realismo mágico. No hay apenas distancia física entre lo que ve el narrador y lo que sucede y, cuando éste observa desde una ventana, a través de la mirada de uno de los personajes, lo hace adelantándonos sucesos que sabe que ocurrirán pero sin desvelarnos los hechos, sin que sepamos si meceremos esperanza. Es quizá esa falta de distancia moral la que convierte al narrador en cómplice, casi en un personaje de la historia.

»El narrador se introduce así y poco a poco en el inconsciente de los protagonistas (y del lector) para hilvanar con hilo fino esa aguja que desgarra la estructura tradicional de las novelas. Marcelo Luján ofrece al lector un puzle de desazón y taquicardia, con una voz que susurra precisa y que nos corta el aliento desde la primera hasta la última página.

»Y, mientras tanto, en otro subsuelo, habitan más personajes de esta novela de brillante oscuridad: hormigas milenarias que resisten, mueren, viven e impregnan con su presencia (o invisibilidad bajo tierra) las vidas de la familia retratada. La astucia de unos seres diminutos que sobreviven a pesar de los esfuerzos del hombre para exterminarlos, y la astucia de Marcelo Luján, que convierte esta novela en una narración donde el virtuosismo entre el lirismo y lo macabro lo delatan como un escritor excepcional.»

Sonia Aldama, √Āmbito Cultural, 4 de marzo de 2015
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El novelista argentino desvela algunas de la claves deSubsuelo, su regreso a las librerías con su prosa cristalina y su realismo psicológico

«Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973), quizá el novelista realista más interesante que la Argentina ha exportado al mundo últimamente, creador de historias atmosféricas e inquietantes muy celebradas por la crítica, lo más parecido al guionista de la serie True Detective que tenemos en castellano, vuelve ahora a las librerías con su prosa cristalina y su realismo psicológico habitual puesto en valor en su tercera novela titulada Subsuelo (Ed. Salto de página).

»Se trata de un thriller impactante y perverso sobre una de esas familias en la que cuesta respirar. Posee un argumento metódico construido con estructura fílmica, y prosa que funciona, y un mundo psicotóxico que envuelve, y unos personajes que encarnan con naturalidad tanto el mal epidérmico como el mal profundo y, al hacerlo, te hacen pensar que este autor psicoanalíticamente argentino nos está hablando sin decirlo en su nueva novela de la complejidad de lo que somos y del peligro de lo que podemos ser.

»Sí, el subsuelo que se nos describe con magnética pericia en esta novela, una historial actual y naturalista sobre las torturas emocionales, en buena medida, es el inconsciente: la fuerza turbia y oculta de todos nosotros que origina nuestros actos según Freud, y Marcelo Luján es un maestro en el arte de hacer ver a los lectores de hoy que, a la hora de tratar de entender la insólita turbiedad humana, las novelas son incluso más útiles que las ciencias del comportamiento.»

Luis Artigue, leonoticias.com, 26 de febrero de 2015
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Subsuelo, la nueva novela de Marcelo Luj√°n. Caminar a tientas por la cueva de la serpiente

«A propósito de Alfred Hitchcock (a propósito de quién, si no), un profesor de Comunicación Audiovisual de la universidad nos enseñó a explicar con palabras precisas ese fenómeno tan ambiguo que llamamos suspense. En una escena hay suspense, decía, cuando el espectador posee más información que James Stewart acerca de un peligro que amenaza al buen Jimmy. Por ejemplo, un plano corto desvela una bomba de relojería adosada bajo un escritorio; a continuación, la cámara pasa a mostrarnos una distendida charla entre Jimmy y Grace en la misma habitación que va a estallar por los aires. Saber que hay una bomba, saber que el protagonista de la escena no lo sabe, provoca un estado de placentera ansiedad en el espectador. Eso es suspense. Y suele llevar asociadas reacciones como agitar mucho la mano, morderse los nudillos, morderse las uñas, incluso morderse los ojos con los párpados, blasfemar y pensar "James Stewart, la que te va a caer…"

»El mecanismo del suspense, por tanto, depende de un manejo inteligente de la información. El ejemplo de la bomba sería un caso sencillo por el que comenzar, dado que no existen excesivas variables en juego: una bomba, un escritorio que la oculta, Jimmy y Grace. Por supuesto, todo puede sofisticarse hasta el infinito. Lo que nos lleva a hablar de Subsuelo, la nueva novela de Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973).

»Porque, de todas las notables cualidades que podemos mencionar de Subsuelo, hay una que, para mí, trasciende los límites de la maestría: cómo se administra la información en las páginas de esta magnífica novela.

»Se presenta, Subsuelo, como un laboratorio en el que experimentar. Un terrario en el que observar las conductas de los "ejemplares" que encerramos en su interior. Una parcela perdida en la sierra madrileña en la que el autor aisla a una pareja de mellizos adolescentes, Fabián y Eva, y a su madre, Mabel. Un accidente brutal en las primeras páginas de la novela desempeña la función de "variable independiente" de este experimento. Y lo que provoca es la liberación de una bestia silenciosa y perversa que entrelaza las voluntades de los personajes, permitiendo una relación de dominación, humillación, mentiras y chantajes. La trama de Subsuelo concentra la esencia del mal en el más diminuto de los frascos. Incluso en este sencillo terrario pesan más los túneles invisibles, que lo socavan e infectan, que las palabras o los actos.

»Lo que nos devuelve al asunto de la información. Porque el grandísimo acierto de Luján consiste en sentar al lector a jugar una partida de cartas con los tres personajes principales. La baraja representa todo lo que hay que saber, todo lo que ocurre y ocurrió en esa remota parcela. El autor hace de crupier, mezcla bien las cartas y las reparte entre los jugadores. ¡Zas! Ahora te toca descubrir con qué naipes juegan los demás.

»Aquí ya no se trata de que el lector sepa más que los protagonistas, como en el ejemplo de la bomba de Jimmy. No. El lector a veces sabe más que los protagonistas. Pero a veces sabe menos. A veces sabe que sabe menos que los protagonistas. Y a veces ignora que le falta información. A veces, incluso (y en estas ocasiones, el texto me maravilla), el lector no sabe lo que sabe. Porque el narrador se erige en una voz tan poco fiable, tan cargado de inconcreciones y ambigüedades, que el lector necesita de un esfuerzo extra por descifrar la verdad. Así, todo cuanto ocurre se desvela como un fantasma que cruza un corredor oscuro: hay que presenciarlo, al menos, dos veces para asegurar que sí, que lo hemos visto.

»Esta sensación de estar recorriendo a tientas los oscuros túneles de un nido de víboras está tan lograda, en términos técnicos, que merece un párrafo aparte. En primer lugar, Luján opta por unos tiempos verbales fuera de lo común: abunda el uso del futuro y del presente continuo, de forma que el narrador parece anticiparse a las acciones de los personajes; la impresión que esto provoca en nuestros oídos es la de cualquier predicción, la cual uno nunca puede dar por cierta al 100% hasta que no se cumple. También abundan las descripciones ambiguas, el uso de inconcreciones, el cambio repentino de punto de vista, o las frases disyuntivas con las que el narrador parece corregirse a sí mismo. El lenguaje magistralmente utilizado para generar confusión, para generar desasosiego, mucho más desasosiego que una bomba adosada bajo un escritorio. Los hechos, ¿ocurren o no ocurren? Los objetos, ¿existen o no existen? Los personas, ¿son así? ¿Pueden realmente ser así? ¿Pueden realmente haber obrado así?

»En resumen, Subsuelo propone un nuevo punto de vista sobre el significado del mal, sobre esa difusa frontera donde se acaba o comienza lo humano. Un pulso narrativo tan intenso que cada frase se afronta con el mismo espíritu que le invadiría a uno si se viera obligado a bajar a un sótano oscuro una noche de tormenta. Mi recomendación para leer Subsuelo es que se sumerja usted en ella como si tuviera que acompañar a Jimmy y a Grace en esa conversación con bomba bajo el escritorio. A sabiendas, claro, de que en ese escenario que propone Luján hay muchas más bombas que las que usted es capaz de ver. Y de que, por el contrario, las que usted ve, quizá no sean bombas. Prepárese para sentirse deliciosamente incómodo. Para una ansiedad incomprensiblemente placentera.»

Paco Bescós, Suburbano, 21 de febrero de 2015
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«Una metáfora de los más bajos instintos del ser humano (...). Personajes muy bien construidos y un argumento perfectamente alicatado. Una novela que nos reconcilia con la literatura.» Podcast completo aquí.

Alexis Ravelo, Cadena SER l Hoy por hoy Las Palmas, 20 de febrero
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Subsuelo, del argentino Marcelo Luján, es una historia complicada que comienza con un accidente y se va enredando, con gran suspenso, en odio, temor e incesto.

Isabel Allende, febrero de 2015
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«Argentino de nacimiento y madrileño de adopción, Marcelo Luján es un escritor de largo y tortuoso recorrido. Subsuelo es una novela compleja, intensa, difícil, que habla de la culpa y la redención, de la familia y las amistades peligrosas, de las emociones viscerales y las consecuencias del desamor. Luján ha escrito un libro que se mueve en el tiempo, que viaja de verano en verano, de chapuzón en chapuzón, a través de las vidas de unos seres acogotados por las hormigas y los secretos.

»Subsuelo es una historia de personas complejas y atormentadas que viven situaciones límite. “Siente que la boca se le seca de pronto y que la sangre se le junta toda en medio del pecho y que si cerrara los ojos no vería todo negro sino todo blanco y ciego y desquiciante”. Una novela de contactos constantes, de cruces de acusaciones, de diálogos cargados de intención y veneno. No es un libro fácil, es un libro tremendo que zigzaguea por el interior de las entrañas. “No se trata exactamente de una bifurcación y el sendero es, de pronto, más estrecho, más escabroso aún. Algunos tallos tienen pinchos, otros, cogollos con pinchos”. Doloroso, intenso y en ocasiones aterrador.»

Javier Pérez de Albéniz, El Descodificador, 10 de febrero de 2015
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«Brillante ejercicio narrativo el que nos ofrece el escritor argentino Marcelo Luján en su última novela, Subsuelo, publicada recientemente por Salto de Página. Una historia donde la crudeza y la realidad tienen tanto peso que puede llegar a producir cierto vértigo en el lector.

»Dos familias. Dos veranos. Y dos hechos que los marcarán para siempre. La novela explora la naturaleza más "salvaje" e  íntima del ser humano. Nos habla de pérdidas y también de cambios, y de cómo algunas personas, supervivientes natas, los abordan con dolor pero también con entereza. La vida es algo que puede resultar ciertamente perverso, nos dice Marcelo Luján entre líneas.  Algo tiene también de perversa la relación entre los mellizos Eva y Fabián, que parecen condenados a nacer y a morir juntos, aunque estemos hablando de una muerte en vida. Y también la de Eva con su nuevo novio, un chico bastante mayor que ella y al que está unido por un trágico hecho del pasado.

»La vida, la muerte y la muerte en vida. Tres ideas que rondan por Subsuelo en una historia que empieza en un verano cualquiera, en un barrio residencial cualquiera a las afueras de cualquier ciudad. Es el "horror" y la perversidad que podemos encontrar en las historias cotidianas.

»Un cuerpo vivo que se cambia por un cadáver. Una piscina. Un flash. El pantano. Y los mellizos, que comparten un secreto del que no parece fácil escapar. Como un murmullo bajo la tierra centenaria, la indiferencia adolescente se puede ver truncada por la calma del agua; apenas un instante dentro de aquella noche que suda veneno. Familia, recuerdos, pasado. Hormigas. Las raíces escondidas que siempre están presentes y tan activas: apretando el músculo de la sentencia. Como el pulso a dos manos que obliga a soluciones suicidas. Como el cordón umbilical que une y separa, que ata y aprieta. Hasta la muerte. Hasta la culpa. Dos veranos son suficientes para que la parcela del valle se convierta en el escenario de una perfecta tortura emocional.»

Patricia Vidal, Yamelose!, febrero de 2015
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«Siempre pienso en lo absurdo de todo, en mis gustos y teorías literarias, en todo el tiempo perdido. Pero la sensación es fuerte, esa en la que te encuentras incómodo con tus semejantes. No porque piense que estén todos equivocados, no. Quizás sí por esa sensación desagradable de ver cómo nadie sabe tratar a los otros con delicadeza, incluso con respeto.
Y yo, tan parco en palabras, con tanto miedo a ponerme en evidencia, a veces busco que otros sacudan mi papeleta y digan Esto es lo que quiere decir Alberto. De esto habla el chaval. Y aquí ha llegado Marcelo, con su Subsuelo.

»No me hacen falta palabras para defenderme, solo Marcelo. Solo un Mira, deja de decir obviedades y léete esto. Aprendamos un poquito todos.

»Subsuelo está por encima de tantos en muchos sentidos. En la maravilla de su desorden, estructural y gramatical, tan medido. No se puede organizar de otra manera esta historia. Y cómo está escrita, tambaleante, revuelta, perfecta; con sus reglas propias. Demuestra que no es que se pueda escribir de otra manera, es que no hay manera mejor. Intercala presentes, realidades, pensamientos, y nunca, jamás, te pierdes. Nunca, es imposible. Todo es tan claro porque tiene sentido y fuerza y párrafo aparte

»está muy reposado, muy pensado, muy trabajado.

»Subsuelo es una historia que he leído dos veces en un mes, y que leeré más. Que está muy bien tratada por Salto de Página. Subsuelo es una historia sobre el rencor, sobre la familia, sobre lo deleznable y sobre el amor. En Subsuelo, tras un atentado familiar en las primeras páginas, crees que poco más se puede contar más allá del dolor, quizás tras las depresiones de todo el mundo. Pero no, sus personajes, sobre todo los jóvenes, los veintitantos, demuestran que la vida no es fácil y que en el hormiguero cada insecto tiene el derecho a joder a sus vecinos como crea conveniente.

»Subsuelo es el mejor Marcelo. Es, ya, una de mis cinco novelas favoritas.

»Será un regalo que tendréis todos en vuestras fiestas hasta que dude si os lo he regalado en el pasado. Espero que en ese momento haya más marcelos que regalar.

»Pero no tengas prisa, amigo.»

Alberto Gonz√°lez Ortiz, La letra permanece, febrero de 2015
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Subsuelo, un lugar para explorar

«Subsuelo es un lugar donde todos sufren. Subsuelo también es el sitio donde mejor se desenvuelven los “supervivientes”, entendiendo como supervivientes a aquell@s que encadenan una y otra vez trágicos acontecimientos personales y salen del paso, si no airosos, por lo menos reforzados. Subsuelo es un escenario de corazas y de máscaras y también un rincón la mente donde se acomodan los recuerdos más dolorosos y difíciles de olvidar. Como veis, de una u otra forma, todos hemos estado o hemos vivido alguna vez en SubsueloSubsuelo es, a modo de resolución,  la última novela de Marcelo Luján que engloba todo lo anterior:  sufrimiento, supervivencia, máscaras, pesadillas y venganzas.

»Subsuelo es una de las novelas más inteligentes con las que me he topado en los últimos tiempos. A la prosa ágil de Marcelo Luján hay que añadirle una serie de factores que hacen que el relato no se agote y que la lectura sea amena, rápida y gratificante. Da igual que los temas que se tratan, que no dejan de ser condiciones propias del ser humano por crueles que nos parezcan, no sean de tu interés. El simple hecho de seguir la narración hará que te enganches a la trama porque tiene los elementos del “thriller” cinematográfico: tiene suspense, tiene cruce de historias, tiene factor sorpresa y giros inesperados y tiene también una dosis de morbo que ayuda a querer resolver el conflicto. Además es muy visual, con un uso realmente interesante de las perspectivas desde las que se narra la historia. 

»Subsuelo es una novela redonda en la que Marcelo Luján mantiene un pulso constante con el lector.

»Subsuelo es una unión de historias interrelacionadas mostradas en pequeñas cápsulas simultáneas. Es interesante la forma en que Marcelo Luján nos las sirve, poco a poco, sin agotarlas, de tal forma que tienes que seguirlas hasta el final para poder saber resolver cada uno de los conflictos que, por otra parte, están aderezados sutil e intencionadamente con una serie de giros narrativos que producen cierta felicidad durante la lectura. La forma de articular Subsuelo también es un acierto: dos capítulos y una serie de apuntes intermedios que sirven para ubicar, conocer y entender a cada uno de los personajes.

»Subsuelo aborda algunos temas que podríamos considerar tabú. Incluye una dosis de perversidad y de crueldad alta pero en ningún momento nos salimos del relato creyendo que estamos en un relato de ciencia-ficción, porque, por duro que nos parezca, sabemos que todo lo que cuenta Subsuelo podría ser real. Los sentimientos, las sensaciones, los personajes...podrían existir, podrían tener esas motivaciones para actuar y podrían haber existido en nuestro mundo.»

Mapi Pamplona, Dime lo que escribes, 9 de febrero de 2015
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

Otras editoriales del grupo: Biblioteca Nueva