El principio es el punto. La mancha de tinta sobre el vértigo de la superficie en blanco.

El principio es un tatuaje sobre un pie desnudo. El pie es de un cuerpo tendido en la acera, bajo la luz de una farola. El cuerpo tiene un rostro de ojos azules casi transparentes y la garganta rebanada.

En este principio, Isaac es un tatuador que sólo consigue calmar su compulsión rellenando los espacios en blanco; sobre la piel, con la aguja, o sobre el papel, con el lápiz. Los espacios en blanco de la memoria son más difíciles de rellenar, porque de los últimos diez años conserva en su cabeza poco más que una peculiar cicatriz en forma de sierra. Pero el principio dura apenas un instante y después, como una ráfaga, se convierte en una foto de periódico, familiar y desconocida a la vez, que mira a Isaac de frente. Se convierte en una mujer vestida de rojo y en decenas, cientos de hojas de papel amarillo a rayas, en autómatas que parecen de carne y hueso y en secretos que nunca sabrá del todo si pertenecen a las vidas de otros o a la suya propia. Entre todos ellos Isaac avanzará a ciegas, tanteando los límites de su memoria en busca de algo que ni siquiera está seguro de querer encontrar y logrando así, tal vez, dejar atrás para siempre el vacío.

Con este brillante debut como novelista, Paula Lapido reinterpreta la tradición del género y nos sumerge en un universo plagado de guiños a Philip K. Dick, David Lynch o Paul Auster pero siempre propio y poderosamente seductor.

© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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