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reseñas y críticas Vivo en lo invisible
Bradbury poeta

«Sabemos que Raymond Douglas Bradbury nació en Waukegan, Illinois, un 22 de agosto de 1920, y que falleció en Los Ángeles, California, el 5 de junio de 2012. También sabemos que inició su carrera literaria en 1939, cuando lanzó en Los Ángeles su fanzine Futuria Fantasia, germen de tantas otras empresas posteriores. Lo que no teníamos tan claro es que, además del inmenso narrador cuyas novelas  —Crónicas marcianas (1950), Fahrenheit 451 (1953)— conoce todo el mundo, fue un espléndido poeta, como se han encargado de decirnos a los hispanohablantes dos libros recientes, ambos en edición bilingüe: esta preciosa antología preparada por Ariadna García y Ruth Guajardo, y unas Poesías completas (Madrid, Cátedra) de más de mil páginas traducidas por Jesús Isaías Gómez López, profesor de la Universidad de Almería.

»De modo que con la poesía de Bradbury, que empezó a publicar en los años 70 del siglo pasado, cuando ya era un cincuentón, hemos pasado de la ignorancia al más preciso de los conocimientos, pues la labor de García y Guajardo, por una parte, y de Gómez López, por otra, nos ha puesto al alcance de la mano, de los ojos y de la mente la producción poética del maestro norteamericano. En el caso de la antología que nos ocupa, hay que decir que está vertida al castellano con una sensibilidad poco común, lo que no es de extrañar, participando en las tareas de traducción un nombre propio tan acrisolado dentro de la poesía española de última hora como el de Ariadna G. García, que ha dado muestras de su enorme calidad lírica en poemarios como Napalm, Apátrida o La Guerra de Invierno (los tres en Ediciones Hiperión). Las traductoras indican al final del hermoso texto introductorio que antecede al florilegio que se han mostrado en todo momento “fieles al tono, la intención y el nivel del discurso de cada poema de Bradbury”, realizando los cambios pertinentes en el terreno de la sintaxis y del léxico, que son característicos de cada lengua y que, por tanto, precisan de una adaptación. El inglés es, además, mucho más condensado que el castellano, por lo que la mancha impresa del texto original es bastante más reducida que la de la versión española. Hay versos ingleses que exigen un desarrollo en castellano mucho mayor, y eso explica que haya páginas pares en blanco con texto impreso en las páginas impares enfrentadas con ellas (que son las que corresponden a la traducción de Ruth y Ariadna).Bradbury, a quien Borges adoraba —firmó un prólogo para la primera edición de sus Crónicas marcianas (1955) de Minotauro que no tiene desperdicio— y al que mi amigo Garci dedicó a comienzos de los 70 un libro memorable —Ray Bradbury, humanista del futuro— es un poeta de verdad, de los que transmiten emoción a raudales. Ariadna y Ruth hablan de Dylan Thomas y Gerard Manley Hopkins como sus dos influencias poéticas más notorias. Yo añadiría la del inevitable Walt Whitman, cuya huella es perceptible en los poemas más bíblicos y versiculares de Ray y en los de casi todos los poetas norteamericanos que vinieron al mundo después de la publicación de Hojas de hierba. No es fácil sustraerse a la influencia de Whitman, y la postura anímica de Bradbury recuerda mucho, en su vitalismo exacerbado, a la del autor de Canto a mí mismo.

»Decía Bradbury en el prólogo a sus Cuentos de dinosaurios que había tres temas que fascinan a los lectores y que seguirán fascinándolos por los siglos de los siglos: el antiguo Egipto, el planeta Marte y los dinosaurios. Yo añadiría como fuente de fascinación permanente para el lector de hoy y de mañana la escritura de Bradbury, tanto la de sus novelas y cuentos, sobradamente conocida y reconocida, como la de sus poemas, ahora puesta en circulación entre nosotros por esta antología de Salto de Página y por la poesía completa de Cátedra. Los amantes de esa escritura estamos de enhorabuena con el descubrimiento de sus versos.»

Luis Alberto de Cuenca, revista Nayagua, junio de 2014
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Ray Bradbury y la sencillez de la gran poesía

«Que la Editorial Salto de Página, en este año 2013, rodeados como estamos de sombras de grey, vampiros oligofrénicos y poetisas que creen habitar la modernidad arrojándonos fluidos corporales, haya decidido publicar los poemas de Ray Bradbury, es una noticia de tal alcance que sólo los que necesitamos del oxígeno poético para seguir resistiendo podemos valorarla como se merece. Así que lo primero es decir gracias. Gracias a Ray Bradbury por haber dejado esta maravillosa colección de poemas y a sus editores en España por haberla recuperado en una excelente traducción de Ariadna G. García y Ruth Guajardo González.

»Desde el mismo título de la antología —Vivo en lo invisible— empieza a perfilarse una aventura poética, que es precisamente por su falta de afectación , por la humildad de un autor que es capaz de vivir dentro de sus poemas, escondido, por lo que se hace honda y verdadera. Encontrarse en plena época posmoderna con un poeta que habla en voz baja, sin agitar patéticamente los brazos desde la cabalgadura de sus versos para que le prestemos atención, produce tal sensación de alivio que casi dan ganas de levantarse del sillón en el que paso las páginas del libro para ir a buscar al artista y darle un abrazo.

»Así que Bradbury ya ha conseguido crear el estado de ánimo necesario en este lector alérgico al postureo , y cuanto más susurran sus versos, más inclino la cabeza para acercar bien los oídos y no perderme una coma de lo que está diciendo. Y, o mucho me equivoco, o, santo cielo, algo está diciendo.

»Cuando el lenguaje poético vive cada vez más enclaustrado en la reflexión sobre sí mismo, en los juegos de espejos infinitos que en el mejor de los casos producen en el lector una agradable perplejidad ante el ingenio verbal del autor, y en el peor, una inaguantable sensación de impostura, Ray Bradbury escribe para habitar el lenguaje, y se niega a ser colonizado por la autoimportancia que se dan a sí mismos tantos malabaristas torpes de las palabras. Y en ese contexto nace la revelación. La poesía como descubrimiento esencial en los márgenes del lenguaje, que el poeta recoge con cuidado reverencial y envuelve en la transparencia de las palabras justas y necesarias para no opacar el brillo del contenido.

»Gracias Ray Bradbury. Aquí va mi abrazo encendido.»

Javier Cristóbal, Tarántula. Revista Cultural, 30 de octubre de 2013
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Una exaltación del deseo propio y del proyectado sobre otros

«El papel de Ray Bradbury como uno de los más brillantes narradores de ciencia ficción no necesita ser recordado. Suyos son libros fundamentales, como el maravilloso Crónicas marcianas, que abría una faceta más lírica, con mayor trabajo con el lenguaje, en el género, o el espléndido Fahrenheit 451, con sus inolvidables bomberos quemalibros, que aportaba una pieza fundamental a la línea crítica, prospectiva, de la ficción especulativa.

»Salto de Página reivindica la labor poética de este autor con esta heterogénea antología. Aquí se compilan textos desde 1964 a 2002, aunque la mayoría provienen de la década de los noventa o del siglo XXI. Bradbury, que llegó a publicar 16 poemarios, se mueve cómodamente en todo tipo de registros: narrativo, lírico, meditativo…

»El paso del tiempo constituye el centro de su poesía. Este es observado con cierta fascinación a causa de las transformaciones que acontecen: adolescencia, vejez. Al igual que en su narrativa, en estos versos tienen una gran relevancia en estos poemas la melancolía, el peso del pasado que determina el presente o la nostalgia del tiempo premoderno, donde existía un contacto más pleno con la naturaleza. De hecho, manifiesta la escritura como necesidad frente al olvido y a la locura (que no deja de ser otra forma de olvido). Sin embargo, no se apaga su felicidad.

»Conforman sus textos un canto a la naturaleza, donde incorpora el escritor una mirada trascendente. En ese sentido, se encuentran abundantes referencias teológicas, e incluso alusiones a Dios en distintas composiciones. Del mismo modo, también aparece una proyección romántica en el paisaje. Por su parte, se registran varias referencias pictóricas y literarias, donde abundan Moby Dick y Shakespeare, y algunos poemas de amor, con apelaciones constantes a su amada.

»Con todo, Bradbury se puede decir que lleva a cabo, en esencia, en Vivo en lo invisible, una exaltación del deseo, del propio y de aquel proyectado sobre otros que sí pueden cumplirlo.»

Alberto Garc√≠a-Tteresa, La Rep√ļblica Cultural, 22 de octubre de 2013
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Vivo en lo invisible, materia del verdadero asombro

«No toda poesía traducida lo es: quiero decir que no toda poesía después de la traducción lo sigue siendo. Pero la de Ray Bradbury en esta versión sí y, además, al máximo grado poético posible. Por eso conviene subrayar el cuidadoso esfuerzo de sus traductoras y el valor del resultado obtenido, que permite al lector transitar por un territorio literario que no deja de serlo nunca y que continúa transmitiendo la misma sensación espejeante que produce su texto original, del que este es pero que muy lograda y muy bien resuelta copia.

»Quien se adentre en él descubrirá una subyugante escritura que dibuja toda la rica galería de fantasmas que nutren la coherente cartografía de su autor. Bradbury —hay que decirlo— es un interesantísimo poeta, dueño de un mundo interior al que no puede renunciar y que de continuo aparece. También es un excelente lector de poesía, como deja ver la limpieza de sus composiciones, su concepto del verso y de la rima, el desarrollo mismo de los poemas y la arquitectura y solución del texto en sí.

»Quien ha sido un clásico de la ciencia ficción trata en su escritura poética sobre ello y quien ha sido un muy brillante narrador nos hace ver la muy milimétrica distancia que separa el cuento del poema. «Vivo en lo invisible», que da título a esta antología, es tambien el título de un poema, escrito en 2001, cuyos dos últimos versos dicen así: «Vivo en lo invisible, / lo invisible soy yo». Y este juego de perplejidades del yo y ósmosis del espacio y del tiempo constituyen los ejes de muchos de sus temas y determinan el curso que no pocos de sus poemas van a seguir.

Lo que era un viaje

Para Bradbury —que es un poeta religioso— la caligrafía de Dios es una letra cuyo símbolo y carácter quiere descifrar. Lo que no le impide escribir sobre temas propios del realismo —como en «América», donde trata la emigración— o criticar a los autores de «best sellers» y, de paso, a toda la mala literatura en general. Al hacerlo, no actúa como fiscal —no es esa su instancia de discurso—, sino como abogado defensor de la verdadera literatura, que ve peligrar en nuestro siglo.

»Su culturalismo es humanizado y humanista, como indica en «No vengo de Bizancio», fechado en 1975, que es una respetuosa respuesta a William Butler Yeats. Y lo mismo podría decirse de «El hijo de Ricardo III», donde fabula sobre el influjo corrector que una obra de Shakespeare tuvo sobre «Moby Dick», de Melville, a quien le hizo pintar de pánico el gris de sus amaneceres hasta que «todo lo que era microscópico llenó su habitación» y «todo lo que había llenado su habitación» acabó llenado también su mente. Lo que hizo que «lo que era un viaje» se convirtiera «en una cacería».

»No faltan aquí ni la exaltación del amor ni la vida entendida como «un perfecto vivir»; ni las alusiones a la pintura (Manet frente a Renoir, la luz de Van Gogh, Botticelli, El Greco, Miguel Ángel, Turner); ni el deseo y voluntad de conocer todo lo insondable. Y ello, en diferentes tonos que mezclan lo coloquial y lo sublime, la anécdota y la idealización de los instantes, el sueño y la memoria, la ensoñación y las evocaciones en una diversidad de metros que anulan toda monócroma monotonía y multiplican la riqueza de sus recursos y la abundancia de su diversidad.

Una llanura vacía de fantasmas

»Según él, «la oscuridad es nutritiva». Y su poética podrían resumirla estos versos: «Su única tarea —afirma— es apuntarlo todo / antes de que esas malditas cosas me ahoguen / de alegría / o me metan en una caja para esa larga noche / que no tiene final», en el que resuena el carmen V de Catulo.

»El recuerdo de su padre enseñándole a hacerse el nudo de la corbata es el motivo de «Amor». Todo para Bradbury es «pérdida» y «recuperación», pero sus temas son las mareas del alma y las sorpresas de la realidad vistas a través de un yo víctima de sus propios espejismos. La emoción del tiempo se confunde aquí con la emoción del yo: «Miro hacia la calle, hacia lo más profundo, / y veo cómo pasa en bicicleta el joven animal / que soñó que era yo».

»Lo que esta escritura busca es «la materia de la que se alimenta el verdadero asombro»; eso, y «un lugar a medio camino del cielo, / entre el verde de las hojas y la promesa del melocotón»: un espacio que advierte en «la católica quietud de silenciosa lluvia / que cae en España sobre una llanura vacía de fantasmas, / donde por las almenas pasea solo el viento / golpeando y tocando la campana de Dios».

»Bradbury posee el don de la poesía gnómica: muchos de sus versos lo son. En ellos estamos en una tierra de todos y de nadie, que es la de la poesía en sí.»

Jaime Siles, ABC Cultural, 3 de octubre de 2013
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Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos, Ray Bradbury

«Es la primera vez que se publica en España un libro de poemas del recientemente fallecido Ray Bradbury. Este escritor autodidacta nacido en 1920, maestro de la ciencia ficción y de la fantasía con obras imprescindibles como Crónicas marcianas y Fahrenheit 451, cultivó también la poesía durante toda su vida.

»Vivo en lo invisible (Salto de página, 2013) recopila poemas escritos entre 1953 y 2002, que ofrecen un mosaico representativo del concepto estético y filosófico del autor de Illinois y sus máximas a la hora de crear: «Mezclar la diversidad de verdades, lo ininteligible y lo luminoso.» Sin duda, una poética que quiere abarcar el universo, descifrando sus pequeños enigmas. Muchos poemas del libro ahondan en la metapoesía, y ese ansia de conocimiento, de anotar cada instante vivido hacen de Bradbury un poeta que escribe con avidez existencial, como forma de salvación: «Mi única tarea es apuntarlo todo/ antes de que esas malditas cosas me ahoguen de alegría/ o me metan en una caja para esa larga noche que no tiene final.» Todo ello impregna su poética de cierto realismo épico.

»Una de las características de la poesía norteamericana que también percibimos en Ray Bradbury es el considerar el universo entero como una extensión del individuo, hasta donde puede alcanzar su pensamiento. Desde la quietud de lo contemplativo, el poeta puede trasladarse a planetas distantes sin perder el sentido de pertenencia a ese fragmento de universo, percibiéndolo también sensorialmente.

»A medida que nos vamos adentrando en el poemario, nos sorprende la variedad temática del autor americano, cuyo punto de partida es lo doméstico, sirviéndose de metáforas muy visuales-poemas dedicados a su mujer Maggie y a sus hijos, un recuerdo a su padre, el tedio de un domingo en Dublín o la ducha como lugar idílico para llorar-debatiéndose muchas veces entre la introspección y lo colectivo, sin eludir el compromiso social. Asimismo, abundan los poemas con referencias culturales sobre el arte, la ciencia o los diálogos con obras literarias, como los que dedica a Shakespeare, Melville y H. G. Wells, sus escritores de cabecera. Pero sus grandes temas serán la identidad, Dios (en forma de panteísmo), el paso del tiempo, el deseo de permanencia y la madurez, en los que convergen diferentes tiempos y espacios, algo característico de la faceta lúcida de Ray Bradbury, llena de juegos y desplazamientos. A través de un humor ácido, plasma en algunos textos la mortalidad inevitable del ser humano: «Ojalá hubiésemos sido más altos/ y hubiésemos tocado el puño de la camisa de Dios, su dobladillo,/ no tendríamos que dormir y partir/ con los que ya se fueron.»

»Mención aparte merece la métrica y rima de los poemas, sobre las que el autor norteamericano ejerció un gran dominio, desde el verso libre hasta el alejandrino consonántico, creando un estilo a veces descuidado, otras hermético o surrealista, fruto de esa escritura enfebrecida, entre la memoria y el subconsciente. Leer los textos en voz alta es un ejercicio de pura musicalidad. Con buen criterio, las traductoras del libro, Ariadna G. García y Ruth Guajardo, han optado por prescindir de la métrica Bradburiana en la traducción, salvo algunos endecasílabos y heptasílabos en determinados pasajes, logrando una versión en castellano muy fluida; tarea nada fácil. Los lectores de la prosa de Bradbury o los que se acerquen a su obra por primera vez, tendrán entre sus manos a un autor que “en cada verso aletea vida”, como mencionan las traductoras en el ilustrativo prólogo; a un poeta que no bajó nunca la guardia, porque “uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo aniquile”.»

Verónica Aranda, La tormenta en un vaso, 12 de septiembre de 2013
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Contraelegías, o el peso del pasado en Ray Bradbury

«En el poema Recuerdo (p.151) Ray Bradbury narra cómo de niño escondió un mensaje en el nido de una ardilla y cómo, cuarenta años después, el mensaje seguía intacto y adquiría la plenitud de su sentido. “Te recuerdo”, dice la nota. El niño recordaba al hombre que acabaría siendo, ambos eran lo mismo a pesar de la dictadura del tiempo y la destrucción que conlleva. Ser uno siempre, desde un instante pequeño hasta el final, y a esa eternidad llamarla Dios. Por ejemplo. Esa es la idea que baña esta antología que por primera vez nos trae la obra en verso de Bradbury a nuestro idioma. La búsqueda del hilo interior que nos cose en el tiempo.

»Su vida, su tiempo íntimo, sagrado, reducida a unos cuantos poemas que van desde 1964 hasta 2002, y abundando aquellos que inciden en un concepto que llamaremos contraelegíaco. “Todo es pérdida y hábil recuperación” (p.99) nos dice.  Los poemas de este libro, rescatados del pasado, son como la nota que aquel niño dejó en el nido de las ardillas, huellas de la memoria y el futuro que recorre su vida al mismo paso. Aquí no se canta lo perdido porque nada se ha perdido. Contraelegía. Todos y cada uno de los Bradbury que ha creído ser están expuestos en este catálogo deliberadamente exhibicionista, todos sus yoes internos (p.69) que en el fondo son el mismo, siempre.

»En ese sentido abundan las referencias al paso del tiempo y de que aquello que cose el tiempo dentro de nosotros se mide en lo que pequeño: el nido de las ardillas o el olor a tabaco en los dedos del padre que le enseñó a hacerse el nudo de la corbata (p.93). Nada se pierde ni desaparece, aunque el tiempo parezca ser efímero como el aleteo de un colibrí (p.17), por eso la insistencia en la memoria viva traducida en lugares míticos para su biografía personal como Dublín o para la de Occidente como Troya o Bizancio, cuyas ruinas nunca pudieron ser borradas por el tiempo. Y todo, en la Historia y en la vida, pervive  gracias a la escritura, a los libros de Shakespeare o Stevenson, a la pintura de Manet. La enorme figura de Moby Dick como metáfora de casi todo.

»Hemos hablado de eternidad y nombrado a Dios, y es que Ray Bradbury construye un mensaje nítidamente religioso, donde coincide  la loa a científicos como Lavoiser o Darwin con elementos tradicionales de un cristianismo más gestual que místico. El tiempo,el peso del pasado, la eternidad, el hombre en sí, sólo son reflejos de Dios, pero tampoco se elabora un mensaje crítico o problemático con esa relación. Es, y Bradbury lo celebra. Por ello, y por alguna que otra proclama nacionalista o antiecologista, el autor de novelas del futuro se nos muestra como un hombre de ideas conservadoras más aferrado al pasado de lo que podríamos pensar. De hecho llega a emparentar la pintura rupestre con la Ciencia Ficción (p.175) cosiendo, también, en el mundo del arte y de la representación del mundo el tiempo como un solitario reflejo de lo mismo. La fe en Dios es la misma que la fe en el progreso científico, donde sólo se permite la herejía de cuestionar las armas nucleares (p.57).

»El conservadurismo de Bradbury también se refleja en su concepción formal de los poemas, donde la mayoría son estrofas rimadas de corte clásico (las traductoras han optado con buen criterio por no reproducir la rima, que fácilmente se puede cotejar en el original en inglés de las páginas pares) y que además aborda los tópicos poéticos sin apenas  voluntad de riesgo, rozando en algunos momentos el puro kistch.»

Con estas armas Bradbury quiere notificar su vida, un idioma de otro tiempo para constatar la eternidad, el hilo común del tiempo. Contraelegía a contraelegía. Como la nota en el nido de la ardilla. “Lo escribes o se olvida” (p .71 ) “. Mi única tarea es apuntarlo todo” (P.81) y perseguir la coherencia y la unidad desde el nacimiento hasta la muerte, como si fuéramos siempre los hombres que somos hoy y eso fuera la prueba de la existencia de Dios. Algo así. “Vivo en lo invisible./ Lo invisible soy yo.” (p. 149).

Ra√ļl Quinto, Quimera, septiembre de 2013
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Vivo en lo invisible

«Aviso: esto no es una reseña al uso, en la que se da una opinión más o menos subjetiva sobre el libro que corresponda. Es una recomendación entusiasta de una obra que debería estar en todas las estanterías, al lado de Crónicas Marcianas o de El vino del estío, y que pasa a ser miembro de ese selecto grupo de obras que deberían ser disfrutadas y releídas al menos una vez al año.

»A estas alturas poco se puede contar nuevo sobre Ray Bradbury. Por si acaso, y por si hay alguien que tiene la suerte no haberlo descubierto todavía y esta es la primera vez que lee algo sobre el Maestro, decir que Bradbury, nacido en 1920 y fallecido hace pocos meses, ha sido uno de los escritores de ciencia ficción y fantasía más importantes e influyentes de la historia. Su numerosa obra ha marcado a generaciones enteras, ha inspirado a muchachos que más tarde se convertirían también en escritores y, sobre todo, nos ha hecho ser conscientes de forma intensa de nuestra propia humanidad en un mundo cada vez más tecnificado. Vivo en lo invisible recoge cincuenta y tres poemas, escritos a lo largo de más de treinta años, en los que el autor nos muestra una faceta suya que a muchos nos resultaba desconocida: la de poeta, capaz de transmitir unas emociones que ya sus lectores ya conocíamos con unas herramientas que nos resultan nuevas, desde el verso libre más surrealista hasta el pareado alejandrino.

»En cuanto al espinoso asunto de la traducción, Ariadna G. García y Ruth Guajardo González han puesto todo su empeño en tratar de transmitir el tono y el ritmo dados por el autor a sus poemas. Tarea complicada, porque Bradbury es un maestro de las palabras y, tanto en la prosa como en el verso, del ritmo. En el prólogo, las traductoras defienden con sensatez su decisión de no recurrir al ─trasnochado─ efecto de intentar mantener la rima y el tipo de verso, y junto al cuidado puesto en la edición bilingüe, logran que la lectura de cualquiera de los poemas se convierta en una experiencia por sí misma, al margen del conocimiento del inglés que cada uno tenga. Fueron además las propias traductoras las que propusieron a la editorial la traducción y publicación de este Vivo en lo invisible, al saber que ninguno de los muy numerosos poemarios de Bradbury habían sido publicados en nuestro país. Un aplauso pues para ellas y para Salto de página.

»En cuanto a la obra en si, la formación autodidacta de Bradbury se ve reflejada en la amplitud temática del poemario: la selección, hecha con exquisito cuidado, acoge homenajes a sus maestros, como Melville y Shakespeare, hermosos poemas de amor a su esposa Maggie, gozosos viajes en cohetes a las estrellas, dinosaurios, cine, pintura, amores juveniles, reflexiones de madurez, critica literaria...y, en fin, todo lo que una vida larga y fecunda como escritor y humanista le ofreció. Porque la poesía de Ray Bradbury es ─y no soy nada original escribiéndolo, pero es obligado hacerlo por si ha quedado algún despistado─ un canto a la lectura y a la vida (o a leer la vida), igual que el resto de su obra. »

Matt Davies, Sagacomic, 20 de junio de 2013
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Vivo en lo invisible

«En el año 2009 encontré, de casualidad, en una librería de Dublín un libro que me atrajo con fuerza: I live by the invisible, una antología de poemas selectos de Ray Bradbury. Aquella coincidencia tuvo en mi vida consecuencias imprevisibles y excepcionales. La obra no estaba traducida al español. Me costaba creerlo, la lírica de unos de los grandes narradores norteamericanos del último siglo permanecía inédita en la lengua de Cervantes. Y me confabulé con mi pareja para remediarlo. En 2010, Ruth Guajardo y yo emprendimos la aventura de su traducción. Hoy en día, gracias a la apuesta de Salto de Página, el libro está en las calles.

»¿Qué distingue a Ray Bradbury?

»Hay autores que escriben con un ojo en el mercado y con la oreja pegada a cuanto está de moda, que escriben libros sin alma. Frente a éstos, los hay que se conocen, que ya saben cuál es su identidad literaria, qué temas les preocupan y obsesionan, aquellos incendios o fuegos diminutos de los que luego hablarán con pasión, en mareas de palabras que arrastrarán con ellos a los lectores. Imposible escapar de la resaca cuando el oleaje emerge del fondo de uno mismo, con la fuerza de la sinceridad, y las aguas transportan el amor, la furia y el miedo que asolan las entrañas de quien escribe. Ese ímpetu arrastra, voltea, hunde e inunda a los hombres y mujeres que se asoman, en busca de emociones, a las playas de los verdaderos escritores. Allí siempre encontramos una bandera roja señalando el peligro de inmersión en las altas mareas de la vida. Nadie escapa de un libro si te empuja, con vigor animal, a la arena submarina, donde lidia el autor con la muerte, con el paso del tiempo, la vejez, la memoria o la injusticia. Pocos son los escritores que se llenan las manos de sangre, que levantan polvo a cientos de kilómetros bajo el nivel del mar. Se les reconoce porque “sabían divertirse trabajando”. Gracias a sus obras, los lectores, después, se encuentran más seguros en el mundo, más fuertes, más preparados para sobrevivir bajo la luz del sol y las estrellas. Bradbury es uno de ellos.

»Escribía llevado por la voracidad. Sus poemas son relámpagos. Energía. Tensión. Una veloz descarga que estremece la sangre. Sus poemas emocionan y duelen porque son sinceros. Nos habla de sí mismo, de sus miedos, recuerdos y nostalgias. En cada verso aletea la vida. No es autor que use máscaras o que imposte la voz. Se nos presenta con los brazos desnudos, cubiertos por el polvo del pasado y anhelantes de nuevos arañazos. Si lo lees, el niño que fue Bradbury te mira desde el fondo de los versos. El anciano respira. ¿Le concedes el sueño de la inmortalidad? »

Ariadna G. García, El rompehielos, 13 de mayo de 2013
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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