Caríbal nos presenta la figura de un peculiar intérprete de ópera que —entre otras extravagancias— aborrece los boleros y gusta de la carne humana. La relación que establece este elegante antropófago con su discreta vecina entreteje una sencilla urdimbre, siniestra y seductora, con la que Humberto Arenal logró una de sus obras más singulares. Un final sobreentendido desde el inicio pero que al mismo tiempo nos sorprende con su mordisco (por así decirlo), suspende al lector entre el horror y la belleza, en una morbosa inquietud.

© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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