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reseñas y críticas Tangram
Tangram, Juan Carlos Márquez

«Se podría calificar de enorme hallazgo a este autor de magnífica prosa y admirable imaginación sin incurrir en la hipérbole. Ahora que parece que todas las parcelas de la literatura ya han sido conquistadas y colonizadas hasta la extenuación por los más rebuscados y superferolíticos estilos, por los géneros más bizarros y desustantivizados o por los más delirantes y desesperados recursos (como si el pozo de la literatura estuviera agotado y hubiera que sondar otros lugares como zahoríes dementes) hallar a un autor como Juan Carlos Márquez le hace a uno desposeerse de tales ideas y recuperar la agradable sensación de que la literatura es infinita e inagotable como la vida humana, y a veces emerge del aluvión de oferta literaria un autor fuera de los grandes canales comerciales para recordarnos que de ese océano apenas hemos hecho en mil años de historia de la literatura un cabotaje por sus concurridas costas. Con Tangram Juan Carlos Márquez se incursiona hasta las arriesgadas aguas del mar profundo y como su título indica nos construye un puzle chino o Tangram, un mosaico o más bien tapiz de historias entrelazadas a lo largo de siete relatos, cada uno de los cuales bien pudiera leerse de forma autónoma o bien leerlos seguidos —lo recomendable y casi inevitable dada su hipnótica prosa— de cabo a rabo hasta construir ese puzle o Tangram en que cada pieza irá acomodándose a su lugar dilecto, para disfrute del lector, convirtiendo la inverosimilitud y el desaguisado que en un inicio azora al lector en sorpresa creciente y emocionante, hasta alcanzar en el extático desenlace/final el somero orden de las cosas y las vidas relatadas bajo un nexo causal que se inmiscuye en diferentes y a veces antípodas caracteres, como el psicópata que busca sus nuevos pagos de crueldad en Islandia pero cada nueva víctima seleccionada se le va muriendo casualmente —el aparente azar, como regidor de unos destinos que están predestinados a obedecer un orden, como un Tangram. Pero un Tangram también es un puzle que puede tener diferentes disposiciones: como en el relato de la Liga de la Sinceridad (bien podría ser el primero), hermandad botarate de adolescentes aburridos que desencadenarán sin quererlo una hilación de sucesos y existencias marcadas por el devenir de su pueril e ingenua decisión hasta retrotraernos algunos relatos después (último relato: “Las gemelas”) a la límpida solución del secuestro de dos hombres por una obesa mórbida y terrorífica (primer relato: “El sótano”), antaño la diva del teatro Dori Galdaretxe y cuyo flamante esposo el famoso artista Gaetano Iabichino fue hallado muerto treinta años antes en una bañera de su piso de Milán (algunos relatos no están exentos de ciertas nostalgias, parece que la nostalgia o el recuerdo enquistado en las soledades también anega unas vidas incardinadas en el caos). De la casualidad a la causalidad este estupendo trabajo está salpimentado por las estrambóticas peripecias de algunos personajes antológicos; la novela toca algunos mimbres haciendo a su vez homenaje a algunos géneros: desde el relato de terror que no desdeña lo lúgubre o lo sórdido, pasando por la novela pulp o el relato de corte noir detectivesco, el recurso de novela negra americana o el relato costumbrista/mafioso en el que se basa “Crotone”, donde se relatarán las vidas de algunos calabreses bajo la sombra de la N’drangueta. Como hilo narrativo contaremos con una mano congelada (una especie de McGuffin) que como prueba casi fósil de su intrigante razón y destino irá poco a poco devanándose en su sentido, pero cuyo propósito no es otro que el de conducir estos siete relatos magníficos que dan su orden a la novela (la suma de las partes es mayor que el todo), como un cañamazo de vidas desquiciadas siempre unidas por una insondable soledad pero cuya génesis vamos poco a poco descubriendo: la obesa mórbida de trato aparentemente monstruoso y cruel, el psicópata que odia el mundo pero que guarda aún un rescoldo mínimo de humanidad en su necrosado corazón, el mafioso que extorsiona a sus paisanos los cuales parecen con todo rendirle respeto y cariño verdadero, el ladrón que será capaz de abandonar a su mujer por un tesoro enterrado o el inspector inmolado ante la vida de una diva pero cuya magia romperá como un rey midas inverso en el momento en que toque la verdadera piel humana y fría que representa el mito por el que está envenenado. Prosa magnífica que nos brinda brillantísimas metáforas e imágenes potentes, este autor parece un maestro para hacer maridaje entre humor y terror, o entre intriga y nostalgia, como si en el cupiera cualquier malabarismo narrativo.

»En fin, celebro mil veces haber descubierto este autor al cual no es difícil vaticinarle éxitos futuros y del que recomiendo leer su Tangram publicado en Salto de Página. Como dijo Luis Alberto de Cuenca de otro brillante autor patrio tocado también por la gracia, “está condenado a escritura perpetua”.»

Ignacio Gómez-Cornejo Gilpérez, La tormenta en un vaso, 5 de noviembre de 2012
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Tangram, de Juan Carlos Márquez

«El tangram es un antiguo juego chino de ingenio que se presenta como una base cuadrada con siete piezas dentro (o tans): cinco triángulos de distinto tamaño, un cuadrado y un paralelogramo. La finalidad del juego no es otra que conseguir hacer un sinfín de imaginativas figuras con las piezas una vez sacadas del la base cuadrada. Los resultados pueden ser asombrosos. Igualmente increíble creo que te resultará la nueva obra de Juan Carlos Márquez, la novela de nombre “Tangram” de la que hoy os hablaré.

»Dos muchachos del grupo universitario de teatro acuden una tarde a la casa de Dori Galderetxe, una antigua diva del mundo interpretativo venida a menos (entre otras cosas, por su grave problema de obesidad) para una sesión privada de actuación. Ninguno de los dos podría jamás sospechar que aquella inocente visita podría acabar con un encierro de varios días sin apenas comida y agua. ¿Qué pretendía Dori Galderetxe con tan cruel secuestro? ¿Será verdad que la diva asesinó también a su ex marido, el también actor Gaetano Iabichino? ¿Tienen estas preguntas y muchas otras que sin duda surgirán durante la lectura una respuesta sencilla?

»Juan Carlos Márquez es uno de los mejores cuentistas actuales de nuestro país. Sus tres libros publicados hasta el momento, Norteamérica profunda, Oficios y Llenad la Tierra (éste último fue reseñado hace un tiempo en La Biblioteca Imaginaria), obras con gran éxito entre la crítica especializada y los lectores asiduos del cuento, así lo confirman. No le conocíamos, sin embargo, aún como novelista. Tangram, su primera novela, supone una grata sorpresa por dos motivos: uno, porque para muchos puede que fuera casi imposible pensar en Juan Carlos escribiendo algo diferente al cuento; y dos, por lo excelente de esta obra.

»Juan Carlos Márquez deja momentáneamente el cuento con Tangram, aunque no del todo, ya que ésta no es una novela tradicional, sino más bien una obra de tipo fragmentario. Así, cada capítulo que nos presenta el autor supone una pieza del juego del tangram y, al juntarlas todas, obtendremos la figura final y todas las respuestas a las numerosas preguntas que, como decía antes, nos iremos haciendo. Pero eso no es todo, amig@s, pues, además, cada una de estas piezas o capítulos es una historia completa en sí, una pequeña obra narrada en primera persona siempre por un personaje distinto que nos presenta una historia significativa en su vida y que, sin él saberlo, marcará al resto de los protagonista de este conjunto coral.

»Con  todo esto lo que quiero decir es que tanto “El sótano” (capítulo donde se nos presenta la historia del secuestro de los dos muchachos por parte de la obesa Dori Galderetxe), como “El caso Iabichino” (episodio que nos lleva a conocer el amor vivido entre la diva y un comisario de policía), “El síndrome de Reikiavik” (donde conoceremos las aventuras de un psicópata vacacional en tierras islandesas), “La liga de la Sinceridad” (episodio que nos muestra lo crueles que pueden ser los niños y lo odiosas que resultan las casualidades), “Un millón de libras” (capítulo que nos narra las peripecias de un ladrón por conseguir rescatar su tesoro), “Crotone” (intensísimo capítulo que nos sumerge en la vida de un pueblo condenado a rendir cuentas a la mafia) y “Gemelas” (episodio donde los flecos sueltos de la historia global dejarán de serlo) pueden leerse de forma independiente, como si de relatos se trataran. Pero no lo hagáis así, amig@s. Mejor seguid el orden establecido en el libro y no perdáis ninguno de los detalles que estas intensas historias, a veces irónicas, a veces dramáticas y crueles, nos revelan. Como resultado (esa figura final que os decía antes) obtendréis un thriller original tanto en la forma en la que se nos narra como en la multitud de historias que conforman la gran historia de la novela, una obra de minuciosa ingeniería literaria a la que es muy difícil encontrarle fallos, por mínimos que estos pudieran llegar a ser.

»El tangram es un juego chino antiguo, entretenido e imperecedero. También Tangram es una gran novela corta, pero tremendamente intensa que creo que gustará por igual tanto a los amantes del relato como al de la novela de intriga. El caso es que la obra merece la pena. ¿No te atreves a comprobarlo por ti mism@?»

Cristina Monteoliva, La biblioteca imaginaria, Marzo de 2012
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Tangram

«El Tangram es un juego chino que consiste en juntar triángulos, un cuadrado y un paralelogramo para formar figuras. Y eso es un poco lo que Juan Carlos Márquez nos plantea, nos presenta un cuadrado cinco triángulos y un paralelogramo para que nosotros juntemos sus bordes y dibujemos la novela en nuestra mente. Algunos pensarán que eso no es una novela, que nos presenten un montón de relatos con protagonistas diversos para hacer figuras no es una novela. Me da igual. Me gusta de hecho que no todo esté unido al uso, me estimula y me provoca. Pero lo mejor de Tangram es el humor. Como no conocía a Márquez no podía imaginar ese humor negro llenando los relatos, la sonrisa pérfida que te deja en la boca al leer sobre un pobre asesino al que se le adelanta el suicidio de la víctima o los pobres muchachos que comen carne humana en el sótano. Sonrisa y carcajada.  Asesinos, ladrones y pobres desgraciados llenan los relatos de Tangram. Madrid y Bilbao. Reikiavik y Calabria. Y al final el paralelogramo que une todos los bordes. Personas y lugares.Un juego para unir que no tienen por qué leerlo de continúo, que pueden ir saltando de uno a otro, incluso releer.

»Me ha sorprendido mucho y para bien, Márquez. Pese a que en algunas de esas carcajadas mal disimuladas los de al lado me hayan mirado mal, y se hayan quedado con los ojos muy abiertos cuando les he contado por qué me reía. Así que si ustedes no quieren descubrir que son malos, dejándose arrastrar por el humor negro y bien escrito, si no quieren conocer a Valle. acosar a un pobre hombre gordo, seguir a un asesino por Islandia, reunirse con los mafiossi en Calabria, conocer a una diva que encierra a dos muchachos en un sótano, o pasear del brazo del comisario Olabarrieta no abran el libro, no lo compren, ni siquiera lo ojeen. Por que si usted, lector -no devorador de novelas-, se acerca y lo ojea, estoy segura que acabará llevándolo bajo el brazo a casa para disfrutar.

»No voy a juzgar su estilo, no voy a juzgar si las comas están en su sitio. Soy un simple lector entusiasta, y me han entusiasmado tanto que lo he leído dos veces. ¿Y ustedes?»

Maite Diloy, Brisne, buceando entre libros, 9 de febrero de 2012
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El azar y sus planes

»Pensé comenzar diciendo que Tangram es un libro ameno que deja en herencia una sabrosa sonrisa. Pero, aunque eso sea completamente cierto, quedaría demasiado simplón y podría inducir a error. Este no es sólo un libro para pasar un buen rato. No es literatura de entretiempo. Así que corregiré para evitar posibles malentendidos. Márquez es formal y gamberro, soez, ácido y discretamente dulce, ingenioso, mutante, descarado, imaginativo y absolutamente brillante. Me ganó para su causa citando en la primera página a Uri Geller y al profesor Jiménez del Oso. Los mitos de la infancia televisiva unen mucho y crean afinidades automáticas. Pero en el caso de Márquez no necesito mentir porque los dos seamos hinchas del mismo equipo de fútbol, vayamos a las mismas manifestaciones o nos emborrachemos en los mismos bares. Con él no tengo deudas. Para recomendarle me basta con ser sincero en ayunas y sin una gota de alcohol en sangre.

»Tangram es una novela con la misma estructura que Concesiones al demonio de Óscar Sipán. En realidad una no-novela formada por varios relatos independientes pero entrelazados entre sí a través de unos personajes que se dan el relevo en una carrera sin tregua hasta que al final todo encaja. El pasado te persigue, se quedó con tu cara, sabe donde vives y viene a buscarte. El debate formalista de lo que es y no es una novela es lo de menos cuando hay calidad y talento de sobra.

»Tangram son siete historias encadenadas por el azar y sus planes. Unas veces el azar resulta irracional y cruel, otras benefactor, caprichoso o tragicómico, y otras excitante, hijoputa o traicionero. Relatos en los que siempre la narración toma un giro imprevisto. Márquez podría ser como el conductor de un autobús urbano que, de repente, en un cruce, pega un volantazo y se desvía de la ruta prevista. El viaje toma un nuevo camino inesperado y él sonríe desde su asiento viendo nuestra cara de asombro. Márquez acelera y frena, maneja el viaje, te lleva por donde quiere y nunca resulta aburrido. Tiene la virtud y la capacidad de los buenos narradores: es versátil. Cada relato es distinto, redondo y nutritivo. Distintos escenarios y distintas tramas y en todos sobrevuela el humor negro o el sobre sorpresa de la tómbola.

»Márquez es directo y sincero, moderadamente tierno y crudamente realista, dinámico y ocurrente. Y en las obsesiones, frustraciones, tonterías de juventud y edad del pavo, enamoramientos, rendiciones, cordura, locura y revanchas de sus personajes consigue que nos identifiquemos con ellos. Un  disparatado y jugoso camino muy bien urdido.

»Márquez es un peliculero, un hábil y exquisito contador de historias. Secuestros, canibalismo, equívocos, atracos y  tiroteos, mapas que marcan tesoros enterrados, tipos excéntricos y vulgares, amores imposibles, mafiosos y vendettas, cotilleos de modistas. Sus historias enganchan, una vez que has comenzado no puedes dejarlo. Mientras algunos hacen cinexin o estereogramas con los relatos, Márquez hace una road-movie con siete cortos sencillamente cojonudos.»

Luis Borrás, 2 de febrero de 2012
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Tangram, de Juan Carlos Márquez

«La editorial Salto de Página se está convirtiendo en una de las mayores sorpresas en clave literaria de los últimos meses, al menos para mí. No cesan en su empeño (desde aquí espero que no dejen de hacerlo) de editar autores y títulos magníficos como el que hoy me trae por aquí. En esta ocasión, voy a hablaros del libro Tangram de Juan Carlos Márquez, autor que desconocía totalmente.

»Este joven escritor se ha ganado cierto prestigio con sus relatos y hace bien poquito, decidió dar el gran salto a la novela con notables resultados, viendo el resultado final. Tangram se articula a través de siete relatos o historias autoconclusivas, los cuales al final del libro se entrecruzan, dando lugar a una historia tipo ‘Vidas Cruzadas’ muy bien hilvanada. No voy a desgranar los siete relatos uno a uno, porque la magia de ellos está en el puzzle que ha creado el autor al final del libro, y hay demasiado riesgo de contar algun detalle que rompa ese suspense, incluyendo el juego literario de su propio título.

»Uno de los aspectos más importantes que se pueden comprobar en sus páginas es el estilo tan depurado que tiene el autor, con un desplieque de recursos tan precisos como la hoja de un bisturí y que se nota que le ha dedicado muchísimo tiempo a que no falte ni sobre nada, todo está en su sitio. Otra de las características que me ha llamado la atención es la nomenclatura que Juan Carlos Márquez le dá a cada uno de los siete relatos con los nombres de las piezas del Tangram (juego chino muy antiguo): un cuadrado, cinco triángulos y un paralelogramo, dando como resultado un empaque muy visual de estas figuras geométricas, encajando todas sus piezas al final, como ya he comentado anteriormente.

»Anunciar también que la novela ha sido galardonada con el Premio Sintagma 2011 concedido por la librería almeriense del mismo nombre, premio muy merecido y que ayuda a que novelas como ésta y otras muchas de autores semidesconocidos con gran calidad se den a conocer entre un público más mayoritario, constatando lo que muchos ya sabemos: la altísima calidad que están alcanzando nuestros escritores patrios no envidian para nada a la de otros ya totalmente consagrados, nacionales o internacionales.

»Desde aquí, mi más sincera recomendación para lectores inquietos que quieran leer algo diferente. Seguro que más tarde me lo agradecen.»

Francisco José Arcos Serrano, Crónicas literarias, 31 de enero de 2012
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Tangram, de Juan Carlos Márquez

«En un panorama editorial tan encorsetado como el actual, regido por unas normas estrictas que dictan que la “buena novela” surge a partir de las sesenta mil palabras (que se lo cuenten a Sábato, o a Cormatt McCarthy, o Richard Matheson…), encontrarse con un libro tan atípico en ese aspecto como lo es Tangram resulta esperanzador. Primero, porque sigue habiendo autores con agallas, que crean sin imposiciones, sin pensar en que la criatura quizás no tenga cabida en el mercado. Pero ahí está esperándole el segundo elemento que genera esperanza, que es el editor al que tampoco le faltan agallas, que valora el manuscrito por su calidad literaria, y no por el número de palabras, arriesgándose a que quizás el lector (nosotros, a los que nos han intentado inculcar que la literatura se compra al peso) le dé la espalda a su propuesta.

»Pero no solo en su extensión (unas 160 páginas) es poco convencional esta novela. ¿O era una antología de relatos? No, no, es una novela. Novela conformada por siete historias que casan entre sí reordenándolas de la manera que el lector considere, según el prisma que quiera aplicarle. Juan Carlos Márquez nos entrega este juego chino de piezas para que seamos nosotros los que encajemos el conjunto a nuestro antojo. Para eso es necesario un tiempo de reposo tras la lectura, contemplar estos vasos comunicantes con perspectiva. Solo entonces podremos procesar con satisfacción esos platos con infinidad de matices en sus sabores, placenteros mientras los disfrutas, pero no menos cuando haces su digestión. Porque calan, porque deben llegar al flujo sanguíneo y pasar a formar parte del organismo.

»El autor consigue, con la que se considera su primera novela, hilvanar una de las historias de misterio más complejas en fondo y forma que el que suscribe ha tenido el placer de leer. Y lo hace siendo fiel a un estilo que nada tiene que ver con la literatura “chicle” que tanto se estila. Nada de lenguaje directo y cinematográfico, sino una prosa tan pulida que uno entiende enseguida por qué se ha tomado su tiempo antes de decidirse a un formato más extenso. Original, ingenioso, divertida y mordaz, Tangram es una obra de madurez creativa de un autor joven que todavía no nos ha dado lo mejor de sí, estoy seguro.

»Como único punto negativo apuntaré, aun sabiendo que quizás sea una apreciación personal (me tomé mi tiempo para completar su lectura), que en algunos relatos las voces de los narradores, siempre en primera persona, se confunden entre sí. Esto, que a priori sería un handicap, se convierte en un elemento de misterio más, obligándote a volver hacia atrás para recolocar aquella pieza que se había quedado descolgada.

»Ahora sí, creo que ya tengo un cuadrado. Pero no me gusta, voy a darle otra forma. Es la magia del Tangram, que tengo un libro corto que releeré todas las veces que esté dispuesto a disfrutar del juego.

»Un momento, no he hablado de la trama. Esperad, que voy a volver a montarlo.»

Darío Vilas Couselo, Cultura Hache, 31 de enero de 2012
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La novela-rompecabezas de Márquez

«La primera novela de Juan Carlos Márquez, Tangram, evidencia que nos encontramos ante un escritor de esmerada narrativa. Finalista en dos ocasiones del premio Setenil (uno de los más importantes en lo que a relato se refiere) por Oficios y Norteamérica profunda, la prosa de Márquez “es una de las más cuidadas que podemos encontrar”, como señalaba la librería Sintagma, organizadora de los premios homónimos, que no dudó en catalogar Tangram como la mejor novela del año, “un juego literario desde su propio título, exponiendo un buen montón de historias que nos veremos gozosamente obligados a ordenar y encajar”, apuntaban los organizadores del galardón.

»Pero vayamos por partes. El título del libro remite al rompecabezas chino consistente en formar siluetas de figuras con siete piezas hasta acabar creando un cuadrado. La leyenda dice que un sirviente de un emperador chino tropezó mientras portaba un mosaico cuadrado y que al caer se le rompió en pedazos sin que pudiera volver a montarlo. Al intentar rehacerlo vio, eso sí, que podía formar muchas otras figuras. Las piezas que componen el juego son cinco triángulos, un cuadrado y un paralelogramo, las mismas que conforman los capítulos de la novela de Márquez. Siete relatos que funcionan por separado, al igual que las figuras del tangram, pero que están relacionados entre sí a través de sus personajes, como si se tratase de un rompecabezas literario con protagonistas que se expresan en primera persona.

»Este juego narrativo permite que cada una de sus piezas se entiendan como relatos independientes, que éstos puedan leerse sin un orden establecido, autónomamente, hasta el punto de que el cambio de orden permite figuras distintas de una misma novela. “Desde muy pronto, en el comienzo del proceso de escritura tuve claro que la novela sería coral, varias historias que alimentaran una intriga común, general, que sería la que dotaría al texto de una estructura novelesca”, apunta Márquez. “Pensé primero en un puzle, pero esa estructura es muy frecuente y tampoco servía exactamente para mis propósitos: yo no quería un entramado de piezas que formaran una sola figura, sino varias piezas (siete) con las que se pudieran formar distintas figuras, como en el tangram. Seis de los siete capítulos son intercambiables (el último no), podrían leerse en cualquier orden y el resultado sería una novela diferente para el lector porque los datos que resuelven la intriga le serían desvelados en otro orden, quizá alimentando otras cábalas o posibilidades. Yo propuse una lectura, la que se publicó, pero hay muchas otras posibilidades”, subraya el escritor.

»Tangram seguirá siendo un cuadrado, con su lógica narrativa, con sus personajes rocambolescos, su gemela de discurso diarreico, su mafioso educado, su psicópata asesino, sus gordo orgulloso y esa juvenil Liga de la Sinceridad convencida de que la verdad nos hará libres. Pero también un círculo, porque la novela comienza con un secuestro y finaliza con la explicación del mismo. Incluso aunque sea el lector quien tenga que rellenar los huecos.

»Sólo queda una duda final: ¿novela o conjunto de relatos? Márquez lo expresa con claridad: “Considero que Tangram es una novela porque los personajes protagonistas no solo se cruzan, como ocurre en las novelas de historias cruzadas, sino que los actos de unos influyen, a veces de manera determinante, en otros. No se trata de siete historias independientes, sino de siete más una: ocho”.»

Alex Oviedo, Pérgola, 11 de enero de 2012
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Tangram

«Esta novela, en formato de conjunto de relatos o viceversa, incómoda, transgresora, va iluminando una habitación que solo terminamos de ver entera, o no, en el relato final.

»Y es que el autor nos propone una serie de relatos que podrían no tener nada que ver unos con otros (y que de hecho se podrían leer así, aunque no obtendríamos el placer final del descubrimiento, el premio del círculo que se cierra) si no fuera porque los personajes se repiten, aunque aparecen en distintos momentos de su historia. De esta forma, en cada relato colocamos una pieza del puzzle, sabemos algo más, y nos preguntamos qué tendrá que ver, o suponemos relaciones, que solo al final descubriremos.

»Y así, en el primer relato conoceremos a la inmensamente gorda Dori Galdarexte, que fue actriz de éxito, un sex symbol de su época, una mujer deseada, que vive sola en su palecete de Neguri. Y sabemos que Dori estuvo casada con el cantante Gaetano Iabichino, que murió en extrañas circunstancias en Italia, muerte de la que Dori siempre ha sido sospechosa. Dos actores del teatro universitario, Norberto Fraile y otro, acuden a hacer una representación para ella, porque sigue conservando ciertos contactos en el mundillo que pueden interesar a los estudiantes. Pero en el palacete les espera una terrible experiencia, al límite de la supervivencia. Éste es un relato inquietante, oscuro, que te sitúa y no te deja moverte más del sillón.

»En el segundo conoceremos a un policía enamorado de Dori, cuando ella es joven y triunfadora, que está investigando la muerte de Iabichino, y se enamora con locura de la actriz. Pero solo será en el tercer relato cuando descubramos al asesino del cantante, mientras descubrimos a otros personajes inquietantes, en la trama islandesa. El cuarto relato es terrible: un grupo de descerebrados, entre los que está Norberto Fraile, se alista en la Liga de la Sinceridad, que se dedica a decirle a los demás la verdad: la persecución de gordo al que persiguen insultándole constantemente acaba en tragedia. Hay una presencia constante de los obesos en esta novela.

»El quinto capítulo nos lleva hasta una casa en medio de la nada, cuyo jardín oculta un tesoro. Las habitantes de la casa son Mirta, que hace esculturas de delfines y su hija Luana, que ya ha aparecido por aquí y por allá y que resultará ser una de las protagonistas de la trama central. “Crotone”, el sexto capítulo/relato, nos vuelve a dar noticias del cantante asesinado, y nos explica la razón de una mano seccionada, enviada y posteriormente quemada.

»Y es que todo está relacionado, y eso es lo divertido de esta novela, por lo novedoso de su estructura, por la creación fragmentada de los personajes, y por el trabajo que tenemos que hacer para construir la trama completa.

»Por último, en el séptimo llega la explicación, en un relato que funciona como esa pieza que, siendo tan pequeña como las demás, muestra de pronto esa imagen fundamental que hace que se comprenda el cuadro, que todo tenga sentido, que sepamos quién es quien en esta tragedia repetida a lo largo del tiempo, cruel, casual y siniestra. Un paralelogramo al fín.»

Antonio Martínez Asensio, Tiempo de silencio, 27 de enero de 2012
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Tangram, de Juan Carlos Márquez

«A lo largo de la vida lectora son miles los libros que pasan por delante de nuestros ojos. Unos nos llaman a coger el libro y darle una oportunidad, otros, tras leer el libro nos preguntamos a qué vino ese nombre, y unos cuantos son muy acertados en cuanto a la relación entre título y contenido. Quizá con Tangram lo que hacemos es un juego lector / escritor, y aprovechando el símil que me proporciona el desarrollo del juego chino, diré que así es.

»A modo de piezas del juego, Juan Carlos nos ofrece siete capítulos independientes entre sí, diferentes en cuanto a forma, como las piezas que tiene el Tangram, pero a la vez tienen contacto entre ellos, a través de las aristas, que en este caso son pequeños apuntes que interseccionan cada uno de los capítulos. Seguramente el término fix up sería muy adecuado para señalar de alguna forma qué es Tangram, si se quiere ser más académico.

»Los relatos son tranquilos, calmados, no tienen estridencias ya que no necesitan de ellas, se deslizan por los párrafos como agua en calma, y con finales adecuados y sin necesidad de fuegos de artificio que puedan esconder posibles defectos de lo que hay con anterioridad. Y todos y cada uno de ellos contados con maestría, y que hacen que el lector se imbuya en ellos.
Cada cual tendrá su favorito, como suele pasar con toda colección de relatos que se precie, en este caso, y como señalé hace unos días, para mí esa historia que se queda en el recuerdo y que siempre se tiene presente al hablar de Tangram sería la del asesino madrileño que viaja a Islandia, y que lleva por título "El síndrome de Reikiavik", porque lee que allí hay un índice de criminalidad muy bajo, y allá que se marcha a dar rienda suelta a sus instintos. No me olvido de otros dos más, el cuadrado que abre libro, "El sótano", con una atmósfera muy lograda y que resulta asfixiante. Y me quedo también con el de "Un millón de libras", que tiene el airecillo de esas buenas películas de atracos perfectos y botines escondidos.

»Conocido por referencias el buen hacer de Juan Carlos Márquez con sus anteriores proyectos relateros, no me queda sino certificarlo en esta su primera novela, y que como siempre se dice, que tengamos la siguiente lo más pronto posible, aunque lo bueno siempre se hace esperar. »

Fernando Martínez Gimeno, Anika entre libros, Enero de 2012
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Tangram, de Juan Carlos Márquez

«Tangram cuenta con uno de esos títulos oblicuos que tanto dicen y, a la vez, tanto se guardan a la espera de que el lector descubra las claves que encierra. Su autor, Juan Carlos Márquez, ha reunido siete historias breves que emulan las figuras geométricas del rompecabezas del mismo nombre; relatos con un cierto sentido por sí mismos que ven cómo éste se amplia a medida que los posteriores se suceden para formar un todo mayor. Además esa interacción entre ellos no ocurre de manera lineal, sino más bien global; cada uno mantiene conexiones explícitas e implícitas con el resto de manera que el todo es mucho mayor que la suma de sus partes.

»Tangram nos lleva en una búsqueda en pos de las razones últimas de lo que les sucede a sus personajes por escenarios como Bilbao, un viaje por Islandia, un pequeño pueblo de Calabria o lo más recóndito de la campiña inglesa. Lugares donde padecen vicisitudes que a veces producirán ecos en otros relatos, o sufrirán efectos causados por algo que ya hemos leído. Así, por ejemplo, el personaje desencadenante de los fatales hechos de “El sótano” aparece en el segundo como sujeto de la investigación del detective protagonista y, también, es la hija pequeña de uno de los personajes que se presenta en otro. Márquez traza una compleja red que supone un plus adicional para su lectura. Sin embargo no es un ejercicio de estilo vacío. Las relaciones van más allá del simple engarce entre hechos o personas y unen temas como la soledad y el encuentro entre personajes dañados, la desconfianza y las barreras que levanta, cómo perdemos el control de nuestras vidas en cuanto interaccionamos con los demás, la incomunicación… Un microcosmos reflejo de ese mundo tan aterrador, confuso y carente de misericordia en el que nos movemos, donde el azar nos modela tanto o más que cualquier sentido que queramos imponer a nuestros actos.

»Márquez cuenta cada historia en primera persona, y en presente, a través de uno de los protagonistas. Algunas tienen voz propia, caso de la que nos encontramos en “Crotone”, por el lugar donde se sitúa (un pueblo de Calabria dominado por la mafia de la región, la Ndrangheta) y tener a un niño como narrador; o “Gemelas”, un monólogo bastante intenso. Es posible que mi lectura no haya sido todo lo atenta que podría haber sido, pero apenas he encontrado rasgos diferenciadores entre el resto, aparte de algún que otro trazo mínimo. Una carencia que disminuye la riqueza del conjunto.

»Y también tengo la sensación que no todas las narraciones tienen el mismo peso. A diferencia de las figuras de un tangram, aquí hay piezas más importantes que otras; unas principales que ayudan a cohesionar el conjunto mientras otras son más secundarias, meros apéndices de las primeras. Es bastante evidente en la comentada “Gemelas”, el elemento aglutinador final que cohesiona y cierra los interrogantes que han quedado abiertos, con mucho más peso que, por ejemplo, “Un millón de libras”. También se puede especular que esta interpretación es una consecuencia del orden en el que he leído cada una de ellas y que, en una relectura, jugando ya con el libro y tomando otro orden diferente al que “impone” la linealidad del volumen en papel, esta impresión se diluya.

»En todo caso, Tangram es una novela estimulante que pone a la historia en primer plano y busca ser algo más que una colección de relatos. Una obra polifacética que, si era posible, afianza un poco más a Salto de página como sello imprescindible para estar al tanto de la mejor narrativa de género que se publica en España.»

Ignacio Illarregui, Aburreovejas, 26 de enero de 2012
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Tangram

»Tangram, ¿Qué me llamó la atención de Tangram? Quizás que al leer la sinopsis me resultó atrayente y raro y, el pensar en historias dentro de historias, aunque últimamente comience a estar demasiado visto, me sigue haciendo hervir la sangre. Realmente Tangram, como su homónimo chino, se convierte en muchas lecturas deliciosas capaces de metamorfosearse según la idea de cada una. Ha resultado ser una lectura realmente amena, original y sorprendente.

»En un principio, Tangram está formado por siete historias. Siete que son una, y cuyos títulos van precedidos de una palabra a modo de epigrama que se escapa a mi comprensión, tan lerdo soy.

»1. El sótano: Se nos narra la historia de dos amigos, actores aficionados de teatro que se presentan en casa de una antigua diva del teatro para realizar una representación privada, y acabarán siendo secuestrados y encerrados en un sótano.

»2. El caso Iabichino: El inspector Basilio Olabarrieta será el encargado de investigar el asesinato de Gaetano Iabichino, el famoso ex-marido de la diva del anterior cuento. El inspector llevará a cabo una investigación turbada por el romance que mantendrá con la sospechosa, adolescente fantasía onanista del inspector.

»3. El síndrome de Reijkiavik: Ante la certidumbre de la tranquilidad islandesa, un joven psicópata español se desplazará a su capital para perpetrar un asesinato que perturbe la paz del país. No obstante, no conseguirá consumar sus premeditados intentos.

»4. La liga de la sinceridad: Un grupo de jóvenes estudiantes, amantes del teatro, crean la llamada liga de la sinceridad, cuyo objetivo es evitar la hipocresía de la sociedad y decir toda la verdad que no se quiere oír en aras de conseguir encauzar determinados comportamientos hacia algo mejor. Así, se centrarán en mostrar a un hombre obeso, lo excesivo de su peso mediante un constante acoso moral y humillantes vejaciones continuas. Como era de prever desde la primera línea de este cuente, éste comportamiento tendrá un funesto desenlace.

»5. Un millón de libras: Un ladrón de bancos vuelve, una vez prescrito el robo, al lugar donde enterró el dinero. Por desgracia, en el lugar se erige ahora una casa. En sus intentos por encontrar el lugar exacto de la finca donde se encuentra el botín será descubierto por al propietaria del terreno.

»6. Crotone: Tras la muerte del último "recaudador de impuestos" de la ndragheta (mafia calabresa) un nuevo encargado de tan lucrativa actividad ocupa s puesto en la ciudad de Crotone. Los métodos de este nuevo recaudador difieren sustancialmente de los de su predecesor: se involucra en el bienestar de la comunidad y parece tener rasgos de humanidad, algo que no asimilan los comerciantes del pueblo.

»7. Las gemelas: Un periodista entrevista a una señorita con respecto al secuestro del primer cuento. Esta señorita resulta ser una de las hijas del obeso protagonista de "la liga de la sinceridad". Este cuento en sí, aún siendo el último, se convierte en un prólogo que explica toda la obra.

»Juan Carlos Márquez nos sorprende con una pieza de máxima originalidad y atrevimiento. Una novela que rebosa frescura y entretenimiento, pues cada uno de los cuentos encierra multitud de detalles que los convierten en apasionantes.

»Márquez utiliza un estilo elegante pero de muy fácil digestión y poco a poco va incluyendo sutiles detalles que nos hagan pensar y atar cabos al tiempo que nos permitan ir concatenando las historias que astutamente se ha encargado de entremezclar cual tahúr. Hecho éste que puede llegar a desconcertar pues presenta multitud de configuraciones posibles y, como el juego del que la novela toma su título, cada lector sacará sus propias conclusiones basándose en una secuencia de los hechos que considere más plausible. En mi caso, me ha parecido percibir que cada cuento explica un poco del anterior aportando datos que nos permiten aclararlo, al tiempo que lanza nuevas incógnitas que se resuelven en el sucesivo. Como digo, presenta múltiples lecturas según se desenrede la historia y, me atrevo asegurar que, cuanto más se consiga desenredar esa madeja más apasionante será el resultado final. Por mi parte no creo haber sido capaz de aprehender más de un 50% de la misma pero me siento plenamente convencido del acierto que supone esta novela.

»Una obra de pasiones en las que salen a relucir los pecados capitales y los efectos que muchos consideramos virtudes, donde se muestra que "nuestra verdad" no es la verdad absoluta y donde la venganza se proclama como clara vencedora. Una novela o colección de relatos que animo a leer y releer, con la intención de que nos anime a reflexionar para aclarar su misterio. Una novela que, a mi juicio, confirma a su autor como un gran cuentista y lo convierte en un novelista a tener en cuenta. Una buena historia con un lenguaje ágil que facilita la lectura y que constituye un magnífico última lectura del viejo o primera del nuevo año.»

Un tintero de Shappire, 31 de diciembre de 2011
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Juan Carlos Márquez: Tangram

«1. Cada uno de los siete personajes cuenta, en primera persona, los acontecimientos que le llevaron a ese momento de la historia. Supongo que es en las distancias cortas donde un escritor se la juega: aunque Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) escribe muy, muy bien, es bien difícil dotar a siete yoes de una forma específica de narrar, y por eso, en ocasiones, alguno de esos siete habla casi de forma idéntica a otro. Me sentí un poco manipulado, en esos casos: tenía la impresión de que el autor quería llevarme exactamente hasta un punto concreto del camino, y cualquier posibilidad de sorpresa se me esfumó.

»2. Como soy de Bilbao y hasta hace poco he vivido en Madrid, no puedo evitar sentir un cariño especial por las descripciones de esas dos ciudades que aparecen en el libro. Especialmente de la primera, que es tal vez la octava protagonista de la obra, en la sombra. También pensé, en algún momento, que a un lector ajeno tal vez podrían resultarle excesivos algunos detalles; la obra empieza mencionando la Universidad de Deusto y continúa, durante más de 150 páginas, derramando detalles sueltos sobre Neguri y otras zonas cercanas a Bilbao.

»3. Mi problema es que tengo un prejuicio: no me suelen gustar los libros de relatos. Y claro, Tangram se parece bastante a un libro de relatos, aunque la editorial se esfuerce en presentarla como la primera novela del autor. Un narrador, como digo, extraordinario, con verdadero talento, pero que ha publicado tres libros de relatos, ha ganado numerosísimos premios y ha participado en dos antologías. De relatos. No sé si me explico.

»4. Es difícil comentar algunas cosas sin desvelar otras. Así que hablaré en clave: cuando terminas de leer el segundo capítulo (de los siete) ya sabes por dónde van los tiros, es decir, ya sabes (más o menos) cómo está configurado el libro, en qué medida las historias se entrelazan, dónde puede desembocar esto, etc. He leído otras críticas por ahí y a mucha gente le ha fascinado el final. Bien: a mí no. Sobre todo porque, a la vista de lo bien que escribe el autor, me esperaba algo así: pocos cabos sueltos.

»5. Me cuesta creer que, al menos, dos de las historias fueran concebidas como parte de un todo de siete hasta formar el libro. No digo que no sea así, sino que me cuesta creerlo, por lo forzadas en los bordes, quiero decir, por cómo encajan con las otras cinco en la forma que deben encajar para que la obra tenga ese aspecto de novela fragmentada.

»6. Y, en efecto, es un thriller: hay secuestros, asesinatos, violencia, misterios, ladrones... Pero un thriller de personajes huérfanos, que aparecen y desaparecen para siempre, que regresan o no durante apenas unos segundos. Y también es una novela con la que te ríes, porque cuando el autor se siente a gusto y se deja llevar tiene momentos totalmente hilarantes, de un humor negro agudísimo, o una mala leche excepcional. Pero pasas la página, el narrador es otro y la historia es otra, y luego, más adelante, el libro se acaba y hace rato que no te ríes y te quedas un poco así. Como si hubieras enlazado un relato con otro pensando que era una novela.

»7. Impagable la descripción que se hace del concepto de "cuadrilla". Impagable. Genial. El descojono.»

Un libro al día, 31 de diciembre de 2011
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Jugar en serio

«Concebida a modo de mecano que apela al lector como último sujeto capaz de armar su sentido, Tangram es una novela en siete actos, una ópera bufa, ligera pero afilada, llena de humor y de contrastes, sobre nuestro lado más oscuro. Su autor, el bilbaíno Juan Carlos Márquez, es una de las firmas más originales y solventes del cuento español actual: con sus tres libros de relatos hasta Llenad la Tierra (2010) ha ido construyendo poco a poco una escritura en equilibrio entre la técnica y la búsqueda, entre la solidez y la irreverencia que han de sostener toda buena narrativa que se precie de respetar y, a la vez, superar la tradición literaria y dinamitar la tiranía del género. Tangram es, además, un muestrario de personajes y narradores cuyas voces en primera persona, en ocasiones, nos suenan incómodamente familiares: el peculiar psicópata de “El síndrome de Reikiavik” o el carismático mafioso de “Crotone”, el ladrón en horas bajas de “Un millón de libras”, una inquietante diva de la escena, un detective pervertido y los protagonistas de los demás relatos, no parecen tan distintos a nosotros pues son presentados desde un punto de vista genuino y terriblemente humano, hasta disolver la distancia entre sus miserias y las nuestras, es decir, hasta finiquitar la hipocresía. Y es que las narraciones de esta novela conforman, pieza a pieza, un juego que admite el cambio, la sorpresa y el divertimento, pero no la falacia biempensante que olvida lo expuestos que estamos ante el azar.»

Sergi Bellver, BCN Mes, Diciembre de 2011
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Tangram

«Tangram habla del tema más actual, más omnipresente: el caos, la falta de control que poseemos sobre nuestras vidas. Así le ocurre al protagonista del primer relato que, como el mítico Uri Geller, considera que puede mover objetos con la mente. Su patología nos simboliza, aunque no seamos conscientes, a todos nosotros. Creemos que podemos modificar lo que nos rodea, aunque tanto la experiencia colectiva como la individual constaten que es imposible. Como afirma la cita de Mencio que abre el libro, el hombre tiene mil planes para sí mismo. El azar sólo uno para cada uno.

»El tangram es un juego chino que reconstruye realidades quebradas creando nuevas formas, a veces mejores que la original. En las páginas de este libro los conflictos se suceden, se encadenan y generan entornos nuevos, a veces inesperados, a cuyas características deben adaptarse los personajes. Tal trasfondo llena a la lectura de una trascendencia no forzada, real que, si bien no modifica la conciencia del lector, sí la ilumina.

»Desde una perspectiva formal, Tangram es un despliegue de escritura. Un festín para los amantes del lenguaje. Márquez posee un estilo expresivo y preciso al mismo tiempo. Preciso porque el espanto, la gracia, el susto, existen pero no toman el control: lo importante sigue siendo la cohesión de la obra, no el efecto. Consigue que el lector no sepa si reír, escandalizarse o, directamente, cuestionarse sus propios sentimientos. Porque logra que el lector se identifique con auténticos dementes. Alcanza tan difícil éxito porque los personajes, aunque sean rematados locos, poseen un afán, saben lo que quieren, sea ser un renombrado psicópata o una diva del teatro, rescatar un botín millonario o reivindicar la sinceridad absoluta, tal vez el más peligroso de los fines. Márquez, como si no estuviera ya claro, es un autor que no aparta la mirada ante el espanto del mundo y encuentra la auténtica y la verdadera originalidad, aquella que se escapa del tópico de historias simples, escritas con lenguaje directo.

»En Tangram el lector no sabe qué va a encontrar a la página siguiente. Lo que halla le sorprende pero no le desconcierta: consigue una coherencia extraña, tan rara como la propia vida.

»¿Nos encontramos ante una novela o frente a un libro de relatos? Es, ante todo, un buen libro, que acepta cualquier definición genérica. La decisión resulta, en cualquier caso, superflua ya que no modifica el interés de la obra. Tangram abarca los dos géneros, una definición muy acorde con nuestros tiempos, y con la realidad, a la vez cambiable e infinita, que define.»

Recaredo Veredas, Culturamas, 21 de noviembre de 2011
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Tangram, de Juan Carlos Márquez

«Tengo mis dudas sobre que Tangram sea una novela. No me cabe ninguna de que el título de la obra es potente y adecuado a las siete historias que se cuentan y que más o menos se acaban cruzando entre sí. Supongo que una novela se podría definir por el hecho de que las intenciones de la narración vayan dirigidas hacia la profundidad o los márgenes de un personaje o de un argumento. La literatura fragmentaria no se contradice con la esencia novelística, pues los diferentes fragmentos pueden ir ahondando, o rodeando, la materia que se haya elegido como asunto novelable. Novelar es hurgar en la herida. Groseramente se podría decir que remover la mierda con un palito. Tangram se descompone en siete relatos distintos de asunto criminal. El primero es muy intenso, a mí me ha gustado mucho. Dos estudiantes de psicología son encerrados en un sótano por una inmensa, gordísima exactriz, y allí, en la oscuridad, no les quedará otra que alimentarse de la carne embalada que contiene un arcón frigorífico. La narración es densa y envolvente, atrapa. Sitúa el comienzo de las historias en un nivel muy alto de expectación. La segunda historia, sin embargo, me ha parecido mucho más floja. La recreación del detective clásico, a lo Sam Spade o Marlowe, aunque se diga explícitamente que el que nos ocupa es diferente, no cuaja. El pasthiche no es literariamente todo lo gamberro que desearíamos. Porque uno de los puntos a su favor en este libro es cierto aire de poca vergüenza, de cinismo, con el que el escritor aborda, según me parece, su labor. La tercera historia, contada por un asesino "ocasional y selectivo", me parece también impostada, porque el humor se le queda a medio gas. La falsa pista final de que puede haber sido él el asesino del actor Gaetano Iabichino es un truco que no podemos perdonar a estas alturas, aunque para eso está la cara dura del autor, para hacer lo que le de la gana. La cuarta historia es otro homenaje poco encubierto, descarado, siendo aquí sus protagonistas unos adolescentes que con la crueldad esencial de ese periodo de la vida le gritan a sus víctimas a la cara los defectos que han de corregir. Le sirve al autor esta historia para introducir a dos coristas, en el sentido de coro de la tragedia griega, que en la historia final se ocuparán de cerrar y explicar los diferentes nudos que han quedado sin resolver por el camino. Ahí es donde flaquea la estructura de la obra, porque las tramas se cruzan en sus flecos, pero ni evolucionan ni se resuelven desde ellas mismas, sino que son explicadas en el relato final, que funciona a modo de epílogo concluyente. Los homenajes cinematográficos en los diferentes episodios son más o menos explícitos, pero constantes. La quinta historia titulada "Un millón de libras" evoca varias películas de género, con botín enterrado del que se quiere apoderar el ladrón. Más allá de que el autor haya pensado en ella o no, quiero mencionar La noche del cazador como referencia. Tiene, no obstante, aquí, su gracia y su novedad: el ladrón es un buenazo. La narración titulada Crotone nos sitúa en un ambiente de mafia calabresa muy creíble, llevada con pulso firme hasta el tramo final, en el que aparece el gancho que cruza esta con las demás historias, donde resulta forzada.

»Me han gustado muchas cosas de este libro, principalmente su descaro y una fresca propuesta pulp. Sin embargo, en la preocupación del autor por no dejar flecos sueltos y por acabar en novela, creo, que es donde residen sus carencias.»

Antonio Báez Rodríguez, cuentosdebarro, 18 de noviembre de 2011
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Tangram | Juan Carlos Márquez

«A diferencia del puzzle, las piezas del tangram funcionan por sí solas. Así, las siete piezas que lo componen son figuras geométricas. Un cuadrado, un paralelogramo, y cinco triángulos. En una novela-puzzle (suponiendo que exista el término, y si no queda bautizado in Nomine Patris...) cada pieza de ese rompecabezas solo tiene sentido en unión con el resto de piezas. La pieza, por sí sola, no tiene demasiado sentido.

»En un tangram, en cambio, la pieza, como ya he dicho, es una figura geométrica, por lo que es perfectamente válida fuera del tangram.

»Con esta primera novela de Juan Carlos Márquez ocurre igual. Las siete piezas que componen el libro tienen su propia autonomía y funcionan como relato de manera aislada ¿Estamos hablando entonces de un libro de cuentos? A mi entender no, puesto que, al leer los siete capítulos se produce una sinergia, aquello de que el conjunto es superior a la suma de las partes de manera individual. Así pues, Tangram es una novela. Y aunque fueran cuentos, que digo yo que eso es lo de menos. Que hablamos de literatura, no de terminología.

»También al igual que el tangram, donde se pueden construir diferentes figuras según como combinemos cada una de las piezas, la novela tiene la peculiaridad de leerse en el orden que se quiera. Si bien es cierto que las diferentes lecturas no va a dar como resultado diferentes novelas, sí que las matiza. De esta manera, creo que el thriller que supone Tangram sería mucho más velado si leyéramos los capítulos en otro orden porque, aunque insisto en que sí que creo que es factible poder hacerlo, no deja de ser menos cierto que la novela es circular: donde en el primer capítulo hay un secuestro, en el último se explica el porqué de ese rapto.

»Los siete capítulos están escritos en primera persona aunque esta persona cambia en cada capítulo. Así las voces que alimentan la novela son variadas; tenemos al narrador algo cínico de "El síndrome de Reikiavik"; el lenguaraz monólogo de "Gemelas"; o la voz de la niña en "Crotone".

»Nos encontramos, pues, felizmente, con un libro de gran inventiva y poderosa agudeza.»

Carlos F. Romero, Con L mayúscula, 9 de noviembre
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Siete voces, una historia

«Vaya por delante de todo lo que voy a decir a continuación que Tangram es el mejor libro de Juan Carlos Márquez, al menos hasta el momento. Es un buen libro, además, para leer la noche de los muertos, difuntos y brujas. También puede leerse cualquier otro día, estaría bueno tener que esperar al próximo 31 de octubre. Pero, por casualidades varias, fue la noche que yo elegí. Serían cerca de las doce, me faltaban cincuenta páginas para llegar al final y —como ni me acordaba del sueño para entonces—, lo acabé esa misma noche. Después salí a la terraza —soplaba un viento helado, casi llovía y la luna estaba en cuarto creciente—, a respirar un poco de aire frío. Fue curioso: pocas veces he visto la sombra de la luna entera, con su esfera, alrededor del trozo iluminado. La luna esa noche no solo estaba partida, sino que desde mi terraza se veía perfectamente el corte. ¿Casualidad?

»Tangram es un libro de historias cruzadas. Decir que un tangram y un puzle son la misma cosa sería algo que, a mí, no se me ocurriría. Creo que el tangram tiene más juego. Con un tangram puedes construir todo tipo de formas: tienes siete piezas y conjugándolas con un poco de imaginación puedes crear conejos, pajaritas, hombres caminando, incluso nubes cúbicas, delfines de color, candelabros. Los puzles están cerrados. Tienen su gracia, claro que sí, dejarse los ojos y juntar las piezas con paciencia varias tardes hasta montar el dibujo original es entretenido, algunos puzles son muy difíciles de reconstruir. Pero el puzle no tiene la libertad del tangram. Y con este libro de Juan Carlos, en este tangram particular, ocurre exactamente lo mismo.

»Se puede empezar a leer por cualquiera de las siete piezas. Yo las he leído en orden, soy así de previsible, pero estoy segura que leídas en otro orden también conforman un conjunto, tal vez levemente diferente. Las siete piezas son una sola historia, pero cada una tiene autonomía propia; las siete juntas forman algo más sólido, con una suerte de conjunto en el que, una vez has empezado, te metes sin poder evitarlo. Me he leído las siete historias dos veces, la segunda vez de manera más desordenada y sin concierto, buscando esas pistas que van dejando los narradores a cada paso que dan y que, a simple vista, no parecen pistas (ni falta que les hace). No sé cuál de las veces me ha gustado más.

»Se nota cuando un autor ha disfrutado de la escritura. Leyendo Tangram es una de las cosas que me he dado cuenta: Juan Carlos se lo ha pasado pipa. Se agradece leer libros donde el autor se lo haya pasado así de bien. Se nota que se ha reído —con distintos matices, a distinto volumen y con diferente intención—, y que se ha atrevido a hacerlo. Se nota también que ha trabajado con la precisión de un artesano que cocina a fuego lento para que el tangram, mirado desde arriba con sus siete piezas, formen una unidad que gana en peso.

»De las siete piezas que componen el tangram, qué le vamos a hacer, tengo mis debilidades. He llegado a concluir que la culpa de esto la tienen las voces narradoras. Hay personajes que me caen mejor, no es un tema de que la pieza esté mejor o peor montada —todas están bien montadas, cada una con su estilo—, es que hay voces que te caen mejor. Pasa también en la vida, con las personas que te cruzas por la calle. Todas las piezas de este tangram son voces que narran en primera persona y es inevitable que unos personajes nos caigan mejor que otros. Y algunos tienen tonos límite, que rozan lo que te puede gustar muchísimo o patear los hígados. Pero no hay que perder de vista que cada una de esas voces no está haciendo otra cosa que dibujar a la perfección a sus dueños.

»Mi pieza favorita se titula "Crotone", la voz narradora está detrás de una tal Adina que cuenta los hitos de su infancia en compañía de su mejor amiga, la hija del capo de la ciudad:

De entre todos los hijos de mafiosos, el trato más habitual y cercano lo tengo con los hermanos Facchineri. La primera vez que veo a Francesco y a Bruna Facchineri, el primero lleva a su hermana sentada sobre las rodillas en el asiento trasero de un cinquino gualda y ambos viajan arrinconados por un sinfín de baúles y maletas, muy pendientes de lo que va apareciendo al otro lado de la ventanilla en la vía Panella: miradores floridos que sobresalen de fachadas recién encaladas, corros de mujeres departiendo a pie de calle y algún que otro perro lánguido y errante.

»Disfruto muchísimo con las historias de mafiosos, lo confieso. Pero, además, independientemente del género, este fragmento funciona como un reloj de precisión. Es una pieza de las largas, donde pasan años y transcurren varios personajes. Y todos los momentos que narra Adina son claves, construyen con habilidad, están dibujados y perfilados con un pincel fino. A "Crotone" no le sobra nada, tampoco le falta. Otro fragmento:

Nuestra panadería ha sufrido también los estragos de la lluvia. En el agua sucia flotan a la deriva decenas de panes flácidos de cebolla, olivas, pimientos, queso, salvia, etcétera. Por otra parte, la harina de un costal roto, en contacto con el líquido, ha formado tras el mostrador un lodo grumoso y ceniciento, sobre el que es muy complicado desplazarse. Papá se ocupa a grandes paladas de sacar el barro a la calle, donde han ido a parar también cantidad de rosquillas que ahora obstruyen las bocas del alcantarillado; entretanto, mamá y yo nos dedicamos a achicar el agua con sendos cubos. Uno de esos cubos llenos de agua a punto estoy de arrojarlo sobre Diamiano Facchineri, quien, vestido con un traje cian impecable y con el agua lamiéndole las pantorrillas (de pie resulta ser un hombre altísimo), se dispone a entrar.

»También es estupendo pasar de pieza a pieza y ver los encajes. Por ejemplo el personaje de Póra, separado por un par de décadas, si no más, cuando vuelve a aparecer lo recordamos sin problemas de otras de las historias. Porque no dejamos de oír esos pájaros que impregnan la casa desde que el protagonista —un asesino selectivo de vacaciones en Reikiavik—, entra por la puerta:

Cuando Póra Porkelsdóttir asoma pausadamente tras la puerta de su casa, un inmueble coqueto de dos plantas pintadas de color lima, mi primera impresión es que merece morir: está casi sorda y se me ocurre que ésa es la razón de que pueda convivir con decenas, tal vez cientos de pájaros. Un rosario de jaulas de metal cuelga de las vigas del techo y de las paredes el interior, en las que apenas queda espacio para hundir un clavo y, a medida que la señora Porkelsdóttir me muestra la planta baja, puerta tras puerta, habitación tras habitación, el ruido de fondo se hace más y más ensordecedor.

»Nos encontramos, poco antes o poco después (en función al orden que se siga leyendo, que, insisto, no es nada obligatorio seguir el que indica el índice) con el personaje de Póra justo al comenzar la pieza titulada "Un millón de libras":

Le digo a Póra que voy a la pajarería por alpiste a sabiendas de que no voy a regresar a su lado jamás. Llevo años peleando contra la idea de que algún día tendrá que ocurrir; pero una madrugada, tras una pesadilla, casi sin yo quererlo, mi mano derecha alcanza el calendario de la mesilla de noche y un rotulador, y mi izquierda tacha en la penumbra el primero de septiembre. Es muy difícil convicir con la certeza de que a unas pocas horas de avión, en un hoyo a las afueras de Chorleywood (Hertfordshire, Inglaterra), hay un millón de libras enterrado y que sólo dos hombres en el mundo conocemos el paradero exacto; y el otro cumple condena.

»Lo bueno de Tangram es que puedo darme el lujo de extraer las últimas líneas de la última pieza, titulada "Gemelas", un monólogo peculiar de un personaje que también rescatamos de otra de las piezas, sin desvelar nada. Pongo lo suficiente para que se vea el tono de voz, el temple que tiene, que también es muy diferente al resto de voces. Una de los detalles que más se disfrutan de las piezas de Tangram es la variedad de registros y las distintas voces de sus narradores. Termina así esta pieza, de todas, la correspondiente al paralelogramo, esa que basa y sostiene la figura completa:

¿Qué quiere que le diga yo? Por mí parte no tengo opinión. Y si la tengo, no me da la gana contársela a usted. Lo único que sé es que las vidas, como las prendas de vestir, no siguen siempre un corte horizontal. La puerta. Debe de ser Estela. Yo que usted no encendería ese cigarrillo.

Mariana Torres, Otras hierbas, 7 de noviembre de 2011
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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