«Oraciones, evocaciones, súplicas, constataciones. Poemas breves, escuetos; algunos de dos versos, no pocos de ellos de menos de media docena de palabras. Verso blanco, ausencia total de rima y de cualquier artificio formal que pudiera complacer, anestesiar, al lector. Fogonazos, momentos súbitos de iluminación; palabras, a veces, casi proferidas en medio de un suspiro; pensamientos que se le han ocurrido al poeta y que ha apuntado en su cuaderno de notas. Algunos de ellos incluso sin signos de puntuación, un expediente ortográfico que en alemán, más que en español, está perfectamente regulado y es casi de obligada observancia. Como si el poeta se limitara a dejar sobre el papel, sin mediación formal alguna, lo que en estos momentos está pasando por su cabeza. Una brevedad que en absoluto tiene que ver con lo nómico o aforístico. Nada para recordar y que pueda dirigir nuestra vida. No son poemas para adentrarse lentamente en ellos, para meditar y, una vez leídos, reiterar su lectura o aprender de ellos una frase o una expresión. Son ecos del gran naufragio, momentos de iluminación destinados, algunos de ellos por lo menos, a suscitar asociaciones. Libro atravesado todo él por una serena melancolía, Tiempo naufragado es solo, casi nada, un recordatorio poético; un libro que no debe volver a la estantería, que debe quedar sobre la mesa para alentar y sostener el rechazo de la barbarie que los hombres de bien llevan dentro y que nunca acaba de llegar.»

Del prólogo de Eustaquio Barjau

© Editorial Salto de Página S.L.
Sociedad inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, España. Tomo: 23.393; libro: 0; folio: 204; sección: 8; hoja: M-419609.

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