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reseñas y críticas Subte
Oscuros, oscuros eran los t√ļneles

Otra novela, la tercera. No voy a contar el argumento (otra vez: el asesino es el mayordomo), pero puedo decir que vuelvo a describir una tribu (o dos) y gente que vive al límite. Curiosamente tengo el título: Subte. Supongo que en España podría llamarse Metro, pero es menos gráfico.

Rafael Pinedo en entrevista.

En una de sus intervenciones públicas más celebradas, el filósofo y entretenedor de la juventud Slavoj Zizek afirmó que para los ciudadanos de las sociedades occidentales resultaba más fácil imaginar el fin del mundo (preferentemente con muchas explosiones y gente corriendo como animalicos) que el fin del capitalismo. No le falta razón al esloveno, sobre todo si tenemos en cuenta la frecuencia con la que el cine y otras formas de entretenimiento masivo tratan el tema de la extinción a escala planetaria. Pero no nos engañemos, lo que la civilización del espectáculo demanda y consume bajo la rúbrica de lo apocalíptico no es otra cosa que más de lo mismo: espectáculo. Queremos ver al asteroide golpeando la Tierra, al tsunami arrasando la costa y asistir a los primeros síntomas de la enfermedad que transformará a nuestros contemporáneos en zombis saltimbanquis. Queremos ver todo esto en pantalla grande y en 3D, para no perder detalle de cómo el héroe evita la tragedia en el último instante o, en el peor de los casos, de cómo la humanidad se reorganiza y logra sobrevivir sin alterar demasiado sus valores que son los nuestros, los de verdad. La humanidad esto, la humanidad lo otro… “son ustedes cojonudos”, parece decir el moderno género apocalíptico a sus espectadores.

Si tomamos el relativamente reciente Paisajes del Apocalipsis (Valdemar) como muestra de la vertiente literaria del género en las últimas décadas, veremos que, pese a que el tono es en general más fúnebre que en sus versiones audiovisuales, tampoco faltan las loas a nuestra capacidad organizativa y de supervivencia. En algunos casos, incluso, da la impresión de que el derrumbe de la civilización es la condición necesaria para que los protagonistas comiencen a vivir vidas más humanas, lejos del rumor de los móviles y las impresoras. Hay por ahí visiones profundamente conservadoras y moralistas, profundamente optimistas, también, que nos dicen que la culpa será nuestra, que todo ese plástico sin reciclar será la tumba de nuestra forma de vida, lo que a su vez dará lugar a otra forma de vida más auténtica, la de la comunidad rural norteaméricana de principios o mediados del siglo XX con la que sueñan los comunitaristas.

Me van a permitir que, salvando todas las distancias, compare este fenómeno de la ficción postapocalíptica con esa otra ficción política del Estado de Naturaleza que obsesionaba a los filósofos del XVIII. En ambos casos se trata de buscar una ventana que nos permita contemplar la hipotética y elusiva “naturaleza humana” despojada de toda la distorsión que aparentemente le imponen los ropajes de la civilización, con la única salvedad de que donde estos ponen el momento privilegiado en el inminente final, aquellos lo buscaban en el remoto principio.

Rousseau, Locke, todos los pensadores de este palo que luego pasarían a la historia como padres enrollados del liberalismo y la democracia practicaban este ejercicio lisonjero y, en consecuencia, se les llenaban las páginas de buenos salvajes, de honrados patriarcas dotados de un derecho natural a la propiedad privada y de una notable prudencia que les permitía separar el bien del mal y vincularse mediante contrato en ausencia de autoridades establecidas. Hobbes, al que seguramente conocerán ustedes como un malvado teórico del absolutismo, cantaba otra canción, una en la que los hombres eran lobos y sus vidas eran breves y brutales, desterradas las sutilezas de la civilización en aras de la pura supervivencia y liberados de todo freno los instintos destructivos de la especie.

Como suponemos que el lector sabe de sobra que “quien bien te quiere, te hará llorar”, no vamos a perder el tiempo aclarando que los auténticos amigos del hombre son los que hablan mal de él.

El caso es que el argentino Rafael Pinedo (1954-2006) es el Hobbes del género postapocalíptico moderno, al menos a juzgar por lo que nos ofrece en Subte. Aquí tenemos a la humanidad barrida de la faz de la Tierra por una catástrofe indeterminada, viviendo bajo tierra en las ruinas de antiguas infraestructuras, reducida la civilización a su estado más tribal y, con ella, la subjetividad de los personajes a lo más rudimentario. ¿Personajes? ¿He dicho personajes? En realidad, sólo hay un personaje.

Una vez establecido qué tipo de novela apocalíptica es Subte pasamos a explicar por qué es no sólo una de las mejores novelas que hemos leído este año, sino una de las mejores novelas de ficción especulativa que hemos leído nunca… y además escrita originalmente en castellano, con lo que nos ahorramos los sustos de la traducción.

Lo primero que llama la atención de Subte es su delgadez; el libro no llega a las cien páginas. Lo primero que leemos es:

Corría aterrada por las vías. Apenas podía controlar el bamboleo de su enorme vientre de ocho lunas de embarazo.

Fíjense como en apenas dos frases de las cortas, Pinedo presenta a la vez el conflicto, las motivaciones del personaje principal y todo lo que necesitamos saber del setting, o sea, que es el tipo de situación en la que la gente cuenta el tiempo por lunas y en la que las mujeres gravemente embarazadas pueden encontrarse con la eventualidad de tener que correr por sus vidas. Enseguida sabremos con idéntica economía de medios que huye de una jauría de lobos y que toda la escena transcurre en un túnel de metro abandonado.

Este comienzo in media res es una buena muestra del estilo de Pinedo, que parece comprometido en la meritoria misión de reducir la prosa a su mínima expresión necesaria. La información fluye hacia el lector a través de frases cortas y sencillas, sin florituras, la mayoría centradas en las sensaciones más inmediatas de la protagonista. En Subte no hay sitio para las explicaciones, de hecho, el único punto en el que Pinedo se permite alguna alegría con la exposición es ese en el que Proc, la protagonista, traba efímera amistad con una mujer de otra tribu, y eso no ocurre hasta pasada la mitad del libro. Show don’t tell a rajatabla, como pueden ver, y no como esos autores a los que parece que les pagan al peso por llenar páginas y páginas de aburridas explicaciones.

Ya sabemos que hay una tía embarazada huyendo de unos lobos por un túnel del metro abandonado ¿qué más queremos saber?

Por si esto no fuera lo suficientemente minimalista, tras este trepidante comienzo en la penumbra (mirar en la penumbra, orientarse, después correr, pag. 23), la protagonista se adentra en la oscuridad más absoluta. No es una metáfora chusca, no, es que la mayor parte de la acción de Subte sucede en túneles a los que no llega la luz. La protagonista no ve nada y, en consecuencia, nosotros tampoco; el texto no nos ofrece ninguna información visual. Piensen por un momento en el tipo de reto que esto plantea. En la mayoría de las novelas la mayor parte de la información que recibimos es visual, de hecho, un consejo que se suele ofrecer en los manuales de escritura para principiantes es que se procure incluir algún otro tipo de información además de la estrictamente visual en las descripciones con objeto de hacerlas más vívidas. Sin luz, la prosa queda despojada de todo lo que no sea la minuciosa relación de todas las operaciones corporales y estados subjetivos de Proc. El efecto logrado de este modo es sorprendentemente hipnótico.

Pinedo juega con las repeticiones:

Una mano, la otra, enlazar las rodillas y los pies, una mano, la otra, enlazar las rodillas y los pies. Muchos latidos, muchas veces, muchas.

Con las repeticiones y los saltos de carro:

Siguió bajando.
Tuvo sed. Bebió un poco. Tuvo hambre. Comió algo de lo que tenía en el morral. Descansó. Durmió.
Siguió bajando.
Se detuvo varias veces. Se alimentó varias veces. Se terminó la comida. Agua le quedaba poca.
Los ojos abiertos o cerrados veían lo mismo: nada.
Siguió bajando.

En fin, Pinedo utiliza todos esos recursos de imitación beat al estilo de James Ellroy con el importante matiz de que a él le quedan bien, sin rastro de pelusa adolescente sobre el labio superior.
 

abiendo todo esto, tal vez les sorprenda a ustedes saber que Subte no es en absoluto una de esas novelas en las que los personajes corren por ahí como gallinas decapitadas y toda la trama se reduce a ver como se salvan primero de un peligro y luego de otro. No señor. La historia también tiene interés, que es lo que cuenta, y no descartaría que al llegar ustedes al final no les fuera a estallar en la cabeza, como se dice ahora.

Si hacen un pequeño esfuerzo de memoria podrán recordar ustedes el mito platónico de la Caverna que estudiaron para la selectividad. En él, unos prisioneros pasaban su vida en la semipenumbra de una morada subterránea hasta que uno de ellos era liberado, ascendía a las regiones superiores de la superficie y se extasiaba en la contemplación de las flores, los ríos y los pajaritos. Y del Sol. La luz del Sol es buena, tanto que el prisionero liberado volvía a su prisión ascendido, esclarecido e iluminado.

Subte puede leerse como una hábil y traviesa inversión de esta vieja historia. Sólo que aquí la luz es mala. La luz solar tiene algo que ver con la catástrofe indeterminada que ha acabado con la civilización y es temida por los supervivientes como causa de tumores y malformaciones, de modo que cuando Proc se aleja de la relativa seguridad de su tribu y su morada subterránea penumbrosa no tiene más remedio que dirigirse hacia abajo, hacia las regiones ctónicas donde la oscuridad es completa y tendrá que arrastrarse por túneles viscosos del mismo modo que lo hace o lo hará el feto que lleva en su propio vientre. Durante su viaje entrará en contacto con el Otro en forma de tribu perfectamente adaptada a la completa falta de luz.

Este contacto es, sobre todo, la ocasión que aprovecha el lector para hacerse una composición de lugar porque lo que es la protagonista desaprovecha por completo esta ocasión de trascender dialécticamente las categorías de su propio, ( y nunca mejor dicho), túnel de realidad y se queda exactamente como estaba.

Tanto es así que, cuando al final pasa lo que pasa, no tiene otra cosa que hacer para a adaptarse a lo inaudito de su situación que… pero, un momento, que esto iba a ser un spoiler sobre el mismísimo final, ya saben, el justo momento en el que, como les prometí, hay bastantes probabilidades de que les estalle la cabeza, así que mejor será guardar silencio como Wittgenstein.

Alabanzas sean dadas a Fernando Martínez Gimeno y a Francisco Javier Pérez por recomendarme la novela, y a la editorial Salto de Página por rescatarla del -esta vez sí- injusto olvido.

El almohadón de plumas, 15 de noviembre de 2013
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Subte, de Rafael Pinedo

«Subte es el tercer y último libro de una terna que también incluye a Plop (primer premio Casa de las Américas en 2002) y Frío, un tríptico de novelas breves que se desarrollan en un mundo post-apocalíptico y comparten entre sí una misma ambientación, preocupación formal y desesperanza acerca del futuro del ser humano. Una visión apocalíptica sobre la destrucción de la cultura elogiada por la crítica como una obra excepcionalmente original y atípica, y que en España ha sido editada por Salto de Pagina.

»La trama nos sitúa de golpe en plena lucha por la supervivencia: Proc, una muchacha embarazada de ocho meses, corre por las vías de un antiguo túnel perseguida por una jauría de lobos. El joven entenado que la acompaña queda atrás y es rápidamente devorado por las fieras; pero en su cruda realidad no hay tiempo para hueras lamentaciones y el breve instante de respiro es aprovechado para asirse a unos cables que penden de un pozo de oscuridad e iniciar un extenuante descenso. Agotada por el intenso esfuerzo realizado, se aovilla en su hamaca de viaje al pie de un corredor y se deja vencer por un sueño intranquilo del que es bruscamente despertada por una desconocida tribu de hombres-murciélago, que la conducen a un mundo de tinieblas perpetuas.

»Subte acontece en un momento indeterminado aunque no demasiado lejano de la historia futura de la humanidad. Un desastre impreciso —un conflicto nuclear o algún tipo de fenómeno cósmico— ha destruido la civilización, traído consigo un intenso frío y dado lugar a mutaciones en los escasos organismos supervivientes. Este es el nexo común de las tres narraciones que componen el tríptico, tres historias que bien podrían transcurrir en diferentes lugares del planeta con escasos años de diferencia. Un personaje femenino, joven e ingenuo pero fuerte, pragmático y decidido, lucha con uñas y dientes por sobrevivir en este nuevo mundo en el que el hálito de la vida desaparece poco a poco para dejar paso a la más profunda desolación y silencio.

»En Subte, algunos humanos viven refugiados en el interior de túneles de metro para escapar de los mortíferos rayos del exterior, una luz que quema a su contacto y provoca llagas en la piel (probable radioactividad). En este lugar en penumbras subsiste una sociedad tribal adaptada al medio extremo, una economía de mera subsistencia recolectora de hongos, troglobios y con perros domésticos como base alimenticia —de quienes aprovechan su carne y piel curtida para fabricar diversos utensilios—, sin apenas rastro de tecnología y donde la ciencia y la razón ha sido sustituida por elementos mágicos.

»La forma de pensar, entender e interactuar de estos supervivientes se halla muy mediatizada por la más cruda lógica de subsistencia, y la realidad nada tiene que ver con la civilización del pasado, como queda patente en las unidades de medida utilizadas: “manos” para el recuento de objetos, “marcas” para medir el transcurso del tiempo, “durmientes” (cadáveres apilados que nadie se molestó en recoger) para establecer distancias. Las normas sociales, y en especial la sexualidad, se orientan al sostenimiento de la propia tribu, castigando con dureza los breves episodios de afectividad inter-femenina, y primando en cambio el paso del testigo de la vida de la madre al recién nacido a través del vínculo mágico del cuchillo, cuando ésta corta el cordón umbilical y traspasa (y perpetúa) su alma en la siguiente generación.

»Pero aún más sorprendente es, si cabe, la sociedad de hombres-murciélago que encuentra Proc en su particular descenso a los abismos; una tribu de personas que ha logrado adaptarse con éxito a la más completa oscuridad y ha erigido su propia sociedad, con sus reglas de conducta, sentidos predominantes (son capaces de percibir los objetos por la resonancia que devuelve un instrumento de percusión que golpean al desplazarse), lenguaje corporal y jerarquía social. Una sociedad que produce sinestesias del estilo “escuché su rostro”, impulsa transformaciones biológicas tan radicales como el cráneo en punta para diferenciar sus dos castas principales, y emplea un sistema terrible y sobrecogedor para marcar el ritmo del tiempo. El choque de estas dos culturas tan extrañas, con ideas tan radicalmente diferentes en conceptos como “visión” y “luz”, resulta absolutamente fascinante.

»Subte tiene la extensión de un relato largo pero la densidad de una novela completa. La prosa de Rafael Pinedo es excepcional y enormemente literaria; descarnada, épica, dotada de una cruda viveza, con una ausencia casi patológica de diálogo como signo más evidente del proceso de deshumanización y un mensaje muy claro: “cuando la supervivencia acapara toda la atención, la frágil capa de civilización que nos protege del horror no tarda en resquebrajarse”. Un texto que, a mi juicio, constituye la mejor obra inédita publicada de forma independiente en español durante el año 2012 y que, curiosamente, guarda mucha relación –por retrato de una sociedad de individuos ciegos, sensibilidad, protagonismo femenino, tratamiento inhibidor de la sexualidad y múltiples razones más- con la novela corta “La textura de las palabras”, de Felicidad Martínez, publicada en el volumen conmemorativo «Akasa-Puspa».

»Para finalizar, una sugerencia editorial: sería un excelente homenaje a la memoria del malogrado Pinedo que se estimase la publicación conjunta, en volumen único o pack, de las tres obras que constituyen su legado; un autor “de culto” que desgraciadamente nos dejó en la cúspide de su carrera.»

Mariano Villarreal, Literatura fant√°stica, 13 de marzo de 2013
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Subte, de Rafael Pinedo

«La finalización de la lectura de Subte trae consigo una inmensa tristeza. Por el contenido de la lectura en sí, pero principalmente por la evidencia de que ya no habrá más obras de Rafael Pinedo que llevarse a los ojos. Para bien o para mal, si Pinedo pasa a la posteridad será como escritor de culto, esa etiqueta con la que se designa a aquellos autores que poseen algo especial, que para unos pocos rozan la genialidad y aún así nunca llegarán a gozar de una fama global. Subte supone un más difícil todavía en la escasa obra del escritor nacido en Buenos Aires. Consta de apenas 90 páginas, pero en ellas pervive el ánima y el estilo que tanta fascinación provocaban en sus dos novelas anteriores.

»La trama de esta novela es, debido a su breve extensión, apenas episódica, y sin embargo, una vez concluída su lectura, se tiene la sensación de haber presenciado (y vivido, ese es el gran haber del autor) una jornada larga y terriblemente intensa. Proc, la protagonista absoluta de la historia, es una adolescente en avanzado estado de gestación. Perseguida por perros salvajes a través de los túneles del metro, se ve obligada a bajar por un hueco a oscuras a un nivel inferior. Allí se encuentra con la tribu de “los ciegos”, así calificados por vivir en una completa oscuridad. Tras hacer amistad con Ish, una de sus miembros, intenta escapar de vuelta a la superficie, pero los dolores del inminente parto dificultan la huida.

»Aunque las herramientas narrativas empleadas por Pinedo son las mismas que en las anteriores novelas (oraciones cortas, puntos y aparte continuos, escasez de adjetivos, concisión absoluta) y el contenido reincide en la misma temática, se puede decir que, a pesar de su menor extensión, quizás sea ésta la novela más intensa del argentino y en la que la peripecia presenta una mayor ortodoxia. La aventura de Proc guarda puntos en común con otras grandes obras de la ciencia ficción. Su estancia entre los ciegos del submundo, especialmente en aquellos pasajes en los que se propone el contacto físico como medio especial de comunicación, retrotrae a los momentos más significativos de La persistencia de la visión, uno de los mejores relatos escritos por John Varley. La historia en su conjunto coincide en la propuesta del escenario y en el tono de aventura con La nave estelar, uno de los clásicos indiscutibles de Brian Aldiss.

»De hecho, si en un ejercicio de imaginación sustituyéramos los subterráneos por un entorno más tecnificado, Subte podría pasar perfectamente por un relato de nave generacional, un subgénero clásico de la ciencia ficción en el que los protagonistas a menudo han involucionado hasta su condición más básica. La diferencia con esas obras la marca, además de la localización, el estilo con el que Pinedo elabora su historia. La voz narrativa es semejante a la que sustenta las dos novelas anteriores. Llana, honesta, desprovista de enjuciamientos, se mantiene fiel a la obligación que el bonaerense se marcó desde el primer libro, la de mostrar más que contar. Sólo en una ocasión se rompe esa neutralidad, un único párrafo en el capítulo VI en el que la voz se vuelve introspectiva y asume la primera persona creando un escalofriante contraste entre el cruel mundo exterior y la inocencia que se adivina en ese espacio interior.

»Más allá de sus propias bondades como obra independiente, Subte ofrece otros focos de interés, principalmente en su condición como “una de las partes”. Es el punto final a la trilogía en la que Pinedo convierte lo que él llamaba el “fin de la cultura” en herramienta de estudio. “La cultura se desmigaja y las migas se pudren por el suelo”, decía el escritor, y aseguraba que una profundización en nuestro ritos y normas sociales ponía al descubierto un mundo ridículo, conformado sobre estructuras absurdas. Todos los nexos comunes a las tres novelas conducen a la misma idea, aunque si se pone la suficiente atención en sus respectivas peripecias resulta evidente una cierta evolución de signo positivo, una mínima pero perceptible deriva hacia el optimismo.

»En una ficticia disposición cronológica de la serie, Subte ocuparía el segundo lugar. La civilización se muestra ausente en las tres novelas, pero la barbarie no se ha adueñado de la especie humana con igual intensidad. Frío muestra la caída de un solo individuo en ella, mientras se adivina el fin de la civilización tras los muros; Plop supone la más descarnada conclusión, un futuro desnudo en el que de la sociedad sólo quedan las normas de supervivencia y la superstición; en Subte se ha perdido el eco de la civilización, pero aún hay vestigios de humanidad en algunos de sus individuos. Si los protagonistas de las dos anteriores novelas perdían la vida por y para el rito, Proc, sin embargo, evita el cumplimiento estricto de sus leyes recurriendo a una artimaña.

»Es cierto que en los tres libros el dogma es quebrado por el instinto, pero en las dos primeras obras es algo que ocurre involuntariamente y que no trae más cambio al individuo que la muerte. Plop se apoya en la ambición y el ansia de poder para llegar a lo más alto, pero su ruptura con la norma social es castigada con el enterramiento; la protagonista de Frío subvierte el rito religioso desde su sexualidad, pero no es un acto deliberado, sino procedente de su ignorancia. Proc, sin embargo, decide desde la pura volición plegar el dogma para salirse con la suya. En esta novela, la naturaleza, representada además por el instinto maternal, un valor que posee una mejor imagen que la ambición y la sexualidad, consigue una pequeña victoria sobre la necesidad humana de crear y obedecer ritos sociales. Quizás el final de Proc le parezca aberrante al lector, pero es, al fin y al cabo, el que ella desea tener, y marca un posible cambio futuro en el devenir de su tribu.

»Subte marca un cambio quizás pequeño pero perceptible en una trilogía ya mítica. Tras la conclusión de las dos anteriores novelas, en sus respectivos universos sólo cabe ir a peor, pues el rito se convalida con la muerte de ambos protagonistas. Sin embargo, al final de esta nouvelle, tanto la decisión de Proc como la posterior aceptación de los miembros de su tribu sugieren que el mundo de “los sordos”, como es conocida por los otros la tribu de la superficie, está preparado para aceptar el cambio. El mensaje sigue siendo fiel a la idea con la que Pinedo escribió su serie. Tras la cultura humana no hay nada; nada salvo los instintos más primarios. Pero al menos la capacidad para el cambio, algo que en las anteriores novelas no existía, aquí sí está presente.

»En tan pocas páginas no se puede lograr más. A pesar de su escasa longitud, Subte mantiene la exigencia de esta extraordinaria “Trilogía de la devastación”. Los merecimientos alcanzados por Rafael Pinedo en una obra tan escasa constituyen para mí una suerte de misterio, una demostración poderosa de lo grande y enigmática que es la creación literaria. He aquí un autor con un estilo diferente a lo que la literatura latinoamericana estipula. ¿Y qué hay de su propia circunstancia? El caos, la desgracia de todo un país murmurando en sus oídos al comienzo de su obra y la tragedia personal golpeándole en su ultimación. Tres novelas y tres cuentos, no hay más. Unas obras completas que caben en un volumen de apenas 400 páginas, pero que son historia de la ciencia ficción escrita en castellano. Sería bueno que alguien hiciera justicia.»

Santiago Moreno, C, 12 de febrero de 2013
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Recomendación de la semana: Subte, Rafael Pinedo

»Para Joseph Conrad se trataba, ante todo —y recogiendo su testimonio al respecto— de hacer ver al lector. Creo, no obstante, que sería un error tomar esta declaración de principios como una defensa del realismo o de cualquier corriente similar.

»Citando parte de lo que expone Edward W. Said en El mundo, el texto y el crítico, "lo que Conrad descubrió fue que el abismo existente entre lo que las palabras decían y lo que significaban aumentaba, no disminuía, con el talento para escribir palabras. Así, haber escogido escribir es en cierto sentido no haber escogido ni decir directamente ni significar exactamente del modo que habría esperado decir o significar."

»Las palabras —mucho menos la escritura— no es la materialización del pensamiento, el habla —mucho menos la escritura— no está ahí para hacer presente aquello que se piensa. No hay una conexión directa entre lo que se dice y lo que se piensa, ni entre la palabra y su significación. Por ello, cuanto más talento para la escritura, menos se cierra la obra, más se abre el campo de influencia y gravedad de las palabras. Incluso en un caso como el de Conrad, a quienes muchos han leído creyendo que leían historias o relatos sobre marinos o aventureros, y gracias a su talento para la escritura, el texto remite siempre a algo que se le escapa a la mera imagen en el sentido trivial del término. Ese hacer ver de la escritura es un hacer ver propio. Un hacer ver esa brecha entre la realidad y la palabra que abre siempre toda escritura literaria. No se trata de un hacer ver meramente descriptivo, sino de un hacer ver exclusivo del texto. Cuando leemos, por ejemplo, El corazón de la tinieblas, la verdadera selva y ese espacio salvaje que Conrad nos hace ver no reside tanto en la descripción de los paisajes y las atmósferas como en la propia escritura.

»Subte, la novela corta del tristemente malogrado Rafael Pinedo (Buenos Aires, 1954-2006), es un modelo de este hacer ver propio de la literatura que sabe que, de entrada, todo lector es ciego. La economía de las palabras y la dosificación de la información ejemplifican esa escritura literaria que hace ver a aquellos que consiguen dejar atrás la mera presencia de las palabras sin llegar por ello a ese realismo objetivo y tan ingenuo como del todo imposible que propugnaron ciertas corrientes artísticas y literarias. Imposible porque cualquier descripción exige selección previa, y porque ni siquiera nuestros sentidos nos conectan a una realidad -sea esto lo que sea- no mediada-. Este hacer ver propio de literatura es un entre, un lugar inubicable al que sólo se accede a través del artefacto literario.

»Lean Subte

Carlos Segovia, Segovia Libros, 11 de noviembre de 2012
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Subte de Rafael Pinedo

»Si en el país de los ciegos el tuerto es el rey es de suponer que en el país de las sombras lo sean los ciegos. Esto es así aquí y en Pekín, y en Subte (que vendrá a querer decir subterráneo, digo yo) los ciegos, al igual que en el relato de Sábato incluido en Sobre héroes y tumbas, vuelven a ser los villanos más hijos de puta que ha dado la literatura. Exagero, claro, siempre. Pero esta reseña no debería empezar así.

»Subte es una novela de 92 páginas con mucho salto (de página, je) y un interlineado generoso. Es tanto así que casi puede llevar más tiempo leerla que escribirla. Subte es el tipo de novela perfecta para leer en la cafetería de la Fnac uno de esos tristes días de invierno (acuérdense después de dejarla debajo de la pila para devolverle la forma, no sean cabrones). También vale para la playa, pero no es lo mismo porque no te puedes meter en el papel si no es enterrándote en la arena. Basta de gilipolleces. Es, Subte, el final de una trilogía apocalíptica sobre la deshumanización. La primera, y con diferencia la mejor, fue Plop; la segunda, algo más floja pero igualmente interesante, Frío. Esta, a medio camino entre la una y la otra, es la tercera y última (cosas de trilogías). Después de esto Pinedo murió, aunque es de suponer que no de agotamiento. Hubiera sido bonito disponer de una edición conjunta pero es verdad que comercialmente funciona mejor así. En cualquier caso, haberemus reedición. Al tiempus.

»Subte cuenta la historia de una jovencísima mujer embarazada de ocho meses que malvive bajo la tierra con el resto de sus congéneres, obligados todos ellos a tal circunstancia por no se sabe qué mierda de contaminación lumínica o solar o algo así de adverso. Esta chica, que no ve tres en un burro, baja, escapando de unos lobos, por el hueco de un ascensor de lo que parece una vieja mina, llegando al subsuelo del subsuelo, donde viven, ahora sí, los putos ciegos que son como la piel del demonio de malos. Dos estratos, dos sociedades: los unos viviendo en las penumbras, los otros en completa oscuridad pero ambos intensamente ritualistas y, al igual que en el resto de la trilogía, con especial querencia por el sexo salvaje. (Tan salvaje, de hecho, que no sabría yo con cuál quedarme si me viese en el apuro de tener que decidir. Puede que algo menos tolerantes sean los ciegos aunque el control de natalidad de los, digamos, tuertos, sea tan de hacérselo mirar que solito ello equilibre la balanza de la desdicha.)

»Y no hay mucho más que decir. Quizá advertir a interesados que su condición de trilogía no implica que sea necesario leer las obras anteriores para entender y/o disfrutar esta, aunque sí es verdad en conjunto, gana, quizá porque así se le perdona la acusada falta de desarrollo argumental. Hay quien dice, y no le falta razón, que por momentos parece un borrador, dando a entender que eso es un poco pasarse. Por otro lado para contar este tipo de historia tampoco es necesario el formato novela-río. Es más, la contundente prosa de Pinedo invita al trazo grueso y la parquedad narrativa. (Nótese que en los abismos insondables de las grutas mineras las extensas descripciones paisajistas puede perfectamente ser sustituidas por el siempre recurrente se golpeó la cabeza contra un saliente de la pared, pero siguió caminando. (Pinedo con esto hace cuatro frases.))

»Resumiendo: tres historias completamente diferentes cuyo único punto en común es tener el fin de los tiempos de fondo y de las que se puede extraer la siguiente moraleja: que para sobrevivir hay que ser más bruto que un arado (que no era un secreto tampoco, esto, vaya) y que por muy mal que lo estés pasando en la vida, por muy precarias que sean las condiciones y por muy próximo que veas tu final, no hay excusa para no echar un polvete.»

Carlos González Peón, La medicina de Tongoy, 20 de agosto de 2012
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Bienvenidos a la raza humana

«¿Cómo alguien, después de presenciar una feria de Málaga, puede conservar la fe en la humanidad? Dar un paseo sobrio por el centro de la capital a las cuatro de la tarde es conocer de primera mano cómo va a ser el mundo cuando llegue el fin. Y que llegará es lo seguro; lo de menos es cómo. Por eso Rafael Pinedo (Buenos Aires, 1954-2006) no lo explica en su última —no habrá más— novela corta, Subte (Salto de Página, 2012). Subte es el relato de una tribu sumida en la oscuridad, la historia de unos seres humanos que han involucionado hasta el punto de no recordar de dónde vienen. Subte forma parte, junto con las novelas Plop (Primer Premio de Novela Casa de las Américas, 2002) y Frío (finalista del Premio Planeta Argentina, 2004), de lo que su autor llamó «Trilogía sobre la destrucción de la cultura».

»Pinedo comenzó a escribir tardíamente. A los dieciocho años se deshizo de todo lo que había escrito hasta entonces, y no fue hasta los cuarenta cuando retomó la producción literaria con libros llenos de dolor y sufrimiento, de violencia y crudeza. Relatos post-apocalípticos que sin embargo, como en cualquier otra historia sobre el fin del mundo y lo que viene después, encierran la luz de la esperanza al final del túnel de la degradación. Aunque Pinedo no nos proporciona la esperanza que cabría encontrar, sino una bien distinta y ajena a nosotros.

»La protagonista de Subte, Proc, es una mujer embarazada que ha de huir para salvar no tanto su vida, como la de su hijo no nato. Jaurías de perros salvajes, sociedades de humanos deformes que nacen y mueren en la más completa oscuridad, las ruinas amenazantes de un pasado que no es comprensible, la crudeza de las acciones que se han de llevar a cabo… la novela tiene todos los elementos que definen el subgénero post-apocalíptico. Pero Pinedo va más allá a la hora de hacer que las comunidades humanas que surgen de un escenario como este, en el que se han formado nuevas reglas y convenciones sociales con el único fin de la supervivencia, tengan que dar un paso más, tengan que animalizarse para ser, paradójicamente, más humanas.

»Volver a ser simplemente un animal para escapar de la locura de las reglas, de las normas absurdas, incomprensibles, que crecen de una inercia malsana y de la que nadie es responsable. La única esperanza de salvación es que una madre renuncie a todo, a todo lo que supuestamente la hace humana, que se convierta en un ser de instintos, de comportamientos puramente biológicos, para poder cuidar de su hijo.

»Escrito en un estilo sobrio, con capítulos cortos y duros como golpes en la oscuridad, Pinedo parece querer contar la historia con el menor artificio posible, reflejando la realidad de Proc, descarnada y limpia como un hueso en el desierto, poniendo una venda en los ojos de la imaginación del lector. Si hay una constante en los relatos de desastres en los que todo se ha va al garete es la búsqueda de qué es exactamente el hombre, qué nos hace ser lo que somos. Cuando todo cae, ¿lo que queda somos nosotros? Entre otras cosas, somos un sistema de normas, y las normas surgen en un principio para procurarnos la supervivencia, pero no debemos olvidar que sobrevivir a cualquier precio no es siempre lo más importante.»

Fran Romero, La Opinión de Málaga, septiembre de 2012
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«Novela breve y contundente, Subte es un puñetazo de originalidad. Junto a Frío y Plop, la editorial Salto de Página ha recuperado para el lector español la obra de Rafael Pinedo (1954-2006), uno de los autores argentinos más interesantes de las dos últimas décadas. La distopía de Subte plantea, con una potente carga simbólica, una reflexión de plena actualidad: bajo presión el ser humano es capaz de mostrar su lado más salvaje, y vivimos un tiempo en el que nuestra cultura, tal y como la conocemos, parece a punto de colapsar.»

Sergi Bellver, BCN Mes, septiembre de 2012
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Subte, de Rafael Pinedo

«Sin ningún preámbulo, de forma abrupta, la narración arranca con una mujer embarazada llamada Proc que huye desesperadamente de unos lobos y se aferra con fuerza a la vida con la esperanza de poder traspasar su alma al bebé que nacerá. Rafael Pinedo nos muestra un mundo distópico, totalitario, formado por tribus cuyos miembros, despojados de nuestra ética, apenas muestran empatía hacia sus semejantes y que han alcanzado estados cercanos a la animalidad donde la supervivencia es el único valor verdadero. Si en el Informe para una academia, de Kafka, era un mono el que mutaba en humano aquí la humanidad entera parece regresar a un estado de primitivismo animal, a un tiempo donde el único rastro de civilización es un laberíntico e inquietante túnel, quizás el de un metro, en cuya oscuridad absoluta la protagonista se adentra en su huída y sufre lo indecible.

»Durante el angustioso descenso por el hueco insondable de un ascensor, el narrador, a través de la voz interior de la protagonista, nos desvela algunas claves de ese mundo. Descender al abismo es la única forma de mantener la esperanza. Allí, en la absoluta negrura descubre a una tribu de ciegos en la que el destino vital de sus habitantes es siempre el sufrimiento cruel, inútil e irracional. Proc es más consciente que nunca de la necesidad de armonizar su individualidad, lo único en lo que puede confiar, con el mundo que le rodea y por eso crea lazos afectivos con Ish que, finalmente, le ayuda a escapar de aquel claustrofóbico clan. Pero Proc no siente apego más que por su vida y la de su bebé, sólo intenta sobrevivir para que su hija pueda crecer. Eso le da fuerzas para superar las situaciones más extremas. El cuerpo de Proc es un mero objeto y su alma resulta inaprensible. Para aceptar que su hija tenga alma, Proc debe negarse a sí misma lo poco que le queda de humanidad. Es en el túnel donde se produce la metamorfosis a través de la reflexión, como si la falta de luz iluminara al personaje;Proc da a luz sola y a oscuras en el interior de una de aquellas inhóspitas galerías;. Si el túnel para Ernesto Sábato representaba el regreso a la infancia aquí, para Rafael Pinedo, representa la involución del ser humano que le hace aflorar los instintos más elementales y le conduce a la irracionalidad. Pero en ambos casos el túnel representa el miedo y la angustia permanente, el túnel es la incomunicación, la soledad y la desesperanza del ser humano.

»Subte es un intenso y original relato de menos de cien páginas que nos recuerda, con toda su crudeza, la animalidad inherente al ser humano. En esa situación extrema, destruida nuestra cultura, es fácil aceptar que el objetivo de la vida de la protagonista no es otro que el de sobrevivir para poder reproducirse, exactamente el mismo de cualquier especie del planeta desde el inicio de la vida.»

Ricardo Reques, Fuera de lugar, 11 de septiembre de 2012
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Subte, de Rafael Pinedo

«Rafael Pinedo nos demuestra, una vez más, que la literatura hispanoamericana tiene mucho que aportar. También nos enseña con Subte que se puede decir mucho con pocas palabras. Subte es, en realidad, una novela cortita pero que guarda entre sus letras una gran historia, de la que se podría hablar mucho, sacar numerosas teorías y especular. No voy a hacer eso en esta reseña —aunque me gustaría mucho—, sino que simplemente voy a tratar de explicar su argumento y hablar de sus personajes de la mejor manera posible (y es que es complicado hacer una reseña de una novela como Subte).

»La novela se sostiene por sí misma, es decir, que sin haber leído las otras dos —Plop y Frío— bien puede un lector disfrutar de esta. Sin embargo, podemos decir de ella que sería el colofón final de una trilogía sobre la involución humana, sobre la vuelta al primitivismo. Me explico: actualmente las distopías —o antiutopía, como más os guste llamarlo— están muy de moda: que si Los juegos del hambre, que si numerosas novelas de temática zombi en las que los humanos viven en un mundo post-apocalíptico… Creo que en todas estas distopías (y en obras anteriores también, recordemos 1984, Fahrenheit 451, etc) hay algo en común: el salvajismo, oculto en el hombre —se supone que por la civilización— ha aflorado a la superficie. Aun así, en estas novelas no podemos decir en sentido estricto que sus personajes se hallen en un estado salvaje total, entendiendo este como primitivo, sin leyes racionales, sin una civilización tal y como la conocemos, sino que más bien deberíamos hablar de totalitarismo.

»No obstante, es primitivismo e involución lo que encontramos en la obra de Pinedo. Subte es la mayor prueba de ella, el colofón —como he dicho anteriormente—. La obra de Pinedo me aterroriza porque siempre he creído que la especie humana está condenada a volver sobre sus pasos; al fin y al cabo, la historia es cíclica y todo se repite. Siempre he creído que en algún momento de nuestra historia volveremos a ser lo que éramos: atrás quedarán nuestras leyes civiles, todos los avances científico-tecnológicos que hemos conocido. Atrás quedaremos tal y como se nos conoció una vez y ya no seremos los “animales” dominantes, sino unos animales más que tratan de sobrevivir. Se perderá la cultura, olvidaremos el lenguaje (“y si después de tantas palabras, no sobrevive la palabra…”), volveremos a dormir en una caverna.

»¿Es ese el destino que nos depara el futuro? No lo sé, señores, pero Pinedo nos ofrece una posible visión de ese futuro nada alentador, en el que una mujer llamada Proc atraviesa unos túneles de trenes subterráneos en una carrera desenfrenada. Debe huir a toda costa para que los lobos no la coman pues su principal cometido es dar a luz y traspasar su alma al cuerpo de su pequeño bebé. Esto nos puede parecer extraño, pero es que con Proc hemos vuelto a pertenecer a una tribu que cree en rituales ancestrales (cuando la madre traspasa su alma al bebé, evidentemente muere) y en rituales de apareamiento de lo más insensibles para nosotros, pero totalmente coherente para estos seres humanos que han involucionado hasta ese extremo.

»Una vez consigue huir de los lobos Proc se encuentra sola en la oscuridad. Y se encontrará con otra de las tribus —Pinedo solo nos presenta a dos: a la que pertenece Proc, los “sordos”, que viven cerca de la luz, y a la que pertenece Ish, la de los “ciegos”, porque viven en la oscuridad de los tuneles—. Proc le enseñará cosas a Ish sobre lo que hay fuera, sobre sus costumbres, al igual que la otra lo hará con las suyas. Tanto la una como la otra se sorprenden, pues son completamente distintas. Proc piensa que el mundo de Ish es cruel, devastador e irracional, pero no lo piensa sobre el suyo.

»El desenlace final no debemos considerarlo como algo cruel y desalentador, sino más bien al contrario: la transformación de Proc —no quiero desvelar nada más— es la que permite una brecha de luz en esos oscuros túneles.

»Así pues, de la mano de Proc vamos a atravesar todos esos túneles sin más información que la que ella nos proporciona. Pinedo nos deja solos allí, como si hubiésemos viajado en el tiempo y hubiésemos aparecido justo al lado de la protagonista. De este modo, el lenguaje también se transformado: digamos que es un lenguaje sencillo, pero con palabras que debemos descubrir a qué se refieren: ¿qué es un “durmiente” en el mundo de Proc? Nos movemos con ella, sentimos con ella. Hemos involucionado y somos parte de ese clan al que pertenece Proc. No hay una explicación sobre los motivos por los que ha sucedido esto: el mundo es ahora así y más vale aceptarlo y adaptarnos a él.  Démonos cuenta que Pinedo nos muestra que los seres humanos estamos muy cerca de la condición de animales en la que hay dos elementos comunes a todas las especies: una de ellas es el instinto de supervivencia y, el otro, la maternidad. Ambos los reúne Proc y, con ella, ahora también todos los lectores. Algo que llevamos muy dentro y que, aunque no lo hayamos conocido hasta este momento, conocemos muy bien.»

Elena Montagud, Cultura Hache, 21 de agosto de 2012
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Subte

«Nunca había leído una novela tan visual como ésta, y curiosamente, nunca se hará una película sobre ella por una causa de fuerza mayor, la absoluta oscuridad en la que se desarrolla toda la trama.

»Se trata de una novela de sentidos, serán el gusto, el oído, el olfato y el tacto los que tengamos que utilizar para ser la protagonista de ella. Es curioso cómo destruyendo desde el principio nuestro sentido de la vista, el autor nos hace ver cada uno de los elementos que la van dando forma y sentido.

»Sin más explicaciones, el autor nos presenta “a ciegas” a una mujer embaraza de ocho meses corriendo por un túnel que bien podría ser el del metro, de hecho, el título de la novela hace honor al nombre que recibe  el metropolitano de Buenos Aires. Durante esa huida, la mujer tendrá que hacer frente a todo tipo de situaciones extremas para mantenerse con vida, en la más absoluta oscuridad. Desde un cambio de escenario hasta nuevos compañeros de viaje, sin dejar de tener en mente la condición de presa, de que si no consigue salir de ahí no salvará su vida y la de su hija. Una libro en continua carrera hacia la salvación, además leído mientras viajaba, por lo que la sensación de continuo movimiento que estaba impreso en las páginas no era sino la continuación de la que tenía mientras me dirigía a mi destino. Ahí dejo la simbología, apuntando solo una cosa más, el bendito lenguaje que está para usarlo y bien que lo hace Pinedo: traviesas, durmientes, jauría, sentido, emoción…

»Pienso recomendar esta novela porque en un mundo ilógico como el que hemos construido por qué no hacer alarde también de una literatura ilógica, de un libro que nos saque de la más absoluta comodidad de tumbona y sombrilla veraniegas, en la que parece que vivimos a pesar de todo.

»Como en este libro, nuestra vida ha pasado de una comodidad de sofá de casa a un túnel que parece no tener fin .

»A nosotros también nos persiguen los lobos, y son muchos y variados los tipos y lugares en los que se ocultan, también vivimos colgados de unos cables sin más información que la certeza de saber que bastará un solo movimiento en falso y la condena al ostracismo nos llevará de la mano a la ciénaga más profunda.

»Hemos pasado de la luz a las tinieblas y sin linterna ni cerillas, ni siquiera la luz de la pantalla de móvil nos sirve para entender qué está pasando. Y lo peor es que la luz quema, y por eso muchos creen que es mejor seguir siendo Segismundos, pero sin su conciencia, es decir, mejor en la cueva que ya me he adaptado a la oscuridad que salir  y abrir los ojos… no digo más.

»Como la protagonista, preocupada por su bebé, nosotros correremos a ciegas por este mundo Subte, lameremos paredes en busca de gotas de agua que nos hagan sentir que seguimos vivos, y aprenderemos nuevas formas de comunicación con la única intención de salir a cualquier precio: para que viva nuestra hija; poder cumplir nuestro sueño; encontrar un trabajo digno; seguir investigando, mantenernos leales a unos tambaleantes pero sólidos principios… que cada uno elija lo que quiera.

»Un libro fascinante, agobiante, agonizante, emocionante, agotador y prodigioso  éste de Pinedo, que nos lleva a lo más básico de la civilización, los más bajos instintos y las más altas capacidades del hombre, lo que nos iguala a los animales y lo que nos separa de ellos, se trata de lo tribal que aún reside en nuestra esencia, el mantenimiento de un ceremonial que en ocasiones puede salvarnos la vida, el mito ancestral de la trasmisión del alma de la madre a la hija durante su alumbramiento, un canto al poder más absoluto de la mujer, la maternidad y la decisión de llevarla o no a cabo, la fuerza interior de una mujer no puede ser cuantificada si está por medio su hijo.

»Una mezcla de Viaje al centro de la tierra de Julio Verne con El planeta de los Simios y la perfección en la toma de imágenes de cualquier reportaje de El hombre y la tierra de Félix Rodríguez de la Fuente; porque la capacidad de superación del ser humano no puede ser cuantificada, pero sí tiene nombre y apellidos en la literatura, se trata de Rafael Pinedo y lo demostró en Subte

Elvira Ramos, La biblioteca imaginaria, 20 de agosto de 2012
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Subte de Rafael Pinedo

»Venimos hoy con una novela que ha logrado conmoverme de un modo inusitado. Subte, de Rafael Pinedo, es una historia dura, intensa, cruda de una forma que no os podéis imaginar. La visión de un futuro que se aleja de cualquier tópico y que nos lleva a preguntarnos hasta que punto puede cambiar una especie, en este caso la humana, con tal de sobrevivir.

»El malogrado escritor sigue aquí en su línea directa, sin ataduras ni concesiones, desgranando página a página y de un modo frenético la odisea de su protagonista. Un estilo acertado, que juega con el lector al no permitirle anticipar nada y llevándole de la mano por esas profundidades que llegan a resultarnos tan inquietantes y perturbadoras.

»Olvidaos por un momento de cualquier novela post apocalíptica que hayáis leído. Olvidaos de los survival horror y de nada semejante. No tiene nada que ver con ello. Subte  nos acerca a lo que queda de la raza humana tras el desastre de una forma tan visceral,  tan cruenta, que resulta difícil asumirla. Por buscarle algún paralelismo, quizás pudiéramos referirnos  en algunos aspectos a La Tierra Permanece, de George Rippey Stewart, ya que comparte con ella la teoría de la involución de la sociedad.

»El caso es que Subte va mucho más allá, enfocando la situación de una forma aun más radical y llevando esa citada involución hasta extremos cuasi animales, convirtiendo a la raza humana en una suerte de criaturas subterráneas que apenas recuerdan su humanidad. Poco más que Morlocks inteligentes que rememoran mediante la tradición oral algunas cosas de nuestra época. El regreso a las cavernas, convertidos en hombres primitivos. La involución como única forma de subsistir. Y esa involución es a todos los niveles, tanto grupal como individual.

»Es echarle un vistazo a lo que queda de la sociedad, si es que puede llamársela así. El clan tiene unas reglas. El clan se mantiene unido. El clan debe sobrevivir. Y mil peligros acechan a este remedo de humanidad. Acompañaremos a Proc,  la protagonista, en un viaje vital transformado en huida, para llegar a su destino y cumplir con su deber de madre.  Un destino que a nuestros ojos se antoja cruel y terrible, pero que en su mundo, supone no solo una obligación, sino el objetivo primordial de su existencia.

»Si hubiera que resumir la esencia de la novela y definir sobre que trata, sin duda serian estas tres palabras: Involución, sexo y maternidad.

»Resulta curioso la importancia del sexo en la novela y en como maneja el autor el tema. Algunos tabúes insólitos, prácticas permitidas y creencias animistas que unen la sexualidad con la espiritualidad como refuerzo a  los lazos que unen al clan.

»Extraña, en ocasiones descorazonadora, en otras inquietante y en general, dejando al lector con un sabor agridulce, donde las pequeñas victorias no son tales, a los ojos de nuestro modo de entender el mundo, pero si lo son para Proc y su gente. Un final atroz, deprimente para nuestra forma de verlo, pero coherente y comprensible para esta nueva humanidad, donde el simple hecho de sobrevivir, de traer una nueva vida al mundo, es un triunfo.

»Pinedo logra con su novela remover nuestras entrañas. Con toda su crudeza, con toda la inclemencia y el fatalismo que destilan sus páginas, lo cierto es que Subte es una oda a la vida. A la maternidad y a la esperanza de que pase lo que pase, sean cuales sean las circunstancias, la vida se empeña en seguir adelante, adaptándose cualquier situación, por dura que sea, si es necesario. Aunque sea a costa de perder aquello que nos define como humanos.»

Athman M. Charles, Athnecdotario Incoherente, 19 de agosto de 2012
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F√°bula para un verano caliente

«Estos no son tiempos para la literatura optimista o evasiva. Las distopías, o las utopías perversas, están de moda. Mundos desolados, destrucción, caos, lucha por la supervivencia… una atmósfera narrativa ante la que hoy estamos quizá más receptivos que nunca (¿o es que antes andábamos dormidos y ciegos?). La cuestión es que esto no es nada nuevo. El argentino Rafael Pinedo, desaparecido prematuramente en 2006, dejó tras de sí una trilogía estremecedora (de la “destrucción de la cultura”, la calificó), de la que Subte es su tercera entrega. Plop, Frío y Subte, títulos contundentes como puñetazos. Estas tres novelas cortas han sido publicadas por Salto de Página y están siendo leídas con entusiasmo: demasiados elementos cercanos a nuestra actualidad, a pesar del barniz de ciencia ficción. Otra vez volvemos al debate sobre los límites del realismo: ¿acaso no hay en estas novelas mucha más realidad que en otras pretendidamente “realistas”?

»Hace unos días, leyendo la Ética de la crueldad de José Ovejero, pensaba en Rafael Pinedo como claro representante de lo que Ovejero denomina literatura cruel. Ya aquí se habló de esta etiqueta, pero resumiremos: se trata de una narrativa caracterizada por grandes dosis de brutalidad, retratos implacables del salvajismo y la ferocidad de la vida, historias que nos remueven cimientos, visiones inquietantemente próximas a pesar de su innegable deformación estética. Según todo esto, Pinedo es un autor cruel. Valientemente cruel.

»Subte empieza fuerte, a saco. Una mujer embaraza de ocho meses (casi una niña) huye de los lobos a través de un mundo sin asideros ni compasión. No sabemos de dónde parte, por qué está sola. Solo sabemos que no hay más opciones que huir o morir. Lo terrible viene cuando vemos que la posibilidad de su salvación nace del sacrificio de otro: un niño de seis años (“de apenas seis marcas”) que cae en un túnel. Ni siquiera hay misericordia final, no una muerte rápida que ahorre el sufrimiento: “ella decidió que vivo le iba a dar más tiempo que muerto”. Así entramos en la historia, sin consuelo.

»Este comienzo no es gratuito, ningún elemento de violencia en Subte lo es: la supervivencia es el concepto clave que define la actuación de unos personajes marcados por su entorno hostil, desalmado y brutal. Personajes acorralados, desprovistos de las garantías de un pacto social: únicamente sobreviven los más fuertes, los más astutos o los más ambiciosos. ¿Qué pasó con el mundo anterior, con “nuestro” mundo? No lo sabemos. Quedan vestigios apenas reconocibles (el ascensor), algún testigo ya próximo a la muerte (el viejo Birm), pero poco más. El pasado se diluye, el futuro no existe: solo el presente se extiende ante nuestros ojos, un presente baldío, sin esperanzas, regido por reglas rudimentarias y supersticiones salvajes. Pero también hay otra lectura: ¿no es esa representación de un mundo futuro, en el fondo, una relectura del actual? La cultura anterior ha sido destruida, ya ni siquiera permanece el recuerdo, pero ha sido sustituida por otra que, en apariencia cruel, quizá es simplemente diferente, o al menos no mucho peor que la anterior. También en ella hay reglas, normas, afectos humanos, creencias y religiones, transgresiones. En Subte vuelven a aparecer las tribus: los sordos por un lado y los ciegos por otro, los que viven sobre tierra y los que viven bajo ella, cada uno con sus ritualidades y sus propias ceremonias. Los ciegos consideran sordos a los que no son capaces de apreciar los susurros: ¿acaso no hay en esa noción una forma de cultura, o de relación entre culturas? Mientras los ciegos miden el tiempo con sonidos, los sordos lo hacen con marcas visuales, cada grupo tiene una sexualidad distinta con tabúes distintos, y sin embargo pueden llegar a alcanzar una amistad, como sucede entre la protagonista, Proc, y su compañera de desventuras Ish.

»Subte es una novela breve, quizá demasiado breve, inarticulada, construida con un lenguaje descarnado, mínimo, que excluye casi por completo la introspección en los personajes. En esto, como en las anteriores Plop y Frío, el lector se encuentra también sin asideros ni descansos, sumergido en una prosa abrupta y difícil que debe reconstruir como si lo que estuviese leyendo fuese solo un borrador formado por súbitos fogonazos. Pero en Subte hay además complicaciones añadidas: como su propio título indica, la acción sucede en la oscuridad, en túneles, en un mundo subterráneo donde los pocos referentes que le quedaban a la protagonista también se disuelven, incluido el del paso del tiempo. En ese escenario claustrofóbico la acción avanza solo a través de sensaciones táctiles, sonoras y olfativas, ocasionalmente de sus recuerdos. Alimentarse de ratas crudas no es una concesión a lo gore: es simplemente lo que permite el contexto. La lógica se altera, o es sustituida por otra lógica. Únicamente subsisten las nociones más primarias: el dolor, el hambre, el miedo y, cómo no, la supervivencia, la necesidad de seguir viviendo, y también, sobre todo, la necesidad de perpetuación: no olvidemos que nuestra protagonista está embarazada.

»El principal tema de Subte es precisamente el de la maternidad. Ya a Plop lo vimos nacer de la manera más primitiva posible (su nombre recoge el sonido de su cuerpo al caer en un charco), pero ahora se explora más a fondo qué significa eso de perpetuarse, e incluso se indaga en la resbaladiza noción de amor maternal. En el mundo de Subte, la maternidad supone una entrega del alma y del nombre al recién nacido a través de la muerte de la madre: pura tierra quemada. Lo diferente, el parto natural y el amamantamiento, es considerado animal, más propio de las perras que de las mujeres. La historia de esta chica embarazada que lucha contrarreloj contra su propia naturaleza resulta, dentro de la dureza del relato, una hermosa fábula dotada de una simbología poderosa. Por eso no es cierto que Pinedo se limite a narrar con asepsia. Su narración seca y desapegada en realidad está pidiendo la colaboración al lector. La pide casi como en un grito agónico. Y es en esa zona de diálogo, o de reconstrucción, donde se halla siempre el sentido de la fábula. Y ahí también su hondo mensaje ético.

»Después de todo esto, ¿qué más decir? ¿Es una buena opción leer a Rafael Pinedo en verano? ¿Y por qué no? ¿Demasiado deprimente? Bueno, al fin y al cabo este verano se nos presenta más que movido. Mucho mejor entonces si nos pilla sobre aviso.»

Sara Mesa, Estado crítico, 26 de julio de 2012
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Subte

«Una historia que no llega a cien páginas, pero que atesora más sentimientos y sensaciones que sagas interminables de tochazos. Esas cien páginas le bastan a Rafael Pinedo para crear un universo futuro y aterrador, que apenas podemos entrever entre la acción de la novela, pero que nos reslta inquietantemente atractivo. Proc, la protagonista de esta historia, va a arrasar al lector en un tsunami emocional, donde los sentidos se confunden con pensamientos y emociones. Sí, hay aventuras, y sí, hay reflexiones, pero la intimidad que ofrecen estas páginas son lo que lo convierten en un texto maravilloso y emotivo.»

Bazinga!, 16 de julio de 2012
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Un hombre, dos cifras, tres obras

«Rafael Pinedo (1954- 2006) Un nombre y dos cifras, como aspiraba Borges para una tumba que no tendría. ¿Quién era Rafael Pinedo?

»Me hice esa pregunta cuando llegó a mi mesa de trabajo Plop, editado por Salto de Página. Terminé de leer esa novela, flaquita, de pasar desapercibida en los estantes de una librería, y comencé a dar vueltas, en mi cabeza y en internet. Lo que encontré en la red no superaba demasiado una biografía al uso: que pasó por la universidad, que fue informático y actor de teatro, y que en el año 2002 había ganado el Premio Casa de las Américas con esta novela.

»De todo lo que me quedó, junto con la admiración más rendida ante el autor más singular de Latinoamérica —y ni hablemos de España— en el último medio siglo, fue que, cuentan, a los 18 años quemó todo lo que había escrito. ¿Cuándo y cómo concibió Plop, la primera pieza de la trilogía que llamó de “la destrucción de la cultura”?

»Quiero permitirme imaginar su vida, porque en la Argentina que le tocó vivir nadie pudo permanecer como espectador. Y él, nacido en 1954, convivió con todas las dictaduras. Fue sobre el final de una de ellas cuando quemó todo lo que había escrito y no volvió a hacerlo, que se sepa, hasta la creación de Plop. Puedo imaginarlo escribiendo esa historia en medio de la peor crisis económica y social de Argentina, cuando la fragmentación de las relaciones y las personas hacía picadillo las certezas del pasado y cualquier proyecto de futuro, aunque solo fuera para pasado mañana.

»No es una manía personal vincular las obras con las dictaduras, las crisis o las guerras. En las tres novelas de Rafael Pinedo: Plop, Frío y Subte, ya sucedió algo parecido al Apocalipsis, y las crisis, la guerra o las dictaduras genocidas llevan el Apocalipsis hasta el sueño más profundo. La muerte se instala en cada gota de agua de nuestro cuerpo.

»No sé aún por qué, la lectura de Plop, el escenario, una llanura barrosa alfombrada por basura, y recorrida por hordas humanas que se han construido nuevas formas de cultura a partir del olvido de lo que sucedía antes de “aquello”, me recordó poderosamente a la tercera parte de El Eternauta. Esa parte que terminó en solitario y en el exilio Solano López, porque su guionista, Germán Oesterheld, ya estaba desaparecido. La misma aceptación de la muerte como prtagonista de la vida.

»Luego he leído Frío y Subte. Confirmando lo que ya sabía, Pinedo fue un grande, un irrepetible, solo, con su estandarte, en medio de un sinnúmero de lugares comunes y repeticiones de gestos literarios, que parecen nuevos porque la ignorancia es uno de los frutos del olvido.

»Desbarro. Bertold Brecht decía que ante un río y un puente el admiraba el puente, porque era obra humana. Tal vez, sin quererlo, definía cuál es nuestra identidad. El río siempre estuvo allí, aunque no hubiera nadie para admirarlo. El puente nos dice qué somos capaces de hacer, y que nos reconocemos en la transformación y el dominio de lo natural. Llamémoslo puente, libro, teoría de la relatividad, escritura, bolígrafo, satélite, internet, cloacas.

»¿Pero qué perdurará si un día sucede “aquello”? Cormac McCarthy, en La carretera, nos cuenta un mundo donde algo sucedió, pero fue hace poco tiempo. Los protagonistas aún tienen memoria del antes. Y angustiada nostalgia del antes.

»En Frío sucede algo parecido, pero al ser narrado desde el enclaustramiento de su protagonista y su lejanía con el mundo anterior, vemos como el pasado se transforma en un presente donde el horror y la locura ocupan el lugar de la vieja cultura.

»Plop y Subte son mucho más tajantes. Ha pasado suficiente tiempo de “aquello” como para que lo que cuentan los más viejos sólo sean imaginerías improbables.

»Ha pasado el tiempo suficiente como para que nuestros descendientes desciendan, asciendan, no sé, hasta un estado en que cada horda construye sus propias creencias, limitadas al mundo que conoce, sobre la tierra, o en la oscuridad cerrada de túneles subterráneos por los que, alguna vez, corrieron los trenes; aunque ya nadie sepa que era un tren. Nada, o muy poco y distorsionado, queda de lo que fue la cultura y la historia del Hombre sobre la tierra.

»Y el sexo. Y el hambre. Y la religión. Alguna vez, comentando El camino del tabaco, de Erskine Caldwell, observé que este trío —sexo, hambre y religión— sobrevive como impulsos animales básicos en ciertas circunstancias. Como si nuestro cerebro reptiliano tomara el poder e impusiera el mandato: comer, reproducirse, inventar una explicación que aleje el miedo.

»Hace poco estuve en Buenos Aires y los escritores porteños con quienes compartíamos pizza y vino, cuando mencioné a Pinedo, de pronto envidiaron a España. Aquí se han editado sus tres novelas, y las tres en Salto de Página. Allí es un escritor de culto sobre el que se ha escrito y hablado más de lo que se ha leído, porque no está editado en Argentina.

»Mientras existan editores como los de Salto de Página seguirá viva la estirpe de aquellos que, como Paco Porrúa, nos descubrieron 100 años de soledad de Gabriel García Márquez. Deo gratia.

»Y mientras pueda encontrar las tres novelas en las librerías no pierda tiempo, corra, compre y lea. Ya me dirá si exagero. Ya me dirá si, como a mí, no le queda grabada con un fuego frío la cenicienta conciencia de la fragilidad del ser.

»Ah… y la repuesta a la pregunta inicial: quién era Rafael Pinedo. Es Plop, Frío y Subte. El resto siempre se resume en un nombre y dos fechas.»

Ra√ļl Argem√≠, Sigueleyendo, 3 de julio de 2012
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Subterr√°nea animalidad

«En esa particular relación de amor y odio que sostienen la literatura y el cine parece que la literatura está siempre condenada a la subordinación, a perder, a ser inspiración, letra pequeña devorada por la facilidad, el poder y la comodidad de la imagen. Parece, incluso, que el mejor destino que tiene una novela para conseguir la fama —y el autor dinero— es convertirse en una película taquillera. Pues Subte es un ejemplo de que es posible que la literatura derrote al cine. Que es posible la paradoja de que una novela —que siempre es visual— no pueda convertirse en una película. Que el escritor puede crear una ambientación que sólo será posible ver en el papel. Porque una película no puede grabarse sin ninguna luz, pero sí que es posible escribir una novela que transcurra en la oscuridad. Porque el hombre, anulado el sentido de la vista, tiene los demás sentidos para intentar saber lo que pasa a su alrededor: el tacto, el olfato, el oído y el habla. Y ese es el primer gran mérito de esta novela.

»Porque Subte es una narración en la que, salvo una pequeña parte inicial y otra final que transcurren en la penumbra, el resto sucede en la más absoluta oscuridad. Pinedo nos presenta, sin preámbulos ni explicaciones, a una mujer embarazada de ocho meses en el interior de un túnel, corriendo por entre las vías, pisando las traviesas que él denomina “durmientes” utilizando la segunda acepción del diccionario. Y así  nos mete en ese espacio angustioso y en penumbra —¿el túnel de una mina?— huyendo de unos lobos hambrientos: “La jauría estaba cerca, muy cerca, demasiado cerca” sin tiempo para ayudar al que tropieza y cae detrás. La condición humana es la de presa y hay que huir para salvar la vida, no ser devorado. Y en esa huida la mujer se tira a un agujero y queda aferrada a unos cables que evitan que caiga al vacío. El hueco de un ascensor. Ya sólo le queda la opción de bajar. Bajar y bajar hasta que sus pies tocan el suelo de otro mundo completamente oscuro.

»El impacto de Subte es brutal porque de cuajo nos arranca de nuestra lógica y cómoda vida. Estamos en el salón de casa cómodamente sentados y desde sus palabras escasas, certeras y terriblemente efectivas, pasamos a estar metidos en un túnel, perseguidos por unos lobos, colgados de unos cables. De la luz pasamos a las tinieblas, no tenemos linterna, cerillas ni móvil. Y la luz, que es algo lejano, no puede tocarte la piel; si lo hace produce horribles quemaduras que acaban matándote. No se puede vivir fuera de la oscuridad, fuera del túnel. ¿Desde cuando y por qué? ¿Qué ha pasado? Ninguna de esas preguntas importa. Ahora pasaremos miedo, hambre y beberemos el agua que transpiran las paredes. Estamos solos, no vemos nada y alguien nos atrapa, nos golpea sin hablarnos y nos lleva a un lugar desconocido.

»Subte supera cualquier expectativa. Julio Verne con su Viaje al centro de la tierra escribió una novelita rosa. Pinedo lleva esa experiencia al extremo de lo imposible. A un submundo dentro de una piedra horadada. A la vida en lo más profundo de la entraña. Y todo a ciegas, sin ver. Como las criaturas abisales que viven en la oscuridad. Pinedo nos presenta de golpe la vida humana retrocediendo muchos miles de años. Regresión desde la modernidad, pesadilla de El planeta de los simios de Pierre Boulle.

»Pinedo reduce toda la civilización a lo más básico. La humanidad a tribu y el hogar a vivac, la escuela a enseñar a contar con los dedos de la mano y a unos cuantos consejos prácticos para sobrevivir. La tradición es una ceremonia de apareamiento colectivo y el nacimiento es al mismo tiempo la transmisión del alma y la muerte de la madre.

»Puedo reírme ahora de cualquier historia de tribus primitivas y su comportamiento salvaje, inmisericorde. Puedo reírme ahora de cualquier ritual y sacrificio, de cualquier condena y esclavitud, de todos los circos romanos y las minas de Barrabás. Subte los supera a todos. Porque el terror es la propia tribu, es vivir dentro de ella y sus leyes; la pertenencia a una secta y su destino, el hombre reducido a su esencia animal; a su mismo valor y utilidad. Pero Subte es también la mujer y su fortaleza física, su lucha por la supervivencia, la superación del miedo, el dolor y la oscuridad, y por encima de todo, capaz de superarlo todo, de hacer cualquier cosa, el instinto maternal.»

Luis Borr√°s, Culturamas, 29 de junio de 2012
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Subte de Rafael Pinedo

Lo primero que sorprende de este libro es su originalidad. Recuerdo pocos libros en los que el principio sea tan abrupto. Subte nos introduce en su narrativa como si nos agarran por la pechera y nos tiraran hacia el interior del libro. Desde el inicio del libro hasta el final del mismo, la sensación que Pinedo transmite es la de haber realizado un viaje frenético e intenso en el que lo que menos importa es el destino. Lo importante es no parar, no pensar, no sentir, sólo correr, sólo seguir adelante para evitar los peligros que página a página tenemos que sortear con la protagonista de la historia.

Pinedo nos desgrana capítulo a capítulo el origen de esta frenética huida a ninguna parte que emprende la protagonista Proc de los peligros que le acechan, al tiempo que, entre geniales pinceladas narrativas, nos permite intuir cual es el origen de esta huída y el contexto del mundo postapocalíptico en el que se mueve. Página a página descubrimos quien es Proc, de que huye y como la huida en sí de los peligros que la atenazan, acaba convirtiéndose en la clave para su supervivencia del funesto destino que les aguarda a las mujeres preñadas de su tribu.
Proc huye de la jauría de lobos que la acechan y que ansían su carne en un mundo poblado de ruinas y restos de una civilización no tan lejana a la nuestra, refugiándose entre túneles de metro y vías de tren, para descubrir a otros seres humanos que han huido del caos de la superficie y se han adaptado a la vida de los túneles y la oscuridad que reina en ellos. Y es en este momento cuando la novela comienza a tomar forma. Pinedo, cual Virgilio en la Divina Comedia, nos toma de la mano y nos lleva a través del extraño mundo de oscuridad y de los seres que lo habitan, para abandonarnos a continuación a nuestra suerte. Se limita a dejarnos en territorio desconocido y nos obliga a ser capaces de entender que es lo que está pasando alrededor de la protagonista. Pero esto, lejos de ser una traba para la novela, es uno de sus principales aciertos, pues al no justificar ni explicar nada de lo que está sucediendo obliga al lector a involucrarse en la resolución del origen del misterioso mundo, al tiempo que le anima a seguir leyendo para tratar de descubrir nuevas pistas que le permitan completar el puzle de Subte.

El siguiente acierto es el lenguaje que Pinedo emplea para narrarnos la historia. Sus personajes hablan con frases cortas, como ráfagas y con una sintaxis básica. Si a esto añadimos las descripciones espacio-temporales del libro, recorriendo un mundo de túneles y laberintos en el que nos movemos horizontal y verticalmente entre la oscuridad hasta perder cualquier referencia del espacio y el tiempo tendremos el mundo de Proc: cualquier lugar de la Tierra en un tiempo no muy lejano en el que la humanidad ha involucionado hasta un estado semi-animal.

Pinedo omite las referencias a los clásicos de la distopía como Huxley, Orwell y Bradbury (aunque son inevitables sus ecos) y nos enfrenta a una realidad distópica no tan lejana a la planteada por Saramago en su Ensayo sobre la ceguera, en la que nos muestra un mundo alterado por una catástrofe que ha trastocado las reglas de la sociedad actual, convirtiendo a los seres humanos en seres brutales más que en humanos, un mundo en el que la involución nos lleva a celebrar aquello que nos une a otros seres vivos: el sentimiento de maternidad de la protagonista y la celebración de la vida a través de la descendencia.

Rubén J. Olivares, Letras en vena, 23 de junio de 2012
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Una distopía sobre la maternidad. Subte de Rafael Pinedo

«El de la utopía es uno de los géneros híbridos más interesantes que se pueden dar en literatura. Obedece a la necesidad de presentar una alternativa a un sistema desequilibrado e injusto que pone en una balanza a los oprimidos y en la otra a los opresores. Parece como si la propia estructura humana (al igual que muchas de las estructuras del reino animal, como sucede con las hormigas y las abejas) no pudiera subsistir sin un sistema piramidal de jerarquías.

»En nuestro Occidente la utopía tomó forma en la Antigua Grecia, y uno de sus padres fue Antístenes, que según Diógenes Laercio había ideado una República que se oponía a la propiedad privada y abogaba por el regreso a los orígenes, huyendo de las ciudades que se habían convertido en lugares depravados. También defendía la igualdad de sexos y la eliminación de la identidad nacional.

»Esta piedra angular se repetiría durante siglos, porque la idea de la utopía se basa justamente en eso, en exponer los principios fundamentales de un posible mundo mejor, un mundo más justo e igualitario.

»Después vendrían Platón, Yámbulo, Moro, Campanella, Montesquieu, Diderot… y tantos otros que ofrecían alternativas a un modelo insostenible.

»Pero lo más interesante de este género se produciría con la llegada de la Ilustración, porque la ciencia se pone al servicio del hombre y entran en juego desde las teorías de la evolución a las del eugenismo.

»Es justo en este momento cuando la «utopía» (que siempre se daba en mundos paralelos al nuestro, coetáneos en el tiempo) se plantea la posibilidad de pensar el destino del hombre en otro espacio temporal, en un futuro imaginario. Esto se produjo en 1770, gracias a Luis-Sébastien Mercier, que escribió El año 2440. Sueño como jamás he conocido. Fue el pistoletazo de salida para las llamadas «ucronías».

»Si sumamos esto a la industrialización galopante de los siguientes años y a la aceptación de las teorías evolutivas de Darwin, veremos como el género va tomando una consistencia particular, en donde se suma la didáctica, la filosofía, la ciencia, la sociología, la tecnología… todo al servicio de la literatura y de un nuevo género que podríamos llamar «ciencia-ficción», o también de «anticipación» si se quiere.

»Porque lo que se intenta es hacer crítica social proyectando modelos económicos a un futuro determinado, estudiar la evolución de ese sistema para saber en qué puede acabar. Y, por lo general, partiendo de las injusticias sociales que se acentuarían en el siglo XIX, el futuro no era nada alentador.

»Antes de que se produjeran las distopías (gracias al nuevo prisma pesimista que distorsiona las utopías ingenuas del pasado) más famosas del siglo XX, ya habíamos visto mundos oscuros y postapocalípticos en Bulwer-Lytton o en Wells, futuros en los que el hombre parece haber perdido sus rasgos culturales y de progreso y vuelve a las cavernas, se reorganiza nuevamente en clanes, tribus, e incluso pierde el lenguaje. Involuciona.

»El tríptico de Rafael Pinedo se sostiene en esto: en la involución. Imagina un mundo en donde el hombre va descendiendo en su jerarquía de animal dominante para adaptarse al nuevo entorno natural, un paraje sombrío que nos devuelve al origen de las cosas.

»Plop, Frío y Subte es la trilogía del desgaste, de la involución. Y Subte supone el broche definitivo del regreso a lo animal.

»Se podría decir que las tres son novelas hermanas en temática e incluso sincrónicas (un tiempo indeterminado que nos muestra nuestro mundo devastado).

»Subte transcurre dentro de túneles de trenes. Nos lleva de la mano de su protagonista, Proc, una mujer embarazada cuyo cometido es dar a luz en el otro extremo del túnel, inmolarse para, en una suerte de metempsicosis, entregar su alma a su futuro recién nacido. Traslado del alma a otra morada, otro cuerpo. Y Proc emprende un viaje que recuerda al de los salmones remontando el río para desovar, y todo esto después de un Ritual de Apareamiento.

»En Subte vemos dos especies distintas: las de los sordos y las de los ciegos. Los dos viven alejados de la luz, unos justo en la entrada del túnel del tren, y los otros mucho más profundo, en donde todo es oscuridad y sólo se percibe la realidad mediante el tacto y la percepción que imprime un sistema de sonar, como murciélagos arrojando ultrasonidos para configurar el entorno.

»Son dos tribus diferentes con diferentes leyes y costumbres.

»Rafael Pinedo no ejerce de Virgilio enseñándonos estos mundos. Se limita a dejarnos en territorio desconocido y que nos entendamos como buenamente podamos. Y ahí está su acierto, que no justifica ni explica esa realidad: las cosas son como son.

»Por eso a veces resulta complicado entender la situación espacial, porque está construida desde la percepción de los personajes, no para que el lector lo perciba. El lector tiene que poner de su parte para reconocer ese escenario, para comprender qué significa «durmiente» o «entenado».

»A veces sí que es evidente, pero es que sin estas pistas quizás nos perderíamos irremediablemente en la confusión:

»El viejo Birm había dicho: «Uno va por el túnel, encuentra un cuarto pequeño, entra, los cables se cortan por el peso, el cuarto se cae, uno se muere. Eso es un ascensor».

»A pesar de que la novela es desalentadora, por lo que tiene de futuro incierto, es un canto también al renacer, al optimismo, aunque para ello sea necesaria la metamorfosis, la transformación en animal. Algo que sólo puede producir el amor de una madre por su hijo.

»Proc hace su particular viaje de desovación y cae en las manos de los ciegos, una suerte de topos con un sistema jerárquico mucho más cruel e irracional que el propio sistema de Proc (que también tiene sus irracionalidades, aunque para ella es de lo más racional).

»El mundo de Subte tiene ecos de Wells, por eso reconocemos a los “elois” en los “sordos” y a los “morlocks” en los “ciegos”. Pero en este caso no disponemos de máquina del tiempo que nos lleve a estos parajes. Sólo aparecemos. El libro es la máquina del tiempo. El lenguaje preciso, sencillo, cortante es la máquina del tiempo. Proc es nuestro guía a falta de viajero de la máquina del tiempo.

»Todo está condicionado por el vértigo del lenguaje, por la percepción temporal y espacial que nos brinda la ignorancia de nuestro entorno, aunque sea reconocible por lo que tiene de vestigios del pasado (de nuestro presente).

»Pinedo se salta las distopías de Huxley, Orwell y Bradbury y nos pone frente a una realidad que recuerda en mucho a la epidemia tramada por Saramago en su Ensayo sobre la ceguera, para abrirnos los ojos a un mundo distorsionado en donde las reglas han cambiado y sus protagonistas son más animales que hombres, como una fábula sobre la condición humana en donde la involución nos acerca al principio fundamental de la vida: el sentimiento de maternidad y la supervivencia de la especie.

»Cuando vuelve en sí encuentra que su hija está dormida sobre ella. Pensó en su hija (¿es su hija?).
Salió de adentro de ella; ella no sabía que era posible, pero salió de adentro.
Toca entre sus piernas. Nunca vio eso. Una gelatina viscosa. Nunca sacan eso de las madres muertas.
»

Jorge de Barnola, Factor Crítico, 18 de junio de 2012
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Subte

«Una vez más el extinto Rafael Pinedo voltea y sacude la realidad para llevarnos hasta un mundo inquietante en esta última entrega de su trilogía, tras Plop y Frío, en la que la vida logra abrirse camino, a pesar de las oscuridades físicas y sociológicas, y en la que una mujer se convierte en todos los seres humanos, en una extensión de una raza cuyo único objetivo es la supervivencia. Deberían leer esta novela los amantes de lo superfluo, así se abriría en sus mentes un buen puñado de horizontes.»

Antonio Parra Sanz, La Verdad, 2 de junio de 2012
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Subte, el libro que cierra la trilogía sobre la destrucción de la cultura

«Subte nos trae la historia de Proc, una joven que vive en su tribu bajo tierra en unas antiguas minas que ya nadie usa. Narrado desde el punto de vista de la joven nos cuenta los pormenores de la vida cotidiana de su clan.

»Todo comienza cuando ella y un niño con el que ha ido a buscar comida son perseguidos por lobos. El niño que apenas tiene seis años se rompe la pierna y ella le deja allí para morir y que así le de algo de ventaja.

»Puede resultar frío, pero si conoces la literatura de Rafael Pinedo sabes a lo que te enfrentas. Es crudo, es original y extremo. Su trilogía que como él la ha denominado "la destrucción de la cultura" comienza con Plop, seguido por Frío, y termina con Subte. Aunque son de lectura desordenada, pues sus escenarios como sus personajes varían entre sus diferentes historias. Su lenguaje común: la distopía lejana, sus protagonistas femeninos y su dureza.

»Proc está embarazada y a pocas semanas de dar a luz, en su universo las madres han de pasar su alma al hijo con el cuchillo. El padre las raja y saca al bebé del interior, con suerte éstas vivirán lo suficiente para poder ver al bebé antes de morir. Es muy importante traspasarles el alma. Por eso Proc corre por su vida y por la vida de su bebé nonato. Pero se desorienta y termina corriendo por un túnel que no conoce y cae en el hueco de lo que antaño fue un ascensor. Se engancha de los cables y no ve forma de ir hacia arriba, así que decide ir como puede hacia abajo. Raspándose las manos, las pantorrillas, los pies... hasta que se encuentra con otra tribu que se la lleva hacia los "hacedores del tiempo". Su destino es muy desalentador: o se queda entre los "ciegos" y puede vivir pariendo a su hijo como un animal sin alma y éste con suerte será torturado para ser un hacedor de tiempo, o puede escapar a su tribu y dejarse rajar para sacar a su hijo y que éste tenga su alma. ¿Qué le ocurrirá a Proc? He de decir que me esperaba un final y el que me ha encontrado me ha emocionado porque me ha encantado. No me lo esperaba en absoluto, la sorpresa es todo un descubrimiento.

»Aunque es una novela muy corta, de 104 páginas, la narración de Pinedo te absorberá y te hará perder la noción del tiempo, incluso del bien y del mal poniéndote en la piel de Proc. Conocerás unos personajes, que de tan bien perfilados los amas. Es una de las novelas que más me han gustado y el desaparecido Pinedo se ha convertido en uno de mis escritores favoritos. Subte cierra la trilogía. Y que estén editados por Salto de Página es otra garantía de que has escogido bien. Si me preguntaras ¿Con cuál de los tres te quedas? No se puede escoger entre tres joyas. ¿La escogerás tú?

Aída Albiar García, El Simio Lector, 23 de mayo de 2012
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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