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reseñas y críticas Un paseo por la desgracia ajena

Un paseo por la desgracia ajena está formado por diecisiete relatos, lo que hace que los cuentos tengan una media de diez páginas (los hay de cuatro y también de más de veinte). El primero se titula Boca abajo y se desarrolla en el interior de un coche en que viaja una pareja con su hija. Es un relato tenso que tiene que ver, en última instancia, con la casualidad y las leyes del azar (aquí se puede observar esa predisposición científica de la que habló Espigado el día de la presentación). Dos relatos más comienzan dentro de un coche: Gota de ámbar y Coche fúnebre. Este dato del escenario cerrado y minúsculo me parece significativo, porque Moreno compone sus cuentos creando mundos asfixiantes y autoconscientes; reales, pero un tanto distorsionados. Gota de ámbar –el segundo cuento– es un gran relato sobre el dolor que conlleva la pérdida de un hijo. Coche fúnebre, en cambio, es más bien un relato cómico, de un humor negro un tanto desangelado, que cae en el absurdo, muy presente en este libro.
Los relatos de Moreno no son fantásticos, pero su realismo bordea lo inverosímil y gusta de la exageración. Moreno es un gran admirador de escritores como J. G. Ballard y Don DeLillo. De hecho, hace no mucho se tradujo su novela Alma al inglés y el libro acabó en manos de DeLillo, que dedicó un comentario elogioso y manuscrito  a la escritura de Moreno. Estas influencias están presentes en este libro.
Destaco otra idea de Miguel Espigado durante la presentación: la voz narrativa que se encuentra detrás de estos cuentos es la de una persona madura, que contempla el mundo desde el escepticismo. En este sentido me parece destacable de los cuentos las reflexiones que proponen. El texto está cuajado de sentencias interesantes sobre la realidad analizada («con mirada de antropólogo», apuntó el propio Moreno en la presentación de su libro). Por ejemplo: «La madurez es un estado ficticio, un mito sociológico que busca atemperar el deseo y el instinto a cambio del disfrute de cierta seguridad económica y emocional. A un hombre maduro le delatan sus convicciones, como si el objetivo de la vida fuese extraer un conjunto de reglas a las que atenerse y juzgar a los demás» (pág. 55); «El deseo nunca es inmediato. Uno acaba deseando lo que desea el otro. No sabemos lo que queremos hasta que alguien lo valora con su mirada. Deseamos el deseo del otro» (pág. 61); «La suerte, esa excepción estadística que actualiza lo posible y lo inviste de acontecimiento» (pág. 45).
Me gustaría destacar también que Moreno empezó en la literatura como poeta, y esto también se aprecia en el juego metafórico de sus páginas; por ejemplo, en la página 57 leemos: «Su risa sonaba como un estante de copas haciéndose añicos». El cuento El discurso del método comienza con una cita de Mark Strand, una de las referencias actuales en la poesía mundial.
En la presentación, Moreno apuntó que considera que la suya es una escritura de «ideas». Me gustaría comentar esto: creo que mis escritores de relatos favoritos escriben relatos de «personajes» y no de «ideas». Es decir, Jon Bilbao –uno de mis referentes actuales en cuento español– compone sus relatos (deudores de la literatura de John Cheever o Raymond Carver) creando personajes y haciéndolos interactuar con sus conflictos internos. En estos relatos se juega con la parte expuesta de los personajes y la que queda sumergida y que el lector ha de imaginar. Supongo que un escritor como Bilbao piensa en conflictos personajes y no en ideas. El propio Moreno señaló cuál podría ser uno de los peligros de componer los relatos en torno a «ideas»: separar las buenas ideas de las que se quedan en ocurrencias.
En este sentido, los cuentos que menos me gustan de Un paseo por la desgracia ajena son aquellos que me parece que se quedan cerca de la mera ocurrencia. Esto me sucedió al leer, por ejemplo, El discurso del método, sobre los pensamientos de un mimo que en la madrileña plaza de Sol imita a Descartes. Entiendo el juego, la plasmación de los pensamientos del personaje es una parodia de la escritura de Descartes. Pero no encuentro aquí interacción entre personajes, conflicto… y esto hace que el cuento se quede para mí en la ocurrencia. Como siempre, la escritura está contenida, es poética y reflexiva, pero en un cuento como El discurso del método estas virtudes no me parecen suficientes para sostenerlo. Esto mismo me ocurre con Sniper Alley, otro cuento sin interacción de personajes y que me resulta pobre.
Sin embargo, en El sueño más dulce, pese a que sólo hay un personaje y, por tanto, podría adolecer del problema planteado arriba, la situación creada me parece más sugerente. Aquí, un hombre obeso, adicto a la ingesta masiva de caramelos Solano gana el premio de poder pasar unos días en la fábrica. Allí se quedará encerrado, en un mar de caramelos que amenazan con engullirle. Como decía al principio, las narraciones de Moreno no son fantásticas, pero muchas de ellas rozan el absurdo y lo inverosímil. Esto las hace crecer.
Dos parejas es el cuento más largo del libro y es diferente al resto porque su fuerza recae en los diálogos de cuatro personajes y no en la narración indirecta. Dos parejas han quedado para realizar un intercambio sexual, que no parece que vaya a acabar bien. Durante una noche de borrachera se irán escupiendo algunas verdades sobre cada uno. Dos parejas es un cuento áspero e intenso. Cuando el día diez de octubre acudí a la presentación del libro a un teatro de la zona de Embajadores, llevaba medio libro leído. El siguiente cuento, que empezaría al día siguiente, era justo Dos parejas. La presentación se hizo en un teatro porque este cuento había sido representado como obra de teatro y Moreno había contactado con los actores para que volvieran a representarlo. Por supuesto, cuando a la mañana siguiente leí el relato en el autobús que me acerca al colegio donde trabajo, no podía dejar de recordar a los actores recitando el texto. Fue una sensación extraña y privilegiada.
En un cuento como Dos camisas iguales, Moreno juega con la idea del doble y quizás este relato adolece del problema comentado antes, que al no existir interacción entre personajes se queda más en un relato de «idea» que de «personajes», lo que para mí (una idea del relato totalmente subjetiva, por supuesto) lo empequeñece frente a otras propuestas.
Me ha resultado curiosa la lectura de En busca del fuego, porque está basado en una anécdota real que (igual que Moreno) yo le había escuchado contar a Pablo Mazo: la experiencia madrileña del 15-M como juego alucinógeno. Es un cuento divertido.
Me dejo para el final los cuentos más destacables del libro, que serían algunos como Phoenix, Selfie-vamps, El arquitecto y la modelo, Ello y D. J. En ellos, Javier Moreno despliega el que para mí es su más claro talento: percibir los cambios que las nuevas tecnologías están introduciendo en nuestras vidas. Son éstos, en algunos casos, cuentos ligeramente futuristas, de una ciencia-ficción muy cercana a la realidad. En Selfie-vamps, por ejemplo, dos adolescentes se fotografían en poses desenfadadas con suicidas o personas a punto de morir detrás, buscando el éxito en las redes sociales. Un cuento muy logrado, muy inquietante. En Ello, las personas le han dejado todos sus datos a una aplicación que decide por ellos, en el supermercado, en las relaciones…
«Resulta cada vez más infrecuente tratar con alguien sin la mediación de las redes sociales.», leemos en la página 135, y en esta frase se encuentra una de las ideas compositivas más potentes de estos últimos cuentos que destaco aquí.
Como siempre ocurre al leer un libro de relatos, algunos de los diecisiete contenidos en Un paseo por la desgracia ajena me parecen más logrados que otros. Su lenguaje cuidado, analítico, ligeramente sentencioso, pero también poético, los une. Algunos, como ya he apuntado, se quedan en pirotecnia formal, pero los más logrados, sobre todo cuando se vuelven ligeramente futuristas, me parecen muy inquietantes, muy conseguidos. Por tanto, el Javier Moreno escritor de cuentos me parece una voz a tener en cuenta en el panorama nacional, competitivo y pequeño, del libro de relatos.

David Pérez Vega, Eñe, 28 de noviembre de 2017
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Para empezar: un libro espectacular. Ni uno solo de los relatos deja indiferente. Y todos están tan bien escritos que debemos señalar que la prosa de Javier Moreno (ya me había leído dos libros más suyos) es de las más contundentes, profundas, juguetonas y, por tanto, sugestivas del panorama literario español de ahora. Tendrá sus detractores, por supuesto. Y yo los respeto. Pero no entenderé que un libro como éste deje frío o impasible a nadie. Y conste que no es un escritor fácil, pero a mí que me coloquen retos cuando leo, me pone. Y mucho en este caso.
La mirada del escritor en este libro se abre hacia muchos temas, no hay un hilo conductor o una temática afín en los cuentos. Sin embargo, todos ellos son una fotografía del universo que nos rodea a todos. Ese universo cotidiano que es la vida común de esa vida extraña que nos habita. Y es ahí, en lo extraño, donde los relatos de Javier Moreno se instalan para descolocar al lector, hacerlo reflexionar sobre cosas que -hay que admitirlo- no nos gustan de nosotros mismos. El autor pone la mirada justo donde los demás la desviamos al mirar hacia otro lado, dando la espalda a lo que nos jode directamente si fuésemos capaces de mirarnos en el espejo. Claro, todo esto se aleja de lo convencional, de la literatura que impera en el mercado y, sí, Javier Moreno es “un raro”, término que utilizo como piropo descomunal, por supuesto.
Sus personajes -reales, complejos, contradictorios, cabrones en muchos casos, víctimas del sistema, de sí mismos o de los otros, - son grandes creaciones y hallazgos, de los que se te clavan muy adentro y por variadas razones, no todas positivas. De esos a los que les dabas de hostias o te quedabas con ellos a tomar un café con conversación prolongada.
Y luego está el poso narrativo: filosofía, palabra y lenguaje, literatura, ficción y realidad mezclados en conjunto e incluso a veces en un único relato. Es un libro de intuiciones (y, por tanto, un libro inteligentísimo) que se dedica a describir con maestría nuestros movimientos cotidianos o esa manera que tenemos hoy de vivir y donde perder el norte se convierte en la red que nos atrapa, y donde lo sórdido y la ternura van de la mano sin que parezca contradictorio.

Salva Robles, noviembre de 2017
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El relato como delicatessen

Exquisita selección de historias en Un paseo por la desgracia ajena

La madurez es un estado ficticio, un mito sociológico que busca atemperar el deseo y el instinto a cambio del disfrute de cierta seguridad económica y emocional. A un hombre maduro le delatan sus convicciones, como si el objetivo de la vida fuese extraer un conjunto de reglas a las que atenerse y juzgar a los demás. Con párrafos así, ¿quién no se anima a dar Un paseo por la desgracia ajena?
Este libro de relatos de Javier Moreno, que ha sido publicado por Salto de Página, es, sencillamente, una delicatessen. Sus relatos son como esos pequeños pastelitos que te están llamando a gritos desde el mostrador de la pastelería. Pasas por delante del escaparate y, sin saber los motivos, acabas atrapado por esa dulce llamada de atención. Y allí estás, delante de todos ellos, queriendo elegir uno y deseando llevarte todos al mismo tiempo. Esa misma sensación, y encima sin el remordimiento de coger algunos gramos de más, es la que te deja Un paseo por la desgracia ajena.
Pudo escuchar una leve risa. Una especie de gorgoteo humorístico, como si en lugar de narrar una escena terrible acabase de contar un chiste. Un mal chiste que no hace reír a nadie sino que más bien produce un efecto trágico de soledad e incomprensión.
Te encuentras con estos 17 relatos y difícilmente puedes decidirte por uno solo. Son tan variados, tan distintos y fascinantes, tan cercanos y a la vez distantes... Vendrán los elitistas y dirán que ellos no, que ellos sólo se decantan por productos gourmet y tal. Rollo tan barato como el de aquellos que son más leídos por tener padrinos y grupos editoriales potentes detrás. Hay que separar, a diario, el grano de la paja. Y da igual el relato que elijas, puedes leerlo en el orden que quieras. El regusto que se va a quedar en tu paladar es el que acabará decidiendo por ti. Y, a buen seguro, repetirás con Javier Moreno. Narración hábil e inteligente, grandes reflexiones y filosofía. La realidad de la vida pintada con colores de relato.

Luis Galindo, Más Leer, 23 de noviembre de 2017
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Los artefactos narrativos de Javier Moreno se han caracterizado por un realismo expresionista, una cuidada prosa al servicio de la inteligencia y una capacidad inusual para convertir relatos de aparente trivialidad en piezas de arte contemporáneo, cuyo significado es siempre múltiple, abierto y en constante diálogo con el lector. Estos cuentos aquí reunidos también participan de las características habituales que Moreno ha logrado imprimir en sus novelas anteriores: ironía brutal, una lúcida mirada con la que analiza la sociedad en la que vivimos, además de un estilo hipercorrecto con el que se disfruta con el simple y mecánico hecho de leer.
En estos cuentos, que como el título anuncia, esbozan un tratado sobre la desgracia de los seres contemporáneos, encontramos una sutil tensión que se despliega, a pesar de contener un sinfín de emociones con la habilidad de un narrador compacto, solvente pero frío y distante. Moreno acude al interior del ser humano del siglo XXI para indagar sobre sus neuras, temores y obsesiones. Y, como toda literatura que aspira a ser un objeto compartido de ideas y símbolos, logra reflejarnos a nosotros mismos, con nuestras miserias cotidianas y nuestras desdichas. En este sentido, el adjetivo “ajena” del título resulta casi una broma macabra y otra de las ironías del autor, porque en realidad, todos nos sentiremos partícipes del pathos de los personajes-marionetas de este libro. Y adjetivar de marionetas a los personajes de esta antología no es casual ya que como si de una puesta en escena se tratara, algunos de los cuentos que leemos parecen participar de la textura de performances. Funcionan como artefactos no tanto narrativos sino como fragmentos de un espectáculo que se exponen en una galería virtual, cuyos vínculos con la realidad están mediados por las nuevas tecnologías: redes sociales, teléfonos móviles y aplicaciones innovadoras que nos (in)comunican.
Son diversos los argumentos, pero en general se puede hacer una lectura transversal que los unifique. En cada uno de estos cuentos encontraremos la incapacidad cada vez más acuciante de comunicarnos entre nosotros, lo que en el fondo, deviene en una falta de comprensión de nosotros mismos. Y sobre todo, la sensación de que estos actores librescos tratan de luchar sin demasiado éxito contra sus contrariedades, en entornos habituales pero que las circunstancias los vuelven inhóspitos. La crónica de un accidente anunciado, los avatares de unos niños que juegan bajo la desatenta de sus padres, un coche fúnebre que se empeña en celebrar una carrera de velocidad, un premio que recuerda la Fábrica de chocolate de Burton pero en versión beckettiana o las enigmáticas y bellas vampiresas que celebran la muerte capturándola en selfies macabros.
La muerte, de hecho, está también presente en algunos de los cuentos. Es curioso el relato “Gota de ámbar”, en el que todo es insinuado y terroríficamente banal; “El arquitecto y la modelo”, una pieza en la que un artista trata de atrapar la efímera arquitectura del cuerpo femenino hasta que él mismo queda atrapado en la nefasta construcción del amor; o “Phoenix”, un texto semiepistolar, que nos habla de un sistema mediante el cual se puede mantener comunicación con tus seres queridos tras la muerte.
Moreno reactualiza el presente y convoca la propia realidad para desplegar un mosaico en el que los resquicios más atávicos del ser humano y la hipertecnificación más acuciante se imbrican, convirtiendo nuestra sociedad (la que Moreno presenta) en un selfie desdichado de cada uno de nosotros. Breves textos, que al modo de apps diseñadas por un filósofo  tratasen de ordenar el caos de un mundo abocado a la desgracia.

Pedro Pujante, La Opinión de Murcia, 30 de septiembre de 2017
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“[…] una muestra de la abismal distancia que separa el virtuosismo del verdadero talento” (p. 111). Esta frase del relato “Dos camisas iguales”: puede funcionar para explicar la obra literaria de Javier Moreno (Murcia, 1972): si en novela y poesía Moreno es un virtuoso, alguien que domina los recursos técnicos y los lleva a cabo con apabullante capacidad, en el cuento es donde creo que Moreno alcanza el verdadero talento. Si su poesía y sus obras narrativas largas se dejan llevar a veces por el alcance conceptual y la endiablada capacidad de observación sociológica y diagnóstico del autor (en este sentido, Moreno es lo más parecido que tenemos a Don DeLillo, que gustosamente firmaría un cuento BlackMirroriano como “ELLO”), en el relato breve Moreno encuentra la libertad, la extensión y la variedad de tonos necesarios para que sus desafíos estéticos se encuentren ferazmente con el desarrollo justo de unos personajes, sin que ello signifique que están ahí como simples instrumentos al servicio de sus ideas, al modo de teorías personificadas o de máquinas lullianas de pensar (como pasaba a veces en sus novelas La Hermogeniada o Acontecimiento). Desde Atractores extraños (2009), Moreno resuelve en sus cuentos  con un par de detalles sintéticos la psique y sus posibilidades de sus criaturas, emplazándolas en una situación crítica (“El discurso del método”, “Dos parejas”, “Un accidente”), lo que le permite exponer sus cul de sac vitales y sus recorridos psicológicos sin salida (como en “Dos camisas iguales”, donde el protagonista, que tiene dos camisas idénticas, cree que una le queda bien y otra mal). La camisa del cuento le sienta a Moreno a la perfección, lo que no significa que no le ajusten las de la poesía (sobre todo, Cortes publicitarios, 2006, y Renacimiento, 2009), o las de la novela (quizá las mejores sean Alma, Acontecimiento y 2020). Además, hay que explorar los pasadizos que Moreno tiende entre sus obras de uno y otro género, que revelan un proyecto coherente, en el que las obsesiones de su autor adoptan diferentes encarnaciones:

(...)

Javier Moreno es un escritor tan complejo que le gusta trabajar con niveles de accesibilidad, para no expulsar a ningún lector. Sus relatos se proyectan en dos dimensiones -al menos-: una, digamos de close reading o lectura próxima al texto, donde aparecen tramas ambientadas en nuestros días y protagonizadas por personajes bastante reconocibles. El otro plano es más conceptual y menos evidente, se materializa o desmaterializa en una hipótesis filosófica elaborada o sugerida por medio de lo contado en el relato. Si recordamos los diálogos platónicos, o algunos tratados filosóficos, donde el razonamiento se detiene para incluir alguna historia real o caso que viene a completar el análisis, los cuentos de Moreno son las historias o novelas intercaladas en una novela mayor, casi filosófica, que Moreno prefiere no escribir, dejando sólo los relatos que la prueban. Este modo de proceder, habitual también en sus libros de poemas, poblados de referencias filosóficas, artísticas y científicas más o menos ocultas, es una de las señas de identidad de Moreno y, de todos los escritores que conozco que usan o usamos parecidas herramientas, a mi juicio él es el que mejor las emplea, y el que más lejos las lleva.
Moreno es uno de los mayores tratadistas que tenemos sobre dos asuntos: la crítica frontal a la tecnología y el examen de la identidad. Sobre lo primero, ya desde el relato "Mnemosyne" de Atractores extraños el autor ha logrado una notable capacidad para encontrar metáforas adecuadas para expresar hasta qué punto podemos ser terminales al antojo de las máquinas o aplicaciones que se supone que vienen a "liberarnos". Sobre el segundo aspecto de Moreno, su profunda lectura de la subjetividad contemporánea, ya he hablado en La literatura egódica y en El sujeto boscoso, por lo que a ellos me remito para el lector interesado. Para terminar, de entre todos los relatos de Un paseo por la desgracia ajena quiero destacar “Selfie Vamps”, no sólo por su lugar central dentro del libro (de hecho, la sombra de sus aterradores personajes se proyecta sobre uno de los últimos relatos, “D.J.”), sino por su capacidad representativa del Zeitgeist de nuestra era de exhibicionismo icónico instagramero: “Ada y Cloe […] habían inventado, tal vez sin darse cuenta, llevadas por un método fundado a la par en la inconsciencia y en la frivolidad, un nuevo género. Se trataba del turismo por la desgracia ajena. Por eso su sonrisa y su belleza resultaban imprescindibles, el contrapunto erótico frente a la muerte y la catástrofe que transcurrían en segundo plano” (p. 58). La historia de las dos chicas, sociópatas a la vez que ídolos sociales, toca la fibra del colectivo y revalúa y reinventa el clásico encuentro entre eros y tanatos, constituyéndose como uno de los mayores hallazgos de un cazador habitual de hallazgos, que logra un cuento que llevarse a la memoria para siempre.

Vicente Luis Mora, Diario de lecturas, 7 de octubre de 2017
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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