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reseñas y críticas Ya no estaremos aquí

De Matías Candeira (Madrid, 1984) había leído hasta ahora tres relatos: el primero en la antología de Menoscuarto Siglo XXI, Los nuevos nombres del cuento español actual, otro en el libro La soledad de los ventrílocuos y otro en Todo irá bien. Durante los últimos años he coincidido más de una vez con Candeira en persona, sobre todo en presentaciones de libros de la editorial Salto de Página o de Candaya. Cuando José de Montfort, el responsable de prensa de Malpaso (grupo editorial al que pertenece ahora Salto de Página), me mandó al correo el dossier de prensa que anunciaba la aparición del nuevo libro de Candeira, se lo solicité. Ahora mismo estoy escribiendo de nuevo relatos, y me apetece conocer las corrientes actuales del género en España.
Ya no estaremos aquí es el cuarto libro de cuentos de Matías Candeira y está formado por nueve relatos. El más corto tiene siete páginas y el más largo veintiocho.
El primer cuento es Las estrellas miran hacia abajo. En él, un narrador en segunda persona se acerca al maestro de un pueblo, que acompaña a sus alumnos hasta las afueras de la población. «Es tarde, ¿verdad? La hora en la que deberías buscar la parte trasera de un muro, una trampilla metálica, un sótano; y meterte ahí abajo, tan profundo que te cueste salir». Con estas palabras, que crean una sensación de amenaza, empieza este relato. Ya en la primera página se narra el encuentro de la expedición con un lobo. La imagen es extraña, pero el cuento todavía se encuentra dentro de los límites del realismo narrativo. Este «realismo» se romperá poco después. El lector descubrirá que los padres de los alumnos han desaparecido. La tierra que rodea al pueblo se ha abierto en simas. «Es bastante profunda y cruza el campo de centeno con un diseño caprichoso. Prolongadamente, se va volviendo recta, y se ensancha cada vez más. De las paredes van cayendo puñados de tierra roja» (pág. 14). La violencia va ganando cada vez más terreno en este cuento. Las estrellas miran hacia abajo es un relato desconcertante, que juega con la extrañeza y la sensación de amenaza que transmite el clima creado.
Casa de nieve se acerca también al tema de la infancia y la adolescencia, muy presente en este libro. «No iré al instituto», es la frase que da comienzo el cuento. De nuevo nos acercamos a un escenario rural. Un adolescente se enfrenta a la posible muerte de su padre y a su indefensión ante la vida. En el pueblo nieva y los caminos desaparecen.
En la creación del relato que propone Candeira es muy importante la atmósfera, y para conseguir una atmósfera extraña y amenazante, uno de los recursos de los que se vale es el tiempo atmosférico (la nieve, las tormentas, o esa aparición fuera de lo natural de las grietas en el suelo del primer relato…). Casa de nieve es un cuento sobre la soledad, que puede acercarse al cuento fantástico o mantenerse dentro de los cauces del realismo (será el lector quien decida).
Ya no estaremos aquí es un libro de relatos que juega a romper las expectativas del lector. En el tercer cuento, titulado Detrás de la tormenta, Candeira cambia el tono y nos acerca a una narración, en principio más realista, que podría acercarse al género negro. Un criminal corso espera a sus enemigos en una barca en el mar y recibe, sin embargo, una visita inesperada.
Me gusta esta idea de la ruptura de las expectativas del lector; creo que beneficia las propuestas como la de Matías Candeira. Cuando el lector comienza a leer uno de sus cuentos, no acaba de estar seguro de hacia dónde se dirige. En un principio, es lógico que suponga que si los dos relatos anteriores eran fantásticos o trataban sobre adolescentes, el tercero siga siendo así. Pero las reglas mutan, los relatos de género (fantástico, realista negro…) se transforman en otra cosa y el libro sigue avanzando.
Las profundidades nos habla de la extrañeza y el miedo que siente un padre hacia las posibles rarezas de su hija, y se convierte en una narración simbólica sobre el salto entre generaciones. Me ha recordado a algunas de las narraciones de la escritora argentina Samanta Schweblin en su libro Pájaros en la boca.
El cuento Lar, narrado desde la perspectiva de un perro asesino de humanos, no me ha acabado de convencer; me parece que está contado con excesiva ambigüedad. Creo que los cuentos de Candeira funcionan mejor cuando muestra escenas más nítidas para el lector. El siguiente, El interior de un ojo, es de los más cortos, y al igual que Lar, de los que menos me han gustado. Basa su fuerza (insuficiente para mí) en el supuesto poder amenazante de unas tijeras sobre una pareja.
Bosques tranquilos es uno de los cuentos más largos del libro y sin duda mi favorito. Si lo comparo, por ejemplo, con Lar creo que elijo Bosques tranquilos porque, como lector, siento mucha más cercanía hacia la precisión de las imágenes trazadas que hacia la ambigüedad narrativa de Lar. Bosques tranquilos puede ser un relato simbólico sobre el miedo a la inmigración por parte de la vieja Europa, ya que nos acerca a una urbanización burguesa en un futuro de campos arrasados, que se siente amenazada por las personas que viven en el oscuro bosque cercano.
La instalación trata sobre la obra de un artista que explica el porqué de su arte a un grupo de visitantes. El artista se presenta aquí como un ser narcisista y cargante que, bajo la supuesta premisa del sufrimiento que ha padecido en el pasado, se permite más de una licencia inverosímil. Me gusta que La instalación no acaba de ser un cuento abiertamente fantástico, pero su tratamiento no es realista, porque las reacción de los personajes ante las situaciones propuestas no lo es, sino que sería más de estirpe kafkiana o expresionista, una corriente del relato neofantástico muy practicada en la actualidad en Argentina, por autores como la citada Samanta Schweblin, Federico Falco o Tomás Sánchez Bellocchio.
Por fin, Hija pródiga es un curioso relato apocalíptico, con muertos que regresan de la tumba convertidos más en monstruos que en zombis, pero que también, como otros cuentos de Ya no estaremos aquí, trata de la soledad de la adolescencia y del deseo.
Decía al principio que, hasta ahora, no había leído ningún libro completo de cuentos de Matías Candeira, uno de los jóvenes cuentistas más reputados de España, y me ha gustado hacerlo por fin. Me gustan sobre todo –como ya he apuntado– los cuentos más nítidos en sus imágenes que los que juegan excesivamente a la ambigüedad. Candeira es un escritor imaginativo, un gran dibujante de atmósferas inquietantes (en este sentido creo que podría ser un admirador del escritor de cuentos de terror Thomas Ligotti). Pero en esa habilidad puede encontrarse también una de sus debilidades: en algunos casos le cuesta, tras dibujar el atractivo escenario, crear en él una historia potente, y el relato se queda en la muestra de personajes caminando por ese escenario. Pero tampoco creo que sea éste el rasgo predominante de este autor, porque el lenguaje de Candeira es muy cuidado, y su propuesta, atractiva en la mayoría de las páginas aquí expuestas, destacando piezas tan inquietantes y logradas como Bosques tranquilos, Las estrellas miran hacia abajo o Las profundidades.

David Pérez Vega, Eñe, 10 de octubre de 2017
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Ya no estaremos aquí (Salto de Página, 2017) es el cuarto volumen de relatos de Matías Candeira (Madrid, 1984) es un autor que, pese a su juventud, parece plenamente asentado en el género del cuento en España. Si hay algo que caracteriza la escritura de Matías Candeira es la creación de ambientes, de eso que, usando una metáfora meteorológica, el común denomina atmósfera. Quizás, de todos los que aquí comparecen, sea este el libro menos naturalista. No hay apenas referencias al contexto histórico o social ni, nos atreveríamos a decir, psicológico. Estamos ante un libro que lo juega todo a la construcción de un imaginario propio. Despreocupado de lo cotidiano, su autor se centra en elaborar un universo de  ficción que se atiene a sus propias reglas. Así funciona la ficción, y la probabilidad condicionada. Adentrarse en estos relatos resulta semejante a entrar en un parque de atracciones (o en una instalación artística, como ocurre precisamente en el relato titulado Instalación) donde estas consisten en sutiles variaciones del tren de la bruja. Tienen mucho de unheimlich, de siniestro, los relatos de este libro. Y si no, imaginen una urbanización sellada a cal y canto frente a las amenazas externas donde un niño se cuela para llamar a una puerta y pedir… un libro; o que un pato sea el artífice de una vendetta. Un universo siniestro no desprovisto de humor (negro, qué esperaban) que unifica todo los relatos y que los dota de una coherencia no sabemos si premeditada pero  que no abandona al lector de principio a fin.

Javier Moreno, El cuaderno, septiembre de 2017
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Vigencia de la extrañeza

Ya no estaremos aquí Salto de Página 2017() reúne nueve cuentosde Matías Candeira (1984) envueltos en una atmósfera ominosa, a veces críptica, que ordena un mundo de acabamiento y supervivencia precaria. El ambiente de la mayoría de los cuentos tiene ese aire de ciertos escenarios futurosdonde toda desdicha es posible, y que parece moverse dentro de las pautas de lo onírico (....) En resumen, una colección de relatos impregnados de insólita extrañeza, y en los que se manifiesta una decidida voluntad de estilo. (...) Buena parte del cuento que se está escribiendo entre nosotros no deja de suscitarme sorpresa y satisfacción.

José María Merino, Leer, septiembre de 2017
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El escritor madrileño alcanza su madurez narrativa con un conjunto de relatos sin apenas fisuras

La lectura de los relatos de Matías Candeira produce sensaciones extrañas. Una tras otra, las nueve historias de Ya no estaremos aquí (Salto de Página, 2017) golpean al lector sin permitirle un respiro. Siempre y cuando se las lea así, sin dejar mucho tiempo entre ellas, hacia el final uno empieza a sentir que se acumulan los impactos de esta forma de narrar, oscura e implacable; una forma que va más allá del sentido conocido de las palabras y que se adentra sin pudor en pesadillas mentales anexas. Una vez cerrado el libro, muchas de las imágenes se resisten a escapar, tal es el vigor con que están construidas. Es el efecto que producen unos relatos sin apenas fisuras narrativas y que persiguen la sugestión: «Se me da bien preguntarme cosas para las que no tengo verdaderas respuestas» («Casa de nieve»).
Ya no estaremos aquí es el cuarto libro de relatos de Matías Candeira, amén de la novela Fiebre, y me atrevería a decir que es del que puede sentirse más satisfecho. El poder sugestivo de su voz no se rebaja en ninguna de estas páginas. Pero además, narrativamente, si se analiza relato a relato, puede corroborarse una autosuficiencia imaginativa y estética que, tópicos mediante, lo sitúan en su madurez como narrador: «No me cuesta imaginar otros universos en los que también vivo y en los que también hay hielo acumulándose silenciosamente sobre esta casa» («Casa de nieve»).
Si de algo puede presumir Candeira es de haber logrado en sus cuentos un mundo propio, exclusivo, cerrado herméticamente a lo que conocemos como realidad exterior y de leyes indescifrables: «¿Quién ha seleccionado con su mano y con su guante quién de ellos moría y quién se quedaba aquí?» («Las estrellas no miran hacia abajo»). He aquí uno de los principales atractivos de Ya no estaremos aquí en particular y de su obra narrativa en general: el diseño de distopías, valga la moda posmoderna. Su singularidad creativa reside en que las más de las veces estos mundos están apenas esbozados o directamente son inexplicables, todo lo cual garantiza una mayor trascendencia de sus personajes. Así, Candeira se afana en delinear personalidades ya de por sí huidizas, en las que escarba para extraer fragmentos de pasado y de intimidad perturbada, a menudo malsana, que podrían llevar a explicar algunos de los comportamientos, muchas veces imprevisibles, que estos personaje muestran: «Al pasado lo quemamos en una hoguera. Casi siempre es un amigo gordo, atado a un potro de tortura. Bajamos allí y nos lo pasamos bien con él» («Casa de nieve»). En este punto me vienen recuerdos de las películas del cineasta griego Yorgos Lanthimos.
Su discurso literario actúa como alternativa a lo establecido y legitimado, en contra de las más penosas patologías del ser humano y la vida moderna: el egoísmo, la individualización, el miedo a lo desconocido o la insatisfacción personal. La creación de Matías Candeira, pues, nace de la necesidad de respuestas —«Quizás esas vísceras también serían negras. ¿Y ellos? ¿De qué color es ahora lo que tienen estos niños debajo de la piel?» («Las estrellas no miran hacia abajo»)—, porque su pretensión narrativa es siempre abrir la puerta de clase y llevar «a los niños hacia la salida» («Las estrellas no miran hacia abajo»). En este sentido, son los niños los que tienen la llave de las cosas, la vía para desactivar amenazas inconcretas: «Hay cerraduras en mi hija», se lee en «Las profundidades», uno de los textos más crípticos del conjunto.
Y todo esto con un estudiado peso en el estilo y en el lenguaje de la ausencia. La escritura de Candeira exige al lector de una manera muy intensa, pues insinúa diferentes capas semánticas que deben ser reconstruidas a posteriori si se quiere llegar al fondo de las historias. El mismo título de la antología en confrontación con los textos es ya un ejemplo excelente. Se ha comentado mucho acerca del valor poético de su escritura, que lo tiene, pero sus relatos son fuentes de las que brotan conocimientos de estética literaria, como escribí más arriba, de retórica, con un fino oído para los sonidos de las palabras, de cultura popular y de teoría narrativa, sin que el clasicismo pese en demasía. No es casual que el narrador de «Casa de nieve» afirme «a veces sustituyo los verbos voluntariamente», pues «también los verbos hay que calentarlos», lo que podría tomarse como una poética de la escritura del autor. En estos ámbitos se podría marcar la diferencia real respecto de otros proyectos literarios de su generación.
Si alguna pega cabe poner a la colección sería que, aunque casi todos los relatos son finalmente logrados, hay pasajes en los que adolecen de cierta solemnidad o rigidez, de cierto hieratismo narrativo, que puede retrasar o entorpecer una lectura satisfactoria. O más que entorpecer, dispersar a aquel lector que no esté habituado a escrituras que tiendan a lo contemplativo: pienso por ejemplo en «Detrás de la tormenta». En mi opinión, la relación con la lectura mejora cuando Candeira relaja el tono y permite la presencia de la ironía, lo que provoca una paradoja tragicómica que enriquece de matices el terrorífico contexto: «Desde luego, mi padre no es un yeti. No puede serlo porque apenas desprende majestad y sí muchos olores. Para imaginarme en los brazos del yeti ya tengo a Olivia. Hay un silencio en el centro de su nombre» («Casa de nieve»).
Ironía burlona en el terror y en la desesperación y frialdad irónica en el sentimentalismo: esta es la estrategia más productiva de las que se ensayan en Ya no estaremos aquí, cuyos ejemplos más esclarecedores son los tres relatos finales: «Bosques tranquilos», «La instalación» e «Hija pródiga». En cualquier caso, son nueve cuentos fabricados con un tiento portentoso, admirable, que dejan al lector una fuerte impresión de haberse relacionado durante un tiempo con lo desconocido.

Rubén Rojas, Cuatro Ojos magacín, 28 de julio de 2017
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Relatos de un tóxico dónde

Errónea, fácilmente, suele pasar inadvertida. Tan breve, impercibida. Colocada como por azar, como por cierta estética, un instante antes del comienzo. Sin embargo su presencia es a veces esencial: contiene, en palabras y contextos de otros, lo que el autor considera que es síntesis casi perfecta de su propia obra. Por eso cuando Matías Candeira cita a Salinger («Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo cuando van entre el centeno, muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno…»), y a Canetti («Ningún animal ha visto las estrellas, ni una sola estrella es conocida por un solo animal…»), una página antes de su Ya no estaremos aquí (Salto de Página, 2017), es porque ambos extractos ya hablan; sin saberlo ya dicen, el libro.
Si «la imaginación es una enfermedad», como se expira y sentencia en «Bosques tranquilos», Matías está siniestra y hermosamente contagiado. Autor de los volúmenes de relatos La soledad de los ventrílocuos (Tropo, 2009), Antes de las jirafas (Páginas de Espuma, 2011) y Todo irá bien (Salto de Página, 2013), y de la novela Fiebre (Candaya, 2015), el escritor regresa al formato breve con nueve historias de atractivo y gélido terror. Profesores, padres, hijos, artistas, hasta patos y perros, en profético lenguaje son testigos y víctimas de la destrucción, la metamorfosis, el desoriento y la pesadilla habitada y habitante. Siempre cerca suyo, como verdaderos protagonistas, esquejes de hombres y mujeres. Humanos pequeños, niños; que en su misterio tal vez contienen alguna esperanza. «Hay cerraduras en mi hija –se narra en «Las profundidades»–. A veces me pongo rojo delante de ella. Sucede cuando quiero que esté aquí de verdad, que me deje ser su padre, o al menos alguien seguro con quien cruzar una palabra». Sí, tal vez se halle en ellos alguna luz, pero celosamente la guardan, la custodian, la esconden. ¿…Y si amenazaran con condenarla, como sus adultos hicieron consigo mismos?
Fiel a su voz oscura y distante, en cuya originalidad y tenebrismo halla su valor, a través de «Casa de nieve», «Detrás de la tormenta» o «Hija pródiga» Matías recorre con pies punzantes escenarios tan comunes y simples como desoladores. Esquinas de ciudad y campo donde se sucede lo desterrado. ¿Los hizo así el hombre, sabiendo de antemano que las flores mueren? ¿Los hizo a su imagen y semejanza? En «El interior de un ojo» se escruta: «Son sus ojos. Hay algo ahí detrás. La negrura resbaladiza, el vacío». Ojos aquí como esferas, como espejos de noche, mas también como metáforas de los escenarios y personajes de Ya no estaremos aquí. Aquí, dónde. Indescifrable, oscuro, tóxico dónde. Un espacio del ser humano donde vive la asfixia. Porque gran parte de estos cuentos los sobrevuela la incomprensión, la incoherencia –premeditada, se entiende, se supone–, en los que la descripción de las emociones y su conducta, a veces temeraria, otras huidiza por débil; siempre angustiante, se come al argumento. Que baila, dice, desdice y deja en suspendida intriga su cronología y su verdad. En Matías, sobre todo, es el deleite de la forma. Forma metamorfoseada en mueca que hereda de Kafka esa finísima frontera entre lo absurdo del personaje y su situación, su estar o ser, y la terrible cotidianeidad que lo rodea y devora.
«Y me preguntó si crecía hacia dentro o hacia fuera». Acento de «Bosques tranquilos», el que condenó la imaginación. Forma que cuenta, con hilos negros, pesadillas de los que fueron infancia y de los que nacieron sin ella. Seguir la prosa de Matías Candeira –de puntillas, por si acaso se pisa niebla y se cae en un insondable agujero negro–, es acción recomendable para quienes gustan de literatura atípica, indómita e incógnita. Y así como Salinger y Canetti ya lo advierten en aquella siempre olvidada página–prólogo, antes lo hace la portada: una ilustración de Aron Wiesenfeld, sugestiva y misteriosa como son todas las suyas y bautizada Flood, anuncia esa tierra de nadie vacía y llena de grito que es este libro. «“Crecen hacia dentro”, me dije entonces, y di gracias por la sabiduría de mi hija».

Andrea Reyes de Prado, Hombre en camino , 8 de septiembre
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No quiero volver a decir que me encanta el terror pero ya lo he dicho. No lo puedo evitar, en cuanto veo una historia que tiene algún elemento que me ponga los pelos de punta no puedo evitar emocionarme. Si, además, es un conjunto de relatos como este que nos presenta Matías Candeira en Ya no estaremos aquí me es imposible resistirme porque al fin y al cabo ¿para qué hacerlo cuando podemos disfrutar de un ratito de sanísimo miedo?
En Ya no estaremos aquí nos encontramos con nueve relatos que caminan por ese borde que separa la vida ordinaria de la irrealidad. Un borde que no se sabe muy bien donde está, difuminado, un borde que cuando queremos darnos cuenta ya hemos cruzado y nos encontramos al otro lado, y entonces ya no hay vuelta atrás. Un borde hecho de palabras aparentemente inocuas pero que se clavan para hacernos sangrar.
También hay niños. Muchos niños, en diferentes grados de salvajismo, niños que van y vuelven, niños que nunca volverán y niños que nunca llegarán a ser adultos. Niños que juegan al borde de un precipicio terrible, niños que sobreviven como pueden en el fin del mundo, niños que acuden a exposiciones de arte obligados por sus padres y disfrutan de la violencia sin sentido. Olvidaos de los niños dulces y mimosos, que aquí no están.
Ya no estaremos aquí sabe hundir sus garras en unas pesadillas terribles que parecen muy reales. Es la fuerza de sus palabras, de barbacoas veraniegas aparentemente despreocupadas que encierran terribles secretos, de padres que intentan comprender a sus hijos y ven como estos se les escapan de una manera sutil pero inevitable. El mundo de estos relatos es un mundo real, cercano, terrible y sobre todo, muy incómodo. Un mundo que no es el nuestro, pero casi.
Matías Candeira nació en Madrid en 1984 y aunque es licenciado en Comunicación Audiovisual lo que de verdad le gusta es dar vida a mundos literarios terribles que parecen querer escaparse de las páginas. Ha recibido varios premios y prestigiosas becas y colabora con diferentes medios de comunicación, además de haber publicado su novela Fiebre y varias colecciones de relatos como Todo irá bien o Antes de las jirafas.
Conocí a Matías Candeira con Todo irá bien y desde entonces no puedo resistirme a sumergirme en sus historias cada vez que tengo ocasión. El mundo de las historias de Matías es un mundo siniestro, un mundo al que da vértigo adentrarse por si cuando vuelves toda tu vida ha cambiado. Un precipicio al que asomarse, esos son los relatos de Candeira pero ¿quién podría resistirse a un punto de terror en nuestra vida? Yo no, desde luego.

Sarah Manzano, Papel en blanco, 23 de junio
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La infancia es el territorio donde se miden los escritores más transgresores, aquellos que no se conforman con infligir daño a los (personajes) adultos para reflexionar sobre el mal, sino que van más allá y desoyen el tabú de la muerte o la sexualización infantil —el más férreo en nuestra tradición—, y hablan abiertamente de las causas y consecuencias del mal en los niños. En 2012, Anagrama publicaba dos títulos clave para reavivar el debate de los abusos sexuales a menores: Cuatro por cuatro, de Sara Mesa, y La mujer de sombra, de Luisgé Martín. En 2013 llegaba Intemperie (Seix Barral), de Jesús Carrasco, menos original pero mucho más vendido y celebrado, que hacía lo propio con la violencia ejercida sobre los niños que carecen de protección. Subsuelo (Salto de Página), de Marcelo Luján, en 2015, y Nefando (Candaya), de Mónica Ojeda, en 2016, abordaron también la sexualización infantil, el primero con el agravante de incesto fraternal, y la segunda con el de pederastia paterno-filial.
Estos antecedentes, aunque parciales e incompletos, permitirán ubicar el último libro de Matías Candeira, Ya no estaremos aquí (Salto de Página, 2017) en una tradición cuyo crecimiento puede obedecer a dos razones: la necesidad así mismo creciente de reflexionar sobre estos aspectos, y también la de buscar vías menos saturadas para impactar (acaso epatar) a un lector abrumado por una realidad brutal: niños que mueren por decenas o que son secuestrados para ser violados y prostituidos, a las puertas de nuestra piadosa Europa, y aún dentro de ella.
Matías Candeira pone la vista más allá, porque la distopía es el refugio del corazón sensible (a pesar de todo). Admitamos que todo se va a ir a la mierda, que no seremos capaces de reconducir la situación a pesar de la alertas, admitamos que pronto la civilización entrará en una nueva fase, una fase de supervivencia donde la ética será un lujo como lo es hoy el caviar (y no me refiero al lumpo del Mercadona). Deleitémonos entonces en la poética del desastre, de la selección natural, del estupro, tonteemos con el fin del carácter absoluto del valor de la vida, todo eso que ya ocurre en Sudán o en Eritrea o en Yemen o en Siria, donde ser niño no es garantía de nada, más que de vulnerabilidad y sufrimiento.
Y empecemos a trabajar en el libro.
Confieso que durante la lectura de Ya no estaremos aquí he confrontado una y otra vez mi concepción cartesiana y prejuiciosa de la narrativa con el texto y que, al final, ha ganado el texto. Cansado de que la elipsis sea el personaje principal de la narrativa española contemporánea, sigo buscando con denuedo, aun a riesgo de que me consideren idiota, historias en las que sepa qué demonios sucede: dónde están los personajes y quiénes son esos personajes. Decía Flannery O’Connor que muchos escritores «creen que se sugiere algo con sólo nombrarlo», y se queja, con su particular acidez, de lo difícil que resulta «desengañar a un principiante de esa idea, porque piensa que cuando omite algo está siendo sutil; y cuando alguien le dice que tiene que poner algo en el papel para que pueda haber algo, piensa que se trata de un idiota insensible», y yo no puedo estar más de acuerdo con ella. Sin embargo, en Candeira, esta omisión no es sólo estética, sino también ética: los fenómenos atmosféricos extremos que cosen los relatos, las grietas, la oscuridad o el bosque, son factores que contribuyen a construir un personaje abstracto, misterioso, adaptable al subconsciente de cada lector (como lo son el miedo o la esperanza), un personaje que es la propia ausencia. Una ausencia que ya anticipaba el título, Ya no estaremos aquí, y que, como buen título, es llave de dos puertas: la primera, la que utiliza el lector para entrar en el texto y, la segunda, una muy distinta por la que sale.
Candeira consigue transitar los márgenes de la narrativa del cuento clásico con éxito y originalidad, sin caer al abismo de la experimentación que enmascara demasiadas veces la ausencia de talento, pero sin conformarse con la concepción del relato que se enseña en los talleres de escritura, y consolida, a pasos cortos y seguros, su propia voz narrativa.

Miguel Ángel Carmona, Eñe, 9 de junio de 2017
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Cada día disfruto más leyendo relatos, historias completas que se desarrollan en extensiones más cortas que una novela convencional y que le permiten tanto al autor como al lector experimentar con ideas potentes y todo tipo de escenarios y personajes. Hoy quiero hablarles de Ya no estaremos aquí de Matías Candeira, una antología del autor madrileño que acaba de ser publicada por Salto de Página y que es una mezcla de pesadillas y ciencia ficción.
“Es tarde, ¿verdad? La hora en la que deberías buscar la parte trasera de un muro, una trampilla metálica, un sótano; y meterte ahí abajo, tan profundo que te cueste salir. Pero tú no lo haces”.
El libro está compuesto por nueve relatos independientes que, aunque no comparten todos exactamente la misma ambientación, tienen en común su ubicación en un mundo que no es exactamente el nuestro, o quizás sí, solo que está poblado con muchos de los horrores que campan en nuestras pesadilla. Se ubican en lo que queda del mundo después del apocalipsis, aunque sin que quede claro qué causó en primer lugar la devastación, y puede que allí radique una parte de su atractivo.
El primer relato se titula "Las estrellas miran hacia abajo", y en él observamos cómo un profesor conduce a su grupo de niños huérfanos por un pueblo devastado, un lugar sin padres donde los pequeños pueden hacer lo que deseen. El anciano los lleva rumbo a un campo de centeno porque tiene una misión; los jóvenes están cambiando y nada lo puede evitar. Es un buen comienzo para lo que será un conjunto de historias desconcertantes e inquietantes, que esconden muchas y diversas interpretaciones.
Le sigue "Casa de nieve", donde nuestro narrador es un adolescente que abandona el instituto para cuidar de un padre alcohólico y lucha contra la nieve que quiere sepultar su hogar, y mientras lo hace, recuerda al amor de su vida que se fue del pueblo sin mirar atrás. Deseos frustrados y superhéroes, nos habla de la soledad, de las responsabilidades y del desamor.
“Los recuerdos también se mueren y se tiran en algún sitio”.
"Detrás de la tormenta" es el relato de un hombre de 65 años que ve cómo cambia su realidad, de estar en una posición de poder a estar repentinamente acechado por las pesadillas y la paranoia. Una de las historias inquietantes que es mejor que descubran ustedes mismos para que saquen sus propias conclusiones. Le sigue "Las profundidades", donde descubriremos los miedos que despierta en un padre las actitudes de su hija, la posibilidad de que no regrese, de que le ocurra algo. La paternidad desde una óptica en que los hijos son aterradores, porque algunas veces es imposible comunicarse con ellos.
“Ocurre que a veces un hombre y una ventana pueden esperar exactamente lo mismo: que alguien, a quien han mirado desde que era un bebé, regrese a casa”.
"Lar" puede que sea una de las historias más desconcertantes y perturbadoras de toda la colección, no solo por las potentes imágenes que Matías Candeira logra plasmar, sino principalmente por su particular narrador. No les diré quién o qué es Lar, es mejor que lo descubran directamente en sus páginas. A continuación "El interior de un ojo" inicia con una simple pregunta ¿Ves las tijeras? Y es la aterradora historia de una pareja en la que el hombre está perdiendo la visión. Otro buen ejemplo de que la cotidianidad es un lugar excelente para que el horror campe a sus anchas.
“Son sus ojos. Hay algo ahí detrás”.
Le sigue uno de mis relatos favoritos "Bosques tranquilos", es la historia de un hombre que junto a su familia vive aislado en una lujosa urbanización en medio del bosque, apartados del caos, la destrucción y la enfermedad que parece haber acabado con las ciudades circundantes, pero que ve cómo su normalidad queda transformada cuando un niño de 15 años toca a su puerta, no buscando comida sino libros para leer. La aparición del joven cambia la dinámica de la pequeña comunidad de privilegiados, que pronto buscarán acabar con el intruso. Maravilloso de principio a fin.
“La imaginación es una enfermedad”
"La instalación" nos presenta a un artista que realiza una exposición por primera vez en su lugar natal, él asegura que es una obra autobiográfica y se encarga de guiar a pequeños grupos por todo el lugar para que puedan disfrutar de la experiencia. Lo que debería ser un recorrido más, pronto se transforma en otra cosa, algo mucho más aterrador, al menos para uno de los espectadores. Venganza y los límites del arte en otro relato inquietante.
Por último, cierra la antología "Hija pródiga", el único relato que tuve problemas al leer, porque me incomodó ver a un hombre adulto fantaseando con una preadolescente, sí, sé que la historia va de algo más y no pretendo censurar al autor o su obra, pero es un tema que me produce automáticamente rechazo y sobre el que no me gusta leer, de los que me producen verdadero terror.
En definitiva son nueve relatos inquietantes y fabulosos. Las historias de Ya no estaremos aquí son del tipo que te hacen contener la respiración, sentir incomodidad pero también tristeza y melancolía, con una atmósfera tan opresiva que se convierte en otra protagonista más. El estilo de Matías Candeira es fabuloso, poético e imaginativo, poblado de horrores, pero también de dudas. Relatos que te dejan con tantas preguntas como respuestas. Es lo primero que leo del autor, pero me quedé con ganas de más, así que si les gustan los relatos, no dejen de darle una oportunidad.

In the never never, 6 de junio de 2017
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En 200 palabras:

Fíjate en la portada, ¿te atrae?, pues entonces no te lo pienses más. Léelo. La imagen de portada refleja la atmósfera de los relatos, sobre todo la de uno: una joven que llega a su casa y tiene una conversación un tanto angustiosa y aparentemente incoherente con su padre, está empapada, lleva una piedra en la mano, y viene de un lugar donde no debería haber estado.
No es una colección de relatos para cobardes, consiguen la tensión que suelen tener esas películas de terror en los que la nada te asusta, la nada en los rostros, la  nada en las palabras y la nada en lo que sucede, pero no es que suceda nada, suceden bastantes cosas, pero no se leen: se ven y se sienten. 
El título no corresponde a ningún relato pero podría titularse así cualquiera de ellos, porque los muertos, incluso los ausentes, están presentes, y algunos vienen a recordarnos que los vivos somos frágiles y, tarde o temprano (en estas historias más temprano que tarde) “ya no estaremos aquí”.
Aparecen pocos objetos en estas historias, pero esos pocos te dejan tocado: la piedra, las tijeras, la pistola, el agua… y solo hay ojos para ellos.

Lo que más: la atmósfera, las imágenes.

Lo que menos: esas imágenes que, días después de haberlo leído, me siguen poniendo el vello de punta.

Ética de Po, junio de 2009
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© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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